"Porcupine", Tim Easton (2009)


KEPA ARBIZU
Lumpen




Como suelen decir en esos programas de televisión, encargados de construir cantantes para ponerlos a la venta al por mayor en algún centro comercial, un artista debe tener un “algo”, imposible cuantificar y explicar, que le haga conectar con el público inexorablemente.

Si tuviésemos que hacer un desglose de las virtudes de Tim Easton no resaltaría por ser un excepcional guitarrista, tampoco su voz, aunque cada vez más lograda y con mucha más personalidad, aparecerá como una de las mejores de la escena actual. Si la cosa consiste en desgranar sus letras, y a pesar de sus clara influencias literarias, no será un ejemplo a tomar por generaciones siguientes. Visto así, todo indica que no estamos ante ningún músico especial. Pues si sólo nos basásemos en esta lista de cualidades cometeríamos el error de no acercarnos a su trabajo, y es que en él, encontramos ese aspecto especial necesario para dotar a sus discos de un muy alto nivel.

La explicación a este hecho creo que está en la virtud que posee para conjugar en su persona el rock clásico, sin sonar en ningún momento añejo, ni dar la sensación de copiar excesivamente a ningún nombre ilustre. Es capaz de filtrar con desparpajo toda la tradición musical convirtiéndola en algo personal.

Este norteamericano inició su carrera en solitario en 1998 con su disco “Special 20”, claramente influenciado por los “tótems” de la música country, desde Doc Watson hasta Bob Dylan, pero con un punto fresco herencia de los sonidos pop. La mayoría de sus temas estaban interpretados con guitarra acústica y por norma general no era típico salidas de tono ni saltos rítmicos destacables. En sus últimos trabajos ha ido insertando , a cuentagotas, algunos sonidos más eléctricos y sí es más que notable la transformación de su voz, algo más rasgada y personal.

Con su nuevo disco, el quinto, titulado “Porcupine” esos pequeños indicios se rebelan como esenciales y dicho de una manera contundente Tim Easton se desmelena. Apuesta descaradamente por el rock y su manera de cantar se mueve en registros desconocidos hasta ahora.

Así sucede en la primera canción de todas, “Burgundy red”, unas percusiones aceleradas nos encaminan hacia un ritmo de rock and roll con cierto toque siniestro y donde Easton por momentos canta. En general parece como si Johnny Burnette se hubiera apropiado del cantautor americano.

“Porcupine” podría perfectamente, por estilo, pertenecer al último disco de Dylan. “7th wheel” suena a rock campestre al estilo de Tom Petty. Con este mismo estilo pero con ritmo algo más canalla suena “Baltimore”, canción que encajaría en la discografía de unos Bottle Rockets.

“The young girls” también ejemplifica a la perfección los cambios sufridos por el músico. Aquí cuenta en primera persona la historia de un “serial killer” como si de un personaje de Cormac Mccarthy se tratase. Suena oscuro, peligroso, mezclando el blues con el country. “Stormy” y “Get what i got” son otro ejemplo de lo mismo pero esta vez tienden a un ritmo más rockero y con algunas reminiscencias a los setenta.

Parta el final deja sus dos composiciones más calmadas, con un sonido menos eléctrico y que recuerdan mucho más a sus primeros discos. “Goodbye Amsterdam” suena a canto melancólico y “Long cold night in bed” a lamento de despedida.

Tim Easton demuestra con este disco que no sólo sabe sacar un formidable resultado de su faceta de cantautor con aires country sino que su parte más salvaje existe, y que cuando se decide a explorarla, es capaz de no perder un ápice de calidad.

Rock 'n' roll con disfraz de tigre

El quinteto de Atlanta Tiger Tiger está de gira por España


ALEJANDRO ARTECHE
Soitu




Están de vuelta en España. Tiger Tiger, el quinteto de Atlanta comandado por Buffi Aguero, la batería de los Subsonics que aquí toma el mando del micrófono y la guitarra. Muchos los visteis el pasado año cuando vinieron, precisamente, con los Subsonics de gira, así que a vosotros poco hay que deciros para que os animéis de nuevo. A los que no conocen a Tiger Tiger (el grupo cuyo nombre da más trabajo a la hora de escribir un artículo por el tozudo corrector de word), aquí van unas sugerencias.

Mezclas en un grupo toques de new wave, punk americano de finales de los 70, algo de garage sesentero, un órgano hipnótico, una chica cantando que recuerda a Blondie o Patti Smith, rock n roll actitud y… ¡sólo tienes el diez por ciento de lo que son Tiger Tiger!

Sobre todo, lo que son Tiger Tiger es una colección de excelentes canciones realmente bien facturadas. No hay grandes producciones, no hace falta cuando hay talento. 'The kind of goodnight' suena como los discos de finales de los 70, con cuerpo, ilusión e ingenio. Lo suficiente para tener un trabajo de gran calidad. Está grabado en 2007, pero perfectamente podría haber sido editado en 1977 y no es porque suene a viejo, es porque suena atemporal. Como Elvis, como la E Street Band, como los primeros de los Ramones.

Da igual que sean medios tiempos o piezas rápidas. Cuando hay buen material en el disco el año es lo de menos y las canciones de Tiger Tiger están hechas para durar. Incluso la incursión de instrumentos y arreglos que en otro grupo podrían sonar desfasados o puestos ahí en plan pastiche como órganos sesenteros que pueden recordar a los Troggs o a los Kinks, guitarras canallas tipo New York Dolls, recitados de letras que más que cantar son escupidas al micrófono de la rabia y sensación de urgencia que destilan o saxos en plan Martha and the Muffins, suenan reales y se nota que hay una cultura musical y unas influencias vividas de verdad.

'The kind of Goodnight' es su segundo disco y su edición española ya está considerada de culto entre sus fans. Editado por el sello vasco Bloody Hotsak, parte de los créditos del disco han sido traducidos al euskera, lo que hacen de sus copias algo muy apetecible para coleccionistas de rarezas. En el interior, 17 canciones simplemente impresionantes. Un disco que pasa de la tranquilidad a la desesperación como en una montaña rusa. Del sosiego al baile desenfrenado y que llega a hacerse corto.

'Fake it', 'Cheap imitation', 'Substantial difference' y la preciosa interpretación de Buffi —que tanto recuerda a la forma de cantar de Joey Ramone con su deje de desesperación e indiferencia con el que tan bien bordaba las baladas melodramáticas de los Ramones—, 'Windows' —que bien podría ser una especie de los Stray Cats más swingers jugueteando en el local de ensayo con Deborah Harry—, o la hipnótica 'So you won’t deceive me' —que tanto recuerda a Gun Club—, son algunas de las 17 joyas incluidas en este segundo disco de Tiger Tiger que llegan el 23 de mayo dispuestos a quemar los escenarios de las salas españolas donde van a tocar mientras sus fans harán lo mismo con la pista de baile.

¿Te los vas a perder? Tú mismo.

Violadas en la guerra de Bosnia: 14 años sin apoyo y sin derechos

Desconfianza, prejuicios y muy pocos apoyos: Éste es el día a día de miles de mujeres que fueron violadas durante la guerra de Bosnia (1992-1995) catorce años después del fin del conflicto bélico

NEDIM HASIC
Gara




Se desconoce cuántas mujeres fueron violadas, pero las estimaciones hablan de al menos 20.000, la mayoría de ellas musulmanas, aunque también hubo serbias y croatas, y las ONG estiman que unos mil niños nacieron de esos abusos.

La situación de olvido se agrava al no existir una ley que les trate como víctimas civiles de la guerra, que atienda su situación específica y les ayude a salir adelante. «Toda la vida es un trauma» para ellas, afirma a Efe Teufica Ibrahimefendic, sicoterapeuta de Viva, una organización que ayuda a las mujeres víctimas de violaciones y abusos sexuales durante la guerra.

«Desde la relación con sus respectivos entornos, sus padres, parientes, hasta el recuerdo de lo que les pasó», toda su vida social constituye una experiencia traumática.

La vergüenza por lo que les ocurrió y el conservadurismo de la sociedad, que les ve como culpables que provocaron su situación y no como víctimas, obligó a muchas de ellas a renunciar a sus hijos tras su nacimiento. Algunas decidieron mantenerlos, pero muy pocas están dispuestas a hablar de su destino, de los sufrimientos que padecieron y de sus hijos.

Sabiha Husic, directora de la ONG Medika, que ofrece ayuda, ante todo sicológica, a esas mujeres víctimas «invisibles» de la guerra, declaró a Efe que muy pocas de las que tuvieron hijos como consecuencia de una violación se atrevieron a pedir apoyo a la organización y decidieron conservarlos.

La mayoría de las víctimas dieron a sus hijos en adopción para ocultar lo que les había pasado. Husic recordó el caso de una mujer violada que conservó a su hijo pero que, pocos meses después, lo mató al sufrir un ataque de nervios.

«Ella cuidaba con gran amor a su hijo, con la mayor ternura posible. Todas lo sabíamos. Pero debido al trauma que vivió, algo se rompió en esa mujer y le quitó la vida al niño. La historia de esa mujer ilustra el miedo en el que viven», explicó Husic.

Empleados públicos

También denunció casos en los que algunas mujeres violadas, que reivindicaban sus derechos ante diferentes instituciones, encontraron a sus violadores como empleados en las oficinas públicas a las que acudían.

La musulmana Safeta A., de Tuzla (norte), ahora empleada de una de esas ONG, confesó recientemente en los medios de comunicación bosnios que durante varios días estuvo detenida en una casa abandonada cerca de Zvornik (este) por un soldado serbio, que la violó.

Cuando logró regresar a Tuzla ya estaba en el sexto mes de embarazo, muy tarde para que algún médico o alguien aceptase interrumpirlo. Su hijo nació en 1993. Lo dejó en un orfanato de Tuzla, y ella se fue al pueblo de Zivinice. Pero no dejaba de sufrir por haber abandonado al bebé y unos meses después lo buscó en el orfanato, en vano esa vez, porque el niño había sido hospitalizado por inanición.

El niño permaneció en el orfanato varios años, mientras Safeta pudo reunir algo de dinero y recobrar el coraje para llevarlo a su casa, en Zivinice, donde ambos viven con la promesa de que nunca hablarán del padre.

En la oriental Gorazde vive el niño Alen M., hijo de una mujer violada que fue adoptado por una pareja de esas ciudad, a 110 kilómetros de Sarajevo. Alen supo por casualidad que no vivía con sus padres biológicos, al escuchar comentarios de los niños con los que jugaba.

Sus padres adoptivos explicaron a Efe que en esa época vivieron un verdadero infierno, que el niño estuvo al borde del suicidio, su madre biológica rechazó cualquier contacto con él y sus compañeros de escuela le apodaron con nombres despectivos.

Algunas investigaciones efectuadas en Zagreb (Croacia) mostraron que las violaciones en la guerra dejaron graves y duraderas consecuencias sicológicas en las mujeres. Un 58% de ellas sufrió depresiones y un 25% contempló la idea del suicidio tras sufrir violaciones.

La fuerza de Joaquim Mir estalla en mil colores en el Bellas Artes de Bilbao

Fue un artista independiente, vanguardista, cuya genialidad estuvo trágicamente ligada a la locura


MAITE REDONDO
Deia




"Sólo quiero que mis obras alegren el corazón e inunden de luz los ojos y el alma". Así resumía Joaquim Mir (Barcelona 1873-1940) su manifiesto como artista. El Museo de Bellas Artes de Bilbao expone una antológica de este creador catalán, en la que se repasa cronológicamente los momentos vitales del artista y permite ver cómo el color y la luz lo significaron todo para él. Organizada y producida por la Obra Social La Caixa, la muestra, que recoge 80 obras, entre óleos, pasteles y dibujos, algunos de los cuales no habían sido antes mostrados al público, permanecerá en la capital vizcaina hasta el próximo 26 de julio.

Pero ¿quién fue Joaquim Mir? ¿Un visionario? ¿Un progresista? ¿Un loco? Mir fue un artista independiente, que nunca tuvo la necesidad de viajar a París para ver lo que se cocía, ni pertenecer a los focos artísticos de la época, aunque siempre se le ha asociado a grupos y movimientos claramente vinculados al impresionismo y al simbolismo. Esta asociación impresionista viene motivada por la gama cromática empleada por Mir, similar a la de los impresionistas que empleaban la combinación de colores para crear las sombras "Era, ante todo, Mir. Un artista esencialmente paisajista. Su pasión por la naturaleza y los efectos lumínicos, característico de los impresionistas, le permitieron crear un universo propio, fruto de su peculiar mirada a la luz y la naturaleza, que le diferenció del resto de artistas impresionistas", explicó el comisario de la exposición Francesc Miralles. Y es que Mir veía otros colores y era capaz de interpretar y ver la naturaleza de una forma completamente distinta.

La antológica está dividida en cinco apartados, en función de los cinco lugares en los que residió, ya que su pintura está estrechamente ligada a estos sitios. Así, una pared pintada en color azafrán recibe al espectador que se acerque hasta esta muestra en clara alusión a sus años de formación en Barcelona, donde perteneció junto a pintores como Nonell, Vallmitjana, Canals y Pitxot a la Colla del Safrá, el grupo del azafrán, así llamado por el uso de los tonos amarillos y rojizos.

Su pincel ya mostraba más preferencia por el color que por la forma, una tendencia que estalló cuando, en 1900, se instaló en Mallorca. Allí pasó de la pincelada entre impresionista y puntillista al estallido de luz y de color que se convertiría en la marca Mir. El pintor acarreaba grandes lienzos hasta la playa, donde los sujetaba con cuerdas. Atacaba la tela directamente y empleaba la paleta con furia. De estos años destacan L'abim y La cala encantada, y el conjunto que pintó para la Casa Trinxet, de su tío y mecenas.

Y, sobre todo, comenzó a fraguarse una leyenda, que le acompañaría durante toda su vida. Sufrió un misterioso accidente, quizá un intento de suicidio ante un desencanto amoroso, en Cala Sa Calobra.

Institución mental

La grave caída le obligó a regresar a Cataluña para ingresar en una institución mental de Reus, donde pasó dos años de su vida, cruciales en su evolución estilística. Poco se sabe de su estancia en el sanatorio mental. Según el comisario de la muestra, su historial clínico sólo consta de dos folios, uno con la solicitud de ingreso al centro y otro con ciertas anotaciones sobre sus trastornos. "Sabíamos que pintaba por lo que en su dossier debería haber innumerables dibujos, pero todo ha desaparecido", advirtió Miralles.

Después de pasar dos años en el psiquiátrico, se instaló en el Camp de Tarragona. Allí desarrolló una intensa actividad y ultimó su colaboración en la hoy ya desparecida Casa Trinxet, a cuya decoración mural dedicó más de 10 años. La exposición recoge buena parte de los trabajos que llevó a cabo para este encargo. En 1915, ya en su siguiente periodo pictórico, Mir viajó de nuevo a la localidad tarraconense de L' Aleixar, tal y como testimonia el lienzo Vista de L'Aleixar, perteneciente a la colección del museo bilbaino. De allí se trasladó en 1914 a Mollet del Vallés, lugar de residencia de su hermana y fue allí donde su vida y su obra entraron en una etapa de calma.

Su última etapa se desarrolló entre 1922 y 1940 en Villanova i la Geltrú. Con el inicio de la Guerra Civil se recluyó en su casa, aunque siguió pintando, llegando a hacer hasta 200 cuadros de su jardín. En 1939 ingresó unos días en prisión, lo que le desmoralizó tanto que precipitó su enfermedad renal. Mir falleció en 1940 dejando una de las obras más interesantes del finales del siglo XIX y mediados del XX.