Amanda Palmer, cabaret en un mundo punk


La cantante y pianista, la mitad del dúo de Boston The Dresden Dolls, presenta hoy en Barcelona y mañana en Madrid su primer disco en su solitario


JESÚS CENTENO
Público


Tiene aires de artista callejera, pero ella lo lleva con más glamour: corsés color crema, zapatos de tacón, maquillaje excesivo, cejas retocadas... pero todo con un toque tenebroso, sucio y violento, casi diabólico.

Amanda Palmer, que se convirtió en la musa del underground estadounidense gracias al éxito de The Dresden Dolls -banda inclasificable en la que experimentó cómo sonaría el cabaret berlinés en un mundo punk- presenta este viernes en Barcelona (Apolo2) y mañana sábado en Madrid (Caracol) su primer disco en solitario, 'Who Killed Amanda Palmer (Roadrunner)'.

En sus letras aborda cambios de sexo, problemas de alcoholismo, enfermedades degenerativas, prescripción médica y mujeres fáciles que han perdido a su familia. Miserias urbanas servidas bien crudas e interpretadas con un aire gótico y tenebroso, con influencias que van desde Black Sabbath a Jacques Briel.

"La gente a menudo se sorprende porque soy una persona relajada y feliz, y sin embargo hablo de estos temas. Lo hago porque es la mejor manera de soltar los demonios que llevo dentro. Me siento a componer cuando estoy cabreada con algo", explica Palmer a Público.

"No me gusta escribir sobre lo fantástico que fue el amor del pasado verano"

"No me gusta escribir sobre lo fantástico que fue el amor del pasado verano, o sobre cómo brilla el sol en un día bonito", comenta.

La idea inicial del lynchiano 'Who Killed Amanda Palmer' era grabar las 12 canciones de su nuevo disco en una semana, utilizando sólo piano y voz. Hasta que entró en escena Ben Folds, productor del álbum, que introdujo arrebatos de orquesta, sintetizadores, vientos y percusiones.

"Ahora, mi forma de escribir es más sensible a la idea de tocar en vivo. Mis primeros discos con The Dresden Dolls fueron escritos al vacío, sin saber si saldrían de mi cuarto, y menos aún si alguien las escucharía", confiesa.

Pero su público no dejó de crecer y pasó del underground a girar por Europa y sus festivales. Indies, alternativos, siniestros, poperos... todos se interesaron por ella. El empujón definitivo al telonear a Nine Inch Nails, en 2006, momento que aprovecharon para "atraer ropas negras y piercings a sus conciertos".

Música y ‘performance'

Palmer es dramática, sí, pero también sabe reírse de todo y de todos. Su discográfica le pidió que ocultara su tripa en el video de Leeds United, y ella se negó, provocando una revolución de fans que enseñaron sus ombligos en Internet.

Y la canción Oasis, en la que habla de violaciones, abortos y dios entre coros de Beach Boys, fue censurada por la MTV "por banalizar un asunto tan serio". Ella discrepa, claro: "Es una canción más bien oscura, sobre una chica marginada que es incapaz de controlar sus emociones. Es muy importante entender el contexto y la ironía de la canción".

Su encanto femenino y sus gritos desgarradores, fuera de lo común, completa su tarjeta su visita. Es un huracán vivo en el escenario, al que también se sube un numeroso y rompedor colectivo australiano de músicos-performers.

Aunque pianista, es su concepto de cabaret punk lo que la aleja de compositoras como Tori Amos y Regina Spektor. Un sonido difícilmente clasificable pero que capaz de colgar el no hay entradas en salas de todo el mundo.

Zapatero mete la tijera en Vivienda y Medio Ambiente

PAULA CARRIÓN
Soitu



El Gobierno ha detallado hoy en cuánto y cómo se verán afectados los diferentes ministerios por la reducción de los gastos que anunció Zapatero en el Congreso el pasado martes. De los 1.500 millones de euros que el presidente del Gobierno prometió ahorrar apretándose el cinturón el ministerio peor parado será el de Vivienda: aunque no es el departamento al que más millones le quitan (110 frente a los 300 de Fomento) si que sale perdiendo en comparación al presupuesto que le asignaron a principio de año.

Así, al ministerio que dirige Beatriz Corredor le van a quitar un 6,5% de lo que le asignaron a principio de año en los Presupuestos Generales del Estado (PGE). Desde Vivienda confirman que el dinero saldrá del "remanente de crédito de planes de vivienda anteriores". A saber, lo que les ha sobrado, por ejemplo, de las ayudas a la rehabilitación porque los que solicitaron el crédito han amortizado en menos tiempo de lo previsto el préstamo. En el ministerio recalcan que el tijeretazo de Zapatero no afectará en ningún caso al nuevo plan de vivienda, ni a las subvenciones a las Comunidades Autónomas, ni a la renta del alquiler de los jóvenes.

El segundo ministerio más afectado por el recorte presupuestario será el de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino. En la cartera de Elena Espinosa cortarán un 4,8% de sus fondos, lo que se traduce en 200 millones menos para gastos corrientes (materiales, gastos de publicaciones o alquileres), inversiones reales (desde Economía aseguran que no se tocará en ningún caso aquéllas que son productivas), activos financieros (concesión de préstamos y compra de acciones) o transferencias corrientes (subvenciones). Mientras Medio Ambiente se queda con menos dinero, Zapatero sigue insistiendo en que la política medioambiental es una cuestión prioritaria de su Gobierno.

Los más afortunados

Hoy, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, la vicepresidenta Mª Teresa Fernández de la Vega, anunciaba sonriente que el ministerio de Igualdad quedaba excluido del tijeretazo gubernamental algo que es entendible teniendo en cuenta que cuenta con 80 millones de presupuesto para pasar el año.

En el resto de carteras hay otras a las que también les han dicho que se aprieten el cinturón (pero menos). Es el caso del Ministerio de Justicia, ese que dirige el cazador Mariano Fernández Bermejo. A este departamento le han dicho que se gaste 10 millones menos, o lo que es lo mismo un ridículo 0,62% menos de lo que gastaba hasta ahora.

En el ranking de 'Los menos recortadores de presupuesto 2009' le sigue el Ministerio de Interior. Aunque al ministro Rubalcaba le quiten 60 millones de euros eso sólo le supone un 0,65% de su presupuesto total. El tercero en la lista es Trabajo, y aquí puntualizan desde el Gobierno, que no se van a quitar de las prestaciones sociales al parado porque es ahí precisamente a donde irán destinados los 1.500 millones.

En Economía, ministerio que ha articulado los recortes, nos han dado ejemplo de cosas de las que se puede prescindir de lo más variado: enviar los documentos por mail en lugar de por correo, en eliminar campañas publicitarias en los medios de comunicación, en coger el metro en lugar del taxi, etc. En ningún caso, remarcan, afectará a las inversiones productivas, gasto de personal (no bajarán el sueldo de los funcionarios) o políticas sociales. Y tú, ¿dónde crees que echarán la tijera en los ministerios?

Un monstruo llamado Ticketmaster

SEBAS ALONSO
Soitu



Anoche Oasis tocó en Madrid con todas las entradas agotadas hacía semanas. También los tickets para ver a AC/DC se habían agotado supuestamente "en tres horas" cuando se pusieron a la venta el pasado 6 de febrero. Sin embargo, en los últimos días aparecían por sorpresa entradas para ambos conciertos en Tick Tack Ticket. Ha sido el último de los despropósitos en una semana llena de noticias polémicas para la música en directo.

El blog Mercadeo Pop descubrió ayer por casualidad que Tick Tack Ticket seguía vendiendo entradas para los conciertos de AC/DC, como había pasado con las de Oasis unos días antes, tan ricamente, como si centenares de personas no hubieran dejado ya por imposible asistir. A menudo en los días antes de un show se comprueba que caben unas pocas personas más en el recinto y se sacan entradas a la venta sin avisar a la prensa ni a los usuarios. Es una buena noticia para los que pueden conseguir entradas en plan 'repesca', ¿pero qué pasa con los que en ese momento no están metidos en la correspondiente web? Doble drama y doble frustración certificadas en unos dolorosos pantallazos, además.

Está claro que agotar todas las entradas en pocos minutos es una promoción excelente para un grupo, pero no siempre es cierto... ni agrada al artista. Para muestra, un botón. Este 4 de febrero se agotaban en el Ticketmaster estadounidense las entradas para la gira de Bruce Springsteen en pocas horas. Lo habitual. ¿Cuál era el problema? Que el servidor había estado caído casi todo el tiempo y prácticamente nadie había podido comprarlas. Poco después, misteriosamente aparecieron en una web filial, TicketsNow, pero mucho más caras. Lo que antes costaba 95 dólares ahora costaba 700.

El blog musical americano por excelencia, Stereogum, no dudaba en titular, sin ningún miedo a perder a Ticketmaster como anunciante para siempre: "Ticketmaster siempre ha sido una mierda, pero por alguna razón alguna gente todavía se sorprende". Y hasta el propio Bruce Springsteen ha tenido que pedir disculpas personalmente por este caos.

Los usuarios pueden pensar en comprar entradas en otros puntos de venta cuando, ¡oh, sorpresa!, la noticia de que se fusionaban Ticketmaster y Live Nation, promotora de los conciertos de U2 y Madonna, entre otros muchos pesos pesados del pop-rock, aparecía en todos los medios.

El panorama es más desolador si comprobamos lo que pasa desde hace unos días cuando tecleamos ticktackticket.com en la barra de direcciones. ¡De repente estamos en ticketmaster.es! Tenía que pasar tarde o temprano, pero ya hay investigaciones abiertas sobre lo que tiene pinta de ser un monopolio en breve.

Nadie duda de que la industria del CD está muerta, y mientras las discográficas se las arreglan para reconducir los ingresos que daban los discos hacia los ingresos publicitarios que pueda reportar el streaming, Youtube y Spotify mediante, está claro que los directos son la gallina de los huevos de oro a explotar. Ayer se publicaba la lista de los cantantes y grupos que más dinero habían ingresado a lo largo de 2008 y ahí estaba Madonna saludando desde el número 1. ¿Pero Coldplay no habían vendido muchos más discos? Sí, amigos, pero aquí gana más el que llena más estadios.

Las millonadas que se manejan son importantes y las técnicas para conseguir cuatro duros más en cada concierto son agresivas (ahí están los precios de entradas que se manejan últimamente). Hasta nuevo aviso, el gran perjudicado será el usuario que, inocentemente, no tiene más remedio que soltar la pasta en plena crisis por la ilusión de ver a su grupo.

Auge de la ultraderecha y debacle del sionismo de izquierdas

ARITZ INTXUSTA/ALBERTO PRADILLA
Gara




Los resultados de las elecciones israelíes muestran por un lado el auge de la ultraderecha xenófoba del partido Israel Beitenu de Avigdor Lieberman, que se convierte en imprescindible para cualquier fórmula de Gobierno, y, paralelamente, el hundimiento del sionismo de izquierdas representado por laboristas y Meretz.

La ultraderecha es la verdadera vencedora política de las elecciones celebradas el martes en el Estado de Israel. La carrera electoral, convertida en un sprint dirigido a buscar el discurso más extremista, ha convertido a Avigdor Lieberman en el juez que determinará quién será el próximo primer ministro.

Con un empate técnico entre Tzpi Livni (Kadima) y Benjamín Netanyahu (Likud), el moldavo «que entiende árabe», como reza su xenófobo lema electoral, es el aliado favorito para los dos candidatos. Mientras que Livni defiende su derecho a liderar la formación de gobierno por ser la lista más votada, el segundo clama por un «gobierno nacionalista» que incluya a toda la liga antiárabe que se ha hecho fuerte en la Knesset.

La otra cara del auge ultraderechista es el hundimiento de la izquierda sionista, compuesta por laboristas y Meretz. Un movimiento que hace malabares entre su apoyo incondicional al Estado creado unilateralmente en 1948 y la contradicción que supone tratar de parecer su «cara amable». En este caso, ni siquiera los esfuerzos belicistas del todavía ministro de Defensa, Ehud Barak, han logrado evitar la caída del laborismo, que ha quedado relegado a cuarta formación y ha perdido toda su capacidad de influencia. En la misma línea, el Meretz ha sido incapaz de desmarcarse de forma contundente de la masacre de Gaza y, con la pérdida de la mitad de sus escaños, se encuentra en un pozo del que difícilmente podrá salir unido.

La posibilidad de la gran coalición. Lo que las urnas confirmaron el martes es la radicalización de una sociedad que tardará en conocer quién dirigirá el próximo Ejecutivo, pero que tiene la vista fija en la derecha. La noche de las elecciones, tanto Kadima como Likud proclamaron su victoria, aunque Livni, con 28 escaños, se impuso a Netanyahu en el duelo de candidatos. No obstante, el conservador, que obtuvo 27, podría recuperar terreno con el recuento del voto de 175.000 militares y es quien, a priori, cuenta con más posibilidades para liderar el Gobierno. «Existen dos opciones para el futuro Ejecutivo: una unión de derechas entre Likud, Israel Beitenu, Shas (ultraortodoxos sefardíes) con el apoyo de otro partido, o una gran coalición entre Likud, Kadima y Beitenu», explica Sergio Yahni, miembro del Alternative Information Center (AIC).

En realidad, nada cambia. Simon Tamir, experto en marketing de la Universidad Sappir y de tendencia laborista, da por seguro un gobierno entre los dos grandes partidos con el apoyo del ultra moldavo. «Kadima es un partido sin ideología, una formación que sólo puede sobrevivir en el Gobierno, por lo que no le queda otra opción que sumarse al Likud», asegura el analista, que apunta a la posibilidad de que Netanyahu tiente a los parlamentarios más derechistas de Kadima para que abandonen a Livni.

Esta posibilidad abriría la puerta a convertir en compañeros de cama a quienes hace 48 horas eran los dos principales rivales. Un ejemplo de un panorama electoral en el que, como ha insistido durante toda la campaña el columnista de «Haaretz» Gideon Levy, «las diferencias entre los partidos son sólo retóricas». Lo que ya se ha rechazado es la posibilidad de la rotación, dos años de gobierno para cada uno, una alternativa adoptada en 1984 entre Likud y laboristas pero que ha sido descartada por el partido de Netanyahu, que apela a la superioridad del bloque derechista para liderar el Gobierno.

El gobierno de los ultras. Este bloque, formado por aquellos que se niegan a negociar con los palestinos y abogan por mantener la ocupación sería la segunda opción. Likud, Beitenu y Shas necesitarían el apoyo de algún otro partido rabínico, como Unidad, Torah y Judaísmo, o deliberadamente racista, como Unidad Nacional, para llegar a los 61 escaños de la mayoría absoluta. «Tenemos la posibilidad de que el próximo gobierno esté compuesto por partidos fascistas». asegura Uri Abnery, antiguo militante del Irgún reconvertido en pacifista. «Eso sería un desastre, porque se cerrarían todas las puertas a una solución con los palestinos».

Netanyahu insiste en esta vía, que según Sergio Yahni podría generar un «mayor aislamiento» del Estado de Israel. No obstante, Lieberman, que es quien tiene la última palabra, mostró ayer sus preferencias por permitir que Livni tome la iniciativa para formar gobierno, aunque no descartaría entrar en un gobierno con el Shas, los ultraortodoxos que calificaron el apoyo al ultraderechista como «un voto a Satán».

La difícil compatibilidad entre izquierda y sionismo. Al margen de las negociaciones para un futuro gobierno, la izquierda sionista digiere su fracaso. Por un lado, los laboristas, para quienes las elecciones han supuesto un paso más en el camino que los ha llevado desde ser el principal partido del Gobierno en los años 70 a una fuerza irrelevante. Ni siquiera que su candidato, Ehud Barak, haya sido uno de los principales líderes de la matanza de Gaza ha evitado la fuga de votantes hacia Kadima. Poco queda (en influencia política, ya que los principios sionistas permanecen inamovibles) de una formación que fue liderada por el responsable de la Nakba palestina, David Ben Gurion, y que se aferra a los efectos de la crisis económica para reconducir el rumbo, según indicó la editorialista de «Haaretz», Avirama Golan, a la agencia France Press.

El caso del Meretz es todavía más dramático. Ha perdido la mitad de sus escaños, pasando de seis a tres, y a punto ha estado de no sobrepasar la barrera del 2% y quedarse fuera del parlamento. «Esto nos obliga a una reflexión seria«, señaló ayer el concejal de la formación en Jerusalén Meir Margalit, justo antes de una reunión en la que, según aseguró, «comenzaremos por pedir la dimisión de nuestro candidato, Chaim Oron».

Con un discurso más contundente, Uri Avnery responsabiliza de los malos resultados a intelectuales como el escritor Amos Oz: «Se ha posicionado a favor de una guerra inhumana e innecesaria, y los votantes les han castigado». El futuro del partido es incierto, aunque las posibilidades que se abren para el partido son una muestra de la falta de rumbo de la formación.

«Algunos abogan por acercarse a los laboristas, aunque yo no soy partidario, mientras que otros piensan en que debemos estrechar los lazos con Hadash (el Partido Comunista, donde concurren en la misma lista judíos y árabes). Está claro que nos hemos alejados de nuestros votantes y tendremos que plantearnos cuál es nuestro futuro», concluyó el edil.

La alternativa árabe. Quienes sí han logrado superar su anterior representatividad son los partidos árabes. Un total de once escaños que provienen, casi exclusivamente, de los votos procedentes del norte. En localidades como Nazaret o Umm al-Fahm, es como si las elecciones fuesen otras. Hadash, con cuatro escaños, la Lista Árabe Unida (UAL-Ta'al), con otros cuatro, y Balad, con tres, son las únicas opciones que barajan sus habitantes, que han sido el objetivo principal de los ataques de Lieberman. Aunque no cuentan para el resto de miembros de la Knesset, los resultados de los partidos árabes «muestran la posibilidad de crear una izquierda no sionista», destaca Sergio Yahni, que llama la atención sobre el «profundo cambio» surgido de los comicios. «Los partidos tradicionales, como laboristas o Meretz, han caído», asegura el miembro del AIC, que adelanta que podrían convocarse nuevas elecciones en un corto período de tiempo en el caso de que no se forme un gobierno estable.

El proceso de formación de Gobierno será largo. Pero no es un tiempo muerto. «Olmert podría aprovechar este mes para llegar a un acuerdo de alto el fuego en Gaza», avanza Simon Tamir, que considera que el futuro primer ministro vería con buenos ojos esta iniciativa. «Facilitaría las cosas al primer ministro». Un pacto que nacería con la incertidumbre de estar condicionado por los ultraderechistas.

Viaje a la memoria

El 13 de febrero llega a las pantallas La teta asustada, de Claudia LLosa, y el próximo 20 lo hará Vals con Bashir, de Ari Folam. Dos filmes que abordan conflictos muy distintos, el peruano y el israelí, desde la perspectiva de la memoria de quienes los sufrieron.


CARLOS REVIRIEGO
El Mundo



Un comienzo: sobre negro, canta una anciana. Perpetúa en la memoria de su hija el relato de cómo unos terroristas asesinaron a su marido y después la violaron. Fausta presenció la ignominia desde el vientre, y ha crecido como un ser frágil y atormentado, protagonista de La teta asustada. Un final: llantos en la matanza de Chatila. El director Ari Folman finaliza su terapia de regresión cuando la imagen animada corta al descarnado verité de los noticiarios. El documental de animación Vals con Bashir destapa entonces la forma real de los oscuros rincones de la memoria. Es el momento en que el agresor toma conciencia de la masacre.

Sea en Perú o en Israel, los desastres del terrorismo o de la guerra, dos realizadores de naturaleza bien distinta, Claudia Llosa y Ari Folman, coinciden en hundir el dedo en la llaga de una de los síndromes contemporáneos más espinosos: la memoria histórica. Folman viaja a los días de su servicio militar durante la guerra de Israel contra Líbano en 1982, y mediante entrevistas a viejos compañeros de regimiento el documentalista reconstruye las piezas de su memoria devastada, un viaje que se salda con la conciencia de su participación en las matanzas a civiles. La propuesta de Claudia Llosa, por su parte, toma precisamente las secuelas civiles que ha dejado a su paso otra clase de terror, el de Sendero Luminoso, para establecer una emulsión psicológica de su nación, una especie de polaroid capaz de mostrar las herencias generacionales más traumáticas. Desde la memoria personal saqueada, tanto Llosa como Folman terminan presentando los síntomas de un trauma colectivo.

¿Quién soy si mi memoria no es la mía o simplemente está borrada?, podrían preguntarse los torturados protagonistas de La teta asustada y Vals con Bashir. Si en el filme de Llosa, los recuerdos transmitidos por la madre son un insoportable lastre para Fausta (que interpreta Magaly Solier en un registro antagónico al de Madeinusa, estimable debut de la cineasta), los recuerdos que recupera Folman representan la conquista de una libertad personal más que de una imposible redención. No tan lejos en este sentido de El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher) o Gran Torino (Clint Eastwood), dos recientes y extraordinarios trabajos en torno a los estragos que ejerce el tiempo en la conciencia individual, los protagonistas de Folman y Llosa actúan de espejos reflectantes de la amnesia del mundo. El motor de todos ellos pasa por “la recuperación de la autoestima como parte básica para el proceso de curación”, según ha escrito Claudia Llosa.

El cine como terapia. Al principio de Vals con Bashir, un amigo de Ari Folman le cuenta un sueño recurrente que pondrá en marcha la memoria hasta entonces bloqueada de Folman. “El cine también es una terapia”, le dice el amigo. Entonces, Folman emprende (y filma) ese viaje sin retorno a los confines de su memoria bloqueada. Para sumergirse en el pasado, se rodea de un amigo psiquiatra y de una experta en tratamientos de estrés post-traumático. “La memoria nos lleva a donde necesitamos ir”, le dice el psiquiatra. Frente al rigor clínico de la ciencia psiquiátrica a la que se entrega el israelí, Llosa ancla las raíces argumentales de La teta asustada en la tradición oral del pueblo quechua. El título hace referencia a una enfermedad que, según la creencia popular, transmite a través de la leche materna el miedo y el sufrimiento que genera una experiencia traumática. Estos tormentos heredados generan en Fausta un mecanismo de defensa que procede de la ignorancia y el oscurantismo, y bajo cuyo convencimiento la joven peruana se introduce un tubérculo en la vagina para que nadie pueda entrar en ella. He ahí la (increíble) premisa, un desafío al espectador que pone realmente en peligro la verosimilitud de un relato que no siempre logra casar con convencimiento los registros costumbristas con las alegorías literarias.

“No veo mis recuerdos, es como si ya no viviera”, dice la madre de Fausta justo antes de morir. Arrojada a la intemperie de la soledad, Fausta debe seguir cantando para que la memoria transmitida no se seque. Se pueden arrastrar vejaciones y también pecados. Si en La teta asustada, la memoria es el conducto a través del que pervive un sufrimiento infértil y paralizante, en Vals con Bashir, Folman debe avivar la suya para aceptar sus crímenes de guerra. Ahora que las bombas israelíes vuelven a caer sobre civiles palestinos, el filme conviene en señalar con el dedo a los falangistas cristianos de Bashir Gemayel como máximos responsables de las masacres, si bien no limpia de sangre las manos del tsahal, el ejército israelí.

Psicología plástica. Hasta aquí los estragos de la memoria. Pero el cine es también, y sobre todo, cuestión de formas. La gran diferencia entre Vals con Bashir y La teta asustada la señalaron Godard y Pasolini hace décadas, cuando diagnosticaron que en el cine de Antonioni “el drama ya no es psicológico, sino plástico”. Ari Folman resume esta lección del cine moderno con un filme insurgente frente a géneros y formatos. Bajo la creatividad del director artístico David Polonsky, la plasticidad captura los conductos psicológicos del personaje, que se transforma en estética expresiva del drama. Con trazos marcados y colores antinaturales, Vals con Bashir lleva un paso más allá la representación de la guerra, su horror, su absurdo y su alucinación onírica, como si aquello que vemos nunca se hubiera experimentado. “La animación funciona como una frontera entre realidad y subconsciente”, ha dicho Folman, y ahí es precisamente donde coloca su película.

Diríamos entonces que mientras Claudia Llosa pone en escena su relato (entre el registro social y la introspección íntima), Ari Folman lo pone en forma. Los mecanismos literarios de los que depende Llosa son en el caso de Vals con Bashir verdaderos mecanismos cinemáticos. “Prefiero que me dibujes, no que me filmes”, dice uno de los entrevistados por Folman, y establece así el marco formal en cuyos márgenes conviene reproducir lo irreproducible. En este sentido, no hay que desestimar el carácter autobiográfico de la película. Es cierto que Persépolis (2008) ya había empleado la animación como camino de exorcismo autobiográfico pero no dejaba de ser la adaptación de un cómic. Por supuesto, el estrés postraumático de los veteranos de guerra no es ni mucho menos un motivo nuevo en el cine; como tampoco las crónicas bélicas en el cine israelí -desde la canónica Kippur (Gitai, 2000) hasta Beaufort (Cedar, 2007)-, pero con su búsqueda libre de exhibicionismo sentimental, confesión indulgente o falsa redención, Folman lleva aún más lejos todos estos frentes dramáticos.