Solos ante la indiferencia


DIEGO A. MANRIQUE
El País



Algunos lo llamarán sobreexplotación pero otros estamos felices: siguen saliendo discos en directo de The Doors. Los Doors con Jim Morrison, urge precisar. Un cuarteto que solo duró cinco años (1966-1971) pero muy documentado en grabaciones. Eso explica que cada poco nos encontremos con un nuevo live de calidad sonora más o menos aceptable.

Los cínicos dirán que tal avalancha es redundante: reiteración de repertorio conocido, reproducido en piloto automático. Pero ésa es la mentalidad a la que nos tiene acostumbrados el frígido rock business contemporáneo: los Doors no funcionaban como una máquina de tocar éxitos. Por el contrario, sus actuaciones eran elásticas e imprevisibles. En su papel de chamán dionisiaco, Morrison gustaba de increpar a los agentes de policía presentes (no existía entonces el concepto de seguridad privada) y a sus propios fans. Si añadimos su imbécil hábito de embriagarse, ya tenemos los ingredientes para unos conciertos explosivos.

Para imaginar la tensión y el enfrentamiento resultantes, resulta indispensable el triple Live in Boston, turbulentos shows registrados en 1970. Pero el último lanzamiento, el doble Live at The Matrix 1967, es otra película. Corresponde a la pesadilla de cualquier músico: ofrecer un concierto y que (casi) nadie acuda.

Los Doors todavía no habían logrado su primer número 1 con Light my fire pero eran una banda en ascenso, con un elepé en el respetado sello Elektra que reventaba los esquemas del rock en sonido y temática. Sin embargo, se hallaban en San Francisco, territorio hostil. Ellos iban a la meca de los beats; ignoraban que la ciudad vivía intoxicada con los vapores del jipismo y no se sentía impresionada por las propuestas que llegaban de Los Ángeles, capital de la "cultura plástica".

Estaban contratados en el Avalon, típico ballroom de la época, donde se proyectaban gelatinosas imágenes sobre los grupos mientras la gente de las flores hacía que bailaba. Ya que estaban allí, se buscaron un par de bolos extra en un pequeño club, The Matrix, donde había mesas y el público podía sentarse. Era el local de Marty Balin, uno de los cantantes de The Jefferson Airplane, con lo que imaginaron que atraerían a los músicos de Frisco.

Para nada. Lo extraordinario de Live at The Matrix 1967 es escuchar a un grupo hoy legendario esforzándose ante una sala vacía. Apenas logran arrancar aplausos a un público que el baterista John Densmore calcula en "unas ocho personas". Así que podemos escuchar cómo sonaban los Doors antes del éxito, de la histeria, de los colocones.

Y lo que descubrimos es una banda de club. Músicos acostumbrados a tocar, entre su repertorio personal, éxitos bailables: Money, Gloria, Who do you love, Get out out of my life, woman. Chicos espabilados: siguiendo la pista de los Rolling Stones y demás conjuntos británicos, también intercalaban algunos blues lúbricos de Slim Harpo, Muddy Waters, Howlin' Wolf.

Aparte del repertorio de batalla, no eran el habitual grupo de rock de garaje. Instrumentalmente, se parecían más a un trío de jazz: órgano, batería, guitarra (no usaban bajo). Se les escapaban modismos de amable banda de restaurante: ecos de bossa nova, bastante de jazz, esa versión de Summertime, una sugerencia del Concierto de Aranjuez.

El punto subversivo se aprecia en Alabama song, pieza de Kurt Weill y Bertolt Brecht que cantaban las prostitutas en Mahagonny. En The Matrix, Jim Morrison ni siquiera cambiaba el sexo de la letra: "muéstrame el camino hacia el siguiente muchachito".

Demasiado turbio para el San Francisco feliz de 1967. Enfrentados a un local desierto, los Doors se explayaron a capricho: casi todo su debut y adelantos de la siguiente entrega. En un agujero de la calle Fillmore, pintaron la cara B del inminente Verano del amor: odio a los padres, alienación, soledad, sexo desesperado. Instantáneas de una California hosca que Raymond Chandler habría reconocido inmediatamente.


Papel mojado

* PILAR ESTÉBANEZ
Público


En el 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos –que se conmemora bajo el lema “Dignidad y justicia para todos”– no hay motivo para alegrías; incluso organizaciones como Amnistía Internacional hablan de “60 años de fracaso”.

Diez años después del inicio del nuevo milenio, lo cierto es que vemos más sombras que claros en lo que respecta a los derechos humanos. En algunas áreas incluso se han producido retrocesos: Irak es un buen ejemplo. Tanto en este país como en Afganistán se están produciendo todas las violaciones posibles de los derechos humanos: en ambos países se están desarrollando guerras ilegales y su situación incumple la Carta desde la primera letra: “Cualquier acto deliberado e injustificado de violencia, de maltrato a mujeres, de destrucción de propiedades y de robo constituyen una violación del Derecho Internacional”. Bueno, pues precisamente esto es lo que está pasando allí a diario, con el apoyo de muchos países occidentales.

Guantánamo y Abu Ghraib, prisiones establecidas por Estados Unidos en Cuba e Irak para presos musulmanes, son también ejemplos de la infamia, de detenciones ilegales, de tortura y donde se violan los derechos más básicos cada día ante el silencio cómplice de buena parte del planeta. Digo silencio y complicidad porque, si bien es cierto que en ocasiones se usan estos ejemplos en discursos progresistas de políticos no conservadores, proclamando la injusticia por estos hechos, no se buscan fórmulas para acabar con esos horrores o buscar responsabilidades.

Los derechos humanos se siguen violando de forma crónica en conflictos ya enquistados como Darfur, Palestina, Myanmar, Chechenia, República Democrática del Congo… donde se cometen abusos contra la población civil sin que seamos capaces de poner freno a esas situaciones, lo que pone en evidencia las políticas de doble rasero de instituciones internacionales como las Naciones Unidas.

Tampoco hay que irse muy lejos para buscar más violaciones de los derechos humanos: en cuanto a la inmigración clandestina, aquí, en la rica Europa, se violan todos los días: emigrantes irregulares que se ven obligados a aceptar condiciones laborales que rozan la esclavitud, viviendo en condiciones infrahumanas, siendo detenidos y expulsados, en muchas ocasiones, sin respetar siquiera su derecho a buscar el amparo de un abogado, incluso en casos en que se podría tipificar a los emigrantes como refugiados políticos… Y esos son los que tienen suerte, porque se calcula que son centenares los que mueren cada año ahogados intentandoalcanzar las costas europeas a bordo de frágiles y recargadas pateras.

En Europa nos enfrentamos, además, a la violación de los derechos de personas que son, también, europeos: los gitanos. Esta minoría étnica se enfrenta, en países como Italia, a medidas que vulneran claramente los derechos humanos: expulsiones forzosas, registro y toma de huellas como si fueran delincuentes, etc. Parece increíble que, a estas alturas, la Europa de los 25 cuente en su seno con una minoría étnica cuyo grado de marginación y exclusión social aumenta cada día.

Hay otras minorías cuyos derechos siguen siendo vulnerados diariamente, como el colectivo homosexual. No es el caso de España ni de Holanda, países pioneros en reconocer plenos derechos a los homosexuales, sino el de países de la vieja Europa donde los homosexuales no pueden ejercer plenamente sus derechos. Fuera de Europa, en seis países hay pena de muerte para los homosexuales y en más de una decena estos pueden ser condenados a cadena perpetua. Tras varios intentos de aprobar una Declaración para que la orientación sexual sea considerada un derecho individual, el Vaticano acaba de manifestar su rotunda oposición a esta iniciativa.

Como decíamos al principio, estos 60 años se han perdido para varias generaciones de seres humanos. Hay cinco o seis conflictos en el mundo que llevan más de 30 años sin solucionarse: Congo, Afganistán, Palestina, Líbano, Colombia o Sudán (Darfur). Generaciones enteras de ciudadanos de estos países no han conocido otra cosa que la guerra, los campos de refugiados, el miedo y la muerte. A los niños se les ha robado la infancia, la educación, el derecho a estar seguros, o el mismo derecho a jugar, a la felicidad. También están los niños y niñas soldado, los de los basureros de Guatemala, los que son prostituidos y los que son violados.

En estos 60 años tampoco se ha hecho mucho por los derechos de los indígenas, a los que se les ha ido expulsando de sus tierras por compañías mineras o petrolíferas, condenándolos a la pobreza y a la marginación en países como Guatemala o en la Amazonia.

Es evidente que, a pesar de que la invocación a los derechos humanos sigue siendo un discurso permanente de los políticos y organizaciones internacionales, siguen siendo, 60 años después, papel mojado para una parte muy importante de la humanidad. Los Tribunales Penales Internacionales sólo actúan sobre aquellos y en aquellos temas que deciden las grandes potencias. En inconcebible que la existencia de Guantánamo sea de dominio público y que no exista justicia para pararlo. Si no hemos sido capaces de hacer nada en este tema, ¿cómo vamos a plantearnos siquiera la posibilidad de que algún responsable de las matanzas de Irak o Afganistán sean alguna vez juzgados?

60 años después, merece la pena volver a leer los propósitos fundacionales y preguntarnos qué es lo que no ha funcionado desde que se escribieron estas hermosas palabras: “Nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas, resueltos a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas…”.

* Pilar Estebanez es Presidenta de la Sociedad Española de Medicina Humanitaria.

La tierra para quien la paga


Países emergentes y multinacionales se aseguran reservas de comida comprando terrenos en naciones hambrientas - Algunos Estados dictan leyes para protegerse


LALI CAMBRA
El País


Las ONG lo han bautizado como the last land grab, la última apropiación de la tierra. En el último año, con la confluencia de las crisis del precio de los alimentos y la financiera, se ha producido una carrera por parte de países ricos y corporaciones multinacionales por hacerse con tierra en estados latinoamericanos, asiáticos y africanos. Las naciones ricas, para asegurarse reservas de comida. Las corporaciones, para hacer negocio ahora que la Bolsa no rinde. El director general de la FAO, Jacques Diouf, ha alertado de que estas operaciones pueden calificarse de neocoloniales, y las ONG advierten de que los más perjudicados van a ser, como siempre, los más vulnerables -pequeños agricultores, pastores, tribus indígenas-, y cuestionan el impacto medioambiental de roturar nuevas tierras para cultivos intensivos con uso extensivo de pesticidas, herbicidas y abonos.

Ante las presiones, Paraguay ha aprobado una legislación que prohíbe la venta de tierras a extranjeros (después de que un campesino resultara muerto de un disparo de la policía cuando pretendía desalojarlo de la finca comprada por un brasileño para cultivar soja). Otros países suramericanos, como Uruguay, se lo están planteando, y Brasil está en proceso de cambiar su legislación para dotar de mayor transparencia y participación local a las operaciones con activos extranjeros.

Algo une a los países ricos en esta búsqueda de tierra foránea para alimentar a sus habitantes (entre otros, China, India, Japón, Malasia, Corea del Sur, Egipto, Libia y la gran mayoría de los países del golfo Pérsico): crecimiento económico acompañado del demográfico, pero falta de superficie agrícola o de agua. Todos ellos son importadores de comida. Todos se han visto afectados por la crisis de precios de los alimentos. "No tanto por los precios en sí, que pueden permitirse, pero sí por la actitud proteccionista de países productores que han limitado las exportaciones", explica David Hallam, responsable de Política Comercial de la FAO. "Argentina ha puesto controles, Tailandia también. Eso ha asustado a los importadores". De forma comprensible, pretenden asegurarse una reserva regular de alimentos. Más aún, cuando se prevé que, aunque los precios se han reducido relativamente en los últimos cuatro meses, van a continuar altos a medio plazo, y cuando se calcula que para 2050 la producción de alimentos va a tener que doblarse para satisfacer la demanda mundial.

Un informe de la FAO publicado ayer fija en 963 millones el número de personas hambrientas en el mundo a finales de 2007. La cifra, hoy, ya sobrepasará los mil millones, habida cuenta de que sólo en 2007 se crearon 40 millones de nuevos malnutridos, "un incremento tan dramático como rápido", según Diouf y que empeorará con la eclosión de la crisis económica mundial.

Algo une también a los países que venden o alquilan sus tierras, (a bajo precio para los estándares de los ricos): la mayoría son pobres, requieren de inversiones y transferencia tecnológica y necesitan desesperadamente aumentar su producción agrícola. Y disponen de terreno. En teoría.

"Hay que ir con cuidado cuando se habla de tierra disponible o cuando los Gobiernos de países pobres hablan de espacios marginales o abandonados. Y es que la tierra se usa. Tal vez no bajo los parámetros occidentales de propiedad privada, pero se usa: por pastores que alimentan a su ganado de forma estacional, lo que permite la regeneración de la vegetación, por pequeños agricultores de forma comunal, por tribus indígenas sin títulos de propiedad...", explica Michael Taylor, portavoz de International Land Coalition. Es un paraguas de ONG e instituciones -la FAO entre ellas- que promueve el acceso a la tierra y sus recursos para reducir la pobreza y que recuerda que las necesidades de aumentar la producción alimentaria pueden ser cubiertas por los pequeños campesinos ayudados por políticas agrarias e inversiones adecuadas.

Uno de los casos más publicitados ha sido el de una empresa coreana que proyecta alquilar por 100 años la mitad de la tierra cultivable en Madagascar para plantar maíz que importar a Seúl. En la isla, más del 70% de la población vive bajo el umbral de la pobreza y más de medio millón de personas recibe asistencia del Programa Mundial de Alimentos.

Taylor se muestra preocupado por el impacto en el medio ambiente del proyecto de la coreana Daewoo Logistics Corporation, en el suroeste de la isla, "una zona muy árida, pero extremadamente abundante en especies animales y flora". El portavoz de la coalición de ONG apunta asimismo que el proyecto, de consumarse, podría afectar a una tribu nómada de ganaderos, los Sakalava, "que ya son marginados, se les considera no civilizados y han visto su territorio reducido por la llegada de pequeños agricultores. ¿Cómo se les va a compensar?". La publicidad y el escándalo causado por la noticia del proyecto de Daewoo hace dudar de que éste se lleve finalmente a cabo, por la creciente oposición no sólo internacional, sino en la propia Madagascar, donde el acceso a la tierra es un tema muy sensible y donde miles de agricultores ocupan, todavía ilegalmente, fincas que fueron abandonadas por sus propietarios franceses tras la independencia de la isla.

Simon Mitambo, administrador de la ONG African Biodiversity Network, que agrupa a organizaciones conservacionistas y de defensa de las comunidades locales, explica la controversia sobre la compensación. "Lo hemos visto en varios casos en empresas de producción de biodiésel. Compensan con algo de dinero a los agricultores y éstos acaban emigrando a los barrios de chabolas de las grandes ciudades, sin tener nada que hacer", dice Mitambo desde Kenia, que recalca que en muchas ocasiones las empresas no aceptan terrenos bautizados como "marginales", sino que "buscan los más fértiles, con más agua (ocupados por pequeños agricultores), o, simplemente, áreas de bosque que convertir en terrenos fértiles tras desforestarlos. Eso ha pasado en Etiopía, por ejemplo".

Común a todas estas operaciones, la de Daewoo incluida, es su secretismo. ONG e instituciones desconocen la totalidad de hectáreas compradas por foráneos en países pobres y a falta de que se publiquen estudios en curso, sólo pueden hacer estimaciones. De acuerdo con la ONG Grain para la promoción de agricultura sostenible, que ha publicado un estudio al respecto, China, con una población creciente y sin problemas de dinero (pero cuyo proceso de industrialización ha limitado su superficie agrícola y contaminado sus aguas), ha llegado, al menos, a 30 acuerdos de cooperación con Gobiernos asiáticos y africanos que le dan acceso a tierra para el cultivo de arroz, soja, maíz y biocombustibles a cambio de transferencia tecnológica y fondos de desarrollo. Sólo en África, tiene previsto crear 10 centros agrícolas en diversos países, y anima a sus empresas privadas a acudir al extranjero. La situación de los países del Golfo es diferente. En pleno desierto, sin tierra ni agua, son totalmente dependientes de las importaciones y ya tenían tradición, especialmente Qatar y Arabia Saudí, de comprar fincas en países musulmanes como Egipto o Sudán.

"Pero la tendencia va en aumento, son más los países del Golfo interesados, más la cantidad de tierra a comprar, y más los países donde comprar", explica Marie Bos, investigadora del Centro de Investigaciones del Golfo, que apunta que Pakistán y Brasil son dos países en los que se han comprado tierras, y que considera que África está en el punto de mira, "dado que, para muchos, puede ofrecer una solución tanto a corto como a largo plazo para esta crisis". Para Bos, los acuerdos entre los países del Golfo y los africanos, "deben ser mutuamente beneficiosos, asegurar la provisión de alimentos para los primeros y desarrollo de infraestructuras para los segundos de forma que el aumento de producción se destine tanto a la demanda local como a la externa".

De acuerdo con el estudio de Grain, las prácticas de los países del Golfo se suscriben y publicitan bajo esta estrategia de beneficio mutuo. Un provecho que, según David Hallam, debería ser perseguido con mayor insistencia. El responsable de la FAO cree que los países importadores "deberían preguntarse si realmente es necesario adquirir la tierra", dado que considera que hay otras posibilidades, como la formación de empresas conjuntas o la firma de contratos bilaterales equitativos con los países pobres que, "deben, por su parte, asegurarse de que las condiciones del acuerdo son beneficiosas, proporcionan empleo, transferencia tecnológica y se imbrican en la economía local". El experto apunta que la tendencia a comprar en los países pobres no va a declinar, "dado que las condiciones que la han creado no van a desaparecer a corto o medio plazo".

Fincas como inversión

Las firmas de inversión también participan del furor por la tierra. Ante la volatilidad de los mercados, buscan fondos seguros a través de la adquisición de fincas. Muchas están interesadas en comercializar cereales, pero también en la producción de biodiésel, muy controvertido. Si bien es sustituto "ecológico" del petróleo, el cultivo intensivo por grandes empresas, en países pobres y abriendo terrenos ganados a espacios naturales, (o adquiriendo tierras antes cultivadas por pequeños agricultores que pasan a ser jornaleros), tiene el efecto contrario al deseado, de acuerdo con muchas ONG que trabajan sobre el terreno.

Tan sólo en Tanzania, donde el Gobierno facilita tierras, más de media docena de firmas del Reino Unido, Suecia, Holanda, Japón, Canadá y Alemania (esta última con un proyecto para biodiésel de 200.000 hectáreas) han iniciado o iniciarán sus operaciones. Pero no son sólo los biocarburantes los acicates a la presión comercial sobre la tierra. Según Michael Taylor, portavoz de International Land Coalition, los controvertidos créditos de carbono, surgidos a raíz del Protocolo de Kioto, con los que las empresas contaminantes pueden "comprar" su excedente de emisiones a industrias más limpias o sufragar proyectos ecológicos en países pobres, también contribuyen. Desde su instauración, el mercado financiero basado en estos créditos no ha dejado de crecer y mueve más de 2.000 millones de euros anuales.

"Se ha puesto valor comercial a los espacios naturales", explica Taylor, quien considera que el riesgo para los que usan la tierra sin disponer de títulos legales para ello va a incrementarse: pequeños agricultores, pastores nómadas, tribus indígenas.

«Washington quiere hacernos creer que estamos en 1933»


Mike Davis, teórico urbano. Considerado uno de los padres del ‘cyberpunk’, anticipó algunos de los conflictos urbanos contemporáneos y la repercusión de la crisis en todo el mundo


CARLOS PRIETO
Público

1992, Mike Davis (Fontana, 1946), profesor de Teoría Urbana en el Instituto de Arquitectura del Sur de California, escribió Ciudad de cuarzo (Lengua de Trapo), una historia de Los Ángeles como espejo del capitalismo avanzado, que arrancaba así: "El mejor lugar para contemplar Los Ángeles del próximo milenio es desde las ruinas de su futuro alternativo".

El libro se transformó en un superventas y le otorgó el calificativo de "Raymond Chandler de la geografía urbana". Recientemente, Davis ha centrado sus estudios en analizar el nuevo paisaje urbano del Tercer Mundo en libros como Planeta de las ciudades miseria (Foca, 2007).

El ensayista, que vive en el estado de Baja California, no lejos de Tijuana, pasó por Madrid, con su llamativo aspecto de rudo hombre de la frontera, para intervenir en un seminario sobre la crisis del capitalismo. Es uno de los apocalípticos que anticiparon el colapso económico global.

Pese a que en sus últimos ensayos se ocupa de los suburbios del Tercer Mundo, su obra se asocia a la ciudad de Los Ángeles.

Sí. Puede que el salto de estudiar un fenómeno aparentemente local a analizar el mundo de las ciudades-miseria no sea tal. Y digo aparentemente local porque algunas características del proyecto angelino (por ejemplo, la eliminación del espacio público urbano) tiene reflejos globales. Es una ciudad con una doble cara: combina características urbanas del Primer y del Tercer Mundo.

En 1990, escribió que Los Angeles se ajustaba al patrón global de malestar social. Dos años después, se produjeron los graves disturbios por el caso Rodney King. Algunos analistas consideraron que ‘Ciudad de cuarzo’ predecía las tensiones que estallaron luego.

El malestar social era obvio para cualquiera que mirase a la calle. No hay que olvidar que los disturbios coincidieron con una fuerte recesión, la más grave en California desde finales de los años treinta que, en cierto modo, fue un ensayo general de la situación que estamos viviendo ahora. De todas las imágenes que se publicaron sobre los disturbios, la más escalofriante no fue una de las hordas quemando un supermercado, sino la que se tomó un poco antes, el día de Navidad. En una de las iglesias del sur de California, daban pollo gratis para cenar: 22.000 personas permanecieron toda la noche bajo el frío para poder comer. La mayoría eran inmigrantes, mujeres y niños. Esto no se veía en Los Angeles desde la Gran Depresión. ¿Se habló de este tipo de consecuencias de la crisis en la reciente campaña electoral? En absoluto.

Curiosamente, si para hablar de Los Angeles analizó ‘Blade Runner’, para hacerlo de las nuevas ciudades miserias usó otra película de Ridley Scott, ‘Black Hawk derribado’.

Si en su día Blade Runner (1982) fue considerada un mito del futuro próximo, las imágenes icónicas de nuestro futuro urbano actual son sin duda las de Black Hawk derribado. Para entenderlo, hay que remontarse a los años ochenta, cuando los ajustes estructurales del Banco Mundial destruyeron los débiles servicios públicos de muchas ciudades del Tercer Mundo. Los estados dejaron entonces de proveer de vivienda a los sectores desfavorecidos, obligados a construir sus propios suburbios. Nadie pensó en las consecuencias geopolíticas de dejar el control de los suburbios en manos de la población. Los primeros efectos militares se pudieron ver en Mogadiscio en 1993, cuando 19 soldados estadounidenses murieron tras un enfrentamiento con una guerrilla urbana, evento narrado en la película de Scott. Toda una generación de jóvenes coroneles americanos, que ahora mandan en el Pentágono, se dio cuenta de que el campo de batalla del futuro ya no era el convencional. Es decir, destruir las infraestructuras claves de la ciudad moderna. Se dieron cuenta de que esa estrategia no servía para eliminar a los poderes paralelos de los suburbios del Tercer Mundo, recluidos en zonas laberínticas sin infraestructuras centralizadas.

¿Cómo hacer la guerra en los suburbios?

De ahí mi fascinación por las escenas de helicópteros derribados en este filme premonitorio: no hay más que ver el fracaso del Ejército de Bush en las barriadas de Irak, como Faluya o Sadér City, un ejemplo paradigmático de este nuevo tipo de megasubúrbios (dos millones de habitantes).

¿Quién controla ahora esos suburbios?

El abandono ha generado varias formas de organización política singulares. Desde las bandas juveniles hasta partidos revolucionarios clásicos, pasando por jóvenes nacionalistas o milicias étnicas sectarias, que han controlado estos espacios abandonados. La obsesión con Al Qaeda nos impide comprender por qué son tan respetadas las organizaciones islamistas populares, como Hamás, Hezbolá o Los Hermanos Musulmanes (Egipto). En algunos suburbios, han sustituido al Estado como proveedor de servicios básicos a la población. Yo cubrí el huracán Katrina para varios periódicos y recuerdo estar allí un día leyendo en el diario cómo, a los pocos días de los bombardeos israelíes sobre Beirut, Hezbolá financió la construcción de las casas destruidas. Así que mis amigos de Nueva Orleáns que se habían quedado sin casa me decían: igual deberíamos unirnos a Hezbolá, son mucho más eficientes que nuestro Gobierno [risas].

Al hilo de la actual crisis económica, poco antes de las elecciones aseguró que el próximo presidente de los EEUU sería ciego. ¿A qué se refería?

Usé una analogía un poco extraña. Los primeros europeos que se asomaron a las profundidades del Gran Cañón del Colorado en el siglo XVI fueron incapaces de verlo. Echaron un vistazo, pero no lo llegaron a comprender en toda su magnitud porque nunca habían visto algo semejante. Quedaron tan espeluznados por la visión de este paisaje novedoso que dieron media vuelta. Los políticos de Washington son como los exploradores pioneros del cañón: tienen a la vista un abismo de turbulencias económicas. Su mareo se intensifica porque desconocen la profundidad de la crisis.

¿Tiene algún sentido entonces el debate sobre un hipotético regreso del ‘New Deal’ a EEUU?

Ahora mismo, todo el mundo en Washington pretende hacernos creer que estamos en 1933 y que, por tanto, saben lo que hay que hacer. Pero en realidad no tienen ni idea de dónde está el fondo y mucho menos qué va a ocurrir los próximos meses. Las diferencias históricas son evidentes. Para empezar, está uno de los aspectos más inesperados de la crisis: el contagio. Estamos ante la crisis económica más sincronizada de la historia (ah, la magia de la sofisticada tecnología de nuestros mercados). En los treinta, la crisis tardó tres años en globalizarse, ahora bastaron tres semanas para que Europa y Asia se contagiaran de la gripe estadounidense. Todo el mundo ha sido absorbido al tiempo por la crisis. Por otro lado, la economía estadounidense actual no tiene nada que ver con la de entonces: es mucho más débil y caótica, lastrada por las políticas de restructuración de los años ochenta. Por ejemplo, aunque el presupuesto del Pentágono es ahora muchísimo mayor, el Gobierno es incapaz de crear los centenares de miles de puestos de trabajo estables de la época en las fábricas de la industria. ¿El motivo? Gran parte de la producción está ahora externalizada. Por último, Roosevelt y compañía tenían a mano una teoría económica, el keynesianismo, con la que respaldar la intervención del Estado. Actualmente, la única tradición económica conocida por los políticos en EEUU es el neoliberalismo. ¿Puede Obama pensar más allá de la doctrina impuesta por Goldmann-Sachs? Aunque le voté, no lo creo. Con todo, no está de más recordar que el New Deal no apareció frotando una lámpara: las masivas luchas sociales tuvieron mucho que ver.

¿Está la clase media preparada para ese desafío?

La burbuja en la que vivía la clase media americana, ajena a la realidad del mundo, se ha evaporado. Por eso el 11-S fue tan traumático. La clase media no estaba preparada para el sufrimiento. ¿Qué ocurrirá cuando no podamos mantener los niveles de consumo y aspirar a coches mejores? Ejemplos un poco simples de todo esto son los graves problemas económicos por los que atraviesa la cadena estadounidense de cafeterías Starbucks. ¿Quién quiere pagar ahora dos euros por un café? ¿Sabe a qué empresa le está yendo relativamente bien con la crisis? A Wal-Mart. La clase media no compraba ahí, porque era un local de clase obrera. Ahora se ha convertido en un cliente más.


QUÉ VE UN TEÓRICO URBANO EN ALGUNAS DE LAS PELÍCULAS MÁS IMPACTANTES


‘Blade Runner’

«Predijo el futuro de la ciudad»


Blade Runner se había convertido en el logo de Los Angeles cuando escribí Ciudad de cuarzo. Intenté reflejar que Los Ángeles se había vuelto una ciudad glamurosa porque es la clásica imagen de la California soleada. También porque es la visión distópica generada por productos de ciencia ficción como Blade Runner. Pero al mismo tiempo me interesaba mostrar los límites del filme como predicción del futuro de la ciudad. También me interesaba la orientalización urbana. Ridley Scott describe muy bien las ciudades asiáticas, particularmente Los Ángeles como un Tokio oscuro, como si estuviéramos en el distrito de Ginza. Me interesaba mucho el modo en que la diversidad de Los Ángeles es retratada en películas y novelas. No hay que olvidar que este lugar es una ciudad que se alimenta de sus propias imágenes".


‘Black Hawk derribado’

« Es el icono de una nueva civilización»


"Este filme me recuerda a Gunga Din, el poema de Kipling, un paradigma de la ficción colonial de aventuras: "De todos los años que estuve en la India, no conocí a nadie más valiente que el aguador de nuestro regimiento, Gunga Din", escribía. Black Hawk derribado es la versión posmoderna del poema de Kipling, del nuevo imperio americano, aunque no acaba de contarte bien lo contundentemente que fueron derrotados los estadounidenses en este episodio. En mi opinión, es una de las películas de acción mejor coreografiadas desde Grupo Salvaje (Sam Peckinpah, 1969). Se trata del icono de una nueva frontera de la civilización: soldados que parecen salidos de un videojuego luchando contra las fuerzas descentralizadas de los suburbios pobres urbanos. ¡La cantidad de soldados que se han alistado tras ver esta película!".



‘El jardinero fiel’

«Nos asusta la escala de la pobreza»


"En los años treinta, Walter Benjamin escribió que en algún momento los ricos colgarán fotos de niños hambrientos de los muros de sus casas como si fueran obras de arte. El supersuburbio de África, América Latina y Asia se ha glamuralizado gracias a ficciones de aventuras como esta, pero, al mismo tiempo que nos fascina, también nos sobrepasa por la escala de la pobreza que representa y por el miedo que nos inflige. Con todo, el famoso arquitecto Rem Koolhaas puede tranquilamente ir a Lagos y decir que es el mejor ejemplo de creatividad humana y de autoorganización. Bien, puede ser que lo sea de algún extraño modo, pero como cuento en Planeta de las ciudades miseria enseguida aparecen los límites al ingenio de los pobres para construir la ciudad".

¿Todos los seres humanos nacen libres? (60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos).

Il Manifesto ( Traducido para Rebelión por Gorka Larrabeiti)




La Declaración Universal de los Derechos Humanos se celebra estos días como un documento internacional de relevancia excepcional. Se trató de un intento importante para fundar y universalizar los derechos humanos. El 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de la ONU proclamó solemnemente que los derechos humanos son una prerrogativa absoluta de todos los individuos, pertenezcan a la nación, cultura o civilización que pertenezcan. En el primer artículo de la Declaración se llega a afirmar que todos los seres humanos “nacen libres”, que son “iguales en dignidad y derechos” desde su nacimiento, y que “deben comportarse fraternalmente”. Se trata de una concepción filosófica inspirada en el idealismo ético que dominaba en la segunda posguerra en Europa.

La filosofía universalista del “derecho natural”, típica del protestantismo y del catolicismo prevaleció sobre el resto de doctrinas. El resultado fue que la Declaración Universal poco tiene de universal. Impone como cosa debida una visión concreta del mundo impregnada de individualismo, liberalismo y formalismo jurídico occidentales.

No es casual que se hayan producido violentas discusiones internacionales a este respecto. En concreto, en 1993, durante la segunda Conferencia de las Naciones Unidas sobre derechos humanos, dos concepciones incompatibles del todo se enfrentaron. Por un lado estaban las tesis de la Declaración Universal, con su reivindicación de los derechos individuales, de la libertad y la privacidad. Por el otro, estaba la posición de gran parte de los países de América Latina y los países asiáticos, con Cuba y China al frente. Estos países situaban en el centro los “derechos colectivos”, ignorados en la Declaración Universal, especialmente la lucha de los pueblos contra la pobreza y el dominio económico, financiero y militar de los países industriales.

En realidad la Declaración de 1948 ha ejercido y ejerce aún una influencia mínima en las relaciones internacionales. La formuló un organismo como la Asamblea General, carente de poder normativo efectivo. De hecho, el texto de la Declaración está estructurado como una proclamación ético-filosófica que carece de sanciones e instrumentos ejecutivos capaces de llevarla a cabo. Para probar la ineficacia dramática basta con consultar los informes de Amnistía Internacional: más de dos mil millones de personas sufren actualmente la violación sistemática de sus derechos. La magnitud del fenómeno es creciente y afecta a un número altísimo de estados: más de 150 de 200, incluidos los estados occidentales. Las violaciones incluyen una larga serie de atrocidades; entre otras, el genocidio, la tortura, la pena de muerte, las ejecuciones sumarias, las desapariciones, los homicidios políticos, la violencia contra las mujeres, la esclavitud, la violencia contra los niños, las ejecuciones capitales de niños y discapacitados, el trato inhumano y degradante de los detenidos.

Pero las tragedias del mundo son sobre todo las guerras de agresión, el hambre y la pobreza absoluta, cuyos responsables son mayormente los países occidentales, empezando por los Estados Unidos y la OTAN. Pensemos en Guantánamo, Abu Ghraib, Bagram, en las masacres en Iraq y Afganistán. Recordemos, como acaba de hacer Luciano Gallino, que en la India, de 1996 a 2007 se han suicidado 250.000 campesinos por culpa del hambre y las deudas. La razón de su miseria se halla en los monocultivos impuestos por las corporaciones europeas y estadounidenses. ¿No habíamos quedado en que todos los hombres nacen iguales?

Una política ciega

ROSA MASSAGUÉ
El Periódico de Catalunya



EEUU ha preferido financiar a los señores de la guerra antes que ayudar a la reconstrucción de Somalia.

La UE acaba de poner en marcha su primera operación naval, la operación Atalanta, para prevenir y reprimir la piratería que campa a sus anchas frente a las costas de Somalia. Mientras en Bruselas se tomaba esta decisión, que el ministro francés de Defensa, Hervé Morin, calificó de forma hiperbólica de "símbolo de la autonomía militar europea", en Nueva York el Consejo de Seguridad de la ONU aprobaba una resolución que castiga a personas y entidades vinculadas a los piratas.

El 90% del comercio global se hace por mar. Antes de esta emergencia en las costas de Somalia ha habido otros mares donde los modernos bucaneros han sembrado el terror. En el estrecho de Malaca, por ejemplo, en la autopista que une Europa y el canal de Suez con el mar de la China meridional. Por sus aguas circula el 80% del petróleo que consumen China y Japón. Los esfuerzos combinados de los países vecinos han conseguido aumentar la seguridad y reducir los ataques.

¿Ocurrirá otro tanto en las costas del Índico próximas al Cuerno de África con las medidas adoptadas en Bruselas y Nueva York? Pues muy difícilmente. La zona donde operan los piratas es enorme y se necesitaría una verdadera armada para controlarla. El Sirius Star, por ejemplo, la mayor captura realizada por los piratas somalís, fue secuestrado a 833 kilómetros de la costa de Kenia, cuando se dirigía hacia el sur, hacia el cabo de Buena Esperanza. En cuanto a los castigos auspiciados por la ONU, su aplicación, al margen de sus efectos, resulta más que problemática. No está nada claro cuál es la autoridad competente.

Sin embargo, la mayor dificultad reside no solo en que Somalia es un Estado fallido. Es toda la zona --formada además por Sudán, Eritrea, Etiopía, Yibuti, Kenia y Uganda--, que ha sido un campo de batalla de distintas guerras en las últimas décadas, la que es un enorme foco de inestabilidad a diferencia de los paí- ses ribereños del estrecho de Malaca (Malaisia, Indonesia y Singapur), con instituciones consolidadas y en paz.

La presencia en los años 90 de Al Qaeda y de Osama bin Laden en la zona desde la que se organizaron los atentados contra las embajadas de EEUU en Kenia y Tanzania en 1998, lanzó a Washington --primero con Bill Clinton y después con George Bush-- a una política antiterrorista que solo arroja resultados negativos, no resuelve los conflictos, tiene efectos contraproducentes para la misma lucha antiterrorista y condena a la población a la miseria y la desesperanza absolutas.

EEUU había comprobado amargamente qué ocurre allí con una operación mal planteada. Eso fue después de que, en 1991, en Somalia cayó el Gobierno y el país se hundió en el caos total del que sigue sin recuperarse. Clinton ofreció tropas a la ONU para proteger la intervención humanitaria para combatir la hambruna. Aquella operación de EEUU cambió radicalmente de objetivo después de que un helicóptero Black Hawk fue derribado y los cadáveres de los marines arrastrados por las calles de Mogadischo.

EEUU se dedicó a la persecución de Farah Aidid, el señor de la guerra responsable del derribo del helicóptero, hasta que las tropas abandonaron Somalia en 1995 sin alcanzar ningún objetivo. Los señores de la guerra seguían gestionando la distribución de la ayuda humanitaria apropiándose de la mitad, lo que les permitía armarse y financiar sus milicias, y Aidid siguió guerreando.

Después del 11-S, la zona ha sido una parte importante de la guerra de Bush contra el terrorismo. Mientras EEUU cooperaba con el régimen de Jartum en cuestiones de antiterrorismo cerrando ambos ojos a las barbaridades cometidas por las tropas sudanesas en Darfur, Somalia no salía del caos hasta que en los ambientes comerciales nació la Unión de Tribunales Islámicos. Paralelamente, EEUU patrocinó la Alianza para la Restauración de la Paz y la Lucha Antiterrorista formada por un grupo de señores de la guerra.

Los islamistas se hicieron con el poder en varias ciudades, entre ellas Mogadischo, derrotaron a los patrocinados por EEUU e impusieron el orden en las zonas que controlaban. Por primera vez en 11 años se abrieron el puerto y el aeropuerto de la capital y descendió considerablemente la piratería. Pero la relativa tranquilidad duró poco, solo seis meses. Ya que la Alianza no había sido capaz de acabar con la Unión, Washington encontró quien lo hiciera por delegación. En diciembre del 2006, tropas etíopes invadían Somalia y derrotaban a los islamistas.

El resultado es que los islamistas se han fraccionado y radicalizado, el Gobierno ha fracasado --como reconoció hace poco el propio presidente Abdulahi Yusuf--, no se vislumbra que Somalia deje de ser un Estado fallido y el hambre sigue atenazando a la población.Según escribían John Prendergast y Colin Thomas-Jensen en Foreign Affairs, "la Administración de Bush ha preferido crear una asociación estratégica con los señores de la guerra en pos de unos cuantos terroristas en vez de atender a la inexistencia crónica del Estado que continuará atrayendo a más terroristas al país". Barak Obama puede cambiar esta política. Mientras eso no ocurra, la piratería seguirá siendo la reina de aquel mar.

Entrevista a José Saramago

XAVI AYÉN
La Vanguardia



José Saramago, a sus 86 años, ha vuelto a la vida. Tras haberle visto la cara a la muerte, según propia confesión, a causa de unas neumonías sucesivas, lo primero que hizo al llegar a casa el pasado febrero, tras unos meses de hospital, fue ponerse a escribir. Y en agosto ya le había salido "El viaje del elefante" (Alfaguara/Edicions 62), una crónica épico-humorística del recorrido que realizó Salomón, un elefante propiedad del rey de Portugal que, en el siglo XVI, fue regalado al archiduque Maximiliano de Austria, por lo que tuvo que viajar de Portugal a Viena, pasando por Lisboa, Valladolid, Roses, Génova...

El libro acompaña al paquidermo y a su cornaca, Subhro, así como a los ejércitos portugués y austriaco que lo custodian, por su hiperbólica ruta. Saramago recibió el pasado sábado en su casa de Lisboa a este diario, y nos mostró la futura sede de su fundación, la impresionante Casa dos Bicos, en el barrio de Alfama, un monumento nacional que se va a salvar de la ruina gracias al Nobel.

¿Escribir este libro ha sido también épico, como el viaje del elefante?

Tenía 40 páginas hechas antes de caer. En todo el tiempo que estuve enfermo, casi un año, no escribí pero estuve pensando en el libro, le decía a los doctores: 'A ver si no voy a poder acabarlo...' Cuando finalmente llegué a casa, pesaba tan solo 51 kilos, estaba muy debilitado pero, contra todo pronóstico, a las 24 horas ya estaba escribiendo como un poseso. Es algo muy bonito y gratificante que, a pesar del estado deplorable en que me hallaba haya encontrado fuerzas para escribir. Más sorprendente todavía es que me haya salido un libro tan humorístico. ¿Cómo es posible que, habiéndole visto la cara a la muerte, este sea mi libro más divertido, el único en que el humor está presente en cada página? No fue premeditado, es como si el libro hubiera querido ser escrito de ese modo. Nada de mi horrible experiencia ha pasado a él, ni siquiera un leve detalle.

A lo mejor esa experiencia aparece en libros futuros...

No creo. He tenido sueños absolutamente terroríficos, las peores pesadillas de mi vida, que olvidaría si pudiera. Nunca las recrearía en público.

¿No? ¿Por qué?

Al contrario de lo que Freud creía, no se puede describir un sueño porque siempre te queda algo esencial fuera, todo sueño contiene algo inefable que forma parte de su esencia.

¿Qué base histórica real hay en la novela?

Se produjo efectivamente el regalo de un elefante de un rey a otro, y el animal realizó ese viaje, pasando por las ciudades que digo. El itinerario es exacto y el hecho de que murió al año de llegar a Viena también. Pero los datos históricos caben en media página, así que no he tenido más remedio que inventar. De todos modos, no estoy seguro de que esto sea una novela: no hay una historia de amor, no hay un conflicto, desarrollo y crecimiento de personajes... es el relato de un viaje, yo lo llamaría más bien un cuento, aunque tenga casi 200 páginas.

Los protocolos de la corte, las relaciones entre los dos ejércitos reales, la comunicación entre el archiduque y el cornaca... señalan una reflexión sobre el poder y su pompa, ¿verdad?

Sí, pero eso no era lo que más me preocupaba. El poder siempre es pomposo, lo fue en el siglo XVI y lo es todavía hoy, aunque no lo parezca tanto. Este es uno de mis libros menos políticos, aunque yo crea que, si profundizamos, todo es política siempre. ¿Sabe por qué lo escribí, en el fondo?

No...

Por el final que tuvo el pobre elefante: cuando se murió, ¡le cortaron las patas delanteras para hacer con ellas unos recipientes para guardar los bastones! Me pareció una injusticia enorme: ese elefante que recorrió miles y miles de kilómetros para llegar hasta Viena, sin saber por qué, ese paquidermo majestuoso que fue aplaudido por las gentes de pueblos de toda Europa a lo largo del camino, porque era un animal desconocido en la época, que salvó a la una niña de ser aplastada, un trayecto tan épico... que le cortaran las patas me pareció injusto, humillante, no se lo merecía. Si eso no hubiera ocurrido no me hubiera sentido estimulado a escribir el libro. De hecho, es una metáfora sobre la vida humana.

¿La muerte da sentido a la vida?

Yo eso no me lo creo. Lo que dio sentido a la vida de ese elefante fue ese final tan cruel, destinar sus patas a un fin tan profano, tan por debajo del nivel de su epopeya. La injusticia es uno de los motores de mi obra, el abuso de autoridad sobre el individuo. Y aquí el individuo es el elefante. Todos somos elefantes. Soñamos que gozamos de libre albedrío pero en lo importante no lo tenemos.

A Saramago se le reconoce tan solo leyendo una línea, por su escritura característica, por ejemplo esos diálogos intercalados en medio del texto, sin signos de puntuación, formando un continuo.

Eso se lo sé defender de forma eficaz: cuando hablamos no hay signos de puntuación. Hablamos igual que se hace la música, con sonidos y con pausas. Una interrogación no es un signo al final, es una melodía. Para mí, el lector debe tener un papel que vaya más allá de interpretar el sentido de las palabras, el lector debe poner su música, interpretar la partitura del texto de un modo muscular, de acuerdo a su respiración y su propio ritmo. En el fondo, la puntuación es lo mismo que las señales blancas pintadas en las carreteras, que intentan impedir que el conductor tenga problemas pero, tal vez, si no existiera ningún tipo de señales, todo el mundo conduciría con mucho más cuidado. Eso es lo que quiero, que me lean con cuidado.

Y, como en sus últimos libros, desaparecen casi todas las mayúsculas.

Para eso no tengo mucha defensa racional pero sí un argumento estético: una página con muchas mayúsculas es muy fea, siempre subiendo y bajando. Con la abolición - nunca total - de la mayúscula, conseguimos una página más armoniosa. Hay muchos idiomas que no la usan: el hebreo, el chino, el árabe, el japonés.

¿Qué papel tiene el cornaca, el cuidador del elefante?

No quiero hablar de simbiosis, pero en el fondo el elefante hace lo que el cornaca quiere. Un elefante es un animal muy rotundo, con una presencia apabullante pero ¿qué piensa? ¿cómo siente? Como no conozco a ningún elefante, y no me parecía correcto antropomorfizarlo, eso era una tentación fácil, mi opción ha sido explicar cómo piensa su cornaca, que lo acompaña desde la India. Porque el elefante, en el fondo, es el motor de toda la historia pero un motor inconsciente, que no sabe lo que le pasa, no sabe adónde va, y esa falta de sentido es lo que conduce toda la historia.

Pero se da una comunicación entre ellos.

Al menos en una dirección. ¿Sabe qué me contó García Márquez? Que, un día, vio a un caballo que tenía las dos orejas llenas de larvas; vino un campesino, se acercó a él y empezó a hablarle con una especie de letanía y, a medida que iba hablando, ¡las larvas saltaban y se caían al suelo! Si las larvas son capaces de reaccionar a la palabra humana, ¿por qué un elefante no?

A los dos, animal y cornaca, les cambia el nombre Maximiliano...

Como señal de su autoridad imperial. Pero el cornaca, al dirigirse al emperador, a veces bordea el límite de lo permitido...

¿Y qué representa la reina de Portugal?

Es una figura contradictoria, ella tiene la idea de regalar el elefante pero a la vez le da mucha pena desprenderse de él por una especie de instinto femenino. El honor de cerrar la historia es suyo.

Este libro ¿supone un adiós a su línea reciente de parábolas políticas?

Quién sabe...

En su blog decía que tenia una idea de nuevo libro, y hoy le hemos visto escribiendo...

Estoy con un nuevo libro, sí. Me han visto ustedes escribiendo la primera página, que ya está acabada. Es una idea que tuve hace tres años y que ahora me ha vuelto con una fuerza tal que no he podido resistirme.

El 10 de diciembre se conmemoran a la vez los 60 años de la declaración de derechos humanos y los diez años de la concesión de su premio Nobel...

La declaración de derechos humanos no se cumple, es papel mojado. A pesar de eso, no existe un movimiento internacional capaz de oponerse a los intereses poco claros de nuestros gobiernos. Un cambio de política haría mejorar las cosas, yo no soy fatalista. Pero los medios de comunicación deben denunciar, asumir su parte de responsabilidad en la mejora del planeta. No creo eso de dejar el peso del cambio a los jóvenes, educados como están en un hedonismo irresponsable. El trabajo de hoy debemos empezarlo hoy. ¿Cómo van a tener esperanza de cambio los jóvenes si los adultos hacemos dejación de nuestras responsabilidades? Somos todos nosotros, hoy, los que hemos de cambiar las condiciones de vida. Si lo hacemos, si luchamos por ello, tal vez los jóvenes quieran imitarnos, pero si nos quedamos quietos seguro que ellos tampoco lo harán. Las vías de lucha están hoy neutralizadas y hay que revivir el espíritu critico. El fracaso del capitalismo financiero, hoy tan obvio, debería ayudarnos a la defensa de la dignidad humana por encima de todo. Vemos que todos los gobiernos inyectan miles y miles de millones a los bancos, ¿de dónde sale ese dinero? ¿no decían que no había dinero para solucionar los problemas básicos del mundo? ¡Jamás se han gastado tanto dinero en nada! Si son los bancos los que tienen problemas, el dinero público -que es nuestro- crece y se multiplica. ¿Por qué no salimos a la calle a denunciarlo? Si es Cuba la que sufre una catástrofe natural, como recientemente, EE.UU. le da 100.000 dólares de donación, que por supuesto el gobierno cubano rechazó. Hay que pensar en los derechos humanos, exigir que se cumplan, lo dije hace diez años en Estocolmo, en mi discurso del Nobel, muy criticado porque me dijeron que aquel no era el lugar ni el momento, pero le confesaré que, al volver a mi asiento, la misma reina de Suecia me susurró: 'Alguien tenía que decirlo'.

¿Y el Nobel? ¿Le cambió la vida?

Sí, pero en el mismo sentido en que ya la llevaba, es decir, intensificó mi tendencia a intervenir en cuestiones sociales y políticas. Lo importante es que no ha cambiado la persona que soy. Si quiere, puede contrastar ese dato con mis amigos y mi esposa.

Pero le ha hecho, por ejemplo, frecuentar a muchos mandatarios...

No, no, no me gustan los pasillos del poder, y hay políticos a los que me niego a ver, como al mismo presidente de Portugal, que, cuando era primer ministro, censuró una de mis novelas.

¿Y su relación con Fidel Castro? Usted publicó una dura carta abierta contra su política, que se titulaba 'Hasta aquí hemos llegado'...

Ante el fusilamiento de tres chicos, escribí ese texto. Me afectó mucho, después me invitaron a ir a la isla, acepté y, allí, repetí mis argumentos contra la pena de muerte. Podía haber sido una ruptura pero la verdad es que los cubanos no quisieron romper conmigo, ni yo tampoco con ellos, y me aceptaron con esas críticas incluidas. No estoy peleado con Cuba, es una diferencia seria que he tenido con alguien de mi propia familia.

Siguen coleando sus declaraciones a favor del iberismo -la unión de España y Portugal- pronunciadas hace tres años...

Lo que demuestra que, se quiera o no, el tema está vivo. Me han llamado de todo, traidor a la patria... pero yo creo que eso, un día, sucederá. Fíjese en el dibujo de España sin Portugal, le queda una forma un poco rara, estéticamente no es gran cosa. España sufre un complejo de amputación pero nosotros, los portugueses, todavía sentimos temor a Castilla (que no a Galicia o Catalunya), así que no sucederá mañana, pero sucederá, de un modo que no nos hará perder, por supuesto, nuestra lengua ni nuestra cultura.

¿Le da esperanza Obama?

Siempre tengo esperanza, porque todos vivimos de ella. Pero también recuerdo que Kennedy o Tony Blair se presentaban como esperanzas y luego se rieron de nosotros, especialmente Blair. El caso de Obama es diferente porque es negro e inteligente y, por esas dos razones, creo que nunca olvidará lo que han sufrido los suyos durante siglos. Si es capaz de ampliar ese sentimiento y extenderlo a toda una serie de injusticias, se producirá una gran rectificación de la política de EE.UU. en el mundo. Yo hace mucho que no voy a EE.UU., un país en el que en el aeropuerto la policía te copia el disco duro de tu ordenador. Eso es algo que me consta que están haciendo y que yo tengo el derecho de considerar intolerable.