Los mejores discos del 2008


KEPA ARBIZU
Lumpen




Este 2008, de los últimos años, es casi sin ninguna duda el más productivo en cuestión de discos. Si pensamos casi en cualquier músico y/o grupo aparecerá acompañado de la edición de algún trabajo suyo en los últimos 12 meses. Ahora se trata de bucear entre tantas novedades y rescatar una pequeña muestra de aquellos que han sobresalido por su calidad.

El primero y en mi opinión el mejor, es el publicado por Alejandro Escovedo. Mayor mérito si cabe debido a las nefastas noticias que nos llegaban acerca de su grave enfermedad y que no presagiaban nada bueno. Con todo, “Real animal” es una soberbia muestra de la gran capacidad que mantiene para, con diferentes estilos, llegar a conectar con el oyente. Es capaz de asemejarse a Springsteen, ser tan tremendista como Waits o tan exaltado como Cave. Encontramos desde bellos medios tiempos(“Sister lost soul”) hasta acelerados ritmos (“Chelsea hotel 78”).

Otro del que no resulta sorprendente ver que ha vuelto a acertar es Ron Sexsmith. En “”Exit Strategy Of The Soul, como indica el nombre, se acerca con su manera particular a los sonidos mas “souleros”. Sobre todo queda patente por el acompañamiento del que se sirve donde cobra una presencia relevante la sección de metales. Como siempre, fiel a la delicadeza y la certera sensibilidad nos regala unas cuantas canciones de esas que nos transportan allá donde decida el propio músico.

Mudcrutch fue el germen de los Heartbreakers, esporádica su aparición en los 70 este año Tom Petty recupera su nombre y compone nuevas canciones aparcando algo su lado rockero y ayudándose en el más country para demostrar que con cualquiera de sus registros, es capaz de componer con el mismo éxito y calidad. Además, el cineasta Peter Bognadovich ha realizado un interesante documental ("Runnin’ down a dream") sobre la carrera del músico norteamericano redondeando así un fabuloso año para él.

Hold Steady han llegado con su último disco (“Stay positive") al punto exacto de madurez. Han conjugado perfectamente su sonido guitarrero con la peculiar esencia de su cantante (más cercano a narrador que a otra cosa) que dota al conjunto de características más clásicas en su sonido. Si su anterior disco sonaba menos arrebatador, en este se toman la revancha llegando por momentos a emocionar a quien lo escuche, como sucede por ejemplo con “Slapped catres”.

Si no fuera por el escaso peso mediático y su poca edad de Jackie Green no se le podría continuar considerando una revelación. En “Giving up the ghost” sigue creando fantásticas canciones, creadas desde la sencillez y ternura pero sin caer en la ñoñeria que muchas veces se le acusa. Sin duda uno de los personajes claves para entender el rock americano actual.

La sorpresa del año ha sido Ritchie Havens. Músico con cierto éxito en los 60 entre otras cosas por su aparición (inauguró el concierto) en Woodstock y que personalmente, daba por prácticamente desaparecido de la escena musical, aparece este 2008 con un álbum sobrecogedor. Perfectamente adornado con una instrumentación precisa, aparece lanzando diatribas contra los males actuales con una voz rasgada pero melosa que hace recordar por momentos a Terry Callier. “Nobody” es un excelente trabajo donde mezcla composiciones propias con versiones.

Inger Christensen, la poeta que se inspiraba en las matemáticas


PEDRO POZA
El Mundo



En casa de Inger Christensen se cantaba mucho. Ésa, decía ella, fue probablemente la razón que permitió que la hija de un modesto sastre de la ciudad danesa de Vejle, en la península de Jutlandia, desarrollase una sensibilidad casi sobrenatural hacia el idioma y se convirtiese no sólo e la más importante poeta nórdica contemporánea, sino e la más relevante del último milenio, es decir, desde la aparición del anónimo poema mitológico Völuspá (La profecía de la mujer sabia) entre los años 800 y 1200.

"Es un poco extraño que alguien se haga poeta cuando procede de un ambiente en el que apenas había libros y donde nunca se debatían cuestiones literarias o intelectuales", declaró en 1999 en una entrevista del diario Politiken. Y quizá lo más extraño no es que se dedicase a la poesía pese a criarse en una familia modesta en tiempos en que Dinamarca padecía un paro terrible, sino que se convirtiese en la poeta que fue, capaz de combinar versos de diáfana sencillez con las más complejas construcciones métricas que puedan imaginarse.

Christensen completó sus estudios de magisterio en 1958, especializándose en alemán y matemáticas, y trabajó como maestra en la Escuela de Arte de Holbaek. En 1962 apareció Lys (Luz), la primera de las seis colecciones de poemas que publicó durante su carrera. En 1964, Evighedsmaskinen (La máquina de la eternidad), la primera de sus tres novelas.

Ese mismo año decidió dedicarse por entero a la literatura, pero su interés por las matemáticas perduró más allá de las aulas y marcó decisivamente los poemarios que entre 1969 y 1991 la consagraron a nivel internacional. Desde entonces, la autora aparecía cada año en todas las quinielas como favorita para ganar el Nobel de literatura, que al final nunca le dieron.

Aparecido en 1969, el escuetamente titulado Det (Eso) marcó un antes y un después en su carrera. Una obra única, piedra angular de la literatura danesa, que combinaba la contemplación sensual con sistemas matemáticos y observaciones políticas. Inger Christensen exigió que la edición inicial reprodujese fotográficamente los folios que durante años había rellenado co su máquina de escribir IBM.

Los versos más politizados de Det, críticos con la progresiva deshumanización de la sociedad, fueron adoptados por sectores de la izquierda danesa identificados con el Mayo del 68 francés. La última pintada de la época que los reproducía sobrevivió en el barrio copenhagués de Noerrebro hasta hace sólo un par de años.

Alfabet
(Alfabeto), editada en 1981, está considerada como la segunda de sus obras capitales. En ella utilizaba el alfabeto y la secuencia numérica de Fibonacci, por lo que el número de versos de cada poema es el total de los dos precedentes: el primero tiene un verso, el segundo dos (1+1=2), el tercero tres (2+1=3), el cuarto cico (3+2=5), y así sucesivamente.

En 1991, culminó su trío de obras maestras con Sommerfugledalen. Et requiem (El valle de las mariposas. Un Requiem), para la que se sometió nada menos que la arcaica métrica de la corona o ciclo de sonetos, que consiste en una serie de 14 sonetos derivados del soneto madre. Trataba la vida, la muerte y el dolor a través de la observación de los distintos tipos de mariposas. Fue su último libro.

Inger Christensen, poeta, nació en 1935 en Vejle (Jutlandia, Dinamarca), donde murió el 2 de enero de 2009.

Miller invoca al fantasma de Marilyn


Se publica en España «Presencia», una recopilación de relatos inéditos del escritor / Destaca por su valor autobiográfico «El manuscrito desnudo», en el que se reconoce la presencia de su segunda esposa




VÍCTOR FERNÁNDEZ
La Razón


Pocas voces como la de Arthur Miller han logrado plasmar una imagen crítica del sueño americano. A los cuatro años de su muerte, Miller sigue pareciendo como uno de los pilares más sólidos de la narrativa estadounidense, aunque sí es cierto que ha habido fisuras alrededor del hombre con algunas revelaciones descubiertas tras su desaparición. Pero su producción literaria se sigue sosteniendo con fuerza, como lo demuestra la aparición a mediados de enero de «Presencia», una recopilación de cuentos inéditos que aparece en castellano por Tusquets y en catalán por Edicions 62.

Son seis narraciones breves publicadas en «The New Yorker», «Harper¿s» y «Esquire» durante los últimos años de su vida y que retoman varios de los temas habituales en el autor de «Después de la caída», especialmente el de la integración del inadaptado, el «misfit» que todos llevamos dentro. «Bulldog», «La función», «Castores», «El manuscrito desnudo», «La destilería de trementina» y «Presencia» son historias que nos devuelven a un Miller en estado puro, unas veces irónico, otras tierno, pero también amargo y pesimista en sus convicciones. Tal vez «El manuscrito desnudo» sea el relato con más elementos autobiográficos. Es la historia de los problemas que atrapan a Clemment, un escritor que intenta excitar su talento escribiendo sobre la piel desnuda de una mujer.

El psicoanálisis

Clemment recuerda a Lena, la que fue su mujer, personaje con algún rasgo parecido a la segunda mujer de Miller, Marilyn Monroe, y la fascinación de ésta por el psicoanálisis. Es el fragmento en que escribe Miller «a fin de salvar el matrimonio, Lena le había sugerido psicoanalizarse, pero la aversión del artista a hurgar en su propia mente y el riesgo de ver su mágica ceguedad reemplazada por el vulgar sentido común lo mantuvieron alejado del diván».

Una de las historias más fascinantes de «Presencia» es «La función», la aventura de Harold May, un bailarín de claqué judío, que alguien habría narrado a Miller con la intención de que posteriormente se convirtiera en material teatral. May no tiene suerte en los escenarios neoyorquinos, hecho que lo obliga a trasladarse a Europa, donde debe bailar en un cabaret berlinés ante el mismísimo Hitler. Miller, judío como su héroe, se mueve de manera magistral entre el suspense de la trama y el amor hacia las artes escénicas.

Con este libro no finaliza el legado de textos inéditos de Miller, pues aún no ha aparecido en nuestro país la que está considerada como última obra teatral de Miller. Se trata de «Finishing the picture», obra que ni siquiera ha llegado a los escenarios españoles -aunque sí ha existido algún intento- y que vuelve a retomar la desigual relación de Miller con Marilyn durante el rodaje de «Vidas rebeldes», así como los enfrentamientos del dramaturgo con Lee Strasberg, el padre del «método» interpretativo. Lo más curioso de esta pieza, concluida antes de la muerte de Miller y leída en un teatro por un grupo de actores en presencia del escritor, es que hasta la fecha únicamente se ha editado en francés. En esto tendrá mucho que ver Andrew Wylie, el todopoderoso agente literario que representa tanto a Miller como a la que fue última esposa del autor, la fotógrafa de Magnum Inge Morath.

SU CARA MENOS AMABLE

Miller no era un santo pese a su fachada de honestidad. Tras su muerte se supo de la existencia de un hijo, Daniel Miller, con síndrome de Down, que dejó oculto a los ojos de todo el mundo. Nacido de su matrimonio con Morath, no le dedicó ni una línea en ninguno de sus textos autobiográficos.

El hecho fue descubierto por la edición estadounidense de 'Vanity Fair'. A ello se le sumó en los últimos años de vida, entre 2002 y 2005, una curiosa relación con una pintora minimalista treinteañera, Agnes Barley, con quien trató de casarse desesperadamente.

Las víctimas de los ensayos nucleares franceses se rebelan



Viudas y militares retirados enfermos obligan a París a legislar sobre las indemnizaciones


ANDRÉS PÉREZ
Público



Casi cuatro décadas ha pasado el Estado francés negando cualquier responsabilidad en los cánceres y leucemias que merman la vida de decenas de miles de personas, utilizados como conejillos de Indias en ensayos nucleares militares. Pero esa tradición de silencio está a punto de tocar a su fin. Hasta las cobayas se rebelan un día y ayer, en París, le llegó el turno de un grupo de militares retirados franceses, que han puesto contra la cuerdas al Gobierno para obligarlo a legislar sobre las indemnizaciones.

Los representantes de la Asociación de Veteranos de los Ensayos Nucleares franceses (AVEN) celebraron ayer un encuentro con miembros del Gabinete del ministro de Defensa, Hervé Morin, para ser informados de viva voz sobre un giro de 180 grados que se había ido perfilando.

París está ahora dispuesto a reconocer, ante la AVEN y otras asociaciones de víctimas militares y civiles, que el Estado es responsable de la tasa anormalmente elevada de enfermedades entre las más de 100.000 personas expuestas a las radiaciones militares entre 1960 y 1996, por los tests efectuados en el Sáhara y en la Polinesia francesa.

Se trata de un cambio radical. El Gobierno renunció a la posición de principios que le permitía escapar a cualquier reivindicació. A partir de ahora, el Ejército ya no exigirá, para estudiar una demanda de pensión de invalidez, que el irradiado pruebe que estuvo en una zona donde recibió una radiación de 50 milisieverts.

Ese nivel de hecatombe era el exigido a los ex militares galos que participaron en los ensayos antes de cualquier examen de una demanda. Y ello en contradicción flagrante con el propio Código de la Sanidad Pública de la propia Francia, que estipula dañina e inaceptable cualquier dosis de más de 1 milisievert.

Más de 30 enfermedades

En un segundo giro, el representante del Gobierno afirmó ayer a las asociaciones que está abierto a aceptar que un elenco de más de 30 enfermedades pueden ser causadas directamente o inducidas indirectamente por la exposición a los ensayos, especialmente a las muy dañinas explosiones en la atmósfera.

Y, por último, según los representantes de las asociaciones, el Gobierno francés acepta ahora indemnizar también a las viudas y huérfanos de los militares.

“Lo que está ocurriendo es el resultado de una lucha que llevamos adelante desde 2001 para sensibilizar sobre el resultado de los 210 ensayos que son otras tantas explosiones nucleares”, explicó a Público el presidente de la AVEN, Michel Verger.

Este insumiso del átomo fue uno de los 5.000 militares franceses que hace exactamente cuarenta y ocho años vio cómo le estallaba encima de la cabeza una bomba de diez Hiroshimas en el Sáhara aún francés. Sobrevivió a Gerboise Bleue, la primera bomba francesa.

Un total de 355 querellas han sido presentadas ante los diferentes tribunales competentes en Francia en materia de salud de los militares, pensiones, y seguridad social.

En muchas de ellas, el Estado galo había demostrado un ensañamiento sin par, presentando recursos y más recursos contra cualquier decisión que pudiera sentar un precedente de reconocimiento de la relación causa-efecto entre bombazo militar y leucemia.

Presión judicial

La presión judicial va en aumento, puesto que desde febrero de 2007 se ha pasado a mayores: un grupo de veteranos, la AVEN y otra asociación, Mururoa e Tatou, han presentado una querella criminal “contra X” por “homicidio involuntario” “no asistencia a persona en peligro” y “administración de sustancias peligrosas”.

Unas 5.000 cobayas militares del Sáhara francés de los primeros años sesenta, y 18.000 de Mururoa y Fangataufa (Polinesia francesa) se lanzan al asalto de una autoridad –el Estado y el Ejército– que siguen respetando.

La contrarreloj entre cobayas rebeldes y un Estado acostumbrado a hacer la vista gorda promete ser épica. Ahora el nuevo borrador está sobre la mesa y el Gobierno se dice abierto a él. “No dejaremos que ocurra como con los otros 18 borradores que se dijo que existían en los últimos veinte años”, asesta Michel Verger.


LAS CONSECUENCIAS

Unas pruebas que el tiempo ha revelado letales

Sin precauciones

Unas 150.000 personas, civiles y militares, fueron expuestos a los efectos de estos ensayos sin apenas precauciones . El Ministerio de Defensa francés sólo reconoce 100.000.

Las secuelas

Según estudios de AVEN, la proporción de casos de cáncer entre los militares que participaron en los ensayos es del 35%, cuando la media francesa es del 17%. Ese dato se acerca mucho a un estudio sobre las víctimas de ensayos nucleares británicos.

Las primeras querellas

En 2003, llegaron las primeras querellas de veteranos por no asistencia a persona en peligro, administración de substancias peligrosas y homicidio involuntario. En febrero de 2007, dos asociaciones de veteranos (AVEN y Mururoa e Tatou) se sumaron como acusación particular.

Moneda de cambio

El compromiso de los independentistas argelinos de mantener los polígonos de tiros nucleares franceses en el desierto fue una de las claves de los acuerdos de independencia de 1962 y de la retirada francesa.

La guerra peor contada


ALBERTO MASEGOSA
EFE



La invasión norteamericana y británica de Irak pasó en 2003 a los anales como la guerra mejor contada de la historia por la nutrida presencia de prensa extranjera en Bagdad durante los veintiún días que tardó en caer la capital iraquí.

Más de un lustro después, la ofensiva israelí en Gaza va camino de convertirse en la guerra peor contada de los últimos años después de que durante sus diez primeros días Israel no haya permitido la entrada de ningún periodista en ese territorio palestino.

Hace mes y medio que el Gobierno israelí restringió el acceso de informadores a la Franja y que la Asociación de Prensa Extranjera de Israel y los Territorios Palestinos (AFP) inició una batalla legal, que ha ganado pero cuya resolución está pendiente de ejecución.

En paralelo a gestiones diplomáticas de varias cancillerías occidentales, la AFP presentó un recurso que la Justicia respondió dando un "plazo de reflexión" al Estado Judío, algo que no impidió que entretanto se cerrara a cal y canto la Franja a la prensa.

Ya iniciada la ofensiva, la Corte Suprema acabó por dar un ultimátum al Gobierno y la semana pasada le obligó a permitir que entrara en Gaza un grupo de corresponsales que compartiera con el resto su información, lo que los anglosajones llaman un "pool".

La propuesta inicial era que el grupo lo formaran doce informadores, pero las autoridades israelíes impusieron nuevas condiciones: únicamente lo integrarían ocho, y ellas designarían dos a dedo; los otros seis serían elegidos por la AFP.

Y ahí comenzó la trifulca en el seno de la asociación.

La dirección de la AFP planteó que los miembros que así lo quisieran se apuntaran en una lista para proceder después a la selección pero el número de inscripciones se disparó de manera simultánea a las presiones por formar parte del "pool".

"Recibí todo tipo de protestas, incluso de amenazas", asegura la secretaria ejecutiva de la AFP, Glenys Sugarman.

La situación degeneró hasta que la televisión británica ITN amagó con llevar el asunto a los tribunales si la formación del "pool" no se decidía en una rueda de la suerte, lo que convenció a la dirección de la AFP de la necesidad de celebrar un sorteo.

Más de doscientos aspirantes participaron el domingo en ese sorteo, que tuvo lugar en presencia de dos letrados aunque los nombres de los elegidos por el azar no se podrán divulgar hasta que ya se encuentren en el escenario de la guerra.

Y eso todavía no había ocurrido el lunes.

Según el vicepresidente de la AFP, Daniel Blumenthal, el acuerdo con las autoridades israelíes implica que entrarán en Gaza, "según las regulaciones del Ejercito, es decir, solo cuando el Ejército abra los cruces" fronterizos con la Franja.

Y el día en que eso suceda es una incógnita.

Blumenthal también explicó que no cree que el pool permanezca en Gaza "más de seis horas, porque cuando el Ejército abre los cruces por la mañana los cierra por la tarde, y no pienso que se autorice a los periodistas a pernoctar" en el territorio palestino.

A la espera de entrar en este o el siguiente "pool" -se supone que al primero le sucederán otros-, los miembros de la AFP cubren el conflicto desde Jerusalén o ciudades cercanas a Franja.

En esas localidades -Askhelon, Ashdod, Sderot-, se les han sumado decenas de enviados especiales llegados desde los cuatro puntos cardinales y que no esconden tampoco su frustración.

Algunos han viajado a Egipto para tratar penetrar en Gaza por el cruce de Rafah, pero sin mayor fortuna porque las autoridades egipcias les han cortado asimismo el paso.

Cine con gancho


Entre las doce cuerdas de un ring caben más obras maestras que en un campo de fútbol. 'Million dollar baby' es la culminación de un género tan fructífero que es un placer recordar un buen puñado de antecedentes


FEDERICO MARÍN BELLÓN
ABC



Antes de que el cine aprendiera a hablar, el boxeo ya peleaba por ocupar un lugar importante en aquella industria incipiente, cuyos maestros no dudaron en calzarse los guantes para firmar alguna comedia de altura. Nada menos que Buster Keaton dirigió y protagonizó en 1926 «El último round», sobre un hombre adinerado que envía a una cacería a nuestro héroe, quien acabará como boxeador, para su desgracia y para regocijo del espectador, ya que en el cuadrilátero se suceden algunos de los mejores números del impasible cómico. Una década más tarde, Harold Lloyd también terminaría en calzón corto en «La vía láctea», uno de sus primeros títulos hablados, obra del profesor Leo McCarey. Humilde lechero, el protagonista derriba de chiripa a un campeón de boxeo y es contratado al instante por el promotor Adolphe Menjou. La historia sería recuperada otros diez años después por Norman Z. McLeod, con Danny Kaye al frente del reparto.

Los púgiles cinematográficos se pondrían serios un año más tarde. Estamos en 1947 y Robert Rossen, que todavía no había inmortalizado un terreno deportivo aún más chico en «El buscavidas», nos mete en la piel de un boxeador veterano, John Gardfield, que repasa su vida justo antes de un combate crucial que le han ordenado perder. «Cuerpo y alma» es un descorazonador drama fotografiado en un blanco y negro primoroso, sobre una lona que se extiende más allá de las doce cuerdas. La elección de un actor perseguido en tiempos de la «Caza de Brujas» no fue casual y la utilización del boxeo como metáfora de la vida y de todas las cosas marcará una constante a la que ningún cineasta importante querrá renunciar.

En 1949, Mark Robson dirige la primera de sus dos grandes películas dedicadas al pugilismo, «El ídolo de barro», con guión de Carl Foreman (apellido con gancho donde los haya) escrito a partir de una historia de Ring Lardner, otro perseguido por el paranoico senador McCarthy. En la cinta, Douglas padre debe aprender a pulir su talento y su ira, mientras Robson reflexiona en la sombra sobre la fragilidad de los héroes modernos. En 1956, y por la misma senda tenebrosa, el cineasta dirigió «Más dura será la caída», en la que Humphrey Bogart firmó su testamento cinematográfico en el papel de cínico periodista salpicado por la corrupción de un deporte que a menudo mueve más dinero que ideas. El promotor Nick Benko lo utiliza para vender a su última importación, un pedazo de carne argentina con mandíbula de cristal que acaba por creerse la leyenda que le han etiquetado. Del mismo año data «Marcado por el odio», con un Paul Newman todavía demasiado tenso (y demasiado guapo) en las botas del campeón mundial Rocky Graziano. La siempre deliciosa Pier Angeli será el pañuelo en el que se enjuguen las lágrimas de una carrera tan grandiosa como dramática, contada con sabiduría por Robert Wise.

La aportación española

Sin salir de la década de los cincuenta todavía podemos recordar una incursión española en el género, «El tigre de Chamberí», con José Luis Ozores y Tony Leblanc, quien no en vano llegó a ser campeón de Castilla aficionado en peso ligero. Pedro Luis Ramírez dirigió esta meritoria comedia, infinitamente superior a «El marino de los puños de oro», en la que Rafael Gil aprovechaba la popularidad de Pedro Carrasco; y «Cuadrilátero», donde Eloy de la Iglesia recuperaba la leyenda de José Legrá; por no hablar de «Yo hice a Roque III», en la que Fernando Esteso y Andrés Pajares, en colaboración con los otros Ozores, se reían del público español (y viceversa, en algún caso) cuando el Destape empezaba a cubrirse las vergüenzas. Y todavía dentro de nuestro país, más recientes y ambiciosas son dos películas tan interesantes como «Segundo asalto», de Daniel Cebrián, y «La distancia», de Iñaki Dorronsoro. Cierra este apresurado repaso el espléndido falso documental «Cravan versus Cravan», de Iñaki Lacuesta, que gozaron los contados espectadores que pudieron verlo.

Hay que llegar a 1970 para encontrarnos con «La gran esperanza blanca», título muy manoseado por los periodistas. Martin Ritt adapta una obra teatral que contaba la vida del púgil negro Jack Jefferson (soberbio James Earl Jones) y sus relaciones con su amante blanca. John Huston, boxeador aficionado en su juventud, también dejaría la marca de su pegada con «Fat City», sobre un boxeador acabado (Stacy Keach) y una joven promesa (Jeff Bridges) que malviven a puñetazos. El realizador irlandés, gran fajador, presentaba su cara más pesimista.

Pero los setenta, mal que les pese a algunos, es la década de «Rocky», premiadísima película con la que Stallone nos hizo dudar de su inteligencia, para bien. Tras varias secuelas para cerebros sonados, hace poco nos sorprendió con un notable epílogo de la serie, «Rocky Balboa», en el que insistía en las virtudes de la primera entrega, aliñadas con un inteligente, ¡sí!, toque autoparódico.

La década murió con la que para muchos es la mejor película de boxeo jamás filmada, «Toro salvaje» (1980), una de las obras maestras de Martin Scorsese. La vida de Jack LaMotta llega al espectador con una pegada demoledora, reforzada por la sensacional fotografía de Michael Chapman, agarrado al blanco y negro de toda la vida y a la interpretación de Robert De Niro, que se forjó toda una leyenda sólo con su capacidad para jugar con la báscula.

Era cuestión de tiempo que el cine se acordara de Muhammad Ali, primero en el apasionante documental «Cuando éramos reyes» y luego en «Ali», aunque Michael Mann no terminó de coger la distancia justa al mito, interpretado con mucho acierto y más gimnasio por Will Smith. En medio quedan «The boxer», un nuevo ángulo desde el que observar el conflicto irlandés descubierto por Jim Sheridan y su guionista de cabecera, Terry George, con la colaboración de Daniel Day-Lewis. No está de más añadir al «Huracán Carter» cantado por Dylan y dirigido por el estrangulador Norman Jewison, con un Denzel Washington enorme en la piel del campeón estafado y encarcelado. De los «Ojos de serpiente» de Brian de Palma nos quedamos con la eterna secuencia inicial sin un solo corte en las cejas.

Ya en el año 2000, John Irvin supo juntar a Michael Caine y Martin Landau en «Shiner», más centrada en el submundo criminal que en el noble intercambio de golpes. «Cinderella Man» es quizá el último gran ejemplo de un género que se tambalea pero tampoco se deja tumbar. Russell Crowe es Jim Braddock, ejemplo de superación personal en tiempos de crisis y puede que aviso a navegantes. Hay otros títulos, incluido el «Campeón» llorica de Zeffirelli, pero es preferible repescar para este compendio amateur una pequeña galería de películas con boxeador, que no de boxeo, como «El hombre tranquilo» de Ford, «El beso del asesino» del debutante Kubrick, «La ley del silencio» de Kazan, «Pulp Fiction», de Tarantino, y «Cerdos y diamantes», de Ritchie, donde Bradd Pitt, ininteligible boxeador gitano, completa un papel que no se les habría ocurrido ni a los Coen.