John McLaughlin, el Caballero de la Guitarra


ALFREDO ROSSO
Con-secuencias



Hay guitarristas de rock. Hay guitarristas de jazz. Hay guitarristas de jazz-rock progresivo. Y hay también guitarristas que experimentan con sonidos étnicos de diversas latitudes del planeta. Lo raro es encontrar todos estos guitarristas en uno solo. Pero existe, y se llama John McLaughlin. Desde principios de los años ’60, este notable músico británico no para de expandir las fronteras de la guitarra, creando un universo de sonidos a su paso. Tocó con Alexis Korner, con Graham Bond, con el gran Miles Davis, y también con otros destacados colegas de las seis cuerdas, como Carlos Santana, Al Di Meola y Paco de Lucía, entre otros. Creo bandas pioneras de la fusión progresiva, como la Mahavishnu Orchestra y también fue un iniciador de encuentro de oriente y occidente con Shakti, que fundó junto al violinista L. Shankar. Esta es una visión –a vuelo de pájaro- de su extensa y rica carrera.

John McLaughlin nació en Doncaster, Yorkshire, el 4 de enero de 1942. Comenzó a estudiar piano y violín a los siete años y adoptó la guitarra en la adolescencia, inspirado por guitarristas de blues y de jazz. Como tantos otros músicos ingleses de la época, John se dirigió a Londres a principios de los años ’60 en busca de mayores facilidades para desarrollar su arte y fue allí que ingresó a los Blues Incorporated, el pionero conjunto de blues con resonancias jazzísticas, fundado por Alexis Korner.

Korner alentaba siempre a sus músicos a formar nuevas bandas, así fue como de su banda surgieron los Rolling Stones, los Pretty Things y también la Graham Bond Organization, donde en un primer momento militaron Graham Bond en teclados y saxo, la futura base rítmica de Cream, Jack Bruce en bajo y Ginger Baker en batería y John McLaughlin en guitarra.

La parte final de los años ’60 fue de expansión para el jazz inglés y en 1969, después de trabajar durante algun tiempo como músico de sesión, John McLaughlin consigue grabar su primer álbum como solista. Se llamó “Extrapolation” y era un álbum totalmente orientado hacia el jazz con abundante improvisación y una singular originalidad compositiva. El disco apareció en el sello Polydor y entre los músicos participantes se destacaba el saxofonista John Surman, otra de las figuras prominentes de la escena jazzística inglesa de aquel entonces.

McLaughin volvería a participar con John Surman en 1971, en un álbum que grabaron para el sello Dawn llamado “Where Fortune Smiles”, donde también participaron el baterista Stu Martin y el contrabajista Dave Holland. Para ese entonces, la carrera musical de John se había disparado en varias direcciones. Fue fundamental para la vida artística del guitarrista la decisión de cruzar el Atlántico para tocar y grabar con algunas de las figuras más importantes de la escena jzzzística estadounidense. El gran baterista Tony Williams había quedado impactado por el virtuosismo de McLaughlin al escuchar su álbum primerizo, “Extrapolation”, y lo invitó a formar parte de su power trío jazzístico, Lifetime, que completaba el organista Larry Young. Con Lifetime, John grabó el álbum doble “Emergency”, que apareció en 1969 y que contribuyó a crear una nueva conciencia acerca de las posibilidades de expansión y evolución del jazz en el filo de la década del ’70. Hoy se consigue en un solo CD. Más tarde se les unió Jack Bruce en el bajo para la grabación de “Turn It Over”.

Las habilidades de McLaughlin no pasaron inadvertidas para otro gran genio del jazz, el misímimo Miles Davis, quien por aquellos días de principios de los ’70 estaba expandiendo una vez más los horizontes de su música, en este caso acercándola a los territorios del rock. En esta rica aventura de fusión entre el jazz y el rock participaron, además de Miles y McLaugjhlin, músicos extraordinarios, como Billy Cobham, Charles Alias y Lenny White en batería, Joe Zawinul y Chick Corea en teclados, Wayne Shorter en saxos y Dave Holland en bajo. La experiencia abarcó varios álbumes, entre ellos “In A Silent Way”, “On the Corner”, “Big Fun”, “Jack Johnson” y, muy especialmente, el doble “Bitches Brew”, que fue en cierta forma el barco insignia de esta “nueva cosa” que estaba realizando Miles Davis y que deslumbró a muchos por su aventurada originalidad, a la vez que escandalizó a varios puristas del jazz tradicional. Miles le tomó afecto a McLaughlin, al punto de bautizar uno de los temas de “Bitches Brew” con el nombre del guitarrista inglés.

En el medio de ese vertiginoso viaje por lo más intenso del mundo del jazz-rock junto a Tony Willams primero y junto a Miles Davis más tarde, John McLaughlin encontró un espacio, también, para viajar a Francia y grabar el que sería su segundo álbum como solista, “Devotion”, un proyecto en el que participó, entre otros, el baterista Buddy Miles, uno de los líderes del grupo Electric Flag y protagonista, también, del grupo Band of Gypsys, liderado por Jimi Hendrix.

Pero si bien en términos artísticos la vida de John McLaughlin marchaba sobre ruedas, en lo personal la cosa no estaba tan clara. A John le costaba reconciliarse con el ritmo de vida de la ciudad de Nueva York. Para relajarse, primero, decidió practicar yoga. Se volvió vegetariano y dejó el alcohol y otros estimulantes, para más tarde adherir a las prácticas filosóficas de un gurú bengalí llamado Sri Chinmoy, un evento que alteró profundamente el curso de su música, como puede verse en el larga duración “My Goal’s Beyond”, que McLaughlin grabó y editó en 1971, un proyecto predominantemente acústico, donde participan Jerry Goodman en violín, Charlie Haden en contrabajo, Billy Cobham en batería y Airto Moreira en percusión, entre otros.

John McLaughlin ha sido siempre un músico notablemente prolífico y mientras organizaba las grabaciones que lo tenían como actor principal y formaba parte de los grupos de Miles Davis, también se involucró en otros proyectos, como la obra conceptual Escalator Over the Hill, de Carla Bley y Paul Haines, donde destaca especialmente en el tema “Rawalpindi Blues”, donde una vez más participa Jack Bruce.

De todas maneras, algo estaba empezando a cobrar forma en la mente de John McLaughlin mientras participaba en todos estos proyectos ajenos: la idea de formar un nuevo y revolucionario grupo con los mejores músicos del momento. Y eso fue precisamente lo que hizo en 1972, cuando se juntó con Billy Cobham en batería, Jerry Goodman en violín, Rick Laird en bajo y Jan Hammer en teclados para formar la legendaria Mahavishnu Orchestra, otras de esas bandas que marcó un antes y un después en el campo de la fusión entre el jazz y el rock. La Mahavisnu debutó con un álbum llamado “Inner Mounting Flame”, un título que podía traducirse como “La creciente llama interior”, que delata la naturaleza mística de la búsqueda musical y existencial que por ese entonces emprendía el músico de Yorkshire.

Después de grabar otro álbum muy exitoso en términos de consideración periodística y también de ventas, “Brids of Fire”, la Mahavishnu Orchestra registró un disco en vivo llamado “Between Nothingness and Eternity”, tras lo cual McLaughlin tomó la riesgosa decisión de alterar la banda, reemplazando a varios de sus músicos y ampliando la alineación a quince músicos para darle un contexto orquestal al sonido que la banda registró en el álbum “Apocalypse”, de 1974, al que siguió “Visions of Emerald Beyond”, aparecido en 1975.

Otro ambicioso proyecto que emprendió John McLaughlin en esta etapa de mediados de los ’70 fue su fugaz asociación con otro virtuoso de la guitarra, Carlos Santana, para la grabación del álbum “Love, Devotion & Surrender”, de 1973. Además del amor por la música, a los dos guitarristas los unía su devoción por el guru Sri Chinmoy, algo que se pone de manifiesto en el título mismo del larga duración, que puede traducirse como “Amor, devoción, entrega”.
Una de las características básicas de la carrera de John McLaughlin a través de las décadas ha sido su constante afán de investigación en los más diversos géneros musicales. Su amor por la música de la India originó el proyecto Shakti, en 1976, que juntó a McLaughin con varios músicos de ese país, entre los que se destacaba al violinista L. Shankar. Shakti dejó como resultado varios discos en estudio y una serie de shows memorables.

Ese hambre de nuevas experiencias llevó a McLaughlin a emprender, en 1981, una nueva aventura musical que vinculó a tres guitarristas de entornos y circunstancias muy diferentes: John, el guitarrista inglés proveniente del campo del jazz; Al Di Meola, un estadounidense con raíces en la música latina y también en la fusión jazz-rock, más el virtuoso guitarrista flamenco Paco Di Lucia. El álbum resultante “Friday Night in San Francisco” fue enormemente popular cuando apareció en los albores de los ’80.

A través de los años John McLaughlin ha mantenido un delicado balance entre la gran variedad de intereses musicales que aportan a su repertorio. El álbum “Electric Guitarrist”, de 1978, mostró un intento de reflejar varias de las facetas de su arte con distintas combinaciones de músicos e instrumentos. También fue el álbum que estrenó en su primera visita al continente sudamericano, en ocasión del Festival de Jazz de Sao Paulo, de 1978, donde tuve la oportunidad de entrevistarlo, junto a Fernando Basabru, para la revista Expreso Imaginario. En los años subsiguientes, otros festivales lo traerían a la Argentina para actuar ante nuestro público en el estadio Luna Park. Y otro de estos eventos, el Havana Jam Fesival, de Cuba, lo llevaría a actuar una vez más junto a Tony Williams en batería y a Jaco Pastorious en el bajo, en un show que años más tarde saldría publicado –junto a varias tomas de estudio de este auténtico “power trío” jazzero, en el álbum “Trio of Doom”.

En las siguientes décadas la discografía y las actuaciones de John McLaughlin continuaron diversificándose al ritmo de las pulsiones que siempre han llevado al guitarrista inglés por las más diversas rutas musicales. Así, el álbum “After the Rain”, de 1994 -con Joey De Francesco en bajo y Elvin Jones en batería- significó su homenaje a John Coltrane, mientras que “Belo Horizonte” fue un testimonio de su amor por los sonidos de Brasil, país adonde ha retornado una y otra vez para participar en otros festivales internacionales.

Para traer la carrera de John McLaughlin a tiempos recientes, quiero cerrar esta entrada mencionando el álbum que grabó en 2006 con el título de “Indutrial Zen” y donde lo acompañaron Dennis Chambers enn batería, Ada Rovatti en saxo soprano, Gary Husband en teclados, Tony Grey en bajo y Zakir Hussain en tabla. Y para fans primerizos, me gustaría recomendar la excelente recopilación “The Essential John McLaughlin”, de dos CDs, que trae material de prácticamente toda su carrera y que editó en Argentina hace algunos meses el sello Sony/BMG. Un lúcido y abarcativo testimonio de un gran músico contemporáneo.

Sri Lanka sitúa a los tamiles al borde del genocidio

TXENTE REKONDO
Rebelión




La agresión militar del gobierno de Sri Lanka contra la población tamil continúa estos días, con ataques indiscriminados contra la población civil, y con un avance hacia los últimos bastiones del LTTE. Esta campaña militar está camuflada bajo el paraguas ideológico que le ha dotado la propaganda internacional surgida en torno a la mal llamada “guerra contra el terror”, y como denuncian algunos defensores de los derechos humanos, no hace sino esconder una política represora y de aniquilación contra el pueblo tamil y sus representantes políticos.

Algunos mitos que sostienen la historia de Sri Lanka se han comenzado a resquebrajar . Desde su independencia, la mayoría cingalesa ha venido denunciando la situación de privilegio que vivió la población tamil bajo la ocupación británica. Sin embargo, un detallado repaso a las actuaciones de los colonialistas británicos sirven para desmontar esos mitos. Las principales vías de comunicación en Jaffna eran de tiempos de los holandeses, y los británicos abandonaron las mismas y posproyectos de nuevas vías. El ferrocarril en la isla se dirigió primero a articular hacia el sur, y fueron décadas más tarde cuando se construyó hacia las poblaciones tamiles.

La economía de Jaffna, basada en el comercio del café y textiles declinó durante el mandato británico y no se sustituyeron por otros productos para reactivar la situación. En la educación, encontramos otro tanto. La presencia de misioneros americanos, enviados “al norte” como castigo y para dificultar su actuación logró dotar a la población tamil de un modelo moderno, y no colonial de educación, no obstante, los principales centros universitarios de la isla se encontraban en torno a la capital, Colombo, y fue principalmente esta ciudad la que recibió todas las ayudas e impulsos para desarrollarse y convertirse en el centro de la isla.

Parte de la élite tamil no dudó en emigrar hacia esos nuevos centros de poder, y de esta forma esas minoría privilegiada fue la que puso en dificultades a la misma parte cingalesa, los propietarios y colaboradores de la ocupación que supieron aprovecharse de ésta y de las décadas posteriores a la misma. Además , finalmente, los británicos apostaron claramente por transferir el poder a la élite y aristocracia de la costa cingalesa, en detrimento de la burguesía tamil de Colombo, y sobre todo por encima de las demandas de la mayoría del pueblo tamil que demandaba una soberanía plena.

Todos los gobiernos de Colombo han venido funcionando al servicio de los deseos de la población cingalesa exclusivamente. En este sentido es interesante recoger las declaraciones de la máxima figura militar del país, el teniente general Sarath Fonseca, que afirmó “estar convencido que este país pertenece a los cingaleses, aunque también existen algunas comunidades minoritarias. Y si éstas quieren vivir con nosotros, no deben pedir cosas irrealizables”. En definitiva, la isla pertenece a los cingaleses y los tamiles pueden vivir en ella mientras no demanden su propia identidad o soberanía.

La historia más reciente de Sri Lanka está marcada por el carácter excluyente del chauvinismo cingalés. Hasta la constitución de 1972, la isla era conocida de tres maneras diferentes. Sri Lanka para los cingaleses; Ceilán era el término inglés, y las traslación al tamil era Ilangkai. Sin embargo, a partir de ese año el nombre oficial pasará a ser Sri Lanka, haciendo de la identidad cingalesa el eje central de la misma.

Ante esa situación, la población tamil rechazará una constitución que con la base budista-cingalesa, les colocaba como ciudadanos de segunda categoría. Dos años más tarde el pueblo tamil hará pública la Declaración Vaddukkoaddai , donde se reclamaba el derecho de autodeterminación para los tamiles y se pondrá hincapié en la reivindicación de “Eelam Tamil”.

El intento de los diferentes gobierno de Sri Lanka para imponer la identidad cingalesa sobre los tamiles y dominarlos completamente no han cesado, y los constantes intentos militares por acabar con la resistencia no han logrado de momento sus frutos. La estrategia de Colombo es la instauración de un nuevo colonialismo, donde el pueblo tamil sea sometido a los deseos e intereses cingaleses.

Llaman la atención las recientes declaraciones de un prestigioso sociólogo cingalés, que reclamaba, dentro de un claro tono militarista y triunfalista, la “necesidad de no perder la victoria en la paz”. En su discurso aboga por “llenar las zonas tamiles de colonias, dotando a los nuevos colonos cingaleses de tierras y recursos, evitando que los tamiles vuelvan a controlar la situación. Además defiende la instalación de fábricas en manos del ejército, para defender a los nuevos colonos y producir nueva riqueza para ellos. Finalmente defiende la necesidad de perseguir a todo aquel que haya venido cuestionando la soberanía de Colombo, o que haya apoyado las demandas tamiles.

La avalancha triunfalista contrasta con los datos que están publicando otras fuentes sobre el conflicto . Un prestigioso abogado estadounidense está planteando llevar ante los tribunales dos altos cargos del actual gobierno de Sri Lanka que tiene pasaporte de EEUU. Las acusaciones de “complicidad en el genocidio, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra, tortura y muertes extrajudiciales” son graves, y a pesar de que las posibilidades de seguir a delante no son muy altas, el caso está sirviendo para hacer público los datos que generalmente se ocultan.

El informe apunta que se está produciendo “un genocidio sistemático contra los tamiles por parte del gobierno de Sri Lanka”, resaltando las miles de vidas civiles que lleva acumulado la población tamil a manos del ejército de Colombo. Señala que hay datos objetivos que prueban la “sistemática privación y aislamiento de la población civil tamil”.

Así, el ejercito de Sri Lanka sería responsable al menos de más de tres mil muertes extra-judiciales y desapariciones en los últimos tres años (una media de tres muertos y tres desaparecidos por día). Las investigaciones oficiales de estas actuaciones son meras escenificaciones sin ningún resultado punible hacia sus autores. Además se tiene constancia de cerca de doscientos campos militares en las áreas tamiles, donde nadie puede moverse sin permiso del ejército ocupante.

También destaca la situación de más de un millón de la población que ha sufrido “hambre, se le ha privado de medicinas y han tenido que desplazarse hacia campamentos de refugiados”. Todo ello sin contar el incalculable número de civiles que están sufriendo el denominado “trauma psico-social”.

Maquillar el genocidio bajo el label de “contra-terrorismo” y lograr el apoyo de la llamada comunidad internacional, es la postura de Colombo. Y de momento parece que está logarndo sus objetivos. El llamamiento de algunos países para que el LTTE deponga las armas y se rinda sin condiciones no ha gustado a los representantes tamiles. Estos apuntan que la credibilidad de esos actores en el pasado, incluido el papel de la ONU, quedó en entredicho ante el genocidio de Rwanda. “Si ante esa amenaza el pueblo tamil no puede defenderse, estaría abocado a su desaparición, de ahí que conviene respetar las decisiones del pueblo tamil para mantener sus justas reivindicaciones”, reclaman portavoces de organizaciones como “Tamiles contra el genocidio”.

La tragedia humanitaria que está sufriendo el pueblo tamil, con miles de muertes estas semanas, se está incrementando por el embargo impuesto por el gobierno de Sri Lanka, que impide cualquier asistencia humanitaria a la población civil. Además, la comunidad internacional, claramente posicionada en el campo político con los dirigentes cingaleses, no ha cesado además, su ayuda económica y militar para que ese mismo gobierno pueda poner en marcha ese genocidio.

Esa misma comunidad internacional mira hacia otro lado ante las constantes violaciones de Sri Lanka de las leyes internacionales. Las recientes declaraciones del secretario de defensa de Sri Lanka, señalando que “ningún hospital puede operar fuera de la zona de seguridad… cualquiera fuera de la misma es un objetivo legítimo”, se producen tras un bombardeo contra un hospital con decenas de muertos, y que algunos cínicamente presentan como “fruto de enfrentamientos armados”. Cuando en realidad se trata de otro “crimen contra la humanidad” por parte de los militares de Sri Lanka según los establecen las leyes anteriormente citadas.

Los anuncios de defunción de la resistencia tamil no son nuevos. Ya hace veintidós años, en 1987, el prestigioso “The Economist” tituló una noticia “Réquiem para los tamiles”, donde presentaba un escenario sin la representación tamil del LTTE. El tiempo ha colocado a cada uno en su sitio, y el sufrimiento por no abordar el conflicto seriamente ha perdurado hasta nuestros días.

Si todos reconocen que el conflicto entre tamiles y cingaleses es fundamentalmente de naturaleza política , la superación del mismo necesita obligadamente una solución política. El pueblo tamil lleva décadas señalando que la isla está habitada por la nación tamil y la nación cingalesa, “y sobre la base del reconocimiento de esa realidad, y con una negociación entre los legítimos representantes de ambas naciones (el estado de Sri Lanka y el LTTE) sobre la fórmula que posibilite a ambas naciones convivir en paz” se buscará la solución al conflicto.

Hasta ahora, en esa ecuación, los cingaleses, sobre todo el denominado etnonacionalismo cingalés- budista, ha mantenido que el conjunto de la isla pertenece a la nación cingalesa, rechazando el reconocimiento de la existencia de una nación tamil con los mismos derechos que ellos. Ese discurso ha fomentado una actuación militarista como la única solución para imponer sus objetivos, tendentes al desmantelamiento absoluto de una realidad, cual es la existencia de la nación tamil.

Bajo la bandera de la llamada “lucha contra el terror”, y con el beneplácito de buena parte de la comunidad internacional, se está gestando un genocidio contra una de las culturas más antiguas de la humanidad y contra las justas aspiraciones del pueblo tamil.