Sahara Occidental, año XXXIV


MOHAMED MAHUMED EMBAREC
Revista Pueblos




El año 2008 quedara como uno de los años clave en la historia del conflicto. Empezo por la tercera ronda de negociaciones en Manhasset y terminó con la publicación del informe de Human Rights Watch y su espectacular petición de extender las competencias de la MINURSO (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental) para supervisar el respeto de los derechos humanos en la región. Una MINURSO que se encuentra en estado de stand-by a causa del abandono progresivo del referendum como solución y de la falta de voluntad por parte de los más potentes.

La pregunta de oro es : conseguirán las Naciones Unidas en 2009 concretizar este referendum y reforzar ala MINURSO para llegar a un arreglo pacífico y justo a este conflicto? Sería imperdonable que 18 años de plan de paz y un bilión de dolares gastados hasta ahora fueran echados por la ventana de la noche a la mañana y correr el riesgo de convertir la región en un brasero.

El Consejo de Seguridad, por enésima vez, ha prolongado el mandato de la MINURSO después de más de 70 resoluciones sobre el Sáhara Occidental, en aras de ofrecer una última oportunidad a Christopher Ross de llegar a un acuerdo entre Marruecos y el Frente Polisario sobre la base del principio de autodeterminación y no sobre la base de la autonomía. Esta última constituye una clara violación del principio de "solución mutuamente aceptable" ya que es rechazada categóricamente por el pueblo saharaui y es una clara tentativa de desviación del conflicto de su verdadera naturaleza, que es la de un problema de descolonización como lo recuerdan constantemente las resoluciones de la IV Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

De inmediato, Christopher Ross debera asegurar un retorno inmediato a la legalidad internacional, es decir, aceptar que permitir al pueblo saharaui de decidir libremente su destino es la única vía pacífica posible.

Los saharauis nunca han estado tan cerca de la vuelta a las armas. Si Ban Ki-moon y Christopher Ross no hacen nada en los próximos meses, si la ONU no se involucra más, si las potencias occidentales siguen su patética estrategia con Marruecos, la esperanza de los saharauis se disipara y la paciencia se agotara. Una paciencia que dura ya 33 años y que esta al límite como se refleja en las continuas manifestaciones de protesta contra la ocupación. Sin embargo, viendo las continuas resoluciones del Consejo de Seguridad sobre los múltiples focos de tensión en Afghanistán, R D del Congo, Georgia, Somalia, Oriente Medio, Chipre, Liberia, Ruanda, Costa de Marfil, Sierra Leona, Irak, Chad, etc…el escepticismo es inevitable y el sabor a amargura invade la conciencia.

El caso del Sáhara Occidental refleja de maravilla la inquietante agonía del derecho internacional frente a la realpolitik, o cómo los estados hacen pasar sus intereses por encima del respeto a la legalidad internacional e incluso de los principios elementales de la justicia. La comunidad internacional debe dejar de dar la espalda al derecho de los pueblos a la autodeterminación y a un conflcito que se eterniza y que amenaza la región en su conjunto. Très décadas son más que suficientes para ver que el pueblo saharaui no se dejara impresionar por la arrogancia marroqui y el apoyo incondicional de sus aliados.

En longevidad, el martirio saharaui se asemeja al palestino, sólo que los saharauis ahora están más unidos que nunca y decididos a arrebatar sus derechos. Por ello, el año 2009 sera también el año de todos los riesgos para el Sáhara Occidental. La vuelta a las armas supondría una "palestinización" del conflicto que no interesa a nadie sobre todo en esta zona gris situada en el Sahel, susceptible de ser el espacio de repliegue de Al-Qaida.

El siglo XX visto por Morante


Reeditan la novela 'La Historia'. El libro fue censurado en España por sus críticas al franquismo. El resto de sus novelas se editarán a lo largo de 2009. Claudia Cardinale y Paco Rabal protagonizaron la adaptación al cine




IGNACIO DE LOS REYES

El Mundo



Fue una de las grandes figuras de la literatura europea, aunque durante décadas su obra quedó eclipsada por la celebridad de su marido, Alberto Moravia. Las novelas de la italiana Elsa Morante (1912-1985) llegan definitivamente a España de la mano de Gadir Editorial, que tras la publicación en 2008 de 'Araceli' (1982), ha lanzado 'La Historia', su relato más conocido y al que sucederán 'Mentira y Sortilegio' —todavía inédita en nuestro país— y 'La Isla de Arturo'.

'La Historia' sucede con crudeza a las poesías y cuentos infantiles con los que Elsa Morante se estrenó en la escritura, justo cuando se disponía a salir de la adolescencia. Esta obra coral sobre el drama de las víctimas anónimas de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto dio reconocimiento internacional a una autora que ya tenía voz en los círculos culturales de la Italia de la posguerra.

Separada de Moravia después de más de 20 años de matrimonio, en 1974 no era sólo la escritora de talento y segundo plano —siempre pesó la larga sombra de su pareja— que ideó al comienzo de su carrera 'Las aventuras de Caterina'. Más bien se trataba de una intelectual radical capaz de generar agrios debates con sus novelas, avivados por su atracción por la provocación política en una época propensa al extremismo: los años de plomo de la Italia de Aldo Moro y Giulio Andreotti.

Desde su casa de Capri, Morante tomó al paupérrimo sur de Italia como escenario de sus obras, aunque prefirió ambientar 'La Historia' en diversos espacios de Roma. Los personajes deambulan por las miserias de la guerra presididos por Ida, una matriarca viuda que intenta la supervivencia frente a la adversidad y horrores de la guerra.

Sus hijos y los numerosos personajes que trufan la novela explican a través de la autobiográfica pluma de Morante el realista drama de ver cómo la Historia acaba repitiéndose con su crudeza una y otra vez, siempre para desgracia de los desheredados. Tan dramática como la profética desdicha de sus personajes, que recuerdan el final solitario y amnésico de la autora, internada hasta su muerte en 1985 en un centro médico, tras un intento de suicidio que le quitó la salud y acabó por dejarla sin medios para pagar su convalecencia.

El pesimismo antropológico que acompañó las últimas obras de la escritora romana estaba sin duda azuzado por la situación política que rodeó a esta anarquista convencida. Elsa Morante quiso hacer todo "un acto de acusación contra las injusticias del siglo XX" en pleno régimen de la Democracia Cristiana, según explica Flavia Cartoni, encargada de editar y prologar esta última edición de 'La Historia'.

Censurada en España

Esta exhibición de sus posturas políticas, especialmente en lo referente al fascismo y las dictaduras, le valió el reconocimiento internacional, aunque también le trajo problemas en España, como recuerda Cartoni.

'La Historia' se publicó por primera vez en 1976, apenas meses después de la muerte de Franco y con los rotuladores rojos de la Dictadura aún en manos de la censura. Bajo el título 'Algo en la historia', Plaza y Janés publicaba una traducción de Juan Moreno en la que, para cólera de la autora, faltaban referencias al general.

Alianza Editorial recuperaba en 1991 la novela, esta vez con traducción de Esther Benítez, la misma que en esta última edición. Entonces sí se subrayó la relevancia de un trabajo excepcional en la trayectoria literaria de Morante, antes unida al simbolismo, y fascinada por Pasolini, Ginzburg y Calvino. Con la intención de recuperar la novela típica italiana del siglo XIX, el realismo se instala en esta historia "sobre lo animal de cada humano, y lo humano de cada animal", en palabras de la editora.

Este repaso a la historia universal a través de lo mundano nació en la mente de Morante a partir de una larga reflexión personal, tras escribir 'La isla de Arturo' (1957), y de una novela embrión, 'Sin el apoyo de la religión', que nunca terminó. Su popularidad en la bota creció con la versión cinematográfica que hizo en 1986 Luigi Comencini, con Claudia Cardinale y Francisco Rabal, y una adaptación para una radionovela en la RAI.

Bagram, ¿peor que Guantánamo?


WILLIAM FISHER
Inter Press Service




El presidente George W. Bush dejó a su sucesor, Barack Obama, la tarea de cerrar la cárcel de la base naval estadounidense en Guantánamo, Cuba. Poco se sabe de un dilema similar, pero de mayores dimensiones, que afrontará el mandatario electo en Afganistán.

Lo que se suele denominar "la otra Guantánamo" está a más de 10.000 kilómetros de distancia de Washington. Se trata de la prisión militar controlada por la Fuerza Aérea de Estados Unidos en la base de Bagram, cerca de Kabul, capital de Afganistán. Se estima que allí están recluidas entre 600 y 700 personas, el triple de los hoy presos en la base naval instalada en el oriente de Cuba.

"La otra Guantánamo" se construyó poco después de que la invasión de fines de 2001, encabezada por Estados Unidos, expulsara al movimiento islamista Talibán del poder en Afganistán.En 2005, luego de denuncias bien documentadas sobre muerte, tortura y desaparición de prisioneros, Washington intentó desprenderse de la base y entregarla a Kabul. Pero una serie de desinteligencias legales, burocráticas y administrativas obligaron a mantenerla bajo control militar estadounidense.

Un informe confidencial reciente del Comité Internacional de la Cruz Roja lamentó el persistente maltrato de prisioneros en Bagram.El informe menciona superpoblación, condiciones "duras", falta de claridad en la base legal de las detenciones, confinamiento de detenidos y tratamientos crueles en "violación de las Convenciones de Ginebra".Algunos de los prisioneros han estado detenidos sin ser acusados ante los tribunales por más de cinco años. La Cruz Roja sostuvo que docenas estuvieron incomunicados por semanas e incluso meses, y que se los mantenía ocultos cuando se realizaban inspecciones.

Hina Shamsi, de la Unión para las Libertades Civiles de Estados Unidos (ACLU), dijo a IPS que "Bagram parece ser tan mala como Guantánamo, si no peor". "Si un prisionero está bajo custodia y control estadounidense, nuestros valores están en juego y a prueba nuestro compromiso con el estado de derecho", agregó."Los abusos detallados por la Cruz Roja nos preocupan porque demostrarían que perdimos el examen. El gobierno de Bush no ha limitado su régimen de detenciones ilegales a Guantánamo: ha tratado de imponerlo en Afganistán", advirtió Shamsi.

Pero, al contrario que esta activista, la mayoría de los observadores no creen que la solución a este problema radique en acciones del Congreso legislativo o del Poder Ejecutivo, sino en los tribunales, y que quedará estrechamente relacionada a las últimas sentencias referidas a la cárcel de Guantánamo.

La Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos dictaminó en junio pasado que los extranjeros detenidos por sospechas de participación en actos terroristas en Guantánamo tienen el derecho constitucional de cuestionar su arresto en tribunales federales en Washington.

Un tribunal federal comenzó a estudiar la semana pasada si esa sentencia también debe aplicarse en el caso de Bagram, que fue instalada, igual que Guantánamo, para recluir a prisioneros capturados en el marco de la "guerra contra el terrorismo", bajo total control militar y fuera del alcance de la justicia estadounidense.

La Corte Suprema echó por tierra reiteradamente la campaña del gobierno para impedir la revisión judicial de los casos de prisioneros en Guantánamo.

El Departamento (ministerio) de Justicia (fiscalía general) entiende que ninguna de las sentencias al respecto puede aplicarse en beneficio de los recluidos en Bagram, pues los tribunales estadounidenses no tienen jurisdicción sobre ellos.Pero abogados de los prisioneros en la base de Afganistán al menos desde 2003 replicaron que las últimas decisiones de la Corte Suprema también se aplican en su caso, así como a bases en Iraq."No hay analogía o espejo más completo de Guantánamo que este caso", dijo la abogada Barbara Olschansky, de la Facultad de Derecho de la Universidad de Stanford y representante de tres de los cuatro prisioneros en Bagram por los que se realizó la demanda en la Corte Suprema."Estos individuos no son diferentes de los detenidos en Guantánamo, excepto por el lugar en que están recluidos", dijo en una audiencia judicial.

El Departamento de Justicia contestó que la base de Bagram es parte de una operación militar en curso, y que, por lo tanto, los tribunales estadounidenses carecen de facultades para fallar sobre lo que allí suceda."Dar a combatientes enemigos extranjeros detenidos en el teatro de guerra el privilegio de acceder a nuestros tribunales civiles es impensable, tanto en lo legal como en la práctica", sostuvo la fiscalía general.

El gobierno asegura que Estados Unidos carece de un control sobre la base aérea en Afganistán como sí lo tiene en la base naval de su enclave en Cuba. Por lo tanto, la sentencia de la Corte Suprema respecto de Guantánmo no es aplicable a Bagram.La base afgana está en medio de una zona de guerra. Guantánamo, no, observaron los abogados del Poder Ejecutivo. Y la revisión de las detenciones en Bagram por parte de un tribunal civil pondría en peligro la misión militar en Afganistán.Bagram, agregaron, "no es un campo provisorio, pensado para albergar a soldados enemigos aprehendidos en el campo de batalla por la duración de una guerra declarada, finita en el tiempo y en el espacio", porque la "guerra contra el terror", tal como ha sido concebida por el gobierno, es "ilimitada en duración y mundial en su amplitud".

Al contrario que Guantánamo, consideraron los abogados del gobierno, la cárcel de Bagram es de carácter permanente. Miles de personas de todo el mundo han sido confinados allí, y cerca de 700 permanecen allí en este momento, mientras se construye una nueva prisión para 11.000 reclusos.

Los abogados defensores replicaron que ninguno de sus clientes --dos yemenitas, un tunecino y un afgano-- fue capturado en el campo de batalla ni prestando asistencia directa a una organización terrorista.

"¿Qué evidencia existe para creer que regresarían al campo de batalla, si, para empezar, ni siquiera estaban en el campo de batalla?", preguntó el juez Bates a los abogados del gobierno.

El primer revés del sueño americano


La Fundación Mapfre inaugura una completa retrsopectiva de Walker Evans con más de un centenar de «vintages». La Gran Depresión de Estados Unidos, vista a través del gran fotógrafo de la crisis


NATIVIDAD PULIDO
ABC





Su aguda conciencia del mundo llevó al fotógrafo norteamericano Walker Evans (1903-1975) a convertirse en uno de los referentes de la fotografía contemporánea. La Fundación Mapfre, tras dedicar su nueva sede en el Paseo de Recoletos de Madrid a las artes plásticas y la escultura, ha reservado sus antiguas salas de General Perón para exponer exclusivamente fotografía. Esta nueva etapa se inaugura a lo grande con una completa retrospectiva de Evans. Los fondos (más de un centenar de instantáneas, todas «vintages», o sea copias de época) proceden de la mejor colección privada (norteamericana) que atesora obra de Walker Evans. Tras su muerte, el Metropolitan neoyorquino adquirió todo su archivo y posee los derechos de sus imágenes.

La muestra, comisariada por Jeff L. Rosenheim, conservador de Fotografía del Met, abarca desde 1928 hasta 1975, año de su muerte; por tanto, podemos admirar todas sus etapas. Por un lado, cuelgan en la Mapfre -que tiene en su colección dos obras de Evans- sus encuadres y perspectivas sin precedentes de Nueva York (el puente de Brooklyn visto desde abajo; planos inéditos de los rascacielos...), tomados a finales de los años veinte con una Leica. Son de una modernidad aplastante.

Al igual que hizo la generación de Faulkner y Hemingway, Evans cuenta las cosas como son, con una mirada aséptica, pero siempre eleganteTambién, su acercamiento (es pionero en ello) a la América real, con sus luces pero también con sus sombras. «Marcó los principios del lenguaje fotográfico y fue el artista que mejor supo retratar Estados Unidos durante la Gran Depresión; fue el gran fotógrafo de la crisis -comenta Pablo Jiménez, director general del Instituto de Cultura de la Fundación Mapfre-. Evans es, para los norteamericanos, su Picasso. De la forma más convincente posible, retrata ese mundo desengañado. Es el primer revés del sueño americano. No esconde las miserias; está la verdad».

La Gran Depresión

Fue contratado para formar parte de un programa impulsado por Roosevelt, «Farm Security Administration», creado para estabilizar la economía del país, sumida entonces en la Gran Depresión. Aquel proyecto -que mezclaba crítica social, fotografía documental y belleza estética- nos ha dejado imágenes imborrables, conmovedoras, de la América profunda, como ese niño con rostro triste sentado en su casa de Virginia. La única felicidad de la fotografía procede de unas imágenes publicitarias colgadas en la pared para protegerse del frío. En una de ellas sonríe Santa Claus, que parece haberse olvidado de ese rincón escondido de América. Igualmente célebres, sus maravillosos retratos de los granjeros del sur de Estados Unidos que hizo para «Fortune».

Entre 1938 y 1945, el trabajo de Walker Evans dio un vuelco radical y comienza a experimentar con una Contax de 35 mm que esconde en su abrigo. Con ella roba imágenes de los viajeros del Metro de Nueva York, que conforman una espléndida serie. Ajenos al objetivo de Evans, se muestran tal como son. Y, aunque siempre desconfió del color, al final de su vida se dejó seducir por la Polaroid SX-70. Una selección de estas postreras instantáneas (señales de tráfico, imágenes publicitarias), que semejan pinturas abstractas, cierran la exposición. Sobre la Polaroid, decía Evans: «Creo que es la primera vez que se puede poner una máquina en manos de un artista y dejar que se base sólo en su visión, su gusto y su cerebro». Y de las tres cosas andaba sobrado Walker Evans.