Parodia de los ruidos del tiempo. Charlando con Juan Goytisolo


MIGUEL RIERA
El Viejo Topo




En 1980 aparecía en España, publicada por la editorial Montesinos, “Paisajes después de la batalla”, una novela que no fue muy bien comprendida entonces pero que anticipaba el disparatado mundo en el que muy pronto se vería sumergida la sociedad española. Su protagonista, el Monstruo del Sentier (por el barrio parisiense en el que vive), es un personaje extraño, solitario, que tiene unos misteriosos contactos con organizaciones terroristas, profetiza catástrofes ecológicas y tiene fantasías sexuales que lo acercan al mundo de Lewis Carroll El Monstruo padece un doble exilio: de su país y de su tiempo, una característica que es fácil rastrear en otros textos de Goy tisolo (en su edición de Blanco White, por ejemplo).

Doble exilio sufre también el protagonista de “El exiliado de aquí y allá”, protagonista que no es otro que el mismo Monstruo de Paisajes, enviado al otro mundo por una bomba lapa pero que no se resigna a estar ausente del todo, y desde su más acá que es nuestro mas allá, un parque virtual del que Internet es una pieza fundamental, trata de entender el mundo que tan forzadamente había abandonado. La novela llena de guiños, es verdaderamente divertida, no con el chiste fácil propio de la literatura pretendidamente cómica, sino a través de múltiples alusiones y enlaces subterráneos a través de una trama difuminada, amén de las a veces hilarantes descripciones de los personajes y sus avatares. Antes de regresar a Marrakech, donde vive habitualmente, Juan Goytisolo paseó el por el lugar que más ama de Barcelona: las Ramblas. Y es ahí donde charlamos.

Te voy a hacer una pregunta que ya te habrán hecho un millón e veces

No lo creo. La primera pregunta que me han hecho muchas veces es la siguiente: ¿es verdad que usted escribe con un bolígrafo de un euro? Ya ves, la noticia no está siempre en el libro que has escrito, sino en el bolígrafo que has empleado.

Bueno, esa desde luego no era la que iba a hacerte. No, la pregunta es esta: ¿por qué has regresado a la novela después de haber anunciado que abandonabas ese género?

Es que en realidad no fue un anuncio. Fue una frase que le un parque virtual del dije en una entrevista a Javier Valenzuela y que se convirtió en un titular. Le dije que probablemente no escribiría más, porque en aquel momento no tenía nada que decir, y como no escribo por obligación sino tengo nada que decir me callo.

Personalmente me alegro. Este libro que acabas de publicar con el pertinente título de El exiliado de aquí y allá enlaza con Paisajes después de la batalla, donde estabas adelantándote al mundo que venía, y que tú habías detectado. Algunas personas comentaron entonces que te habías extraviado, que exagerabas, que el futuro no seria el que tú pintabas en la novela.

Cuando apareció Paisajes, en España no existía aún la experiencia urbana que yo si tenía. Era una sociedad homogénea 1 no había inmigrantes, las fantasías del Monstruo del Sentier parecían en este contexto meros disparates. Pero en realidad ahí estaba ya todo: el terrorismo, el incendio de las barriadas, el cambio climático, todo está en esa novela.

¿Y cuándo decidiste rescata r al Monstruo?

Entre 2002 y 2004 estuve escribiendo textos que eran como discursos, voces, y pensaba publicarlos en forma de un librito pequeño que se llamaría A la escucha de las voces del tiempo. Luego me di cuenta de que en realidad esos textos no eran islas, sino que constituían un archipiélago. A partir de ellos, poco a poco, elaboré la novela. Ha sido un trabajo complejo porque he querido mantener el argumento en segundo plano y dejar hablar a los textos. Hay una frase de Boris Pasternak que he leído citada en un libro de Sánchez Robayna: Él sueña en una prosa en acción y no en relato. Creo que no hay mejor definición de El exiliado de aquí y allá, es una prosa en acción.

Te habrás divertido ridiculizando las grandes alienaciones del mundo de hoy...

Pues sí. Es una parodia, que he intentado hacer lo más cruel posible, de los ruidos del tiempo. Y todo tiene su origen en la lectura de la prensa, en lo que se oye por ahí...

¿Hasta qué punto es real el mundo que nos pintan los medios?

Obviamente existe un mundo que está en los medios, pero al margen de ese mundo hay centenares de millones de personas. Hoy las personas sólo existen como noticia, como decía Guy Debord. Esa es la realidad. Lo hemos visto en las elecciones norteamericanas: puro espectáculo. No hay más que ver la inmunda invasión de lo privado en el espacio público, bien patente en los programas de telebasura. Es horroroso.

Al parecer la vida política y social actual no puede prescindir de la escenificación. Todo se escenifica, incluso la verdad.

Ya había empezado a tratar ese asunto después de Paisajes en La saga de los Marx, introduciendo la televisión y el cine en la novela. Otros escritores lo hacen al revés: escriben una novela pensando ya en su posible adaptación al cine o la televisión. Es estúpido, para eso es mejor escribir directamente para el cine o la televisión. Claro, este tipo de novela burguesa existirá siembre, pero hay otra forma de narrar.

De todos modos está bien que se escriban todo tipo de novelas porque hay todo tipo de lectores. El problema surge cuando la crítica y los medios ensalzan novelas que no tienen talla literaria. Cuando los medios olvidan que la literatura es un Arte.

El fallo más grande de la cultura española, y en esto Octavio Paz tenía toda la razón del mundo, es la ausencia de una crítica literaria y cultural de nivel. Este es el punto flaco de la cultura española. Y si se publican libros de análisis apenas tienen reseñas, aunque algunos sean muy buenos. El libro de Sánchez Robayna Deseo, imagen, lugar de la palabra es extraordinario, y nadie ha dicho nada.

Hablando de Guy Debord, ese elemento espectacular ha sido incorporado por todos los segmentos sociales, en tu novela incluso por los antisistema. Incluso el terrorismo se piensa desde el espectáculo, desde el poder y desde las organizaciones que lo practican.

Sí, claro, se busca sobre todo el efecto mediático: “Han puesto una bomba en un edicificio em-ble-má-tico”.

Vaya, como explicitas en la novela, la has tomado con esa palabra, emblemático. ¿Por qué? Es una palabra de uso corriente en los medios de comunicación,

No la soporto. Es como “entrañable”. Antes todo era “entrañable”, y ahora todo es “emblemático”. Hay palabras que se ponen de moda, y yo detesto las modas.

Tu obra literaria es una continua vuelta de tuerca. El extravío literario del que algunos habían hablado no es otra cosa que la plasmación de un inconformismo radical, ¿ Cómo crees que está siendo recibida en España tu obra por parte de la crítica?

Bueno, depende, hay para todos los gustos. Normalmente el escritor cambia de tema, Los novelistas que publican a menudo, lo hacen sobre la relación con su padre, o hablan de la infancia, de la guerra civil, etc. De temas distintos. Yo no cambio de tema, cambio de propuesta literaria. Cada libro es una propuesta literaria distinta. Y la novedad, claro, choca.

Cuando recibes malas críticas, ¿cómo te lo tomas?

Cuando recibo malas críticas me consuelo leyendo la correspondencia de Flaubert con George Sand, en la que dice: “Ha visto usted cómo los críticos se ensañan conmigo y las alabanzas que reciben y entonces da una lista de nombres perfectamente desconocidos. Siempre ha sido así.

Peor es la ausencia de crítica, es decir, la incapacidad de la crítica —salvando excepciones, que siempre las hay para abordar determinadas obras. Recuerdo que cuando publicaste Las virtudes del pájaro solitario se produjo un silencio tremendo, yo creo que porque la crítica no sabía cómo abordar el libro.

Ya decía André Gide que lo que se comprende en un abrir y cerrar de ojos no suele dejar huella. Y a veces el crítico no pasa de la primera página. Claro que hay razones de otro tipo. Paisajes después de la batalla no fue entendido en España porque la realidad que evocaba no era conocida aún en España,y tampoco fue bien aceptada en Francia porque presentaba un París que no coincidía con el tópico que reflejaban los escritores extranjeros, que siempre hablaban del Quartier latin deMontparnasse,de los barrios aristocráticos, etc. Recuerdo que la responsable de altura de Le Monde le dijo a un amigo que yo no tenía derecho a hablar así de París, lo consideraba como una agresión. En cambio la novela tuvo muy buena crítica en Londres y en Nueva York. Si hubiese escrito las mismas cosas sobre Londres posiblemente la crítica francesa la habría saludado y la inglesa la habría boicoteado.

Son visiones etnocéntricas, en realidad provincianas, de lo que debe ser la ciudad.

No se dan cuenta de que las ciudades, como las personas, son mutantes. En mi novela todo es mutante, ya has visto que los personajes cambian. El personaje a veces se pone en la piel del rabino rasta, a veces se confunde con Alicia, Alicia es a la vez un imán y una señora que hace un número pomo, o se transforma en la ratera encoñada... buscando la inverosimilitud, pero también la realidad que hay detrás de esa inverosimilitud

Las tres religiones del Libro quedan ahí sarcásticamente retratadas, por lo menos en sus versiones más integristas. ¿Qué relación tienes tú con la religión?

Bueno, una cosa son las tradiciones religiosas, que me parecen respetables siempre que no opriman a la población... Y he tenido una relación muy intensa con san Juan de la Cruz y el sufismo árabe... De lo que estoy en contra es de la ideologización, la politización y la comercialización de la religión. Lo que desenmascaro es que cuando se habla de espiritualidad muchas veces lo que hay detrás es poder, riqueza y mando, eso es lo que están buscando

Yo te tenía por pretecnológico, y ahora pones a tu protagonista en el ciberespacio.

En realidad y como todos vivo rodeado de gente que domina el mundo virtual.., empezando por los dos chavales mayores que corren por mi casa y que están siempre en Internet... eso me ha ayudado a convertir el más acá del personaje en un enorme parque cibernético. Por cierto, el subtítulo de la novela es un homenaje a Machado de Assis.

Ah si, claro, en Memorias Póstumas de Blas Cubas Blas escribe también desde el otro mundo.

Es un homenaje a una de las más grandes novelas que se han escrito.

¿De que otra filiación literaria procede la novela, si es que puede hablarse en estos términos?

Explícitamente hay una referencia al Quijote. Por ahí está Cándido de Voltaire, Jacques el fatalista de Diderot y sobre todo Bouvard y Pécuchet, que para mí es un libro de cabecera. Cuando estoy de mal humor abro sus páginas y en cinco minutos se me pasa. Yo desearía que la gente con sentido del humor y que esté momentáneamente de mal humor leyera esa novela.

En tus dos novelas está presente con fuerza el tema del terrorismo.

El terrorismo es importante por sus consecuencias, y también por la alianza existente entre el terrorismo y el sistema. Desde el 11 de septiembre estamos atrapados entre la sociedad de consumo y la conversión del terror en mercancía.

Una mercancía con la que se comercia para conseguir tener a la sociedad domesticada.

Claro, Orwell tenía razón. Si te paseas por el centro de Londres quedas fotografiado al menos trescientas sesenta veces. Una vuelta completa.

Una cosa lleva a la otra. Habrás visto que lo de Afganistán no lleva camino de solucionarse...

Se han metido en un embrollo. Si uno ve la historia, con el fracaso del intento de ocupación inglesa en el siglo XIX, después la invasión de la URSS con el fracaso que conocemos...
Se han metido en un barrizal del que no van a poder salir fácilmente Y si a esto sumamos la situación de EEUU en Iraq, donde están empantanados... sin poder quedarse ni salir... Si salen lo harán desplumados y enseñando el trasero, sise quedan siguen prolongando una situación insostenible, y con Irán de por medio. ¿Cómo se le ocurre atacar Osetia del Sur a este loco de presidente de Georgia? Menudo disparate. Porque imaginar que EEUU iba a intervenir es absurdo, y acaba por hacerle el juego a Putin.

Has citado a Irán. ¿Crees que EEUU, directamente o a través de Israel, puede crear un nuevo conflicto en ese país?

Parece imposible que EEUU vaya a enfangarse de nuevo pero cabe la posibilidad de que Israel lo arrastre. Eso sería un desastre descomunal. Yo he defendido siempre el reconocimiento del Estado de Israel dentro de las fronteras internacionalmente aceptadas. Pero la política que está llevando a cabo, machacando a la población Palestina con una brutalidad que tiene nombre, a la larga es suicida. Hablando con Jean el, él me dijo esta frase tan reveladora: Tengo miedo por le Israel me da miedo. No se puede expresar mejor. Para prohibir el deseo de tener un estado como los demás, los sionistas creado un estado que no es como los demás, un estado excepcional que ignora todas las resoluciones de la ONU, que hace lo que quiere.

Hace lo que quiere porque le apoya el gran patrón.

El apoyo incondicional de EEUU me parece muy grave, tan grave para EEUU como para el propio Israel.

Que opinas de eso que llaman intervención militar humanitaria

Que es muy selectiva. En Bosnia no hubo intervención humanitaria, En el genocidio de Ruanda tampoco. Me parece muy bien que se eviten todas las matanzas, pero los Derechos os se les exigen a unos países y a otros no. En la prensa norteamericana se hablaba mucho de la situación en Guinea Ecuatorial, pero en cuanto apareció petróleo se acabó, desapareció del mapa de los países que vulneran los derechos .

Volviendo a Palestina: cuesta entender que Mamás yAl Fatah la greña y no puedan acordar una política conjunta ante Israel

La primera vez que estuve en la franja de Gaza fue durante el rodaje de la primera Intifada, Luego volví después de los os de Oslo, y me llamó la atención que todos, en el de Arafat —los llamaban los tunecinos—, se habían construido unas villas suntuosas junto al mar, en un país que estaba en la miseria, y no encontré a nadie que me hablara bien de ellos. Había un descontento general... A mí no me sorprendió que Hamás ganara las elecciones, porque estaba creando una serie de instituciones caritativas, de ayuda a la gente, de promoción social, y los otros.., en fin. Obviamente yo simpatizo más con Al Fatah que con Hamás, pero hay que ver la realidad tal como es.

Regreso a la literatura. Desde tu punto de vista, como escritor alejado de los ruidos españoles, ¿cómo se inserta tu obra en el conjunto de la literatura contemporánea española?

Yo creo que todo escritor de verdad es una anomalía. Todos los escritores que me interesan son anomalías dentro del panorama cultural.

¿Y qué escritores españoles contemporáneos te interesan?

De mi generación, desde luego Sánchez Ferlosio. Tiene una actitud ética con respecto a la cultura, extraordinaria. Por mi parte confieso que leo mas poesía que narrativa, y con la poesía soy muy exigente. En la poesía encuentro lo que yo también busco, la concentración verbal, y no la gran extensión. Pero he leído a algunos novelistas jóvenes que me interesan:
Javier Pastor, Juan Francisco Ferrer, José María Pérez Álvarez, que ha escrito tres extraordinarias novelas, Cabo de Hornos, Nembroty La soledad de las vocales. Pero hay otros más, algunos que a veces colaboran en Quimera intentan hacer cosas nuevas, se les ve una voluntad de cambio, de renovación.

En las entrevistas, ¿qué es lo que te preguntan más veces?

Casi siempre me preguntan por qué no me dan el premio Cervantes o el príncipe de Asturias. Siempre contesto que son los escritores los que honran los premios, y no los premios a los escritores. Sanchez Ferlosio honró el Cervantes cuando se lo dieron, y no al revés. Y un premio, en cambio, puede deshonrarse, como cuando se lo dieron a Francisco Umbral.

¿Cuál es el último premio que te han dado?

El Juan Rulfo, en Guadalajara, el mismo año en que la literatura catalana fue la invitada de honor.

¿Sabes que ahora hav das premios Juan Rulfo, el de Guadalajara y uno nuevo que se da en Francia, creo que lo da Le Monde Diplomatique ? Es extraño. Oí rumores de que la Generalitat de Catalunya iba a condecorarte con la Cruz de Sant Jordi.


No sé. Me llamó alguien y me habló de que me daban esa cruz, pero le conteste que ya había llevado yo demasiadas cruces en la vida para tener que soportar otra.

"Léolo", La incontenible fuerza de la imaginación


PAULA CASTILLEJOS
Diagonal




La primera vez que vi Léolo, en el invierno de 1993, salí del cine presa de un extraño hechizo, con una agradable sensación de enajenamiento y, al mismo tiempo, con la certeza de haber visto algo muy grande; una sensación de rapto mental y de haber compartido con personas que hasta unas horas antes no conocía una serie de experiencias de elevada intensidad emocional. Después he vuelto a verla unas cuantas veces y el magnetismo y la fuerza que me subyugaron entonces permanecen ahí, en el fondo de sus imágenes, imperecederos e inmarchitables, como si manaran de su interior.

Léolo es el segundo largometraje del canadiense Jean- Claude Lauzon quien, apenas unos años después de obsequiarnos con este impagable regalo, murió junto a su novia en un accidente de avioneta. Y, antes que otra cosa, es un hermoso poema en prosa, que sólo alguien dotado de un talento excepcional puede escribir, puesto en imágenes que se suceden entre sí al servicio de una hipnótica voz en off.

Cuenta la historia de un niño de extrema sensibilidad que se refugia en la literatura para poner la distancia suficiente entre su mundo y la locura de la vida convencional de las personas que le rodean. Su protagonista, Léolo, de pequeño, leyendo una vez más el único libro que había en su casa, cogió un trozo de papel y escribió: “No intento recordar las cosas que suceden en los libros. Lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor, que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, que me recuerde la urgencia de actuar”.

Y después siguió leyendo. Eso mismo trasmite la película: energía en estado puro, recursos para enfrentarse a las contrariedades de la vida y la convicción de que hay lecturas que nos pueden ayudar a que ciertas cosas nos afecten lo menos posible y que algunas, llenas de poesía, pueden llegar incluso a embellecer un entorno hostil.

Léolo sabe que vivir en exceso dentro de tu propio mundo puede alejarte de la realidad y de la cordura. Por eso, de cuando en cuando, se repite: “Porque sueño yo no estoy loco. Porque sueño yo no lo estoy”, mientras Tom Waits, como si su música fuera también parte del mantra, canta un fragmento de su canción Cold, cold, ground. Léolo, un día de su infancia vio de frente los ojos de la muerte en una piscina hinchable en cuyo fondo había un tesoro de valor incalculable.

También hay hueco para el amor: Léolo está enamorado de una muchacha inalcanzable, su vecina Bianca, de la que llega a decir: “Entre mi habitación y Sicilia hay 1.889 kilómetros. Entre mi habitación y la de Bianca hay 5,80 metros y, sin embargo, está tan lejos de mí...”. Léolo es, en algunos momentos, una película muy dura. Lo es cuando, después de ver como golpean a su hermano culturista –que, aterrado, es incapaz de defenderse–, descubre que “el miedo habita en lo más profundo de nosotros y que una montaña de músculos o un millar de soldados no podrían cambiar nada”.

Y lo es mucho más cuando muestra cómo un grupo de adolescentes, que esnifan pegamento y toman pastillas, abusan sexualmente de una gata que emite un maullido desgarrador mientras, de fondo, los Rolling Stones interpretan una canción de su disco Let it bleed.

Léolo es una película clave para muchos amantes del cine de toda una generación. Léolo, valga la redundancia, es una película única. Irrepetible. Y genial.


¿Esclavos pero contentos?

KEPA ARBIZU
Lumpen



No suelen gustar demasiado las reflexiones encaminadas a construir cierta visión negativa de los ciudadanos de a pie. Todos pertenecemos a ese conglomerado y la autocrítica ya sabemos que es complicada. Pero resulta cada día más urgente la necesidad de reflexionar si queremos ostentar el poder o simplemente ser sumisos a él. Y esa decisión sólo está en nuestras propias manos. Desde luego no hay duda en que es más cómodo, más sencillo y sobre todo seguro, estirar la mano y alcanzar una de las opciones que nos han puesto amablemente en nuestra mesa que salir en busca de la que más nos convenga.

Esta reflexión surge a raíz de escuchar una encuesta reciente a la juventud española y sobre todo, lo que me llamó la atención, la consideración de algunos tertulianos a tales respuestas. Mostraban su preocupación por la nefasta noticia, a la vez que inesperada, de que se dieran opiniones cada vez más conservadoras. Palabra esta última curiosa dicha en boca de gente que la utiliza como insulto arrojadizo contra otros y ellos mismos entrarían perfectamente en esa categoría. Al margen de esto, me dejó perplejo su extrañeza respecto al resultado de la encuesta.

Vivimos en una sociedad cada vez más dominada por un pensamiento totalmente servil al poder, donde cualquier intento por pensar por uno mismo es denostado. Así que no resulta extraño que las personas hagan sus dictámenes en ese sentido. Opciones como la pena de muerte, la religión, etc… no dejan de ser soluciones totalmente infantiles, a pesar de la crueldad de algunas, y que no suponen un análisis muy elaborado de la realidad. Qué mejor que abandonar nuestra suerte y destino en manos de un ente de no se sabe donde o solucionar los problemas sin reflexión alguna sobre su origen, corrigiendo conductas aniquilando el problema como el que arranca las hierbas malas.

Y aquí reside la gran frustración y el problema de verdad, una vez asimilado que los poderes fácticos, hoy por hoy, son lo que son y que su mensaje esta dirigido a encerrarnos en sus intereses, somos los propios ciudadanos los encargados de abrir otras vías de conocimiento, diferentes maneras de explicar nuestro entorno fuera del acartonamiento que se nos enseña a diario. Claro que no es fácil, claro que habrá que perder cosas por el camino, es de lógica que el pensamiento que todo lo domina no quiera adversarios y qué mejor que adormecer al personal y dificultar el acceso a otras informaciones.

Y aunque duela escucharlo, somos/tenemos lo que nos merecemos, si somos incapaces de crear individuos libres para construir caminos diferentes al que únicamente nos dan hecho es imposible crear redes sociales de cualquier tipo, desde partidos políticos hasta medios de comunicación, capaces de incrementar nuestro espíritu crítico. Es verdad que asomarse a la libertad crea vértigo, pero hay que ser conscientes de que no existe otra solución para dejar de ser esclavos que proclamarse ciudadanos libres.