"Brain Cycles", Radio Moscow (2009)


KEPA ARBIZU
Lumpen




Parece mentira que una banda tan joven como Radio Moscow (superan por poco los veinte años de media) sea capaz de sonar tan rotundamente setenteros. Su sonido remite a esa combinación tan característica de aquellos años basada en fusionar el blues, el rock y la psicodelia. Así lo hacían, por ejemplo, alguno de los máximos representantes de esa época, Jimmy Hendrix, Cream o Blue Cheer.

Todos ellos, y otros más, son el espejo donde el trío de Iowa se mira sin ningún rubor. Conscientes de no estar creando un avance significativo, pero orgullosos de sonar atronadores y fieles a aquel espíritu.

Formados hace cinco años, ya en su debut homónimo sorprendieron por su contundencia y habilidad para mezclar y exprimir con precisión todas las influencias antes comentadas. Apadrinados por Dan Auerbach, líder y vocalista de Black Keys, aprovecharon el camino que iniciaron estos y los White Stripes para sumarse a una nómina de grupos eminentemente guitarreros y con ciertas características comunes. Además, como curiosidad, también comparten el número de integrantes que forman la banda, en este caso, sólo dos (aunque en directo añaden otro componente). Este hecho, aparte de lo estrambótico, tiene su relevancia respecto a la necesidad de mayor pericia por parte de los músicos para crear un sonido tan rudo.

Parker Griggs es la cabeza pensante que está detrás de Radio Moscow. De él son todas las composiciones. No contento con eso, también hace las labores de cantante, guitarrista y percusionista en todos los temas. Sólo el bajo se lo deja a Zach Anderson, fichado para esta última grabación.

“Brain Cycles” continúa trabajando con los mismos moldes que su predecesor, el blues, el hard rock y la psicodelia. Todo perfectamente mezclado para conseguir un sonido energético. “I just don’t know” abre el fuego de lo que será, desde el primer momento y hasta el final sin descanso, una sucesión de robustas guitarras acompañadas por una sección rítmica trepidante. Así, en la segunda parte de este tema vemos florecer todo el repertorio instrumental y la clase con la que lo ejecutan. “Broke down” se mueve en un espacio donde se encuentran Black Sabath y Led Zeppelin. “The escape” se separa un poco del hard rock y vuelve al blues psicodélico que popularizaron Blue Cheer en su momento. “Brain Cycles” es una eclosión de sonido utilizando todo la gama de sonido de los setenta, desde las guitarras wah-wah hasta tonos más clásicos con la esporádica aparición de teclados. “Black boot” es una muestra clara de que todo su repertorio tiene su origen, como el de buena parte de la música popular, en el blues primigenio, aquí, por medio de la guitarra slide y una percusión rústica, hacen una demostración. “No Jane” cierra el disco con un acercamiento a Hendrix que sirve como perfecta muestra de cuál es el “imaginario” que manejan estos chicos.

Bienvenidas sean las modas, porque hay que tener claro que esta proliferación de grupos así lo es, cuando propician la aparición de bandas como esta, tozudamente empeñados en hacer rememorar aquellos sonidos que cambiaron el rumbo del rock a base de talento, energía y ganas.

El París encantador de Cartier-Bresson


JUAN PEDRO QUIÑONERO
ABC



¿Qué hay de nuevo, cuando se han visto todas las fotografías de todos los fotógrafos del mundo sobre París…? Henri Cartier-Bresson.

La Maison Européenne de la Photographie (MEP) presenta, hasta el 30 de agosto, una gran retrospectiva parisina, con 320 obras que reúnen, en una sola muestra, dos exposiciones anteriores, «Paris à vue d’œil» (1984) y «Des Européens 1997», presentadas ahora con un título ecuménico: «Henri Cartier-Bresson à vue d’oeil», una gozada para la vista, el alma y la revelación de París, justamente.

Fotógrafo parisino, formado en la escuela pictórica de André Lhote, seducido temporalmente por las locuras surrealistas, HCB se hizo célebre fotografiando la calle, los hombres y mujeres de España, los EE.UU., las Américas, Rusia, Asia, que sé yo, mucho más de medio mundo.

El corazón de los morales

De vuelta a casa, Cartier-Bresson no solo traía a la agencia Mágnum memorables imágenes de otros mundos. Descubría nuevos rostros de un París cambiante a una velocidad más vertiginosa que el corazón de los morales, según la imagen canónica de Baudelaire.

Cartier-Bresson conoció el París nocturno inmortalizado por Brassaï, y era sensible al Paris de la alta costura (de Avedon a Newton), entre muchas otras metrópolis parisinas, mestizas, cosmopolitas y reciamente tradicionales. Pero él veía con nuevos ojos la ciudad de su vida, a través de una cámara curtida en el descubrimiento de Nueva York y los grandes espacios, dialogando con otros maestros del vagabundeo celeste, como Helen Levitt, Robert Frank o Walker Evans, entre otros.

De ese mestizaje de culturas fotográficas -poco sensibles al color, trabajando de preferencia en blanco y negro, salvo en el caso de Helen Levitt, con objetivos de 50 mm.- floreció un París encantador, el de Cartier-Bresson. Que es un París clásico, de ayer, de hoy y de mañana. La ciudad tiene muchos otros rostros. Pero ese París, popular, sofisticado, irónico, poético, ilustrado, de intacta virginidad, el París del maestro del instante decisivo, tiene el encanto único de las ciudades imaginarias que viven en la tierra prometida de los sueños.

La ultima crisis tailandesa se cierra en falso

TXENTE REKONDO
Rebelión




La polarización que se acrecienta en Tailandia estaría rompiendo la imagen de destino idílico y de sociedad harmónica que se tenía de aquel país. Las protestas protagonizadas por los llamados “camisas rojas”, la reacción del ejército y sus aliados y sobre todo la permanente presencia tras el telón de la poderosa monarquía tailandesa, muestran una realidad que lejos de obedecer a los tópicos anteriores, se asemeja a una situación de permanente crisis institucional, política y social, cuyas repercusiones finales todavía no se pueden anticipar.

Tailandia ha estado dirigida y controlada por una alianza de fuerzas que se resisten a permitir cualquier cambio o democratización del país. Los generales “ultra-monárquicos”, junto a una judicatura conservadora, los burócratas y empresarios, así como buena parte de las clases medias urbanas, son el soporte de esta sistema presidido por una monarquía que prefiere quedar en un segundo plano, pero que es en definitiva quien ha tejido ese compleja red de aliados, al tiempo que se ha rodeado de una imagen idílica y de “absoluta adoración”.

Los falsos estereotipos son otra característica de Tailandia. Durante mucho tiempo se ha querido ocultar las profundas divisiones sociales y políticas que se dan en el país asiático. Por lo general, se ha pretendido ocultar las mismas con falsos mitos como “la permanente sonrisa (falso sinónimo de felicidad) de sus gentes, la importancia del budismo como eje de una sociedad armónica, una sociedad pacífica y una unidad nacional irrefutable (ocultando aquí también la difícil situación que viven las minorías, o las protestas de los musulmanes del sur del país).

Sin embargo, los acontecimientos de estos últimos años han roto en buena medida esa falsa realidad, y ahora podemos ver cómo ni el pueblo está tan unido ni sus actuaciones son tan pacíficas. Además, las recientes protestas han contribuido a tirar por tierra toda un aserie de tabúes que imperaban en aquella realidad.

La cruda realidad tailandesa que se oculta tras los catálogos turísticos nos presenta una país dominado por la mencionada alianza de “patricios” que se han preocupado de perpetuar su propia ley en su beneficio, y no dudando en intervenir (el ejército y el rey) de diferentes formas y maneras (golpes de estado, maniobras de todo tipo) para asegurarse que cualquier cambio democrático no altere su privilegiada posición, permitiendo ciertas mejoras, pero siempre bajo el prisma de “un mediocre paternalismo”, con la monarquía protegida por “una arcaica ley y un sistema amañado” en esa dirección.

Las constantes maniobras de la élite política y social han ido acrecentando la represión ante las demandas populares de cambio, sobre todo a partir del 2006, lo que ha derivado en cierta medida en la actual crisis que ha ocupado las calles del país.

Las movilizaciones de los llamados “camisas rojas” son, en cierta medida, el fruto de esa impotencia popular a la sucesión de arbitrariedades e imposiciones de la clase dirigente. Los lemas que se han escuchado estos días en las calles tailandesas reflejan esas demandas, “somos el pueblo, luchamos por la democracia, contra las clases dirigentes”.

Este movimiento que algunos quieren presentar como de apoyo a la controvertida figura del antiguo primer ministro Thaksin Shinawatra, va más allá de ese supuesto soporte político. Si bien es cierto que bajo el mandato de Thaksin los sectores más desfavorecidos recibieron por primera vez atención a sus demandas y lograron cambios importantes, la controvertida figura del citado político no es el eje central que uniría a este movimiento.

La sensación que su voto servía para algo, y que su participación política y electoral podría por fin reportarle los beneficios y parte de la justicia que durante décadas han venido demandando sería el motor de estas movilizaciones y de esos amplios sectores de la sociedad tailandesa marginados durante tanto tiempo por un sistema creado para defender los intereses de las clases dominantes y excluir a los más desfavorecidos y pobres de Tailandia.

Los principales actores han ido mostrando estos días con bastante claridad sus cartas. El primer ministro, Abhisit Vejjajiva, ha pesar de haber evitado un baño de sangre, ha sido incapaz de cumplir su promesa de reconciliar a la dividida sociedad tailandesa, y además, ha aumentado el rechazo popular a la forma de elección que le aupó al puesto que ocupa.

Mientras que la policía ha sido claramente ninguneada y ha perdido casi toda su autoridad ante la sociedad, el ejército tailandés ha mostrado su posicionamiento y su actitud de doble rasero ante el pueblo tailandés. Si su pasividad y colaboración en las movilizaciones pasadas protagonizadas por los llamados “camisas amarillas”, los sectores que pretenden seguir controlando el país, fue la tónica general en el pasado, en esta ocasión no han tardado en actuar contra los manifestantes. Las pobres excusas manifestadas por sus oficiales (la suspensión del la cumbre de la ASEAN y la pérdida económica que las protestas acarrearían), son insignificantes si se hubiesen aplicado los mismo parámetros durante las ocupaciones de aeropuertos y calles por parte de las fuerzas monárquicas en los meses anteriores (que produjeron grandes pérdidas económicas y de puestos de trabajo).

Por su parte, la alianza amarilla no oculta sus pretensiones, y por boca de uno de sus dirigentes no ha dudado en señalar su deseo de mantener los privilegios, y de acceder a un parlamento donde el 70% del mismo sea nombrado por ellos, ya que según ese mismo dirigente, “la democracia representativa no es viable para Tailandia”.

También Thaksin Shinawatra habría estando moviendo fichas estos días. Algunas fuentes apuntan a que estaría buscando un acuerdo con los dirigentes actuales para recuperar su fortuna, bloqueada por las autoridades tailandesas, y todo ello a cambio de abandonar cualquier participación en la vida política del país. Esas mismas fuentes señalan la posible función mediadora de alguna figura europea de segundo orden.

Otro punto a tener en cuenta en el futuro lo encontraos en torno a la monarquía tailandesa. Esta es un mecanismo oscuro y complejo que controla a través de múltiples redes el país, al tiempo que logra transmitir una imagen de “absoluta adoración” popular, Sin embargo las cosas parecen haber cambiando y el debate que se asoma puede trastocar seriamente los deseos de la monarquía tailandesa.

En todas las movilizaciones anteriores (los movimientos estudiantiles de los setenta, las manifestaciones anti- militares de 1992, y las más recientes de los “camisas amarillas”) han estado presididas por retrates del rey. Sin embargo, tras las movilizaciones de esta semana parece haberse abierto un nuevo debate, y la ausencia de retratitos de la monarquía pueden reflejar un punto de inflexión en el debate político de Tailandia.

El aumento del rechazo a un sistema dirigido y controlado por una monarquía caduca y por sus aliados, y que en definitiva ha sido el obstáculo para las demandas democráticas de buen aparte de la población tailandesa, puede ser el germen para la articulación de un movimiento que puede incluso recoger algunas de las demandas que en su día desarrollaron los movimientos estudiantiles y el propio Partido Comunista de Tailandia.

El final de la monarquía (la sucesión del actual monarca, de 81 años, es otro factor importante) y de la aristocracia dominante pueden ser los ejes centrales de las próximas protestas que sin duda alguna afloraran en este país asiático. Las divisiones entre zonas rurales y urbanas, entre pobres y ricos, tienen ahora otras más, entre los partidarios y los detractores de la monarquía.

Las pancartas que se han visto en las calles tailandesa estos días, “no somos siervos, somos ciudadanos”, “estamos en el siglo XXI, no en la Edad Media” o “Todos los tailandeses somos iguales bajo una misma ley”, son un claro indicativo de lo que puede centra el debate tailandés en el futuro.

La ciudad como campo de acción

Sombras de policías, carteles con prohibiciones sorprendentes, calles con nombres-denuncia... Las acciones de DosJotas cambian el sentido el entorno urbano


CARLOS G. DE CASTRO EXPÓSITO
Diagonal




El arte urbano como defensa del espacio público, un compromiso con la calle. La acción artística como reivindicación de este espacio, antiguo lugar de reunión y hoy, cada vez más, sólo una gris zona de tránsito. Acciones artísticas para el ciudadano, para luchar contra la destrucción de lo público por el avasallamiento de lo privado.

DosJotas es el seudónimo bajo el que trabaja un artista urbano. Creció haciendo grafitis en las paredes de su barrio y desde entonces no ha abandonado la calle. A partir de 2003 se aleja de las prácticas del grafiti tradicional y forma un dúo con un colega. Un año después, su compañero se ve obligado a dejar las intervenciones en la calle y desde entonces este artista trabaja en solitario.

El paso del grafiti al posgrafiti comienza cuando conoce el trabajo de artistas como Obey, Spy, Eltono o el malagueño Rogelio López Cuenca; es quizá este último quién más le ha influido. Desde este momento adopta una postura crítica que le llevará a cuestionar los mecanismos que articulan la ciudad en que vivimos.

Crear conciencia ciudadana por medio de acciones de guerrilla, bombardeando las calles con pegatinas y carteles. Objetos creados por medio de la técnica del apropiacionismo, una acción artística que consiste en modificar calculadamente imágenes de instituciones, empresas o medios de comunicación. Por medio de esta alteración se reinterpreta el mensaje, generando un nuevo código simbólico que pone de manifiesto la oscura realidad que se esconde tras imágenes aparentemente inofensivas.

Entre las numerosas intervenciones que DosJotas ha realizado en ciudades como Barcelona, Nueva York, Madrid, San Francisco o Valencia, destacan algunos ejemplos como su acción en el metro neoyorquino, las plantillas con sombras de Barcelona y las prohibiciones, también con plantillas, ejecutadas en Madrid. La documentación de estas operaciones, junto con algunas otras, fue incluida en la muestra psicogeografías: espacio y memoria, comisariada por Juan Antonio Álvarez Reyes y que ha recorrido varias localidades madrileñas durante 2008.

En verano de 2007, DosJotas visitó Nueva York y aprovechó su presencia allí para intervenir en el metro. Esta acción consistió en la alteración de los carteles del metropolitano por medio de pegatinas. Una apropiación de su estética que modificaba el contenido. Así, tras la operación algunas calles pasaron a llamarse Ignorance Street, War Street o Hypocrisy Street.

La acción de Barcelona fue diferente. A principios de 2008 el artista se desplazó a la capital catalana, donde intervino directamente en la calle por medio de plantillas. Éstas generaban dos tipos de sombras que salían de los bolardos, siluetas humanas y de policías. Sombras humanas como metáfora del papel real de los ciudadanos dentro de la ciudad, que cada vez les pertenece menos y donde son tan invisibles como el propio mobiliario urbano. En el caso de las sombras de policías, la alusión especula sobre el aumento del control y la opresión policial que se vive en los países desarrollados, una obsesión por la seguridad que las plantillas de DosJotas resumen en la inquietante idea de que “siempre estamos vigilados”. El trabajo realizado en Madrid continúa la reflexión sobre el papel de las personas dentro de la urbe contemporánea.

El tema es el de las prohibiciones que nos incluyen a todos y que las nuevas ordenanzas cívicas multiplican por doquier. Esta intervención se realiza sobre carteles existentes, en los que, por medio de plantillas, se altera el contenido. El trabajo de DosJotas es un ejemplo de que el arte supone algo más que crear objetos de consumo. Sus acciones ponen de manifiesto las perversiones de un sistema aparentemente cívico, que cada vez es más privado y antisocial. En este sentido, su práctica artística es un ejercicio de resistencia que aboga por una ciudad más humana.