"El capote", Nikolái Gógol


SR. MOLINA
Solodelibros




Parece imposible superar el patetismo tan crudo que plantea Gógol en las pocas páginas de este relato. El personaje de Akaki Akákievich apenas se nos presenta en unas cuantas líneas; poco sabemos de él, nada conocemos de su pasado ni de sus circunstancias. Sin embargo, esto no es óbice para que inmediatamente establezcamos una conexión con él, para que sintamos a este pobre desdichado como alguien cercano. Alguien íntimo.

Esa empatía generada por el protagonista es un elemento intangible sobre el que, paradójicamente, se sustenta “El capote”. Reza la contraportada que Akaki prefigura a Bartleby o a Gregor Samsa, y aunque la afirmación (como casi siempre ocurre con los textos de promoción) sea exagerada, sí que es cierto el hecho de que los tres encarnan figuras de perdedores, de descastados o de inadaptados, personajes todos que suelen motivar una especial empatía.

En este caso, el protagonista es un hombre insignificante, dedicado en cuerpo y alma a su trabajo de funcionario, al que sus compañeros observan con desagrado y malicia. Su vida gira en torno a las tareas que ejerce y en las que pone un empeño reverencial, sin prestar atención a las miserables condiciones de su existencia.

Todo esto cambia cuando descubre que su viejo capote, el único abrigo frente al frío reinante, no puede ser remendado y debe adquirir uno nuevo. La compra de la prenda se convierte en su particular redención vital: por primera vez tiene un objetivo hacia el que dirigir sus anhelos y sobre el que depositar esperanzas de felicidad. Sin embargo, su posesión será el origen de otras desgracias mucho peores…

Gógol expone de manera descarnada la situación de un hombre en mitad de la vorágine social (tengan presente que la obra se publicó en 1842, lo cual dice mucho sobre su modernidad) y la confronta con la propia percepción de su personaje. Akaki se presenta como un ser desvalido y asocial, pero en cierto modo feliz: la dedicación a su trabajo de copista (labor que también desempeñará Bartleby pocos años más tarde), aunque dura, le reporta una satisfacción humilde; su solitaria existencia le priva de la compañía de otros, pero le permite unas rutinas apacibles.

Será precisamente su inmersión en el mundo que le rodea lo que le depare desgracias irreparables. El capote que encarga a su sastre encarnará de forma metafórica su peculiar ascenso social y su posterior caída en desgracia; no deja de ser irónico que su viejo abrigo, raído hasta quedar casi inutilizable, sea la prenda que mejor le haya protegido frente al frío exterior, mientras que el nuevo, flamante y exquisito, apenas le sirva como objeto de burla y pronto desaparezca. Cuando Akaki se reúne al fin con sus compañeros funcionarios, que celebran una fiesta “en honor” a su nuevo capote, se encuentra desubicado («Sencillamente no sabía cómo comportarse, qué hacer con las manos, con los pies y con toda su figura.»), aunque se siente alegre ante las nuevas experiencias que se le ofrecen. Esa ilusión pronto desaparecerá cuando le roben el capote e intente recuperarlo acudiendo a un alto cargo, que le rechaza por insolente. De nuevo situado “en su lugar”, Akaki muere, sin embargo, ajeno a toda jerarquía, fuera de cualquier círculo social: nadie sabe de su deceso y apenas hay noticia del óbito. No es de extrañar, pues, que Gógol lo resucite como fantasma que atormenta a los peterburgueses para pedirles sus capotes. El frío de Akaki va más allá de lo físico: es el frío de la injusticia y la sinrazón popular, mucho más devastador que las inclemencias meteorológicas.

Lo interesante, yendo más allá de las meras cuestiones metaliterarias, es que “El capote” puede transmitir —como, de hecho, hace— varios mensajes, o dar lugar a varias interpretaciones, pero se hace imprescindible por su candor, por su envidiable sencillez narrativa que, de alguna manera (mágica, como siempre ocurre con las buenas historias), nos atrapa y seduce. Pocos escritores habrá que consigan con unas pocas palabras, como hace Gógol, describir a un personaje y sumergirnos en su peculiar visión del mundo. Además, en esta hermosa edición de Nórdica tenemos como acompañamiento especial las bellísimas ilustraciones de Noemí Villamuza, que ponen rostro a Akaki de forma magistral. Un inmejorable regalo (en cualquier época del año).

Sweet Home Alabama: The Muscle Shoals Sound



RAGTIME WILLIE
Requesound




Los estudios que configuraron un sonido único, hogar de músicos extraordinarios

América profunda. Alabama. Sur de Estados Unidos. Un rinconcito del noroeste del Estado. Condado de Colbert. Un área bañada por el río Tennessee.

Ciertamente, un lugar perfectamente adecuado para conformar una ambientación sutilmente oscura y desquiciadamente cutre para una película de Joel y Ethan Coen. Sin embargo, este rincón ubicado en las entrañas del sur, ha sido uno de los hitos más influyentes en el desarrollo intrincado de la música popular del siglo XX. Cruce de caminos, intersección de razas y culturas, fundamentalmente el blues, el gospel, el country, la fusión es un ingrediente inherente al rock and roll.

Muscle Shoals. Es el nombre del lugar. Dos estudios de grabación: un antiguo almacén de tabacos en Jackson Highway y el lugar ribereño del río Tennessee.

Rick Hall, un jovencito emprendedor, fue el creador de los estudios FAME (Florence Alabama Music Entreprises) y alcanza la gloria poco tiempo después de fundar los estudios, con el temazo resplandenciente de Arthur Alexander “You Better Move On”. Era el año de 1961 y el artista local negro, de la mano del ferviente emprendedor blanco que ejerció como productor, alcanza el Top Ten de las listas “raciales” , cimentándose ya la leyenda de un sonido deudor del especial y magnético ambiente del lugar y, sobre todo, de los maravillosos e inspirados músicos que poblaron los muros de los estudios de grabación.

Precisamente, en las grabaciones de Arthur Alexander, entre las que destaca, además del tema ya mencionado, otro clásico rotundo “A Shot Of Rhythm and Blues”, participaron, como músicos de sesión, David Briggs (teclista prodigio que ha tocado con muchos grandes como el mismísimo Elvis, Neil Young o Tony Joe White) y Spooner Oldham (una persona pivotal en la historia del R&B del que escribí un extenso artículo en mi antigua sección “El Soul, la música como arma). Esta primera sección rítmica tocó, además de con Alexander, con gente como Joe Tex y Jerry Reed.

La sencillez de los estudios, su carácter básicamente rudimentario era sobrepasado, con creces, por la pasión, dedicación y fuerza espiritual tanto de Rick Hall, como de los extraordinarios músicos que pasaron por allí: un lugar infecto que, paradójicamente, poseía un alma mágica: “Existe cierto tipo de alma en Alabama que no puedes conseguir ni en Los Angeles ni en Nueva York”, según Clarence Carter, otro artista negro que grabó en los estudios.

En 1966, Muscle Shoals se convierte, por obra y gracia de un tipo negro local, intérprete de soul llamado Percy Sledge, en una referencia musical en Norteamérica: “When A Man Loves A Woman”, un tema grabado con los músicos Spooner Oldham a los teclados (es inconfundible su intro con un órgano Farfisa), el baterista Roger Hawkins, el guitarrista Martin Greene, y el bajista Junior Lowe, alcanza el número uno en las listas de pop y de R&B. Definitivamente, las barreras raciales y musicales se habían quebrado para siempre. Lo que pocos oyentes blancos sospechaban, es que Sledge venía apoyado por jóvenes músicos blancos. Y todo ello, en un sur reaccionario, cavernícola y carpetovetónico.

Es a partir del bombazo comercial de Percy Sledge que se asienta el sonido Muscle Shoals; según el responsable del Alabama Music Hall of Fame, George Lair: “Puedes dibujar un triángulo desde Nashville, pasando por Memphis, hasta Muscle Shoals. Mientras Nashville es el centro del country, Memphis es el centro del blues. Muscle Shoals, en la intersección de los dos lugares, ha sido capaz de combinar los dos estilos y convertirlos en un rhythm and blues sureño muy excitante”.

Solamente un mes después de que Sledge alcanzara la cima del éxito y, con él, el sonido de Alabama, el ejecutivo y productor discográfico de Atlantic Records de Nueva York, Jerry Wexler, coge un avión al sur, fascinado por el sonido y el potencial que encerraba. Wexler ya contaba con Stax, en Memphis, como centro neurálgico para desarrollar un rabioso catálogo del soul sureño. Pero necesitaba comprobar qué se cocía en Muscle Shoals. Impresionado, decide llevar a uno de sus artistas más prominentes, Wilson Pickett a grabar al almacén de tabacos. Es en esta época (1967), cuando se consolida la más legendaria sesión rítmica del sonido Muscle Shoals: David Hood al bajo, Roger Hawkins a la batería, Jimmy Johnson a la guitarra, Barry Beckett a los teclados. Ellos están detrás de la mayoría de las sesiones de esta época y algunas sucesivas.

Pero volvamos a Wilson Pickett. El rey de los 1000 bailes graba en Muscle Shoals el larga duración “The Exciting Wilson Pickett”, que remonta hasta el número seis de las listas pop nacionales. En sesiones posteriores, se incluye a un desconocido músico de sesión, un joven mercenario de Florida, conocido como Duane Allman. Suyo es el solo de “slide” en la versión de Pickett de “Hey Jude” de The Beatles.

En enero de 1967, una tal Aretha Franklin finalizaba su contrato discográfico con Columbia. Jerry Wexler astutamente visualizó el enorme potencial de esta chica y su determinación fue convertirla en una auténtica reina del soul floreciente. Inspirado por el sonido de Alabama, Wexler decide llevarse a Aretha a grabar al sur, con los músicos de Muscle Shoals. El bajista David Hood hace un ejercicio de memoria: “Aretha entró en el estudio ese día y se sentó al piano. No creo que ninguno de nosotros hubiera escuchado a alguien tocar el piano de esa manera. Por supuesto, estábamos familiarizados con la música gospel, pero nunca habíamos visto a alguien que pudiera sentarse y tocar el piano con la pasmosa facilidad y calma de la que ella era capaz. Realmente, era algo digno de ver. No creo que olvide ese momento nunca.”

Sin embargo, Aretha solamente grabó un tema completo en Muscle Shoals, el escalofriante y clásico “I Never Loved a Man (The Way That I Loved You)”. Spooner Oldham, el genial teclista habitual en Muscle Shoals y autor de la introducción al órgano de la canción: “Pude decir, casi instantáneamente, desde que ella se sentó al piano, que tenía un corazón y un espíritu fuera de lo normal. Podía escuchar la influencia del gospel y del R&B. Me refrescó el espíritu oyéndola tocar. Desde que abrió la boca y empezó a cantar la primera frase, estuve completamente aluicinado”

Problemas con el entonces marido de Aretha y manager artístico Ted White, hicieron que la futura reina del soul abandonara Muscle Shoals con una canción completa y una incompleta: “Do Right Woman, Do Right Man”. Los problemas versaron sobre el resentimiento racial de White, al no contar con músicos negros en ele Studio, aunque la controversia y la leyenda sobre vuelan el rápido paso de Aretha por el estudio.

Ello no impidió, sin embargo, que los músicos de Muscle Shoals, completaran el primer álbum “soul” de Aretha, en Nueva York y que Rick Hall siguiera colaborando con Jerry Wexler en años sucesivos.

Otro hito legendario en la historia de los estudios de Alabama fue el paso de los Rolling Stones, que grabaron tres temas ya clásicos de su repertorio, incluidos en el álbum “Sticky Fingers” de 1971: “Brown Sugar”, “You Gotta Move” y “Wild Horses”. Fueron buscando sonoridades crudas, próximas a sus amados vinilos de primeros de los sesenta.

Los Staple Singers grabaron allí su tema emblemático, “I’ll Take You There”, un punto de inflexión en su carrera, acariciando sonidos de corte más contemporáneo, sin abandonar el gospel que abrazaron durante toda su vida artística.

A partir de entonces, la demanda de los estudios Muscle Shoals es absolutamente abrumadora: Paul Simon, Bobby Womack, Lynyrd Skynyrd, Linda Rostandt, Traffic, Rod Stewart, Bob Dylan, Levon Helm, Joe Cocker, Bob Seger, Willie Nelson, Dire Straits……………………..Solamente en su era dorada, los estudios de Muscle Shoals produjeron los siguientes éxitos “Top Ten”:

1966 –“When a Man Loves a Woman” Percy Sledge (#1), “Land of 1,000 Dances” Wilson Pickett (#6), “I’m Your Puppet” James and Bobby Purify (#6)

1967 – “Funky Broadway” Wilson Pickett (#8), “I Never Loved a Man (The Way I Loved You)” Aretha Franklin (#9), “Respect” Aretha Franklin (#1), “A Natural Woman” Aretha Franklin (#8), “Sweet Soul Music” Arthur Conley (#2)

1968 – “Slip Away” Clarence Carter (#6), “Since You’ve Been Gone (Sweet Sweet Baby)” Aretha Franklin (#5), “Chain of Fools” Aretha Franklin (#2), “Think” Aretha Franklin (#7), “The House That Jack Built” Aretha Franklin (#6), “Take Time to Know Her” Percy Sledge (#11)

1969 – “Eleanor Rigby” Aretha Franklin (#17), “Share Your Love With Me” Aretha Franklin (#13), “The Weight” Aretha Franklin (#19), “Hey Jude” Wilson Pickett (#23), “Take a Letter Maria” R.B. Greaves (#2)

1970 – “Sugar, Sugar” Wilson Pickett (#25), “Engine Number 9” Wilson Pickett (#14), 1971 – “Respect Yourself” Staples Singers (#12), “Brown Sugar” Rolling Stones (#1), 1972 – “I’ll Take You There” Staples Singers (#1)

Teniendo en cuenta la calidad artística de los músicos que configuran la nómina anterior y la excelencia demostrada por los oscuros músicos de sesión que conformaron este sonido mágico, a lista no deja de ser alucinante. Para un rinconcito oscuro del sur que, junto a Stax y Atlantic y otros sellos más modestos, supieron traspasar las rígidas fronteras raciales y crear una música atemporal, verdaderamente no está nada mal. Por cierto, los estudios se cerraron en 2005. Solamente quedan los ecos fantasmales de un sonido espectacular y, sobre todo, elaborado con un sentimiento mágico.