"Con una renta básica habría más estímulo para trabajar asalariadamente"



KEPA ARBIZU Y AIDA M. PEREDA
Lumpen



En esta entrevista, Daniel Raventós, portavoz de la Red Renta Básica, da a conocer la propuesta de esta plataforma de implantar una retribución mínima, sin más requisito que el de acreditar la condición de ciudadano de un país.


Lo primero de todo, ¿en qué consiste la renta básica?

En una asignación monetaria incondicional a toda persona sin otra condición que la de ciudadanía o residencia acreditada.

¿Cómo surge la asociación Red Renta Básica y con qué objetivos?

La RRB se creó formalmente en febrero de 2001, si bien la asamblea fundacional tuvo lugar en junio de aquel año. Algunas de las personas que fundamos la RRB veníamos defendiendo la renta básica desde hacía ya algunos años. Empezamos pensando en crear la asociación bastante tiempo antes de 2001, pero por distintos motivos no lo concretamos hasta este año.

El 28 de abril se formó una subcomisión en el parlamento español para estudiar dicha implantación. ¿Sois optimistas con el hecho?

Que se haya creado esta subcomisión parlamentaria tiene una indiscutible importancia. Cabe decir que era un tema pendiente de la anterior legislatura. Ya en octubre de 2007 se discutió en el parlamento español una proposición de ley para implantar una renta básica presentada por ERC e IU-ICV. Por distintas razones no se llegó a concretar esta subcomisión. En esta legislatura ha sido posible. De momento, no ha empezado a trabajar. Creo que puede ser un paso importante para que una buena parte de la ciudadanía pueda conocer esta propuesta.

Algunos partidos ya se han posicionado en contra aduciendo que “favorece a la vagancia”. ¿Cómo desmontaríais ese argumento?

Esta objeción es vieja. Tan vieja como pueda serlo la misma propuesta de la renta básica. Hay muchos argumentos teóricos y empíricos que se han ido desplegando en las últimas décadas para responder a esta objeción. Me limitaré a dos. En primer lugar, cabe considerar que una parte importante del trabajo no es asalariado. Efectivamente, hay otros dos tipos de trabajo: el doméstico y el voluntario. En segundo lugar, lo que una gran parte de personas busca en el trabajo remunerado, además de ciertos ingresos, es un reconocimiento social, sentirse útil, incluso cierta autorrealización.

Existen algunos interesantes estudios que muestran que con una renta básica habría más estímulo para trabajar asalariadamente que con los subsidios condicionados que hoy conocemos.

El hecho de que la asignación sea igual para todos los ciudadanos, incluidos los que ingresan más dinero, ¿puede causar controversias?

Cualquier propuesta social siempre causa controversia. Si lo que se me está preguntando es que desde un punto de vista igualitario tiene sentido que los ricos también ingresen la renta básica entonces debo precisar un par de puntos. Tan importante es la cantidad de renta básica que se proponga como la forma de financiarla. Para mí solamente tienen interés político y social aquellas propuestas de financiación de la renta básica que suponen una redistribución de la renta de los ricos a los pobres o a los que simplemente no son ricos. Es decir, la renta básica la tendría garantizada todo el mundo, pero los ricos deberían pagar más que ahora para financiarla. Dicho lapidariamente: la renta básica la recibe todo el mundo, pero no todo el mundo gana.

Vicenç Navarro, por ejemplo, pone pegas respecto a que en una sociedad como la española, donde el estado de bienestar no está desarrollado y el gasto público es escaso, debe prevalecer arreglar esta situación frente a una asignación individual. ¿Qué opináis al respecto?

Que una afirmación no excluye a la otra. Se puede estar de acuerdo con la afirmación de que “estado de bienestar no está desarrollado y el gasto público es escaso” y defender a la vez una renta básica. La derecha (recuérdese el mencionado debate en el parlamento español de octubre de 2007) capta muy bien las potencialidades de la renta básica y por eso está en contra, a alguna izquierda le cuesta más verlo tan rápidamente. Es una pena, pero así es.

En algunos documentos argumentáis que el estado actual de crisis no es impedimento para desarrollar la renta básica. ¿Podríais explicarlo?

Lo que algunos afirmamos es que en una situación de crisis grave como la actual, algunas de las características de la renta básica podrían ser aún más pertinentes. En una situación de crisis aumenta el paro de forma acelerada. Con ello, aumenta la pobreza. En una situación de crisis, las agresiones a las condiciones sociales de los trabajadores son muy frecuentes. Actualmente, la derecha, el Banco de España, el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, por citar solamente algunos agentes sociales, se han pronunciado claramente por el abaratamiento del despido, la supresión del salario mínimo, etc. Cuando la situación de buena parte de la población con menos recursos empeora, las características de una renta básica se ven realzadas. Y esto es lo que ocurriría en la actual situación de crisis económica.

Aunque será difícil cuantificarlo ahora mismo, ¿a cuánto debería ascender esta renta para ser un mecanismo satisfactorio para los ciudadanos?

Con una reforma del IRPF, por ejemplo, ya podría financiarse una renta básica para toda la ciudadanía. Junto con otros compañeros he participado en algún estudio en que proponemos distintas cantidades de renta básica. Normalmente, para proponer una cantidad, se acostumbran a utilizar criterios del tipo: umbral de la pobreza, pensión media… En nuestro estudio, realizado ya hace unos 4 ó 5 años, proponíamos una cantidad cercana a los 500 euros mensuales para los adultos y de 250 para los menores. Evidentemente, las cantidades o, mejor aún, los criterios que marquen las cantidades, forman parte de los aspectos importantes de la renta básica, y es materia también de discusión.

Tom Dicillo, vocación de 'outsider'


IGNACIO REYO
Paisajes eléctricos magazine




Símbolo del cine independiente 90’s, Tom DiCillo cambia de registro y dirige, por primera vez, un documental. “When You’Re Strange” cuenta la epopeya del grupo más subversivo, exitoso y salvaje del ocaso hippie (con permiso de los Stooges). “From Los Ángeles, California, The Doors!”.

A pesar de ser un encargo, DiCillo ha sabido adaptarse perfectamente al imaginario The Doors. Morrison como personaje principal (que no único), rey desclasado en una América bizarra y expectante de cambios que jamás llegarían,tiene más de un punto en común con los seres que pueblan las películas del director de Carolina del Norte. Ese Johnny Suede, capaz de pasar de la poesía al odio en menos de lo que tarda un zapato de gamuza en caer del cielo; la rigidez de Al Fountain en su relación con el hijo al principio de “Box Of Moonlight”, trasunto del padre autoritario que sufrió en sus primeros años el Rey Lagarto; el problema de la celebridad, siempre tramposa y expectante de nuevas víctimas… Quizá sean rodeos demasiado amplios, pero DiCillo ha demostrado siempre una sensibilidad especial, y conoce los reversos del show Business y el país donde vive perfectamente, características básicas para poder crear algo digno de The Doors, más allá del excesivo, adolescentemente disfrutable biopic que realizó Oliver Stone en 1991. Tampoco es una sorpresa que DiCillo haya querido mostrar su faceta como documentalista con un grupo de Rock. Su ópera prima estaba dedicada a un rocker perdido en el tiempo, aspirante al éxito, con cameo incluido de Nick Cave, y en el último film convencional que estrenó, “Delirious”, el guiño Pop surgía con la aparición del genial Elvis Costello.

En los últimos años Tom DiCillo escribe regularmente un blog desde su propia Web. Ahí responde atentamente, de manera entusiasta, a las preguntas de fans y curiosos. Un mensaje y a los pocos minutos recibo un mail del cineasta para concertar una entrevista. La misma amabilidad que transmite en sus escritos por la red, se oye al otro lado del teléfono, en Nueva York.

¿Cómo surgió la posibilidad de hacer un documental sobre The Doors?

R- Alguien me llamó y me dijo que tenían mucho montaje de The Doors que muy poca gente había visto, y buscaban un director para hacer algo con ello, para encontrar un concepto. Vieron mis anteriores películas, y creo que les gustó mi sensibilidad como guionista y director, y me ofrecieron hacerlo. Ha sido un proyecto diferente para mí, porque no es algo que haya creado originalmente. Me llamaron, me dijeron que tenían el dinero yme preguntaron si lo quería hacer, así que acepté, porque era algo distinto. Cuando vi todo el montaje, grabado entre 1966 y 1971, me di cuenta que lo podía tratar como una narración, no como un documental. Era fascinante. Algunos de mis documentales favoritos son de gente que crean algo con forma, que saben transformarlo, darle personalidad. Como el documentalista Errol Morris, me gusta mucho su estilo. Accidentalmente encontré una película que dirigió Jim Morrison, una película llamada ‘Highway’, así que cogí fragmentos de ‘Highway’ con la intención de darle una estructura al documental. Creo que a mucha gente le gustará y lo encontrará innovador. Aparte, hay un sentimiento de Jim Morrison como ser humano, y es algo que no sucede frecuentemente con él y The Doors. El público tiende a exagerar la figura de Morrison, tienden ahacerle más grande de lo que realmente fue, como sucede en la mitología. Lo que más me interesaba eramostrar la gran banda que fueron, pero también reflejarlos como seres humanos, como gente real.

De hecho, el documental trata sobre los cuatro miembros. Muchas veces, en los reportajes sobre The Doors, Jim Morrison termina eclipsando al resto del grupo.

R- Completamente. Sí, era el más fácil de reconocer, el más mediático, pero todos tenían un talento enorme.El grupo ayudó a Morrison a conseguir lo que quería, si no hubiera tenido a los otros tres miembros respaldándole en escena y en el estudio, no hubiera llegado tan lejos.

Otra idea preconcebida es la de Morrison como un mito autodestructivo, como el poeta de la muerte.

R- Es un mito muy poderoso, y todavía existe, y seguirá existiendo, pero no estoy muy interesado en eso, me interesa más Morrison como ser humano, la verdadera persona. Hay muchas partes en mi película en la que se le ve sonriendo, actuando como un niño pequeño. En el preestreno en Berlín, alguien de la audiencia se me acercó, y me dijo ‘Bueno, creo que Jim Morrison estaba fascinado por la muerte’ (pone voz truculenta)…y le contesté ‘es tu opinión y la respeto, pero no estoy de acuerdo’. No creo que estuviera fascinado por la muerte, sino que era una persona muy torturada porque, precisamente, estaba muy fascinada por la vida’. Todo lo que hizo tiene que ver con experiencias sensoriales. Cuanto más conocí su historia, máslo respetaba. Fíjate en las dificultades que tuvo con su padre. Su padre era militar, y siempre le decía lo que tenía que hacer, justo todo lo contrario a como era Morrison. Ningún miembro de su familia lo entendía, y nunca quiso regresar a ella. Respeto mucho lo que intentó hacer, lo que The Doors intentaron hacer. Quisieron, simplemente, crear la música de la manera en que debería ser creada. No deseaban que nadie les dijera qué tenían que tocar. Lo respeto mucho.

¿Qué tipo de roles, o qué tipo de personalidad, dirías que tenían en el grupo Ray Manzarek, Robby Krieger y John Densmore?

R- Los conocí a todos, por supuesto. Cuando tienes a cuatro personas juntas durante seis años, terminan siendo una familia. Ray era el más mayor, no mucho más mayor, pero era como la figura paterna de la banda. Creo que Robby fue más como el hermano pequeño de Jim. Jim ayudaba constantemente a Robby, eso es algo que me fascinaba, le decía cómo escribir canciones, le daba consejos, y le aceptó. No sé si lo sabes pero Robby escribió la mitad de las canciones.

Sí.

R- No mucha gente lo sabe, creen que todo lo hizo Jim Morrison.

Es otro error común con The Doors.

R- Y mira, la primera canción que escribió Robby Krieger en su vida fue ‘Light My Fire’. Sé que hay fans como tú que lo saben, los fans conocen todo. Lo interesante de esta película, nuestra esperanza es que aunque los fans como tú no encontréis ninguna sorpresa, aunque no haya nada nuevo, os va a hacer sentiros parte de la banda. La película es muy íntima, cuenta su trayectoria de un modo perfecto para poder involucrarte en cada uno de los miembros, Te lleva a entenderles y sentirles como individuos. Y en cuanto a decir que Robby escribió muchas canciones, sé que a muchos fans no les parecerá un dato extraño, pero, creo que es un acto de justicia poética. El propio Robby vino y me dijo, ‘Tom, solo te quería dar las gracias’. Y le pregunté qué quería decir, y era simplemente por decir que escribió muchos de los temas. Para mí es algo fundamental, tanto para la gente que no lo sabía, como para los fans que aprecian que lo haya dejado claro. Y hablando sobre John Densmore, fue uno de los baterías más increíbles de su tiempo, era lo opuesto a un batería de Rock & Roll. Al no tener bajo en directo, y tampoco en el primer disco, toda la responsabilidad del ritmo recaía sobre él. Su sentido de la percusión es totalmente diferente de la mayoría de los baterías. Innovaron. Robby Krieger empezó a tocar en acústico, a tocar flamenco, y lo puedes oír en la música, igual que puedes escuchar a Ray Manzarek su bagaje musical clásico, su gusto por Bach. Todo esto, todo junto, consiguió que hicieran un sonido único y original, un sonido americano, que todavía suena reciente.

Has conseguido la aprobación de los tres miembros supervivientes, y eso es muy raro. Ya sabes que no tienen muy buenas relaciones, y que Densmore se niega a que Manzarek y Krieger utilicen el nombre de The Doors en sus giras.

R- No puedo comentar mucho de ese tema. En 1969, Jim estaba en Inglaterra con Pam, su novia, y se emborracharon durante una semana y media. Cuando regresaron a América, Jim se enteró que The Doors había aceptado un acuerdo para que ‘Light My Fire’ sonara en un anuncio. Se enfadó mucho, y les dijo que no entendía cómo podían prostituir su música. Lo que no puedes hacer es simplificar la historia. Morrison tenía la razón y los otros se equivocaron…vale, pero también hay que tener en cuenta que intentaron contactar con él, realmente intentaron contactar con él, y que el anuncio les parecía atractivo. No era un anuncio como los de ahora, que la televisión es una mierda, y la publicidad es nefasta. Personalmente, me parece que Morrison tenía razón. Si pones una canción en un anuncio de un coche, es como si ambas ideas se fusionaran, casi para siempre, y un aspecto increíble de la música es que al no utilizarse imágenes, dejas que el propio oyente se imagine lo que quiera. Hay que intentar mantenerse lejos de este tipo de negocios, solo así conseguirás que la música y las canciones siempre sean mágicas. Y bueno, ya sabes que un par de miembros de la banda querían, y siguen queriendo, utilizar el nombre de The Doors, y utilizar la música en anuncios. Y un miembro del grupo, John Densmore, cree que a Jim Morrison no le gustaría, y ahí está el problema. Estamos viviendo tiempos diferentes, hasta gente como Bob Dylan o los Rolling Stones ceden por dinero su música a anuncios. Si hablas del tema con gente joven, ni siquiera comprenderán dónde está el problema. A mí me parece bien que no utilicen la música de The Doors en los anuncios. Seguramente el público adolescente, o juvenil, te mandarán a la mierda, no ven ningún problema en ceder canciones para anuncios. Por qué no, si pueden hacer algo de dinero. Esa es su reflexión.

¿Qué te parece que Krieger y Manzarek sigan tocando por los escenarios las canciones de The Doors?

R- Bueno, hace poco tuve la oportunidad de verlos tocar juntos, cuando fuimos a Sundance. Fue todo de manera accidental. Alguien tenía por ahí de casualidad un teclado y una guitarra. Ray se puso a tocar la introducción de ‘Riders On The Storm’, y Robby le siguió con la guitarra, mientras alguien se ocupaba de la batería. Y sabes, viéndolos y escuchándolos, te das cuenta que la esencia continua presente en ellos. Aman sinceramente tocar, se nota que lo viven. Estabas viéndolo, y podías observar cómo hombres de sesenta y pico años se convertían en adolescentes. Me impresionó el poder que tiene la música en ellos, y creo que deberían seguir tocando. Entiendo a John Densmore, que no quiera que utilicen el nombre, porque no son The Doors, solo son dos miembros de una banda que se llamó The Doors, pero es obvio que necesitan tocar, les da vida.

No es una cuestión de dinero. Sigamos con el documental. Ray Manzarek ha declarado que es todo lo contrario a la película de Oliver Stone. De adolescente esa película me encantaba, pero reconozco que ahora la veo interesante, pero muy efectista y falsa.

R- No quiero hablar mal porque Oliver Stone es un gran director, con mucho talento. Mi problema es que no me creo el argumento en ningún momento, se nota que es una película. Las actuaciones no son buenas, y la historia está mal contada. Y francamente, cuando ves imágenes de los verdaderos The Doors, es algo muchísimo más poderoso que esa película. De todas maneras, sé de mucha gente que le encanta. A John Densmore le encanta, le parece una buena peli.

La cuestión es que resalta lo polémico para atrapar al espectador. Es muy de Hollywood.

R- Sí. Una cosa que dijo Ray Manzarek, y con la que estoy de acuerdo, es que no enseña la otra cara de Jim Morrison. Tenía un gran sentido del humor, y muchas veces parecía un niño pequeño. No es nada negativo mostrar todas las facetas de un mismo personaje, debes ser fiel a su trayectoria. Creo que se está falseando la historia cuando se muestra a Jim como un borracho, un drogadicto, un genio depresivo. No hay ningún interés ahí, al menos no para mí.

¿De qué otra banda de música, que te parezca poco conocida, crees que se debería hacer un documental?

R- Es una buena pregunta. (Risas... Se queda pensando varios segundos) Bueno, posiblemente… Elvis Costello. No creo que se haya escrito la verdadera historia de Elvis Costello. Es un músico impresionante, aunque no sea underground. Quizá también se debería hacer algo así con The Cramps. ¿Los conoces?.

Claro...

R- ¡Oh! Supongo que te habrás enterado de que Lux Interior se ha muerto…

Sí, es muy triste. Se notaba que Lux Interior y Poison Ivy estaban hechos el uno para el otro.

R- Es cierto. Sabes, me gusta mucha música. Rockabilly, Psychobilly…todo tipo de cosas. Llegué a ver a The Cramps en directo en el CBGB cuando estaba en el colegio, en los años setenta, y eran algo increíble.

¿Cuáles son tus bandas favoritas?

R- No tengo una banda favorita, sino muchas bandas que me gustan. Ahora mismo estoy escuchando mucho… Oh, cómo tengo la cabeza hoy…Parece que acabo de volver de una lección de boxeo. (Risas) De ahora me gustan Kings of Leon, hay algo en su sonido especial, y escucho bastante música hecha con arpas africanas, me parece fascinante. Mi gusto musical es muy variado, me atrae cualquier cosa que sea original, no tiene por qué ser Rock & Roll. El Rock & Roll de ahora muchas veces me suena viejo y sin vida.

En tu primera película apareció Nick Cave haciendo un personaje …

R- Perdona por interrumpirte, estaba pensando en él ahora mismo. Debería existir un documental sobre Nick Cave, que cubriese todas sus etapas, desde Birthday Party hasta el presente. Es uno de mis músicos favoritos, siempre vuelvo a sus discos.

Es un clásico en vida. Lo que te quería preguntar es cómo surgió la colaboración de Nick Cave en tu primera película, y además encarnando a un personaje tan bizarro, Freak Storm.

R- (Risas) Es una historia divertida. Un amigo mío estaba en una banda de Art Punk en Alemania en 1990, y le envié el guión de ‘Johnny Suede’. Sólo quería que lo echara un vistazo. Nick Cave pasó una noche en su casa y terminó leyendo el guión. Al poco tiempo recibí una llamada, y era Nick Cave, que había leído el guión y estaba interesado en Freak Storm. (Risas) No me lo podía creer, le dije, ‘todo lo que desees hacer, lo hacemos’. Creé al personaje de Freak Storm como una exageración de Johnny Suede. En otras palabras, un poco más destrozado, un poco más ruin como ser humano. A Nick le encantó la idea, y se le ocurrió que fuera un albino, un Elvis Presley albino. (Risas) Me pareció un gran toque, y actuó muy bien. Creo que es un buen actor.

¿Qué recuerdas del rodaje de “Johnny Suede”?

R- Bueno, podemos hablar durante seis horas sobre ‘Johnny Suede’. Fue mi primera película, tras salir de la escuela de cine. Es el mayor paso que puede dar un director, después de hacer los típicos cortos en la escuela, cortos de veinticinco minutos, moverte al cine convencional. Es un gran paso, y me llevó algo de tiempo poder crear una película de noventa minutos. Hay grandes descubrimientos en ‘Johnny Suede’. También algunos errores, tiene fallos, pero todavía pienso que para ser la primera está muy bien hecha. Escogí a Brad Pitt para el papel protagonista, y a nadie le gustó la idea. Recuerdo que me decían que no cogiera a ese tío, que no era nadie, y que nunca sería un gran actor. No estaba nada de acuerdo, para mí era el tipo idóneo para el papel. Y también elegí a Catherine Keener, que era otra desconocida. Me gusta cómo quedó el film, me gusta de qué va, y me gustala música que suena. El guión lo basé en mis propias experiencias. De lo que veía cuando iba a la escuela, en 1976, en el Lower East Side. Los punks y los rockabillys dominaban la ciudad. Veías a esos tipos, caminando por las calles, con la misma imagen que Freak Storm. Siempre me acuerdo de lo fascinante que me resultaba esa imagen, y lo quería plasmar en una película.

Hay ciertos elementos raros en la película, como los zapatos caídos del cielo, que parecen inspirados en David Lynch.

R- Bueno, un poco. Mis mayores influencias, y no creas que lo digo para parecer pretencioso, son los directores europeos como Buñuel, su colaboración con Dalí por ejemplo. Me gusta Man Ray, y también Fellini. Cogían la realidad y la exageraban. Es una manera excelente de utilizar el cine. Exagerar la realidad un poco…dejarla abierta a otras posibilidades. Johnny es un personaje que vive en su propio mundo de fantasía, y sus zapatos podían haber llegado del cielo como un regalo de Dios para completarle como persona o, siendo más realistas, puede que alguien simplemente los tirara por la ventana. Me encanta ese punto absurdo en las películas, es perfecto para potenciar un significado más profundo.

¿Por qué Johnny Suede es tan fan de Ricky Nelson?

R- Yo no soy muy fan de Ricky Nelson. Si te acuerdas de la película, hay un momento que lo muestra muy bien. Johnny está bailando con una chica, y la chica le pide otro tipo de música porque Ricky Nelson le parece muy aburrido. (Risas) Es como si intentara ponerse en la piel de Ricky Nelson, pero no termina de funcionar, porque no es algo real. El personaje de Johnny Suede es más complicado que Ricky Nelson o su música. Johnny no es un ídolo de adolescentes de los años cincuenta, no es tan agradable. Llega a pegar a una chica, y revela partes de su carácter que no le gustan, antitéticas a Ricky Nelson.

Antes de “Johnny Suede”, trabajaste con Jim Jarmusch en la fotografía de sus dos primeras películas, “Permanent Vacation” y “Stranger Than paradise”.

R- Aquello fue genial. Estuve en esas películas haciéndole un favor a Jim. Era amigo mío, ambos íbamos a la misma escuela de cine. Siempre conecto estas experiencias al inicio de la música Punk. No iba de ser ni un buen guitarrista ni un buen cantante, simplemente de querer hacerlo. Así veo nuestra colaboración. Nunca estudié fotografía, solamente conectamos bien juntos, y salió un buen trabajo. El que yo no fuese un técnico era un aspecto que le agradaba. No había reglas, es lo que más recuerdo. Solamente hacíamos lo que queríamos, y nos divertíamos mucho. Le tengo un gran respeto a Jim.

Tu segundo largometraje, “Living in Oblivion” (“Vivir Rodando”) es la típica cinta que cualquier estudiante de cine debe ver.

R- Cuanto más pasa el tiempo, más cariño tengo a esa película. Tiene mucha complejidad, mucha riqueza y mucho sentido del humor. Hacer una película en aquel entonces, era el trabajo del milenio, a nivel artístico. Todo el mundo quería hacer una película, todo el mundo. El hecho de que la hiciéramos, de que la empezáramos desde prácticamente nada, sin dinero, y la termináramos, ya es un logro. Todavía tiene vida y energía, es increíble. Ha pasado el test del tiempo. La tengo mucho cariño, me gusta mucho.

Durante aquella época se vivió el mayor auge del cine independiente, con el festival de Sundance, por ejemplo. ¿Cómo ves aquella movida en la actualidad?

R- Es una pregunta muy grande. Todo ha cambiado demasiado. El otro día se lo comenté a alguien. El cine independiente tenía que ver con decir no a Hollywood. Lo bueno es que podías mirar el dinero que te ofrecían desde Hollywood y decirles ‘que os jodan’, porque si tomabas su dinero significaba que se iba a cambiar el guión, la forma de hacer la película, los actores…y nadie quería transigir, se buscaba el dinero en cualquier otro lugar antes que aceptar cláusulas. Eso era lo bueno del cine independiente. Fue una sensación increíble poder decir no, y no estoy menospreciando a Hollywood con eso. Lo que ha pasado en los últimos años es que los directores independientes se han pasado a Hollywood, han dicho que sí a Hollywood. Sí a las estrellas, y sí a todo lo que conlleva una película de Hollywood, y eso afecta al cine independiente. No estoy interesado en ese tipo de películas.

Peter Biskind llegó a publicar un libro sobre toda esa época, “Down and Dirty Pictures: Miramax, Sundance, and the Rise of Independent Film”, en el que apareces. ¿Te gustó?

R- Es interesante. Lo leí, y como cualquier cosa, es un punto de vista personal de la historia. Hay ciertas lagunas, datos que omite que me parecen muy importantes. No menciona a muchos directos que abrieron la posibilidad del cine independiente, abrieron la puerta a todos los protagonistas del libro. Sabes, tengo un gran cariño por el espíritu independiente, lo echo de menos. Siento como que ese espíritu se ha desvanecido en el mundo artístico en América, particularmente en las películas. La idea de que hicieras lo que quisieras, como hacía Jim Morrison, no aguantar que te mandaran. Jim Morrison se volvía loco si le obligaban a hacer algo. Ray Manzarek le sugirió que se cortara el pelo, y se enfadó tanto que salió de la casa. Siento lo mismo por el cine independiente, no hay nada erróneo en hacer una película sin tener en cuenta opiniones externas. No hay nada de malo. Pero sabes, el dinero cambia todo. Con mi ultimo film, ‘Delirious’, pasé mucho tiempo hasta poder sacarlo adelante. Conseguía financiación y la perdía, volvía a conseguirla, y volvía a perderla…Si después de seis años, alguien me hubiera dado el dinero con la condición de coger a Tom Cruise, quizás hubiera dicho: ‘a la mierda, hagámoslo’. Gracias a Dios eso no sucedió. La gente con dinero tiene el poder, y a no ser que consigas hacer la película sin dinero, debes contar con ellos.

Una distribuidora clave del cine indie y que terminó siendo otro negocio fue Miramax, aunque ahora no la llevan los mismos tipos que antes.

R- Bueno, ahora tienes a Hollywood y también estas pequeñas distribuidoras que son pequeños estudios con mucho poder, como Focus y demás…Tienen el mismo poder que Hollywood, no es solo Miramax. Miramax es el mayor ejemplo y en quien se fija la gente, pero no es la única. Ya sabes, Harvey Weinstein y su hermano Bob. Eso sí, escúchame, no quiero decir nada contra Harvey Weinstein, porque hacer una película, y hacer dinero con una película, es muy difícil, algo muy, muy difícil. Hacer una película es casi imposible. No quiero criticar a la gente que hace dinero con las películas, porque es lo normal, hacer dinero para sobrevivir. Es una forma de dar la bienvenida a otro tipo de Films.

Volvamos a tus películas. “Box Of Moonlight” es muy especial, irradia magia.

R- Quería hacer una película que me sacara de Nueva York. (Risas) Todas las películas que hice previamente, o en las que trabajé, habían sido grabadas en la gran ciudad americana, y deseaba salir fuera, ir a una pequeña localidad. Así que dije, dejadme hacer una película sobre el otro lado de América. El personaje de John Turturro es muy cercano a mi propio padre. Ya sabes, Un hombre que vive con todo bajo control, muy estricto, de horarios muy marcados. Para alguien así, no manejar su vida es como estar en el espacio exterior. Le asusta tanto que no sabe ni qué hacer. Me gusta observar cómo un personaje pierde el control, el equilibrio, y eso es lo que pasa en la ‘Box Of Moonlight’. Quería que el protagonista conociera a alguien que fuera todo lo contrario a él. (Risas) Este chico no tiene un concepto claro de la responsabilidad, no sigue reglas, es muy espontáneo, así que les puse juntos para ver qué sucedía. Quedé muy contento con el trabajo de los actores. Por ejemplo chico, que lo hace Sam Rockwell, siempre supe que era el tipo adecuado para el papel, y eso que nos llevó cinco años conseguir el dinero. Fue una experiencia genial. También me di cuenta de lo difícil que es hacer una película bonita, mucho más difícil que cualquier cosa. Como la parte del agua, con la mujer rubia, es muy bonito todo lo que pasa, pero terrible de recrear a nivel técnico. Lo que sucedía detrás de la cámara era un caos total. Estoy muy orgulloso de esa película.

Posteriormente trataríais el tema de la fama en “The Real Blonde” y “Delirious”. Es un fenómeno que está actualmente más presente que nunca, aumenta de manera escalofriante. ¿Por qué existe esa obsesión enfermiza por los famosos?

R- Pues se han escrito miles de libros sobre el particular. Existen muchísimas teorías, así que no creo que la mía sea la única. Pero hay algo que está claro, y tú lo acabas de decir: la obsesión por los famosos sigue aumentando. Es algo mucho más fuerte ahora que hace diez años, por ejemplo, y hace diez años era mucho más fuerte de lo que lo fue hace cien años. Hace cien años la gente que era famosa lo era por hacer cosas excepcionales; si alguien era famoso lo era por ser un gran deportista, o un gran cantante de ópera, o un genio del teatro... Pintores, escritores, músicos... Sin embargo, ahora la gente se fija en los famosos como forma de escapar de sus propias vidas, y ahí tienes a cientos de miles de personas que no tienen nada importante en sus vidas, que no tienen ningún talento, ninguna habilidad especial, por lo que se fijan en todos estos famosos a los que la sociedad les ha dado el “privilegio” de serlo. Sólo tienes que ver la manera en que se trata a la gente famosa, se les trata como si fueran diferentes; pero no lo son. Son sólo las personas con más suerte del planeta. Es por eso por lo que no puedo ver la ceremonia de los Oscar. No puedo. Nunca la he visto y nunca la veré. Toda esa gente ahí de pie, llorando, y diciendo: “Oh gracias, gracias, gracias...” (Imita el gimoteo de los galardonados) Esas son, literalmente, las personas con más suerte del planeta, y la única razón por la que están ahí es el azar, por mero accidente. Y se lo toman demasiado en serio. Creo que en ‘Delirious’ exploraba a fondo todo eso. Si buscas en los demás esa especie de bendición, esa autoafirmación; si necesitas que los demás te digan lo importante que eres, entonces nunca llegarás a ser realmente importante. La razón de sencilla: la importancia de uno mismo viene siempre del interior de uno mismo, porque crees en ti mismo, porque descubres cosas. Pero hoy en día se busca constante y desesperadamente la aprobación externa, y mi teoría es que eso es así porque la mayoría de la gente siente que no vale nada, que su existencia no tiene ningún significado, ningún propósito.

Es verdad. Sólo nos queda por mencionar tu película más atípica, “Double Whammy” ("Doble contratiempo"). Digo atípica porque tiene ciertas características que no se dan en tus otras obras.

R- Creo que hay muy buen material en esa película. Tenía un buen guión, pero creo que cometí un error de casting con los actores que debían interpretar a dos de los personajes, y eso no fue de mucha ayuda. También me equivoqué al entender o al enfocar la película como una reacción personal a la recepción que tenían en la crítica y en el público todas esas películas independientes llenas de violencia. ¡Les encantan! Era mi reacción ante ese fenómeno, y si algo aprendí es que no se debe hacer una película como reacción a nada ni contra nada. Una película debe nacer de una idea original, una idea poderosa... Aún así creo que en ‘Double Whammy” había cosas que merecían la pena, como el personaje de la niña, o Luis Guzmán, que estaba fantástico...

Has trabajado mucho con Steve Buscemi y Catherine Keener. ¿Cómo es tu relación con ellos desde el punto de vista artístico? Han actuado en muchas de tus películas, y al final se da esa especie de cruce mental: al pensar en Steve Buscemi uno piensa también en el cine de Tom DiCillo, entre otras cosas.

R- Bueno, te hablaré de Steve, porque para mí es el mejor actor que hay en el mundo. Los actores son criaturas extrañas y complejas. La mayoría de las veces los directores acaban frustrados con los actores, nos ponemos furiosos, sobre todo en películas de bajo presupuesto, en las que no dispones de mucho tiempo ni de mucho margen para repetir las cosas. Si algo va mal, si un actor no te está dando exactamente lo que tú esperas de él, es muy frustrante, porque tal vez sea ésa la única oportunidad que tiene para hacerlo bien, y si no lo hace como tú quieres, entonces la película se resentirá. Hay quienes no entienden lo horrible que eso puede ser para un director, especialmente en películas que llevas esperando hacer seis años. Llega el momento de hacerla y, por alguna razón, el actor no está dando lo que sabes que la película necesita. Eso me ha traído muchas malas experiencias con actores, pero jamás me ha pasado con Steve Buscemi. Es tan profesional, tan brillante, que para mí trabajar con él es como el ideal de lo que debe ser la colaboración entre actor y director. Disfruto cada segundo que trabajo con él. Y no es que haga absolutamente todo lo que le digo que tiene que hacer, porque a un actor como Steve no tengo casi nada que decirle, sólo susurrarle algo al oído antes de una toma, o darle pequeñas directrices... Con eso le basta para su creación. Estás delante de él y ves lo fantástico que es. Su brillantez, su imaginación, su excelente disposición.

¿Cuáles son tus proyectos futuros?

R- Pues vivimos tiempos bastante locos, tendré que pensarmucho qué hacer, porque la situación financiera en EEUU es terrible y nadie le da dinero a los cineastas independientes. Así que si quiero hacer una película tendré primero que trabajar en un buen guión, terminarlo, y luego buscar a alguien que quiera poner el dinero para hacerla. Eso, o hacer una película que no cueste nada, que es otra posibilidad que estoy barajando. Ahora mismo tengo dos guiones escritos, uno sería para hacer una película de cierto presupuesto, no una de Hollywood, pero sí que costaría dinero, y tengo otro para una cinta de bajo presupuesto. Con suerte podré hacer una de las dos, o quizás ambas. Además, tengo ideas para otros guiones, así que... En eso estamos. En fin, se trata de sobrevivir. De una forma u otra, hay que seguir haciendo películas.

A favor del mal

Aparecen dos textos inéditos en castellano, breves pero esenciales en la literatura de Jean Genet, en los que defiende su talante provocador con un alegato descarado sobre la violencia y una reflexión amarga de la homosexualidad



PEIO H. RIAÑO
Público




La vida de un escritor maldito se cuece en la cárcel. La literatura y su relación con el mal requieren un lugar angosto, asfixiante y aislado, donde concentrarse en la escritura de la crueldad y la traición, de la violencia y la histeria, de la cobardía y el rencor. Un sitio lo suficientemente alejado de la sociedad como para que ésta termine por admirarle en su empeño y superación, en su maldad misma. Allí Jean Genet (1910-1986) encontró silencio y mito, alejado de los hombres y sus normas.

Al hilo de la cárcel zurció la idea de maldad como modo de cultivar su singularidad. Sería violento, sería marginal. Sería su voluntad para seguir un destino contrario a todas las reglas. "El niño criminal es el que ha forzado una puerta que da a un lugar prohibido. Quiere que esa puerta se abra sobre el más bello paisaje del mundo: exige que la cárcel que merece sea feroz. Es decir, digna del esfuerzo diabólico que le ha costado conquistar", escribió Jean Genet a principios de 1948, en un texto titulado El niño criminal que aparece traducido por primera vez al castellano estos días, gracias a la editorial Errata Naturae.

El escrito es un guión de radio y tiene la crudeza y la entrega a la violencia propia de la palabra dicha desde la rabia. Genet fue invitado a principios de 1948 a un programa de radio llamado Carte blanche (Carta blanca), en el que se concedía libertad de palabra a un autor francés para dirigirse a los oyentes.

Fernand Pouey, el director de las emisiones dramáticas y literarias de la Radiodifusión Francesa, también pidió a Antonin Artaud otro texto para otra intervención, Para acabar de una vez con el juicio de Dios. Genet entregó El niño criminal. El director general de la emisora, Wladimir Porché, censuró ambas emisiones. Los dos textos pasaron a mejor vida años después en formas impresasy calladas entre dos tapas.

Los dos textos atacaban algunos de los pilares fundamentales de la sociedad burguesa. Demasiado peligrosos, demasiado desafiantes. "Por lo que a mí respecta, he elegido: estaré del lado del crimen. Y ayudaré a los niños, no a volver a vuestras casas, vuestras fábricas, vuestros colegios, vuestras leyes y vuestros sacramentos, sino a violarlos", apunta en un momento del texto Genet.

El provocador escritor decide asaltar al lector, zarandearlo y enfrentarse a sus ideas sobre la tolerancia del bien y la amenaza del mal. Así desprecia a sus lectores y les trata de tú para situarse de parte de los niños criminales a los que añora. Se muestra nostálgico de aquella parte mítica de su vida, en la que se entregó al robo y al abuso.

La fórmula que emplea el autor de Querelle de Brest (1947) en este breve pero sangrante manifiesto es la de culparnos por habernos inventado la exclusión de la sociedad. Quiere que sean sus enemigos. Quiere que le contesten. Quiere que se enojen y quizá que lleguen a replantearse su posición: el mal es la fuerza de la revolución y la lucha de uno mismo contra loimpuesto.

"Hoy, ya que le está permitido por no sé qué error, a un poeta que fue de los suyos hablar por este micrófono, quiero dedicar de nuevo mi ternura a esos chavales sin piedad. No me hago ilusiones. Hablo en la oscuridad y en el vacío, pero, aunque sea tan sólo para mí, quiero otra vez insultar a los que insultan", cerraba el alegato un vehemente Genet, que algo de la censura ya debía intuir.

Chico malo, chico bueno

Un niño criminal es el producto de la madurez que Jean Genet asumió en sus entradas y salidas de las cárceles francesas. De hecho entre 1944 y 1946 Genet publicó cuatro novelas y tres largos poemas, todos ellos en parte escritos durante su estancia en la cárcel. En 1947 publica dos obras de teatro y su última novela, Diario del ladrón.

Aprovechó el rendimiento creativo en su celda para asombrar a los intelectuales de la época, que recibían entusiasmados sus salivazos contra cualquier orden social establecido. Hasta que se empeñaron en sacarle de allí dentro en 1944.

Y consiguieron que al sacarlo se convirtiese en un animal de feria. Todos querían ser como él, todos querían invitarle a sus fiestas y contar cómo Genet les había robado algo. Genet se convirtió en un souvenir. La reacción del escritor fue, por un lado, aferrarse a la agresividad de textos como Un niño criminal y, por otro, con el paso de los años, caer en una profunda depresión al percatarse de en que se había convertido.

Estaba preocupado porque poco a poco perdía sus señas de identidad. La sociedad y los intelectuales se habían empeñado en asimilarlo y lo conseguían. En los años que cubre esta crisis, entre 1947 y 1954, Genet está perdido. De ahí la importancia de los dos textos que aparecen unidos en la misma edición: en el primero, de 1948 como ya se ha señalado, se muestra fanfarrón y atrevido. Enérgico. El segundo, titulado Fragmentos, fechado en 1954, tiene otro tono: está abatido, no es tan contundente y la melancolía le ha tomado por completo. No quiere perder el último signo de distinción que le hacía diferente al resto, su homosexualidad.

Por jugar con fuego

Fragmentos está escrito con el cuerpo golpeado, ya no es el que golpea. Llevaba cinco años sin escribir, abatido, no es el artista del exhibicionismo criminal, con las fugas, las fechorías y el robo en tiendas. Es el viejo Genet, que insistía en el culto a sus mitos: Decimo, un joven prostituto italiano que le rompe el corazón. "¿Se trata entonces de una simple anécdota reductible a esto: un pederasta [utiliza pederasta para referirse a homosexual] se enamorisca de un chico joven que se burla de él? El pederasta se disgusta, se enrabieta, se hunde. Irónico y soberano, el niño se cree fuerte. Engaña y se engaña. Es sutil y cruel por indiferencia", Genet se enamoró jugando a hacer de Decimo un hombre distinto.

En el escrito deja claro que la suya "no es una moral habitual", que la homosexualidad "está mal". El peso de la culpa le entierra el brío. "La homosexualidad no es un elemento al que pueda acostumbrarme", escribe. "La homosexualidad se experimenta como tema de culpabilidad", vuelve. Nunca había presentado una visión tan amarga. Tanto pecado le lleva al borde del suicidio y, en este escrito autobiográfico, a la ruina del ánimo.

Richard Hell, confesiones de un superviviente


IGNACIO REYO
Paisajes eléctricos magazine




Icono subterráneo, creador de proclamas generacionales, sociópata, existencialista antes que Punk, heroinómano y, finalmente, superviviente de los 70’s neoyorquinos volcándose en su primera vocación, la de escritor. Esa sería una sucinta descripción de Richard Hell, el personaje más lúcido, junto a John Lydon, de la corriente musical que surgió de las alcantarillas y terminó fagocitada por los dogmas y la industria discográfica.

Desde la publicación, a mediados de los noventa, de “Please Kill Me”, hagiografía del desespero, la mugre y el Punk Rock 70’s, se ha vivido todo un revival de aquella época. Los Ramones, desgraciadamente desaparecidos, han crecido invariablemente en el acervo popular, siendo utilizados como una imagen más que explotar por la moda callejera y juvenil; Rotten y compañía, tras su primera resurrección, siguen acudiendo fieles a su cita con el directo, ganando aquello que se les robó; las obscenas muñecas neoyorquinas protagonizan el mejor regreso posible, aún diezmados; de The Stooges, MC5 y demás luminarias no podemos decir lo mismo, pero ahí están, recordando décadas después de su explosiva aparición que la mecha aún no está tan mojada como para dejarla sin provecho. Casi todo aquel que haya podido subsanar alguna baja (humana o de carisma) y tenga la avaricia/valentía de subirse de nuevo a un escenario, sigue ahí, se llame Tom Verlaine, Patti Smith o Debbie Harry. Sólo hay un protagonista principal ajeno a todo este tránsito infernalmente necesario. El chico que se largó con su colega Tom a Florida y terminó perdido en tierra de nadie, por Alabama; que formó el germen y primer concepto de Television antes de hartarse de un cada vez más déspota Verlaine;el “solipsista” ser que creó los Heartbreakers con Nolan y Thunders; el desgarrado bajista y cantante que, finalmente, hizo historia con los Voidoids, grabando como ópera prima de larga duración , “uno de los asaltos más salvajes del rock& roll” (Lester Bangs dixit), “Black Generation”. Richard Hell.

Desde que dejara como principal actividad la música (algo que ha interrumpido en breves ocasiones) y la heroína, Hell se ha entregado al mundo literario. Lo cierto es que incluso siendo músico, ese bajista no especialmente bueno, y cantante desesperado en su hastío, ya era literatura (en su imagen, en sus poses, en su filosofía vital), solo que ahora, encima, la escribe y, sobre todo, la publica. Con dos novelas en el mercado, “Go Now” y “Godlike”, llenas de subversiva prosa, relatando las deterioradas relaciones humanas de sus personajes, Hell es ahora mismo alguien sin necesidad de recrear sus viejos mitos de juventud. No quiere hablar más del latrocinio de concepto que hicieron los Pistols con “Pretty Vacant”, auspiciados por Malcom McLaren, ni de que Bebe Buell no se atreviera a entrarle, o de su desastrosa y salpicada gira con The Clash en Inglaterra. Y así me lo da a entender en el primer mail que me responde. No más 70’s. Sin problema. Se puede charlar perfectamente de su obra literaria o el autor de “Les Fleurs du mal”. Es Richard Hell, y cualquier cosa que diga será interesante. Finalmente, cuando marco su número, el irónico hombre que me ha contestado por la red de redes, se transforma en alguien paciente, de tranquila charla, lúcido y amable. Y, aunque no entra en detalles sobre ciertos capítulos pretéritos que finalmente afrontará (para eso habrá que esperar a su autobiografía), sí que se le encuentra relativamente cómodo por su pasado, sin sentirse atrapado, como el amigo Carlito Brigante.

¿Cuándo te iniciaste en la escritura?

R- Pues empecé a escribir cuando me enseñaron el abecedario. (Risas).

Me refería a ser escritor, literato... (Risas)

R- Bueno, cuando decidí que quería ser un escritor profesional me mudé a Nueva York. Eso fue más o menos una semana después de cumplir los diecisiete, y al cabo de un par de años ya estaba publicando poemas aquí y allá. Después lo dejé un poco de lado cuando empecé a tocar. Digamos que renuncié a ser escritor y me centré en hacer canciones, y así fue durante todo el tiempo que pasé en el grupo, unos diez años, desde 1974 a 1984. Cuando dejé el grupo volví a escribir.

¿Cómo era la escena poética en Nueva York en los 70’s?

R- Estamos hablando más bien de finales de los sesenta, y había mucha actividad. Lo cierto es que nunca llegué a integrarme en ningún círculo concreto de escritores, porque iba por mi cuenta, pero era muy activo; impulsé mi propia revista, comencé a editar libros de otra gente... aunque, como te digo, nunca llegué a introducirme en ninguna corriente de las que había, ni me sentía influenciado por aquel movimiento de la poesía urbana de entonces. De hecho, en cierto sentido fue ese mismo movimiento lo que me hizo dejar la poesía. (Risas) Porque yo vivía al margen de las grandes editoriales, y tampoco estaba en los círculos universitarios que eran los que más solían apoyar a los escritores. Eran muy conservadores y aburridos. Así que había muchos escritores que se buscaban la vida, hacían fotocopias de sus obras y así se saltaban los cauces protocolarios por los que se suponía que debían dar a conocer sus textos. Eso sí que era excitante para mí, porque además la autoedición ha sido siempre algo muy habitual en la poesía. Por eso, cuando decidí que quería llegar a más gente me decanté por hacer que se movieran, en vez de sólo leer, y formamos una banda de rock, pero con ese espíritu de la poesía callejera, del hacerlo tú mismo, con tus propios medios.

No eres el único músico de aquella época que escribía. Tom Verlaine y Patti Smith también lo hacían. ¿Los consideras buenos poetas?

R- Tom Verlaine no era un poeta, él escribía básicamente letras de canciones. En cuanto a Patti, lo que escribió en sus primeros tiempos era genial, nadie lo hacía así, era única. Hablo de muy a principios de los setenta, con sus dos primeros libros. Era un material brillante, sensual y liberador. Ella y yo nos conocimos antes de que se metiese en la música.

¿Qué crees que admiraba Patti Smith de Arthur Rimbaud? Como poeta era excelente, de los mejores de la historia, pero su personalidad y forma de vivir…parecía todo lo contrario que Patti, muy negativo y odioso.

R- Bueno, en Patti acabó prevaleciendo su lado más hippie. Después de aquellos primeros años empezó a verse a sí misma como una especie de modelo para la gente, de modelo político, se convirtió en una idealista. Pero no era así al principio, porque cuando la conocí era muy provocativa... no quiero decir que fuese alguien negativo, pero sí que le gustaba la confrontación, el escándalo... no se me ocurre una palabra para definirla, quizá anarquista. Como te decía, eso fue muy al comienzo. Luego cambió, se dulcificó, y se convirtió en esa especie de líder político que es ahora. Así que entiendo tu pregunta, pero hay que entender que sí que hubo una época en la que la personalidad de Patti era más cercana a la de Rimbaud, más rebelde, más beligerante.

El paradigma de la literatura Rock siempre será Lester Bangs.

R- Era todo a lo que puede aspirar un crítico, y hablo de cualquier tipo de críticos. Toda su vida giró en torno a la música, y sus críticas eran ejemplos de sagacidad, de creatividad, de imaginación... hacía lo que hacía porque le gustaba de veras la música, no porque ser crítico le hiciera parecer más listo ante los demás; estaba en esto por él mismo, porque disfrutaba. Y eso le hacía a veces parecer un poco imbécil; incluso yo pensé más de una vez que era un imbécil, pero era porque se trataba de alguien muy honrado que sentía un respeto total por la música. Así que podía llegar a dar la sensación de estar un poco ido, pero fue tremendamente valioso para el mundillo. Él era todo lo que puedes desear de un crítico; le importaba más el tema sobre el que escribía que su propia persona. No buscaba aparentar, ni impresionar a la gente con su buen gusto, y eso es algo bastante poco habitual.

Hace poco le preguntaron a Lou Reed por Lester Bangs y dijo que no recordaba a ningún Lester Bangs, un detalle muy feo.

R- No me importa lo que diga Lou Reed. A mí me importa Lester Bangs, su persona, su mundo...

Has escrito poemas y novelas. ¿Qué diferencias encuentras?

R- Son dos cosas totalmente distintas, aunque en realidad yo no hago poesía. La poesía es muy importante para mí, leo mucho y la veo como la más elevada forma de escritura, pero no soy un poeta, soy un novelista. He escrito unos pocos poemas, y con mi escritura aspiro a alcanzar la claridad y la grandeza de la poesía, pero no puedo considerarme un poeta.

¿Qué opinas de la relación entre Rimbaud y Paul Verlaine? Lo digo por tu novela…

R- Sí, mi última novela, ‘Godlike’, está más o menos inspirada en ellos. Utilicé la relación entre ambos como punto de partida, aunque no pretendí que fuese una semblanza perfecta de Rimbaud o Verlaine, sólo me basé en la idea que tenía yo de esa relación. No sé cómo podría resumírtelo, pero digamos que eran dos escritores muy diferentes, dos personalidades muy diferentes. Lo que les unió, o lo que tuvieron en común durante algún tiempo, fue una cierta noción de lo que era interesante en la poesía, y de lo que importaba en la vida: básicamente emborracharse y andar con la cabeza perdida la mayor parte del tiempo. Entendían la poesía del otro, y tenían una consciencia mutua de lo bueno que eran como escritores, a pesar de escribir de forma muy distinta. La poesía de Verlaine era muy exquisita, muy bella, era sedosa y pacífica, como el sonido del piano y el violín, mientras que la de Rimbaud era ruidosa y muy visceral, tiraba mucho de argot. Técnicamente era perfecto, y no es que no fuese espiritual a su manera, pero era mucho más caótico. De todas formas, fueron los dos poetas más avanzados de su época, y eran los únicos capaces de apreciar la poesía del otro.

A Baudelaire se le puede considerar el maestro de ambos, y que fue el primero, en cierta medida, en tratar ciertos tabúes en la poesía en concreto, y la literatura en general.

R- No sé si fue el primero, porque la historia de la literatura es vastísima, y ha habido muchísimos escritores que han roto con ciertos tabúes, pero Baudelaire fue muy importante para mí, y casualmente también lo fue para Rimbaud. Rimbaud no habría existido como escritor sin Baudelaire, y él mismo lo admitió en más de una ocasión; Baudalaire fue su ídolo, su héroe. Así que podríamos decir que, además de ser un gran maestro, Baudelaire fue el primer poeta en describir la vida de las grandes ciudades, el primero que habló abiertamente sobre el consumo de drogas...

¿Te sientes cercano a alguien como Dennis Cooper? Escribes sobre cosas parecidas…

R- Respeto a Dennis Cooper, me gusta. Sin duda es uno de los novelistas más interesantes de hoy en día... pero me es difícil concretar qué cosas tenemos en común. Eso te corresponde decirlo a ti, más bien (Risas)

Tu primera novela, “Go now”, recibió críticas muy duras.

R- La verdad es que no me desagradó del todo la manera en que fue recibido aquel libro. Leí algunas críticas que me parecieron justas. No tuve la impresión de que se hicieran críticas intencionadamente negativas. Pero era un libro complicado, y ya lo sabía mientras lo estaba escribiendo. Es la historia de un yonqui escrita en primera persona; sus intentos por alejarse de las drogas, y el viaje que emprende a través de todo el país con una vieja novia a la que trata de reconquistar. Así que uno está metido dentro de la cabeza de este yonqui durante todo el libro, y era difícil conseguir que la historia no llegara a ser demasiado agobiante. A ese respecto, tenía claro que caminaba constantemente como escritor por el filo de la navaja, pero estaba empeñado en trasladarle a la gente la forma de pensar de ese yonqui, la visión que yo tenía de eso desde mi propia experiencia. Sé que mucha gente no quieren saber nada del tema, que es como una lectura especializada... Volviendo con tu pregunta, lo cierto es que no me molestaron las críticas. Creo que se escribieron algunas cosas interesantes sobre ‘Go now’.

¿Cuál es tu pensamiento actual sobre las drogas?

R- El problema con las drogas es que dejan de funcionar al cabo de muy poco tiempo. Te hablo de los narcóticos. Cuando comienzas a tomar drogas es algo emocionante, muy intenso, y crees que te son absolutamente beneficiosas; sin embargo, en cuanto te conviertes en adicto comienzan a ser una carga enorme y acaban arruinándote la vida. Se adueñan de toda tu existencia, te destrozan físicamente, y hacen que antepongas el drogarte a cualquier otra consideración vital. También afectan a tu personalidad, porque para seguir manteniendo una cierta reputación debes fingir que las sigues tomando porque quieres, porque te gusta, cuando la realidad es que sigues consumiendo porque, si no lo haces, te pones fatal. Si además eres alguien que, como yo, tienes que llevarlo todo al extremo, entonces se convierten en algo muy peligroso. A los extremistas les diría que intenten mantenerse lejos de las drogas, porque arrasarán sus vidas y probablemente se acaben matando... Pero así son las cosas; soy como soy y no puedo lamentarme por el tiempo que pasé enganchado a las drogas. Estaba en mi naturaleza. Soy lo que soy, y aquellas cosas positivas de mi vida, aquellas de las que estoy orgulloso no pueden separarse de esas otras que me han causado problemas.

¿Qué tienen tipos como Johnny Thunders para generar esa mitomanía del drogadicto glamoroso en la gente? Idealizar esa faceta suya, teniendo en cuenta que lo realmente importante es la música que hizo, me parece algo pueril...

R- Exacto. Es algo totalmente pueril. Hace mucho que dejé las drogas y hoy por hoy me dedico sólo a trabajar todo lo que puedo, pero de vez en cuando, si estoy en alguna presentación o en algún acto similar, se me siguen acercando yonquis que me hablan como si fuéramos algo así como hermanos sólo por el hecho de haber sido heroinómano. Lo cierto es que no siento que haya un vínculo especial entre ellos y yo por mi pasado como drogadicto, pero al mismo tiempo les profeso mucha compasión, porque sé lo dura que es esa vida. No te voy a decir que sienta desprecio por todos los que piensan que estar metido en las drogas es siempre divertido y glamouroso, porque los yonquis ya tienen suficientes problemas como para que encima venga alguien como yo a criticarlos, pero desde luego no me siento parte de esa especie de Hermandad de la Jeringuilla. En cuanto a Johnny Thunders, escribí una especie de ensayo sobre él cuando murió, que está en mi página Web... Me gustaba mucho Johnny, porque siempre me sentí muy cercano a él. La verdad es que tuvo una vida dura, pero siempre... No sé cómo expresarlo. Johnny no es, o no era alguien del que te compadecieras; se respetaba a sí mismo y tomó sus propias decisiones... No tengo mucho más que añadir a lo que escribí sobre él. ¿Lo has leído?

Sí.

R- Puedes citar lo que quieras de ese texto.

¿El gran cáncer del Punk fue su carácter autodestructivo?

R- Con el rock and roll siempre ha pasado igual. Básicamente, el rock and roll es autoindulgente, se trata de no crecer, y creo que eso es lo que más me gusta del rock, o del punk rock... y en el jazz también sucede. Los artistas hacen de esa filosofía su estilo de vida, aunque es física y mentalmente bastante peligrosa. (Risas).

Volviendo a “Go Now”,se dice que es autobiográfica.

R- No era exactamente autobiográfica pero, como te he comentado antes, intenté describir la vida de un yonqui, qué es lo que conlleva ser un yonqui, y era algo que yo conocía de primera mano; así que desde ese punto de vista sí que se puede decir que se trata de mi propia experiencia. Sin embargo, el personaje de la novela, sus mecanismos mentales, no eran como los míos, y las cosas que vive no son las mismas que viví yo. Todos los que aparecen en la novela son personajes imaginarios, aunque pudieran estar inspirados en gente que conocía. Es un recurso habitual de cualquier escritor. Uno escribe a partir de su propia experiencia, del mundo que conoce... Por eso no es un relato autobiográfico. Es más, ahora mismo estoy trabajando en mi próximo proyecto, que sí será una autobiografía.

Bueno, pues cuéntame un poco de su elaboración…

R- Llevo escritas unas ciento cincuenta páginas y ahora mismo estoy en la época en la que tenía veinte o veintiún años. Probablemente el libro termine trece o catorce años después de eso, ya en la treintena, a mediados de los 80s. Estoy intentando que sea una semblanza lo más precisa posible de mis experiencias y de todo lo que vi durante aquel tiempo, desde que nací hasta que cumplí los treinta y cinco.

¿Vas a escribir sobre tu etapa como músico junto a Television, los Heartbreakers y Voidoids?

R- Por supuesto...

¿Cómo la recuerdas?

R- El año que pasé en Television fue espantoso, porque se suponía que la banda era una sociedad entre Tom Verlaine y yo, pero en cuanto comenzamos a recibir algo de atención por parte de los medios Tom comenzó a hacerlo todo a su manera, por su cuenta. Se hizo con los mandos de la banda, y yo me sentí traicionado. Para mí fue horrible, porque los otros dos tipos que había en el grupo estaban a sus órdenes, así que no podía hacer nada al respecto. Había estado ahí desde el principio, había escrito letras y canciones, y me sentí absolutamente deprimido. Con los Heartbreakers fue diferente, fue muy divertido. Me caían bien todos los del grupo, pero el problema fue que en los Heartbreakers, donde estuve también más o menos un año, de hecho no llegué a grabar nada ni con ellos ni con Television…, el problema era que todo se reducía a tocar siempre el mismo tipo de canción con la misma estructura de rock and roll clásico. Y a mí me encantaba ese estilo, pero quería probar cosas nuevas. Ni se me ocurrió plantearles un cambio, porque Johnny (Thunders) y Jerry (Nolan) sólo sabían ir en esa dirección, así que después de estar un año con ellos supe que tenía que dejar la banda si quería hacer el tipo de música que de verdad me apetecía. Ahí nacieron Voidoids. Esa etapa fue muy gratificante, me llenaba, pero todo se estancó, dejamos de evolucionar, y en gran parte se debió a mi problema con las drogas. En cualquier caso, los Voidoids fueron una gran banda y estoy muy satisfecho con todo lo que conseguimos hacer... Ahora mismo estoy trabajando en un nuevo proyecto musical, y te estoy dando una primicia, porque aún no lo he comentado con ningún otro periodista. Apenas he empezado con ello, pero es algo que tenía muchas ganas de hacer desde hace tiempo. ¿Recuerdas mi segundo disco con Voidoids, ‘Destiny Street?´.

Claro.

R- Pues siempre lo odié. Para mí fue un fracaso. Me gusta el material, las canciones de ese álbum, pero no cómo lo grabamos, se quedó a medias. Metíamos como veinte guitarras en una misma canción, hacíamos experimentos extraños... por no hablar de las mezclas. Los músicos eran buenos, pero todo quedó enterrado bajo esa muralla de guitarras. Por eso siempre me dio rabia que se editara así, sobre todo porque, como te digo, muchas de esas canciones me encantan. Siempre deseé haberlo grabado de otra manera, y ahora, por fin, creo que eso va a hacerse realidad. Voy a hacer una nueva versión de aquel disco usando algunas de las grabaciones originales, aquellas partes que tocamos en las primeras tomas del proceso de grabación, cuando aún las canciones estaban mucho más limpias. Lo que llevo hecho hasta ahora suena realmente bien; me siento feliz. Creo que va a ser diez veces mejor que el disco original. Seguro que mucha gente piensa que es una idiotez volver sobre ese material, pero...

No es ninguna tontería. Si no quedaste contento en su día, ¿por qué no regrabarlo?

R- Exacto. ¡Eso es lo que quería oír! (Risas) Es que así es como me siento, y creo que cuando lo edite se verá que ha sido una buena idea... Pero, de todas formas, sé que habrá gente que me reproche el grabar material antiguo en vez de hacer cosas nuevas. Aunque me da igual. Para mí está siendo un placer y seguro que aquéllos que realmente están interesados en mi trabajo van a saber apreciarlo.

Es como esos poetas que escriben nuevas versiones de viejos poemas.

R- ¿Como cuáles?

Borges lo hizo alguna vez...

R- Es cierto. No me acordaba de eso. Sé que hizo versiones mejoradas de textos que había escrito años atrás... ¡Ésa es la idea!

Continúas viviendo en Nueva York. ¿Qué es lo que te sigue fascinando de la ciudad?

R- Nueva York tiene de todo, excepto montañas o naturaleza. Pero si dejamos lo de la naturaleza a un lado, en Nueva York puedes encontrar lo mejor de cada cosa; las mejores películas, la mejor música, las mejores galerías de arte... los mejores lavabos...

¿Los mejores lavabos?

(Risas) Sí. Todo lo mejor está en Nueva York. Repito, dejando al margen la naturaleza. Es estimulante, por eso me gusta...

¿Qué cambios drásticos consideras que ha sufrido desde los setenta hasta ahora?

R- Entonces era una ciudad más sucia, más perversa... Era más anárquica. Y ojalá pudiésemos tener lo bueno de ambas épocas, lo bueno de entonces y lo bueno de ahora, pero hoy en día Nueva York se está convirtiendo en un coto cerrado para los ricos. Cada vez más.

¿No tienes la sensación de que los grandes artistas neoyorquinos, como Lou Reed, Woody Allen, o Scorsese, se han vuelto aburridos, que ya no están tan inspirados como en los 70s? Porque antes hacían obras maestras, y actualmente…

R- Es que los que has nombrado son bastante mayores. Pasó su momento, eso es todo... Scorsese tal vez sea la excepción, porque creo que aún es capaz de cosas formidables, casi todo lo que hace tiene ese poso de locura... Pase lo que pase, Scorsese seguirá siendo Scorsese siempre, pero no podría decir lo mismo de Lou Reed o Woody Allen. En cualquier caso, han estado en la cima muchísimo tiempo.

¿Te gustó la manera en que “Taxi Driver” retrataba Nueva York?

R- Sí. Precisamente hace poco que la volví a ver. Esa película fue todo un logro por parte de Scorsese. Aunque creo que sigue haciendo buenas películas. No siempre, claro; pero nunca me pierdo ninguno de sus estrenos. Sin embargo, no compro los discos de Reed, ni veo las películas de Woody Allen.

A mí los últimos trabajos de Scorsese me han decepcionado. Ya sabes, esas películas con Leonardo DiCaprio...

R- Te entiendo, y puedo estar de acuerdo, pero nunca le doy la espalda del todo a Scorsese. Creo que siempre existe la posibilidad de que vuelva a hacer una obra maestra. ‘El cabo del miedo’ era estupenda y, aunque no sea una película reciente, sí que la hizo mucho después de ‘Taxi Driver’... En fin, como te digo, sigo teniendo fe en Scorsese.

Has aparecido en algunas películas.

R- Hice cosas muy pequeñas, pero me di cuenta enseguida de que no era lo mío. No tengo el temperamento suficiente para ser un buen actor. Me encanta el cine, me encanta ver cine y alguna vez he intentado involucrarme en eso de hacer películas, pero lo de actuar nunca me lo tomé en serio.

La más sorprendente, sin duda, fue en “Desperately Seeking Susan”, haciendo de novio de Madonna.

R- Pues la verdad es que no tenía ni siquiera una línea de diálogo. Fue más bien una broma, un favor que le hice al director, y además me pagaron por ello... No tuve ningún contacto con Madonna. Fueron dos o tres días de trabajo para luego aparecer como treinta segundos en pantalla... y en la misma secuencia podías ver más gente de la escena del downtown neoyorquino. Era sólo un guiño del director.

Madonna se ha convertido en el mayor ejemplo de la cultura de masas, provocación que solo esconde vender...

R- Desde luego...

Pues eso era todo, Richard. Muchas gracias por tu tiempo.

R- Gracias a ti... Espero que nos encontremos cuando vengas a Nueva York.