Joyce Carol Oates explora en ‘Mamá’ los sentimientos, los pensamientos y el duelo de una hija

La prolífica escritora estadounidense y eterna candidata al Nobel Joyce Carol Oates rinde homenaje a su propia madre en su nueva novela, un libro que logra emocionar sin apelar a los buenos sentimientos. La violencia y la muerte irrumpen, como siempre en las obras de la autora, quitando al protagonista lo que más quiere. En este caso, una treintañera que intenta aceptar la desaparición de su madre


SERGI SÁNCHEZ
El periódico de Catalunya



En el momento en que usted, amable lector, esté leyendo esta crítica, probablemente Joyce Carol Oates (Lockport, Nueva York, 1938) habrá terminado un ensayo, un cuento y/o una novela más que añadir a su abultado currículo. En la que nos ocupa, Mamá, cuyo título en castellano escamotea un adjetivo capital («missing» o desaparecida) para prepararnos para la tragedia, el núcleo narrativo es la relación entre una madre y una hija, o entre una hija que debe digerir la ausencia de una madre. «Esta es la historia de cuánto echo en falta a mi madre», nos dice Nikki Eaton al principio de Mamá. «Algún día, de una forma única, también será tu historia».

La violencia, como siempre en Oates, es lo que nos arrebata lo que queremos, sobre todo si somos americanos. Un accidente, una enfermedad, un crimen atroz, poco importa: la autora de Zombi se mete con tanta facilidad en la cabeza de los asesinos como de las víctimas. La escena en que Nikki descubre que su madre no contestará más a sus preguntas está narrada desde el caos mental que produce lo irreparable, lo irreversible y lo irracional. Es una escena que tiene el aspecto de una herida abierta en canal en el relato, una fisura de la que nacerá la oscuridad, y luego la luz, de quién sobrevive a algo que es difícil explicar con palabras.

Las primeras 50 páginas de Mamá se desarrollan a lo largo del Día de la Madre que Gwen Eaton celebra invitando a amigas, vecinos y familiares para paliar su soledad. Con su pelo azul y su natural reticencia a la sobreprotección materna, Nikki, la hija pequeña, tiene toda la pinta de ser la oveja negra del grupo. Sabe que su relación con un amante casado que nunca acaba de dejar a su mujer no es plato de gusto para su madre, y la escena de la fiesta, que Oates describe con una vivacidad llena de compasión hacia Gwen, sirve para definir más tarde el complejo de culpa que asaltará a Nikki cuando ya no pueda hacer nada por comprender a esa mujer que confiaba demasiado en la bondad de los extraños.

El hogar de la madre que no está se convierte en de la hija que quiere entenderla cuando ya es demasiado tarde. A Oates no le cuesta demasiado transformar ese hogar en un refugio donde los vivos repiten los mismos movimientos de un fantasma, reproduciendo su vida como en una sesión de hipnosis. Mamá trabaja con el material de un best-seller de autoayuda, pero es mérito de Oates, que siempre juega en los confines que separan la literatura popular de la elitista, que su libro emocione sin apelar a los buenos sentimientos.

LA HEROÍNA

Es cierto que a veces no puede evitar caer en el cliché apresurado (ese breve capítulo trufado de porqués o algunas ideas de perogrullo que cruzan la mente de Nikki), pero, en líneas generales, es fruto de la fidelidad que profesa la prosa de Oates al punto de vista de su heroína, una mujer mucho más «normal» de lo que le gustaría admitir. No es casual que Nikki encuentre la calma en los brazos de un hombre ordenado, cabal, honesto y leal a sus principios. En otra ocasión, Oates hubiera sido menos indulgente con su protagonista, pero Mamá es un homenaje a su propia madre, Caroline Oates, y lo que manda aquí es el amor, con todos sus matices, carencias y triunfalismos.

Michael Winterbottom, ese director que no se repite nunca

'Genova', premio a la mejor dirección el pasado San Sebastián, se estrena este viernes


ALBERTO MORENO
Soitu



El director inglés Michael Winterbottom viste vaqueros desgastados y camisa azul. Cuando nos recibe para conversar sobre 'Genova', su última película que se estrena este viernes, el GPS marca una suite del donostiarra hotel María Cristina y el calendario, el 21 de septiembre. El director no sabe aún que cinco días después se hará con la Concha de Plata al Mejor Director.

Aquella mañana del recién estrenado otoño, las críticas a su nuevo experimento no habían sido buenas. De hecho Carlos Boyero se despachaba con él en el periódico del desayuno diciendo: "En su película no ocurre casi nada que merezca ser contado, algo particularmente grave cuando el conductor de la trama te ha estado prometiendo todo el rato lo contrario. Me parece tramposo, me siento ligeramente estafado". El de Blackburn acabó empuñando su segundo trofeo en Zinemaldia (se llevó la Mejor Fotografía en 2004 con '9 songs') y riendo más alto que cualquier crítico.

'Genova' es una película que empieza en un punto A y acaba en un punto B que nada significan por sí mismos. La radiografía de una familia marcada por la pérdida de la madre en accidente de tráfico y emigrada a la ciudad italiana donde el padre, profesor, impartirá un curso de verano no tiene ni comienzo ni fin. Se analiza el destino desconocido como ecosistema purificador, la culpa de la hija menor y el despertar sexual de la mayor (reminiscencias confesas a 'Belleza robada'), pero nunca pasa nada. Lo peculiar surge a tenor de los ingredientes utilizados: un clima opresivo y algunos elementos paranormales.

P: ¿Ha querido, señor Winterbottom, dar su particular visión del cine de terror?

R: "En realidad no. Entiendo que puede haber un componente de terror psicológico, pero preferí centrarme en la relación familiar y en las tensiones que se establecen entre el padre (Colin Firth) y sus dos hijas. Es normal que te preocupes en todo momento de lo que les vaya a pasar a los protagonistas pero no es una película de terror".

Al menos así lo vende. Se intenta desmarcar de la comparación con 'Amenaza en la sombra' (Nicolas Roeg, 1973) —donde el escenario es Venecia y el fantasma que se aparece es el de la hija y no el de la madre—, pero lo cierto es que la partitura amenazante de su habitual Melissa Parmenter y las angostas callejuelas genovesas ayudan a mascar la tragedia.

"La atmósfera del film es importante. Es la historia de una familia que abandona su casa y vive en un limbo antes de empezar una nueva vida. Asusta el hecho de que no tengan un hogar, de que se encuentren en estado de espera", reconoce, ahora sí.

En cuanto a la tibieza de su propuesta, se defiende sereno: "Mi intención es que la gente empatice con los personajes, pero no les quería poner en situaciones extremas. Además, el hecho de no ser demasiado concreto en el planteamiento me da el pretexto para fijarme en ciertos detalles que de otro modo habrían pasado desapercibidos".

Difuso o concreto, lo cierto es que Winterbottom lleva un ritmo de rodajes que sólo siguen Woody Allen y Clint Eastwood con el mérito añadido de que rara vez se repite (ver anexo final). Habrá quienes le recuerden por su documental sobre los presos de Guantánamo ('The Road to Guantanamo'), por su excelente drama urbano 'Wonderland' o por su picoteo hollywoodiense ('Un corazón invencible') inmediatamente anterior a la película que esta semana estrena. Este 'euroindie' no ve excesivas diferencias entre rodar con unos niños afganos no profesionales ('In this world') o con la mismísima Angelina Jolie. "Siempre trato de hacer mis películas de la manera más fácil que puedo para tener toda la libertad posible. Y en aquella ocasión no fue distinto. Mi secreto es tener un equipo pequeño formado casi siempre por la misma gente. Eso hace que todo sea muy relajado".

A sus 49 años, el director festivalero por antonomasia (habitual de Berlín, Cannes, San Sebastián y Valladolid) ya ha rebasado la veintena de filmes y trabaja en tres proyectos futuros simultáneamente (entre ellos un thriller, 'The killer inside me', que vuelve a llevarle a las Américas para comandar a Kate Hudson, Jessica Alba y Casey Affleck). Proyectos, proyectos, proyectos... ¿Aprieta poco el que mucho abarca?

P: ¿Qué les responde a esos que dicen que es necesario elegir entre calidad y cantidad?

"Considero que está bien sentirse ocupado. Me gusta hacer películas que me interesen, proyectos que me enamoren. Creo que el ser prolífico está bien para mí porque siempre he hecho cosas que me apetecían".

Los Negativos, dandies entre basura


PEPE KUBRICK
Sonic Wave Magazine



Tras un quizás fallido retorno con el "Puzzle" de 1996 (ahora que Los Negativos vuelven a tener la consideración que nunca debieron perder sería un buen momento para darle otra oportunidad a un disco que pasó tan desapercibido), la banda catalana vuelve con un nuevo trabajo que, esta vez sí, nos ofrece de nuevo su mejor cara, la de unos músicos con una capacidad distinta para facturar himnos de pop psicodélico en la que la fuerza de sus imágenes psicodélicas se quedan grabadas en la memoría configurando una pequeña biblia para graduados en underground. Vaya por delante que el disco tiene una pequeña trampa, la de recuperar algunas viejas canciones, regrabadas para la ocasión. Así recuperan la joya "Parque portugués", uno de sus mejores temas de su discografía, pero que al ser publicado en un single que acompañaba al fanzine "Ansia de color", no tuvo en su momento la repercusión deseada.

La nueva grabación es multinstrumental, en contraposición a la original que se basaba sólo en la voz de Carles Estrada y la guitarra acústica. Esta nueva versión orquestada, en mi opinión, pierde frente a la desnuda grabación original, que precisamente en su desnudez tenía su gran baza melancólica. Recuperan también "Sacerdotisa de la carne eléctrica", publicada en un recopilatorio del citado "Ansia de color" que servía de banda sonora para una ficticia película perpetrada por los seguidores de la secta violeta. "Las calles vacias" es otra vieja canción recuperada, con mucho acierto, que saca la vena más rockera de Los Negativos.

Pero vayamos a lo que nos interesa de verdad, sus nuevas creaciones, (o al menos las que no conocíamos, puesto que muchas ya habían sido grabadas en los 80, pero jamás editadas ni en single ni recopilatorio ninguno, eran tesoros escondidos para los fans) donde realmente demuestran que después del primer LP no perdieron un ápice de su capacidad para desgranar subyugantes textos en ocasiones metafóricos, pero siempre llenos de guiños a sus filias e influencias y en los que no es nada difícil sentirse identificado a poco que uno haya tenido una educación basada en la sesentofilia más avezada ("cuanto sé lo aprendi entre surcos de vinilo y vermouth" cantan en el tema que da título al disco, "Dandies entre basura", un auténtico himno con aires beatlelescos, aunque en la letra homenajeen a Brian Jones). Es sin duda este tema el mayor hallazgo del disco, una canción que ya en su concierto del pasado Purple Weekend a muchos de los asistentes se nos quedó grabado a fuego en la memoria... languido, cadencioso... un tema 100% Negativos que bien podría haber formado parte de su obra maestra "Piknik caleidoscópico", ese misterioso album del que por mucho que se hable y se escriba jamás podremos descifrar todos los misterios que encierra. Otro de los temas perdurables es "Capitán Escarlata", con un ritmo jovial y referencias a "Repulsión" de Roman Polanski, es posiblemente el tema más pegadizo del disco y que más engancha a la primera. La musculatura pop de la banda queda patente en varios de sus nuevos temas, como "Creación instantánea" u "Overdrive". En "Madre Lucia" muestran ese deje entre el revival garage y la psicodelia, que emparenta el tema con antiguas grabaciones al estilo de "La psicoastenia", y en temas como "La buhardilla del lirón" o "Fotos del ayer" reluce el lado más suave y dulce de la banda, sobre todo en la última, una preciosidad mid-tempo empapada de guitarras acústicas y trompetas y clavicordios que bien podría hacer las delicias de cualquier fan de Calexico.

En definitiva, un retorno que, pese a algun altibajo e irregularidad en sus doce cortes, merece nota alta, sobre todo para aquellos que son fans de la banda, quienes no se verán defraudados con esta nueva colección de canciones... textos simbolistas, metafóricos, oníricos... instrumentación rica en matices (utilizando un buen número de curiosos instrumentos étnicos, africanos y asiáticos... dan-bau, tombak, derbouka, daf...), en definitiva, pop psicodélico, música para ensanchar las a veces estrechas paredes de nuestra imaginación... no escuchen este disco, ¡vivanlo!