«La carretera nos ha afilado el sonido, además de nuestra inquietud»: Martín Guevara (Guitarra y voz de Cápsula)

Cápsula llega a Bilbo en 1998. No tienen previsto quedarse, es un punto en el camino hacia el rock and roll. No obstante, la ciudad y el ambiente les cautivan, por lo que pasa a ser la bisagra de todos sus movimientos. Diez años después, explotan con un portentoso disco «Rising mountains»


PABLO CABEZA
Gara




Coni Duchess ve las primeras luces en San Nicolás, ciudad al borde del río Paraná; no obstante, su familia se traslada al barrio San Telmo de Buenos Aires al poco tiempo. Martín Guevara nace en Buenos Aires y crece en el mismo barrio, San Telmo, uno de los más antiguos de la ciudad. El destino apuesta por unirles tanto por músicos como por pareja.

Martín comienza a tocar la guitarra con 14 años. Utiliza una eléctrica prestada por un primo suyo que le enseña canciones de los Beatles y los Rolling Stones. Prueba tibiamente con algunos grupos locales de orientación punk, hasta que se inscribe en el conservatorio para estudiar violín y piano. Por alguna razón de ingeniería interna Martín es un músico inquieto y electrónico, por lo que pronto comienza a trastear con secuenciadores, incluso prueba a enchufar la guitarra eléctrica a la televisión para generar imágenes mediantes ondas eléctricas.

En casa de Coni siempre hay instrumentos caseros. Su abuela suele viajar al norte de Argentina y le trae instrumentos autóctonos. Con su hermano se pasa las tardes tocando o escuchando música, incluso graban las experiencias. Cuando se trasladan al campo para visitar a sus abuelos, escuchan los sonidos del entorno con curiosidad y tratan de reproducirlos mediante diversos objetos caseros. De ahí, pasa a tener una máquina de ritmos y un bajo, que aprende a tocar por sí misma.

Ya en Bilbo, donde llegan una esperanzadora tarde de setiembre del 98, mismo mes en el que debutan en el Gazte Lokala de Deustu, comienzan a escribir una intensa e imperturbable historia social y musical. En Bilbo combinan empuje con talento, lo que les permite salir adelante en condiciones adversas.

Testigo directo de su carrera bilbaina, sólo cabe celebrar el afán de superación de la pareja, su profundo interés por la música, su capacidad de sacrificio, la ausencia de temores para afrontar giras por EE UU, Canadá, media Europa, Sudamérica... Todo repleto de fe, entusiasmo, profesionalidad y excelentes críticas internacionales.

¿Cómo ve la evolución de la banda y qué les ha llevado al actual sonido?

La evolución está dada por los kilómetros de carretera y lo que vamos aprendiendo del contacto con el público en directo. Llevamos cerca de cuatrocientos conciertos desde el inicio. Con el álbum anterior fueron cerca de cien en año y medio. Está claro que la carretera nos fue afilando el sonido, además de nuestra inquietud por experimentar nuevas áreas de expresión con el sonido. Pero, sobre todo, vemos que cada vez tendemos a utilizar menos efectos y a basarnos en la mínima secuencia de lo que cada canción requiere.

Les definen como una banda de garage, en el presente disco comparten un par de temas en esa onda, pero básicamente son un trío de r'n'r primitivo

Tal vez el asimilarnos con bandas de garage tenga que ver con la utilización del fuzz en las guitarras, aunque en realidad nos sentimos más identificados con los grupos que abrieron camino al punk. Velvet, Stooges, MC5 y las bandas del CBGB (notable antro ubicado en la ciudad de Nueva York) nos encantan y siempre serán una influencia muy grande para nosotros. Con todo, somos muy conscientes del aquí y ahora y no nos interesa, de ningún modo, hacer revival de ningún tipo. Vemos la historia del rock como una larga cadena de influencias. Y nos estimula sentirnos parte de esa cadena.

Viven el presente, pero en alguna de las capas de Cápsula viven los primeros Stones.

La mayoría de grupos de la época del CBGB de principios de los 70 estaban enloquecidos con los Stones. Es muy común ver fotos de Richard Hell o Patti Smith de esos años con camisetas de Keith Richards. A nosotros nos pasa algo parecido. Los grupos de los 60 son como nuestros abuelos. Así como ellos tenían a Chuck Berry o Muddy Waters, nosotros tenemos a los Stones, los Kinks, Syd Barret, primer Bowie, 13th Floor Elevators, etc.

Ustedes dos combinan voces. Coni está muy bien en cortes como «Fight with tigers», de ritmo tribal.

Coni: Muchas gracias. Nos gusta mucho que durante el disco vayan cambiando las voces principales y la forma de cantar. Son distintos campos que nos gusta visitar, así que en el disco hay canciones enérgicas como «Girl whip up the sound» o «Found & lost» y otras más experimentales, space rock o ambientales como la que señalas, donde sólo suenan una guitarra acústica, una pandereta y un bombo, pero el resultado, la sensación del espacio, es inmenso. Además, en esa canción tuvimos como invitado a Xanpe (PiLT) en el bombo y pandereta. Fue bastante curioso, pues, para lograr el ritmo primitivo que tú dices, utilizamos un bombo gigante que tiene Xanpe, de los que usaba Led Zeppelin, y lo invertimos para que lo tocara como si fuera un timbal de orquesta con una masa a lo Maureen Tucker de la Velvet Underground.

Curioso. ¿Contaron con el arte y sabiduria de Ivan Julian?

La diferencia entre el sonido de este álbum y los anteriores se debe a haber contado con la colaboración en la producción de Ivan Julian, guitarrista original de Richard Hell & The Voidoids, The Outsets, Lovelies, y colaborador de The Clash («Sandinista»), Contortions, Bush Tetras, Matthew Sweet, etc. A Ivan lo conocimos a través de Matt Verta Ray (Heavy Trash), que nos lo recomendó por el sonido de guitarras que estábamos buscando, y la verdad es que fue un acierto. Hubo empatía instantánea. Fue muy estimulante también el estar en su estudio en NY, donde, mientras íbamos haciendo las mezclas, entraban al estudio sus amigos (la mayoría, de ellos viejas glorias del CBGB) y que nos daban opiniones diversas.

¿Y cuál es su entorno actual?

Nos sentimos parte de una nueva escena, que ya no tiene que ver con ciudades, como pudo ser antes Manchester, Seattle, Chicago o Liverpool. Ahora tememos una nueva concepción de vivir la música y encarar la carretera.

La cantautora libre

Mélissa Laveaux aprendió música con una guitarra del Ejército de Salvación. Un ejecutivo la fichó en MySpace. Desde entonces, su voz rasgada ha conquistado al público


CARLOS GALILEA
El País



Habla rápido, a trompicones, y mezcla inglés y francés, "que es mi primer idioma aunque comencé a escribir canciones en inglés porque me parecía más melódico". Tartamudea un poco. Y afirma que el francés le produce estrés. "Porque siempre he estudiado en francés y en francés me peleo con mi madre, mientras que el inglés es la lengua que hablo con mis amigos, con la que puedo evadirme", dice. Hace poco que llegó también a su música el dulce créol de origen africano, idioma de sus abuelos.

Mélissa Michelle Marjolec Laveaux nació en 1985 en Montreal, hija de inmigrantes haitianos, aunque creció en Ottawa, en el Canadá anglófono. Cuando tenía 13 años su padre le regaló una vieja guitarra comprada al Ejército de Salvación. "Pagó 15 dólares y costaba el doble", dice. Asegura que la consiguió a ese precio tras flirtear con la cajera. "La guitarra estaba abombada y aprendí a tocar con las cuerdas muy alejadas del mástil. Tenía que apretar muy fuerte para que sonara y creo que por eso desarrollé los músculos de la mano como lo hice".

En el pequeño teatro parisino de l'Atelier, en Montmartre, la joven canadiense contesta sonriente a las preguntas. "La primera vez que canté en Europa fue el 25 de julio de 2007. En una pequeña sala de París. Era antes de la ley que prohíbe fumar y como soy alérgica al humo del tabaco me bebía medio litro de agua entre canción y canción", recuerda riendo.

El título de su disco, Camphor & copper (alcanfor y cobre), tiene una curiosa explicación: "El metal y el vegetal me sirven para describir un poco cómo es el amor. El peligro de entregarse demasiado a alguien olvidándose de uno. Hay dos o tres canciones en las que hablo directamente de esos errores que cometí, intentando cambiarme mil veces para otra persona. Y, si tú cambias, esa persona no te va a querer nunca".

Una de las canciones más celebradas es su versión de Needle in the hay, de Elliott Smith. "Un artista que me encanta por la belleza que hay en su minimalismo y que representa el folk innovador de los años noventa". Por el videoclip se pasea una figura que evoca al Barón Samedi del vudú. "Sí, al hombre que viene a buscarte y también al jugador tramposo. Una amalgama de culturas, que es algo muy antillano", afirma. "Haití está en los libros que había en casa y en las cosas que mis padres cuentan de su infancia. Estuve allí una vez cuando tenía 13 años. Sentí la nostalgia que sentían mis padres. Aunque el recuerdo más fuerte es el del sabor asquerosamente amargo de la pastilla que había que tomar contra la malaria".

Hoy, su padre es profesor de matemáticas y, su madre, de ortopedagogía. Forman parte de la numerosa comunidad haitiana que vive en Canadá. Mélissa, que ha estudiado en la Universidad de Ottawa Ética y Sociedad, habla de las dificultadas para integrarse en una cultura distinta: "No se trata del racismo de los tiempos de la esclavitud, pero en casa tus padres te recuerdan que eres haitiana, mientras que a tus amigos sus padres no les repiten que son blancos y canadienses. Lo mismo pasa en la escuela, donde siempre te recuerdan que eres negra y ellos no se dan cuenta de que son blancos. Con cuatro años ya tenía conciencia de ser diferente". Otro problema: cómo aceptarse una misma cuando no se encaja con el modelo de belleza que proyectan los medios. "Un día que no me sentía bien un amigo me dijo que si das un buen concierto la música puede llegar a emocionar a las personas. Y yo pensé que lo que llega a la gente es una tía delgada, con buenas tetas y rubia. Ves que la chica muy guapa sale al escenario y que le cuesta mucho menos convencer a la audiencia. Yo necesito un mínimo de tres canciones para que la gente se diga 'bueno, por lo menos tiene talento".

"Me considero feminista, pero no me identifico con las que piensan que no hay que tomar en consideración el racismo o la discriminación por el aspecto físico. Y con las feministas de derechas no comparto nada. Cuando las mujeres no podían votar, había mujeres negras a las que ni siquiera se consideraba personas", señala. En la universidad, Mélissa Laveaux trabajó como responsable del Centro de Recursos de las Mujeres.

Saca de su bolso un libro de LeRoi Jones -de Amiri Baraka, puntualiza- y comenta que también está leyendo uno de Angela Davis sobre Bessie Smith y Ma Rainey. "Muchos criticaban al jazz negro que no llevase bien los compases, pero precisamente eso es lo genial ya que las medidas están desplazadas aposta para expresar algo. Lo he comprendido de forma teórica en los libros, pero aún mejor al escuchar con un oído atento". Le emocionan Billie Holiday y Nina Simone por su forma de cantar la amargura y el dolor. "Billie cantaba Strange fruit y Nina Four women, en una época en la que el público del jazz era de blancos con dinero que no tenían ganas de oír '¿qué les habéis hecho a los negros?'. Y ellas les están diciendo 'joderos". "Yo no he vivido las mismas cosas, pero veo sus consecuencias y que la historia continúa. Cuando escriben sobre mí es siempre 'la cantante haitiana' aunque mi música no sea haitiana. La gente sigue con esa visión exótica de las cantantes que comenzó con Josephine Baker".

Se emociona al referirse a la famosa bailarina y cantante. "Revolucionó la forma de ver de las personas. Y fue espía durante la Segunda Guerra Mundial, adoptó un montón de niños

... Mil veces mejor que Madonna o Angelina Jolie. ¡No entiendo cómo la gente puede estar obsesionada con estas chicas!", dice la canadiense, que en su MP3 lleva desde Morcheeba, Feist, Macy Gray y Lauryn Hill hasta Adriana Calcanhotto o Emiliana Torrini. Y muchas voces nórdicas.

Su reciente actuación en el teatro de l'Atelier, en un programa con el guitarrista de jazz Misja Fitzgerald Michel tocando canciones de Nick Drake y el dúo de balafón y vibráfono Kouyaté-Neerman, ha servido para celebrar cinco años de No Format! (www.noformat.net), un sello que busca lo inaudito. Laurent Bizot llevaba años trabajando como abogado de la discográfica Universal en Francia cuando decidió embarcarse en proyectos sonoros que desafían las modas, la uniformización de los gustos musicales y el paso del tiempo. Las claves para la supervivencia de No Format!, que organizó este encuentro con Mélissa Laveaux, las da el entusiasta Bizot: equilibrar el presupuesto, no cometer locuras y hacerlo por placer.

Laveaux, a la que Bizot descubrió en MySpace, tiene tatuadas en la espalda cuatro figuras de yoga que son, según explica, las etapas para zambullirte como un cisne. "Significa que te tires de cabeza en lo que haces". "No hay que quedarse en casa autocompadeciéndose. Hay días en que me quedaría en la cama diciéndome '¡si hay diez mil cantantes mejores que yo!'. Después te levantas y te das cuenta de que tienes trabajo y de que, si lo haces bien, nadie más que tú puede hacer eso. Lo que tú haces es único. Y nadie va a poder contigo". -


Perturbaciones de hoy en día

DANIEL G. LIFONA
El Mundo




¿Qué tenían en común Karl Popper, Paul Feyerabend y Thomas Kuhn? Aparte de haber sido tres magníficos filósofos de la ciencia, los tres tenían "una espléndida cabeza en forma de huevo". Casualidad o no, la simple mención de dicha coincidencia sólo puede provenir de un perturbador, o lo que es lo mismo, de un curioso observador capaz de rastrear las perturbaciones de nuestro universo cotidiano y presentarlas con apariencia realista, aunque no lo sean.

Bajo esa óptica transgresora y con el título de 'Perturbaciones' (Editorial Salto de Página), llega a las librerías una antología del relato fantástico español que pretende demostrar el "buen estado de salud" de la literatura fantástica en nuestro país y ofrecer una amplia panorámica del género a través de 26 autores actuales. El autor de la antología es el escritor Juan Jacinto Muñoz Rengel, un especialista en el género que desde hace años intenta reivindicar el lugar que se merece el relato fantástico en nuestra literatura.

Según Muñoz, una prueba del envidiable estado de salud de la literatura fantástica es que "las últimas generaciones de narradores españoles se enfrentan a lo fantástico de una forma amplia, diversa, prolífica, con un alto estándar de calidad literaria, y sin los complejos que alguna vez se puedieran haber albergado". Es por eso por lo que 'Perturbaciones' se ha centrado en los autores en activo que se han dedicado a lo fantástico de una forma amplia, y no sólo ocasional o accidental.

Otro síntoma de la resurrección de lo fantástico en España, apunta el editor, es que la crítica literaria ha logrado desprenderse de los prejuicios que, durante mucho tiempo, han silenciado la producción de narrativa fantástica o la han situado en los arrabales de la subliteratura. "Cuando nos inundaba la obra realista, el fantástico estaba considerado un género menor y se metía en el mismo saco que la literatura de entretenimiento juvenil. A pesar de que muchos grandes autores han recurrido a lo fantástico para plantear cuestiones trascendentales como la vida, la muerte, el más allá...", comenta Muñoz.

No tiene nada que ver, apunta, la literatura de Tolkien con la literatura fantástica, por mucho que en ocasiones se hayan relacionado o confundido. En el mundo de los 'hobbits' y los elfos se produce tal invasión de seres, objetos y leyes ficticias que desaparece todo posible conflicto con la realidad, mientras que la literatura fantástica escudriña en nuestra idea de realidad para finalmente cuestionarla y transgredirla. "Lo fantástico consigue provocar la inquietud en el lector. Se trata de una inquietud intelectual, de vértigo cognitivo o, en palabras de Kant, de provocar la perplejidad de la razón" mediante la literatura.

'Muerte y vida; paraíso e infierno'

El autor de la antología invita al lector a enfrentarse con anomalías y perturbaciones para todos los gustos. "Siempre sosteniendo un pulso con los límites de nuestra realidad", apunta. Según explica, en la obra se puede leer sobre la muerte y la vida después de ésta, sobre la inmortalidad, el paraíso, el limbo, el infierno, los resucitados, los espectros, Dios y el Diablo, mundos paralelos, bucles temporales, la predeterminación encerrada en los espejos, las necrológicas inversas que publican algunos periódicos, la idea del doble, la identidad y las conexiones invisibles, sobre las transformaciones imposibles de sujetos, objetos y animales, los sueños, las pesadillas, la presciencia, la telepatía, la telequinesia y sobre todas las perturbaciones de la personalidad, la memoria o la percepción.

La antología es una selección de los mejores cultivadores contemporáneos del relato fantástico español, por lo que no sólo no hay textos por encargo, sino que incluso se han intentado evitar los buenos relatos fantásticos que, de forma aislada, haya podido pergeñar un autor sin una aspiración fantástica más o menos transversal en su obra. También se han incluido a algunos autores fantásticos americanos que, como Cristina Peri Rossi y Fernando Iwasaki, forman ya parte de la cultura española y de nuestras letras.

Los relatos y microrrelatos de la antología son obra de 26 autores pertenecientes a tres generaciones distintas y presentados en orden cronológico. Muñoz Rengel destaca a algunos como José María Merino, Cristina Fernández Cuba, Ángel Olgosso, Manuel Moyano y Félix J. Palma, pero deja claro que el libro reúne no sólo a buenos cuentistas, sino también a una generación que todavía no goza de una visibilidad de la que sí pueden presumir autores de géneros más convencionales. "Y no es que sea por falta de calidad", remata.

"Algunos de los antologados son autores que sin duda van a estar en primera línea y están a punto de dar esa eclosión", añade Muñoz. Por lo que promete que la calidad literaria de los relatos "no va a defraudar a nadie". "Esta antología nos ofrece una extraordinaria aproximación a un género -el fantástico-, que cada día despierta mayor interés entre los lectores, tal vez porque el mundo que habitamos es hoy más escurridizo a las representaciones del realismo convencional", asegura el autor.

Obama: Primeras promesas incumplidas

ROBERTO MONTOYA
El Mundo




Después de los primeros maratonianos 100 días en los que el nuevo presidente de EEUU parecía decidido a dar una vuelta de 360º a numerosas políticas que marcaron el perfil de la Administración Bush, Obama ha comenzado a recular en algunos de sus llamativos anuncios.

Entre sus primeras medidas de Gobierno, Obama anunció la prohibición total de la tortura, dejando abierta la posibilidad de perseguir judicialmente a los responsables de autorizarla y practicarla desde el 11-S; la clausura de las prisiones utilizadas por la CIA en el extranjero; el cierre de la prisión de Guantánamo y la suspensión por tres meses de los juicios militares, para estudiar una alternativa a ellos.

Su Departamento de Defensa, sin embargo, pelearía poco después en los tribunales para impedir que la Asociación Americana por las Libertades Civiles (ACLU) lograra la desclasificación de decenas de fotografías sobre abusos y torturas a prisioneros en Afganistán e Irak por parte de militares y agentes estadounidenses... y perdió.

Boicot a una investigación independiente

En abril pasado el propio Pentágono anunciaba aceptaba el fallo y que el 28 de mayo haría públicas las fotografías. El malestar creció —no sólo en las filas republicanas sino también en el seno de las Fuerzas Armadas—, y las diferencias se reflejaron en el propio Gabinete. Finalmente, el flamante presidente dio marcha atrás y este miércoles se anunciaba que había dado instrucciones para recurrir la decisión judicial e intentar evitar la revelación de esas imágenes, por temor a que afectara a la seguridad de sus soldados en esos dos países.

El Gobierno boicotea también los intentos de la izquierda demócrata y organizaciones defensoras de los derechos civiles para que se abra una investigación independiente y se persiga a los responsables de las torturas.

El reciente nombramiento del teniente general Stanley McChrystal como comandante en jefe de las tropas de EEUU y de la OTAN para Afganistán tampoco parece que pueda mejorar la imagen de su país en la zona. Durante su jefatura del Comando Conjunto de las Fuerzas Especiales (JSOC), éstas protagonizaron los mayores escándalos de torturas en Irak y Afganistán, mereciendo los elogios de Rumsfeld, Bush y Cheney.

Los afganos tampoco pueden ver las virtudes de la "nueva estrategia" en ese país, tras sufrir en los últimos meses los letales efectos de nuevos "daños colaterales" entre la población civil provocados por los masivos bombardeos. En relación a Guantánamo tampoco ha hecho grandes avances la Administración Obama.

Regreso de los 'juicios' militares

Las filtraciones de los últimos días sugieren que la semana que viene el presidente podría anunciar el reinicio de los ahora congelados juicios militares ('military commissions') a los prisioneros, con escasas variaciones sobre el sistema utilizado desde 2002. Y en cuanto al cierre de la prisión en un año, el tema se complica ante la resistencia tenaz del Partido Republicano -el senador Kit Bond, de Misuri, dijo que "los estadounidenses no quieren a esos terroristas en nuestros barrios"- y el rechazo de la mayoría de los estados a que sean trasladados a prisiones de EEUU.

Obama intenta solucionar el problema fuera de sus fronteras. Ha logrado entregar a algunos de los prisioneros a sus países de origen, pero en muchos otros casos no lo puede hacer por la falta de garantía total sobre sus vidas. Algunos países europeos han aceptado a regañadientes acoger un número muy limitado de esos presos, pero prevalece el rechazo a tener que solucionar un tema creado por los propios EEUU.

Obama ya tiene un problema, y serio. Después de encandilar al mundo —o a una parte de él, al menos— con su nuevo talante y sus audaces medidas, empieza a dar marcha atrás precisamente en cambios importantes anunciados a bombo y platillo sobre algunos de los aspectos más siniestros de la Administración Bush: su concepción de la "guerra contra el terror", su vulneración sistemática de los derechos civiles y de los derechos humanos.

Las obsesiones de Modiano

Vivió desde niño impresionado por las ausencias, los garajes y las guías de teléfonos. El autor francés persigue en sus novelas las huellas de otros y dibuja un París "casi onírico". Varios de sus títulos coinciden en las librerías



ANTONIO JIMÉNEZ BARCO
El País




Un día de hace casi 20 años, Patrick Modiano encontró en un viejo periódico parisino de principios de los cuarenta un pequeño anuncio que le impresionó. Decía así: "Se busca a una joven, Dora Bruder, de 15 años, 1,55 metros, rostro ovalado, ojos gris marrón, abrigo sport gris, pullover burdeos, falda y sombrero azul marino, zapatos sport marrón. Ponerse en contacto con el señor y la señora Bruder, bulevar Ornano, 41, París". Modiano se obsesionó con el anuncio, con la chica y con la historia que ahí latía, en parte porque él había visitado mucho esa calle de adolescente. Se convirtió en una especie de detective privado contratado por sí mismo. Pronto descubrió que Dora Bruder era judía, que tras escaparse de casa fue detenida por la policía colaboracionista y deportada a Auschwitz, donde murió. Modiano buscó más. Revisó los archivos policiales, espulgó las viejas guías de teléfonos de París que nunca faltan en su casa, consultó fichas municipales, entrevistó a varios testigos de la época y del barrio que pudieran aún recordar que la conocieron. Anduvo como un lunático errando por las calles que Dora recorrió y que él conocía bien por haberlas andado de adolescente; entraba en los portales de los edificios que ella habitó y se quedaba ahí, quieto, esperando no se sabe qué... Ya no encontró nada más. Tenía el fin de la historia de Dora Bruder pero muy poca cosa de ella. Su rastro se había perdido casi definitivamente, como tantos otros. Sin embargo, con ese casi, con esas minúsculas certidumbres y utilizando también como material narrativo su propia obsesión y su búsqueda, Modiano escribió una joya estremecedora titulada Dora Bruder que habla de la memoria, de la dignidad y de la vida, contenida en apenas un centenar largo de páginas que ahora se vuelve a publicar en España.

"Luego, con los años, y con el libro ya publicado, me llegó algo más de documentación sobre Dora. Y me planteé la cuestión de si merecía la pena reescribir la novela o no. Decidí que no. No soy historiador. Soy novelista. No importa tanto el resultado de la búsqueda como la búsqueda en sí. Así que la novela se quedó como está".

PREGUNTA. ¿Y por qué esa obsesión por alguien que no conoce de nada?

RESPUESTA. Yo también me he hecho muchas veces esa pregunta: ¿por qué estás obsesionado con las huellas de otras personas? Y creo que es porque vivo en el siglo XX o XXI. Si yo hubiera vivido en el siglo XIX habría escrito novelas rurales: largas novelas redondas y completas. Pero en esta época todo es fragmentario, y las grandes ciudades favorecen eso, el anonimato, que el rastro de las personas se pierda. No sé si me explico

... También es verdad que yo siempre he estado impresionado por las desapariciones, por las ausencias. Por eso me fascinan las viejas guías de teléfonos en las que aparecen los nombres de los abonados, porque de un año al otro hay gente que desaparece, que se va

..., en especial de algunos barrios, como el XVI.

P. Precisamente, muchas de sus novelas se desarrollan en esa parte de París, el XVI, cerca de Trocadero, que no tiene nada de especial. ¿Por qué?

R. Por eso, porque no tiene nada de especial. Muchos lo consideran un típico barrio burgués. Pero no es así del todo. Tiene una parte de barrio anónimo, banal, sin monumentos históricos, donde uno puede imaginarse cosas. En otros barrios parisinos te sientes bloqueado por la historia. En Trocadero y sus alrededores uno puede observar las calles y la gente que las habita de una manera un poco onírica. Es un barrio donde, en determinadas calles, la gente desaparecía mucho. Como le he dicho, yo lo he comprobado con las guías de teléfonos. Hay una suerte de movilidad extraña. Es un barrio burgués, pero tiene su lado extraño... Luego están mis propios recuerdos de infancia y adolescencia...Todo es un poco confuso. Yo no conozco Madrid, pero estoy seguro de que en Madrid debe de haber barrios así...

Patrick Modiano es muy alto, muy amable, algo torpe y muy tímido. Duda al hablar, le cuesta acabar las frases y su muletilla favorita es "no sé si me explico". Vive en una vieja casa a la espalda del Jardín de Luxemburgo, no muy lejos del barrio donde pasó parte de su infancia: todo un síntoma de su relación con el tiempo y la memoria. El cuarto desde el que escribe es una habitación semicircular, tapizada de libros con una ventana también muy alta que da a un jardincito interior. Hay un diván arrugado en el que se sienta a leer cuando no trabaja. Escribe dos o tres horas al día sentado a una mesa colocada frente a la ventana y al jardín. Nunca más. Asegura que si hiciera caso a su carácter, terminaría sus novelas de un tirón, sin detenerse, pero que se obliga a refrenarse y a parar cuando han pasado esas dos horas a fin de mantener una tensión que sólo él percibe pero que, según él, es esencial para que la obra culmine.

Este hombre acogedor y atento nacido en 1945 es simplemente uno de los más importantes escritores vivos en Francia, dueño de un mundo propio, autor de más de 30 obras, ganador del Goncourt o del premio de novela de la Academia Francesa, entre otros. En España se han publicado recientemente, además de la citada Dora Bruder, En el café de la juventud perdida, Reducción de condena y Calle de las tiendas oscuras. Confiesa con naturalidad que escribe desde que tenía 20 años porque no sabe hacer otra cosa. No ha trabajado jamás en nada que no sea sentarse dos horas enfrente de esa ventana y pasarse las 22 restantes del día pensando en las páginas que quedan. Sus novelas siempre son cortas y exactas, transcurren siempre en los años cuarenta o sesenta, en un París particular y vagamente irreal, dilatado, enorme, donde siempre hay garajes, adolescentes abandonados a su suerte que se agotan en brutales caminatas errabundas y adultos que se buscan unos a otros como dentro de un laberinto: un verdadero territorio mítico que comparte con el París real los nombres de las calles y la ubicación precisa de los números. Él mismo es un maniático de la topografía parisina y si uno le menciona una calle cualquiera no es raro que Modiano no sólo la conozca, sino que la haya recorrido o la hayan recorrido sus personajes.

P. ¿Por qué las direcciones y los números de los portales son tan precisos?

R. El París de mis novelas, más que un París de hace décadas, es un París interior, casi onírico, que nace de las cosas que me impresionaron cuando yo era un adolescente. Y para que ese lado onírico se desarrolle, es preciso que las direcciones sean exactas. Puede que el edificio que se describe sea banal, no importante, pero sí que su ubicación en la novela sea perfecta. Es como un cuadro de Magritte: los objetos, aunque de carácter onírico, están dibujados de forma muy nítida.

P. ¿Y por qué unas direcciones y no otras?

R. Porque las guardo en la memoria: la dirección, el número, el edificio...

P. ¿Y ha cambiado mucho París desde su adolescencia?

R. El centro no ha cambiado tanto porque no se pueden destruir los edificios históricos. Pero en los barrios periféricos sí se han demolido muchas manzanas. Además, cuando yo era adolescente, existía en París una suerte de... fantástica mezcla de la sociedad. Por ejemplo, en el barrio de Les Halles, cuando aún existía el mercado, a partir de medianoche, con los camiones que iban y venían, o el barrio de la prensa, alrededor del Boulevard Reaomur, había una especie de sociedad fantástica y atrayente, todo estaba muy animado, no sé cómo decirlo. Incluso Los Campos Elíseos, o en Pigalle. Ahora es diferente. Y eso me ha marcado.

P. ¿Y su barrio, Saint-Germain-des-Près?

R. Ha cambiado muchísimo desde mi infancia. Aparte de los dos cafés, Les Deux Magots y Le Flore, era un barrio muy provinciano, por así decir. Había una mezcla muy extraña. Por una parte, era un barrio muy tranquilo, con personas mayores sentadas en la plaza, y por otra, había cafés modernos y lugares donde se tocaba jazz. Me acuerdo, cuando yo iba a la escuela, que estaba en la Rue Dauphine, de que a veces pasábamos por una tienda a comprar bombones y veíamos a Picasso o a Giacometti. Todo mezclado, no se perdía el lado provinciano.

P. En

Calle de las tiendas oscuras hay un detective sin memoria que busca su propio pasado; en En el café de la juventud perdida todos los personajes se preguntan lo que fue de una chica que les impresionó; en Dora Bruder usted mismo se convierte en un investigador

... ¿No le da la impresión de escribir continuamente la misma novela?

R. Sí, sí. Yo ya me he dado cuenta de que me repito: siempre es alguien que busca a alguien, o alguien que intenta recuperar las huellas de alguien. Siempre es así. Y siempre es inconsciente. Luego me digo: mira, esto ya lo has hecho. Las cosas vuelven. Es por un sentimiento íntimo de ausencia, de abandono. Por eso intento buscar las huellas de las personas.

P. Se ha dicho que en su infancia está la clave de toda su obra.

R. Puede ser. Pero no es por una especie de nostalgia de la infancia. Es más por las cosas que yo he observado y que me impresionaron durante aquel tiempo. Hay una clase de atención especial, que hace que las cosas te impresionen fuertemente cuando eres un niño. Además, ese periodo para mí es triste. Sé que hay niños felices, pero mi infancia fue triste. Además, hay conversaciones que no entiendes bien y que te dan miedo. Cuando yo era niño me paseaba solo por París. Eso era impactante a esa edad porque normalmente a los niños no les dejan pasearse solos. Yo podía. Experimentaba al mismo tiempo miedo y curiosidad. Por eso la infancia: por esas primeras imágenes que te impresionan para siempre.

P. En

Pedigrí, una suerte de autobiografía, habla de esa época, y sobre todo de sus padres, él atareado con negocios extraños, ella actriz de segunda, viajera, que le abandonaban con frecuencia...

R. Todo es real. Es una autobiografía un poco especial. Quería hablar de cosas que me hicieron daño y que me resultaban extrañas. En otras autobiografías se habla de cosas íntimas con las que uno está de acuerdo, con las que te reconoces. Yo, por el contrario, quería liberarme de cosas que me hicieron daño. Quería desembarazarme de todo eso que yo no elegí, que no me concernía del todo y que me hizo daño...

P. En casi todas sus novelas los personajes sienten un deseo imperioso de escaparse, de dejar atrás la vida que llevan y que cargan como un fardo que no les pertenece.

R. Esas escenas también provienen de cosas que yo he vivido cuando era niño o adolescente. Provienen del sentimiento de estar encerrado (yo estuve muchos años en internados un poco carcelarios). Además, les suceden por lo general a personajes adolescentes, que tienen entre 17 y 20 años, un periodo en el que por entonces, al menos en Francia, no eras un adulto porque no tenías la mayoría de edad legal pero tampoco eras un adolescente. Tenías la sensación de que todo lo que podías hacer en el mundo era algo clandestino, de que todo estaba prohibido. Yo mismo me he fugado, me he escapado, he hecho esas largas caminatas de adolescente sin parar por París, con una sensación de vértigo.

P. La adolescencia es una zona neutra, sin definir. Usted habla también de las zonas neutras de la ciudad, de París: son precisamente por donde vagan sus personajes.

R. Cuando yo tenía 20 años escribí una topografía de esas zonas neutras en París que tanto me impresionan. Son barrios frontera, situados a la mitad de algo, entre una zona burguesa y otra popular, por ejemplo, zonas sin una identidad precisa, zonas indeterminadas.

P. ¿Y por qué siempre aparecen garajes en sus novelas?

R. Es inconsciente. También viene de la infancia. No sé exactamente por qué. Cuando yo tenía seis o siete años vivía cerca de un barrio a las afueras de París, me cuidaba una mujer un poco extraña que me llevaba a un garaje, con unos coches que me impresionaron. Además, había un olor muy particular, una mezcla rara, un ambiente extraño en esos garajes y eso, ya digo que no sé por qué, me ha marcado. Yo me lo digo a veces: hay demasiados garajes en las novelas, pero no puedo evitarlo.

P. ¿Se continúa paseando por París?

R. Menos que antes. Me sorprendo mucho con la gente más joven. Con sus ropas. Reconozco en muchos de ellos un aire como el de juventud. Los trajes parecen los mismos que yo veía cuando tenía 14 años. No sé.

Casi es la hora de comer. La tarde cae sobre el despacho de Modiano, sobre la ventana alta y el jardín de abajo. El escritor se levanta, pensando en la última frase que acaba de pronunciar. Mira a la ventana y luego a la grabadora que contiene la entrevista. Luego dice:

"Todo ha sido un poco confuso ¿no?".