"Hold time", M. Ward (2009)


KEPA ARBIZU
Lumpen




M. Ward cuenta con la fantástica, y poco habitual, caracterísita de ser admirado por un abanico muy amplio del consumidor musical. Desde los amantes del rock clásico hasta aquellos seguidores de sonidos más vanguardistas o modernos, tienen buenas palabras para él. Cosa nada extraña, por otra aprte, viendo su maravillosa carrera.

Son ya seis los discos editados por el compositor norteamericano. En sus inicios, “End of amnesia”, su sonido estaba basado en un country folk tocado de manera austera. El soporte principal, y casi único, eran la guitarra y su voz. Elemento este que pasa por ser una de sus principales cualidades, un tono susurrante, cálido, capaz de transmitir al oyente sensaciones muy fuertes. En “Transfiguration of Vincent”, su siguiente disco, empieza a dar pequeños pasitos añadiendo algunas sonoridades más complejas y adornando su, hasta ahora, estilo más desnudo. En esa dirección ha ido modulando progresivamente y sin grandes saltos abruptos, su personalidad musical.

En su anterior disco en solitario, "Post-war", sí ha habido un progreso cuantitativamente mayor respecto a los arreglos en su música. Ha añadido muchos más elementos, más instrumentación , llegando a utilizar sonidos muy eléctricos, poco dados hasta el momento , pero todo manteniendo siempre su marcada identidad y sin bajar para nada el nivel.

El año pasado se embarcó en el proyeco “She and him”junto a la actriz y cantante Zooey Deschanel. De título “Volume one”, da la sensación de que no se trata de algo esporádico sino que tendrá continuidad. El resultado en este caso está basado en el pop de los cincuenta y sesenta y en el sonido Motown, de hecho realizan versiones de los Beatles y de Smokey Robinson.

El recién editado “Hold time”, sigue básicamente los parámetros de su anterior trabajo individual, incrementando un poco más el gusto por la ornamentación y ampliando su espectro musical. Lo que sigue sin cambiar es la consideración de que estamos ante uno de los músicos jóvenes con más talento.

“Begginers”, canción que abre el disco, es un ritmo lento pero cadencioso que nos hace recordar las composiciones más pausadas de Harry Nilsson. “Never”, se mueve a ritmo de rock and roll espolvoreado de purpurina, donde homenajea a los héroes de dicho estilo, T Rex o Gary Glitter. Un divertimento que sin embargo no acaba de encajar en el ambiente del disco. “Hold time” desde sus inicios orquestados demuestra que es un tema grandioso, donde la música y su voz susurrante, forman un conjunto inseparable. También hay sitio para la “desacelerada” versión del clásico de Buddy Holly, “Rave on”. “To save me” es un tema con tintes pop con el sello de Phil Spector o los Beach Boys. La nota más clásica, hablando de estilos, se dan en “One hundred” y “Fisher man” perfectas construcciones con un poso country donde se ve la sombra de viejos maestros como Hank Williams o Townes Van Zandt. El momento más brillante, y trágico a la vez, es el dúo con Lucinda Williams, dos estilos de voz totalmente opuestas que crean una perfecta sintonía. “Epistomlogy” es un rock melancólico donde se ve el dominio que tiene el músico de todos los estilos.

Cierra el disco un instrumental, que suena como una actualización de John Fahey (al que ya dedicó un homenaje), que es el perfecto colofón para explicar el amplio concepto musical que posee M Ward. Aparte de su técnica, consigue a través de las canciones crear unos sugerentes ambientes repletos de sentimientos.

Madeleine Peyroux, las desventajas de hacerte famosa gracias al jazz


SEBAS ALONSO
Soitu




Describe a sus padres como "hippies" —quienes parecen haber sido una clara influencia en sus sombreros—, cantó en las calles incluso después de publicar su primer álbum, se metió en una batalla legal interminable con uno de sus principales músicos, al parecer algo más que un amigo... y ahora publica nuevo álbum, 'Bare Bones', que ya puede escucharse en su web.

Si para un cantante indie es un problema salir anunciado en la tele porque sus fans le dirán que se ha vendido, y si es perjudicial que le comparen con la Velvet o Beach Boys porque el listón es demasiado alto, ¿qué significa para un cantante de jazz, siempre más cercano a los terrenos de la música culta, salir en un anuncio de vaqueros o que le comparen con Billie Holiday?

Es un marrón importante que Madeleine Peyroux ha ido sorteando, vendiendo millones de copias al tiempo que ganaba algún que otro premio a la mejor artista de jazz internacional, como el de la BBC de 2007. Una crítica de Allmusic, que puntuaba 'Half The Perfect World', su cuarto y hasta ahora último álbum, con tres estrellas y media, se preguntaba cuándo Madeleine se iba a abrir completamente en sus canciones. Esta era sin duda su cuenta pendiente.

Peyroux siempre ha guardado con recelo su intimidad y rara vez ha hablado sobre su vida privada. Cuando la denunció William Galison, el músico con el que giró y llegó a grabar el EP 'Got You On My Mind' en 2002, después reconvertido en disco largo, debió de pasarlo muy mal. En realidad, se denunciaron mutuamente varias veces y con distintas versiones de los hechos. Él dijo que eran pareja artística y profesional y que le abandonó sin explicaciones, ella le reclamó dinero por las ventas de ese EP, él dijo que con el dinero invertido en abogados y pleitos para poder publicarlo, no había ganado nada. Pero el escándalo, nunca resuelto al 100%, aunque el disco está a la venta, queda lejos, y es el momento definitivo de que ella pierda el miedo a desnudarse de verdad delante del público.

'Bare Bones', que sale a la venta el 10 de marzo, es el primer disco de Madeleine Peyroux en el que ha participado en todas las composiciones. Hasta ahora sólo había co-escrito tan pocas canciones que pueden contarse con los dedos de una mano, y se había centrado sobre todo en interpretar versiones. Elliott Smith, Bob Dylan o Leonard Cohen son algunos de los artistas con los que se ha atrevido.

Ahora que sólo ha interpretado temas propios, Madeleine dice que, aparte del reto de escribir, ha tenido que enfrentarse con el de transmitir exactamente lo que quería. Cita a la budista Pema Chödrön para justificar el título del disco, que hace referencia a "la esencia" de las cosas, a ese "algo" que merece la pena de lo que pierdes, en el caso de Peyroux, su padre, que falleció hace unos años.

Para conseguir las canciones adecuadas, tanto ella como su inseparable Larry Klein han sudado tinta. Meses, prácticamente años, dándole vueltas a la música y a las letras, para terminar grabando todo rápidamente, aunque sin prisa, en tan sólo una semana. Algunos temas, como 'Homeless Happiness', en sólo dos tomas; el resto, como mucho, en sólo cuatro o cinco.

Probablemente ella y Larry querían buscar un sonido poco recargado y natural que acentuase la voz y los sentimientos de Madeleine. Ella, como intérprete, está muy lejos del desgarro y la improvisación de Sharon Jones o de los coqueteos de Amy Winehouse con el jazz en su primer álbum 'Frank', nunca exentos de rebeldía y suciedad. La música de Madeleine es más complaciente para toda la familia, pero no por ello está alejada, efectivamente, de Billie Holiday o Ella Fitzgerald, y su tono termina resultando maravilloso.

Los días en que su padre mudó a toda la familia a Brooklyn para que él pudiera convertirse en actor, o que su madre, ya divorciada, la llevó a vivir a París, han marcado decisivamente su personalidad y voz. Como también su empeño en tocar con músicos callejeros en Francia o las giras con Cesária Évora. Madeleine cuenta con la dosis justa de trasfondo bohemio para ganar credibilidad en el mundillo.

Activistas con objetivos... y cámaras


OLMO CALVO
Periódico Diagonal




“Pensamos en la fotografía como un medio de acción, de protesta”, afirma el colectivo fotográfico madrileño Quieres Callarte. Este colectivo, junto a FotogrAcción (Madrid), Ekinklik (Iruñea, Pamplona), Arriba las que Luchan (Tenerife) y La Plataforma (Madrid) se han convertido, en los últimos años, en una referencia de la documentación gráfica de los movimientos sociales del Estado español.

Manifestaciones, acciones, protestas son fotografiadas por sus componentes para después publicar las imágenes en sus páginas web bajo licencia creative commons. Multitud de medios de información no comerciales publican sus imágenes, en internet y en papel. Sus objetivos coinciden. “Pretendemos tener una filosofía de denuncia y activismo político y creemos que la fotografía puede ser un altavoz de las movilizaciones sociales”, comentan desde Ekinklik. Mientras, los componentes de FotogrAcción afirman: “Nuestro objetivo se ‘limita’ a informar desde la implicación participativa y militante de aquellos movimientos sociales, redes, eventos culturales, activistas que sean afines a nuestros intereses y/o de los que formamos parte, realizando un activismo de denuncia para lograr el cambio social deseable, siempre usando la fotografía como herramienta”.

Y es que fotógrafo no es sólo el que recibe una retribución económica por su trabajo, sino que es todo aquel que hace fotografías habitualmente. Puede ser por una motivación personal, económica, política... o por varias motivaciones a la vez. Desde Quieres Callarte explican: “Uno puede ser activista sin ser fotógrafo, sin embargo, en nuestra practica de la fotografía, no concebimos ser fotógrafos sin ser activistas. Somos activistas con objetivos... y cámaras”. Algo que comparten estos cinco colectivos. Al igual que la licencia con la que difunden sus imágenes. Los miembros de Ekinklik resumen su postura: “Es un pilar fundamental desde el nacimiento del colectivo. Creemos que cuando más se distribuya libremente y utilice la imagen, más repercusión tiene lo que se quiere contar”. “En todo caso”, continúan, “de ser alguien dueño o dueña de las imágenes, éstas serían las personas que han realizado la acción o movilización que se retrata. Y teniendo en cuenta que uno de los objetivos de Ekinklik es que los colectivos utilicen las imágenes para seguir peleando en sus distintos campos, ha sido imprescindible que nuestras fotografías se publiquen con licencias creative commons. En este sentido, además, nuestra web está realizada íntegramente con herramientas de software libre, así que el uso de este tipo de licencia para las imágenes es nuestra forma de nutrir un espacio del que también nos hemos alimentado”.

Gracias a este tipo de iniciativas es posible crear una red de información gráfica paralela a las grandes agencias como EFE, AFP, Reuters, etc. y que los medios de información no comerciales puedan acceder a fotografías de actualidad y calidad con las que completar sus páginas web o periódicos impresos. De otra forma sería imposible. Según los integrantes de Quieres Callarte, las grandes agencias “son empresas al servicio del capital, lo que desde nuestro punto de vista es normal dentro del sistema en el que vivimos, pero está en las antípodas de nuestros planteamientos. Esto no quiere decir que valoremos o no el trabajo de algunos de sus reporteros, como trabajadores y como fotógrafos… pero la empresa es la empresa, y su beneficio el motor de su actividad”.

Algo muy peligroso que puede llevar a “ generar una uniformidad de la información que se ‘emite’ y, por lo tanto, que se ‘consume’, provocada no tanto por la demanda existente, sino por la unidireccionalidad de la oferta” convirtiendo “la información en una mercancía más”, concluyen desde FotogrAcción.

Café y croissant para cortejar a los embajadores del malestar social

El dossier social, cada día que pasa más abultado, lleva camino de convertirse en el Talón de Aquiles del Gobierno francés. El malestar se instala y el Elíseo trata de apagar con anuncios sorpresa y cumbres el incendio en las Antillas, por temor a que el humo alcance al Hexágono

MAITE URIBIA
Gara




La agenda de Nicolas Sarkozy rebosa de compromisos de diálogo, aunque los prolegómenos de las dos citas principales de la semana no sean precisamente prometedores. La intersindical, que logró encajar un golpe considerable al Gobierno conservador con la movilización del 29 de enero, será recibida hoy en el Elíseo.

Ya al inicio de la legislatura, el presidente francés abrió las puertas del despacho tanto a los portavoces de los sindicatos como a los líderes de la patronal.

De este modo, Sarkozy fijó en su álbum político dos imágenes con las que proyectar a la ciudadanía la idea de que su presidente no ejercería de comparsa, sino que marcaría los ritmos en la transformación de un país que en las últimas décadas ha perdido peso en el ámbito internacional y que en el flanco interno paga los efectos de un envejecimiento evidente de su sistema político-institucional.

Mucho ha cambiado desde aquel apretón de manos del 14 de mayo de 2007 -en vísperas de que Sarkozy jurara su cargo como presidente-. En aquella primera «cumbre social», patronos y sindicatos conocieron de primera mano los planes reformistas del sucesor de Chirac.

Desde entonces, éste se ha librado a una carrera de reformas de la que no han salido indemnes ni siquiera los sindicatos. El líder conservador les ganó de mano las primeras batallas: sembró eficazmente la semilla de la discordia al combatir logros históricos de los trabajadores con el discurso de que esos derechos están desfasados y son hoy «privilegios insoportables».

De esto modo, borró los estatus especiales, elevó la barrera de la jubilación y emprendió reformas -léase recortes- en la seguridad social, la asistencia médica o las ayudas familiares.

Sarkozy ha podido sacar adelante ese primer paquete antisocial sin sufrir mayor desgaste. Es cierto que los sindicatos han calentado la calle de vez en cuando («otoño caliente» de 2007), pero el Elíseo ha digerido sin dificultad unas movilizaciones discontinuas y más bien limitadas a los sectores afectados.

Los problemas para Sarkozy han llegado más tarde, de la mano de una crisis financiera mundial que ha situado al país en enero de 2009 en un escenario de recesión en el que se agudizan las contradicciones sociales (las previsiones hablan de más de 300.000 nuevos inscritos en las oficinas de desempleo este año) y se instala la duda sobre la pericia del equipo de Sarkozy para «arreglar las cosas».

La visión de la mayoría social hacia Sarkozy se ha transformado a la misma velocidad con que la crisis y las reformas se han aliado para perturbar la economía doméstica y, sobre todo, las expectativas de futuro de las clases medias que dieron la Presidencia al líder derechista.

Según el último sondeo publicado por «Le Parisien», un 60% de los franceses quieren que su presidente module su política en función de las principales demandas de los sindicatos. Nada que ver con las encuestas que secundaban hasta hace bien poco su firmeza al mantener el calendario de las reformas.

En este sentido, es sintomática la evolución en las movilizaciones del sector educativo. Las imágenes de estudiantes en pie de guerra contra las reformas Darcos y Pecresse han dado paso a acciones conjuntas a las que primero se sumaron los profesores de los liceos -temerosos de engrosar la lista de esos 13.000 puestos que se suprimirán en la Educación Nacional- y ahora mismo reúnen también al personal docente de universidades e institutos técnicos, con presencia destacada para los profesores-investigadores.

El perfil amplio de esta ola de malestar ha animado a los sindicatos a dar la batalla. El 29 de enero, entre uno y dos millones y medio de franceses secundaron la jornada de movilización unitaria. En su intervención del 5 de febrero, Sarkozy anunciaba en prime time la cumbre social que se celebra hoy al tiempo que aireaba una partida de 1.400 millones para inversión social..... cheque dudoso a rellenar con los intereses que espera recuperar el Estado de los préstamos otorgados a los bancos.

La patronal Medef ya ha adelantado que la subida de los salarios está fuera de su agenda, lo que situará a los sindicatos en la disyuntiva de aceptar las medidas menores ya adelantadas por Sarkozy como un primer paso, o bien rechazarlas como un parche insuficiente. Sarkozy se daría por satisfecho si lograra dividir en una sola cita a sus inter- locutores tras esos dos posibles argumentos, de cara a desgastar la segunda convocatoria movilizadora que la intersindical anuncia para marzo.

Mientras, trece organizaciones de izquierda han preferido bajar a la calle en vísperas de la cita en el Elíseo para apoyar desde París la lucha de los trabajadores que desde hace un mes desarrollan huelgas, bloqueos y marchas masivas en las Antillas.

La situación en los «territorios de Ultramar», en particular en Guadalupe, se ha deteriorado fuertemente en las últimas horas.

Ante el desinterés general de los medios franceses y también, digámoslo, de buena parte de la izquierda intelectual del Hexágono, las autoridades coloniales se han cerrado durante semanas a la reclamación de bajada de precios y de aumento de sueldos. Y las cargas policiales suplen hoy con violencia creciente las lagunas de la política.

"Star", semilla de contracultura


EDUARDO TÉBAR
Sonicwave magazine



Su nombre le sonará muy poco a la mayoría de los consumidores de revistas especializadas en música y tendencias culturales, pero en junio de 1974, cuando este país padecía un trágico retroceso con respecto al mundo civilizado, Star se convirtió en el germen de la nueva modernidad europea y sentó las bases como publicación pionera en España en contenidos musicales y artísticos al margen del pensamiento único. Al mismo tiempo, Oz y Actuel desarrollaban quimeras similares en Inglaterra y Francia. Aunque los delirios libertarios del proyecto editorial con sede en Barcelona chirriaron más aquí. El director de Star, Juan José Fernández, tuvo que afrontar continuas represalias por ser una china en el zapato de la pedagogía ‘oficial’: abundaron los secuestros, multas, juicios, suspensiones y amenazas durante seis años de andadura.

El libro ‘Star. La contracultura de los 70’ (Glénat) recuerda aquel periodo. Sin nostalgia. Con la simpática tranquilidad del que contempla una fotografía de la niñez. Veintiocho años después, nadie se escandaliza por un cómic de historietas sobre sadomasoquismo. Tampoco por ‘Las confesiones de un comedor de opio inglés’ (Thomas De Quincey) o por las ‘Memorias de un pornógrafo tímido’ (Kenneth Patchen). Estos títulos –igual que ‘Derrama whisky sobre tu amigo muerto’ (Raúl Núñez), ‘Tratado sobre la tolerancia’ (Voltaire) o los populares ‘Señores y nuevas criaturas’ (Jim Morrison), ‘Tarántula’ (Bob Dylan), ‘En la carretera’ (Jack Kerouac) o ‘Ubu Rey’ (Alfred Jarry)– solían acompañar a la revista. Eran los llamados Star-Books. Literatura ácida importada de la generación beat estadounidense unida a las vanguardias del viejo continente, con espacio para los efervescentes creadores nacionales. Un aura de progresía incipiente rodeaba a Star, que reflejaba la transformación del país.

Juan José Fernández pertenecía a la estirpe de editores de Ferma. Su posición le permitió viajar y otear la realidad exterior. Publicar una revista contracultural era una odisea, una locura de veinteañeros idealistas que atrapó a un promedio de 100.000 lectores en cada número. Se trataba de un auténtico gueto de ideas frescas. Desde las portadas, verdaderas obras de arte en las que desbordaban su imaginación Alberto García Alix, Ceesepe, Ouka Leele o ‘El Hortelano’. Es decir, pintores, ilustradores y fotógrafos hoy consagradísimos. Igual que su equipo de periodistas y escritores; redactores en fase de arranque que ahora mismo sustentan la prensa musical española. Ahí despuntaban el eterno Diego A. Manrique –ojo, Diego ‘Fuzztone’ por entonces– o capos de Ruta 66 como Ignacio Juliá, Jaime Gonzalo y Oriol Llopis.

Vista atrás

Todos ellos estrujan el recuerdo en estas páginas. Algunos con cierto sonrojo, aunque, en general, satisfechos por formar parte de una generación hambrienta por el cambio. Los libros prohibidos, los conciertos clandestinos y los bastiones universitarios escenificaron un periodo decisivo. Y Star catalizó con descaro aquel tiempo. Mucha responsabilidad para un simple tocho de papel coloreado. Hojas llenas de veneno para una sociedad de educación rancia. En ese sentido, la temática era diversa: textos con empatía hacia el punk emergente, cine de serie ‘b’, comics para adultos (los primeros por estos lares), reflexiones sobre la modernidad, exposiciones, ecología, sustancias narcóticas, itinerarios alcohólicos de Barcelona…

En este ejercicio de memoria, donde se expone una amplia retrospectiva visual, también se ventilan curiosidades. Porque habrá quien se sorprenda al tropezar con las firmas ‘progres’ de los jóvenes Ramón de España, Ignacio Vidal-Folch, Isabel Coixet o Karmele Marchante –sí, han leído bien–. Así como Pau Malvido –Pau Maragall, en realidad–; el hermano menor del célebre político catalán, fallecido por efectos de las drogas, circuló entre los primeros articulistas de rock de la península (Anagrama publicó en 2006 ‘Nosotros los malditos’, una deliciosa antología de sus escritos).

Superada la resaca, unos se fueron, otros se aburguesaron y los que menos siguen por ahí, casi igual de indómitos. Explica Juan José Fernández que “en una época en la que el conformismo cultural es la norma, Star debería ser un referente para la gente con inquietudes, tendría que impulsarles a buscar la ruptura de la omnipresente fuerza del ‘consumo, luego existo”. Por desgracia, la memoria no es nuestro fuerte.