La apuesta del nuevo partido anticapitalista

El deslizamiento hacia la derecha del Partido Socialista, la división en el seno de la izquierda gala y el carisma de su líder, Olivier Besancenot, auguran buenas perspectivas al Nuevo Partido Anticapitalista, cuyo objetivo es convertirse en la alternativa a la globalización capitalista para la clase trabajadora.

DANTE SANJURJO
Gara



Se impondrá el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) como la principal fuerza antiliberal en el Estado francés? Es por lo menos el reto que se marcaron los trotskistas de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) cuando, a principios de 2008, anunciaron la disolución de su formación, con 40 años de existencia, para fundar un nuevo partido. «El objetivo de la creación del NPA es construir una nueva alternativa política para los trabajadores de la Francia de 2009», resume François Sabado, miembro de la dirección del NPA y cuadro histórico de la LCR. «La crisis castiga directamente a las clases populares y es necesaria más que nunca una alternativa al capitalismo. Y es que la derecha defenderá siempre el liberalismo y la izquierda socialdemócrata sigue adaptándose al capitalismo», asegura.

El congreso fundador para crear el NPA se reunió a principios del pasado mes. Los delegados enviados por los comités locales aprobaron sus estatutos y eligieron a su dirección. El NPA anunció entonces 9.000 adhesiones, cuando la LCR no contaba más que con 3.000 miembros. «El NPA va a intentar hacerse presente en nuevos espacios», señala Florence Johsua, investigador del Centro de Estudios de la Vida Política (Cévipof), en concreto «allá donde la LCR estaba casi ausente: en los barrios de inmigrantes y en el sector privado». Una evolución sociológica que comenzó en el contexto de las presidenciales de 2002, las primeras a las que se presentó el joven portero y hábil orador Olivier Besancenot. «En pocos meses -prosigue el politólogo¯, la LCR pasó de 1.500 a 3.000 militantes, con menos funcionarios y más empleados del sector privado. Con la creación del NPA, ha ido más allá y ha incrementado las adhesiones entre activistas sindicales y asociativos, jóvenes del movimiento altermundialista, militantes de primera hornada y personas procedentes de otras organizaciones políticas, que ven en el nuevo partido una alternativa creíble».

Cada uno a lo suyo
Su denominador común: el alineamiento con la intransigencia del NPA respecto al Partido Socialista (PS), con el que la nueva formación rechaza toda alianza, tanto en primera como en segunda vuelta electorales y sea cuál sea el resultado. Esta posición ha sido la razón oficial de las desavenencias entre las distintas corrientes de la izquierda para las elecciones europeas de junio.

El Partido Comunista Francés (PCF) es en la práctica un aliado tradicional del PS, del que depende para asegurar la reelección de sus electos, tanto en el ámbito local como en el estatal. En general, el conjunto de la izquierda francesa hace causa común para acusar al NPA de rehuir de sus responsabilidades al rechazar toda participación, aunque fuera condicionada, en un Gobierno con los socialistas.

En 2005, la victoria del «no» en el referéndum sobre el Tratado Constitucional de la Unión Europea (UE) sólo fue posible por la unión de todas las tendencias de la izquierda. Pero, desde entonces, la división vuelve a reinar. En las presidenciales de 2007 y en el seno de la izquierda antiliberal, sólo Olivier Besancenot logró superar el listón del 2%, con un 4,08% de los sufragios.

De entonces a ahora, ha nacido el NPA, el senador socialista Jean-Luc Mélenchon abandonó el PS a finales de 2008 para fundar el Partido de Izquierda (PG) y los principales movimientos altermundialistas, de ecología radical/ecologistas radicales y comunistas reformadores se reunieron en el seno de un colectivo bautizado con el nombre de La Fédération.

El PG se ha aliado con el PCF y ambos lanzaron el pasado 8 de marzo en París un Frente de Izquierda, coalición electoral para las europeas. Justo al día siguiente, el NPA presentó a sus candidatos.

En principio, todos coinciden en afirmar que desean la unidad para las europeas. Pero el NPA insiste en que esta unidad y la independencia respecto al PS debería mantenerse más allá de estas elecciones y extenderse al menos hasta las regionales de 2010. Besancenot se muestra «contrario a los calendarios alternados, un año con nosotros, otro año con otros», Como consecuencia, no habrá listas comunes. «Los llamamientos a la unidad son el medio por el que cada uno trata de mejorar su posición en la competencia» electoral, analiza Francine Bavay, activista de la corriente Alter Ekolo, miembro de La Fédération. Y es que, como recuerda, «la competitividad es destructiva en todos los niveles, no sólo en economía». Cada uno trata de presentar al otro como el que divide, con el fin de debilitarlo.

Por el momento, es el NPA el que tiene el viento en popa. Un sondeo de l´Ifop publicado a mediados de febrero le auguraba un 9% de intención de voto para las europeas, frente a un 6% para el Frente de Izquierda y a un 3% para la otra formación trotskista de Lutte Ouvrière. Para consuelo del Frente de Izquierda, el pasado 8 de marzo éste obtuvo el alineamiento de una corriente minoritaria del NPA, liderada por uno de los fundadores de la LCR, Christian Picquet, quien logró el 16% de los apoyos en el Congreso. «Mis camaradas -explica este último a GARA-, aunque han comprendido la necesidad de una nueva fuerza política de izquierda, yerran con la ilusión de que podrían encarnarla solos». Este alineamiento será sin duda el último, ya que el Frente de Izquierda no desea negociar con La Fédération, que acoge a comunistas disidentes, lo que irrita a la actual dirección del PCF.

Por lo que respecta a los Verdes, éstos han formado su propia coalición, coliderada por Daniel Cohn-Bendit y por el altermundialista José Bové.

En este contexto de fuertes divisiones, el NPA aparece como el único partido que podría beneficiarse de una dinámica asentada en la realidad. «El NPA aspira a cubrir el espacio que históricamente ocupó el PCF», estima Francine Bavay. «La izquierda antiliberal es rehén de esta estrategia del NPA, que sirve objetivamente a la derecha al dividir a la izquierda», sentencia.

Una doble oportunidad

El del NPA es un programa de izquierda transformadora clásico: «nacionalización de bancos y redistribución radical de la riqueza», resume François Sabado. «Guadalupe y Martinica marcan el camino: tras un mes y medio de huelga general, estos territorios han conseguido un aumento en 200 euros para todos los trabajadores que ganaban menos de 1,4 veces el salario mínimo. Esto ha sido posible porque había una dirección política del movimiento, animado por asociaciones, sindicatos, independentistas, responsables políticos radicales y revolucionarios», señala. El NPA espera liderar en la metrópoli los movimientos sociales en lucha. El 29 de enero pasado, 2,5 millones de personas desfilaron convocados por el conjunto de los sindicatos para exigir mejoras en sus condiciones de vida. A falta de una respuesta satisfactoria a sus demandas por parte del Gobierno, para mañana está convocada una nueva manifestación.

El NPA espera, además, aprovechar el deslizamiento a la derecha del PS. No obstante, Claude Bartolone, secretario nacional del PS encargado de las relaciones con otros partidos, relativiza esta amenaza. «No creo que haya que sobreestimar la pujanza del NPA», explica a GARA. «Sus buenos resultados son ante todo el resultado de la creación, muy comentada por los medios de comunicación, de este partido que, por otra parte, tampoco es tan nuevo: es heredero de la LCR, que siempre ha buscado ampliar su base, pero nunca lo ha conseguido. Se da, sin duda, un efecto Besancenot», concede.

Y el PS cuenta, como en las presidenciales de 2007, con que la izquierda le acabe votando en la segunda vuelta, e incluso en la primera, con tal de derrotar a la derecha. «Ningún partido tiene en propiedad los sufragios de los electores», insiste.

La prioridad actual del PS pasa por retomar la unidad y recuperar al electorado centrista con una línea política socialdemócrata y hasta liberal. La mejor muestra de ello ha sido la unanimidad de los cuadros del PS para adoptar el programa con que concurrirán a las elecciones de junio, el Manifesto.

Este escoramiento del PS al centro deja libre un espacio a la izquierda: el espacio en el que el NPA aspira a medrar.

Victoria del FMLN: cae otro peón del lado de la Patria Grande

El presidente electo, Mauricio Funes, pretende compaginar el impulso a la integración centroamericana con las buenas relaciones con EEUU, país con respecto al que El Salvador mantiene una dependencia económica preocupante debido al Tratado de Libre Comercio Centroamericano y a los envíos de remesas de los salvadoreños residentes allí.

LUISMI HUARTE
Gara


La histórica victoria de la antigua guerrilla del FMLN va a dar a El Salvador la oportunidad, difícilmente desaprovechable, según el autor, de subirse, de la mano de Petrocaribe y el ALBA, al tren soberano que desde el sur del continente recorre América Latina.

La victoria del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en las elecciones presidenciales de El Salvador, además de un cambio histórico para el país, por ser la primera vez que un partido de izquierdas gana el poder ejecutivo nacional, va a incidir también en la partida de ajedrez que en términos geopolíticos se está jugando a nivel continental.

Rasgos de la nueva época. Sin duda, este triunfo de la ex guerrilla hay que situarlo en una nueva época con unas coordenadas geopolíticas continentales e internacionales sustancialmente diferentes a las de la década de los 80. No estamos en el marco del fin de la Guerra Fría, con la expansión del pensamiento neoliberal, las políticas de ajuste y la guerra abierta de la Administración Reagan contra el Gobierno sandinista y la insurgencia centroamericana en Guatemala y El Salvador.

Nos encontramos en los inicios de una crisis profunda y estructural del sistema mundo -parafraseando a Wallerstein-; con un inquilino en la Casa Blanca que, a pesar de sus limitaciones, podría rememorar en ciertos aspectos el legado de Roose- velt y de Kennedy; con un segundo Gobierno sandinista en Nicaragua, más moderado y pragmático que el de los 80; y con un proceso de integración latinoamericano creciente e inédito en la historia moderna.

Es en este contexto en el que se produce la victoria de la ecuación Funes-FMLN. La combinación de estos dos factores ha posibilitado que por primera vez la derecha salga derrotada en unos comicios nacionales, es decir, la sinergia entre la potente maquinaria política del Frente y el notable carisma de un periodista crítico, ha permitido la victoria electoral de la izquierda. El FMLN, con una inevitable dosis de pragmatismo, ha optado por una figura externa a la militancia histórica y guerrillera para acceder al poder ejecutivo. No es un viejo combatiente, sino un civil de perfil moderado quien se convierte en el gancho electoral para que la ex guerrilla acceda la máxima instancia de gobierno.

Esto no debe sorprender, ya que está en sintonía con esta «nueva época», donde antiguas guerrillas y ex guerrilleros hoy forman parte de gobiernos progresistas y de izquierdas: Pepe Mújica y sectores de los Tupamaros uruguayos, el vicepresidente Álvaro García Linera en Bolivia, y figuras clave en el Ejecutivo de Chávez como Alí Rodríguez Araque, actual ministro de Finanzas.

Un país devastado. El legado que asume Funes y el FMLN es una nación profundamente devastada en el plano social y económico. Según la CEPAL, un 47% del total de la población es pobre, y casi un 20% está en situación de extrema pobreza. La salud y la educación pública están notablemente deterioradas, y todo esto viene acompañado de una de las tasas de inseguridad más altas de América Latina. Junto al drama social, nos encontramos una realidad económica deplorable, donde las recetas neoliberales han sido aplica- das por el partido ARENA con suma obediencia.

No es extraño que el país fuese calificado como uno de los mejores alumnos latinoamericanos, junto a México y Chile, por las instituciones internacionales defensoras de la globalización capitalista. A día de hoy, gran parte de la propiedad pública está privatizada (telecomunicaciones, electricidad, pensiones...), el dólar ha sustituido a la moneda nacional (el colón) desde 2001, y el «sistema de maquilas» de explotación intensiva de trabajadores tiene un gran peso económico. A esto hay que añadir una dependencia económica preocupante respecto a Estados Unidos, a través del Tratado de Libre Comercio Centroamericano y de los envíos de remesas de los ciudadanos salvadoreños residentes en EEUU.

En su primer discurso tras la victoria electoral, Funes anunció que su Gobierno seguiría una «política exterior independiente». Esto lo materializaría por dos vías: «impulso a la integración centroamericana» y «buenas relaciones con EEUU».

EEUU. Inevitablemente, la relación con la potencia del Norte va a seguir siendo estrecha, por razones económicas incontestables. Por un lado, un 90% del total de los dos millones y medio de salvadoreños que viven en el exterior reside en EEUU (recordemos que El Salvador tiene hoy día alrededor de 5.800.000 habitantes). Las remesas que envían estos inmigrantes suponen un 17% del PIB nacional, y por tanto se han convertido en un pilar fundamental de la estructura económica de El Salvador. Días antes de las elecciones, congresistas estadounidenses amenazaron con bloquear las remesas si ganaba el FMLN. Es improbable que esto vaya a suceder, pero de cualquier manera, el nuevo Gobierno es consciente de la importancia de mantener estable este importante flujo monetario.

Por otro lado, El Salvador fue el primer país que firmó el CAFTA (Tratado de Libre Comercio entre EEUU y Centroamérica) en 2004. Además, alrededor del 58% de sus exportaciones se dirigen a EEUU, mientras que más del 37% de sus importaciones provienen de ese país. Revertir esta dependencia va a ser sumamente complicado, aunque se prevé que el nuevo Ejecutivo haga una apuesta seria por reducirla.

Patria Grande. Sin embargo, El Salvador difícilmente va a desaprovechar la oportunidad de subirse al tren soberano que desde el Sur del continente viene recorriendo América Latina. En primera instancia, posiblemente tocará más pronto que tarde la puerta de Petrocaribe, organismo donde casi todo Centroamérica y el Caribe se reúnen. Las facilidades energéticas que Vene- zuela ofrece a sus integrantes, y de las que ya algunas alcaldías del FMLN habían disfrutado, obligarán al Ejecutivo de Funes a formar parte del grupo.

Asimismo, la invitación a integrarse en la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), liderada también por el Gobierno bolivariano, no se hará esperar. Si un país como Honduras, donde formalmente no gobierna la izquierda, terminó incorporándose al ALBA, gracias a los buenos oficios del presidente nicaragüense Daniel Ortega, por qué no habría de hacer lo mismo El Salvador, ahora bajo el mando del Frente, consciente de los beneficios que le reportará formar parte del bloque.

Mauricio Funes afirmó que su referente político es el presidente brasileño Lula, lo cual le retrata en términos ideológicos, con sus potencialidades y limitaciones. De cualquier forma, parece innegable que otro peón ha caído del lado de la Patria Grande.