Sindicato Obrero Inmigrante: "Nos tratan como a los esclavos del s. XXI"


AIDA M. PEREDA y KEPA ARBIZU
Lumpen




Cada vez son más las voces que critican abiertamente la ley de extranjería y otras medidas represivas sufridas por los inmigrantes. El S.O.I. (Sindicato Obrero Inmigrante) es una de las asociaciones dedicadas a defender sus derechos. En esta entrevista dan su opinión sobre diferentes temas.

-¿Cómo y por qué decidisteis crear el Sindicato Obrero Inmigrante? ¿Quiénes lo formáis?

El Sindicato Obrero Inmigrante se formó por iniciativa de un grupo de activistas y voluntarios de diferentes países que se reunieron en el I Encuentro de Activistas y Voluntarios reales por la Justicia y los Derechos Humanos en el año 2006. Se vio la necesidad de que los trabajadores más precarios (trabajadores del hogar, prostitución, temporeros, top manta, artesanos... ), tanto con o “sin papeles”, tuvieran un sindicato como plataforma para defender sus derechos. Pero un sindicato muy especial: que no aceptara subvenciones ni sueldos, que la cuota fuera “a la voluntad”, que en las asambleas las decisiones se tomaran por consenso... Lo formamos compañeros y compañeras de diferentes nacionalidades, aunque predominan los senegaleses, los mauritanos, los argelinos y los marroquíes.

-Las normas actuales impiden que las asociaciones de inmigrantes sean reconocidas legalmente, por tanto, ¿cómo haréis para que vuestras peticiones sean tenidas en cuenta por los políticos?

La nueva Reforma de la Ley de Extranjería que se está barajando es completamente anticonstitucional en este aspecto. Toda persona tiene Derecho a reunión y a asociación y así fue reconocido este artículo por el Tribunal Constitucional en la sentencia del 17 de diciembre de 2007 en referencia a los artículos de la Ley de Extranjería que prohibían estos derechos a los “sin papeles”, incluido el de sindicación. Ahora volvemos a retroceder en derechos con la Reforma que se plantea de la Ley para los que no tenemos “papeles”. Seguiremos exigiendo derechos y no pidiendo, pues no tenemos que pedir lo que es nuestro. Lo haremos como hacemos siempre, desde el diálogo y, si así no se consigue porque la parte contraria se niega a hablar, lo haremos desde la denuncia. No queda mucho para que la Reforma de la Ley de Extranjería se declare anticonstitucional y contraria a los Derechos Humanos. También será derogada la Ley de Extranjería actual. Tiempo al tiempo.

-¿Habéis sufrido algún tipo de represalia por parte de los poderes públicos?¿Tanto miedo causa la unión de los inmigrantes en asociaciones?

Sí, hemos sufrido represalias. En la huelga de 33 compañeros “sin papeles” el año pasado, cuando reivindicábamos condiciones dignas en la Campaña de la Aceituna, fuimos gravemente perseguidos. Aquí fue donde empezaron en España las primeras redadas teniendo en cuenta los rasgos físicos y la pertenencia a determinados países. Detuvieron a catorce compañeros en pocos días, y a dos que eran miembros de la Junta sindical los expulsaron de España, aunque una de estas expulsiones les salió fallida. Una compañera nuestra fue denunciada por medio de una querella criminal, y posteriormente por la subdelegación del gobierno de Jaén, acusada de calumnia. Esto fue porque, por motivo de la huelga de temporeros, nuestra compañera denunció al subdelegado del gobierno de Jaén, Fernando Calahorro, ante la ONU, contando lo que había pasado. Como era de esperar esta denuncia ha sido archivada.

No es miedo lo que causa que entre los precarios nos unamos. Esta unión significa que si nos liberamos de sus fronteras, normas y esclavitudes laborales, a medio plazo perderán privilegios. Por eso utilizan la represión y en eso dejan muy claro qué tipo de personas hay detrás de los políticos y qué daño están haciendo a la sociedad entera con estas medidas represivas.

- ¿Qué derechos niega la actual legislación a los inmigrantes?

Demasiados... desde la libertad de movimiento hasta un derecho justo a la reagrupación familiar. A los inmigrantes “sin papeles” no nos consideran personas, pues se nos impide el ejercicio de muchos derechos, por ejemplo al trabajo. Con la Reforma de la Ley el asunto se endurece aún más. Para los que no tenemos “papeles” se pretenden vulnerar de nuevo los Derechos de asociación, reunión, sindicación, etc. En muchos de sus artículos demuestra ser una Ley xenófoba, racista y que busca claramente la segregación racial. Es muy peligrosa.

- En vuestra opinión, ¿debiera haber un proceso para que un extranjero se convierta en un sujeto de pleno derecho en el país de acogida? En caso afirmativo, ¿de qué pasos constaría?

Creemos que no tiene que haber ningún proceso. Todas las personas tienen que tener iguales derechos y uno básico es el de ser “legal” o estar “regularizado” adecuadamente en el país por donde transites o donde residas. Podrían darse permanencias temporales y posteriormente definitivas, pero nunca ligadas a la justificación de tener un trabajo o medios de vida. Esto es claramente segregacionista y evidencia una repulsa hacia los más pobres, cosa que debería ser de la manera totalmente contraria, si realmente Europa y España no fueran tan hipócritas, pues no es integración sino desintegración de las personas lo que se está haciendo. Las corrientes migratorias tienen que tener la garantía de no ser excluidas sino aceptadas y alentadas para integrarse en el país al que llegan. Está muy claro que si dispusieran de facilidad para conseguir los documentos y para moverse libremente, los problemas de pobreza, persecución, guetos, etc, desaparecerían.

- ¿Créeis que la sociedad española ha evolucionado en la integración de los inmigrantes o sigue estableciendo diferencias entre los turistas o extranjeros ricos y los inmigrantes o extranjeros pobres?

No sólo no ha evolucionado sino que ha ido hacia atrás en la integración normalizada de las personas trabajadoras migrantes. Por supuesto se siguen diferenciando a los ricos y a los pobres por el aspecto físico y por disponer de “papeles" y bienes que denotan el poderío económico. Al inmigrante precario se le trata como mano de obra, se le usa y se le expulsa. Nos tratan como a los esclavos del s. XXI en muchos lugares de España: en Almería con los invernaderos, en Huelva con la fresa, en Jaén con la recogida de la aceituna, en las grandes ciudades en la hostelería y la construcción... Demasiadas diferencias y demasiado retraso en algo que debería ser normal.

-Respecto a los medios de comunicación, ¿os sentís discriminados o atacados de alguna manera en sus informaciones cotidianas?

Algunos medios hacen referencia a la nacionalidad cuando una persona comete algún delito, como si esto fuera un dato de importancia, y con ello, lo único que consiguen es que “pague” todo un colectivo de ciudadanos de esa nacionalidad con duros prejuicios y estigmatización social muy difícil de erradicar. Hablar de “ilegales” en vez de “sin regularizar” también criminaliza a las personas precarias trabajadoras. Hasta compañeros nuestros lo dicen de sí mismos. Es un lenguaje que se enraiza en el pensamiento colectivo y genera directamente exclusión. En muchas ocasiones hemos oído o leído en diversos medios, tras una noticia sobre algún delito o sobre terrorismo, noticias sobre inmigración como la llegada en cayucos, alguna protesta de inmigrantes o algún delito también realizado por alguna persona inmigrante. Creo que la respuesta es clara, pero en honor a la verdad, hemos de reconocer que ahora mismo, muchos periodistas de casi todos los medios, tienen conciencia y procuran sacar noticias sobre los derechos de las personas inmigrantes, sus luchas pacíficas, su integración social. El Sindicato Obrero Inmigrante no duda de que entre los periodistas tenemos muchísimos compañeros que trabajan por la justicia desde este ámbito y así nos lo han demostrado.

- Desde Europa, últimamente, se están oyendo proyectos de leyes nada halagüeñas respecto a la inmigración. ¿Qué deriva creéis que están tomando los organismos europeos?

Los organismos europeos caminan, a pasos agigantados y equivocadamente, hacia el fascismo como forma de política y, por supuesto, hacia la exclusión de las corrientes de personas precarias procedentes de cualquier país empobrecido. Esto es parte de una política global en la que todavía hay un claro intento de dominio del mundo y de sus recursos, incluido el mal llamado “recurso”: la mano de obra.

-Otro asunto espinoso, los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE), ¿qué opinión os merecen?

Son peores que las cárceles. Verdaderos centros ilegales de detención de personas que no han cometido ningún delito. Las consideramos ilegales, anticonstitucionales y contrarias a los Derechos Humanos y las normativas internacionales. Conseguiremos cerrarlos, pero antes habrá mucho sufrimiento en su interior y mucha vulneración de derechos, incluidas las torturas que, como sabemos, se están dando, aunque no podemos probarlas judicialmente.

-¿Cómo está la situación actual en cuanto a las redadas contra los sinpapeles y los famosos cupos del Ministerio de Interior?

En los momentos actuales nos siguen llegando voces procedentes de la policía que continúan informándonos de que reciben órdenes de hacer redadas. El Ministerio del Interior aún tiene cubiertas sus espaldas ante estas actuaciones ilegales que empezaron a principios del año 2008. Nosotros y cerca de 200 organizaciones interpusimos una denuncia ante la Fiscalía General del Estado, pero todavía, los responsables no han sido ni investigados ni juzgados. No obstante, la denuncia pública ha sido muy satisfactoria, sólo que en España, los movimientos sociales no se unen con suficiente fuerza para denunciar hasta conseguir victoria. Ahí estamos el Sindicato Obrero Inmigrante, tratando de unir y activar para que se nos reconozcan nuestros derechos.

Músicos que escriben como poetas

Palabra y melodía. Un libro con letras de Antonio Vega ensalza su talla de escritor. Varios poetas debaten sobre la calidad literaria de los cantautores

JESÚS MIGUEL MARCOS
Público



Bob Dylan, cantante, podría ganar el Premio Nobel de Literatura. Es un hecho: cada año es candidato al galardón. Es más, hay quién no oculta que su cancionero reúne más méritos que, por ejemplo, las obras completas de Le Clézio, último premio de la academia sueca. Sobre todo después de publicar Crónicas, espléndido primer volumen de sus memorias. Ahora que su pluma no queda relegada por su guitarra, quizás los académicos vean con más claridad la seriedad del aspirante.

Los escritores de canciones arrastran un complejo de inferioridad en relación a los poetas. Quizás se debe a que, como decía ayer a Público Álvaro Urquijo, de Los Secretos, "muchas veces el rock sólo ha hablado de tetas, culos y alcohol". Por eso, cuando uno destaca, llámese Dylan, Cohen o Morrissey, se le dice poeta. "No veo por qué hay que restarle mérito e importancia al oficio de compositor y escritor de canciones. Parece que hubiese que buscarle un grado más (poeta, culto, etc) para sublimarlo", se queja Ángel Petisme, Premio Internacional de Poesía Claudio Rodríguez en 2008.

Ayer, con motivo de la muerte de Antonio Vega, las crónicas periodísticas le calificaron una y otra vez como poeta. Cualquier aficionado a su música no dudaría en ratificarlo, pero... ¿qué piensan los poetas estrictamente literarios sobre estos brillantes compositores?

La mayoría valora las creaciones de los cantautores, pero a la hora de definirlas como poesías hay divergencias. Para Carlos Marzal, Premio Nacional de Poesía en 2002, "Antonio Vega es un espléndido cantante pop, con canciones llenas de aciertos de naturaleza poética, pero no un poeta. Cultiva otro género. Los poemas conocidos como ‘canciones' tampoco son canciones musicales. No se trata de un juicio de valor, sino de una precisión técnica".

Por su parte, Agustín Fernández Mallo sí lo considera poeta. "Tiene imágenes muy trabajadas y poco comunes en el pop. Me interesan, en particular, toda una serie de metáforas que establece entre la sentimentalidad y los fenómenos físicos naturales. En ese sentido lo considero un maestro", ratifica. Para muestra, este párrafo de La última montaña: "El sol ya no se deja ver, / la noche ébano es. / Sentí lo vivo y fantasmal / de la montaña".

Fruto del cariño y la admiración por el repertorio de Vega, la editorial Demipage publicará la semana que viene ¿Y si pongo una palabra?, una selección de letras de sus canciones plasmadas en forma de caligrama. En este caso, el subtítulo de la obra lo deja claro: Poesía. La casualidad, y no la oportunidad, ha querido que Vega no vea la cuidada edición que se había preparado para su repertorio.

Es aquí cuando surge la principal duda. El impacto emocional de la letra de una canción es evidente cuando se recibe acompañada de la música. Otra cosa muy distinta es asegurar que ese texto funciona igualmente cuando se le separa de la sustancia melódica y se queda colgando, desnudo y negro, de la hoja en blanco.

Ángel Petisme tiene una opinión muy gráfica al respecto: "La letra de una canción es el 50% de una canción, el otro 50 es armonía, ritmo y melodía. Quizás pueden leerse por separado y tener un valor literario indudable, pero sería como ver una película sin la banda de audio". Alberto Santamaría, uno de los poetas jóvenes más brillantes de los últimos años, es más rotundo: "La letra de una canción pierde el sentido sin la música, casi siempre. Puede salvarse algún verso, alguna imagen, pero en su conjunto no".

Un auténtico poema

Fernández Mallo también piensa que se pueden salvar partes de las canciones, aunque rescata un ejemplo que considera un auténtico poema. "No hay muchas, pero una canción que creo que funciona toda ella como poema es Escapa Amanecer, de Sr. Chinarro", revela. Curiosamente, casi todos los poetas consultados han mencionado a Antonio Luque, el nombre real de Sr. Chinarro, como uno de los letristas -alguno lo llamó poeta- más destacados en la actualidad
No son pocos los cantautores que creen que sus textos pierden su esencia cuando sólo se leen. El asturiano Nacho Vegas e incluso el mismo Bob Dylan, por poner dos ejemplos, han afirmado que sus letras son indisociables de la música, que pierden su efecto, como si de una aspirina caducada se tratara. Otros van aún más lejos. Los libretos de los discos de Pulp, con las excepcionales y ácidas letras del irreverente Jarvis Cocker, siempre mostraban la siguiente leyenda: "Por favor, no lean las letras mientras se escucha la música". Y no fueron los únicos.

Carlos Marzal está de acuerdo con ellos y añade una matización esclarecedora: "Una canción no es una letra por separado o una música por separado: es la suma de dos cosas que da más de dos. La canción". El todo es más que las partes. La canción, por tanto, levita sobre un margen de sustancia trascendente que despoja de sentido a sus partes constitutivas. Misterio, pues.

Lo que está claro es que, por mucho que tengan en común, una canción no es un poema. La canción cuenta con la alianza intrínseca de la música, que es capaz de comunicar emociones por sí misma. De ahí que en no pocas ocasiones una canción guste a miles de personas que ni siquiera entienden su letra. Vayan a cualquier concierto de un grupo de rock anglófona y lo verán con sus propios ojos el truco de magia.

Pero la poesía puede ser entendida de otra forma, más allá de la escritura en verso. Poesía puede haber en un edificio, en una película o en un paisaje. Abierto el objetivo, es indudable que los músicos son también poetas. Dice el escritor Roger Wolfe: "Poesía y canción no son lo mismo. Es un poco como comparar cine y novela. Son formatos artísticos diferentes. Pero podríamos decir que las canciones de ciertos autores están más cargadas de poesía que las de otros. A mí la obra de Lou Reed siempre me ha parecido una perfecta fusión entre literatura y música popular. Se podría afirmar incluso que Lou Reed es una especie de Baudelaire de nuestra época".

Al final, poesías y canciones persiguen lo mismo: se trata de transmitir belleza, emociones, sensaciones, conocimientos, de alcanzar corazones... El valor no está en el género elegido, en el medio, sino en la imaginación, la fuerza, la hondura o el ingenio con los que se proyecta y ejecuta la obra. "No consideraría poetas a aquellos que evidentemente y como es lógico tan sólo se preocupan de encajar palabra y melodía sin importarles el contenido, tan sólo un acabado material impersonal. Hay que diferenciar por tanto entre quienes sólo buscan la superficie y los que no pueden evitar indagar más profundo", explica la poeta asturiana Ana Vega, que en 2008 publicó 'El cuaderno griego'.

Aunque las letras de las canciones puedan ser más sencillas que una poesía, el nivel de complejidad tampoco es lo importante. Por otro lado, al músico le queda la labor de encajar el texto en la melodía, mientras que el poeta se puede mover de forma más libre en ese sentido. Según Ángel Petisme, "nada hay peor que ser pretencioso, solemne y engolado. Hay artistas que quieren hacerse pasar por intelectuales y poetas y luego descubres que escriben sus canciones con libros abiertos de verdaderos poetas. Rascas un poco y no hay nada".

El poeta bicho

En España, Antonio Vega y Sr. Chinarro no son los únicos a los que se ha laureado con el calificativo de poetas. Alberto Santamaría, por ejemplo, destaca a Fernando Alfaro, ex líder de Surfin' Bichos y Chucho: "Sus letras tienen un carácter intenso y casi trágico que hace de ellas algo muy atractivo".

Roger Wolfe, que escribió los textos de un disco de Diego Vasallo, ex Duncan Dhu, recuerda los textos de Burning -"sencillez absoluta, contenidos claramente identificables, que tienen que ver con la vida real de quien las escucha, y melodías memorables; ésas son las grandes canciones populares"- y de Ilegales -"Jorge Martínez ha escrito algunas de las mejores canciones del rock español. En su caso, las letras son ya más complejas, pero lacerantemente efectivas"-.

Poetas o simplemente compositores de canciones, conviene no mirar por encima del hombro a estos creadores. Muchas veces, ocultos bajo la pegadiza melodía de sus canciones, descansan hallazgos poéticos de altura, capaces de emocionarnos y de hacernos sentirnos más vivos, aunque el poeta que los cantaba ahora esté muerto.

Cannes se pone las gafas de 3D para llorar con los dibujos animados de 'Up'

El filme conjuga el sentimentalismo de Disney con el distanciamiento irónico de Pixar. La película es una historia poderosa que resiste que haya partes mudas y en blanco y negro


SALVADOR LLOPART
La Vanguardia




Ayer vimos el futuro del cine y no nos dimos ni cuenta. El certamen vivió un momento trascendente, de esos que pasan a los anales de la historia del cine: el reconocimiento del 3D por parte de un gran festival como Cannes . Y a nadie le importó….

Era lo mejor que podía pasar. Porque el futuro, según los grandes estudios de Hollywood, se llama 3D: el sistema pensado para crear la ilusión de la tercera dimensión en el cine. Y 'Up' , la nueva película surgida de la asociación de los viejos estudios Disney con los revolucionarios Pixar, los pioneros de la animación mediante ordenador con películas como 'Bichos' y 'Toy story', se encargó ayer de difundir la buena nueva en el festival más respetado del mundo, el más elitista y el más caprichoso también. Tanto como para abrir su 62.ª edición con una película de dibujos animados.

El 3D no es nuevo. De hecho es un sistema casi tan viejo como el cine, con varios sonados fracasos a sus espaldas, especialmente en los años cincuenta. Muchos pensábamos en ello cuando nos encasquetamos las necesarias gafas polarizadas. Pero muy pronto te olvidabas de todo, del momento histórico, de la nueva tecnología y de las engorrosas gafas, arrastrado como te ves por la historia de un viejito de casi ochenta años (Carl) que decide echar a volar, literalmente, con su casa puesta, gracias a miles y miles de globos atados a su tejado... Pues eso es lo que 'Up' nos cuenta.

¿Ha mejorado tanto la técnica de proyección en 3D? Seguramente sí. Las gafas utilizadas ayer eran del tipo denominado activo. Nada que ver con aquellas bromas de papel con supuestos cristales de dos colores que se utilizaban antes. Pero el verdadero secreto del éxito del 3D ayer en Cannes fue sin duda la propia 'Up', una emotiva película que conjuga, con armonía, el sentimentalismo propio de Disney con el distanciamiento irónico de Pixar.

Porque 'Up' rompe reglas y sale airosa del estropicio. Está protagonizada, entre otros personajes, por un par de viejos, algo que al parecer es veneno para la taquilla. El citado Carl, un amargado vendedor de globos cuyas facciones, de aire caricaturesco, se parecen a las del Spencer Tracy ya anciano. Y que en la versión original – la vista ayer – tiene la voz de Ed Asner, que fue Lou Grant en la televisión. Y otro viejo aventurero, Charles Muntz, con la voz del venerable Christopher Plummer. Arranca el filme en blanco y negro y tiene partes casi mudas, como ocurría en 'Wall-E'.

Pero el veneno de la vejez, del blanco y negro y del silencio se torna en ambrosía en las manos de John Lasseter y su equipo de Pixar. La historia es poderosa, sobre todo la historia de amor que, sin palabras, cuenta 'Up' al inicio: la vida en común de Carl y su mujer, un prodigio de emoción y síntesis – no se puede contar más en menos tiempo – que arrastró a las lágrimas a más de uno con la impunidad que dan las gafas. De algo tenían que servir. Pero 'Up' no acaba ahí, ni mucho menos. Luego llega la aventura del viaje en globos, así, en plural, y más aventuras; tantas que, al finalizar la proyección, nadie pensaba ya en el 3D. En todo caso, en la impresionante, emotiva y bien contada película que acabábamos de ver. Ese es el verdadero éxito del 3D: ser imprescindible para contar una historia; y al mismo tiempo, poder olvidarse completamente de las molestas gafas que el lo acompañan.

Italia justifica la violencia contra las mujeres



Berlusconi suspende el plan de protección y prevención de malos tratos



SANDRA BUXADERAS
Püblico


Los machistas asesinos pueden respirar un poco más tranquilos en Italia. A partir de ahora, se podrán librar de las penas más duras si alegan que mataron a su pareja por celos. Lo establece la Corte Suprema al limitar hasta un máximo de 14 años la condena a un hombre que mató a cuchilladas a su pareja. El Tribunal justifica su fallo en que, "según la conciencia colectiva" de los italianos, los celos no son del todo "ilícitos". Los principales partidos han protestado, pero ninguno propone por ahora ninguna ley que rectifique la jurisprudencia machista de la máxima instancia judicial.

La concepción de la mujer como un ser creado para el placer del hombre, que en sus casos más graves conduce al maltrato y hasta a la muerte, sigue muy arraigada en Italia y su líder político, Silvio Berlusconi, no tiene ninguna intención de combatirla.

Los medios de comunicación, aunque con honrosas excepciones, tampoco colaboran contra la violencia de género. Los programas de televisión no sólo están copados de veline, mujeres contratadas con el único fin de mostrar su belleza, sino que también obvian las noticias sobre maltrato.

Como cuenta Susanna Bianconi, presidenta de la Casa de la Mujer contra la Violencia de Bologna, cuando un hombre mata a su compañera, los informativos suelen hablar de "acto de locura, de celos, algunas veces hasta de demasiado amor". Incluso existe un programa llamado Amor criminal. "Cuando se habla de violencia contra la mujer se focaliza mucho sobre las violaciones por desconocidos. Y la derecha se ha movilizado, sobre todo, en casos en que el agresor era extranjero", añade Bianconi.

El Gobierno de Berlusconi se ha movido precisamente a raíz de una cadena de violaciones cometidas en un parque de Roma y ha aprobado un decreto que prevé prisión de por vida para el asesino que antes haya violado a la víctima. También incluye por primera vez como delito el acoso sexual.

Las asociaciones de mujeres han aplaudido la medida, pero echan en falta una norma que, como la española, contemple la violencia de género de forma integral. Pero no la reclama ni siquiera la oposición pues, como explica Vittoria Franco, del Partido Democrático, prefieren dar una oportunidad a la nueva ley.

Falta de presupuesto

Lo que sí denuncia Franco es que "el Gobierno ha paralizado los recursos contra la violencia". El Ejecutivo anterior de Romano Prodi (centroizquierda) había aprobado un plan dotado con 20 millones de euros al año para protección y prevención. El actual Gobierno lo ha suspendido, alegando falta de dinero, y se limita a acciones aisladas, como publicitar un teléfono gratuito para las maltratadas.

Un portavoz del Ministerio de Igualdad de Oportunidades asegura que el plan se reactivará en septiembre y se dotará de 29 millones. Sin embargo, las asociaciones contra el maltrato piden que se concrete la partida y que por fin se resuelva el atraso de Italia en número de centros de protección para maltratadas.

La sociedad civil exige ir más allá y combatir el machismo de raíz. Y la única forma es promover otra imagen de la mujer, algo difícil en un país donde el propio primer ministro aparecía la semana pasada en un vídeo en el que se acerca a una asesora gubernamental tras el terremoto en Abruzo y le pregunta si puede "palparla un poco" para hacerse una foto de grupo. Los mismos días, le soltó a una médico que le encantaría ser reanimado por ella.

Sólo su mujer, Veronica Lario, ha podido frenarle. Logró que rectificara sus planes de incluir en sus listas electorales a un buen puñado de mujeres elegidas por su exuberancia física y no por su valía política. Pero cuando fue más allá y pidió el divorcio, acusando a su marido de ser un mujeriego capaz incluso de frecuentar a menores de edad, la mitad de la sociedad italiana no la comprendió, como reflejan las encuestas. En televisión incluso aparecieron mujeres pidiendo al primer ministro que zurrara a su esposa.

Ray Loriga, ‘Ya sólo habla de amor’ (2008)




AIDA M. PEREDA
Lumpen


En ‘Ya sólo habla de amor’, Ray Loriga convence de nuevo con el estilo reflexivamente lapidario que le hizo despuntar en su debut, ‘Lo peor de todo’ (1992). Si bien, en esta ocasión, el autor madrileño parece haber alcanzado un punto de equilibrio estilístico en el que subyace el esquema desestructurado de sus inicios pero combinado con ese poso más narrativo que viene cimentando en sus últimas novelas.

Sin duda, el valor más seguro de Ray reside en su escritura más experimental, con la que logra expresarse con una artificial naturalidad, jugando con el desorden lógico y una aparente desconexión argumentativa que le permite explorar el lado más intimista del ser humano, como ya hizo en ‘Héroes’ (1993) o ‘Tokio ya no nos quiere’ (1999).

Por el contrario, su obra más mediocre se concentra en ‘Trífero’ (2000) y ‘El hombre que inventó Manhattan’ (2004), dos intentos fallidos de introducirse en las convenciones literarias de un género, de por sí prolífico, en el que destacan otros autores con más pericia.

Pero en ‘Ya sólo habla de amor’, la novela que nos ocupa, Loriga demuestra que el hecho de madurar no conlleva necesariamente un cambio radical de estilo, ni tan siquiera una evolución apreciable. Y sin embargo, consigue una novela fresca y experimentada a la vez, sustentada por el standby de un protagonista atrapado en los recuerdos de un amor pasado que trata, sin éxito, de olvidar.

Curiosamente, ‘Días extraños’ (1994) se presenta involuntariamente como la antítesis de ‘Ya sólo habla de amor’. Mientras que en ‘Días extraños’ vertebraba un romántico relato a partir del amor, en ‘Ya sólo habla de amor’ retoma el romanticismo, pero esta vez en un tono más melancólico, el que sucede a la pérdida del mismo.

El propio escritor lo explica así: “Ya sólo habla de amor cuenta la historia de un hombre que se niega a moverse en ninguna dirección y las razones que le han llevado hasta ahí. La razón de no dar un paso es el amor y la razón para no hacerlo también. Se encuentra en una paradoja que no puede descifrar. Es un hombre que se mueve sólo por amor y por amor no puede moverse”.

Loriga narra en tercera persona el monólogo interior de Sebastián, que lucha por desenamorarse de una mujer y enamorarse de otra. Y a pesar de las similitudes de Ray con el protagonista, el escritor se escuda advirtiendo que toda novela bebe tanto de la realidad como de la ficción. “Utilicé la tercera persona para dar un paso atrás sobre un individuo que había disfrazado de mí mismo de alguna manera. Con mi edad, escritor, con algunas circunstancias que me han sucedido a mí… ”, confiesa, pero deja claro que “ni siquiera las autobiografías son del todo reales, todo lo que se ha escrito tiene una parte de ficción y de realidad”.

Una tribu explotada por la televisión


CEAR denuncia que un reality de Cuatro falsea y perjudica la vida de los bosquimanos del norte de Namibia


DIEGO BARCALA
Público


Los Molina-Herrera flipan con la tribu de bosquimanos de Namibia. La familia tinerfeña observa boquiabierta sus taparrabos, sus pechos descubiertos y sus collares de huesos de animales. Alucinan tanto que el nuevo reality de Cuatro, Perdidos en la tribu, que pretende integrar a una familia española en una indígena africana, parece lo que anuncia: telerrealidad. Sin embargo, la Fundación CEAR-Habitáfrica, que trabaja en el desarrollo de las poblaciones bosquimanas de Namibia desde 2006, denuncia que todo es una farsa que, además, ha perjudicado su esfuerzo por desarrollar a estas poblaciones tan maltratadas por la explotación occidental de los diamantes africanos.

La manera más elegante que encuentra la ONG para definir lo que la productora Cuatro Cabezas ha hecho con los pobladores namibios del programa que Nuria Roca presenta los domingos es la siguiente: "Un reality show con pretensiones de antropología barata". La delegada de esta organización en la zona, Silvia Sala, denuncia que el rodaje ha invadido la integridad de la remota población San, que habita en la parte namibia del desierto del Kalahari.

Sala también critica que, a cambio de participar en el show, los bosquimanos de San sólo han recibido una cantidad de dinero que de poco sirve para solventar los graves problemas de una población mermada por la tuberculosis y cuya esperanza de vida apenas llega a los 47 años.

Acuerdo con Namibia

Fuentes de Sogecable, empresa responsable de emitir el reality, niegan el extremo denunciado. "No se les ha pagado como si fueran actores, pero se les ha compensado de manera material y el Gobierno de Namibia es el que ha facilitado el contacto con la tribu", argumentan.

Por su parte, Cuatro asegura que el objetivo del programa es dignificar su tradicional modo de vida. Sin embargo, la ONG denuncia que la imagen de los indígenas ha sido desfigurada, desde la vestimenta hasta sus viviendas.

La cooperante explica que las verdaderas casas de los bosquimanos que aparecen en Perdidos en la tribu se hallan a 30 kilómetros de donde tuvo lugar el rodaje. Además, argumenta que lo mostrado se acerca más a una visión simplista occidental que a su verdadera realidad. "Es cierto que son tribus remotas, de un mundo rural aislado, pero no viven en chozas, sino en chabolas de chapa. No cazan y la tierra es privada", denuncia Sala.

Algunos de los niños que participan en las pretendidas actividades de interacción cultural con las familias españolas fueron excluidos de las escuelas durante todo el rodaje. También varios adultos han sufrido las consecuencias de ser apartados de su hábitat natural durante todo un mes. "San era una de las pocas poblaciones que se enorgullecía de no haber caído en el alcoholismo [común en las sociedades indígenas que establecen contacto incontrolado con occidentales], pero, a consecuencia del rodaje, se han producido dos intoxicaciones etílicas", explica Sala.

Según los testimonios que ha podido recabar la representante de CEAR, algunos de los miembros de la tribu, al volver a su remoto lugar de origen, contactaron con pueblos donde el alcoholismo, la drogadicción y la prostitución están a la orden del día.

Las poblaciones indígenas conocidas como bosquimanos, que cuentan con una población de 100.000 personas en Botswana y Namibia, han sido maltratadas en las últimas décadas por sus respectivos gobiernos, según han denunciado las ONG que trabajan en la protección de sus derechos.

La explotación de sus ricas materias primas diamantes, uranio, cobre o zinc impulsó a los gobiernos locales a desplazar a campamentos a estas poblaciones ancestrales. La perversión de su entorno ha supuesto, según la ONG Survival, que el sida se extienda entre el 40% de su población, cuando antes era una enfermedad inexistente.

La Fundación CEAR-Habitáfrica trabaja en un proyecto de desarrollo rural en la zona donde se ha rodado el reality con un presupuesto de un millón de euros, en colaboración con la Agencia Estatal de Cooperación Internacional y Desarrollo (Aecid), dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores. La Aecid ha comenzado a recabar información ante la denuncia de una posible explotación de los indígenas. El convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) firmado por el Gobierno de España, asumido por tanto en su ordenamiento jurídico desde febrero de 2007, impide contratar a los indígenas sin su consentimiento informado.

"Trabajamos en el desarrollo a largo plazo de huertos de plantas medicinales, de su artesanía, de granjas... No se trata de darles un cheque sin más", lamenta Sala, quien trabaja en Namibia desde hace cuatro años.

El programa presenta a los indígenas como una población que caza con arco camuflada de leopardo. Una imagen muy alejada de la realidad que narra la cooperante, que sostiene que la subsistencia de estos bosquimanos pasa por los 30 euros que reciben de pensión al mes.