"Smoking kills", The disciplines (2009)


KEPA ARBIZU
Lumpen




Existen muchos músicos que consideran imprescindible, para expresar todas sus cualidades, buscar otros caminos de expresión al margen del grupo al que pertenecen. Es cierto que a algunos sólo les mueve la necesidad de ver su nombre constantemente en “los papeles” y musicalmente no aportan nada reseñable, otros, en cambio, lo hacen por la necesidad de dar forma a sus diferentes iniciativas.

Ken Stringfellow pertenece al segundo tipo. Componente de los Posies, grupo de pop-rock clave para entender toda la escena alternativa de los años noventa, nunca ha tenido ningún prejuicio para acompañarse de otra gente con el fin de mostrar toda su creatividad y sus distintas visiones musicales.

Esto le ha llevado a formar parte de innumerables formaciones. Por nombrar sólo algunas, ha pertenecido durante algún tiempo a los famosos R.E.M. pero también ha colaborado en otros proyectos menos conocidos, como Minus 5, excelente grupo creador de un rock elegante, o se ha arrimado a los acelerados Lagwavon, pertenecientes a la hornada de punk melódico.

En esta ocasión se ha juntado con los Briskeby, afamado grupo en Noruega pero casi desconocido fuera de ese territorio. El sonido de los nórdicos hasta ahora estaba basado en un indy rock abierto a influencias de sonidos electrónicos. Ahora, en este nuevo proyecto, The disciplines, sustituyen la voz femenina de su cantante, Lise, por la de Stringfellow, y aceleran considerablemente sus revoluciones.

No se puede negar que el californiano siempre tiene en su cabeza la búsqueda, más directa o soterrada, de la perfecta melodía pop, o lo que es lo mismo, el esquema “beatleniano” de canción. Y “Smoking kills” no es una excepción a ese respecto, con esa meta, el camino lo hace a base de fuertes guitarras y mucha melodía, lo que proporciona al conjunto un peculiar sonido power-pop con pequeñas dosis de garage.

El disco comienza con el ritmo trepidante del bajo que suena en “Yours the taking”, que nos pone en la pista de una de las referencias más repetidas a lo largo del disco, que no es otra que la de los dos grupos de Jack White, White stripes y The Raconteurs. Así “Get it right” y sobre todo “There’s a law” manejan esas mismas coordenadas.

“Best mistake” y “Oslo” son los dos “hits” que se esconden en este trabajo. Su éxito se basa en la misma fórmula pero facturada de manera casi contraria. La primera, un ritmo muy pegadizo, lleno de altibajos que favorece a conectar con el público. La segunda utiliza los mismos “trucos” pero al servicio de una canción lenta y por momentos algo ñoña. Ninguna de las dos está entre lo mejor del disco. Mucho más interesantes resultan “Like so many times before” con un deje a los Beatles, incluidos los coros, o la más “sucia” de todas ellas, “Cause or FX”.

Quitando algunos momentos algo azucarados que harán las delicias de los aficionados al nuevo sonido de Green Day, el nuevo artefacto sonoro preparado por Ken Stringflellow desprende energía y unos buenos “pildorazos” para animar la tarde a cualquiera. No se sabe si será un grupo estable o un simple entretenimiento, pero en este momento, eso es lo menos importante.

Nosferatu resucitado


FEDERICO MARÍN BELLÓN
ABC




«Un film erótico-ocultista-espiritista-metafísico». Así era presentada en su día la película de Friedrich Wilhelm Murnau, «un clásico del cine de terror concebido y producido por miembros de una logia ocultista para divulgar sus ideas». Luciano Berriatúa, especialista en el cineasta alemán y artífice de la última restauración de «Nosferatu», que puede verse en uno de los dos DVD que incluye el libro, es el autor del texto, aliñado con una documentación apabullante.

Uno de los aspectos más interesantes de esta obra es el relato de la pequeña maldición que recayó sobre la película, perseguida a instancias de la viuda de Bram Stoker, ya que la productora, más preocupada por el más allá que por el más acá, nunca pagó los correspondientes derechos de autor por esta adaptación confesa y nada disimulada de «Drácula».

El juez que mató al vampiro

Así, hasta la muerte de Florence Stoker en 1937, «Nosferatu» no pudo dormir en paz, literalmente, ya que la airada viuda llegó a conseguir que un juez ordenara la destrucción de los negativos y de todas las copias existentes. Si la película ha llegado hasta nuestros días en un razonable estado de conservación, cual vampiro salido de su tumba, se debe a un milagro y a cierto espíritu pirata de las filmotecas, organizaciones que empezaron a florecer en los años treitna y que a menudo no declaraban sus fondos para evitar posibles acciones legales de las productoras. Menos mal que por aquel entonces no había descargas.

Murnau nació en la ciudad alemana de Bielefeld el día de los Inocentes de 1888. Su apellido real era Plumpe, que sustituyó por el nombre del pueblo en el que le gustaba veranear, en repuesta a una bronca monumental con su padre, que quería un hijo profesor. Y en Murnau vivió Murnau su primer gran amor, con el poeta judío Hans Ehrenbaum-Degele, otro motivo de trifulca, quizá. Tras renunciar a la pintura debido a su reconocida falta de talento, Friedrich Wilhelm ingresó en la escuela de teatro de Max Reinhardt, una eminencia que tuvo entre sus actores y ayudantes a Emil Jannings, William Dieterle y Ernst Lubitsch.

Autor de 21 películas, de las que sólo se conservan 12, Murnau murió en California a los 42 años debido a un accidente de coche, una broma del destino para un hombre que como piloto había sido derribado varias veces durante la Segunda Guerra Mundial. Menos suerte tuvo su amante, caído en el frente, aunque el futuro cineasta tampoco se fue de rositas de la contienda: el frío y la humedad de las trincheras le produjeron una grave enfermedad renal que acabó con su afición al tabaco y el alcohol. No sorprende que arraigara en su corazón un tenaz antimilitarismo, que germinó en «El último», donde ridiculizaba a los militares y sus uniformes.

Decepcionado hasta el tuétano, un día subió a su avión y apareció en Suiza, donde comenzó su carrera como director de cine. Más tarde, ya en Hollywood, ganó un Oscar por la calidad artística de «Amanecer» en una carrera pródiga en obras maestras como «Fausto», «Tabú» y la propia «Nosferatu».

Desde muy pronto, sólo le interesaron dos tipos de películas, los pequeños dramas intimistas y las de corte fantástico. Su primera incursión en el género fue «Januskopf», estrenada en España como «Horror, o el extraño caso del doctor Jekyll», en la que podían verse unos primeros efectos especiales, rudimentarios y torpes. Quizá lo más notable de la cinta fuera que el papel de mayordomo recayó en un actor húngaro poco conocido entonces: Bela Lugosi, el vampiro más ilustre y autoconvencido que ha dado el cine.

Nosferatu fue producida en 1921 por Prana Film, una productora de nuevo cuño montada por miembros de logias ocultistas «con el vampirismo como base», a partir del «Drácula» de Bram Stoker. El tema, como escriben los productores, «lo suscitó la observación de una araña que chupaba a sus víctimas hasta vaciarlas». Nosferatu se vendió como «una película de lo oculto o secreto, una sinfonía del horror, tal como reza su subtítulo». Su éxito no impidió que la productora quebrara poco después, con graves problemas derivados de la citada batalla legal por no haber pagado los derechos de la novela.

La Gran Bestia 666

Si hay un nombre imprescindible en «Nosferatu», casi a la par que Murnau, es el de Albin Grau, diseñador de decorados y vestuario, pero también promotor de la idea, productor y responsable último de los contenidos esotéricos de la cinta. Grau trabajó en alguna película más y grabó un documental sobre el mago inglés Aleister Crowley, un personaje apasionante que se hacía llamar La Gran Bestia 666 y que acabó perseguido por los nazis junto a miembros de su logia, Fraternitas Saturni. Según algunas fuentes, murió en el campo de concentración de Buchenwald.

El libro analiza toda la motivación esotérica de Grau, muy lejana de la de Murnau, ateo y poco interesado por el ocultismo, por más que le apasionaran las sombras desde un punto de vista estético. El libro, no obstante, da numerosas claves para interpretar la profusión de símbolos que incluye el filme. Incluso las cartas que se envían Knock y Nosferatu son desmenuzadas y se remite a algunos intentos anteriores por descifrarlas, en algún caso con resultados cercanos al disparate.

El lector también encontrará fragmentos del guión corregidos a mano, un trabajo intenso sobre las localizaciones de la película, sus edificios, sus puentes, el castillo de Nosferatu... Las carreras de los actores, carteles, portadas de revistas de cine y un largo etcétera completan el material recopilado a lo largo de los años. Una de las cosas que llaman la atención es que la productora, adelantada a tu tiempo, invirtió más en publicidad que en la propia producción de la cinta (y que en los derechos de autor, obviamente). Insertó noticias en la prensa diaria y especializada, compró números enteros de las revistas alemanas de cine, creó expectación, en definitiva.

Berriatúa también se detiene en otras obras de Murnau, en las secuelas de su película más conocida e incluso en otros títulos, como «Vampyr» («La bruja vampiro»), de Dreyer, claramente influidos por «Nosferatu». Hasta la comedia «El baile de los vampiros», de Polanski, no se escapa a su alargada sombra.

Capítulo especial merece la tenaz persecución de Florence Stoker y el modo en que se salvó «Nosferatu» de aquel desastre. Tras la destrucción de todo el material conocido, en 1928 apareció en París una copia, con lo que se resucitó la distribución de la película (no-muerta del todo) para regocijo de los surrealistas. Incluso André Breton escribió algunas notas sobre el filme, más asustado por su posible extinción que por su contenido. De hecho, el espíritu algo pirata de las Filmotecas, que fue lo que salvó la cinta, tenía como único inconveniente que ese mismo ocultismo retrasó en muchos años el hallazgo de las únicas copias en buen estado, en poder de Francia y España.

Versión con final feliz

Así, no sorprende que circularan versiones muy diferentes del filme, en algunos casos con escenas añadidas, con rótulos cambiados o desaparecidos e incluso una de alternativo final feliz. La monda. Berriatúa cuenta sus propios esfuerzos por conseguir una versión más o menos definitiva y lo más parecida posible al original de Murnau. El resultado está ahora al alance del aficionado (la única distancia es el precio), junto a otro DVD con extras de la película.

El cine chileno busca su hueco en el panorama latinoamericano

Su industria no está muy desarrollada pero crece año tras año. La nuevas pelis de Sebastián Lelio y Alejandro Fdez. Almendras estarán en Cannes

CLAUDIA REGINA MARTÍNEZ
Soitu



"Un país que tiene tan buenos poetas, también ha de tener un buen cine. El país que produjo a un Pablo Neruda y a una Gabriela Mistral —ambos Premios Nobel— debería producir también buenos cineastas", dijo en febrero en la Berlinale Gregorio González, productor ejecutivo de 'La Nana'.

Obviamente, González se refería a Chile, su país natal. Cuando hizo este comentario, 'La Nana', segunda película de Sebastián Silva, ya se había alzado con el Gran Premio del Jurado en el Festival de Sundance en enero.

El retrato de una sociedad en la que las diferentes clases conviven pero no se mezclan, centrado en el personaje de Raquel, que trabaja desde hace 23 años como empleada doméstica para una familia de clase media-alta en Santiago de Chile, es un buen ejemplo del cine que se está haciendo en el sur de Latinoamérica, del lado que da al Pacífico.

Un cine que está encontrando su identidad y que busca abrirse un hueco entre las grandes potencias cinematográficas de la región: Argentina, México y Brasil. En 2007 hubo 12 estrenos nacionales en Chile. En 2008, 28. Y todo indica que la cifra irá en aumento.

Hasta hace pocos años, había un solo chileno que era invitado habitual de los festivales y uno de los favoritos de la 'Cahiers du Cinema': Raoul (o Raúl) Ruiz.

Pero el director de 'Klimt' desarrolló gran parte de su carrera en Francia y, si bien es uno de los cineastas actuales más prolíficos, su cine es conocido sobre todo por el público especializado y supone un universo en sí mismo.

Más allá de las dificultades que enfrenta la creación de una industria en cualquier país latinoamericano —la lucha constante contra la "farandulización" de la cultura, la falta de espacios de exhibición y el escaso interés de los distribuidores—, en Chile el recambio generacional iniciado con el nuevo siglo parece estar empezando a dar sus frutos en el cine local.

2008 fue un año auspicioso en ese sentido. Se presentó, por ejemplo, 'Mami te amo', ópera prima de la jovencísima Elisa Eliash (24 años), centrada en la relación de una madre al borde de la ceguera y una hija a la que abandona cada día en diferentes puntos de Santiago. Esta cinta, narrada desde el punto de vista de la pequeña con un lenguaje poco convencional, fue elegida mejor película del Festival Cine B de la capital chilena y se vio también en Pesaro, Toulouse y Buenos Aires.

'Tony Manero', segunda película de Pablo Larraín, es otro de los films que sobresalieron el año pasado. Se llevó premios de los festivales de La Habana y Estambul después de su estreno mundial nada más y nada menos que en la Quincena de los Realizadores de Cannes.

La segunda película de Larraín, que ya tiene distribuidora en España, gira en torno a un asesino en serie obsesionado con el personaje que interpreta John Travolta en 'Fiebre de Sábado por la Noche'. Según el crítico Iván Pinto, "no es el primer filme que aborda el período histórico de la dictadura, pero sí es el primero que aborda tal escenario despercudido de la ideología política, permitiéndose salir de ella para imaginar otras zonas, relativas a la construcción de los imaginarios colectivos que configuran una identidad en un momento histórico específico". Y es que como en Argentina y España, la dictadura de Augusto Pinochet es una presencia constante en el cine chileno, que, sin embargo, busca centrarse ahora cada vez más en la construcción de una nueva identidad nacional.

Así se ve en la obra de Andrés Wood, director de 'Machuca' e 'Historias de fútbol', que presentó en 2008 su quinta película, 'La buena vida'. El film, que narra las historias entrecruzadas de cuatro personajes en Santiago de Chile, se llevó en febrero el Goya a la mejor película hispanoamericana en Madrid y se había alzado antes, en noviembre, con el Colón de Oro del Festival de Huelva.

Dos chilenos en Cannes 2009

Pero si por algo destaca el actual cine chileno es por su variedad de estilos. Así, en el Festival de Gijón se pudo ver en noviembre un ejemplo de un cine más minimalista, también llamado contemplativo, en 'El cielo, la tierra y la lluvia', de José Luis Torres Leiva, una película centrada en la observación de la cotidianeidad y el impresionante paisaje del sur del país. Una línea similar a la que representará al país este año en el Festival de Cannes, en el que Chile estará en la Quincena de los Realizadores con 'Navidad', de Sebastián Lelio, y en la Semana de la Crítica con 'Huacho', de Alejandro Fernández Almendras.

Olivier Père, director de la Quincena de Realizadores, comentó a medios chilenos: "Estoy muy feliz de recibir otra vez una película chilena. Es la segunda cinta de un joven realizador, el mismo caso de 'Tony Manero'. Sin embargo, son dos obras muy diferentes: 'Navidad' es una sensual historia psicológica con tres jóvenes actores. Todos en el comité de selección quedamos conmovidos por la película, que tiene mucho talento y es la prueba de la vitalidad y energía del cine chileno. Chile es realmente un país emergente en el cine latinoamericano".

"El multiculturalismo es un fraude"


Martin Amis pasó por el Hay Festival de Granada y habló con contundencia contra toda convención. "Tendríamos que estar agradecidos a ETA por asesinar al hombre que iba a reemplazar a Franco", dijo sereno el autor de 'Dinero'




ÁNGEL MUNÁRRIZ
Público


Una afinada puntería para disparar las palabras contra los conceptos permite a Martin Amis (Oxford, 1949) hacer que temas aparentemente inconexos como la Viagra, los talibanes, la gran novela judía estadounidense o la monarquía británica, por mencionar cuatro, puedan integrarse sin estridencias, como si estuvieran relacionados entre sí, en un único discurso coherente sobre la realidad y sus contradicciones.

Salvaje a la par que meditado, el autor de Dinero y Campos de Londres hizo ayer inventario de reflexiones para reírse del multiculturalismo, subrayar las diferencias entre Cristo y Mahoma, expresar su fascinación por el acto sexual y hasta dar su particular opinión sobre acontecimientos de la historia española. "No hay muchas oportunidades de agradecerle nada, pero tendríamos que estar agradecidos a ETA por asesinar al hombre que iba a reemplazar a Franco", afirmó. Y fue sólo una de sus perlas.

Con los zapatos recién lustrados por un limpiabotas a las puertas del Alhambra Palace de Granada, una de las sedes del Hay Festival, Amis atendió a la prensa durante una jugosa media hora, el tiempo de liarse y fumar tres cigarrillos y beberse un expreso con su aire de british cáustico.

"En español sólo sé decir: no sé español", afirmó, pese a estar casado con una mujer de Uruguay, país en el que vivió tres años. A la espera de que salga en España El segundo avión, que reúne sus polémicos textos analíticos posteriores a los atentados del 11-S, la semana pasada puso el punto y final a la novela The pregnant widow, que en España aparecerá previsiblemente como La viuda preñada (o embarazada).

Con Bellow en los altares

Ubicada "en los años 70 en un castillo de Italia", narra las experiencias de un grupo de jóvenes anglosajones "en la época de la revolución sexual". ¿Hay autobiografía en The pregnant widow? "Empezó siendo muy autobiográfica", explica, "pero no me salía". A juicio del autor de El libro de Rachel, sólo hay un escritor "que pueda escribir sobre las cosas reales con auténtica resonancia". Y ese hombre es Saul Bellow (1915-2005), "el mejor novelista estadounidense de todos los tiempos, mejor que Henry Miller, y el padre de la gran novela judía norteamericana".

La admiración que Bellow suscita en Amis queda ya plasmada en El infierno imbécil, la recopilación de artículos periodísticos que el escritor británico, a medias norteamericano por adopción biográfica y literaria, dedicó a Estados Unidos Mientras en dichos artículos deja muy mal parados (o directamente ridiculiza sin demasiada piedad) a Truman Capote, Philip Roth o Norman Mailer, el autor traza un perfil enormemente favorecedor de Bellow.

Fue tan inflexible con los tres primeros y con otros muchos, explica, porque era joven y "tenía el poder de hacer esos juicios sobre figuras tan importantes". "Y te vuelves loco, porque el poder corrompe. No es una metáfora, puedes sentir cómo te arruina", afirma, estirando la piel de su cara hacia abajo.

¿Por qué Bellow? Porque es capaz de apresar la realidad. "Cuando pones la vida real en una novela, está muerta. Hay que darle una realidad de ficción", afirma. La frase emparenta con otra expresada en Experiencia, obra central de su producción autobiográfica: "Todo escritor sabe que la verdad está en la ficción". Pero es una verdad adaptada, una verdad en cursiva. "Es como el zapato de una señora con un tacón largo y fijo", explica. "Eso es la ficción, el zapato. El pie está metido en ese zapato. ¿Y qué puede parecerse menos a un pie que un zapato estilizado?", pregunta, levantando la risita cómplice de las periodistas.

Lo que todos entendemos

La realidad, explica Amis, es el pie y nunca el zapato. Y el zapato más difícil es el hecho a medida del sexo, "esa experiencia bastante extraña" que aborda en su última novela. "No hay nada más en la actividad humana que sea tan indescriptible [para la literatura]. Quizás los sueños", afirma.

Su padre, el novelista sir Kingsley Amis, opinaba que el motivo de esta incapacidad es que la literatura intenta universalizar, mientras que el sexo supone la sublimación de las particularidades. Amis piensa que sólo se puede narrar "el fiasco sexual, algo que todo el mundo entiende". "Por desgracia", añadió con sorna, "en la nueva generación toman Viagra incluso los jóvenes, resulta que nunca tienen fiascos y piensan que tienen una gran polla. ¿Es la clase de hombre que queremos?".

Si la relación entre realidad y literatura interesa a Amis, más aún lo hace la relación de esta con la experiencia hiperrealista por definición, el sexo. "Cuatro o cinco novelas de Nabokov [otro de sus preferidos] son sobre sexo con niñas de 13 años. ¡Pero esto no es universal! Cuando entrevisté a Polansky en los 80, él huía de Estados Unidos por una relación con una niña de 13 años. Me dijo: El juez va a ser muy duro conmigo porque él, como todo el mundo, quiere tirarse niñas de 13 años. Y yo le dije: ¡No es cierto, yo no!".

De la misma quinta que Ian McEwan y Julian Barnes (con el que ha mantenido enconadas disputas), hay quien dice que su incorrección política priva a Amis de la posibilidad siquiera de ser candidato al Nobel, un premio para el que sí pueden sonar otros miembros de su generación. Amis es experto en hundir el dedo en el centro de la llaga. En Koba el Temible desveló una de las mayores vergüenzas del pensamiento occidental del siglo XX, la tolerancia de los intelectuales con el comunismo soviético. Ahora ha trasladado su punto de mira al multiculturalismo, lo que le ha valido críticas por sumarse supuestamente a quienes difuminan los límites entre el todo (los musulmanes) y la parte (los terroristas).

Menudo fiasco

Ayer fue tajante sobre la cuestión. El multiculturalismo, "multirracismo" según él, "es un fraude". "Todos los hombres son mis hermanos, pero todas las mujeres son mis hermanas también, así que un islamista acérrimo que practica la mutilación sexual y entrega a niñas de 9 años a hombres mayores no es mi hermano", afirmó Amis, padre de una niña de 9 años. Los talibanes, a su juicio, "son un caso especial porque no saben qué es una mujer, se sienten aterrorizados por ellas, las ven criaturas de otro planeta".

"Todo escritor sabe que la verdad está en la ficción"El discurso de Amis en este campo engancha con el de la ex diputada holandesa Ayaan Hirsi-Ali, denunciando que el Corán dice que "las mujeres son inferiores" y oponiéndose radicalmente a quienes piensan que "no hay que interferir" porque "son temas de su cultura".

A esta postura añade otro punto de vista aún más heterodoxo, que va a la misma raíz del Islam. El Profeta, uno de los personajes más importantes de la humanidad, fue a la vez Cristo y César. Fue un guerrero, un luchador, un rey. No era como Cristo. El enfoque es distinto. Quiere conquistar, crear un imperio. Es una religión completamente diferente".

Fue a través de unas referencias al periodismo ("Es como escribir con la mano izquierda", según lo definió Amis) como la charla acabó abordando la monarquía británica, sobre (o contra) la que ha escrito reiteradamente, y posteriormente centrándose en la española vía Letizia Ortiz, ex periodista.

Martin Amis, tras mostrar algo más de simpatía por la Corona española que por la británica, se soltó la melena. "Tendríamos que estar agradecidos a ETA por asesinar al hombre que iba a reemplazar a Franco [Carrero Blanco]", afirmó, para luego puntualizar. "No hay muchas oportunidades de agradecer nada a ETA, pero entonces [tras el atentado] España se convirtió en una monarquía constitucional, y el rey se retiró un poco del poder", añadió.



La letra pequeña de un autor entre la vida y la ficción

Todo un carácter

Estandarte de una generación contestataria, políticamente incorrecto, cascarrabias impenitente y abiertamente hostil a todos los movimientos progresistas. Prácticamente, el mismo carácter de su padre, el también escritor Kingsley Amis (1922-1995).

Él conoce a todos

A partir de ‘Experiencia’ Amis se propuso contar su vida desde la perspectiva de un narrador que explica lo que le ocurre a cualquiera, las emociones que el lector puede haber sentido. Y le creemos porque se presenta como alguien que cuenta emociones experimentadas, situaciones vividas y dolores sufridos. Un narrador desde la carne.

Ficción incontrolable

Algunas de sus frases sobre la escritura son antológicas: “Todo escritor sabe que la verdad está en la ficción”. Pero también dirá, para agudizar la paradoja, que “no existe correlación válida alguna entre la vida y la obra de un escritor”.