25 años de lluvia púrpura


Este verano se celebra el 25 aniversario del disco de Prince 'Purple rain', su primer éxito


ALEJANDRO ARTECHE
Soitu



El verano de hace un cuarto de siglo arrancaba en Junio con la publicación del sexto disco de Prince, la banda sonora de su primera película llamada 'Purple rain'. Hasta entonces el diminuto músico de Minéapolis había sido un artista no apto para todos los públicos. Discos con títulos como 'Dirtymind' o portadas y fotos donde aparecía con bigote, melena y prácticamente desnudo había hecho que sus discos no estuvieran al alcance de todos en las estanterías. Su música, funk visceral bailable lleno de gemidos y con letras haciendo referencias continuas al sexo, estaba concentrada en el ámbito de los entendidos y las discotecas. En España, que yo recuerde, sus discos ni siquiera se editaban. El sello Warner se había establecido por su cuenta tras haber sido distribuido los últimos años por Hispavox y los primeros discos de Prince se podían encontrar en tiendas especializadas con la pegatina 'Wea import'. Es decir, distribución limitada a según que comercios y a un precio de venta al público abusivo.

Publicado a finales de Junio de 1984, 'Purple rain' aparecía en las tiendas bajo el nombre de Prince & the Revolution, a mi entender la mejor banda de acompañamiento que ha tenido Prince en discos y directos. Ahí estaban las turbadoras Wendy & Lisa o el divertido Doctor Fink a los teclados, que acostumbraba a salir al escenario con bata y mascarilla de cirujano. Era el sexto disco de la carrera de Prince y servía como banda sonora a la película que acaba de protagonizar que, de una manera novelada y maquillada, contaba la historia de la vida de un músico parecida a la suya real.

Se puede considerar 'Purple rain' como el punto de inflexión de la carrera musical de Prince. Atrás quedaban los discos más duros y viscerales para adentrarse en la carrera de lo comercial. ¿O no? Prince en realidad siempre ha hecho lo que le ha salido de las narices y no hay más que ver como en vez de seguir la estela de éxitos que le deparó este disco enseguida se puso a hacer atrocidades como 'Under the cherry moon'. Lo cierto es que este disco le hizo ganar muchísimo dinero y le dotó de un nuevo estatus de super estrella.

Un vídeo ensoñador con un Prince sumergido en una bañera y palomas al vuelo servían para ilustrar el primer single, 'When doves cry'. Una balada electrónica, larga y espesa que, a pesar de su duración, llegó a los primeros puestos de las listas de éxito en radios comerciales. Como singles le siguieron la bailable 'Let’s go crazy' y como tercero la canción que daba título al disco, otro baladón de esos de encender el mechero y ese final que parecía no terminar nunca con Prince poseído por el espíritu de Jimi Hendrix.

Fueron muchos los que esa navidad tuvieron como regalo de reyes una copia en casete o lp de 'Purple rain', aunque en España fueron muy pocos los que vieron la película gracias a Dios, porque aquello era una cosa imposible que no había por dónde cogerla de lo mala que era. Que más da, a estas alturas todo el mundo conoce el disco de Prince, todos saben que es la banda sonora de una película, pero nadie tiene interés en verla. ¿Para qué?

Ganadora de tres Grammy y del Oscar a la mejor canción por 'Purple rain', se calcula que hasta ahora ha podido vender sólo en Estados unidos unas 13 millones de copias. Subió al número 1 de la lista de ventas del Bilboard americano en Agosto del 84 y no lo abandonó hasta finales de Enero del 85. Curiosamente cuando subió al primer puesto echó de él al 'Born in the USA' de Bruce Springsteen y cuando por fin un disco consiguió mover a Prince del top de la lista en Enero, este fue de nuevo el superventas del Boss.La revista Vanity Fair considera el disco como "la mejor banda sonora de todos los tiempos" y la edición americana de Rolling Stone lo calificó de "segundo mejor disco de los 80" y el "72 mejor disco de todos los tiempos" en una lista de 500.

La conmemoración oficial de este 25 aniversario tenía que haberse celebrado el 25 de Junio, que es cuando se puso a la venta. Por desgracia, las noticias ese día estaban copadas por las muertes de Michael Jackson y Farrah Fawcett y no se le dio toda la cobertura mediática merecida.

Entraríamos en un debate demasiado intenso —y perdido por goleada conociendo a los fans de Prince— sobre si tras 'Purple rain', el músico de Mineápolis ha seguido siendo un genio o poco a poco su carrera ha caído en picado. Su obra es muy difícil de seguir por los continuos cambios de discográfica, sus peleas con ellas, los cambios de nombre (recordemos aquello de 'El símbolo' y 'el artista antes conocido como Prince') y las mastodónticas cajas que edita a precios prohibitivos desde su página web. Pero ahí está, subidito a sus tacones y componiendo sin parar. No recuerdo cuántas canciones dijo que tenía grabadas y guardadas listas para publicarse, pero vamos, una burrada.

Coincidiendo con este aniversario, la revista musical Spin a través de su edición digital ponía a disposición de sus lectores un disco homenaje titulado 'Purplish rain'. Para poder descargarlo sólo era necesario contestar una pregunta muy simple que venía en el artículo dedicado al cantante en el número de Julio de la edición impresa de la revista.

'Purplish rain' incluye las mismas canciones que el disco original de Prince y cuenta con las colaboraciones de los triunfadores del pasado año en el soul por sus colaboraciones con Mark Ronson Sharon Jones & the Dap Kings, que convierten 'Take me with U' en una viscosa y pegadiza pieza soulera para no parar de bailar. Esta canción en un principio estaba compuesta para el disco de una de las protegidas de Prince, Apollonia Kotero y su grupo Apollonia 6, y en el último momento decidió quedársela e incluirla en el disco y la película.

Lo divertido de este disco, como todo buen disco de versiones, es ver cómo los grupos moldean y corrompen las canciones a su antojo. Está bien que Fol Chen usen la electrónica para hacer 'The beautiful ones', pero sonar parecido a como puede sonar Prince tiene poca gracia para luego terminar desvariando como lo hacen. En cambio, lo que hacen Sharon Jones o Mariachi El Bronx que convierten 'I would die for U' en una divertidísima ranchera, es muy curioso e interesante y, prácticamente, lo mejor del disco.

Supongo que el lector tendrá interés si aún no ha oído el disco, en saber qué se ha hecho con los temas estrellas del álbum. The Twilight Singers, el proyecto personal del cantante de los Alpha Wings, convierten 'When doves cry' en una especie de marcha medio fúnebre medio militar con ayuda en los coros de la ex Prince Apollonia —que participaba en el disco y película originales— y que por momentos logran las armonías vocales tan características de Prince.

Lavender Diamond, el cuarteto folk de Los Angeles, se encargan de cerrar el disco con la versión de 'Purple rain'. ¿Qué decir de ella? Que tampoco se han roto mucho la cabeza y que queda bastante sosa. Me ponen mañana la canción sin conocer quien la ha hecho y me dicen que es un triunfito en la gala semanal y me lo creo. Tanto ellos como Twilight Singers tenían la oportunidad de lucirse con dos pedazo de canciones y no han sabido aprovechar la ocasión, no sé si por miedo a las críticas, porque les venían grandes o porque no sabían que hacer con ellas. Me hubiera gustado ver el vozarron de Sharon Jones desgarrándose en esta canción o convirtiendo 'When doves cry' en un revientapistas de soul sesentero, por ejemplo. En realidad me hubiera gustado oir a los Dap Kings marcándose todo el disco ellos solos, qué narices.

¡Menos mal que a los punkis tejanos de Riverboat Gamblers les ha quedado una versión de 'Let’s go crazy' super divertida, con toques entre Sweet y Fleshtones y perfecta para hacer el cabra el próximo fin de semana en la pista de baile de tu club favorito!

Pasaportes biométricos, ¿un estado de vigilancia permanente?

VERA VON KREUTZBRUCK
The Women's International Perspective/Alternet (Traducido para Rebelión por Germán Leyens)




Uno de los dulces placeres de la vida es viajar. Gracias a la creciente cantidad de vuelos a bajo coste, los viajes al extranjero ya no son un lujo reservado para los pocos privilegiados. Al mismo tiempo, sin embargo, hay un alarmante aumento en la demanda de datos personales de los turistas y no existe un marco legal transatlántico sobre el intercambio de datos personales. Aunque terceras partes como aerolíneas y operadores de aeropuertos tienen derecho a leer esos datos, no sabemos lo que pasa con ellos posteriormente.

Bajo legislación introducida después de los ataques del 11 de septiembre, EE.UU: ha reforzado las medidas de seguridad para turistas extranjeros que entran a su país. La última medida requiere que hasta 2012, cada viajante que entre a EE.UU. como parte de un programa de exención de visa tiene que tener un pasaporte biométrico o se verá forzado a solicitar una visa.

El pasaporte biométrico – que incorpora un chip electrónico con datos personales, imágenes faciales y huellas digitales – está en camino a convertirse en un requisito previo global para viajes. Hasta entonces los actuales pasaportes seguirán siendo válidos para viajes a la mayoría de los países. Alemania, Francia y Holanda ya han comenzado a emitir los nuevos documentos. Los parlamentarios de la UE accedieron a la demanda de EE.UU. y aprobaron una decisión a fines de 2005 que dice que su objetivo es combatir la inmigración ilegal, el terrorismo y el crimen organizado. Pero la excusa de que los nuevos pasaportes ayudarán a impedir el terrorismo internacional es cuestionable ya que ante todo los agentes de seguridad tendrán que saber qué cara o huellas digitales buscan.

Inicialmente, Washington fijó un plazo hasta 2006 para los 27 países en la UE y otros países exentos de visa como Noruega, Islandia y Suiza, pero luego extendió la fecha hasta junio de este año para dar a esos países más tiempo para preparar la tecnología necesaria para emitir los pasaportes biométricos. El Departamento de Estado de EE.UU. comenzó a introducir pasaportes-e en 2006 y se proyecta que todo dueño de un pasaporte en EE.UU. tenga uno hasta 2017.

Mientras tanto, hay poco entusiasmo para estos nuevos requerimientos. Protectores de datos y activistas por los derechos humanos argumentan que esta regulación trata a cualquiera como un criminal en potencia, violando así la protección de los datos personales de los ciudadanos e imponiendo un estado de constante vigilancia.

Peter Hustinx, Supervisor Europeo de Protección de Datos, dijo en una conferencia de prensa sobre la implementación de pasaportes biométricos en 2007 que las medidas de seguridad orientadas a prevenir el terrorismo son aumentadas frecuentemente a costa de la privacidad. Hustinx está a cargo de asesorar a los gobiernos y a los organismos de la UE respecto a estándares de seguridad de datos y actúa independientemente de las instituciones de la UE. Advirtió que la UE se “precipita hacia una nueva era” de uso de identificadores biométricos para controles de seguridad mientras que los estándares para la protección de datos aún no están claros.

“Es muy importante que los datos biométricos sean sólo conservados en el pasaporte y no en bases de datos externas. Hasta ahora no hay regulaciones internacionales que lo garanticen,” dijo Peter Schaar, Comisionado Federal Alemán para Protección de Datos, en una conferencia sobre protección de datos realizada en marzo de este año en Berlín.

En 2005 cuando se publicó esa decisión, no tuvo lugar un intenso debate político en Alemania, pero hubo algunas voces de disenso. El periódico de izquierdas Die Tageszeitung publicó un artículo diciendo que desde el 11-S la seguridad interior había ganado más importancia que la protección de los derechos fundamentales del ciudadano. Además, expertos en seguridad han advertido ante el peligro y la facilidad con la que hackers y agencias estatales podrían abusar de los registros de datos y de la información personal delicada que rastrean.

En los hechos, el pasaporte-e, que supuestamente debe proteger a los Estados contra ataques terroristas, no es en nada seguro. En 2006 en la conferencia de seguridad Black Hat realizada en Las Vegas, Lukas Grunwald, consultor en seguridad informática alemán, demostró que los datos en los chips son fáciles de copiar. Demostró que un terrorista podría portar un pasaporte con su verdadero nombre y foto impresos en las páginas, pero con un chip con información diferente clonada del pasaporte de algún otro. Sin embargo, esto podría ser fácilmente evitado si el funcionario de seguridad examina el pasaporte para asegurar que el nombre y la foto impresos corresponden a los datos leídos del chip.

Aún más inquietante para los activistas y los protectores de datos, la Unión Europea está a punto de iniciar conversaciones con EE.UU. para darle acceso a los datos bancarios. El plan podría ir más allá de un acuerdo existente con la UE que permite que las líneas aéreas transatlánticas transfieran datos de tarjetas de crédito, direcciones de correo electrónico, pasaportes, itinerarios de viaje y otros pertenecientes a pasajeros europeos a funcionarios de EE.UU. EE.UU. ya ha estado examinando transacciones manejadas por la Sociedad para las Comunicaciones Financieras Interbancarias Internacionales (SWIFT) desde el 11-S. SWIFT, que está basada en Bélgica, planea transferir sus servidores y base de datos de EE.UU. a Europa. Ya que las leyes de privacidad de datos son mucho más estrictas en Europa, EE.UU. necesitaría entonces permiso de la UE antes de poder obtener acceso a esa delicada información.

La protección de la privacidad y de los datos personales de un ciudadano es vital para toda sociedad democrática, y debería ser respetada tanto como la libertad de expresión o de movimiento. Algunos funcionarios en EE.UU. y en la UE, harían bien en volver a leer el Artículo 8 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea que dice lo siguiente:

“Toda persona tiene derecho a la protección de los datos de carácter personal que la conciernan. Estos datos se tratarán de modo leal, para fines determinados y sobre la base del consentimiento de la persona afectada o en virtud de otro fundamento legítimo previsto por la ley. Toda persona tiene derecho a acceder a los datos recogidos que la conciernan y a su rectificación. El respeto de estas normas quedará sujeto al control de una autoridad independiente.”

En la busca paranoica de más seguridad, a menudo se sacrifica la libertad y la privacidad. Todos somos vigilados por el “Gran Hermano,” ¿pero quién vigila al “Gran Hermano”?

Pasado y presente de Brian Wilson, la leyenda de los Beach Boys


A los 67 años, el genio artístico de la banda que competía con Los Beatles en los ’60, sigue dando batalla. Y cuenta cómo es hacer música después de haber vivido tres décadas en reclusión caótica. Su último trabajo es That Lucky Old Sun, una nueva celebración de California


JOHAN WALSH
Página 12




Brian Wilson no podía surfear. ¿Se entiende? El compositor, arreglador y principal cantante de los legendarios Beach Boys nunca aprendió a montar una ola. El hombre que le dio al mundo “Surfin USA”, “Surfin Safari” y “Surfer Girl” no tenía ni idea acerca de encerar la tabla ni de hacer un hang ten. Según su esposa Melinda, a él ni siquiera le gustaba demasiado el océano. Prefería quedarse en su casa de South Bay, Los Angeles, sentado frente a un piano retorciendo los pies que rayaban un arenero casero, escribiendo las canciones que excitaron a una generación respecto de las delicias de los veranos adolescentes. Desde unos cuantos miles de radios a transistores, las canciones de Wilson repartieron las noticias sobre chicas que se llevaban el T-Bird de papi en un crucero hasta la hamburguesería, chicos con el corazón roto que necesitaban a una Rhonda (“Ayúdame a sacarla de mi corazón”) como besadora sustituta, sobre lugares para ir donde los chicos son copados, sobre primeros besos en el salón de baile, sobre anhelos, romances de verano, traiciones y un viaje marino en el Sloop John B. Eran servidas en rodajas de pop sin fricciones de tres minutos, en cuyos estribillos cinco voces se alzaban en coros perfectos y sofisticados cambios de acordes.

Los Beach Boys tenían a la juventud de su lado, y una sensación de diversión, pero también tenían clase. A los historiadores del rock les llevó un tiempo darse cuenta de que, mientras Los Beatles tenían a George Martin para arreglar y producir sus melodías intrincadamente estructuradas, los Beach Boys tenían a Brian Wilson para hacer todo excepto escribir las letras. Ellos consiguieron nueve discos de oro consecutivos y dos docenas de hits en el Top 40. En 1966, los lanzamientos combinados del disco Pet Sounds y el épico single “Good Vibrations” los convirtió en el mayor grupo pop del mundo detrás de los Fab Four. Entre estas dos usinas creativas creció una intensa rivalidad. Al escuchar Pet Sounds, Paul McCartney supo que tenía que crear un disco que lo sobrepasara, y así nació Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Brian Wilson se consternó por la brillantez polimorfa de ese álbum y se propuso escribir su propio ciclo de canciones con Van Dyke Parks, “una sinfonía adolescente para Dios” provisionalmente titulada Smile. Pero su ingesta de LSD y anfetaminas, alcohol y morfina había empezado a afectar su cabeza; comenzó a escuchar voces que le decían, alternadamente, que lo amaban y que iban a matarlo (investigaciones posteriores diagnosticaron un “desorden esquizo afectivo”). Así que abortó el proyecto, se retiró del mundo de la música a los 25 y pasó las tres décadas siguientes en reclusión caótica.

Desde allí sacaba una canción muy de vez en cuando, mientras los discos retrospectivos de los Beach Boys seguían vendiendo. Recién en 1999 Wilson emergió de su escondite y volvió a los escenarios. Tocó Pet Sounds entero y recibió ovaciones. En febrero de 2004 salió a la ruta con una versión finalizada de Smile, que se presentó en el Royal Festival Hall de Londres y que se convirtió en el disco del año para la mayoría de los críticos de música. En septiembre de 2007, el Festival Hall celebró su refundación pidiéndole a Wilson que escribiera una nueva pieza. El resultado fue el remarcable That Lucky Old Sun, una celebración de California en 16 tracks, con intermedios hablados por Van Dyke Parks. Wilson escribió la música en tres semanas, mezclando un ecléctico rango de estilos musicales: pop vital, blues, rock, mariachi mexicano, vodevil. El disco fue publicado y un libro de edición especial fue lanzado hace poco para acompañarlo, con 12 pinturas de California especialmente encargadas a Peter Blake.

Es completamente natural que cualquier entrevistador fan del rock quiera conocer a Brian Wilson. Sin dudas, él es uno de los compositores más sofisticados en la historia del rock, a punto de unirse a los grandes de la ópera. Si su música hoy no es parte del mainstream del rock, su pedigree es de oro. Busquen la conexión entre la música gospel de iglesia, Crosby, Stills and Nash y los Fleet Foxes, y la respuesta es clara. Por otro lado, Wilson, de 67 años, tiene la reputación de ser un entrevistado difícil. Años de sobreestimulación química y alcohólica tuvieron un costo muy alto. Otros entrevistadores se lo dirán, Wilson no es un hablador por naturaleza. Así que tengo sentimientos encontrados mientras doy vueltas por el lobby del Hotel Mayfair, justo fuera de Piccadilly, esperando para encontrar al gran hombre. Su agente de prensa Jean Sievers es amigable pero dice, de manera algo ominosa, que nadie en el entorno de Wilson pudo dormir en el vuelo desde Los Angeles la noche anterior, y que todos están bastante gagá por el jet lag. Fuera de la suite del tercer piso, ella me mira y me pregunta “¿Entrevistaste antes a Brian?” Contesto que no, pero que leí los recortes. “El no habla demasiado”, remarca ella lacónicamente. “Te recomiendo que no le hagas preguntas que puedan ser respondidas con un sí o un no”. Dentro de la suite, un hombre alto y de aspecto confundido, vestido con una camisa deportiva azul pálido está sentado en el sofá, no muy feliz. Se sienta extremadamente duro, sus manos no se mueven sobre sus muslos, sus ojos inescrutablemente medio cerrados, como un viejo jefe piel roja negociando un congreso difícil.

–¿Cómo era el texto original que recibió del Festival Hall acerca de That Lucky Old Sun?

–Me decían: “¿Puede escribir una pieza musical de 45 minutos para que nosotros estrenemos ahí?” Así que la escribí, la ensayamos hasta que la tuvimos lista y entonces la mandamos a Londres.

–¿Le especificaron si querían alguna clase de estilo, onda o temática?

–No. Sólo algo bueno.

–En el libro que acompaña al disco, se lo cita llamando al álbum “una serie de rondas entretejidas”. Pero, ¿qué son esas rondas?

–Son las narraciones de Van Dyke Parks, cinco de ellas, de 35 segundos.

–¿Y cuál es su función entre los tracks musicales?

–Son imágenes de Los Angeles, para que podamos ir de una cosa a la siguiente. Es un álbum conceptual, por eso lo hicimos de ese modo.

–¿Por qué eligió “That Lucky Old Sun”, la vieja canción de esclavitud, como “concepto” melódico definidor en el corazón del trabajo?

–Porque quería algo espiritual, un concepto de negro-spiritual. Elegí “Lucky Old Sun”, la versión de Louis Armstrong, y le cambié un poco los acordes.

–Sí, pero, ¿por qué eligió una canción de esclavos?

–Porque sí. Quería que la gente supiera por lo que pasaron los negros.

Hmmm. El disco, le digo, es fantásticamente alegre, lleno de sentimientos redentores acerca de empezar de nuevo, de volver a la vida. La única canción en la que tiene el crédito completo de la letra, “Good Kind of Love”, es prácticamente trastornada por el sentimentalismo sobre un romance recién acuñado. ¿Puede recordar el estado en que la escribió? “Estaba en un estado de ánimo muy feliz. Estaba ejercitándome mucho y sintiéndome bien”, responde. Dioses, ¿en un gimnasio? “Estaba... corriendo y caminando.” Se lo nota ansioso por un instante, como si quisiera que hubiera sido en un gimnasio para poder acomodarse a mi pregunta. ¿Fue ése un buen momento para estar dentro de su mente? “Sí, sí, también me sentía muy seguro emocionalmente”.

–¿Cómo funciona la composición cuando hace una colaboración? ¿Conversa temas con sus escritores? ¿Ellos le ofrecen sucesivos borradores para que los apruebe? ¿Cómo los dirige?

–Les pido que escriban para mí autobiográficamente. Que interpreten mi vida.

–¿Que escriban como si fueran usted? ¿Pero eso significa usted a los 60 y pico o a los 20?

–Ambos.

–¿Y cómo trabajan los coros, con todos esos encendidos contrapuntos y terceras en alza? ¿Empiezan de manera simple?

–Sí, empieza de modo simple y se pone más complicado. Los coros se hacen más intrincados y ahí funcionan.

–¿Usted puede escuchar el sonido completo en su cabeza desde el comienzo?

–No, no puedo. Tengo que hacerlo mientras avanzo.

En el libro, el guitarrista de la banda Nick Walusko, describe el proceso, “Brian nos enseñó buena parte del material mientras estábamos en una gira por la costa este. Cada día, en la prueba de sonido, nos presentaba una nueva canción para que aprendiéramos. Nos dictaba partes intrincadas y nada ortodoxas sobre el escenario a la antigua, en el estilo Wrecking Crew. Cuando él estaba satisfecho de que hubiéramos aprendido nuestras partes de modo apropiado, él nos conducía en conjunto para que pudiera escuchar cómo encajaban las partes”. La composición como un rompecabezas sónico... pero funciona.

–Usted parece tener un oído excelente para encontrar cantantes que igualen a las voces de sus fallecidos hermanos Carl y Dennis en los Beach Boys. Conté siete cantantes entre los miembros de la banda. ¿Son todos tenores?

–Algunos son altos, otros medios y algunos muy bajos.

–¿De verdad? No puedo escuchar ninguna nota grave en el disco, todas me parecen agudas.

–Agudas, sí. Tenores y falsettos, sí.

–¿Cómo mantuvo el nivel de pureza de su tenor inconfundible? ¿Hizo gárgaras con limón y miel como Robert Plant?

–Con ensayos.

Para ese momento ya se estableció un patrón para la entrevista a Brian Wilson. Hablar con él es como alimentar a un cadáver. Uno le da cucharadas de preguntas, clarifica lo que acaba de decir, repite la pregunta original, pone su cabeza de lado, sonríe, flirtea, asiente, y cuando él está listo, le ofrecerá la cantidad más pequeña de comunicación posible. A menudo es una sola palabra lacónica. A veces repite la pregunta como una afirmación. Si uno no está de acuerdo con lo que dice, él rápidamente le da la razón. A veces sus respuestas son bastante dulces y aniñadas. Le pregunto si pensó que la prensa y los medios le habían hecho pasar malos momentos a lo largo de los años. “Ha sido una experiencia dura y dolorosa”, admite. Entonces, ¿por qué se presta a una entrevista como ésta? “Porque sé que es bueno para mí”. ¿Qué, como ir al gimnasio? “Sí”.

El se anima, sin embargo, cuando le pregunto sobre la gran tradición de compositores clásicos norteamericanos. ¿Ellos lo influyeron? “Oh, sí”, contesta con entusiasmo. “Gershwin me inspiró mucho. El concepto de That Lucky Old Sun estuvo inspirado en Rhapsody in blue. No influido, inspirado.” Le digo que pensé que también había algo de Amor sin barreras ahí, con los recitados y las chicas mexicanas. “Claro, por supuesto”, contesta con exasperación repentina. “Es una ópera, una ópera rock. No es sólo un ciclo de canciones. Van Dyke Parks es un artista. Y yo soy un artista.” Parks, por supuesto, es el escritor de letras que escribió el tema que le dio título a Surf’s Up, el disco ecológicamente quejumbroso que los Beach Boys publicaron en 1975.

Wilson admite libremente que cuando se retiró del mundo (tal como lo dice la canción “Going Home” (“A los 25 apagué la luz/ porque no podía soportar el resplandor en mis cansados ojos”) fue porque demasiadas drogas lo habían dejado “con casi medio cerebro muerto”. Otra canción es una franca interpelación a seguir delante de una vez con su vida. “Demos el salto antes de que sea tarde/ recordatorio amigable”. ¿Lo ha asaltado un miedo a la muerte? “Sí, tuve esa sensación de necesitar hacer algo antes de que fuera demasiado tarde. Hace un año o algo así me sentía mal, así que apreté el acelerador y me puse en forma”.

–¿Dónde estaba cuando se enteró de lo de Michael Jackson?

–Estaba caminando por un parque cuando vino una nenita y me dijo “Michael Jackson murió”. Me fui directamente a casa y lo vi en las noticias.

–¿Cuál fue su primera reacción?

–Fue una conmoción. Me sentí devastado porque fue un gran artista.

–¿Eran amigos?

–No, sólo nos encontramos una vez y por poco tiempo. Pensé en que era un gran bailarín. Ante todo era un gran bailarín.

–¿Y parte importante de la historia de la música?

–De la historia del entretenimiento, no de la de la música.

–¿Alguna vez consideró las extrañas coincidencias entre las dos familias?

–...

–Los Jackson 5 y los Beach Boys, dos familias de parientes con talento musical, ambas dominadas por padres brutales, ambas idas a menos por las drogas...

–No, nunca lo pensé.

Otra noticia de alto perfil cercana al territorio de Wilson fue el juicio de Phil Spector, cuyos arreglos de estudio enormemente complejos admiraba el ex Beach Boys. “Lo conocí en Los Angeles en los 60. Fui a un par de sus sesiones de grabación. Volví a encontrármelo brevemente en 1984, en su casa. Y entiendo que está en prisión. ¿Es así? ¿Está seguro?” No puedo distinguir si Wilson me está gastando o si realmente no sabe.

–¿Spector alguna vez le puso un arma en la cara?

–No.

–¿Le llamó la atención saber que estaba en problemas?

–Me asustó.

–¿Por qué? No hay nada de raro en ir a prisión por matar a una actriz en la puerta de tu casa.

–Porque me sentí apenado por él. ¿Entendés? ¿Ir a prisión?

“¿Podemos cambiar de tema, por favor?”, pregunta Jean, la agente de prensa, con una voz que suena como un tranvía aplastando vidrio roto. Así que terminamos con algunos temas inofensivos. Sí, él conoció a Peter Blake cuando el caballero barbado diseñó el arte para su último disco, Getting In Over my Head. “Amé lo que hizo con Sgt Pepper”, dice Wilson. “Pensé que era brillante”. ¿Qué pensó de la famosa frase de Blake “Quería hacer arte que fuera el equivalente visual de la música pop”? “Creo que es algo fantástico para decir”. Después de trabajar con Elton John, su colaboración soñada es con Paul McCartney. “Realmente me gustaría escribir una canción con él alguna vez.” Salir de gira y estar en conciertos es, me asegura, “más áspero ahora que antes”, pero Wilson saltea los principios de ataques de ansiedad con masajes de cuello que le hace el fisioterapista de la compañía.

Una cosa más. En los calentamientos previos al concierto, sobre el escenario, cuando los músicos se apiñan, ¿qué dicen? “Hacemos un círculo. Todos juntamos nuestras manos y contribuimos con nuestros sentimientos. Nos damos aliento. Decimos ‘Vamos, él puede hacerlo, él puede hacerlo’”. Lo mismo que sus fans han dicho sobre Wilson durante décadas. Lamentablemente, muchas veces no pudo. Ahora, parece, él puede otra vez.

'Mapa de los sonidos de Tokio', Isabel Coixet (2009)




AIDA M. PEREDA
Lumpen


La superabundancia de publicidad generada para presentar la nueva película de Isabel Coixet, ‘Mapa de los sonidos de Tokio’, ha contribuido sin duda a alimentar el nivel de exigencia para la autora de ‘La vida secreta de las palabras’, ‘Mi vida sin mí’ o la imprescindible ‘Cosas que nunca te dije’. La cineasta, que prometía salirse de los tópicos orientales y dar a conocer el Japón más real y desconocido para los turistas, ha decepcionado con un filme tan bello como hueco.

Estamos cansados de leer que la trama que atraviesa este thriller romántico surgió a raíz del sorprendente enfado de una limpiadora de pescado del Mercado de Tsukiji a ser fotografiada por la directora catalana en una de sus visitas al país nipón. Pero precisamente, la génesis de la historia ya es de por sí equívoca. Creer que en un lugar a todo el mundo le encanta hacerse fotografías dada su popular pasión por las cámaras, ya es partir de un arquetipo, generalizado o no, pero un cliché al fin y al cabo, lo cual sirve de arranque de una sucesión de tipismos sobre la cultura -o mejor dicho la estética- del mundo oriental vista desde el prisma de Occidente.

Coixet es devota del cine de Koreeda y de los libros de Haruki Murakami, con quien comparte, además de su predilección por los personajes abandonados, especial atención a la música que acompaña sus relatos. En líneas generales, se aprecia su inmersión en el cine oriental, desde la meticulosidad de Ozu hasta el preciosismo de Wong Kar-Wai. De este modo, es una película de ritmo pausado y en la que se calla más que se habla. De hecho, en uno de los diálogos del filme, él le dice a ella algo así como “no todo es comer y follar, también tenemos que hablar”, frase con la que queda muy bien definida la película, en la que gastronomía y erotismo cobran especial importancia. Sin embargo, el silencio que intenta imitar no es tal. La mano de la realizadora catalana se hace visible en la necesidad de incluir un narrador para que articule la historia de los protagonistas, lo que pone de relieve la dificultad occidental de contar sin necesidad de palabras.

Para el reparto contó con Rinko Kikuchi, nominada a un Oscar por su papel de adolescente sordomuda en ‘Babel’, quien borda su interpretación como asesina a sueldo que trabaja en una lonja de pescado, y a quien le encargan matar a un vendedor catalán de vinos, encarnado por Sergi López, culpado del suicidio de la querida hija de un ejecutivo japonés. No sabemos si Kikuchi hace un real esfuerzo interpretativo o si en realidad su hermetismo y misterio son marca de la casa, pero el resultado es perfecto. Por su parte, Sergi parece falto de expresividad, tal vez debido a un intento de parecer excesivamente afectado. De todas maneras creo que es por culpa del doblaje y que en la versión original se disfruta de una interpretación al nivel de ‘Janis y John’, ‘Lisboa’ o ‘Harry, un amigo que os quiere’. Desgraciadamente no en todas las ciudades es posible ver cine subtitulado.

Este cosmopolitismo al que nos tienen acostumbrados últimamente los realizadores parece emerger no de una necesidad de contar una historia en un lugar, sino más bien al revés, de la necesidad de un lugar para contar una historia, y si ese lugar es remoto y está de moda, mucho mejor. Y ‘Mapa de los sonidos de Tokio’ viene a ser un poco eso, una panorámica de una ciudad fascinante por su exotismo, en donde lo que menos importa es la historia. Y es que la directora dibuja con trazo muy difuso una relación que transcurre de forma predecible desde su comienzo y termina con un desenlace precipitado y nada original seguido de dos guiños humorísticos que chirrían con el tono trágico que intenta desprender la película.

La fotografía, eso sí, está muy cuidada. Enmarcada en decorados muy recargados para mi gusto, y con la cámara temblando en algunas ocasiones, pero con un resultado que bien podría ser de postal. En definitiva, la cineasta se queda con lo curioso y más superficial de Japón, con sus karaokes, parques de atracciones, cementerios y Love Hotels. Todo parece metido con calzador. Incluso la incomiable labor sonora, que recibió un premio en el Festival de Cannes, se sostiene a duras penas, pues a pesar de que el narrador se dedique a grabar sonidos, parece más bien una excusa para justificar el sugerente título del filme, ya que no quedan hilvanados en la trama. En cuanto a la música, elegida con mimo como en todos sus filmes, Coixet vuelve a recurrir a la sensibilidad que desprende Anthony & The Johnsons, esta vez con ‘One Dove’. También aparece la clásica ‘Enjoy the silence’ de Depeche Mode e incluso una versión en japonés de ‘La vie en rose’ de Édith Piaf. Aunque acertada, se echa de menos una selección más arriesgada y desconocida.

En mi opinión, el filme carece de frescura y resulta artificioso e impostado en su conjunto, con una intensidad exagerada. En definitiva, Coixet se ha olvidado del fondo y se ha perdido en la forma. Ojalá en su próximo proyecto retome la profundidad y el desgarro de sus historias.

Las guerreras del sari rosa


Sampat Pal es una leyenda viva. Activista y feminista, antiviolenta pero no sumisa. Hace tres años fundó su propio ejército en una de las zonas más deprimidas de India. Casi cien mil mujeres batallan hoy contra la corrupción política, los abusos de poder y la violencia de género. ‘El País Semanal’ viaja a Uttar Pradesh para conocer su lucha


QUINO PETIT
El País




Andaos con ojo, maridos violentos, policías untados, políticos corruptos, burócratas indolentes... Ahí fuera hay una mujer dispuesta a no dejaros pasar ni una más. Se llama Sampat Pal. No está sola. Tiene detrás a otras 100.000 como ella. Lucharán juntas hasta donde haga falta contra la injusticia en India. Son las guerreras del ejército de los saris rosas.

Su comandante en jefe acariciará tu rostro cuando le mires a los ojos por primera vez. No hay que dejarse engañar. También parece querer sacarte las entrañas mientras te sondea. Así es Sampat Pal. Impredecible. Cariñosa cuando quiere. Agresiva si es necesario. Puro nervio. Un terremoto de 47 años y poco más de metro y medio de estatura. "¡Gulabi Gang vencerá!", grita al conocer cualquier fechoría merecedora de la intervención del Gulabi Gang, la banda del color rosa. Sus huestes responden al grito de guerra blandiendo los lathis, esos garrotes que emplean como único medio de defensa personal. "Hoy habrá movida", susurra Sampat guiñando un ojo. Y sube al jeep que zumbará por la destartalada carretera de Atarra. Cien soldados esperan ansiosas la llegada de su líder para llevar a cabo una marcha por las calles de Fatehpur.

Atravesamos el corazón de Bundelkhand. Esta deprimida región al norte de India pertenece al Estado de Uttar Pradesh, el más poblado del país, con 175 millones de habitantes. La pobreza campa aquí a sus anchas, lejos del milagro económico orquestado por el primer ministro, Manmohan Singh, a principios de los noventa cuando ocupaba la cartera de Finanzas. El monzón que asoma a principios de julio está a la vuelta de la esquina. El calor y la humedad son sencillamente insoportables. Esquivamos vacas, tractores rebosantes de fardos de paja, camiones, bicicletas y motocarros atestados de gente. La carretera es un río humano. Hombres, mujeres y niños caminan desde primera hora hacia las bombas de suministro de agua en busca de aseo y refresco. Sampat señala el pueblecito de Kairi desde la ventanilla del vehículo. "Ahí nací yo". Ahí comienza esta historia.

La pequeña Sampat vio la luz entre arrozales, búfalos, ovejas famélicas que beben en aguas inmundas y parias tendidos a la sombra de los chamizos. Nada de todo eso parece haber cambiado en cinco decenios. Hija de pastores, ambos analfabetos y miembros del clan de los Gadaria, estaba destinada a no ir al colegio. Debía aprender a cuidar rebaños y a elaborar chapatis, las deliciosas hogazas de pan indio. Su familia sólo esperaba de ella que se convirtiera pronto en joven esposa. Demasiado pronto.

La niña mostraba interés por aprender otras cosas. El alfabeto, por ejemplo. Su tío Kakka convenció a sus padres para que la dejaran ir a la escuela durante dos cursos. Pero nadie pudo evitar que contrajera matrimonio a los 12 años. "Perdí la virginidad siendo impúber", ha contado en el libro sobre su vida, El ejército de los saris rosas, publicado en España por la editorial Planeta. Hoy, con la mirada perdida y los ojos vidriosos, rememora: "Aquella terrible experiencia me hizo desarrollar una especial empatía hacia el dolor y el sufrimiento de las mujeres". Quizá fuera el detonante de todo lo que vendría después. Una vida entregada al activismo social. Desde la organización de talleres de costura para mujeres hasta la fundación, en 2003, de una especie de ONG para el desarrollo y la financiación de pequeños grupos de trabajadoras. Sampat también comenzó a mediar en conflictos entre vecinos y familiares. Y a enmendar la plana a maridos violentos. "Llevábamos a cabo actividades cada vez más combativas. Me seguían las trabajadoras. Un día pensé: '¿Por qué no llevar un uniforme que nos distinguiera al realizar nuestras acciones? Podría significar que algo nuevo estaba pasando en este rincón de India. Algo hecho exclusivamente por mujeres".

Así nació, en marzo de 2006, el ejército de los saris rosas. Con apenas 25 soldados, de entre 40 y 60 años. Muchas de ellas, viudas. "Hoy somos casi 100.000. Quise crear una unión femenina, una unión poderosa", explica su fundadora. "El color rosa que vestimos significa revolución. Luchamos contra la dominación masculina imperante, contra los padres que no permiten a sus hijas recibir educación y apañan sus matrimonios siendo niñas. Ayudamos a mujeres maltratadas, pero también a pobres y parias humillados por los brahmanes de casta superior. También nos enfrentamos a los pradhans, los jefes de gobierno de los pueblos. Muchos son corruptos, no se preocupan de dar trabajo a los necesitados, ni llevan a cabo un reparto justo de la propiedad de las tierras".

El 'jeep' se detiene a las afueras de Fatehpur. Un centenar de mujeres vestidas de rosa se arremolinan en torno al vehículo. Han venido caminando desde varios pueblos a la redonda. Muchas de ellas son dalits o intocables. Forman parte de las castas más bajas del sistema indio. Algunas no tienen dónde dormir. Están hartas de la falta de agua potable, de las irregularidades y cortes en el suministro eléctrico, de que los gobernantes se repartan las tierras del pueblo e impidan que los ciudadanos puedan trabajarlas, de vivir bajo el umbral de la pobreza, pero sin acceso a los documentos que reconocen esa condición y facilitan la compra de alimentos de primera necesidad. "¡Gulabi Gang vencerá!", gritan todas al ver a su comandante en jefe bajar a duras penas del vehículo. Hace tres meses sufrió un accidente al caer de un tractor. No será obstáculo para que marchen juntas hasta el centro de la ciudad. Pretenden entregar en mano al magistrado de distrito un memorando donde denuncian todas estas injusticias.

Hemlata Patel, de 40 años, es responsable del Gang en la zona. Asegura tener bajo su mando entre 2.500 y 3.000 soldados.

-¿Por qué se alistó en este ejército?

-Para combatir por las que visten el sari rosa. Nos juntamos para luchar. Somos compañeras de batalla. El resto del tiempo, cada una sigue su vida. No estoy aquí por dinero. Tengo tres hijos y un marido. Y me apoyan.

Hemlata presenta a una de sus reclutas más jóvenes. Manja tiene 25 años. Es hermosa y fuerte. "Estaba desesperada. Sin trabajo, sin familia, nada. Ahora tengo fe en que las cosas pueden cambiar si luchas. Juntas sentimos que tenemos fuerza. Mucha fuerza. Es todo lo contrario a estar sola y triste. Unidas nos enfrentamos hasta con la policía, si es necesario. Y no tengo ningún miedo de hacerlo. Sé que todas estas mujeres estarán junto a mí para defenderme".

Las soldados despliegan una pancarta: "Vamos, mujer. ¡Despierta! Enfréntate a los ataques contra ti. Abraza la antorcha de la luz contra la injusticia". Es la una y media de la tarde. La marcha arranca bajo un bochorno de casi 50 grados. Una marea rosa se cuela entre los coches. Alzan sus garrotes. Interpretan cánticos. Los hombres observan el espectáculo, entre desconcertados y nerviosos, desde las puertas de los talleres, los comercios, los cafetines y puestos de mangos. Media hora más tarde, la concentración toma pacíficamente la Corte de Distrito de Fathepur, sede del Gobierno provincial.

Hasta el despacho del magistrado de distrito, Saurabh Babu, llegan gritos de guerra. "¿Dónde estás, magistrado?, ¿por qué no quieres hablar con nosotras?". Babu se lo pensará 20 minutos antes de salir. Dos hombres con fusiles guardan sus espaldas. Sampat Pal sube el tono. Estalla como un volcán para denunciar cómo dejaron sin tierra al marido de esta mujer. O por qué aquélla tiene dificultades para dar agua a su bebé. La vida no es fácil aquí en Uttar Pradesh.

Quizá lo verdaderamente importante, con independencia de la menor o mayor diligencia con la que este dirigente afronte los problemas que acaba de conocer de primera mano, es que hoy no podrá escurrir el bulto. Al menos por un día, reconocerá cuánto hay de verdad en lo que está escuchando. Si no mueve ficha después de esta visita, sus problemas irán en aumento. La comandante en jefe advierte: "Estaremos pendientes de lo que seas capaz de hacer. Y si no haces nada, volveremos. Quizá no seamos tan educadas la próxima vez". Sampat Pal está satisfecha. Arenga a sus tropas antes de despedirse: "¡Cuidaos, permaneced atentas a los problemas de las mujeres! Recordad esto siempre: unidas sois más fuertes".

Al día siguiente visitamos el cuartel general de la banda en Atarra. El austero bajo de una pequeña vivienda sirve de oficina y morada. Una estancia compartida con Jay Prakash. Su mano derecha. "Él es mi guía. Un amigo. Un hombre muy honesto. Lamentablemente, soy analfabeta. Él lleva el papeleo de la organización. Nos conocimos en 2004, cuando yo estaba formando los grupos de trabajo de mujeres. Hoy compartimos pensamientos, ideología. Vivimos bajo el mismo techo, pero cada uno tiene su familia. Él la suya y yo la mía". Y punto.

Esta mañana también hay un policía en la morada de Sampat Pal. La visita no se parece en nada a los violentos registros que sufrió en el pasado tras ser falsamente acusada de mantener contactos con la guerrilla naxalita, de origen maoísta. "Tener enemigos es inevitable cuando diriges un ejército", asume ella. "Algunos me han amenazado de muerte. A los corruptos no les interesa que las cosas cambien por aquí". La comandante conversa apaciblemente con el agente entre aromas de pachuli y el lamento de las aspas de un ventilador. Junto a ellos, sentados en un banquito de madera, cinco miembros de la misma familia atienden al parlamento. Un joven escuálido muestra la brecha en su cráneo. Se ha visto envuelto en una trifulca familiar provocada por la disputa de la propiedad de una casa. El muchacho se llama Sushil. Tiene 24 años. Aparenta más. "Conozco muchos problemas como éste. Problemas pequeños, de cada familia", justifica el policía con desgana. Sampat le ha invitado a su casa para hacerle entender que debería ocuparse de estos asuntos. Y el agente se saca un moco mientras escucha.

La mujer que ha venido con su familia a pedir ayuda a las guerreras de rosa tendrá que alistarse si quiere recibir amparo. El peaje son 170 rupias por el ingreso y otras 100 por el sari. Así funciona esto. Nada aquí es gratuito. "Pero es la mejor forma de que el compromiso se convierta en algo a largo plazo y no en solución rápida a un problema concreto. Nuestro Gang se fundó para afrontar empresas con muchos frentes abiertos. Es necesario formar parte de esta historia con todas las consecuencias. Ahí reside también buena parte de nuestra fuerza".

Así empiezan muchas. Como esta mujer desamparada. Así empezó Sampat Pal. Harta de que ninguna administración escuchara sus quejas. Y de que hasta su marido le aconsejara olvidarse de los problemas de otros. Conflictos que conforman el paisaje cotidiano de los casi 50.000 habitantes de Atarra. Por eso cada vez más mujeres se lanzan en brazos de la fundadora del Gulabi Gang.

-¿Es usted feminista?

-Sí. Me gusta lo que eso significa. Trabajar para otras mujeres. Y hacerlo en su compañía. Empujarlas a que sean independientes, a que tomen las riendas de su vida.

-Usted se declara antiabortista.

-Estoy en contra del aborto y el divorcio.

-¿Defiende el uso de la violencia?

-No. Estoy en contra de la violencia. Pero si es necesaria para protegerme, por supuesto que la empleo. Hasta donde mi lathi me permita. Hay otras armas, cuchillos y pistolas. Pero no creo en su uso. Si tenemos que ser duras, lo somos con el lathi, propio de los pastores de esta tierra. Si me atacan, me protejo. No sé poner la otra mejilla.

Relativamente al margen de las peripecias de su madre y esposa, la familia de Sampat sigue con su vida en la vecina localidad de Badausa. Munni Lal, de 55 años, es su marido. Permanece sentado a media mañana junto a la puerta de su vivienda. Hace unos años repartía helados y cubitos de hielo con una bicicleta. Ya no trabaja. Sus cinco hijos y algunos de los 11 nietos le acompañan. "Me gusta lo que hace mi mujer, creo que está bien", afirma. "Al principio tuvimos muchos problemas con los vecinos. A ella y a mí nos acusaban de meternos en los asuntos de la gente. Por eso nos mudamos de Gadaria a Badausa en 1995".

-¿Echa de menos a su esposa?

-A veces. Quisiera tenerla más conmigo.

Y ella, reconfortada por las palabras de su marido, responde: "Una de las cosas que le agradezco es que no me haya dejado". Enseña orgullosa a su familia. Y se muestra satisfecha por lo que ha logrado. "Hice todo lo que soñaba. Y aquí tienes a mis hijos; han recibido una educación, son personas de provecho. Habrán podido echarme de menos, pero yo nunca dejé de estar pendiente de ellos. Creo que mi caso demuestra que se puede ser independiente, tener un trabajo y una vida, y cuidar de una familia".

Hay que seguir la marcha. Otras mujeres esperan escuchar estas palabras. Conducimos hasta Allahabad. Allí florecerá la vis política de Sampat Pal entre discursos, cantos y consejos, no sin antes enfrentarse a una mujer de la localidad de Mau que ha desahuciado a su cuñada y llevarla hasta la comisaría de policía. La comandante en jefe del Gulabi Gang concurrió a los comicios legislativos de 2007 como independiente. Sólo obtuvo 6.500 votos. No guarda un buen recuerdo de su fugaz carrera de candidata. Ni de lo que rodea a los partidos.

-¿Qué opinión le merecen los políticos?

-Aquí, en Uttar Pradesh, ni los políticos ni la burocracia explican lo que hacen con el dinero público.

-¿Y Kumasi Mayawati, jefa de Gobierno de Uttar Pradesh, erigida ante los de su casta como la reina de los intocables?

-¿Qué puedo decir de ella? Juega con la gente. Primero pensé que podría ser una salvadora de los pobres. Pero es un espejismo. Está traicionando a su gente, a los parias, al reunir a todas las castas en su partido.

-¿Recibe su ejército algún tipo de subvención pública?

-En absoluto. No queremos dinero corrupto. Nuestros únicos ingresos son las cuotas de las afiliadas y las donaciones.

-¿Y usted de qué vive?

-De explotar unas tierras familiares.

La máxima autoridad en el territorio donde Sampat Pal ejerce la gran parte de su actividad es el magistrado de distrito de Banda. Ranjan Kumar ronda la treintena y lleva dos años en el cargo. Recibe a media mañana, recostado en un sillón de cuero de su enorme despacho. "Sampat Pal no es nada extraordinario", asegura displicente. "No es muy diferente al resto de líderes locales que suelen aparecer. Qué quieres que te diga, me merecen más respeto los elegidos por el pueblo". El joven Kumar reviste su discurso con la grandilocuencia propia de las élites burocráticas. "Si tenemos conocimiento de que se hace algo ilegal, lo investigamos. Estamos abiertos a la gente aquí, de diez a doce de la mañana. La policía también está abierta". Ante las quejas ciudadanas, argumenta: "Es cierto que cuanto más desciendas en la burocracia, la actividad se reduce. Cuatro magistrados de distrito tenemos 650 localidades bajo nuestra responsabilidad. Vigilar el dinero hacia abajo no sólo es difícil, sino imposible. Mi departamento recibe del Gobierno alrededor de 30 millones de rupias de presupuesto para un año. Con esa cantidad gestionamos, entre otros, el programa rural de empleo garantizado de 100 días anuales, al que van destinados unos diez millones de rupias. Los ciudadanos dicen: 'Dadnos dinero'. Pero no reclaman cosas para el interés común. Viven por su único interés. Si los pueblos no demandan cosas concretas, la burocracia permanece inactiva. Por ejemplo: quisimos implantar el suministro de agua potable, pero los vecinos nos dijeron que preferían seguir con el sistema de bombas de presión. Ante eso, ¿qué más puedes hacer?".

No lejos de este despacho y su aura oficialista, a unos cinco kilómetros, vive Krishna Gupta. Tiene 46 años. Fue de las primeras que se enrolaron en la banda de Sampat Pal. Todo lo que recibe de la burocracia son 300 rupias (menos de cinco euros) mensuales de pensión. Tiene su pierna derecha inutilizada por la polio. Acude a trabajar cada mañana a la oficina de Correos. Nadie quiso escuchar su historia cuando acudió a la comisaría para denunciar malos tratos de su marido. "De él sólo he recibido palizas y malas palabras desde que nos casamos", cuenta. "Jamás me habló de amor. Incluso hoy, su comportamiento es muy abusivo. Nunca he sentido cariño por parte de mi familia. Sólo lo encontré en mis amigas, en las mujeres con las que comparto lucha".

Ellas decidieron un día que la situación de Krishna era insostenible. Sampat reunió una avanzadilla y se enfrentaron a su violento marido. "¡No vuelvas a ponerle tus sucias manos encima! ¿Has entendido?". La respuesta de él fue una amenaza. Sampat no quiere entrar en detalles, pero Krishna reconoce que tras un segundo encontronazo con las del sari rosa su marido nunca volvió a pegarle. Al asomarse al retrovisor de su vida, Krishna encuentra una infancia llena de confusión y tristeza. "Me casaron con 11 años. Él tenía 26. Lo recuerdo como algo extraño, casi irreal. Eres una niña y, de repente, de un día para otro... ¡llega hasta la puerta de casa la procesión de tu matrimonio!". Sampat y Krishna se parten de risa fundidas en un abrazo. Cómplices. Refugiadas en una carcajada ante lo que han soportado. Krishna tiene tres hijos. Dio a luz al primero con 13 años. "No sé ni cómo llegué a ser madre". Las dos amigas pasean por la orilla del río Mandakini, entre viejos sadhus y niños que chapotean en sus aguas. Como Krishna, cada vez más mujeres de India sienten que ya no están solas. Un torrente de color rosa corre por Uttar Pradesh. Sampat Pal está dispuesta a escuchar sus problemas. Y a empuñar el lathi contra la injusticia. "Mis sueños se hicieron añicos de niña", suspira Krishna. "Hoy soy feliz. Mis hijos están sanos. Tengo trabajo. Y sé que mis amigas, que este ejército luchará por mí si alguien vuelve a intentar hacerme daño".

'El ejército de los saris rosas', de Sampat Pal, está editado por Planeta.

Quentin Tarantino habla de "Bastardos sin gloria": "Conviví con esta película durante toda una década"


Lejanamente inspirado en un spaghetti war film de Enzo Castellari (Aquel maldito tren blindado), Tarantino se atreve a desacralizar la guerra, el nazismo y la Shoá misma. “Nunca me creí los clichés de las películas de guerra”, afirma el director de Pulp Fiction


ALAN COLLINO
Página 12





En inglés existe la palabra exhilarating, cuya traducción al castellano es sólo aproximada. Exhilarating es lo que está entre el entusiasmo y la excitación. Exhilarating suelen ser las películas de Quentin Tarantino, y es posible que Bastardos sin gloria, que se estrena el jueves próximo en Argentina, sea la más exhilarating de todas. Exhilarating, desde el momento en que la banda de sonido pasa, sin transiciones, del tema principal del spaghetti western Un dólar marcado a Para Elisa, sobre unas bucólicas imágenes francesas y unos vehículos amenazantes al fondo. Son los primeros segundos de Inglourious Basterds, y ya ahí se advierte que el tipo que la hizo está dispuesto a todo. A mezclar lo trash con lo sublime, por ejemplo (o, mejor dicho, lo considerado trash y lo considerado sublime), hasta invertirles el sentido.

En Bastardos sin gloria Tarantino se atrevió a desacralizar cuestiones como la guerra, el nazismo, la Shoá misma, reconvirtiendo todo eso en una ficción descabellada, que no le debe a nada que no sea su deseo de narrar esa historia, de esa manera y ninguna otra. Hasta tal punto es producto del deseo, que termina ardiendo. La historia detrás del opus 7 de QT es tan larga y serpenteante como sus películas. Lejanamente inspirada en un spaghetti war film del romano Enzo Castellari (acá se estrenó, a fines de los ’70, como Aquel maldito tren blindado), lo único que quedó de esa fuente de inspiración fue la idea de un comando integrado por una serie de impresentables, que lleva a cabo una misión suicida en la Alemania de Hitler. ¿Pero cómo, eso no era Doce del patíbulo? Sí, claro, es a Doce del patíbulo a la que il bastardo Castellari le robó todo, con diez años de atraso.

Sobre esa base de cocción el chef empezó a agregar ingredientes, hasta terminar con un guiso que les debe a todas las cocinas y, a la vez, a ninguna que no lleve su firma. Hay un cazador de judíos llamado Hans Landa, tan despiadado como cualquier otro, pero con un sentido del show que los oficiales nazis no suelen tener. Una sobreviviente judía, dueña de un cine y con sed de venganza. Un soldado alemán, presunto héroe de guerra y cinéfilo como el que más, un soldado británico que en la vida civil era crítico de cine (?) y un proyectorista negro, en medio de la Francia ocupada. En una misma escena aparecen, uno al lado del otro, Churchill (interpretado por un renacido Rod Taylor) y Mike Myers (sí, el de Austin Powers).

También está Goebbels, con una prótesis nasal que tal vez sea la que Nicole Kidman tiró a la basura tras el rodaje de Las horas. Y Hitler, claro, que grita tanto como Bruno Ganz en La caída. Pero por su aspecto bufonesco parece escapado de ¿Dónde está el frente?, de Jerry Lewis. Daría la impresión de que sólo en una película de Tarantino todo esto puede llegar a dar un resultado coherente, asombroso, excitante. Emocionante, incluso. En una palabra, exhilarating.

–¿Cómo se siente, estrenando finalmente Bastardos sin gloria, una película que le llevó una década desarrollar?

–Es raro. Es como que durante todo ese tiempo conviví con esta película. Tenía escenas escritas y ahí estaban, depositadas en alguna parte de mi cabeza, mientras me dedicaba a Kill Bill o A prueba de muerte. En más de una oportunidad pensé en abandonar el proyecto, suponiendo que había quedado viejo para mí. Pero llegué a la conclusión de que, por más que nunca la filmara, tenía que terminar el guión. Aunque más no fuera para sacármela de encima y pasar a otra cosa. Así fue como la terminé.

–¿En ese tiempo fue desarrollando el guión de forma orgánica o lo armó de a pedazos?

–En verdad, lo que llegó hasta la versión final tal como lo escribí en un principio fueron algunos personajes y los dos primeros capítulos. El resto cambió todo. Tuve que cortar muchísimo, porque lo que tenía era un guión como de 600 páginas, que daba más para una miniserie que para una película. No es una manera de decir: estaba por convertirlo en miniserie. En ese momento me di una última oportunidad de hacerlo película, y empecé a cortarlo por última vez. Ahí lo logré, finalmente.

–¿Cómo se le ocurrió la idea de un comando judío que lucha contra los nazis?

–Esa idea deriva de la película de Castellari. Que a su vez deriva de Doce del patíbulo. O sea que si uno se va para atrás no llega nunca hasta la primera idea (risas). En verdad, el personaje de Aldo Raine, el líder del comando, es previo a todo lo demás. El tipo es del sur, de Tennessee, y la idea es que ya antes de la guerra había combatido contra el Ku Klux Klan, y que si sale vivo de Alemania va a volver y va a seguir haciendo lo mismo. El tipo libra algo parecido a una guerra santa, cuyo objetivo reside en eliminar a los nazis de la faz de la Tierra. Por eso recluta combatientes judíos: porque van a estar más motivados para emprender esa guerra.

–Pero a la vez, en la película se menciona que el personaje de Pitt es mitad indio cherokee...

–Claro, por eso lo de la guerra de resistencia es algo que lleva en la sangre... Por eso también lo de cortarle el cuero cabelludo al enemigo. Toda la técnica de combate es la misma que llevaron a cabo los apaches, durante su guerra contra el hombre blanco: las emboscadas, la desacralización de los cadáveres enemigos, el dejar los cuerpos para que los otros los vieran.

–Usted también nació en Tennessee, como Raine. ¿Y no tiene sangre cherokee, también?

–Tengo, sí. Me siento tan representado por ese personaje que la idea original era hacerlo yo mismo. Si la hubiera filmado en el momento en que empecé a escribirla lo habría hecho yo. Después ya no, porque más allá de algún papelito ocasional ya no me interesa actuar.

–El tema del comando en realidad es sólo una de las líneas de la película.

–Siempre pasa lo mismo cuando escribo: empiezo con una idea que me interesa, pero después voy a parar a cualquier parte. No me pongo barreras, no me preocupa desviarme o perder la dirección original. Dejo que mis personajes vayan a donde sea, y los sigo. En este caso, lo del comando fue lo primero, y después me fui yendo para otra parte.

–Otras partes, en plural, ¿no?

–Sí, a mis guiones nadie puede acusarlos de ser escuálidos (risas).

–También está el personaje del proyectorista negro. Es raro ver, en una película de guerra, un negro que no sea soldado estadounidense.

–Sí, porque había pocos. En Estados Unidos estaba lleno, porque en el siglo XIX los traficantes de esclavos los llevaron allí. Recién en la posguerra surgieron corrientes emigratorias de Africa hacia Europa. De hecho, ése es el motivo por el cual los nazis persiguieron judíos, y no negros: porque negros casi no había. Y a los que había no los perseguían, porque no constituían un problema. En época de los nazis era peor ser negro en Alabama que en Alemania.

–¿Usted no había escrito un episodio en el que aparecía un escuadrón de basterds negros?

–Sí, y estoy pensando en una posible precuela en la que aparezcan ellos.

–¿A propósito, por qué basterds, así, con “e”, cuando la escritura correcta es con “a”?

–No sé muy bien. De pronto me vino esa idea, me sonó bien y lo dejé.

–Es la primera vez que en una película suya aparece la historia real: la Segunda Guerra, Churchill, Hitler, Goebbels, el actor de la UFA Emile Jannings... ¿Cómo se planteó la relación entre historia y ficción?

–Mire, lo que cuento en la película no ocurrió, pero pudo haber ocurrido. Esa première jamás se realizó, pero poco antes de la caída del nazismo Goebbels produjo una película que se llamaba Kolberg, que contaba la resistencia –heroica, por supuesto– de los vecinos de un pueblito alemán, frente al avance de las fuerzas napoleónicas, a comienzos del siglo XIX. Era una obvia metáfora de la situación en la que se encontraba Alemania en ese momento, frente al avance aliado. Por supuesto que ganaban los alemanes.

–¿Esa película llegó a estrenarse?

–Sí, en enero de 1945, cuatro meses antes de la caída nazi. Goebbels no la presentó en un cine, ante la plana mayor del nazismo, que en ese momento tenía otras preocupaciones. Pero pudo haberlo hecho. De haberlo hecho, habría sido una oportunidad única para quien quisiera cometer un atentado y volarlos a todos juntos de la faz de la Tierra. A eso me refería antes, cuando le decía que lo que yo cuento en Bastardos sin gloria no sucedió, pero pudo haber sucedido.

–Todas sus películas están llenas de referencias al cine. Pero acá el cine ocupa un lugar mayor que nunca, ¿no?

–Bueno, todas las líneas de la película convergen en una sala de cine. Allí se libra una “guerra” de películas. Una es la que quiere estrenar Goebbels. La otra es la película que piensa proyectar la propietaria del cine, una chica judía a la que le masacraron la familia. Ella invierte la historia, ya que lo que pretende es convertir la sala en algo parecido a un gigantesco horno crematorio, con todos los nazis adentro y aprovechando que el celuloide es altamente combustible.

“Seguimos siendo el segundo país del mundo en cifras de desaparecidos, tan sólo por detrás de la Camboya de Pol Pot"


Entrevista con Miguel Ángel Rodríguez Arias, investigador de Derecho Penal Internacional, en el Día Internacional de los Desaparecidos


SALVADOR LÓPES ARNAL
Rebelión




Miguel Ángel Rodríguez Arias (Barcelona, 1977) es investigador de Derecho Penal Internacional de la UCLM (Universidad de Castilla-La Mancha) y autor de las primeras investigaciones jurídicas en España abordando la cuestión de los desaparecidos del franquismo como “crímenes contra la humanidad” no prescritos y no sólo como cuestión de “memoria”, dando lugar con las mismas a actuaciones de la Audiencia Nacional. Junto a otros tres estudios publicados en la revista Jueces para la Democracia demostrando las actuales violaciones de derechos humanos en nuestro país a la luz de la jurisprudencia internacional1, es autor de El caso de los niños perdidos del franquismo: crimen contra la humanidad (Tirant Lo Blanch, Valencia), investigación en la que se basó el juez B. Garzón para abrir el caso de las desapariciones infantiles durante la dictadura. En la actualidad, Rodríguez Arias cuenta en su haber cuatro premios nacionales e internacionales de investigación.

Si le parece podríamos empezar dando cuenta del significado político-cultural del Día Internacional de los Desaparecidos que celebramos este 30 de agosto de 2009.

El Día Internacional de los Desaparecidos fue impulsado en 1981 por FEDEFAM (Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos-Desaparecidos). Día tras día, los familiares de las miles de personas que han "desaparecido" soportan el desgarrador sufrimiento de no saber qué ha sido de sus hijos, sus padres, sus cónyuges, o hermanos y eso es lo que se quiere recordar junto a la denuncia de las políticas pro impunidad que permiten que eso siga siendo así. Y eso es exactamente lo que sucede en el caso español, aunque prácticamente hasta el 30 de agosto del año pasado nada de esto ha sido tenido presente entre nosotros y queda aún mucho camino por recorrer; a pesar de que seguimos siendo el segundo país del mundo en cifras de desaparecidos, tan sólo por detrás de la Camboya de Pol Pot y aunque trágicamente sigamos teniendo más desaparecidos en España que en toda hispanoamérica, donde hemos acudido a pretender darles lecciones y son ellos los que deberían dárnoslas a nosotros en este campo.

Usted ha escrito recientemente un artículo que ha titulado “Ciento cincuenta mil muertos en el armario de la Presidencia española de la Unión Europea”. ¿Qué muertos son esos? ¿Por qué están guardados en algún armario?

En realidad se trata de 340.000 víctimas del franquismo, ciento cincuenta mil desaparecidos, y otros 190.000 ejecutados previa escenificación teatral de un juicio-farsa o muertos en circunstancias no esclarecidas en las cárceles de Franco. Lo titulo así porque esa es la cifra, 143.353 desaparecidos del franquismo, oficialmente conocida tras las actuaciones de la Audiencia Nacional, aunque todavía no sepamos a ciencia cierta cuantos miles de niños perdidos siguen desaparecidos en vida y no estén incluidos en el cálculo. Todas esas víctimas son el “muerto en el armario” de unas autoridades que quieren liderar Europa en su próxima Presidencia europea, a partir de 2010, desde la violación del Convenio Europeo de Derechos Humanos, como si tales decenas de miles de desaparecidos, los cientos de fosas clandestinas y sus familias que les aguardan no existiesen.

Ciento cuenta mil escribe usted, 143.353 puntualiza. ¿Cómo se ha realizado ese cálculo? ¿No es una exageración teniendo en cuenta la población de España en aquellos años y el número de fallecidos durante la contienda y los numerosos republicanos que tuvieron que exiliarse al triunfar el fascismo internacional en nuestro país?

Como bien dice la desproporción de dicha cifra, no sólo en términos absolutos sino relativos de un país menos poblado y que además acaba de salir de una cruenta guerra, es lo que me lleva a hablar de “cifras de genocidio”, el de los defensores de la Segunda República española, del que todavía no se ha tomado ni remotamente conciencia en nuestra sociedad empezando por nuestros propios representantes. Esas cifras resultan de las investigaciones de la Audiencia Nacional, de la propia Condena de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa de 17 de marzo de 2006 – citando a su vez, en su punto 642, cifras admitidas por el propio régimen lo que nos debe llevar a pensar que podrían ser incluso superiores – y como digo ni siquiera contabiliza el caso de los niños perdidos del franquismo que algunas fuentes apuntan que podrían ser varios miles (hay quien habla de 30.000) pero todavía sin contrastar.


Se habla y se ha hablado de “los desaparecidos” de las dictaduras militares de Chile, Argentina o Uruguay, entre otros ejemplos, pero poco -o con escasa insistencia e incidencia- de los desaparecidos españoles durante el franquismo, ¿por qué? ¿No es extraño un silencio tan sonoro treinta años después de la muerte del dictador golpista?

Hay que pensar que el nivel de exterminio durante, y después, de la guerra contra la población civil española (“guerra civil” se queda corto), exilio forzado, persecución y represión sostenida en el tiempo respecto de los que sobrevivieron a todo ello no tiene parangón; los cuarenta años de dictadura para modelar a su antojo un país desde la más absoluta impunidad tampoco. El franquismo sociológico sigue siendo una realidad entre nosotros, presente de manera difusa y con distinta modalidad en todo el arco político y social y hará falta tiempo y constancia para borrar su huella y desaprenderlo. La transición hacia el reestablecimiento democrático no puede considerarse concluida mientras sigamos siendo el segundo país del mundo con ciento cincuenta mil personas en fosas clandestinas como ya he mencionado, y sigue habiendo temas tabú como el de la devolución de las requisas de bienes y papel moneda y el de las indemnizaciones, imprescriptibles, a los trabajadores forzados por parte de los empresarios de Franco que sacaron buen provecho de la dictadura.

¿Conoce usted un caso similar en la postguerra europea al que ha sucedido en España con estas personas desaparecidas?

El caso de los desaparecidos de la antigua Yugoslavia, de hecho, y como he demostrado en mi última investigación aplicando por primera vez dicha jurisprudencia europea al caso español, la condena por violación de derechos humanos de las autoridades serbias post Milosevic en el caso de las fosas de Srebrenica -por no emprender una investigación oficial efectiva e independiente de cada fosa, y no revelar el paradero a sus seres queridos, incurriendo así en “trato inhumano” y violación del “derecho a la vida familiar"- debería ser un aviso para navegantes en toda regla para nuestro Gobierno.

Me refería a la inmediata postguerra. Estaba pensando en Alemania o en Italia tras la derrota del fascismo.

No, salvo alguna posible excepción, las víctimas de Hitler o Mussolini fueron honradas y reconocidas como luchadores anti fascistas, los responsables juzgados, en ningún caso sería planteable que víctimas como las más de 300 de las matanzas de las fosas ardeatinas en Roma –considerado un lugar para la memoria y el homenaje protegido por el Estado– estuviesen todavía en la fosa clandestina dispuesta por los verdugos, con los familiares clamando para que se los devuelvan, con especuladores inmobiliarios al acecho de los terrenos cuando no simplemente construyendo encima de los cadáveres insepultos de todas estas personas, defensores de nuestra República, ¿qué más se puede decir?. Cuando se reflexiona despacio y mirando a nuestro entorno sobre todo lo que se está haciendo con los desaparecidos de Franco en España no es posible creer que todo esto esté pasando de verdad.

A veces se oye hablar, muy poco desde luego, o se elaboran documentales sobre los niños desaparecidos durante el franquismo. Hablaba usted de ellos hace un momento ¿De quiénes eran esos niños? ¿Qué familias les acogieron? ¿Se tienen cifras aproximadas? ¿Saben ellos ahora quienes fueron sus verdaderos padres?

El caso de los “niños perdidos” del franquismo presenta varias facetas. En un principio las víctimas fueron netamente pertenecientes a familias de defensores de la República, puestos a salvo en el extranjero por las colonias infantiles de Victoria Kent, o fueron robados de los brazos de sus madres ilegalmente detenidas por pura razón de parentesco en centros de detención de distinta índole, así como niños de los entornos maquis, también como forma de represalia ante acciones guerrilleras. Después en los años sesenta -tenemos niños perdidos todavía rondando los cuarenta años de edad, como da pie a pensar el presunto caso de la maternidad de Odonell y otros-, el componente de indefensión social ante el abuso cobró más relevancia. En todo caso el problema de todo este caso es que es de mucha mayor complejidad que el de las fosas al tratarse de desaparecidos en vida, y requerirse instrumentos específicos del Estado para la búsqueda e identificación como una Base Nacional de Datos Genéticos y una Comisión Nacional de Búsqueda de Desaparecidos, una unidad policial específica de búsqueda de niños perdidos, etc, como en Argentina y otros países. Pero, para empezar, no tenemos ni tan siquiera una “investigación oficial efectiva e independiente” promovida por nuestras autoridades, como exige el Tribunal Europeo de Derechos Humanos respecto de nada de esto, por qué centros pasaron los niños, de qué titularidad eran los centros de detención materno-infantil, etc, etc, sin dicha investigación oficial, como he demostrado que es la obligación del Estado en un atento examen de una veintena de sentencias vinculantes para nuestro país, el velo de impunidad todavía existente es completo.

Habla usted del reciente caso de la maternidad de Odonell. ¿Podría explicarlo brevemente?

Se trata de un caso que llegó también a la prensa nacional hace unas semanas, denunciándose la situación de niños presuntamente separados de sus familias al nacer al decírseles que habían fallecido, pero de enfermedades altamente improbables que daría pie a un verdadero estudio de la OMS en su incidencia en dicho centro, y lo más determinante, sin devolver el cuerpo que es lo que en todo caso determina la situación de desaparición. Vivos o muertos debían ser entregados a sus familias, o debería decírseles hoy dónde quedaron enterrados, de ser ello así. Por eso, una vez más, debe ser una investigación oficial efectiva e independiente la que lo esclarezca todo.

¿Qué actividades realizan las familias de esas personas desaparecidas? ¿Han recibido alguna ayuda pública en su democrático y razonable empeño de búsqueda?

De verdad, lo de que las familias busquen a desaparecidos que se llevó el Estado, es el completo mundo al revés, en cualquier otro lugar del mundo está reconocido que es el Estado el que debe hacerlo, y su único fundamento es que al hacer la ley de la memoria le copiaron a Franco su Orden de primero de mayo de 1940 "sobre exhumaciones e inhumaciones de cadáveres asesinados por los rojos", como también he podido demostrar. No se trata de que el Estado dé subvenciones -Franco daba exenciones fiscales–. El único rol de esas familias es el de ser tratadas con el respeto y consideración que merecen y que la fiscalía las tenga puntualmente informadas de cuantos avances se puedan realizar en la persecución penal de los asesinos de sus seres queridos arrebatados o, de no ser ello posible, del estado de la localización e identificación de sus seres queridos. No sé cuanto tiempo hará falta para explicarle a nuestra ciudadanía y que se alcance una conciencia clara de que hemos vivido, y seguimos viviendo, en la anormalidad jurídica y que a quien hay que copiarle es al Tribunal Europeo de Derechos Humanos no a Franco como se ha hecho. ¿Es así como se educa además a la ciudadanía en el alcance de sus propios derechos humanos internacionalmente reconocidos, a base de generar confusiones graves en torno a elementos básicos?

¿Por qué cuando se habla de terrorismo en España no se habla de estas situaciones que, sin apenas atisbo de duda, parecen fruto de acciones que pueden ser calificadas de terrorismo de Estado?

Creo que los crímenes del franquismo pueden ser calificados como terrorismo de Estado, como también lo fueron los de la Dictadura argentina, pero que el concepto de crímenes contra la humanidad es mucho más exacto y favorable para las victimas por los efectos que les reconoce el Derecho Penal Internacional desde Nuremberg. De hecho, creo que hay que tratar de avanzar hacia la comprensión de los crímenes del franquismo como un “genocidio” con todas las letras y a pesar de distintos aspectos jurídicos cuestionables surgidos post Nuremberg que lo dificultan, sustancialmente que la Convención de 1948 elimina la figura del genocidio político, aunque antes sí que ésta resultaba reconocible. Creo que ese es el nuevo concepto por revisar en todo este tema, como antes hubo que revisar la cuestión del franquismo como algo mucho más allá de la “memoria histórica”. Lo que hizo el franquismo con los defensores de la República española, desapariciones y todo lo demás –la práctica totalidad de crímenes internacionales que existen–, fue un genocidio. Y todo eso sigue impune y ni siquiera los derechos reparatorios de sus victimas encuentran un normal cumplimiento.

¿Qué opinión le merece la ley de Memoria Histórica y su cumplimiento?

Tengo un artículo pendiente de publicación en prensa nacional en los próximos días titulado «La “ley” de la memoria no es ley: fórmula de Radbruch y objeción de conciencia ante una injusticia insoportable», creo que ello y mis consideraciones previas, ilustra suficientemente mi valoración jurídica de la ley. Mi conciencia me impide reconocer como derecho, ni nada que se parezca, la regulación que hace la “ley” de la “memoria” de temas como la situación de los desaparecidos (copiada-pegada directamente de Franco), o la consideración como derecho “con vicios de forma y fondo” de los fusilamientos. Yo no puedo llamar derecho al asesinato de decenas de miles de personas. Y no puedo entender como alguien pueda hacerlo aunque sólo fuera por motivos estrictamente de humanidad y compasión hacia sus familiares.

Entonces, en su opinión, ¿por qué se ha obrado de esa forma? ¿Por miedo? ¿Por la correlación de fuerzas existentes? ¿Por qué no se ha sabido hacer mejor?

Para mi todo esto es una cuestión de posibilismo político irreflexivo, llevado por su propia inercia, en ausencia de un efectivo freno o control, ni político ni social ni periodístico –algún medio nacional debió haber alzado la voz alto y claro para decir que no era correcto encomendar a los propios familiares octogenarios el desentierro de sus seres queridos asesinados y que había que poner el empeño necesario en buscarles a todos con los medios del Estado, que había que respetar sus derechos humanos y el derecho internacional– hasta representar un caso de “banalidad del mal” tal y como lo definiese Hannah Arendt: se regula irreflexivamente, sin una verdadera toma de conciencia ética de las repercusiones materiales y humanas de la acción política en este campo, el dolor en el que siguen sus familias, etc.

Déjeme apuntarle unos ejemplos. Un hospital de Burgos lleva el nombre de un general golpista, amiguísimo y colaborador del general golpista Franco. En Barbastro, a las orillas del Vero, puede verse una Iglesia con una inmensa placa llena de símbolos fascistas. En Artica ha sido destrozada una placa que recordaba a los 17 fusilados en el pueblo. Varios historiadores, y no sólo de una impresentable extrema derecha, no dejan de reconstruir permanentemente el pasado de antiguos dirigentes del franquismo como, por ejemplo, el de José Mª Areilza, conde Motrico. ¿Cómo puede soportarse sin gritos enrabietados una cosa así? ¿Cómo concebir la aceptación de tamaño disparate?

Todo ello forma parte de esa necesidad que apuntaba de terminar de verdad con el franquismo difuso entre nosotros, y más cosas tan solo muy tardíamente rectificadas como el hecho de que el derecho de asociaciones estuviese regido hasta 2002 por una ley de la dictadura del año 1964 mínimamente parcheada. Durante años ese ha sido el modelo de participación democrática que se ha seguido lactando, siendo como es el movimiento asociativo un elemento esencial, una primera escuela. El lastre y la huella de esos cuarenta años debe ser examinado en 360 grados, desde la perseverancia, y el compromiso con lo mejor de los valores democráticos republicanos que nos arrebataron con la imprescindible ayuda de Hitler y Mussolini.

¿Sigue siendo España el país de los niños perdidos? ¿Cómo deberíamos actuar entonces? ¿Qué hacer, si me permite la eterna y necesaria pregunta?

Eso es lo que a mi juicio sigue siendo y de ahí que ese fuese el título de la introducción de mi libro sobre el tema y hasta de mi blog personal. Esa es mi convicción. Es de donde venimos y lo que seguimos siendo. Para cambiar todo esto bastaría con dar normal cumplimiento a unos instrumentos internacionales de sobra conocidos y claros en su significado. Para conseguirlo tenemos un largo camino por delante, sea en denuncia y concienciación dentro de España como de actuación internacional ante distintos tribunales y organismos de derechos humanos.

Dos preguntas finales. La primera, discúlpeme, algo personal. Usted es joven, nació después de la muerte del dictador. ¿Qué le mueve a realizar todas estas investigaciones y denuncias? ¿Su ideal de justicia, tiene acaso familiares afectados…?

Siempre me orienté vocacionalmente hacia el Derecho penal internacional, ya desde mis años de formación en Italia y Alemania, y me parecía claro que, enmascarando toda la cuestión de los crímenes contra la humanidad del franquismo como “memoria histórica”, en España se estaban llevando a cabo políticas pro impunidad incumpliendo Nuremberg, derechos humanos y todo lo que uno se pueda imaginar. Pero, sobre todo, no podía evitar una sentida gratitud, una sensación de que les debemos algo muy importante, a todos aquellos que defendieron nuestra República en unas circunstancias aterradoras y con prácticamente todo en contra. ¿Cómo voy a guardar silencio y no utilizar mi formación permitiendo que gente que debería avergonzarse de las ilegalidades que está cometiendo sigan tratando así a las personas que los defensores de nuestra República dejaron atrás, a sus propias familias y seres queridos, que les sigan negando sus derechos humanos?. La gente de mi generación no hemos podido hacer nada antes por ninguno de ellos, pero a sus familias sí que las podemos defender y hacer lo que pueda estar en nuestra mano para que nuestro Estado respete sus derechos. Y pienso que los defensores de nuestra República habrían querido que hiciésemos lo posible para que sus familias estuviesen bien. ¿Qué menos que eso les debemos? A partir de ahí poco importa el trabajo que tengamos por delante. Ellos enfrentaron algo infinitamente peor por todos nosotros, y el derecho está de nuestra parte, aunque no lo esté todavía en nuestro propio país por la transición inconclusa.

Una última cuestión que creo enlaza consistentemente con algunas de sus consideraciones anteriores. El Gobierno de Aragón, un gobierno PSOE-PAR, no un gobierno del PP o de derechas nacionalistas, estudia multar a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica por la apertura de una fosa. La sanción podría llegar hasta los 300.000 euros. Según creo, la Dirección General de Patrimonio, dependiente de la Consejería de Cultura y Turismo, remitió a finales del pasado mes de julio de 2009 una carta a la ARMH con el fin de conocer si el colectivo había cometido una infracción de la Ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés, con la exhumación de una fosa común en Calatayud (Zaragoza). La carta solicita a la ARMH un informe de la exhumación llevada a cabo con "el fin de valorar la posible incoación de un expediente sancionador". El Gobierno aragonés considera que la exhumación se llevó a cabo sin la correspondiente autorización necesaria para realizar, no es una errata, “excavaciones arqueológicas”. Para la ARMH es "lamentable que el Gobierno de Aragón quiera tratar la exhumación de una fosa común, promovida en este caso por la hija de uno de los fusilados, Esther Tabuenca, como si se tratara de un resto arqueológico anónimo que no fuera consecuencia de un delito permanente; uno de los más graves que se recogen en el derecho internacional humanitario". ¿Cómo puede pensarse políticamente una cosa así? ¿Qué pensar de un agravio de tamaña magnitud?

Ello es un claro ejemplo ilustrativo de esa “banalidad” de la que hablaba antes, junto con algún otro igualmente claro relativo a la negativa a que el Estado sea el que busque a los desaparecidos como es debido, para no generar un conflicto de competencia en materia de salubridad mortuoria, competencia de las Comunidades Autónomas, no del Estado Central... Como decía Hannah Arendt, en el juicio de Eichmann en Jerusalén, son argumentos y actitudes burocráticas, por completo desconexas del referente humano de fondo, que le sobrecogen a uno y le dejan sin palabras. La banalización del dolor ajeno llevada a la práctica del poder puede amparar cualquier cosa; ése es su peligro.

El hombre que hizo bailar París


No es un texto sobre el mayo del 68; es un artículo sobre el escritor francés Guy Debord



TIPOS INFAMES
Soitu




En ocasiones uno tiene la impresión de que el recuerdo de lo sucedido en París hace más de cuarenta años no se decide a abandonarnos (tranquilícense: éste no es otro artículo sobre mayo del 68, pueden seguir leyendo...). Lo digo por la persistencia que aquellas fechas han logrado alcanzar en el imaginario político de nuestros dirigentes. A la declaración de los testigos me limito:

Testigo 1: Hace unos días Joaquín Almunia (¿se acuerdan de él?) nos sorprendía declarando su regreso a los autores que abogan por "la destrucción creativa del capitalismo". ¿Se imaginan al Comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios haciendo pintadas situacionistas en los retretes de la Eurocámara e irrumpiendo desnudo en un pleno al grito de "¡Viva la revolución libertaria!"? Yo tampoco.

Testigo 2: Al llegar al Elíseo Nicolás Sarkozy apostó por "liquidar la nociva herencia del 68". Cabría preguntarse a qué herencia se refiere Monsieur le Président... Para el filósofo José Luis Pardo es precisamente la derecha quien transita hoy por muchos de los caminos abiertos por aquellos jóvenes: la animadversión por la disciplina jurídica, el desprecio por todo lo que huela a regulación estatal, la melena al viento de José María Aznar... provienen de aquellos polvos (y de ahí estos lodos).

Testigo 3: Para Mario Vargas Llosa aquel mayo francés está en el origen del actual desprestigio de la docencia al dinamitar el concepto de autoridad defendido por el peruano (¿autoridad? ¿no se estará refiriendo por casualidad a la Academia sueca don Mario?). No sólo eso, sino que la creciente brecha social que separa a los que pueden costearse una educación exclusiva y de pago frente a "las pequeñas satrapías de matones y pequeños delincuentes" que pueblan la escuela pública es culpa de pensadores como Michel Foucault. ¡Vaya! Y yo que creía que la falta de oportunidades, la marginación de los inmigrantes o la carencia de recursos educativos tendrían algo que ver en el asunto y resulta que es culpa del jodido Foucault... ¡qué merecido tenía ser calvo!

¿Pero qué demonios ocurrió en el 68? ¿Por qué todo el mundo se llena la boca con ese número? Y lo más importante... ¿Han vuelto los Infames a darle al pacharán? Bueno, como les había prometido que éste no sería un artículo más sobre aquellos sucesos me limitaré (si es que son posible los límites en este tema) a hablarles de Guy Debord, el escritor que más contribuyó a escanciar aceite sobre aquel incendio que se desató en París y que sin duda ocupa un lugar especial en la lista negra de Vargas Llosa. Puede que Debord sea en la actualidad uno los autores más citados y menos leídos del siglo pasado, pero su libro 'La sociedad del espectáculo' estaba repleto de hallazgos e intuiciones que a todos nos han logrado sorprender en alguna ocasión: la posibilidad de experimentar la vida como algo propio y no como un espectáculo ajeno en el que sólo se nos reserva el papel de consumidores pasivos, el atrevimiento de ejecutar el programa que se escondía detrás de la poesía moderna, la llamada a romper con la insoportable alteridad que nos hace sentirnos extraños en nuestro propio cuerpo...

A mediados de los 80 la historia de los situacionistas, aquel grupo de estetas revolucionarios, yacía en el suelo, rota. Debord se arrodilló y con ellos construyó 'Panegírico', una suerte de autorretrato de la margen izquierda del río, de aquel barrio donde lo negativo estableció su corte: "En el barrio de perdición al que llegó mi juventud, como para acabar de instruirse, se diría que se habían dado cita los signos precursores de un próximo hundimiento de todo el edificio de la civilización. Allí siempre había personas a las que sólo era posible definir negativamente, por la sencilla razón de que carecían de oficio alguno, no realizaban ningún estudio y no practicaban ningún arte" (podría estar hablando de los Infames, pero no, nosotros no andábamos por allí).

Leyéndolo, a veces tenemos la impresión de estar ante una suerte de criptograma. ¿Qué decir del autor de una autobiografía refractaria en continua fuga? Parece que Debord se divierta escribiendo, emborronando cuartillas como un calamar. No busquen una obra al uso. No la encontrarán aquí. Ahora Acuarela&Antonio Machado nos acercan por primera vez en castellano la edición conjunta de los dos primeros tomos de este 'Panegírico' (el tercer tomo que debía cerrar la serie fue quemado por expreso deseo de su autor la misma noche en que éste se descerrajó un tiro en el corazón que sonó como un trágico punto final). Para hacer más atractiva si cabe esta publicación los editores han recuperado un texto de Greil Marcus, el autor del fundamental 'Rastros de carmín' (Anagrama) que todos ustedes, gente con gusto, deberían leer si no lo han hecho ya.

Pero abramos el libro: "En toda mi vida no he visto más que tiempos de desorden, desgarros extremos en la sociedad e inmensas destrucciones". Vaya, es un inicio que nada tiene que envidiar al 'Aullido' de Allen Ginsberg. Leyendo esta obra —hay que apurarla del tirón— nos quedan claras dos cosas: que Debord vivió (y bebió) mucho y que fue un extraordinario escritor secreto más allá de sus tesis sobre la sociedad del espectáculo capaz de hablar brillantemente sobre las campañas napoleónicas, el mezcal, Baltasar Gracián y por supuesto... de París.

El segundo tomo está compuesto a base de fotos e ilustraciones que iluminan lo apuntado en el primero de ellos: fachadas desconchadas que se dejan acariciar por un nuevo día, imágenes desenfocadas de conjurados altivos y desafiantes posando mientras apuran un cigarrillo, antiguos mapas de ciudades que no conducen a ninguna parte... instantes suspendidos que esconden la posibilidad de escapar de una vida degradada. Y entonces todo sería posible...

PD: Si quieren saber más, los amigos de Acuarela&Antonio Machado cuentan también en su catálogo con los muy recomendables 'Los situacionistas' de Mario Perniola y 'Mayo del 68 y sus vidas posteriores' de Kristin Ross.

Historia de perdedores y perdidos


Nick Cave, el príncipe de los «crooners» oscuros ya no está solo. En los últimos años han sido varios los artistas que se han acercado a los sonidos del australiano. Estos Sinatras de nueva factura vienen normalmente del country alternativo y el folk. Richard Hawley, Bill Callahan y Dan Michaelson son la punta de un iceberg que puede albergar a otros muchos


IZKANDER FERNANDEZ
Gara



Richard Hawley dio en el clavo. La sesión fotográfica que acompañaría a su tercer disco de estudio, «Coles Corner», sentó las bases gráficas y la imaginería sobre la que apoyar su discurso musical y el de algunos que llegaron después.

En la portada aparece Hawley, solo, a las puertas de un cine con un ramo de flores en las manos. La luz natural da paso a la artificial y el antihéroe parece estar esperando una cita. En el interior del libreto, Hawley describe una secuencia en la que se acicala, se mira al espejo, espera, mira el reloj y llama por teléfono. Todo en soledad. En la contraportada, el ramo de flores está encajado en una papelera. Es de suponer que la cita nunca llegó a ser realidad.

Emparentado con Nick Cave y los viejos crooners, Hawley apareció de la nada con un lamento oscuro y sinfónico a partes iguales. «Coles Corner» (Mute) fue uno de los mejores discos de 2005 y Richard Hawley pasó a ser una referencia en el nuevo subgénero de los trovadores oscuros.

Hawley comenzó su carrera en solitario en 2001 con un EP homónimo en el que sentaba las bases del sonido que lo iba a acompañar a lo largo de toda su discografía. Nacido y crecido en Sheffield, Inglaterra, Hawley tenía un tono de voz cercano a la de un barítono melódico y, como fan de Roy Orbison y Elvis Presley, no tardó en acercarse al sonido de sus crooners favoritos. Antes, Hawley se ganó el pan como músico de acompañamiento en las giras de Pulp en los noventa, tiempo en el que también fue músico a sueldo en los estudios de Robie Williams y Beth Orton.

En 2002 llegó «Late Night Final», su segundo paso discográfico y además de Pulp, también los nuevos ricos del brit pop, Coldplay, se fijaron en él para abrir sus shows. En 2003 «Lowedges» mostraba a un Hawley confiado en la dirección que quería seguir.

La explosión de su propuesta llegó con «Coles Corner». El boca a boca lo llevó al público especializado y, ya para 2007, medio planeta esperaba «Lady's bridge» casi con tanta impaciencia como hoy por hoy se espera su nueva obra: «Trueloves Gutter» verá la luz el 21 de setiembre. En el single que ha trascendido hasta la fecha por canales legales, «For Your Lover Give Some Time», Richard Hawley ahonda en su propuesta desde la austeridad y la magia que desprende su personal visión del pesimismo y de la cultura de los perdedores.

Bill Callahan, que durante dos largas décadas ha sido conocido como Smog en la escena del rock independiente, es otro de los pilares sobre los que se asienta el etéreo género de los dark crooners. Tras una época convulsa en lo creativo, cuando todavía publicaba como Smog, Callahan decidió dejar de lado el lo-fi y publicar bajo su nombre real.

En 2007 llegó «Woke on a Whaleheart» y recientemente «Sometimes I Wish We Were an Eagle». Pese al cambio de nombre, parece que Callahan ha editado dos trabajos que recuerdan más a Smog que los lanzamientos que hizo como Smog los últimos años.

En «Sometimes I Wish We Were an Eagle», Callahan canta como siempre pero arregla directamente como hace una década. Para los recién llegados, la voz de Callahan puede resultar lineal. Y es que, al contrario que Hawley, éste no dispone de un registro melódico. Quizá el fuerte de Callahan sea más el compositivo.

El antiguo Smog pinta bellos paisajes mediante sutiles pinceladas. Su voz es oscura y agarrada como siempre, y la belleza la ponen exquisitos vientos y teclados que se ganan el corazón del oyente. Cabe destacar que en esos momentos en los que los arreglos toman el protagonismo, los discursos de Callahan y Hawley no sólo se acercan, sino que se tocan.

Obviando a su precursor, Nick Cave, y subrayando que la existencia de la etiqueta no es más que una excusa, tanto Hawley como Callahan toman prestadas referencias del country y el folk para adornarlas a su manera y llevarlas a su rincón misántropo y nihilista. De ahí, se puede llegar a decir que esta oleada de oscuros crooners nace de una vuelta de tuerca más dentro del country alternativo y el folk moderno. Partiendo de esa base country-folk, el músico busca en la riqueza de los arreglos para crecer en una nueva dirección.

Varias cabezas por detrás de Hawley y Callahan, ha aparecido en escena Dan Michaelson con The Coastguards como banda de acompañamiento. El cantante de los ingleses Absentee vio como su banda rechazaba una serie de canciones de su puño y letra por no respetar la línea compositiva del grupo.

Michaelson pensó en tirarse por el tobogán en solitario y se buscó a los guardacostas como banda de acompañamiento. El resultado lleva por título «Saltwater».

El principal nexo de unión entre Michaelson, Hawley y Callahan es la voz. El timbre sigue recordando a Leonard Cohen o Lou Reed en algunos puntos, arrastra algo del crujir de la madera vieja y algo de gargantas rasgadas por el dolor.

Como Callahan, Michaelson también carece de potencial melódico en su voz así que contrarresta la bella austeridad de su garganta con una colección de cálidos y preciosistas arreglos. En «Saltwater», Michaelson canta a los que disfrutan de los sentimientos amargos y presenta un buen resultado final, aunque algo inferior a los de Callahan y Hawley.

Otros artistas en tierra de nadie

En la actualidad, hay cantautores procedentes de la escena del country y folk alternativo que comparten referencias musicales con Hawley o Callahan. Bonnie «Prince» Billy se mueve por coordenadas más folkys pero también dispone a su antojo de la sombra nihilista de los primeros. En una onda más country, Micah P. Hinson hace un acercamiento similar al género al que en su día hiciera Johnny Cash. Con otro timbre de voz y ya con influencias soul, Ray Lamontagne o Amos Lee guardan puntos en común con el mundo de los crooner oscuros.