Tobias Wolff, escritor: "Ir a Vietnam afectó mi visión del mundo"


ELENA HEVIA
El periódico de Catalunya



–¿Preparar esta antología que reúne sus 21 mejores relatos antiguos y una decena de inéditos le ha revelado algo de sí mismo?

–Que no puedo dejar de rehacer las cosas. He revisado estas historias durante años. Pero preparándolas para su publicación no pude resistirme a pulirlas de nuevo. Quizá una de las cosas que todos los artistas tienen en común es la necesidad de conseguir la perfección en su trabajo. Lo que no podemos hacer en la vida real intentamos lograrlo en el arte.

–¿Cuál es el componente específico de un buen relato?

–Cada relato debe tener sus propias virtudes, pero la cualidad indispensable es la obligación de despertar el interés. Quizá eso puede parecer una observación banal, pero es un reto que cada escritor debe plantearse y es la base de nuestra relación con el lector.

Chéjov aconsejaba eliminar la primera mitad del relato a la hora de escribirlo ¿El despojamiento es la receta infalible?

–Para alguien a quien le sobran kilos, perder peso siempre es algo bueno. Y eso es algo que también agradecen las historias demasiado adornadas. Pero hay que ser cuidadoso, no vaya a ser que mates al paciente rebanándole el corazón.

–¿La experiencia de combatir en Vietnam que tan bien relata en El ejército del faraónfue decisiva a la hora de convertirse en escritor?

–Imposible saberlo. Si hubieran existido dos Tobias Wolff y uno hubiera ido a Vietnam mientras el otro se quedaba en casa entonces tendríamos la respuesta. Es verdad que la experiencia fue crítica: ir allí dejó en mí un poso que me ayudó a juzgar y trabajar y afectó mi visión del mundo. Pero sin ese otro Tobias Wolff imaginario nunca sabremos cuánto me ha influido.

–¿Por qué las narraciones breves han calado tan hondo en la narrativa estadounidense?

–Como forma narrativa, el relato es perfecto para captar las sutilezas, las fracturas, el desarraigo propio de la vida norteamericana. También es la forma más cercana a lo que hacemos naturalmente cuando describimos nuestras experiencias: contamos historias breves. No contamos novelas, como no contamos poemas. Desde luego, el relato literario es muy diferente de la anécdota, pero, de alguna manera, se parece en la intención.

¿De los jóvenes cuentistas, en quién deposita sus esperanzas?

–George Sanders, Jeffrey Eugenides, Donna Tartt, Jhumpa Lahiri, Ann Patchett, entre muchos otros.

–¿Se atreve a señalar el mejor relato jamás escrito?

-Los muertos, de James Joyce. Sencillamente, es la perfección.

Entrevista a Andrés Rábago, El Roto: "Si no nos hacemos preguntas es porque hay demasiado ruido"


ALOIA ÁLVAREZ FEÁNS
Revista Pueblos




Dos hombres anónimos en una ciudad cualquiera una tarde de tantas. Uno afirma ufano: "Me he insonorizado el despacho", a lo que el otro responde con cierta ironía: "Es poco eficaz, es mucho mejor insonorizarse la conciencia". No es un chiste, aunque despierte una sonrisa a medias; es sátira social. Su autor, un conocido dibujante, se deja mecer en su estudio madrileño por un silencio casi místico una mañana de marzo. No es un humorista gráfico, aunque a veces nos haga reír; es un pensador, un hombre que no está encantado de conocerse pero cuyo principal ejercicio es practicar el autoconocimiento. Cada palabra que escribe, cada trazo que dibuja, es una bofetada cariñosa a la conciencia del lector. Conversamos con Andrés Rábago, El Roto, filósofo de la cotidianeidad.

Teníamos la intención de entrevistar a El Roto y nos encontramos con que no viene solo. OPS, Jonás, Ubú... ¿Quién es quién?

Para empezar, no es fácil decir quién es quién porque el núcleo que alimenta a todos ellos tampoco sé quién es. Esa indagación me está llevando toda la vida... En cualquier caso, cualquiera de ellos no es más que un lenguaje, un nivel de comunicación y de indagación sobre lo que yo considero real. Son también distintas fases de ese intento de comprensión y, a la vez, de comunicación de esos resultados.

¿Y Andrés Rábago?

No es más que el amanuense, el que lleva a cabo la labor de plasmar desde el punto de vista plástico esas ideas que han ido sobreviviendo.

¿Qué necesidad viste de comunicarte a través de El Roto? ¿Cuándo nació este heterónimo y por qué?

Uno de los primeros fue OPS, que nació en la época del tardofranquismo, cuando me pareció muy interesante un tipo de lenguaje de indagación personal, de introspección y de apertura al contenido interior, a la zona de la psique más del terreno del inconsciente. Ese fue el campo de búsqueda de OPS. Cuando llegó la democracia este lenguaje se quedó un poco obsoleto, porque yo insistía en no utilizar palabras, sino sólo imágenes, que tenían un mayor contenido simbólico y eran más legibles en distintos estratos. Llegó un momento en que esto ya no era útil, porque el lector ya no tenía capacidad de interpretar, sino que quería que las cosas fuesen dichas más abiertamente. En ese momento apareció ese segundo heterónimo, El Roto, con un lenguaje más político, más abierto, y con la pretensión de indagar más en el terreno de lo social, lo externo, lo cotidiano.

De todos modos, hoy El Roto emplea las dos fórmulas, sigues usando el dibujo sin palabras.

Me interesa mucho el dibujo, por lo tanto me interesa que el dibujo tenga una calidad plástica. Por eso, y también porque creo que el dibujo sin palabras es muy rico, una vez por semana utilizo el dibujo sin texto, sólo con un título. Quizás como ejercicio, y para mantener vivo un tipo de plástica que me interesa.

Rechazas el término de humor gráfico, para insistir en que lo que tú haces se enmarca en el terreno de la sátira política...

No exactamente, yo prefiero llamarla social, porque se dirige al terreno de las ideas, lo político me interesa menos, en el sentido de que el lenguaje político en sí es un lenguaje muerto, no me interesa. El humor puede ser un componente de la sátira pero no es su núcleo esencial. El núcleo esencial de la sátira es poner de manifiesto aquello que consideras que son falsificaciones o mentiras, las formas en las que se presentan las cosas para ser más digeribles. Arrancar esa careta es justamente lo que hace la sátira.

Goya, Daumier y Grosz son algunos de los grandes referentes de este género. El régimen nazi decía de Grosz que era el "bolchevique cultural número uno". A ti el poder podría llamarte fácilmente "terrorista gráfico número uno"...

No les des ideas...

¿Incomodar al poder? ¿Remover conciencias? ¿A quién se dirigen tus "bofetadas"?

El poder, de la misma manera que la política, no me interesa. Lo que me interesa es la conciencia, y creo que es a través de la conciencia de las personas a través de la que se puede llegar a modificar la realidad. Estoy bastante harto de los lenguajes revolucionarios que a lo único que llevan es a más destrucción. En cierto modo, todo tipo de sátira es moralista, se mueve dentro de la idea que tenemos de la moral. Las posibilidades de modificación o movilización de las conciencias es el terreno en el que se emplea la sátira; la búsqueda de esa conexión con esas zonas más próximas a lo vivo dentro del "otro". El intento de comunicar y de estar a su lado, el clarificar la comprensión de los lectores, esa es la función básica de toda comunicación, y la sátira en sí es un mecanismo más de la comunicación.

He leído en algún lugar que crees que no se puede aportar nada a la transformación social sin un paso previo de autoconocimiento...

Creo que sí, que el autoconocimiento es la base de toda transformación. El autoconocimiento es el que puede transformar lo real, eso es algo en lo que creo.

Uno de los personajes de El Roto afirma: "Creía que el odio que sentía era mío hasta que descubrí que procedía de los auriculares". ¿Eres de los que escucha cada mañana a Jiménez Losantos para encenderse? ¿Qué te inspira?

Bueno, yo soy un lector de prensa, los otros medios me parecen más de entretenimiento que de información. Existen muchas canales de información pero donde esté un buen periódico... Si existiese el periódico ideal, sería el que te da la información estructurada, porque sino lo que ocurre es el caos informativo que tenemos. Un buen periódico es el que te da una información estructurada para que después tú elijas lo que te parezca conveniente. Lo demás es una cacofonía, un ruido ambiental que no facilita la comprensión.

¿Crees que es posible la objetividad en la información? ¿Ese periódico ideal no podría ser el que dice de modo transparente "aquí me sitúo yo"?

Hay que diferenciar entre opinión e información. Es cierto que en la propia selección de la información hay una opinión, pero aun así, creo en el periodismo, y creo que hay periodistas que tratan de ver las cosas lo más objetivamente posible. Siempre hay ese tamiz de lo personal, de lo individual, pero esto es inevitable en toda actividad humana.

¿Cómo ves el panorama mediático del Estado español?

No lo veo mucho... pero la prensa cada vez está más volcada en dirigir la opinión y eso no me gusta. Aun así creo que es el único medio en el que todavía, sabiendo leer, puedes enterarte de algo.

¿Y con respecto a tus comienzos?

Desde entonces hemos ganado muchísimo. En ese momento es cierto que empezaron a surgir unas publicaciones, con las que yo trabajé, como Cuadernos para el Diálogo, Triunfo, Hermano Lobo, que trataban de abrir el espectro político. De algún modo fueron las parteras de la democracia, esas publicaciones hoy olvidadas que fueron muy importantes para la sociedad. Recuerdo que entonces la gente llevaba como bandera las revistas y los periódicos en los que creía.

Más allá de que tu género sea la sátira. ¿Haces arte? ¿Comunicación? ¿Existen fronteras definidas?

La palabra arte está bastante echada a perder... Lo que sí busco es que lo que hago tenga una calidad formal. Te das cuenta de que lo que resiste más el paso del tiempo es lo formal, curiosamente. Las ideas, los textos, pueden quedar olvidados, obsoletos, porque las modificaciones en las situaciones políticas pueden hacerles perder la utilidad. Sin embargo, el soporte formal siempre tendrá una cierta fuerza.

¿Puede el arte servir como arma de transformación social?

Tengo dudas, sobre todo cuando se utiliza el término arma, en ese momento ya me echo para atrás. No me interesan las armas, no es el tipo de lenguaje que me interesa. Sin embargo, yo creo que el gran arte, hablando seriamente, es aquel que refleja el nivel que ha alcanzando el hombre en ciertos momentos. Yo creo mucho en la pintura, creo que las artes plásticas son instrumentos ya probados, que han atravesado milenios y que todavía nos conmueven, y esas son las artes que me interesan. En ese sentido creo que estos instrumentos son envoltorios que sirven para atravesar el tiempo y llegar a aquellas personas que después de muchos años pueden llegar a entender cómo era el hombre en esa época.

En ese sentido, ¿debe tener el arte un sentido de universalidad?

Efectivamente, el arte debe tender hacia la universalidad, no buscar dirigirse a lo inmediato y al que tiene delante, sino que debe buscar la abstracción, una forma abstracta de entender al hombre. Pero es verdad que tipos de arte que fueron realizados por una necesidad de explicarse lo que estaba pasando es gran arte también. Depende de la dimensión, de la profundidad del contenido y de la dimensión humana de quien lo hace.

Me sorprende que digas que no te interesa la política cuando mucha gente en este país considera que eres uno de los grandes analistas políticos de nuestro tiempo.
¿Qué es exactamente lo que no te interesa?

Las palabras se nos escurren siempre... ¿Qué no me interesa? No me interesa la política como estructura de poder. Me puede interesar como forma de intentar resolver problemas, como instrumento, pero no como fin en sí mismo.

¿Que le gustaría romper a El Roto?

¿Romper? Creo que simplemente intentar entender mejor las cosas, no se puede ir mucho mas allá que eso. Ese intento de saber un poco más de ti mismo, y buscar lo que tú crees que en esta vida es más enriquecedor. Ese estar simplemente en paz, sin que te estén perturbando. Ese es el ideal al que aspiro.

¿Y entiendes algo?

La verdad es que no. Me hago más bien preguntas que respuestas...

Pero quizás ahí esté la dificultad, en saber hacerse las preguntas adecuadas...

Es posible. Es verdad que si no nos hacemos preguntas es porque hay demasiado ruido. Creo que lo que tenemos que hacer es practicar una cierta ascesis, vivimos en un mundo en el que nos sobran demasiadas cosas. Hay demasiado ruido ambiental. El silenciar un poco el entorno es básico, lo que parece cada vez más difícil.

En ciertos momentos El Roto amplía nuestro diccionario y nos cuenta, por ejemplo, que una frontera es aquel "lugar donde termina una locura y empieza la otra".

¿Cuáles son estas fronteras?

Todo lo que nos fragmenta, nos divide... Las fronteras no sólo son las físicas, también hay las personales. Todo eso que nos separa del otro, o incluso de nosotros mismos, aquello que nos fragmenta, son formas de locura. El proceso de reunificación es largo, y no sé si alguna vez lo llevaremos a cabo... Los mitos antiguos ya lo decían, de esa fragmentación no nos damos cuenta porque es imposible verlo, siempre estamos en uno de esos fragmentos. Si te distancias puedes ver todos los fragmentos y empezar a quitar algunas de las fronteras interiores, pero no es fácil.

Eres un filósofo...

No, simplemente tengo bastante tiempo... e intento pensar.

¿Te compromete trabajar en un medio como El País?

En todos los lugares donde he trabajado he intentado hacer lo que sé. Y el único límite que tengo soy yo mismo. Después, el lugar en el que lo haces... cuanta más difusión tenga, pues mejor. De todos modos, si simplemente tienes un oyente o un lector, te comunicas con la misma intensidad como cuando te diriges a muchos. La voluntad de comunicación debe ser la misma.

¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Primero la idea? ¿El dibujo?

Es bastante sencillo. Normalmente las ideas sobre las que quiero trabajar surgen de la propia prensa. Me nutro de la prensa para saber lo que está pasando y cuáles son las cosas que me inquietan en ese momento. Las dejo estar ahí y después de cierto tiempo vuelvo a ellas. Ese dejar que la espuma suba y buscar lo que está debajo es lo que hago. Me interesa trabajar con las corrientes profundas, no con las zonas superficiales del mar. Después decido hacer un dibujo concreto porque veo bien como puedo realizarlo. Las ideas son como las simientes, no se las puede acelerar. Hay algunas que tardan años en florecer y otras que rápidamente las puedes cosechar.

¿Tienes personajes tipo?

Sí, son personajes anónimos, arquetipos. Muy pocas veces se les ve la cara, si se les ve busco qué imagen puede decir según que cosa. Hay caras que no sirven para lo que quieres decir. Generalmente me interesa que lo diga alguien anónimo, como cualquiera de nosotros.

Una de tus obsesiones es la sociedad espectáculo. En El Roto hay a menudo televisiones devorando cerebros...

Sí, la televisión es mi bicha negra. Creo que la televisión es el auténtico enemigo del pueblo. Es el auténtico instrumento de dominio de la sociedad. Es un medio tan penetrante que es imposible tomar distancia frente a él, y eso lo sabe el poder y lo instrumentaliza.

Antes de hablar contigo intuía mucha rabia detrás de El Roto, pero te veo absolutamente pacificado, sereno...

Es que la rabia no te permite ver, lo mismo que la ideología, que no te permite ver nada. Todo lo que acabas por ver es un reflejo de tu furia. Si el agua está muy turbulenta no puedes ver lo que está debajo, sólo cuando está calmada ves los peces, las plantas, las piedras... Creo que es necesaria una cierta calma y eso requiere, sobre todo, desearla.

Un sentimental en la oficina

Se publica un nuevo libro de poemas y una biografía de Mario Benedetti - Un homenaje recuerda al poeta, hospitalizado de gravedad en Montevideo


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
El País




Durante años las musas pillaron a Mario Benedetti en la oficina. Ahora, a los 88 años, los homenajes le pillan en el hospital. Concretamente en el hospital Impasa de Montevideo, donde fue ingresado el lunes a causa de un empeoramiento de la enfermedad pulmonar crónica que padece.

El ingreso del escritor uruguayo ha coincidido con la aparición de su nuevo libro de poemas Testigo de uno mismo (Visor) y Mario Benedetti. Un mito discretísimo (Alfaguara), una biografía firmada por su compatriota Hortensia Campanella, directora del Centro Cultural de España en Montevideo. Allí debía celebrarse ayer un homenaje al autor de La tregua, pero la muerte de la poeta Idea Vilariño, íntima amiga suya, obligó a suspender el acto. Lo que sí se celebró fue el homenaje previsto desde hace semanas en Madrid, una de sus "patrias suplentes", la ciudad a la que llegó exiliado en los años ochenta y en la que mantuvo su casa durante los años del "desexilio".

Durante todo el día, la Fundación Instituto de Cultura del Sur ocupó la Biblioteca Nacional de Madrid bajo el lema Ven a ser Benedetti, una jornada que se inició por la mañana con una multitudinaria lectura continuada de poemas y talleres de poesía a partir de Cuando la poesía, un poema inédito del autor uruguayo al que se le habían quitado los dos versos finales para que los participantes lo terminaran con sus propias palabras. La lectura continuó por la tarde con la participación de escritores, artistas y políticos como Federico Mayor Zaragoza, Carmen Posadas o Juan Manuel Montilla el Langui. Los actos se cerraron con un coloquio en el que participaron Luis García Montero, Jesús García Sánchez, responsable de la editorial Visor, y Benjamín Prado, director del homenaje. Mientras García Montero afirmó que para Benedetti el compromiso va unido a la exigencia estética -"poesía de la conciencia y conciencia de la poesía"-, García Sánchez recordó que éste ejerció más su compromiso como ciudadano y como ensayista que como poeta: "Tiene poco poetas combativos".

Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1920), que hoy es el gran best seller de las letras uruguayas, se pagó de su bolsillo sus primeros siete libros de poemas, empezando por La víspera indeleble en 1945. Tenía 25 años y desde los 14 era, como cuenta Hortensia Campanella en su biografía, un autodidacta que tuvo que hacerlo todo por su cuenta.

Al filo de los 20 años empezó un periplo laboral que daría lugar a uno de sus libros más populares Poemas de la oficina (1956). Durante dos décadas se le podía encontrar en Will L. Smith S. A. Repuestos para Automóviles, en una agencia de importación y exportación o en la Federación de Baloncesto del Interior, donde trabajaba como taquígrafo. Aunque simultaneaba los tres trabajos, el poeta no tardaría en ingresar en la Contaduría General de la Nación. Seguía así la tradición uruguaya de tener un funcionario en cada familia. Él mismo, con sorna, lo dijo así: "El Uruguay es la única oficina del mundo que alcanzó la categoría de república".

Aunque con el tiempo fue profesor universitario, Benedetti no llegó a terminar el bachillerato en el instituto público en el que había recalado después de abandonar el Liceo Alemán de Montevideo. Su padre, un químico que había encontrado cierta estabilidad después de años de penuria, decidió sacarlo de allí el día que el joven Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farrugia llegó a casa diciendo que a partir de entonces sería obligatorio en el liceo el saludo nazi. Era 1933 y Hitler acababa de llegar al poder en Alemania.

En Idiomas, un poema recogido en Testigo de uno mismo, el poeta recuerda aquellos años de primaria germánica y afirma que la voz de la conciencia le habla ahora en alemán. Ésa era también la lengua en la que él mismo recitaba su celebérrimo poema Corazón coraza durante un cameo en El lado oscuro del corazón, la película dirigida por Eliseo Subiela en 1992 y cuyo guión estaba punteado por textos de Oliverio Girando, Juan Gelman y el propio Benedetti. Más allá de los libros, el cine ha sido uno más de los muchos caminos hacia la popularidad que tomó la poesía del autor de El mundo que respiro. Otros serían la música de Joan Manuel Serrat, que ayer envió una carta al homenaje madrileño, y la de Daniel Viglietti, con el que recorrió el mundo en un espectáculo de "hablacantar".

Cuando se estrenó El lado oscuro del corazón Benedetti atribuyó el éxito de la película a "esa vieja costumbre de sentir". En un tiempo de "elipsis" de los sentimientos, que "parecen algo vergonzoso", la gente, dijo, los necesita. Su propia poesía es también así, algo irónica y muy sentimental.

Hortensia Campanella, editora también de las obras completas de Juan Carlos Onetti, explica por teléfono desde Montevideo que el éxito de Benedetti se debe a que escribe para que lo lean "casi por sobre el hombro", es decir, en el mismo momento en que está escribiendo. De ahí el carácter inmediato de sus poemas (también la treintena larga de títulos que ha publicado), la cercanía que transmiten y la identificación de los lectores con sus textos.

"Es un poeta a ras del lector, sí", abunda Benjamín Prado. "Su sencillez no es una casualidad sino una estrategia. Mario siempre ha buscado que su poesía sea entendida para que pueda ser compartida". Una sencillez no reñida con la inteligencia: "Es un crítico literario extraordinario. Culto y sabio". Para él Benedetti ha demostrado, en la estela del Neruda de las Odas elementales, que "los grandes temas pueden estar en las pequeñas cosas". No obstante, Benedetti no es un poeta de grandes gestos: "Él habla en voz baja. Te echa los poemas por debajo de la puerta".

"Érase una vez en América", Sergio Leone


MANUEL NAVAS
Paisajes eléctricos magazine




Después de revolucionar el western con una trilogía que dio origen a un nuevo sub-género llamado "spaguetti-western", el realizador italiano Sergio Leone parecía descolgarse con un film aparentemente diferente lo que había realizado en los últimos años, ya que dejaba de lado a los sucios y polvorientos pistoleros para centrarse en los elegantes gangsters. Sin embargo, su propuesta no estaba tan alejada de lo que parecía en un principio. Si analizamos a fondo su trayectoria desde “Por un puñado de dólares” hasta su último film, el que nos ocupa, hay la sensación de avance temporal. Si bien las dos primeras películas de la trilogía no tienen referencias temporales concretas (como si fueran breves escaramuzas fronterizas), la tercera, “El bueno, el feo, el malo” nos presentaba a sus protagonistas buscando un botín en medio de la Guerra Civil norteamericana (incluso se puede pensar que ésta última es un antecedente de las dos anteriores por el gesto del “rubio” al final del film embutiéndose en el famoso poncho, por el hecho que en las dos primeras “trabaja” en solitario, y por la breve referencia, muy sutil, que tenemos que el Coronel Mortimer había participado en la Guerra Civil norteamericana), para posteriormente situar la historia de venganza de “Hasta que llegó su hora” en el contexto de la llegada del ferrocarril a esos territorios fronterizos sin ley donde las disputas se dirimían a golpe de revólver. Por su parte “Agáchate maldito” se situaba en plena revolución mexicana, ya a principios de siglo XX, último reducto de los aventureros. “Érase una vez en América” se sitúa pocas décadas después, ya en plena “civilización”, con una historia que tiene lugar en los suburbios de Nueva York en el barrio judio.

Tras unos enigmáticos 30 minutos que no hacen más que plantearnos interrogantes (que posteriormente irá desvelando poco a poco), en el que el protagonista, Noodles (Robert De Niro) se ve obligado a huir para evitar que le maten, Leone salta 30 años en el tiempo (con una bellísima elípsis en la que una melancólica versión de “Yesterday” de los Beatles nos sitúa con inteligencia en los años 60), para mostrarnos a un envejecido Noodles que vuelve “a la escena del crimen”, invitado por un misterioso personaje (más enigmas). Esto marcará la pauta del film, en la que Noodles, mientras recorre los escenarios de su juventud va rememorando los hechos que le han llevado hasta allí y que le han marcado profundamente. De esta forma, el film va dando saltos en el tiempo a base de “flashbacks” (excelentemente enlazados por su director evidenciando el peso del pasado en el presente del protagonista). Así vamos recorriendo la vida de Noodles desde su niñez hasta el momento en tiene que dejarlo todo atrás, para reaparecer, cual fantasma (notablemente envejecido) en lo que podríamos llamar una historia de “gangsters”.

El guión es excelente, ofreciendo al espectador un puzzle con múltiples vacíos que la trama irá rellenando a lo largo de las casi cuatro horas de duración del film. A pesar de tratarse de un film de criminales, la intención de Leone es muy diferente a la de Coppola (por citar el referente más cercano del cine de gangsters), ya que lo que le interesa realmente es contarnos una historia que tiene de todo violencia, acción, amistad, drama, traición, violencia amor, etc. En definitiva las diferentes partes que forman parte de toda una vida, la de Noodles. A pesar de la excesiva duración de la cinta, el film se hace muy interesante, no sólo por la curiosidad de resolver los enigmas iniciales sino por la proximidad que sentimos a los personajes que pueblan el film, y las diversas y variadas historias que nos cuentan. En este sentido, Leone nos vuelve a mostrar escenas de violencia explícita, pero también románticas e incluso de alto contenido sexual.

Pese a situarlo en un tiempo y un espacio real, sus personajes son ficticios pero tremendamente humanos. Sus protagonistas aman, matan, sienten, padecen, en definitiva están vivos. Uno de los temas principales que recorre el film es el de la amistad, el de Noodles con Max (James Woods), que contiene todas las connotaciones (positivas) de la amistad entre dos hombres. Curiosamente, por fin aparecen personajes femeninos de entidad, aunque el verdadero peso del film lo lleven los hombres. La mujer en este film cumple un doble papel que va del puro objeto sexual, personificado en Carol (Tuesday Weld) al deseo inalcanzable, personificado por Deborah (Elisabeth McGovern), cuyo amor con Noodles se acaba convirtiendo en un amor imposible, por más barreras sociales que éste intente superar por conseguir a su “primer amor”.

A través de las diferentes secuencias Leone anota ciertas connotaciones sociales y una mirada crítica tanto hacia los políticos como a las fuerzas del orden, apareciendo todos ellos rodeados de connotaciones negativas. Pero en realidad, por encima de lo que podría ser un típico film de gangters Leone nos habla del tiempo, del paso del tiempo más bien, y del peso del pasado en el presente tratado de una forma melancólica. Flota en todas las secuencias del film un cierto aire nostálgico (mucho más evidente en los recuerdos de niñez de Noodles, de un pasado lejando y ya perdido para siempre subrayado por la excelente banda sonora del gran Ennio Morricone.

Otro de los pilares sobre el que se sustenta este magnífico film es el interpretativo. Todos los actores (incluidos los niños)brillan a un excelente nivel, destacando sobre todo Robert de Niro y James Woods pero sin olvidarnos de Elizabeth McGovern ni de los excelentes secundarios entre los que encontramos a Joe Pesci, Danny Aiello, James Hayden, Treat Williams, etc. Todos ellos magníficos con los que Leone compone un film a ratos violento,a ratos emotivo, a ratos poético, que nos deja un cierto regusto amargo en general, peor sobre todo la sensación de haber visionado una gran película cuyas imágenes e historias son tan reales, tan cercanas que permanecen impresas en nuestra retina por un largo periodo de tiempo. Se puede decir que Leone nos dejó a "lo grande".

La narración breve en castellano se renueva y suma lectores

Internet ayuda a estimular la creación y la lectura y transmite información sobre obras y autores. Nuevas estrategias editoriales están ampliando el número de aficionados a un género minoritario

ELENA HEVIA
El Periódico de Catalunya




Hermano pobre de la novela. Ejercicio de estilo. Mera práctica para abordar en el futuro una narración con más ambición. Pecado de juventud. Eso que los escritores publican muy de vez en cuando entre novela y novela. Veneno para las librerías. El cuento, el relato, la narración breve, arrastra en España una falta de consideración histórica por parte de escritores y lectores, y por ende de editores. Pero en los últimos años hay señales que permiten detectar un cierto cambio de actitud.

Los síntomas son diversos, como la proliferación de pequeñas editoriales que dedican especial atención al género, como Menoscuarto, Thule o Páginas de Espuma
–esta última con una década de trayectoria y un premio de 50.000 euros, que supera en dotación a los Herralde o el Biblioteca Breve.

«En los últimos tiempos percibimos un aumento de lectores y una nueva sensibilidad», afirma Juan Casamayor, editor de Páginas de Espuma. Y un botón de muestra son los 53.000 ejemplares vendidos de la colección de microrrelatos Ajuar funerario, de Fernando Iwasaki. Eso sin contar esa oveja negra encaramada en los más vendidos que fue Los girasoles ciegos de Alberto Méndez.

PÚBLICO EXIGENTE

Más lectores y más preparados. El relato, convienen muchos autores, implica un mayor grado de exigencia para el lector. «El lector de cuentos es especial –explica Cristina Fernández Cubas, una de las grandes y solitarias referencias del género en España--. En contra de lo que se ha dicho, el lector de relatos no tiene prisa. Es activo y desconoce la pereza. Pero ahí está. No me importa cuál es su número. Los cuentistas contamos con su complicidad y su inteligencia».

Hipólito G. Navarro, un nombre clave, junto con el madrileño Eloy Tizón, en el reciente y más exigente desarrollo del cuento en España, va más lejos: «Estoy convencido de que la salud literaria de un país pasa por la salud de sus cuentos y su poesía. Porque ahí es donde el escritor se la juega, y es donde hay una mayor elaboración de la lengua. El cuento favorece la experimentación, la búsqueda de nuevas vías para contar lo que ya está contado hasta la saciedad». Navarro ha publicado recientemente su antología El pez volador.

Con dos libros de cuentos recientes en el mercado los habitualmente novelistas Ignacio Martínez de Pison e Ignacio Vidal Folch certifican la pluralidad del género. «Todo vale, desde los cuentos con una buena arquitectura, estilo Poe, a los más abiertos tipo Chéjov. El relato hoy admite todo tipo de licencias y bastardeos», dice Vidal Folch. Por su parte, Martínez de Pisón no detecta grandes diferencias entre novelas como Carreteras secundarias y Dientes de leche y la antología de relatos Aeropuerto de Funchal: «Los personajes de unas y otros se mueven en los mismos universos. En ambos casos se trata de crear mundos que absorban al lector».

CONTAMINACIÓN

Tizón, autor del imprescindible Velocidad de los jardines, se atreve a vaticinar un posible contagio de la novela del siglo XXI respecto del cuento: «Es posible que las novelas se contagien de algunos rasgos del cuento como concentración, vértigo, carácter fragmentario e hibridación de géneros».

En esa transformación el factor internet también es decisivo. Lo certifica Flavia Company: «El intercambio de archivos breves, la publicación de cuentos en distintos blogs, sin duda, crea el ambiente adecuado para su lectura y cultivo. Los lectores, en la actualidad, buscan, curiosean y sobre todo, se encuentran y comparten en la red».

Uno de los blogs más activos es El síndrome de Chéjov, comandado por el también cuentista Miguel Ángel Muñoz, quien destaca asimismo a autores como Andrés Neuman, Ángel Zapata, Manuel Moyano, Mercedes Abad, Ángel Olgoso –«fantástico en ambos sentidos»– y Gonzalo Calcedo, mientras advierte una nueva vertiente del fenómeno: «Es evidente que el cuento, cada vez más, está siendo utilizando por los profesores más avispados como recurso didáctico. Esto es fundamental. Para la difusión del cuento y sobre todo para la buena educación de los estudiantes». Y al amor de esa tendencia, crecen exponencialmente los concursos en talleres de escritura y programas culturales en radio y televisión dedicados al microrrelato, democratizando así el género.