William Elliot Whitmore, "Animals in the dark" (2009)


KEPA ARBIZU
Lumpen




Indudable que William Elliot Whitmore es un animal extraño dentro de la música actual. Acostumbrados a dejarnos llevar por las luces y los colores e idolatrar una forma bonita frente al contenido, alguien que hace del blues rural su base musical (aquel que enlaza irremediablemente con el folk) y lo realiza con cierto minimalismo, buscando lo esencial, no parece estar encaminado al éxito. También suele ser habitual que interprete sus canciones con la única ayuda del banjo y su voz, dicho de paso, uno de sus puntos fuertes, con un tono grave que suena a mezcla entre Steve Earle y Captain Beefheart.

Con los datos que tenemos es lógico imaginarse a un hombre de cierta edad y de raza negra. Nada más lejos de la realidad, William Elliot Whitmore es un joven de poco más de treinta años nacido en Iowa, de tradición granjera, es allí rodeado de la naturaleza donde vive y realiza su música. Todo ello, sumado a su gusto musical y sus obsesiones plasmadas en sus canciones, la muerte, el sufrimiento, la redención, le hacen un representante de un mundo casi extinguido.

En el 2003 publica su primer disco, "Hyms for the hopeless", de sorprendente crudeza hace que desde ese momento se convierta en un artista alejado de modas y con un estilo incomparable. Seis años, y dos discos después, publica "Animals in the dark", otro compendio de la música tradicional negra, desde el gospel hasta el folk pasando por el blues acústico. Para ello se ha pasado al sello Anti, lugar idóneo para él ya que esta discográfica es un reducto dedicado a artistas tan personales como Tom Waits, Nick Cave o Neko Case.

Dos diferencias mínimas, o no tanto, encontramos respecto a sus anteriores discos. La primera es una preocupación más social en sus letras, casi siempre centrado en las desdichas y en la falta de esperanza frente a un oscuro mundo, ahora y debido, según él explica, a su cada vez mayor enfado al ver la deriva de su país, añade su vitriólica mirada a los excesos autoritarios o a los torpes mandatarios. Otra diferencia es que en pequeñas dosis ha aumentado la instrumentación de sus canciones, convirtiéndolas en menos rudimentaria. Ambas aspectos han ayudado a construir un conjunto todavía más impactante y arrebatador.

Desde la primera canción observamos los cambios mencionados, en “Mutiny” canta como si se tratara de un predicador, al estilo gospel, con una sección de percusión que recuerda a las Brass Bands de Nueva Orleans y donde arenga a las masas a mostrar su desacuerdo con la deriva totalitaria y sanguinaria del mundo. Por si hay dudas de por donde discurre la crítica,no hay más que escuchar sus últimos versos “ let the motherfuckers burn”. “Who stole the soul” se mueve en otro registro diferente, solo con su guitarra y con un leve sonido orquestal, crea uno de los momentos más bonitos del disco, también aplicable lo dicho, tal vez algo menos magnífica, a “Hell or high water”. “Johnny law” vuelve a utilizar el blues rural más clásico al modo de Leadbelly. Otro momento impactante es “Old devils”, un alegato contra Bush y sus secuaces. Rodeado de un ritmo desasosegante y que va “in cresendo” de tempo hasta convertirse en una explosión de rabia. Más esperanzadora es “There's hope for you”, con tintes algo más soul incluido el leve sonido de un órgano que adorna el tema. “Lifetime underground” es uno de sus recurrentes temas acompañado, únicamente, de su banjo, esta vez también un acordeón, y con un ritmo más folk. El epílogo lo pone la sobria “ A good day to die”, donde su voz resuena grave, rotunda.

Poco más hay que decir de un disco soberbio. Lo deseable es dejarse llevar al mundo que William Elliot Whitmore construye con su música, un lugar crudo y desolador pero retratado con gran talento y con ciertas dosis de belleza.

El peor Guantánamo: Isla 'Diego García', embrión de muerte

CRISTINA CASTELLO

Les Risques du Journalisme

«¿Qué leyes dictarían ya los senadores?
Cuando lleguen las dictarán los bárbaros [...]
Por qué empuñan bastones tan preciosos labrados
maravillosamente en oro y plata?
Porque hoy llegan los bárbaros»


Constantino P. Kavafis



Es una prisión secreta que se levanta en tierras que fueron robadas a los habitantes originarios del lugar. De su pista de vuelo despegaron los bombarderos de los USA, para invadir Camboya, Afganistán e Irak, a fuego, crímenes e impiedad; para controlar el Oriente medio y... hay más, ya se verá.

«Diego García» es un embrión de la muerte. Es la cueva que eligieron los bárbaros —con la excusa de un supuesto «terrorismo» — para mejor torturar. Es un verdadero tesoro para Norteamérica y el Reino Unido. Es la base militar más importante que el Imperio tiene, para vigilar el mundo; y junto a sus pares — las bases de Guam y Ascensión— son claves para el invasor. Es un sitio ideal para acoger misiles de la ojiva nuclear, aunque estén prohibidos por los tratados internacionales. Pero, ¿acaso esto importa a los bárbaros?

Los bárbaros no viven en el océano Índico, donde está «Diego García», ese atolón que nació con destino de oasis y se convirtió en el infierno mismo. No. Los bárbaros dan las órdenes a bárbaros de la CIA norteamericana, apoyados por Gran Bretaña y por la Unión Europea, que tan bien sabe callar cuando es el Poder la causa del terror.

«Diego García», es el enclave justo, por si a los bárbaros se les ocurriera una acción sangrienta contra Irán. Es el lugar donde la tortura exhibe su mayor sofisticación.

Es una suerte de patíbulo —la muerte en vida—, y el primer escalón, la antesala, para merecer el alivio de pasar a Guantánamo: ese cadalso con el que Barack Obama prometió terminar. A «Diego García» nadie la nombra y no figura en las agendas presidenciales, a pesar de ser peor aún que Guantánamo. Está dicho: «peor». Pero comparar dos horrores no arroja claridad: ¿Quién es peor, Drácula o Frankestein?

La tierra del planeta no ha sido suficiente para el Poder imperial. Los Estados Unidos del norte surcan los mares del mundo con entre diecisiete y veinte barcos- «prisiones flotantes». En ellas fueron detenidas e interrogadas bajo suplicio, miles de personas. Pero casi nadie informa sobre esto. No, de eso no se habla.

Habla, sí, y actúa por la justicia, la ONG londinense de derechos humanos «Reprieve», que representa a treinta detenidos no procesados de Guantánamo, a los presidiarios que esperan condenas y a los acusados de supuesto «terrorismo».

Fue en 1998, durante la presidencia de Bill Clinton y la vicepresidencia de Al Gore —Premio Nobel de la Paz— cuando empezaron las detenciones fuera de toda ley y sentido de la existencia humana. Y George Bush los fomentó en progresión geométrica. Cuando todavía era presidente, admitió la existencia de al menos 26.000 personas en prisiones flotantes; pero según los sondeos de «Reprieve», la cifra de quienes pasaron por ellas, es de 80.000, a contar desde 2001. ¿A quién creer? La opción es clara.

Castrar la isla

«Sin miramiento, sin pudor, sin lástima
Altas y sólidas murallas me han levantado en torno»

Constantino Kavafis


Los 44 kilómetros de «Diego García», huelen a ausencia. Bajo su cielo, la gran ausente es la sacralidad de la existencia humana.

La isla es un territorio británico de ultramar, situado en el archipiélago de Chagos, en el océano Índico. En 1966 se produjo un maridaje perfecto entre los bárbaros.

El lugar —tan bello, que parece una sonrisa de la naturaleza— fue ofrecido por Inglaterra a Norteamérica, que lo quería para instalar esta base militar. Fue un canje ignominioso: el alquiler por cincuenta años de tierras inglesas, a cambio de catorce millones de dólares y misiles del submarino nuclear «Polaris».

¡Que siga la música, Maestro!

Pero —eso sí, había una premisa a respetar— en aquel momento, más temprano que tarde, había que impedir «problemas de población». Había que desinfectar de seres humanos, el archipiélago.

Castrar la isla. Cortarle las raíces, clausurar la vida. Manos a la obra de inmediato, el Reino Unido le bloqueó toda entrada de alimentos. La vieja y maléfica bruja —el hambre—, hizo sonar un concierto de estómagos vacíos, al mismo tiempo que los habitantes empezaban a irse... o a ser echados. El destino de los desterrados fue, y es, las villas de miseria de la Isla Mauricio.

Allá, a más de 200 kilómetros de la tierra que los vio nacer, los desterrados sueñan tanto con comer, como con volver a su patria despatriada.

Salvajemente los 2.000 habitantes nacidos en la isla, fueron expulsados. Un caso, que sintetiza muchos similares, fue el de Marie Aimee, nacida y criada en «Diego García», quien en 1969 llevó a sus hijos a Port Louis (Mauricio), para un tratamiento médico. El gobierno británico nunca le permitió subir al barco para regresar y nunca más pudo volver.

Su marido, quedó dos años en la isla y después llegó a reunirse con su esposa, sólo con una bolsa y en un estado lamentable. Había sido arrojado de su tierra. Las historias de los otros miles de isleños abandonados, es escalofriante; desterrados y humillados, fueron reunidos en conventillos, donde vivían en cajas o chozas de hojalata. De muchos se habían librado, con mentiras de vacaciones gratis, en lugares de ensueño. Había que barrerlos de la isla: esterilizarla de la presencia de los paisanos.

La gran mayoría de los chagosianos fueron detenidos, expulsados de sus hogares, literalmente «empacados» y depositados en las bodegas de las embarcaciones, entre gritos y llantos; antes, habían visto exterminar a sus animales domésticos y a su ganado. Así, podían bombardear más fácilmente Vietnam, Laos y Camboya; amenazar a China cuando la Revolución Cultural, para seguir con el Golfo Pérsico, Afganistán, Irak, y... hay mucho más. Estos bárbaros no tienen corazón.

¡Y vaya que no! Muchos murieron de tristeza, se suicidaron, o se hicieron alcohólicos, mientras soñaban con la tierra prometida. Pero nadie abandonó la idea de volver a su isla de corales y palmeras; a la isla que —hasta que ellos la vieron— no estaba contaminada por armas ni maldad. En el «Times» de Londres del 9 de noviembre de 2007, una de las lugareñas sintetizó: «Era el paraíso, éramos como aves libres, y ahora estamos igual que en una prisión».

La Alta Corte británica primero, y la Corte de Apelaciones después, sentenciaron que la expulsión fue ilegal y dieron a la población el derecho a regresar; pero ningún gobierno quiso cumplir esas sentencias. Y la Oficina de Asuntos Internos e Internacionales del Reino Unido, en cambio, dijo que no habría población indígena. El único derecho a ciudadanía se concedía a las gaviotas.

Hoy, de los 2000 expulsados originariamente, conservan la vida menos de 700. ¿Juegan los bárbaros a la extinción final?

Los USA alquilaron la isla hasta 2016. Y hasta entonces, y después, ¿qué?


Drácula, Frankestein y los eufemismos

«¡Ay, cuando levantaban las murallas, cómo no me di
cuenta!/Pero nunca oí ruido ni voces de albañiles.
Desde el mundo exterior –y sin yo percibirlo- me encerraron»

Constantino Kavafis

¿Y qué, con la prisión de «Diego García»? «Diego García» es el mayor centro de torturas —les llaman eufemísticamente «interrogaciones»— para los presos considerados más «importantes» por el Imperio.

Fue allí que el prisionero Ibn Al-Sheikh Al-Libi tuvo que mentir, pues no resistía el suplicio a que era sometido. Dijo, para evitar que siguieran lacerándolo, que Saddam Hussein era aliado de Al-Qaeda, y que tenía las famosas armas destrucción masiva, de las cuales tanto se ha hablado.

Por cierto que se demostró que esas armas no existían. Pero eran los argumentos que George W. necesitaba, para la guerra del petróleo: la que el lanzó, hambriento de dólares, con la excusa del «terrorismo»; como si hubiera sido un salvador del mundo, al que aniquilaba y por lo cual hoy se intenta juzgarlo. Desde todo el planeta, se levantan cada vez más voces que demandan, precisamente, llevarlo frente a la justicia como un reo que cometió crímenes contra la humanidad.

La mazmorra de «Diego García» se conoce como «Campamento de Justicia». Seguimos con los eufemismos. Y las seis mil bases militares mundiales de los USA, se mencionan como «huellas» en la jerga castrense estadounidense. Entre ellas, «Diego García» tiene un nombre que suena a burla: «Huella de la libertad». Las palabras perdieron su significado.

Mientras tanto, los traslados de prisioneros drogados, encapuchados, y fuertemente torturados, desde allí hasta Guantánamo, ha sido lo habitual. Personas cautivas trasladadas de un horror, a otro. De «Diego García» a Guantánamo. De Drácula a Frankestein, estaba dicho.

Los 2.000 soldados yanquis destinados permanentemente en el lugar, son la población central de «Diego García ». La tortura necesita vigilancia, ¡caramba! Ironías de la vida, son 2.000 también los desterrados: las armas reemplazan a la vida.

Los bárbaros niegan todo, pero las evidencias y pruebas existen. Por ejemplo, las de ex prisioneros que, por algún milagro lograron la libertad, y cuentan cómo fueron trasladados a Guantánamo, así como el espanto de las torturas, imposibles siquiera de imaginar por cualquier mente humana. Por ejemplo, el testimonio fundamentado del historiador británico Andy Worthington, autor de «The Guantánamo files: the stories of the 774 detainees in America's illegal prison» (Los archivos Guantánamo: las historias de los 774 detenidos en la prisión ilegal de América).

Worthington relata que «una honrada persona con acceso a información privilegiada», Barry McCaffrey, general norteamericano en retiro y profesor prestigioso de estudios de Seguridad internacional, reconoció en dos oportunidades que en «Diego García» se retienen personas acusadas de terrorismo; de la misma manera, aceptó que lo mismo ocurre en Bagram, Guantánamo, por cierto, e Irak.

Por su parte, Clive Stafford Smith, director de la ONG «Reprieve», de cuya seriedad nadie duda, aseguró a «The Guardian» que es categóricamente cierta la existencia de los prisioneros en la isla.

También el senador suizo Dick Marty, confirmó en 2006 las «entregas extraordinarias» de detenidos, desde allí hacia Guantánamo. En un informe que entregó al «Consejo de Europa», certificó que los USA, bajo la responsabilidad legal internacional del Reino Unido, utilizaron este atolón del Índico como prisión secreta para «detenidos de alto valor». El relator especial sobre la Tortura de la ONU, Manfred Novak, lo ratificó.

Guantánamo parece ser prioridad en la agenda de Barack Obama. ¿Y «Diego García»? Es verdad que el flamante presidente de la Casa Blanca tiene demasiados desafíos, rompecabezas y crisis a resolver, así como una oposición conservadora que no le hace fácil gobernar. Pero, ¿tiene la voluntad política para terminar con esta abyección? ¿Podrá —y sobre todo querrá— ir contra la siembra de muerte de los bárbaros?

La libertad, la justicia y los desterrados de «Diego García» esperan su palabra y la de la Unión Europea. Esperan, «como cuerpos bellos de muertos que no han envejecido/ y los encerraron, con lágrimas, en una tumba espléndida/ —con rosas en la cabeza y en los pies jazmines» (Constantino Kavafis).

Un Nobel sin laureles llamado Modiano

Una serie de editoriales se lanzan a publicar títulos del autor francés Patrick Modiano


TIPOS INFAMES
Soitu




Existen lugares donde se concentra la literatura. Espacios que nos evaden de lo que nos rodea y permiten concentrarnos en la lectura. Se abren ante nosotros las palabras y sus significados concatenados, el placer del libro y la soledad del lector.

Cada persona va descubriendo esos sitios, privados o públicos, según va creciendo. Conquistamos así el sofá del salón, la cama, el banco del parque… y por supuesto el bar, con su barra de aluminio, su grifo y el murmullo de fondo inherente en él.

Es en uno de esos bares donde el escritor Patrick Modiano se me reveló como Nobel sin laureles, imprescindible para todos los que buscamos aquello que extraviamos en el pasado pero que no sabemos qué es. Porque Modiano (en su juventud) se cobijó en estos bistrós, buscando la inspiración entre los veladores de mármol y el aroma de café recién hecho. Quizá de ahí el título de su último libro 'En el café de la juventud perdida' (Anagrama) en el que repasa la vida de los parroquianos de un café parisino de los años 60.

En 'Le Conde' la bohemia se agrupa con el respeto a lo anónimo, a aquello que cada cual esconde fuera de ese ambiente. Es allí donde cada uno se perfila como es, ocultando lo más oscuro y dejando visible lo que queremos mostrar al resto, una nueva personalidad más próxima a lo que nos gustaría ser. Así una joven enigmática, Loki, aglutina a su alrededor a cuatro hombres que quedarán señalados por ésta. Nos destapa de esta manera el pasado de uno de ello, Ruy Roland, protagonista de 'Rue des boutiques obscures' que ahora Anagrama vuelve a editar como 'Calle de las Tiendas Oscuras'. En ambos títulos aparece, como en la mayoría de su obra, París. Ese París perpetuo que reitera como escenografía principal en su obra y que junto al poder de la memoria y la búsqueda de la identidad perdida son sus constantes literarias.

Junto a 'En el café de la juventud perdida' están disponible en las librerías dos publicaciones recientes del mismo autor. Seix Barral reedita una de sus grandes obras, 'Dora Bruder'. En esta novela, Modiano reconstruye la biografía de una adolescente judía en el París de la ocupación nazi. Y reaparece otra de sus invariables obsesiones, el encontrar las claves de la persecución judía en la Francia y más concretamente en un París que se nos vuelve inabarcable y casi incomprensible como los personajes que tuvieron que vivir esa época. Ya en 'Los bulevares periféricos' o en el guión junto a Louis Malle 'Lacombe Lucien' refleja esa honda preocupación por las actitudes que pueden llegar a tomarse y las consecuencias que pueden derivar tanto a la persona que inicia esa acción como a los supuestas víctimas de la misma.

El París vivido por Dora en ese mismo tiempo es el de Modiano. Su adolescencia coincide con la historia verídica de los Bruder y el genocidio nazi. Modiano vuelve a tirar de recuerdos para que la narración fluya a la vez que se difumina la figura del narrador con la suya de autor.

Otra de las editoriales que se apunta a este asalto librero de Modiano es Pretextos que recupera 'Remise de Peine', con el nombre de 'Reducción de condena'. Publicada por primera vez en español a finales de los 80 como 'Exculpación', nos devuelve parte de la biografía del niño Patrick previa a 'Un pedigrí'. Los hermanos Modiano quedan al cuidado de unas amigas de la familia, mientras sus padres se ocupan de sus respectivas ocupaciones profesionales. La infancia marcada por la ausencia paterna en un pequeño pueblo cerca de París se vuelve una evocación de la identidad infantil y de los recuerdos misteriosos que envolvían aquella época. Un libro que nos ayuda a comprender las complejas relaciones emocionales que establecemos en el pasado infantil y que acaban configurando nuestra personalidad.

En todas sus obras Modiano ha ido creando un tipo de literatura personal ajena a las modas o gustos pasajeros. Su estilo directo, breve y sobrio le sirve para implementar la carga emotiva sin necesidad de exageraciones sentimentaloides. Para algunos se trata de un escritor fundamental, juzgar vosotros y decidid si está a la altura de las críticas más favorables.

La CPI acusada de 'doble rasero': ¿Una justicia universal sólo para africanos?

La orden de arresto de al-Bashir ha dividido a la comunidad internacional. Un asesor del Secretario General de la ONU y uno de la OTAN nos dan su visión de la medida. Alertan del peligro de caer en el paternalismo al acordar estas resoluciones


EUGENIA REDONDO
Soitu



La orden de arresto contra el presidente de Sudán, Omar al-Bashir, ha generado un acalorado debate sobre la conveniencia o no de la injerencia de la comunidad internacional cuando se producen graves violaciones de los derechos humanos en determinados países. Pero el hecho de que la Corte Penal Internacional (CPI), que echó a andar en el año 2002 —y que juzga crímenes a partir de ese año— sólo haya puesto a rodar la máquina burocrática contra personalidades y líderes africanos, ha levantado ampollas. La entrada en escena de una no siempre activa —y casi siempre sumida en problemas internos— Unión Africana ha echado más leña al fuego. ¿Quién tiene más vela en este entierro? ¿La maltrecha, pero directamente afectada organización regional, o una CPI que se ha puesto en marcha contra al-Bashir por orden expresa del Consejo de Seguridad de la ONU? Por cierto, que la expresión 'doble rasero' comienza a resonar por los rincones de las altas instancias.Ramesh Thakur es asesor del Secretario General de la ONU y vicerrector de la Universidad de las Naciones Unidas. Como redactor principal del informe 'La Responsabilidad de Proteger', que en enero de este año se convirtió en un compromiso de la organización, aplaude la utilización de uno de los mecanismos jurídicos de los que dispone la comunidad internacional para "condenar a una persona que ha cometido crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad", sin necesidad de recurrir a la vía militar, o lo que es lo mismo, sin desencadenar una guerra . Sin embargo, no echa en saco roto las voces que alertan de una posible radicalización del régimen de al-Bashir y una ruptura de los endebles procesos de paz que se han puesto en marcha en Darfur, tras conocerse el fallo de la Corte. Por ejemplo, la Unión Africana ha condenado la orden del Tribunal de la Haya al considerar que "la preocupación por lograr la justicia debe ir acompañada de la preocupación por la paz". En la misma línea, la Liga Árabe ha iniciado los trámites para retrasar esta orden de detención.

Aprovechando una visita a España como invitado a un seminario sobre las intervenciones humanitarias por la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE) y Oxfam, Ramesh Thakur aclara este aparente choque entre la paz y la justicia. Según dice, la comunidad internacional asume que "no se puede tener paz si no hay justicia", y recuerda que en este caso "una de las partes es culpable de abusos y de unos crímenes gravísimos contra la humanidad".

Mohamed Kadry Said, de la OTAN y jefe de la Unidad de estudios militares del Centro Al-Ahram de estudios políticos y estratégicos en el Cairo, coincide en este punto. "Al-Bashir podría continuar avanzando hacia la paz, pero la Corte sólo se preocupa de que los crímenes (que supuestamente ha cometido el líder sudanés) sean castigados", sostiene, y va más allá. En su opinión, "la CPI se constituyó para aplicar la ley, no para hacer política".

El gran problema es que, con el escaso poder de maniobra de la Corte Penal Internacional —sobre el papel, el líder africano podría pasearse libremente por la mayor parte de los países árabes, China, Rusia o Estados Unidos, que no han ratificado el tratado de Roma—, la única consecuencia inmediata de la resolución jurídica es meramente política. Thakur reconoce que este es un dilema que los organismos internacionales aún no han podido solventar, ya que, según él, "la política y la justicia deben ir unidas".

El mundo, dividido

La tensión ha sido inevitable. De un lado, Europa, Estados Unidos y otros países más o menos desarrollados celebran el veredicto del tribunal. Del otro lado del ring, Rusia y China (aliado de Sudán, todo hay que decirlo) alertan del "peligroso precedente" que sienta esta medida, que podría "desestabilizar" aún más al país más grande de África. Mientras, la Unión Africana y la Liga Árabe, vecinas de Sudán, despliegan todo su arsenal diplomático para lograr una moratoria que contenga unos meses la orden de arresto del presidente al-Bashir. Pero, ¿cuál es realmente el alcance de la influencia de estas 'pequeñas' organizaciones? ¿Qué postura debe primar cuando interfiere la opinión de una organización internacional de carácter universal con la de una regional?

Thakur se remonta al conflicto de Kosovo, sobre que el que la Unión Europea y Estados Unidos tenían posiciones radicalmente distintas. En este caso, el asesor de la ONU lo tiene claro. "Es muy difícil que la UE diga: Ok, aceptamos lo que digan las Naciones Unidas, ellos saben lo que tenemos que hacer". Según él, lo mismo puede aplicarse al caso de África. "La organización clave es la Unión Africana y, en menor medida, la Liga Arabe", sostiene. Para Thakur, lo más coherente es apoyar a estos organismos regionales en sus decisiones, ya que lo contrario podría resultar "colonialista y paternalista" y, en su opinión, "nunca funcinaría".

Pero Said, cuyo país de origen, Egipto, no sólo pertenece a ambas organizaciones, sino que alberga la sede de la Liga Árabe, considera que la opinión regional debe ser relegada a un segundo plano. "Por supuesto que tiene que ser escuchada", señala. Además, resalta la importancia de las acciones de los países vecinos cuando un país tiene un conflicto. En el caso de Sudán, el resto de países árabes y los países africanos podrían desempeñar un papel fundamental accediendo a detener a al-Bashir llegado el momento. "Ahora vamos a ver que pasa cuando vaya a Qatar", observa Said con cierta esperanza.

Pero los países árabes ya están cerrando filas al rededor del mandatario, que además, cuenta con el apoyo de gran parte de la población de su país. La consigna es unánime: la Corte Penal Internacional está utilizando un doble rasero para medir los crímenes cometidos en un país o en otro. Fuera de las fronteras de Sudán, este sentimiento se propaga.

José Ignacio Torreblanca, profesor de Relaciones Internacionales de la UNED, hablaba hace unos días en su columna de El País de la "duda (razonable) acerca de si no estaremos ante un nuevo episodio que prueba el doble rasero con el que se aplica la justicia internacional". Sin embargo, para él, la resolución de la CPI no es más que una muestra de que la justicia avanza, pero la impunidad retrocede.

Cada vez más los que hablan de la paradoja de ejercer la justicia injustamente, ya que por ejemplo jamás se aplicarán estos instrumentos contra gobernantes en Europa o en Estados Unidos. 'Justicia blanca', han llegado a decir algunos preguntándose "¿por qué Bashir sí y Bush no?". Thakur cree tener la respuesta, que en realidad es una pregunta: "¿Crees que una posible intervención en un país europeo o en Norteamérica de la comunidad internacional contribuiría a mejorar de alguna forma los derechos humanos en estos países?" ¿Y en Darfur? Ahora es Kadry Said quien responde. El ex general reconoce que "para ver cómo evoluciona esta decisión vamos a tener que esperar unos meses".

Con ‘Algo que contarte’, Hanif Kureishi entrega su mejor novela desde ‘El buda de los suburbios’

Personajes como los que pululaban en ‘El buda de los suburbios’, ‘Mi hermosa lavandería’ y ‘Londres me mata’ miran hacia atrás con desencanto en la última obra del autor anglopaquistaní Hanif Kureishi. Una novela estupenda en la que recupera el pulso de sus mejores tiempos y repasa con sentido del humor los escombros de una generación a la que solo le queda la búsqueda del placer.


SERGI SÁNCHEZ
El Periódico de Catalunya



Empecemos por una escena a la vez central y periférica en una novela que se recrea, con cierta joie de vivre, en sus excursiones por los alrededores, en su afán por convertirse en delicioso anecdotario sobre lo que significa ser humano hoy en día, en términos morales, sexuales e ideológicos. Omar Alí, conocido como Lord Alí de Lewisham después de la elección de Blair en 1997, aparece no como el homosexual musulmán de Mi hermosa lavandería sino como el homosexual musulmán y laborista que ha vendido su negocio de tintorería, ha invertido en medios de comunicación y apoya firmemente la guerra de Irak. «¿No les hemos hecho un favor a los iraquís?», se defiende Omar. «Vosotros, los viejos comunistas izquierdosos, no podéis dar el brazo a torcer».

DESEOS OCULTOS

Jamal Khan, el psicoterapeuta que protagoniza Algo que contarte, compartió piso en tiempos de militancia universitaria con «un grupo de blancos de clase media muy políticos (...) blairistas entusiastas que salían a menudo en la televisión defendiendo la guerra de Irak», no muy distintos de Omar. Se puede deducir que la última y estupenda novela del británico de origen paquistaní Hanif Kureishi, la mejor desde El buda de los suburbios, logra certificar el desencanto de toda una generación que es la del propio escritor, enfermero de las emociones y deseos ocultos que prefiere escuchar a dictar sentencia.

No es la única lectura que sugiere una obra pluricelular que incluye dos personajes secundarios memorables (Míriam, la voluptuosa y radical hermana de Jamal, y Henry, su amante y también amigo del protagonista); un hermoso elogio de la psicoterapia como disciplina artística, casi al mismo nivel de la creación literaria; un sorprendente caso de incesto; un asesinato justo que necesita de una redención que no llega; un amor juvenil recuperado en la edad madura; el robo de un dibujo de Ingres; y una variada selección de escenas sexuales que, para Kureishi, significan la expresión del secreto más insondable, el causante de todas las sesiones de diván que Jamal preside dispuesto a conocer el extraño que vive en nuestro interior; esto es, la búsqueda del placer, la destilación de su esencia.

Los que fueron revolucionarios empiezan a morir, la guerra está lejos pero en todas partes (los atentados de Londres aparecen casi al final de Algo que contarte, como el colofón a la historia de decepciones políticas que funcionan como telón de fondo histórico), los jóvenes carecen de modelos éticos (y menos mal, teniendo en cuenta dónde han acabado los anarco-ecologistas) y la crisis de las ideologías no se cobra víctimas porque nadie sabe en qué creer.

Sin embargo, Kureishi se enfrenta a este escenario desolador con sentido del humor, y su novela, que funciona como una larga y reparadora confesión, tal es su tendencia a la libre asociación de ideas y personajes, deja un agradable sabor de boca, como si por fin Jamal, tan paranoico y tan entrañable, hubiera encontrado su identidad perdida a través del relato, y con este reencuentro consigo mismo hubiera convertido a todos sus lectores en psicoterapeutas felices que han olvidado que un día fueron pacientes tan necesariamente locos como aquellos que creen no estarlo.

¿Cerrarán los paraísos fiscales?

JUAN HERNÁNDEZ VIGUERAS
Público


La pasada reunión en Berlín de siete países europeos, incluida España, para preparar la próxima cumbre del G-20 en Londres apunta, lo mismo que los anteriores acuerdos de Washington, hacia la transparencia financiera; pero la cruda realidad es que no plantean explícitamente la supresión de los centros offshore o paraísos fiscales, cuya desaparición antes de 2006 preveía la OCDE en su fracasado proyecto. Porque, más allá de la nula o baja fiscalidad, constituyen un sector de los mercados financieros globales, con la ventaja competitiva de la opacidad, y forman parte de la banca en la sombra que los gobiernos han respetado al concederles ayudas y avales a los bancos en dificultades.

Y es que la supresión de los paraísos fiscales requerirá tocar la libertad de los movimientos de capitales y otros aspectos del actual orden internacional. Eso se vio claramente en febrero de 2008 en el debate de la Cámara de los Comunes británica sobre si la nacionalización del Northern Rock Bank abarcaba o no también a la entidad Granite, domiciliada en la isla de Jersey y ligada al banco, pero propiedad de un fideicomiso benéfico registrado en otro paraíso fiscal. Esta empresa se había empleado para la emisión de bonos respaldados por el banco hasta que estalló la crisis en el verano de 2007 y quebró el negocio porque ya no podía refinanciar los préstamos.

El neoliberalismo aún dominante niega el papel de los mecanismos offshore en la crisis financiera, que ya se reveló en verano de 2007 con la quiebra de los dos fondos de alto riesgo o hedge funds del entonces quinto banco de inversiones, Bear Stearns. Dichos fondos estaban registrados en las Islas Caimán como simples letterbox companies (buzones de correos), a los cuales se les concedían préstamos apalancados, es decir, con un endeudamiento superior a su capital, para que especularan con valores respaldados por hipotecas subprimes. Operativas similares fueron utilizadas por los Landenbanken –los bancos regionales alemanes rescatados luego con dinero público–, por el franco belga Dexia, el conglomerado asegurador AIG de EEUU y los hedge funds de Madoff (véase www.laeuropaopacadelasfinanzas.com).
Los llamados paraísos fiscales son parte del denominado shadow banking system (sistema bancario en la sombra), como se denomina a un sector subalterno de la gran banca surgido para atraer a los grandes inversores con los fondos de alto riesgo y los instrumentos estructurados (ABS, SIV, etc.). La llamada “ingeniería financiera” desarrolló la titulización o conversión de créditos/deudas en activos financieros comercializables en los mercados mundiales, gracias a la libertad de los movimientos internacionales de capitales con escasa supervisión. Como en noviembre de 2007 denunciaba el fundador de la firma financiera estadounidense Pimco,

Bill Gross, ese sistema bancario desregulado y oculto era “libre para crear mágica y místicamente préstamos hipotecarios subprime y luego empaquetar en una caterva de conductos (conduits) de tres letras que únicamente podían explicar los magos de Wall Street”.

En la larga etapa de crecimiento económico y finanzas globalizadas, esta operativa paralela permitía, en primer lugar, desvincular del banco matriz la propiedad de los activos financieros negociados mediante vehículos en los paraísos fiscales offshore. Así se gestionaba toda clase de operaciones opacas fuera de la contabilidad oficial de la banca con el fin de sortear la supervisión de los bancos centrales, con el catastrófico resultado final.

En segundo lugar, se diseminan los riesgos en las operaciones de compraventa de activos financieros encadenando transacciones que pasan por diversos centros offshore; facilitadas por el espacio financiero europeo sin fronteras para los fondos y sin supervisor comunitario. De modo que los impagos de deudas hipotecarias en Michigan, convertidas en títulos adquiridos por otros bancos, se convirtieron en pérdidas para ahorradores españoles.

En tercer lugar, para las grandes operaciones se practica, desde entidades en paraísos fiscales offshore, el denominado arbitraje regulatorio o legislativo, que designa la posibilidad de optar o de combinar diferencias entre las diversas legislaciones nacionales o jurisdiccionales, tanto en fiscalidad como en la regulación y el grado de control y supervisión financiera.

La banca en la sombra, responsable de la especulación y de las burbujas financieras e inmobiliarias en los años anteriores a la crisis, según los analistas críticos, habría producido la mitad del nuevo crédito generado en los EEUU; y la financiación de esos instrumentos innovadores ligados a centros offshore, que obtenían efectivo barato a corto plazo, alcanzaba el pico de los 1,2 billones de dólares en el verano de 2007, mientras que en años anteriores había oscilado entre los 600 y los 700.000 millones (Financial Times, 16-12-2007).

Obviamente, la crisis financiera produjo el progresivo desmantelamiento parcial de esa operativa bancaria offshore, reflejado en la contabilidad de los bancos matrices con pérdidas millonarias y reduciendo al mismo tiempo su volumen. Pero sin llegar a la desaparición de sus instrumentos bancarios opacos, porque ni las nacionalizaciones sui géneris ni las ayudas ni avales de los gobiernos de la Unión Europea han exigido a la banca la supresión de filiales y sociedades instrumentales en paraísos fiscales –como solicitó Attac-España al Gobierno en 2005– y que el G-20 tendrá que abordar en serio para superar la crisis del sistema.