La justicia empieza a asumir el verde


Grandes proyectos de obra son paralizados por su impacto ambiental - La Administración descubre la dureza de las leyes - Los ecologistas batallan con profesionalidad en los tribunales


RAFAEL MÉNDEZ
El País



Los jueces están perdiendo el miedo a paralizar grandes obras, a menudo públicas, para salvar un árbol o un animal protegido. Hay casos extremos, como el que protagonizó el miércoles el Tribunal Superior de Justicia de Canarias al suspender de forma indefinida las obras del puerto de Granadilla (en Tenerife, más de 300 millones de inversión prevista) para preservar una alga protegida.

Pero hay muchos más. El oso pardo paró la estación de esquí de San Glorio; el hotel del Algarrobico es ilegal y el juez considera que la Junta manipuló los planos de un parque natural para permitirlo; uno de los mayores proyectos eólicos fue anulado por estar en zona de urogallo; la cigüeña negra impidió la urbanización en Las Navas del Marqués, y un ex consejero de Murcia fue detenido el miércoles por la recalificación de una zona con águila perdicera y tortuga mora. David vence cada vez más a Goliat.

El fiscal coordinador de Medio Ambiente y Urbanismo, Antonio Vercher, considera que algo se mueve: "Claro que hay un cambio. Teníamos las leyes y ahora cada vez más tenemos las sentencias". En 2006, las fiscalías de Medio Ambiente y Urbanismo lograron 295 condenas; en 2007 la cifra fue de 407 y la cifra siguió previsiblemente subiendo en 2008. Jaime Doreste, coordinador del área legal de Ecologistas en Acción, coincide: "Antes salíamos a hombros si ganábamos un pleito, ahora nos toman más en serio y ya no es tan raro".

Hay varios factores que explican este cambio de tendencia. Y el caso canario reúne varios de ellos. El tribunal estimó la petición de los ecologistas de Ben Magec, que denunciaron que la Consejería de Medio Ambiente vulneró su propio decreto al descatalogar una pradera submarina frente el puerto. Dicho decreto, de 2001, exige razones científicas para descatalogar cualquier especie protegida. Pero la desprotección se hizo sólo para poder construir el puerto de contenedores, con el que Canarias quería convertirse en puente entre Europa, África y América.

El caso es el típico en el que una Administración se pilla los dedos con su propia ley. Alguien en Medio Ambiente elabora una norma estricta y nadie prevé las consecuencias. Puede que incluso la declaración del espacio protegido le sirva a esa misma Administración para ponerse medallas sobre su apuesta por el medio ambiente. Años después esa norma es incompatible con algún proyecto de la comunidad.

El catedrático de Derecho Administrativo de León Carlos González Antón explica que es un caso frecuente: "Se declaran Zonas de Protección para las Aves y Lugares de Interés Comunitario y creen que eso sólo sirve para ponerlo en un mapa. Se enorgullecen de la cantidad de espacios protegidos que tienen y luego intentan saltárselo". La Junta de Castilla y León ha copiado una estrategia que ya siguieron Murcia o Baleares y ha comenzado a aprobar por ley sus grandes proyectos. Así consigue que sólo el Constitucional los pueda anular.

La alegría de los ecologistas con el auto que paraliza Granadilla es total, entre otras cosas porque no les han pedido fianza. La Autoridad Portuaria (Canarias y Gobierno central) pidió que los ecologistas avalasen su petición con 31,873 millones de euros por los daños que podía causar la paralización. El tribunal admite que al parar la obra -que ya estaba en marcha- puede ocasionar graves perjuicios, pero que ese daño "no puede prevalecer sobre el riesgo de daños al medio ambiente".

Doreste es coordinador del área legal de Ecologistas en Acción en la que colaboran unos 50 abogados. Consiguió una sentencia en la que se declaraba ilegal la duplicación de una carretera de la Comunidad de Madrid por hacerse sin declaración de impacto ambiental. Pero cuando llegó el fallo ya era tarde. La Justicia había exigido a Ecologistas en Acción una fianza de 497.367 euros que no pudieron reunir y Madrid construyó la carretera.

Los ecologistas actúan de forma cada vez más profesional y ganan más casos. "En mi clase hace años simulaba un pleito en el que defendía el impacto de una obra sobre el milano real. Llevaba allí a un juez de verdad y un día se empezó a reír. Hoy ya no pasaría", resume González Antón.

En junio pasado, la Sociedad Española de Ornitología recurrió un parque eólico en una zona protegida de urogallos en León. Presentó informes técnicos en los que se suele incluir los censos de la especie y los nidos localizados por GPS. El juez accedió a paralizar las obras. "La urgencia requerida parece de una claridad meridiana", señaló sobre el perjuicio a esta especie en peligro.

Doreste señala que en los últimos años han conseguido la implicación de universidades e investigadores. "En teoría estaban por la conservación, pero en la práctica se mojaban poco. Ahora cada vez apoyan más los recursos ecologistas".

Así ocurrió en el caso del alga de Granadilla, la seba, por la que científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas CSIC han pedido al Ministerio de Fomento que paralice la obra. El auto del tribunal canario que deja en suspenso la obra admite que las dos partes -ecologistas y Administración- presentaron "sólidos argumentos".

En el recurso contra la estación de esquí de San Glorio (en la Cordillera Cantábrica, en una zona en la que vive una de las dos únicas poblaciones de oso pardo autóctono) los ecologistas incluyeron informes de la Universidad de León o del CSIC.

El tribunal les dio crédito y, en abril pasado, admitió que, como señalan los informes científicos, "es muy dudosa la viabilidad económica" de la estación "por el cambio climático". De nuevo, el tribunal consideró que la Junta de Castilla y León había aprobado la estación en contra de su propia normativa.

Muchos de los abogados de los ecologistas trabajan en su despacho de día y sacan tiempo para llevar gratis asuntos de medio ambiente. Algunos salen al campo por afición y quieren preservar los lugares que aman. Es el caso de Mario Gómez, un letrado que ha llevado el caso del refugio de cigüeñas de Las Navas del Marqués (Ávila). El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León anuló la urbanización, entre otras cosas, porque invadía una zona de cría de la cigüeña negra, una especie en peligro de extinción.

Gómez, que representa a la asociación Centaurea, participa en el proceso penal para ver si hubo prevaricación en la aprobación de los 1.600 chalés y los hoteles y el campo de golf a costa de talar 34.500 pinos maduros. En el procedimiento está imputado el ex director general de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León, Mariano Torre, entre otros altos cargos, y, lo más relevante, 14 técnicos que en algún momento avalaron con su firma el proyecto. Alguno de ellos lo hizo contradiciendo sus informes previos. En la investigación de la recalificación de La Zerrichera (Murcia), un paraje de 253 hectáreas, en parte protegido, hay imputados dos cargos intermedios que colaboraron en la autorización de 4.000 viviendas, un hotel de lujo y un campo de golf. José María Ródenas, subdirector de Vivienda y Urbanismo, firmó en junio de 2005 contra la recalificación pero meses más tarde la apoyó. El último imputado en la causa (hay diez cargos en ella) fue el ex consejero de Medio Ambiente y ex delegado del Gobierno del PP en Murcia, Francisco Marqués.

En Palencia, un tribunal investiga la manipulación de un informe de la Universidad de Valladolid para construir dos presas de riego. Los informes originales, encargados por la empresa pública Tragsatec, alertaban de que tendrían impacto en el ecosistema pero los que aparecieron en el expediente, pese a ser idénticos, ofrecían conclusiones distintas.

La Asociación Ríos con Vida lo denunció al juzgado y el pasado 12 de febrero uno de los autores del informe declaró ante el juez que, en efecto, su estudio ofrecía conclusiones distintas sobre el "efecto barrera para la emigración de las truchas". En el original ponía que el impacto sería "severo y permanente". En el que selló la Junta de Castilla y León y que sirvió para autorizar las presas figura como moderado.

A raíz del caso de Las Navas del Marqués, algunos funcionarios se cuidan a la hora de firmar determinados dictámenes. "Ya no aprobamos nada en lo que haya dudas. Todo el mundo lleva mucho cuidado", explica un miembro de la comisión de prevención ambiental de Ávila.

En la planta submarina canaria, los técnicos de Medio Ambiente José Martín Esquivel y Leopoldo Moro Abad no avalaron la decisión de sus superiores de desproteger el sebadal frente al puerto. Ellos defendieron que hacerlo no obedecía a "razones biológicas ni de conservación de la especie". Su informe ha sido clave en la paralización de la obra.

Esto demuestra que los técnicos empiezan a comparecer ante la justicia por sus dictámenes y, por otra parte, que la Administración a menudo consideró estos temas como obstáculos menores, en los que bastaba con alterar un plano o emitir un dictamen para eludir la normativa ambiental.

El hotel del Algarrobico, en Carboneras (Almería) era legal a los ojos de la Junta de Andalucía del PSOE. Y lo era pese a estar en un terreno protegido en un parque natural y a sólo 20 metros del mar. Que estaba en el parque natural, el del Cabo de Gata, se veía al pasar por allí, ya que una señal lo explicaba. Y así constaba en el Boletín Oficial que delimitó los usos del parque.

Sin embargo, la Junta sostuvo durante años que el terreno era urbanizable. El 11 de marzo de 2008, en un escrito al juzgado, el jefe de gabinete de planificación de la Junta, Antonio Garzás, explicó que la calificación como zona no urbanizable originalmente fue "un error" y que lo rectificaron "por vía de hecho", cambiando los planos pero sin publicarlo en ningún boletín oficial. El juez que ilegalizó el hotel consideró que esa "burda maniobra" dio "apariencia de legalidad a lo que es manifiestamente ilegal". La fiscalía se ha visto obligada a investigar la modificación de los planos después de archivar una denuncia similar.

Los casos son tan flagrantes que demuestran la impunidad con la que durante años se ha retorcido la legislación ambiental. El presunto cabecilla de la trama corrupta que ha investigado el juez Baltasar Garzón, Francisco Correa, declara en una de las grabaciones aportadas al sumario, al hablar de un plan urbanístico: "Hay un tema medioambiental que lo desbloqueo yo". Esa frase resume el sentir de muchos de los promotores, que siempre prefirieron los enclaves protegidos.

Fernando Jiménez, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Murcia y experto en corrupción, afirma que es pronto para ser rotundo, pero que comienza a percibir "cierto hartazgo profesional" contra estas prácticas.

Por eso Gómez, el abogado de Las Navas del Marqués, reduce el optimismo: "Tenemos leyes de medio ambiente muy estrictas y amplias. La inmensa mayoría son directivas europeas, que a veces son muy avanzadas. Los jueces han tardado años en aplicarlas y ahora que empiezan a hacerlo a veces chirría al encontrarse con una sociedad que no siempre está en esa sintonía".

Además, sobre muchos de estos proyectos paralizados por el impacto ambiental, sobrevuela la sombra de una corrupción más profunda: "A veces sólo llegamos a ver el fallo en el trámite ambiental, que ha dejado rastro, pero te queda un halo de sospecha, debido al dinero que se mueve en estas obras", resume Gómez.

La Reina visitó el paraje protegido de Las Médulas, en León. Allí contempló con sorpresa cómo una enorme cantera destacaba el paisaje. Era el 16 de septiembre de 1999. "Los romanos hicieron estas canteras [el paraje es resultado de las explotaciones de oro romanas] y estas son las que hacemos ahora", le explicó, azorado, un funcionario que la acompañaba en la visita. La cantera es propiedad de la empresa Catisa, y el pasado 27 de febrero, el juzgado aceptó la petición de la fiscalía de paralizar cautelarmente la obra por su impacto sobre el medio ambiente. Han pasado casi 10 años de la visita de la Reina y la empresa sigue funcionando pese al veto judicial. Igual que la empresa de Huelva Fertiberia sigue activa pese a tener una orden de Costas que insta a su paralización.

La siguiente asignatura de estos abogados es hacer cumplir las sentencias en toda su dureza, ya que la ejecución se puede demorar durante años. El Ministerio de Medio Ambiente ha desistido de la expropiación del Algarrobico con el argumento de que el abogado del Estado así se lo aconsejó en noviembre pasado. Sin embargo, el ministerio contestó al diputado de ICV, Joan Herrera, el pasado 2 de febrero que la expropiación "se seguía tramitando". Declarar ilegal las obras ha sido un paso complicado; tirarlas será uno de gigante.


Claves del cambio

- Las estrictas directivas europeas sobre el medio ambiente comienzan a calar en la judicatura años después de estar en vigor.

- Muchas administraciones aprobaron normas ambientales muy duras que luego no aplican.

- La creación de una fiscalía especializada en Medio Ambiente, en 2005, dinamizó la actividad en los juzgados.

- Los ecologistas se profesionalizan y llegan a los tribunales con completos informes técnicos sobre el impacto ambiental.

- La universidad y los científicos comienzan a apoyar los recursos de las organizaciones ambientalistas, con lo que ganan credibilidad.

- El proceso de Las Navas del Marqués, en el que declararon como imputados 14 técnicos, hizo que muchos funcionarios empezaran a extremar el rigor en sus informes.

- Con frecuencia, la Administración consideró los trámites ambientales como algo superfluo y los eludió de forma burda, lo que ha permitido la proliferación de sentencias contrarias.

- En muchos casos la causa ambiental es la única forma de parar un proyecto sobre el que sobrevuela la sospecha de la corrupción.

- Los tribunales son cada vez más proclives a frenar obras de forma cautelar, sin esperar al procedimiento.

¿Cuántos 'fans' necesitas para grabar un disco?


Al igual que la campaña de Obama, pequeños accionistas online han financiado el próximo álbum de Patrick Wolf. El sistema se llama crowdsourcing y ya ha llegado a España. Por unos diez euros puedes ser productor de un artista, llevarte su disco gratis y, encima, ganar dinero.


PATRICIA GOSÁLVEZ
El País

1993: En la Universidad, Xavier León pide a todos sus colegas mil pelas y una foto de carné. Con el dinero produce el primer (y único) disco de Poble Sex; con las fotos hace un mosaico para la portada. Quince años después, una caja entera con copias de aquel álbum sujeta una mesa coja en el despacho donde toma copas con sus amigos (todos con una carrera como músicos, managers, promotores de conciertos y disqueros). Alguien agarra el viejo disco. ¿Te imaginas esto con Internet?. Dicho y hecho, su sitio web www.auamusic.com acaba de financiar tres álbumes gracias a 150.000 dólares aportados por pequeños accionistas.

2009: La invitación al exclusivo concierto de la estrella del indie británico Patrick Wolf firmada personalmente por el músico con un mucho amor y eterna gratitud por vuestra fe en mi obra llega a la bandeja de entrada de sus múltiples productores. No son magnates de una multi, sino gente que ha invertido algunas libras en www.bandstocks.com para que el artista londinense produzca Battle, su cuarto álbum. Juntos conquistaremos el mundo y demostraremos que la independencia y la autosuficiencia son dos maneras de salir del desastre en el que ha caído la industria, explica el cantante en la página web.

Auamusic.com, en España, y Bandstocks.com, en Reino Unido, ofrecen un sistema financiero cuyo término oficial, acuñado por la revista Wired, es crowd sourcing, de crowd, multitud, y outsourcing, externalización. Funciona así: la banda cuelga algunas canciones y pone a la venta 5.000 acciones de 10 dólares para financiar su próximo disco (las cifras son de Auamusic, pero varían poco de una empresa a otra). Cuando la gente empieza a comprarlas, el dinero va a un fondo de garantía que los gestores no pueden tocar (lo que se llevan es un 10% de cada aportación). El inversor puede cambiar su dinero de artista o retirarlo en cualquier momento (si lo hace, sólo perdería ese dólar de comisión). Una vez se alcanza el objetivo de 50.000 dólares, se graba el disco, se editan 5.000 copias (una por acción) y se envían a los padrinos. A partir de ahí, los beneficios de la siguiente tirada se reparten entre el artista (60%) y los inversores (40%, del cual un 15% va para el gestor).

Todos ganan. El artista saca un disco cuya tirada inicial ya está vendida y obtiene un contrato con mejores términos que en el mercado convencional. El fan consigue su CD y si hay beneficios, se lleva parte del pastel. A los propios implicados les sorprende que funcione. Nunca pensamos que íbamos a conseguir grabar el primer disco 2.0 español, y menos aún que íbamos a vender 5.000 copias anticipadas, dice Juanma Fabregat, líder de Gremio DC, el primer grupo editado por Auamusic. Fíjate si nos pilló de sorpresa que no le comenté nada a mi grupo hasta que llevábamos 7.000 dólares, y su primera reacción fue: ?Juanma, ¿no eres ya mayor para creerte estas cosas?. Parece broma, pero Sellaband.com, una de las páginas web más antiguas (dos años y medio), ya ha editado 18 discos y reunido más de dos millones de dólares. Si el sistema cuaja, puede incluso convertirse en un negocio para el inversor. Ahora, las inversiones son emocionales, explica León, pero cuando uno de estos grupos dé un pelotazo o un artista conocido se anime a hacerlo, podría haber inversiones financieras que busquen rentabilidad.

Si sientes que tu sello te está convirtiendo en algo que no quieres ser, o si no quieres claudicar a tu visión artística, necesitas sentarte y pensar quién tiene el poder, explica Patrick Wolf por e-mail mientras prepara su lanzamiento microfinanciado para el 1 de junio. Yo siempre he tenido una tribu que me apoya, dice, no me gusta la palabra fan; pienso sin jerarquías. Con razón, sus fans son ahora sus productores. Para Wolf, vender no es tan importante como devolver la fe: Cuando era pequeño, comprar un CD era una experiencia religiosa, ahora es una especie protegida; mucha gente necesita música para ir al gimnasio o conducir, pero hay otros que quieren música con la que vivir, como una compañera, esto es un álbum. No somos unos frikis de Internet, dice Xavier León, somos unos frikis de la música, unos románticos del rock buscando una solución: el mercado necesita nuevos modelos de negocio y esto es lo que está por venir. Patrick Wolf asiente, con una dosis de ironía: La tecnología ha destruido a las grandes discográficas porque editan cosas horribles y aburridas. Yo busco una alternativa. Tengo 25 años, aún no me he comprado una casa, tengo un futuro.

Buzos abollados en tablas de surf

Surfin’ Bichos reaparecen, con un documental sobre sus conciertos de despedida



ALEJANDRO ARTECHE
Soitu


Ser un grupo de culto en España es lo más jodido que le puede pasar a un músico. Lo que en otros países supone estatus, reconocimiento profesional y un circuito alternativo bastante interesante que te da para vivir sin muchos problemas, aquí supone morirte de asco y tener que buscarte la vida de otra manera.

Uno de los primeros temas que comenzaron a sonar en Radio 3 de Surfin’ Bichos fue 'Gente abollada'. En seguida calaron en los oyentes y se convirtieron en uno de los grupos favoritos de revistas y profesionales, pero tuvieron la mala suerte de aparecer cuando en España volvía a molar lo indie y cantar en inglés con acento de Burgos. El pop español ya no estaba de moda como a mediados de los 80 y ya no se programaban grupos musicales a todas horas en tv. Eso se saldó con problemas a la hora de editar discos, actuaciones en salas medio vacías y poco dinero. Al final Surfin’ Bichos se separaron, tuvieron su aureola de 'malditos' y una legión de admiradores grande, pero no lo suficiente para vivir de su asistencia a los conciertos o la compra de sus discos. Hace un par de años el grupo volvía a reunirse para dar una serie de conciertos de despedida por los diversos festivales que proliferan en nuestra península. Era un intento de terminar un proyecto ya acabado en falso y hacerlo bien, por la puerta grande.

Durante esos conciertos Rogelio Abraldes estuvo siguiendo al grupo cámara en mano para plasmar el ambiente como si de una road movie manchega se tratase. Hoy el ciclo se cierra. Surfin’ Bichos terminaba, ahora sí, de verdad, su carrera en un concierto en su ciudad, Albacete, dentro del Festival de cine Abycine, festival en el que dos años después se ha estrenado 'Buzos haciendo surf', el documental de Rogelio Abraldes que resume el adiós definitivo del grupo albaceteño.

La génesis de un proyecto

"Yo era muy fan del grupo", nos cuenta Rogelio, "pero por circunstancias de trabajo me enteré tarde de la noticia de la reunión. Sí que pude asistir a uno de los primeros conciertos de la gira, en el Metrorock de Madrid y allí, durante ese concierto, surgió la idea. Me gusta mucho fijarme en el backstage y pude ver cómo Joaquín Pascual se abrazaba a alguien emocionado en un lado del escenario, y en otro momento uno de los miembros del equipo jaleaba cabreado al público para demandar más participación y más aplausos. Estaba como diciéndonos: 'pero ¿sabéis a quién tenéis aquí?' o quizá '¿os dais cuenta de que ésta puede ser la última vez que veis a Surfin’ Bichos en directo?'. Estaba claro que había una historia potente, que parecía hablar de un tiempo pasado, de cierta injusticia, y de amistad."

Carlos Valcárcel, por su lado, relata cómo "la producción ha estado íntegramente a cargo de La Nube Studio. Nos hemos presentado a diferentes subvenciones públicas, pero no ha habido manera, cero euros. Lo que sí ha habido es una ayuda increíble por parte de todos los miembros del equipo, que han puesto todo su esfuerzo desinteresadamente. Desde luego, este tipo de proyecto (dos años de duración, grabaciones imprevistas, horarios imposibles sobre todo durante la gira, etc.) sólo se puede hacer con buenos amigos".

Aunque claro, y para seguir dentro de la historia del malditismo y el culto que ha rodeado siempre a Surfin’ Bichos, sólo a Rogelio y Carlos se les ocurre hacer un documental y encima sobre un grupo que no mueve masas, lo que en España significa suicidio artístico, escasa distribución y pocas posibilidades de ser proyectado en cines.

"La intención es claramente editar un dvd con el documental", explica Carlos Valcárcel, "acompañado de otro disco de extras con canciones en directo, ya que tenemos grabadas muchas horas de concierto. Creemos que a los fans les gustaría tener este material. Tenemos que hablar con el grupo y estudiar cómo gestionar todos los temas de derechos. Por eso estamos buscando distribución, aunque todavía es pronto para juzgar cómo va el proceso. Sabemos que es difícil, pero no descartamos verlo en una pantalla como la de los cines Golem en Madrid, por ejemplo. Si no nos gustasen los retos, no hubiésemos hecho el documental".

Por si fuera poco y para buscarse más problemas, Rogelio era fan de Surfin’ Bichos pero no tenía contacto con ellos ni los conocía. ¿Cómo logra alguien convencer a un grupo en plena gira de conciertos de despedida donde no tiene nada que promocionar para que le den total libertad para seguirles con una cámara?

"No conocía a nadie del grupo", recuerda. Gabriel, siendo de Albacete, conocía a un amigo de Carlos Cuevas, el batería. Así surgió el contacto, pero era bastante lejano, por lo que podían haber dicho que no al proyecto. El caso es que Fernando Alfaro accedió y le conté nuestra propuesta de documental, que era muy concreta: observarles durante esos últimos meses de la gira de reunión. Y ahí empezó todo".

Luces y sombras detrás de un documental

'Buceando con bichos' no es sólo un documental de la reunión de un grupo y las imágenes de sus viajes y sus conciertos. Hay mucha historia detrás, con luces y sombras. Quizá el no haber sido una banda mediática ha 'ocultado' mucha información de lo que ha pasado en la trastienda de Surfin’ Bichos y que ahora ve la luz. Problemas como la expulsión de la formación del primo de Alfaro —y ahora en el documental cuentan cómo las familias estuvieron prácticamente sin hablarse durante mucho tiempo—, o los disgustos que causaba descubrir ciertas letras de canciones en libretas abandonadas en casa. Estos conciertos de despedida han servido, entre otras cosas, para una última reunión en el escenario de los primos y cerrar viejas heridas.

"Discutimos mucho Carlos, Gabriel y yo de cuánto metraje e importancia le íbamos a dar al conflicto entre los primos", cuenta Rogelio. "En su entrevista, Fernando Alfaro e Isabel León hablaban del tema, pero no entró en el montaje final por razones narrativas. Lo que sí estaba claro era que teníamos que contarlo porque fue un hecho clave en la gira de reunión. Tampoco queríamos darle muchos minutos porque el documental tiene bastante de road movie, y eso podía desviar la atención. Además es un tema delicado entre los miembros del grupo. Yo estoy seguro de que para ambos, para Fernando y para Josemari, fue un reencuentro sincero e importante. Creo que las imágenes lo expresan así. A Fernando se le nota tanto en el ensayo como en el directo".

Esta gira de reunión se hizo sin una de las piezas claves en Surfin’ Bichos, Manolo Rock, mánager del grupo cuando estuvieron en activo. En el documental, Manolo recuerda cómo eran esos conciertos con poca gente y menos entusiasmo en el grupo que veían tocar. En sus declaraciones, el ex mánager considera el éxito de estos conciertos de vuelta como no reales, ya que son en festivales y no en salas donde el público iría a ver exclusivamente a los Surfin’. ¿Resquemor tal vez por no haber sido él el encargado de gestionar esta gira?

Para Rogelio Abraldes, "Manolo Rock lleva muchos años sin tener contacto con Surfin’ Bichos, por eso hubiese sido muy difícil que lo hubiesen llamado para esta gira. Les tiene mucho aprecio, habla maravillas de ellos y de aquella época. Lo que sí es cierto es que él piensa (y lo dice en el documental) que la reunión fue básicamente por dinero y que faltó química en esta gira. Pero no juzga si eso es bueno o malo. De hecho, dice que les ha permitido ganar lo que se merecían ganar".

Road movie y biografía cruda

'Buceando con bichos' no es un documental musical típico que refleje el oro y el lujo de los grandes artistas. Al contrario. Tiene un regusto a road movie y a biografía cruda. A veces, cuando se habla de tiempos pasados de poco éxito, casi parece que estemos viendo una versión musicada de 'El desencanto', el documental sobre la familia Panero. Sobre el metraje planea la sombra de qué bonito y qué estatus da es eso de ser un maldito para los fans, pero que fastidioso es tener que tocar el fin de semana con tu grupo por ahí para tener que volver el lunes a tu vida de profesor o a la fábrica porque con la música no puedes comer.

"Ellos son conscientes de su estatus como grupo de culto", explica Rogelio, "lo oyen mucho en radios y revistas, pero son muy realistas con su trabajo. A ellos lo que les gusta es hacer música y si tienen que trabajar en otras cosas para hacer lo que les gusta, pues adelante. Carlos Cuevas, el batería, nos decía que no se imaginaba la vida sin tener un grupo, sin ensayar, sin ir a tocar. Eso lo dice todo. Y si nos fijamos en la cantidad de proyectos que tienen todos, pues nos damos cuenta de que no paran. Chucho, Mercromina, Is, Travolta, Los Alienistas, ahora Tortel, y más cosas que hacen por gusto y no salen a la luz. ¡Son incansables!"

Aparte de los miembros de Surfin’ Bichos y sus allegados, en el documental también tiene voz la otra parte de la historia: su biógrafo oficial, el responsable de una web homenaje, críticos que ayudaron a auparles en su momento como Jesús Ordovás y fans. Uno de ellos y el más pintoresco es un sacerdote de un pequeño pueblo, algo curioso para un grupo cuyas letras hablan de ángeles inseminadores y son muy críticas con el catolicismo.

Rogelio cuenta que "Rami, el cura, es conocido en el mundo Surfin’ porque escribió un artículo sobre las letras de Fernando Alfaro. Nos pareció muy interesante su perspectiva sobre el mundo de Alfaro, contraria a la de casi todos, pero en el fondo complementaria. Su teoría es que el trasfondo bíblico de las letras no sólo es un juego irreverente, o un rebote, o una provocación, sino que hay algo de búsqueda interior. Hay una cosa que me gustaría haber grabado pero no pudo ser y es que en sus catequesis, algunas veces, les pone a los chicos canciones de Surfin’ Bichos".

El broche de oro, en su casa

El grupo da uno de sus últimos conciertos en el Festival de Cine de su ciudad, Albacete. 'Buceando con bichos' se estrena también allí como una especie de segundo cierre del ciclo del grupo. Pero "lo de Abycine fue pura casualidad", explican. "Nosotros sabíamos que ese concierto era muy especial. Y lo fue. Todo el equipo del Festival nos ayudó mucho en la grabación. Tiempo después, nos llamaron para ver cómo iba el proyecto y saber si era posible estrenarlo en el Festival de 2008. Vieron algunos fragmentos, les gustaron y empezamos a tratar el tema más en serio. Para nosotros, era como cerrar el círculo, ahí empezamos rodando y ahí acabamos estrenándolo".

¿Y el resto de festivales cómo está aceptando la película? ¿Da una idea de la repercusión que pueda tener su distribución en dvd?

"La aceptación es bastante buena", cuenta Rogelio Abraldes, "aunque mucha gente piensa que es largo. También se apunta a que hay mucha música (estos comentarios está claro que no provienen de fans de la banda). Yo personalmente creo que el que haya mucha música sigue siendo una decisión acertada. A través de las canciones y del directo de Surfin’ Bichos se transmiten cosas que a veces las palabras no son capaces de explicar. En general la gente ha coincidido en que el documental es bastante emotivo, y yo creo que es porque hemos intentado retratar la historia de una amistad que viene casi de la adolescencia, que ha tenido altibajos, pero ahí está, resistiendo. Para mí una escena muy importante es cuando se ve que Joaquín Pascual guarda habitualmente cromos de fútbol para el hijo de Carlos Cuevas. Fue una casualidad grabar ese momento, parece algo demasiado cotidiano, pero a mí me dice mucho de su relación".

Acantilado publica el epistolario de Joseph Roth

“Hablador como Sócrates, rebosante de anécdotas y chistes como un viejo judío, y lleno de curiosidad por los demás”, Joseph Roth (Brody, Galitzia, 1894-París, 1939) es uno de los autores de culto del siglo XX, quizá porque, en obras como La marcha Radeztky, Hotel Savoy o Job, supo plasmar el desconcierto, la aterradora soledad del hombre contemporáneo.



NURIA AZANCOT
El Mundo


Nacido en Brody, una pequeña aldea del antiguo Imperio austrohúngaro, cerca de la frontera con la Rusia zarista, en España hemos redescubierto a Joseph Roth gracias, sobre todo, a El Acantilado, que ha recuperado toda su obra en ediciones ejemplares. Ahora, el lanzamiento de su epistolario inédito completa uno de los retratos más desolados posibles: el de un escritor de genio, destruido por el alcohol y brutalmente despojado de patria y certezas.

Roth escribió miles de cartas durante sus incansables vagabundeos por la Europa de entreguerras. El editor de su epistolario, Hermann Kesten, calcula que fue autor de más de cinco mil cartas, de las que sólo han aparecido quinientas, pues “muchas padecieron el destino de los perseguidos políticos de las dictaduras y la muchas veces mortal desbandada que suelen provocar los tiranos”.

Sin cartas, ni libros, ni hogar

Roth, en cambio, no guardó nada. Carecía incluso de casa: “Era un hombre casi sin propiedad. Por lo que sé, ni siquiera tenía una cuenta corriente. No disponía de anaqueles con libros, ni de un escritorio. Viajaba y vivía con una o dos maletas, se alojaba casi siempre en hoteles”. De ahí el interés de un libro de casi 700 páginas, que da cuenta y razón de lo sufrido por el escritor desde los 16 años hasta su muerte y en el que, en palabras del editor, “hallamos cien imágenes distintas de Roth: el muchacho ambicioso que sueña convertirse en un célebre poeta, el estudiante sarcástico, el voluntario en el frente y el prisionero de guerra, el lírico tradicional y el reportero original, el poeta, el amigo irónico, regañón, cooperativo, mentor exigente, el cercano primo y sobrino, el marido vagabundo con mala conciencia, el moralista y el panfletista. Hallamos en estas cartas al Roth socialista y al propagandista de los Habsburgo, al enamorado y al exiliado, al amante y al maestro de la prosa alemana, al amigo de los pobres y los pisoteados”.

La primera carta la dirige un Roth adolescente a su prima Resia Gröbel. Son las vacaciones de verano de 1911, el escritor aún no ha cumplido los 17 y se sorprende por la falta de entusiasmo patriótico de su prima, (“No entiendo por qué temes tanto la guerra”). La misma exaltación le empuja, el 26 de marzo de 1915, a confesar: “Desde que mi fuego amenazó con extinguirse bajo la manguera de los bomberos que llevaba el lema ‘sentido común’, tuve el gran deseo de mostrárselo a la gente, a toda costa, para que me reconocieran a distancia por mi humo. Con esa determinación quedé satisfecho, porque el tabaco (del tiempo antiguo) es conocido como uno de los más importantes casi del genio”. En esta primera parte del epistolario, Roth abandona su aldea natal y escribe desde Viena, Berlín, Colonia, Aviñón, París o Marsella, donde descubre la Fiesta de los toros el 26 de agosto de 1925. Le horroriza: “Vi aquí corridas de toros por primera vez. Si no ha visto usted nunca algo así, no puede hacerse idea de esta bestialidad”.

Descenso a los infiernos

Lo peor, con todo, es el sentimiento de orfandad de un hijo del Imperio sin Imperio: “Estoy muy desesperado -escribe el 30 de agosto de 1925- [...] Cuando murió el emperador Francisco José, yo era un "revolucionario", pero lloré. Me enrolé voluntario por un año en un regimiento vienés, una "tropa de élite" que hacía guardia de honor ante la cripta de los capuchinos, y lloré de veras. Una época quedó enterrada”.

Las desgracias se suceden. Friederike Reichler, con la que se había casado en 1922, muestra los primeros síntomas de su esquizofrenia, mientras él despilfarra todo lo que gana en legendarias borracheras. El dinero de los libros no llega, tampoco el de las colaboraciones en los periódicos, al punto de que, el 14 de junio de 1927 le confiesa al filósofo Ludwig Marcuse que se encuentra “desesperado, enfermo y sin dinero”. Porque ésa es su obsesión, el dinero, por el que escribe, ruega, insulta o suplica a lo largo de cientos de cartas a amigos, editores, colegas, parientes... El 27 de febrero de 1929, y desde París, explica al también escritor Stefan Zweig sus condiciones de vida: “Trabajo urgido por un solo motivo, que es material. Porque tengo que llegar a cubrir un mínimo de mi existencia sin tener que escribir regularmente artículos que me perjudican la salud. [...] Desde que cumplí dieciocho años, jamás he habitado una vivienda privada, a lo sumo, una semana como huésped en casas de amigos. Todo lo que poseo son tres maletas. Y eso no me parece extraño.” El 13 de mayo de 1930 le refiere también a Zweig (convertido en su compañero más fiel, y en su mecenas) que una amiga se había suicidado después de haber ido a buscarlo, sin éxito : “No me encontró, y estoy convencido de que yo hubiera podido evitar su muerte. Por todas partes sufrimiento y muerte. Me pondría a llorar por esta impotencia de que ni siquiera pueda uno hacer ese poco de bien que podría salvar a una sola persona”.

Los meses no mitigan su pesimismo, más bien lo acentúan, como evidencia este fragmento de otra carta a Zweig, desde Francfort, el 23 de octubre de 1930, y en la que, además de confesar que “Las Baleares me seducen extraordinariamente”, se lamenta de la situación del viejo continente, acosado por los totalitarismos: “¿A quién no le asquea la política? Tiene usted razón, Europa se suicida. Y la manera prolongada y cruel de ese suicidio se debe a que quien lo comete es un cadáver. Esta decadencia tiene una endiablada semejanza con una psicosis. Parece el suicidio de una psicótica. El diablo gobierna realmente el mundo. Pero sigo sin entender a los extremistas de las dos alas”.

En febrero de 1933, desde París, profetiza: “Sabrá usted que nos aproximamos a grandes catástrofes. Aparte de lo privado -nuestra existencia literaria y material queda aniquilada-todo conduce a una nueva guerra. No doy un céntimo por nuestras vidas. Los bárbaros han conseguido gobernar. No se haga ilusiones. Gobierna el infierno”, escribe a Zweig, quien tercia con editores, le manda dinero, y, sobre todo, intenta que abandone el alcohol, sin éxito. Mientras Hitler conquista Europa y el mundo se derrumba, Roth sigue bebiendo. Su última carta, a Blanche Gidon, vieja y generosa amiga, es del 11 de marzo de 1939 y habla, cómo no, de dinero: “Sólo yo tengo los derechos, no la editorial. Sin embargo, por desgracia tengo que pagarle el 25%”.

Meses después, el 23 de mayo, la noticia del suicidio de Ernst Toller le abruma hasta ahogar sus últimos francos en alcohol. Sumido en el delírium tremens, muere el 27 de mayo en el Hospital Necker de París, haciendo que una de sus últimas cartas, del 8 de agosto de 1937, resulte más conmovedora y terrible: “Tengo un miedo enorme a caer al hondón de estas letrinas. Por favor, vea que no es mi culpa. [...] He previsto tantas veces el final. Créame, se lo ruego, que si se atrasa no es por mi culpa.” Tal vez su muerte no fuese ésa “tan liviana y hermosa” que soñó, en La leyenda del santo bebedor, para los dipsómanos. Pero Joseph Roth, que no llegó a ver a las tropas nazis en París, ni supo que su familia fue exterminada en campos de concentración, 70 años después ocupa un lugar de honor en la literatura mundial.

Clint Eastwood. Del testamento lúcido...


CARLOS REVIRIEGO
El Mundo



El estreno de una película de Clint Eastwood siempre es un acontecimiento cinematográfico. Gran Torino es el título del filme que llega hoy a las salas, pocas semanas después de El intercambio. El cineasta regresa a la interpretación en un papel que, según él, es su último trabajo como actor: el de un veterano de guerra racista y chapado a la antigua cuyo reverso conoceremos cuando entra en contacto con unos vecinos de origen asiático. Para celebrar la llegada del filme -que ha arrasado en la taquilla y la crítica de EEUU- El Cultural ha enfrentado dos visiones que arrancan todos los matices del prolífico genio estadounidense.

Hay algo en las grandes películas testamentarias que escapa a los juicios cinematográficos. La corriente del filme transborda el caudal fílmico y se convierte en una expresión íntima y desnuda, atravesada por imágenes de despedida que quedan impresionadas a fuego en la retina. No olvidamos el último gesto fílmico de Antonioni, cruzando la catedral de San Pietro en el limbo digital de Lo sguardo di Michelangelo (2004); o el plano final de Robert Altman, un ángel blanco de la muerte atravesando la cámara en El último show (A Praire Home Companion, 2006); tampoco el sereno recorrido de una casa habitada por ánimas en Los muertos (The Dead, 1987), la última obra (maestra) de John Huston. Son películas que atesoran el sueño de la lucidez al final del camino. Hay algo arrolladoramente conmovedor en su paz espiritual, en cómo sus autores sentían el final y lo aceptaban. Las películas-testamento imponen la sensación de que asistimos a un bello crepúsculo y nunca queremos que termine. Eso sucede con Gran Torino.

Ya desde su primer western, Infierno de cobardes (High Plains Drifter, 1976), muchas películas de Eastwood forman un tipo especial de cine necrofílico, dominado por las relaciones entre los muertos y los vivos. En Gran Torino, estas tensiones son especialmente significativas. Clint Eastwood lo ha dejado claro. El protagonista de Gran Torino, un inolvidable carcamal llamado Walt Kowalski, representa su última incorporación como actor y por tanto su aparición final. Lo deja todavía más claro en la película: se filma repetidamente como un fantasma surgiendo de las tinieblas, y en último travelling su cuerpo descansa en un ataúd. En los títulos de cierre, su voz quebrada arrastra con aliento de ultratumba la afligida canción del título que él mismo ha compuesto. En el caso de otro cineasta, una película como Gran Torino -con toda la “incorrección” que corre por sus venas- no sería tan significativa, pero tratándose de Eastwood, adquiere una posición crucial en diversos frentes.

Camino de redención

En su dimensión documental, es un conmovedor broche a una carrera interpretativa labrada desde las barricadas del anti-establishment; en el terreno histórico, es el destino lógico de una cierta lectura del mito masculino en el western y el triller de los últimos 40 años, al tiempo que se ofrece como camino de redención y puesta al día de lo que el Eastwood-personaje representa en el imaginario político, social y cultural norteamericano. El viejo Kowalski es el alma y la carne de Gran Torino. Es un viudo que no soporta a su hijos y nietos, ex veterano de la guerra de Corea y ex trabajador de la fábrica Ford, un gruñón literal, un misántropo, un racista que vive en los suburbios de Detroit en un vecindario con etnias y razas diversas. Las tirantes relaciones con sus vecinos de la etnia Hmong tomarán otra dirección cuando se enfrenta a un grupo de street boys y se transforma en el héroe justiciero, en el mentor de un joven asiático que será el receptor de su legado. No deja de asombrar cómo a partir de un guión del novel Nick Schenk, Eastwood construye un personaje que es suma y compendio de su corpus cinematográfico, palimpsesto gestual de una manera intransferible de “ser” y de “estar”. Parecían justificados los rumores de que Eastwood preparaba el regreso de Harry Callahan, pues hay mucho de Harry el Sucio en Kowalski, pero también de Josey Wales (El fuera de la ley), de Red Stovall (Honkytonk Man), de Tom Highway (El sargento de hierro), de William Munny (Sin perdón), de Frankie Dunn (Million Dollar Baby)... hasta el punto de que el viejo Kowalski deja de ser un mero trasunto eastwoodiano para mostrarse como resumen de su leyenda.

Si en la primera parte lleva los estereotipos de héroe eastwoodiano a un extraño lugar entre la autoparodia y la vindicación, en el tramo final bascula hacia la gravedad, la culpa y la confesión. El pasaje final, que sella con las palabras “tengo luz”, recogen una lúcida relectura del espacio moral del justiciero en la sociedad civil, al tiempo que establece una resonante metáfora de la colisión de la América de Obama con el imaginario fílmico de Eastwood, quien no duda en detonar su propia leyenda desde dentro. Frente a la tragedia que ha provocado el código de la vieja escuela, el mito toma conciencia de que el tiempo ha pasado por encima de él. En el transparente movimiento de regeneración ética de Gran Torino, donde la población multirracial toma por completo el destino del relato, resuena la metáfora de un país que se abre a una nueva y reconfortante era. A todo crepúsculo le sigue un amanecer.

"Una revancha del tiempo"

Una exposición en Berlín recoge 100 fotografías de la Guerra Civil española. El fotógrafo Hans Gutmann (Juan Guzmán) formó parte de las Brigadas Internacionales


LAURA LUCCHINI
Soitu



Al ver estás imágenes uno se acuerda de George Orwell, de su relato Homenaje a Cataluña, y también de todos los demás intelectuales europeos que en 1936 dejaron sus países para combatir en España por la República. Se trata de las fotografías del alemán Hans Gutmann/Juan Guzmán sacadas en Barcelona y en las trincheras entre 1936 y 1937, que son ahora objeto de una exposición fotográfica en la Willy-Brandt-Haus de Berlín (puedes verla hasta el 3 de abril). La intención de la muestra es reconstruir las relaciones entre España y Alemania desde la Guerra Civil hasta la Segunda Guerra Mundial.

Esta es la primera vez que la obra de Guzmán se expone en Alemania. Este fotógrafo se unió a las Brigadas Internacionales en Barcelona en el 1936 y combatió contra las tropas de Franco en el noreste de España. "La europeización del conflicto convirtió a esta guerra en un imán para toda la izquierda europea", explica Carlos Collado Seidel, profesor de Ludwig Maximilian Universität, de Munich, con ocasión de la inauguración de la muestra. De hecho, mientras del lado republicano combatían unos 2.800 ciudadanos alemanes voluntarios, la Legión Cóndor, enviada por Hitler, luchaba al lado de las tropas de Franco. Para Alemania y para Italia, la Guerra Civil española fue algo más que una cuestión de solidaridad con la causa republicana: al mismo tiempo, los voluntarios combatían la dictadura de su propio país.

"El de 1939 también fue un año extremadamente significativo para las relaciones entre España y Alemania", añade Collado. Después de tres años de combates, terminaba la guerra y empezaban 40 años de dictadura franquista. En el mismo año, Alemania invadía Polonia, y comenzaba la Segunda Guerra Mundial.

La exposición revisa en unas 100 imágenes estos momentos. Primero con las fotos de Guzmán, donadas por su viuda a EFE tras su muerte, y después con las imágenes del archivo de EFE que documentan la diplomacia entre los dos países y la participación 'indirecta' de Franco en el conflicto mundial a través de la División Azul.

Lo más interesante de esta muestra un poco didáctica (por necesidad, dada la complejidad del tema) es la primera imagen del recorrido: una señora de 89 años, en el balcón de su casa de París, sujeta una imagen en blanco y negro de una chica con el fusil y una mirada algo arrogante en una azotea de Barcelona, 70 años antes. Ambas son Marina Ginestá, nacida en Toulouse en 1919, hija de un inmigrante español, quien al principio de la Guerra Civil tomó parte junto a su hermano en la Juventud Socialista. La foto fue tomada en el hotel Colón y se convirtió en un símbolo.

Curiosamente, Ginestá no supo nada de esta imagen —que mientras tanto se había utilizado para la portada del libro 'Trece Rosas Rojas', de Carlos Fonseca— hasta que el documentalista Julio García Bilbao logró localizarla en París a los 89 años.

"Es una buena foto que refleja el sentimiento que teníamos en aquel momento. Había llegado el socialismo, los clientes del hotel se habían marchado. Había euforia. Nos aposentamos en el Colón, comíamos bien, como si la vida burguesa nos perteneciera y hubiéramos cambiado de categoría rápidamente", explicaba Ginestá a Efe.

"Dicen que en la foto del Colón tengo una mirada arrebatadora. Es posible, porque convivíamos con la mística de la revolución del proletariado y las imágenes de Hollywood, de Greta Garbo y Gary Cooper", añadía. Según ella, que hoy tiene 90 años, exposiciones como la de Berlín, son "una revancha del tiempo".