"Working on a dream", Bruce Springsteen (2009)


KEPA ARBIZU
Lumpen



Seguramente no es el momento adecuado, la aparición de su nuevo disco, para reflexionar sobre los motivos, o méritos, por los que a Springsteen se le considera el “boss” y otros tantos que se mueven en su ambiente, tanto musical como ideológico, están condenados a un escalafón menos importante. Sería interesante abundar más en este tema y no dejarse llevar por denominaciones ya consagradas pero poco contrastadas. Con todo, lo único claro es que por las razones que sea, ni John Mellencamp, ni Jackson Browne ni otros tantos, han conseguido convertirse en iconos de un rock clásico, realizado con precisión y adornado con cierta conciencia política.

Muy parejo en el tiempo con la aparición de su nuevo trabajo, ha surgido la polémica por un recopilatorio que será distribuido únicamente por la cadena Wall-Mart. Muchos de sus fans se han sentido defraudados y algunos hasta consideran una traición este hecho. Suenan algo exagerado estas opiniones, no parece que haya una gran diferencia entre dicha empresa y publicar para una mastodóntica multinacional como es Sony. Poniéndonos muy exquisitos, incluso tampoco parece a la altura de un “working class hero” , hacer campaña para ciertos presidentes americanos por mucho que se les vista de nuevo mesías. Y por seguir sacando punta, si se desea, tener como manager a un periodista como Jon Landau, muy dado a trabajar con la promoción y el marketing, puede también crear alguna fisura en unos ideales impolutos.

Centrándonos en su nuevo disco, “Working on a dream”, hay que decir que está grabado entre los espacios libres que le ha dejado la gira de su anterior trabajo, “Magic”, y que muchas son composiciones descartadas para dicho disco, así que no es de extrañar que haya contado con los mismos mimbres que su predecesor. La producción corre a cargo de Brendan O’Brien, el que continúa en la senda de aderezar con mayor instrumentación y dosis de ornamentación el sonido clásico “sprigsteeniano”. El resultado sigue pecando de cierta saturación y de deslabazar algo el sonido global. También el acompañamiento musical está protagonizada por la E Street Band, conjunto aguerrido que, en los últimos tiempos, parece no estar lo suficientemente bien “explotado” por los motivos ya mencionados. Crea cierta insatisfacción el hecho de juntar tres “individualidades” de calidad, productor, grupo y cantante, sin un resultado más gratificante.


El disco se inicia con dos temas de bastante tirón, “Outlaw Pete” y “My lucky day”, ambos se centran en condensar la tensión rockera con adornos mas instrumentales. La primera es una historia con tintes de western apocalíptico con apunte de polémica por posible plagio a los Kiss y la segunda, un cántico a la esperanza y al cambio “obamamaniaco”. “Working on a dream” y “Queen of the supermarket”, sin embargo, son mas nostalgicas. Se dejan ver claras influencias de Roy Orbison tanto en la manera de cantar, voz algo impostada, como en los coros que le acompañan. En mi opinión, la parte más acertada son sus composiciones más clásicas en cuanto a estilo. Con sonoridad más country recuerdan algo a los últimos discos de Graham Parker o John Hiatt. Una de ellas, “What love can do”, está centrada en el verdadero sueño americano hecho añicos por las políticas de,entre otros, Bush. “Tomorrow never knows” es otra de las pertenecientes a ese grupo, de tono cálidamente romántico, es el momento más emotivo y más logrado del disco. “Good eye” es un blues arrastrado que por momentos recuerda a Soledad Brothers pero que no está para nada conseguido ni tiene mucho que ver con el tono del disco. “The wrestler”, ganadora al globo de oro como mejor canción, es una balada pop vibrante que tanto gusta en el mundillo del cine. Del mismo estilo es “The last carnival” , importante sobre todo por ser el homenaje a Danni Federici, componente de la E Street Band, fallecido el año pasado.

No voy a caer en el error de exigirle a estas alturas a Bruce Springsteen realizar otro “Born to run” o “The river”. Soy consciente de que ese tiempo pasó. Lo que sí creo que se le puede reclamar, es mantener un nivel más elevado en sus creaciones. Es peligroso que su nuevo disco no salga ganando en comparaciones con “Magic” o “The rising”, que para nada eran obras muy logradas. Debería reflexionar el músico de New Yersey sobre su política de sacar un disco cada año, talvez está siendo necesario plantearse mejor las canciones, trabajar más al detalle y no tener la necesidad de ser un continuo manantial de novedades, obviando la calidad.

Brasil aprieta el cerco judicial a su dictadura

SIMONE GARCÍA
Público


La impunidad de los responsables de la dictadura brasileña puede estar cerca de su final. Por primera vez, los militares serán investigados por los crímenes cometidos durante la dictadura, entre 1964 y 1985.

El fiscal Ivan Cláudio Marx, de Uruguaiana (Rio Grande do Sul), solicitó el jueves a la Policía Federal la investigación de la desaparición del italoargentino Lorenzo Ismael Viñas, en 1980, y del padre argentino Jorge Oscar Adur. Estos crímenes están atribuidos a la Operación Cóndor, el esquema de represión política que limpió de opositores Chile, Argentina, Paraguay y Brasil durante sus dictaduras.

"Es el primer intento de acción penal sobre los crímenes cometidos por militares durante la dictadura en Brasil", aseguró Marx a la Folha de São Paulo. La justicia italiana ya imputó a 13 militares brasileños acusados de participar en la desaparición de ciudadanos italianos. Aun así existe el temor de que la Justicia brasileña rechace la petición de investigación de los crímenes por considerarlos prescritos. No sería la primera vez que eso ocurre.

Hace dos semanas, la Justicia Federal del estado de São Paulo abrió un peligroso precedente al archivar la petición de investigación criminal sobre la muerte del periodista Vladimir Herzog, asesinado en 1975 por la policía política. La argumentación de que los crímenes cometidos por los militares y sus simpatizantes durante la dictadura prescribieron está respaldada, según el propio ministro de Justicia de Brasil, Tarso Genro, por una interpretación conservadora de la ley de amnistía.

La Orden de los Abogados de Brasil (OAB) no ha tardado en reaccionar: ha acudido a la Corte Suprema brasileña para intentar revertir la situación. Pide que aclare, de una vez por todas, cuál es el alcance de la ley de amnistía brasileña, un auténtico decretazo de punto y final de 1979, que dejó impunes 383 muertes (cifra oficial) y las torturas sufridas por 50.000 presos políticos.

Para el presidente de la OAB, Cezar Britto, aclarar la ley de amnistía es vital para consolidar la democracia en Brasil. En mayo de 2008, afirmó en la reivindicativa Caravana de la amnistía que "no podemos confundir amnistía con amnesia". Cesar Britto, en una entrevista con Público, afirma que esta ley no se aplica en casos de terrorismo de Estado. "El Estado no puede auto amnistiarse", afirma. Por eso "no funcionó la ley en Chilepara Pinochet", recuerda.

Por otro lado, la ley de amnistía y la desclasificación de los archivos de la dictadura, serán los temas estrella a debatir a finales de mes en el estado de Pará, en la Amazonia. En el V Foro Mundial de Jueces, representantes del poder judicial y estudiantes de diversos países discutirán los crímenes contra la humanidad cometidos durante las dictaduras latinas (Brasil, Chile y Argentina). A su vez, el Foro Social Mundial, que arranca el martes en la ciudad de Belém, abordará la memoria y la verdad de los mismos temas desde la óptica de las asociaciones y ONG.

Movilización social

Y es que la memoria histórica está, en Brasil, en boca de todo el mundo. Pese a las dificultades, la sociedad brasileña se está movilizando para hacer valer su derecho a la verdad. De hecho, 2008 estuvo marcado por diversas acciones contra militares de ladictadura.

"El movimiento para la apertura de los archivos y castigo de los torturadores tiene mucha fuerza. Es necesario que se limpie de una vez nuestra historia", asegura Maria Amélia Teles, de la Comisión de Familiares de Presos y Desaparecidos Políticos.

El Ministerio Público Federal (MPF), representado por Eugenia Fávero y Marlon Weichert, solicitó la apertura de una investigación contra autoridades del régimen militar acusadas de asesinato y secuestro en São Paulo y Río de Janeiro. "Al afrontar este tema las democracias saldrán fortalecidas", afirma Weichert a Público. La sociedad civil brasileña está gritando sin complejos abrir los archivos de la dictadura que realmente interesan los de la inteligencia militar , justamente los que las Fuerzas Armadas alegan haber destruido.

Algunos archivos fueron abiertos, están siendo catalogados por el Archivo Nacional de la República. Incluso dentro de poco estarán disponibles en Internet. Pero no los más importantes. Las torturas, la persecución a los subversivos, las listas negras y la forma en que los militares se deshacían de los cuerpos en cementerios clandestinos están registrados en documentos similares a los que fueron quemados de forma criminal y clandestina en la Base Aérea del Estado de Bahia en 2004.

La fiscal Eugenia Fávero sostiene que "las personas quieren hablar, hasta los colaboradores del régimen militar. No aguantan más cargar con secretos y crímenes en sus espaldas". Con una mezcla de resignación y esperanza, Eugenia vaticina el futuro: "Si las revelaciones no llegasen por las vías oficiales brasileñas, llegarán por otras vías. La verdad aparecerá, aunque luchen contra ella".

La opción Internacional

Las fuentes consultadas por este diario aseguran que, si las posibilidades jurídicas dentro de Brasil se agotan, a la sociedad civil le queda todavía la oportunidad de buscar justicia en las cortes internacionales. Brasil podría seguir el camino trazado anteriormente por algunos vecinos de Latinoamérica (Chile, Argentina) y otros países que sufrieron terrorismo de Estado y hoy están incapacitados, debido a su legislación interna, para seguir adelante con los procesos para castigar a los responsables.

Roberto Caldas, juez en Brasil de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de los Estados Americanos (OEA), explica a Público que "el papel de las cortes internacionales es el de retirar la presión política y transferir a la jurisdicción internacional la investigación de los responsables con imparcialidad". En ese caso, "si Brasil no juzgase a los responsables de los horrores de la dictadura otros lo harán", afirma. Roberto Caldas dijo, incluso, que él mismo en persona podría procesar a la dictadura brasileña en la Corte Internacional.

La detención del dictador Augusto Pinochet, en Londres (1998), por el juez Baltasar Garzón, de la Audiencia Nacional de Madrid, está siendo usada estos días como ejemplo a seguir. De momento, Brasil espera en vilo el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA.