Suite Francesa: Sutilidad Vibrante


AIDA M. PEREDA
Lumpen

Título: 'Suite Francesa' (Suite Française). Autor: Irène Némirovsky. Género: Novela. Traductor: José Antonio Soriano Marco. Salamandra. Barcelona, 2005. 460 páginas. 19 euros.

Irène Némirovsky (Kiev, 1903 – Auschwitz, 1942), hija única de un rico matrimonio judío afincado en Rusia, se vio obligada a huir con sus padres a París en 1919 debido a la victoria bolchevique. Su prestigio como escritora no evitó que unos gendarmes franceses del régimen de Vichy la detuviesen y la enviasen a Auschwitz. Murió ejecutada el 17 de agosto de 1942. Misma suerte corrió su marido, Michel Epstein, tan sólo unos meses después. Sin embargo, sus dos hijas sobrevivieron y lograron salvar una maleta que guardaba algunos de sus enseres, recuerdos familiares y un cuaderno de notas. Con el deseo de no reavivar su dolor, no se atrevieron a leerlo hasta los años 70 y cuál fue su sorpresa al descubrir que no se trataba de un diario íntimo, sino de una novela que su madre no había podido concluir.

Suite Francesa fue publicada en Francia en el año 2004 y por ella Némirovsky recibió el premio Renaudot, otorgado por vez primera a un autor ya fallecido. La frustrada carrera literaria de esta escritora, licenciada en Letras por la Sorbona, se inició en 1929 con David Golder, una obra que estuvo a punto de no ver la luz, puesto que Némirovsky la envió a una editorial francesa de manera anónima. El director de dicha editorial, sorprendido por aquel relato directo e incisivo, tuvo que publicar un anuncio en la prensa para poder conocer a su autora.

Además de una biografía de Chéjov (1946), Némirovsky escribió nueve novelas, entre las que destacan Jezabel (1936) o El vino de la soledad (1935). En 1930 escribió El Baile, una breve novela que gira en torno a la sed de venganza, con un estilo descarnado que impregnará también en Suite Francesa.

Ambientada en Francia en pleno estallido de la II Guerra Mundial, Suite Francesa se trata de una obra que recoge entre sus páginas dos composiciones bien diferenciadas: Tempestad en junio y Dolce. En la primera parte, Némirovsky critica la sociedad francesa de su época mostrando la huida desesperada de los habitantes de París ante los bombardeos. Y en Dolce, la autora relata el recibimiento de las tropas alemanas en Bussy, un pueblecito al sur de Francia, describiendo la forzosa convivencia entre vencidos y vencedores bajo un mismo techo, con la humillación y tensión que ello supone.

Aunque Némirovsky sólo tuvo tiempo de escribir estas dos partes, concibió el proyecto en cinco, como si de una sinfonía se tratase. Esta intención de musicalidad es apreciable en el ritmo acentuado que marca en la narración. En la primera parte, los distintos retratos se alternan a una velocidad un tanto frenética, lo que en una pieza musical correspondería a un tiempo allegro. Tras la tempestad llega la calma, y en la segunda parte, en cambio, los personajes son menos numerosos y el ritmo se relaja, se vuelve más andante.

El reparto coral no le impide ahondar en la psicología de los personajes. De hecho, Némirovsky muestra todos los estratos sociales y no se reduce a hacer una mera exposición, ya que exhibe también sus vilezas, pero sin juicios ni valoraciones, dejando ese análisis en manos del lector. Suite Francesa profundiza en el comportamiento humano en situaciones extremas, en las que el pánico hace brillar sentimientos de egoísmo, avaricia, banalidad u odio. Así, el viaje que emprenden los protagonistas de Tempestad en junio, ya sea en coche, bicicleta o a pie, está plagado de astucias para conseguir agua, comida o gasolina. Dichos comportamientos dejan al descubierto el más puro instinto de supervivencia, que se impone sobre los valores más humanos en contextos de angustia y de peligro. Irène Némirovsky compone de este modo una radiografía de su país de adopción, Francia, en un relato que representa la cobardía de sus habitantes, que primero huyen de la invasión alemana, pero que posteriormente terminan por acoger a los vencedores en sus propias casas. Los invasores no son presentados como bestias, sino como simples hombres cuyo anhelo consiste en regresar a su país para continuar con la vida que llevaban antes de la guerra junto a sus familias.

Esta obra muestra la incidencia del rumbo político de un país en la vida cotidiana de sus habitantes, en su forma de ver el mundo y en sus pensamientos ideológicos. Asimismo, presenta el eterno conflicto entre individuo y comunidad y cuestiona la utilidad del sacrificio personal en beneficio del progreso. Némirovsky contrapone la cobardía de los que huyen y la valentía de los voluntarios que se unen al ejército, el colaboracionismo y la desobediencia ante los invasores, las historias de amor y las venganzas ...

Aunque los acontecimientos históricos que se desatan en la obra son simultáneos a la existencia de la escritora, parece que Némirovsky escribiera desde cierta perspectiva, tal vez la que produce la sensación de una muerte próxima, y no recurre a sentimentalismos baratos. Suite Francesa conmueve precisamente por la conjunción de un tono realista con una sutil ironía.

Josele Santiago y sus menudencias, "Loco encontrao" (2008)

KEPA ARBIZU
Lumpen


Una vez editado su tercer disco en solitario, “Loco encontrao”, parece tiempo de analizar a Josele Santiago sin la rémora de haber formado parte de uno de los grupos españoles más excitantes y salvajes ,“Los Enemigos”, sobre todo teniendo en cuenta que queda bien a las claras que ha construido un sonido con unas características muy particulares (ya apuntadas en su anterior trabajo, “Garabatos”) como es, por ejemplo, la importancia que cobran la guitarra acústica y el piano convirtiéndose en principal acompañamiento con la función de abarcar un abanico amplísimo de sonidos, desde el jazz al rock pasando por el swing.

Para elaborar el disco de nuevo cuenta con su ahora inseparable colaborador Pablo Novoa y las guitarras de David Krahe entre otros. A la hora de analizar el contenido son igual de relevantes los aspectos musicales como los vitales, como el mismo Josele se afana en aclarar. La tranquilidad, el sosiego y cierto optimismo a la hora de enfrentarse a la realidad queda nítidamente reflejado en, por ejemplo, “Baila el viento”, donde sentencias del estilo “Qué placer tan hondo respirar” y el adorno del alegre coro femenino corrobora las nuevas coordenadas personales del otrora cínico cantante. Justo seguido aparece el momento más emocionante del disco, “Vuelo de volar”, canción simplemente perfecta dedicada a los compañeros de profesión desaparecidos (Kike Turmix, Poch, Guille Martín, etc…) pero que hace extensibles a todos los que han pasado por su vida. Un momento verdaderamente emotivo que acongoja casi de la misma manera que desprende cierta serenidad gracias entre otras cosas a un estribillo orquestado al máximo y que nos lleva hasta el clímax de la canción. También hay lugar para composiciones algo más rockeras como es el caso de “Fotocopia” que bien parece el reverso amable de la canción ”Hasta el lunes” de su extinto grupo. No hay que pasar por alto la mezcla de ternura y crudeza que se encuentra en “Fresa y limón” ni el homenaje a Fats Waller (artista que sirve como perfecto ejemplo del nuevo rumbo musical del madrileño) transformando una de sus canciones (Ain’t misbehavin) en una suerte de homenaje castizo (Siendo güeno).

Disco, por lo tanto, que evidencia el actual sitio de Josele Santiago, cercano a las composiciones de Lapido, Quique González o Santi Campos y cada vez menos atado a su pasado “enemigo”. Con todo, uno no puede dejar de lado que sigue sin superar su debut (“Las golondrinas etcétera”) mucho más ecléctico y desordenado pero repleto de fuertes sensaciones.