"Singlewide", Dexateens (2009)


KEPA ARBIZU
Lumpen




A algunos grupos les sucede lo mismo que a esos deportistas que pese a tener un gran nivel, siempre quedan eclipsados por el hecho de competir frente a una gran figura con mayores méritos o con mayor tirón popular.

Ese es el caso de Dexateens. Son muchos los motivos por los que se da esa situación pero uno de los más curiosos, por ser totalmente ajeno a la voluntad del grupo, es la incapacidad de la crítica para catalogarles dentro de un género y una vez allí, compararles con el resto.

Este cuarteto de Alabama debutó con un disco homónimo (“Teenager” está grabado antes cronológicamente pero saldrá publicado más tarde) que desprendía energía y contundencia por todos sus poros. Es cierto que entre sus influencias estaba el rock sureño pero su disolución dentro de en un conglomerado de rock and roll, garage, psicodelia y actitud punk desconcertaba mucho a la hora de encasillarles. Ese “batido” musical era conseguido gracias al talento y el desparpajo de sus dos líderes, John Smith y Elliot McPherson.

No es hasta su cuarto álbum, “Hardwire healing”, cuando los sonidos más clásicos del rock se hacen predominantes en su estilo. A ello colabora irremediablemente la ayuda en materia de producción de Patterson Hood, componente de Drive by truckers. Este cambio posibilita a los críticos musicales empezar las comparaciones entre ambos grupos. Confrontación muy dura como para salir bien parados los Dexateens.

A partir de ahí, la influencia del country ha ido imponiéndose tozudamente hasta llegar a ser hegemónica en su nuevo disco, “Singlewide”. Tanto ha sido así que Mark Nevers, el nombre que se encuentra detrás de muchas grabaciones del country rock actual, se ha ocupado de las labores de producción, inédito en dicha tarea con el grupo a pesar de estar muy cercano a ellos a lo largo de su trayectoria.

La influencia de los Byrds y ciertas melodías pop de los Beatles se hacen notar claramente en temas como “Down low”, “Hang on” o “Caption”. En “Spark” se acentúa la presencia de Gram Parsons, la canción, seguramente, con más regusto tradicional. La parte más melancólica se hace patente en “Grandaddy’s mouth” o en “Missionary blues”donde las armonías suenan a Jayhawks.

También hay lugar para algunas composiciones que rozan el dramatismo de músicos como Bonnie Prince Billy o Kurt Wagner de Lambchop, el mejor ejemplo, “New boy”.En contraposición hay momentos algo más rockeros, los menos y nada ruidosos, como son “Charlemagne” y “Trail” que recuerda a sus colegas de Drive by truckers. La curiosa y nota discordante, no por calidad sino por estilo, es “The ballad of souls departed” un ritmo misterioso adornado con guitarras distorsionadas formando ruidos.

Seguro que muchas personas echarán de menos toda la energía que desprendían Dexateens en sus primeros discos. Eran una auténtica explosión de fuerza con la vista puesta en el rock tradicional. Pero hay que hablar en pasado, ahora mismo su camino, por lo visto en sus últimos trabajos, va por otro terreno, el de crear grandes canciones, el de construir melodías capaces de superar la sentencia del tiempo y alojarse en nuestra mente. Así que, vanagloriémonos de lo que tenemos y no de lo que perdimos.

España tiene su "Guantanamo" en África


De acuerdo a un informe presentado el año pasado por Amnistía Internacional , cada mes llegan 300 migrantes al pequeño Guantánamo, un centro de detención ubicado en Mauritania que está financiado por España. El encierro, el hacinamiento, la escasa ventilación y los malos tratos caracterizan a este centro

Maximiliano Sbarbi Osuna
BAE



El ritmo de los tambores y de las danzas africanas del grupo Yamo Yamo acompañaron ayer en Madrid la presentación del segundo Plan África 2009-2011, por parte del ministro de Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos.

Este nuevo Plan África que sustituye al primero – 2006-2008 - “renueva el compromiso del gobierno y de la sociedad española con esta región, y especialmente con la consolidación de la democracia, la paz y la seguridad, así como con la lucha contra la pobreza”, de acuerdo con el informe oficial del gobierno de Rodríguez Zapatero.

Lo cierto, es que mediante este convenio de segunda generación, entre España y los cuestionados gobiernos del norte y oeste africanos, la frontera sur de Europa y su vigilancia se extiende hacia Marruecos, Mauritania, Senegal, Malí y Guinea Bissau.

La mayoría de estos países, que están acusados por ONG internacionales de violar los Derechos Humanos, se comprometen a detener a los miles de migrantes, que intentan alcanzar Europa cada año, de la manera que sea posible, incluyendo detenciones, torturas, y abandono de poblaciones enteras en zonas inhóspitas.

El Plan África se materializa por medio de acuerdos bilaterales entre España y los países africanos, que se ven obligados a adquirir los sistemas de seguridad fronteriza europeos, a frenar la ola migratoria y a aceptar el ingreso de empresas de bienes y servicios españolas. A cambio, España aporta créditos de Ayuda al Desarrollo, muchos de los cuáles se utilizan para la compra de los servicios españoles y además obtiene beneficios de los acuerdos pesqueros con Marruecos y Mauritania.

Estos créditos generan pesadas deudas para las asfixiadas economías africanas. Además, España aporta fondos con la excusa de combatir el terrorismo, principalmente al grupo Al Qaeda para el Magreb Islámico, pero el objetivo principal es establecer sus compañías y beneficiarse de los convenios con los corruptos y violentos gobiernos africanos, que ceden sus recursos naturales y se enriquecen con la ayuda europea.

Guantanamito

Marruecos no es el único país por medio del cuál los emigrantes subsaharianos llegan al sur de España. Cientos de precarias embarcaciones alcanzan por año las islas Canarias españolas desde la costa de Mauritania.

En agosto pasado una junta militar dio un golpe de Estado al gobierno elegido democráticamente. El temor europeo a los inmigrantes se sitúa por encima de la democracia y de los Derechos Humanos.

España no sólo legitimó el golpe sino que continuó con los acuerdos bilaterales que condenan a los emigrantes y que benefician a las compañías europeas.

Alrededor de 31 mil emigrantes africanos alcanzan las costas canarias cada año. Para alojar a los cientos que son capturados en tránsito por tierra y mar, España transformó una escuela abandonada en la localidad de Nuadibú, al norte de Mauritania, en un centro de detención bautizado como Guantanamito.

De acuerdo a un informe presentado el año pasado por Amnistía Internacional (AI), cada mes llegan 300 migrantes al pequeño Guantánamo sin ninguna protección judicial. El encierro, el hacinamiento, la escasa ventilación y los malos tratos caracterizan a este centro.

Aunque algunos intelectuales españoles intenten explicar el encierro mediante la falacia de que se está evitando no la salida de los detenidos, sino la entrada de los pobres mauritanos que carecen de electricidad y agua a las acogedoras instalaciones de Guantanamito, la realidad es que los emigrantes se encuentran en un limbo jurídico sin posibilidades de acceder a abogado alguno.

El primer Plan África habilitó al gobierno de Mauritania, que asume la responsabilidad de evitar que los emigrantes alcancen las Canarias, a abandonar en 2006 a 11.600 personas en las fronteras con Malí y Senegal sin tener en cuenta su origen, según el informe de AI.

La junta militar mauritana convocó a elecciones presidenciales para el próximo 6 de junio. Varias ONG denuncian que los resultados ya están programados y le darían la victoria al actual gobierno de facto. Sin embargo, Moratinos presentó su nuevo Plan África como si contribuyera al desarrollo del norte africano y como si además fuese un triunfo de la democracia.

El gobierno español y los medios de comunicación afines denuncian la invasión de miles de posibles delincuentes que llegan a Canarias. Sin embargo, el promedio anual de 31 mil emigrantes africanos es ínfimo en comparación con los 10 millones de turistas por año que ingresan las islas. Por eso, es falso que los emigrantes presenten un problema demográfico.

Un plan más humanitario que podría implementar España y el resto de las potencias europeas es continuar con la inversión en África, pero evitando el saqueo, la utilización de mano de obra esclava, los acuerdos con gobiernos corruptos y dictatoriales, la exacerbación de las rivalidades étnicas y el deterioro del medio ambiente. Quizás, con un continente más desarrollado, se reduzca considerablemente la ola de emigrantes desesperados que intentan “invadir” Europa.

La misteriosa muerte cinematográfica de Hitler


ROSA SALA ROSE
ABC



«Es ist passiert», («Ha sucedido»): con estas imprecisas palabras anuncia Heinz Linge la muerte de su jefe Adolf Hitler. Este suceso, clímax incuestionable de la película de Oliver Hirschbiegel «El hundimiento», permanece sin embargo envuelto en la incertidumbre. En una película que no escatima precisamente en muertos, tal como no podía ser de otro modo dada la apoteosis de violencia que acompañó la caída del Tercer Reich, no deja de ser curioso que Hitler muera tras una puerta cerrada y su cadáver sea el único que se le muestre al espectador piadosamente cubierto por una manta.

Como observó escandalizado el cineasta Wim Wenders en el semanario Die Zeit, «del mismo modo que Hitler se da la vuelta cuando muere su perra Blondie, la película se aparta en el momento en que muere el Führer. ¿Por qué no mostrar que ese cerdo, por fin, ha muerto? ¿Qué clase de proceso de represión se desarrolla ahí ante nuestros ojos?»

Todavía sin aclarar

Algunos detalles específicos de la muerte de Hitler, ciertamente, todavía están por aclarar: ¿Se suicidó pegándose un tiro en la sien -esta sería la versión más «heroica»-o se envenenó primero con ácido prúsico y se disparó después? ¿O sólo tuvo valor para tomar veneno, haciéndose disparar después por una tercera persona? No obstante, estas dudas no bastan para justificar que la película ni siquiera muestre el cuerpo difunto del dictador, por lo demás descrito con soberbia precisión en el ensayo histórico de Joachim Fest «El hundimiento» (Galaxia / Círculo, 2003) sobre el que se basó el filme: «Hitler estaba sentado en el sofá de tela floreada, con los ojos abiertos, el cuerpo desplomado y la cabeza algo inclinada hacia delante. La sien izquierda estaba perforada por un orificio del tamaño de una moneda por el que había salido un hilo de sangre...»

La consternación de Wenders resulta tanto más comprensible si se tiene en cuenta que el principal argumento de comercialización de la película fue precisamente que en ella se encarnaba por fin a un Hitler humano, con todas sus flaquezas, y no a un monstruo o a una criatura mítica. Así pues, la muerte desmitificadora de ese infausto ser humano que era Hitler, la visión de los despojos de este hombre ya enfermo, era algo que la película nos debía y que acaso habríamos intercambiado de buen grado por la visión de tantos cuerpos de civiles amputados, ensangrentados o carbonizados por las bombas con los que nos atormenta justificadamente esta cinta.

La ironía de este cadáver ausente aumenta si se tiene en cuenta que las primeras investigaciones realizadas en 1945 sobre los últimos días de Hitler en el búnker, valiosos testimonios de primera mano sin cuyo registro esta película no se habría podido realizar, se efectuaron precisamente con el único fin de probar la muerte del Führer. En efecto, en noviembre de 1945 un joven miembro del servicio de inteligencia militar británico, Hugh Trevor-Roper, recibió un encargo que determinaría su carrera de historiador: viajar a Alemania y documentar todos los detalles relativos a la muerte del dictador. Se trataba sobre todo de desmentir la posición de Stalin, según la cual Hitler seguía vivo y bajo la protección de Occidente.

Por aquel entonces, las especulaciones sobre las circunstancias de la desaparición de Hitler eran numerosas y dispares: los más fieles le suponían una muerte heroica en defensa de Berlín, mientras otros alegaban haber visto cómo lo asesinaba un grupo de oficiales en el Tiergarten. Quienes lo suponían con vida, lo imaginaban en una brumosa isla del Báltico, en una fortaleza renana, en una hacienda de Suramérica o protegido personalmente por Franco en un monasterio español. Estas especulaciones no eran nada convenientes para los países occidentales en el nuevo contexto de la Guerra Fría, en el que interesaba dar carpetazo al nazismo cuanto antes. Pero para eso, obviamente, había que demostrar sin género de dudas que su principal impulsor era un fiambre. En 1947 el resultado de las pesquisas de Trevor-Roper salió a la luz en forma de un fascinante clásico de la historiografía, «Los últimos días de Hitler» (Alba, 2000), que el autor amplió y corrigió a cada nueva edición -la última de 1995-, recogiendo los numerosos datos nuevos que han ido saliendo a la luz gracias sobre todo a la apertura de los archivos soviéticos.

Quizá la misteriosa ausencia del cadáver de Hitler en la película «El hundimiento» no haga sino poner de manifiesto una obviedad. En estos tiempos mediáticos en los que todo parece ficticio y virtual vivimos extrañamente obsesionados por la autenticidad y esta película, con su extraordinaria ambientación, nos ofrece la ilusión de ser testigos imparciales de unos hechos históricos. Sin embargo, aunque lo pretenda, una película no es ciencia, sino una película, y su éxito finalmente depende de los recursos propios de la dramaturgia clásica: identificación con determinados personajes, emoción, suspense y momentos de clímax dramáticamente velados por el misterio, como la escena de la muerte de Hitler. Aceptar estas circunstancias no resta ni un ápice de valor a este extraordinario documento cinematográfico sobre el angosto búnker subterráneo que acogió las últimas convulsiones de la agonía europea.

John Belushi: caminando por el lado salvaje

Se publica en España, después de 25 años desde su publicación original, la truculenta biografía de Belushi, el Jake Blues de los Blues Brothers y cómico hilarante


RAGTIME WILLIE
Requesound



Una de las carencias más patentes de la cultura española es la música. Recuerdo que, la primera vez que viví fuera de España, andaba literalmente pasmado de la variedad de oferta que, sobre el arte de la música, gravitaba en el mercado. Uno de mis asombrados descubrimientos, fue la fecunda proliferación de oferta editorial sobre música. Música para leer. Afortunadamente, en este aspecto, contamos con la editorial barcelonesa “Global Rhtyhm Press”, fundada, milagrosamente y con apreciable buen gusto, en 2001.

El páramo musical español es desolador. Y no lo digo por grupos y/o solistas extremadamente sensibles y con oficio suficiente. Simplemente, la música no existe desde un punto de vista institucional. Los programas televisivos, salvo alguna excepción bastante vulgar, acerca de música ¿dónde están?. Tiempos aquellos en que don Angel Casas exploraba ritmos en su “Musical Express”…..

Parece que, además de la literatura – queda muy bien, para cualquier político, decir que una de sus mayores aficiones es leer, si se fijan todos los políticos “aman” la literatura -, solamente el cine tiene categoría de “cultura” para las instituciones de todos los niveles administrativos. Es elocuente que ahora tengamos una ministra del ramo, cineasta. Recordemos que, en Brasil, hasta hace pocos años, el gran Gilberto Gil ocupó la cartera de cultura: un país aceradamente musical.

Esta editorial, publica ahora, en una de sus filiales, cuyo nombre es “Papel de Liar”, la vida de uno de los tipos que mejor personificó el “modus vivendi” expresado lacónicamente por Ian Dury: Sexo, Drogas y Rock and Roll. Se publica “Como Una Moto: La Vida Galopante de John Belushi” del autor norteamericano Bob Woodward. El título original del libro “Wired” es más expresivo en la lengua original en la que fue escrito; su traducción aproximada: “Excitado”, literalmente “enchufado” o “espídico”.

La traducción y la edición al español tiene un retraso de veinticinco años, respecto a la edición original en inglés, publicada en Estados Unidos en 1984. Solamente un ejemplo de la desoladora situación musical patria. Y esto continúa, amigos, a pesar de los ímprobos y solitarios esfuerzos de editoriales como Global Rhtythm Press.

John Belushi fue el paradigma de un estilo de vida muy extendido a finales de los sesenta y principios de los setenta. En su estupendo libro “Easy Riders & Raging Bulls” (editado por Anagrama) – sobre la debacle de lo directores del llamado Nuevo Hollywood, gente como Hal Ashby, Martin Scorsese, Coppola, Arthur Penn, Bob Rafelson o Dennis Hopper – Peter Biskind menciona la muerte de Belushi en 1982, como el símbolo de la decadencia irremediable de una generación, el punto de no retorno de unos artistas que tocaron fondo, algunos de manera completamente irremediable.

Belushi, descendiente directo de emigrantes albaneses en Estados Unidos fue un cómico brillante: un auténtico transformista, con un dominio absoluto de la escena y una especial sensibilidad para la música. Sus comienzos coincidieron con la década de los setenta: las drogas, el amor libre, la espiral de decadencia que malogró a tantos y tantos artistas de la década. Belushi, con su histrionismo galopante, fue el más tragón de todos ellos. A pesar de salir a escena completamente colocado, su apariencia era de auténtica relajación y soltura. Según el propio Belushi, el escenario era el único sitio en que sabía verdaderamente lo que estaba haciendo.

Su salto al estrellato (llegó incluso a trabajar con Spielberg en la malograda película “1941”), después de haber impresionado al personal con sus jocosas imitaciones musicales en la radio y en teatro, fue provocado por el programa de televisión “Saturday Night Live”, a partir de 1975: es en este programa donde vertebra su colaboración y su amistad con Dan Aykroyd y donde se gesta el origen de los Blues Brothers. Su primera aparición en el programa como Jake y Elwood fue en abril de 1978. En 1979, después de 87 programas y cuatro temporadas seguidas, John y Dan deciden respirar otros proyectos artísticos: la película “The Blues Brothers” sería su siguiente proyecto.

Un homenaje colosal a la música soul, una auténtica locura que procuró pingües beneficios y afianzó la fama (merecida) de Belushi como gamberro institucional.

El libro de Woodward, uno de los dos periodistas que destaparon el caso “Watergate” fue un auténtico bombazo en Estados Unidos, hace 25 años. Incluso se rodó y estrenó una película del mismo nombre, aprovechando las suculentas ganancias que el libro reportaba. La polémica fue el ingrediente principal de este libro que ahora podremos disfrutar en español: Woodward fue acusado por, entre otros Dan Aykroyd y la pareja de Belushi, en el momento de su muerte, Cathy Smith, de sensacionalista, de destapar suciedades íntimas y de centrarse demasiado en el carácter adictivo de Belushi.

El morbo vende, y mucho: el libro, además de presentar a Belushi como un depravado yonki, realiza una descripción sobrecogedora sobre el ambiente de Hollywood en los años setenta. En esto, coincide con Peter Biskind: las brillante generación de artistas, músicos y cineastas fundamentalmente, que explosionaron en los setenta, se inclinaban hacia la autodestrucción. Durante el rodaje de “Toro Salvaje”, Scorsese consumía cinco gramos de coca diarios. La coca fue la droga paradigmática de los años setenta, después de experimentar con el ácido, el peyote y, siempre, la marihuana.

Belushi fue un suicida convencido, un tipo que nunca se encontró a si mismo, solamente con un ánimo confortable transformándose en cualquier cosa que no fuera él mismo. La muerte de Belushi, por sobredosis de cocaína y heroína, a los 33 años, supuso un definitivo toque de atención para el mundo del espectáculo, para el estilo de vida al límite que Hollywood desarrollaba. Fue el cierre de una etapa, la señal definitiva que hacía falta para parar, justo al borde la muerte y de la paranoia.

Quizás, la fascinación de Belushi por la evasión a través de las drogas y por su veta cómica, que le propulsaba a sumergirse en una mareante variedad de personajes, se explique por una frase que él mismo decía, cuando le advertían de lo peligroso de su comportamiento: “Nunca puedes saberlo. No sabéis lo que es ser yo mismo”

Un país con un destino incierto: La dura realidad de Haití

ALFONSINA SILVESTRI
APMercosur



Con el objetivo de alcanzar el control de los recursos económicos del Caribe y el Pacifico, Estados Unidos ha intervenido política y militarmente la zona. Estrategia de la que Haití fue y es clave. El país del norte promovió y protegió regímenes, exportadores e importadores corruptos; además de desatar y orquestar conflictos sociales. Desde 2004 Haití tiene una presencia armada y amparada por la ONU, bajo el nombre de “Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití” (MINUSTAH), organizada por Washington.

La MINUSTAH cuenta con 9 mil soldados, de los cuales 7,265 soldados son de Brasil y el resto son efectivos de Chile, Uruguay, Argentina, Ecuador y de España, Canadá, Francia y Estados Unidos miembros de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte).

Bajo la idea de integrar “una fuerza de paz conjunta”, los países sudamericanos, avalan y ejecutan la intención estadounidense de lograr una fuerza multilateral de vigilancia en la región. Aunque, algunos analistas los ven como un contrapeso hacia las intenciones de Estados Unidos, que además fortalecería a la ONU.

Sin embargo, al pueblo haitiano le ha costado y le cuesta mucho su desarrollo nacional. Parece pagar la osadía de ser la primera nación -en 1804- donde los esclavos negros lograron abolir el sistema esclavista por acción propia revolucionaria y declarar su independencia.

Ironías de la vida, su historia ha sido signada por la falta cíclica de gobernabilidad, materializada en una de las dictaduras más sangrientas del Caribe y América Central -entre 1959 y 1979- cuyos asesinatos alcanzaron al tercio de la población.

Incluso, la inestabilidad se concretó por renuncias gubernamentales -como la del presidente Aristide en 2001-; acciones comandadas e ideadas desde Washington.

La salida desesperante

La ingobernabilidad está relacionada con la cruel realidad de ser uno de los más pobres en el mundo (aproximadamente el 90 por ciento vive en condiciones de pobreza). La ayuda humanitaria internacional no llega en forma gratuita, sino que es interceptada por una élite comercial que los distribuye en el mercado formal e informal.

A esto se suma la destrucción del medio ambiente por la deforestación y los desastres naturales, la violencia, la falta de empleo, la destrucción productiva y el narcotráfico. Aspectos que hacen del país un lugar de donde muchos quieran escapar.

Mientras el 80 por ciento de los profesionales se plantean abandonar el país ante la falta de oportunidades, muchos optan por las salidas ilegales.

Frente a este panorama, sumado a la desesperación de los haitianos, emergen en los países vecinos violentas políticas conservadoras mediante el refuerzo de los controles de seguridad, la firma de acuerdos y la aprobación de leyes xenofóbicas.

Los inmigrantes de Haití no son bien recibidos en el resto del mundo; en forma permanente son objeto de discriminaciones, vejaciones, maltratos, detenciones, torturas y asesinatos sólo por el hecho de provenir de la castigada isla del Caribe.

¿Buenos vecinos?

Uno de los lugares con mayor flujo de inmigrados haitianos clandestinos es su vecina República Dominicana.

A pesar de que no existen datos oficiales, se calcula que alrededor de un millón de haitianos vive en dicho Estado. Van para buscar la movilidad laboral y social que en su país no tienen.

En general, son la fuerza de trabajo de empleos privados no legales en la construcción, el comercio ambulante, el servicio doméstico, el transporte, el turismo y la agricultura.

Durante la dictadura dominicana de Leonidas Trujillo en 1937, miles fueron eliminados físicamente, en pos de una “limpieza étnica”. Según distintos análisis, esa visión y política todavía permanece en este país, aunque no con el mismo descaro.

Al respecto, un Informe de la Comisión Dominicana de los Derechos Humanos, publicado el 14 de enero de 2009, denunció cómo el anti-haitianismo se sigue manteniendo en la sociedad dominicana, donde incluso se plantea la desnacionalización de los hijos(as) de inmigrantes no documentados nacidos en República Dominicana.

Las expulsiones

El 4 de mayo pasado, autoridades de migración dominicanas repatriaron, en la ciudad de Santiago, a 43 haitianos indocumentados. Otro hecho de las mismas características ocurrió el 21 de marzo de este año, episodio en el que fueron 73 los repatriados.

En esa ocasión, habían amenazado con expulsarlos “pero sin violar los derechos humanos”; de manera “civilizada”, “les dijimos que no los queríamos en nuestras comunidades y los conminamos a marcharse”, aseguraron los funcionarios dominicanos.

La situación se complejiza con los discursos. Se afirma que los menores inmigrantes protagonizan actos de delincuencia, deambulan o molestan en la vía pública e incluso que son víctimas de abusos por parte de los traficantes de trata de personas. Tampoco faltan aquellos que se quejan de que absorben el trabajo nacional y quienes temen por una invasión haitiana.

A raíz de la propuesta de dar a los inmigrados cédulas de identidad y electoral, hubo declaraciones de creciente sentimiento nacionalista y proteccionista (con altos grados de xenofobia). Una de ellas fue la del ex director general de Migración Sabas Burgos quien afirmó que la República Dominicana "no tiene porqué confeccionar un padrón (electoral) para registrar a ciudadanos de otro país".

Muerte en la frontera

La zona fronteriza que une a las provincias dominicanas de Santiago Rodríguez y Dajabón, es escenario de la tensa y violenta relación. Allí tienen lugar las detenciones, las acusaciones de supuestos robos de ganado; por cierto, cuentan con la complicidad de dominicanos familiarizados con las redes clandestinas de personas que trasladan a los haitianos en pequeños autobuses con poca ventilación.

Más de una vez, los inmigrados arriesgan sus vidas, caen heridos o mueren en el camino a esa vida soñada.

Han sido de gran conocimiento público, la muerte de la haitiana Anide Joazard el pasado 26 de marzo y de Schilchid Pié, de 20 años, el 21 de enero. Ambos en manos de militares fronterizos dominicanos que argumentaron -para justificar el ajusticiamiento- que estas personas intentaban escapar.

Conveniencia y cinismo

Mientras la situación se agrava, el gobierno de la República Dominicana puso en marcha el programa “Más Allá del Horizonte” (antes llamado Nuevo Horizonte) junto al Comando Sur de Estados Unidos. Este consiste en ejercicios militares conjuntos, bajo el pretexto de ayuda social, control fronterizo, la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo.

Un antecedente relevante es la firma del presidente dominicano Joaquín Balaguer de un Memorando, mediante el cual se le concedió a Estados Unidos el uso de puertos, aeropuertos y territorio dominicanos para operaciones militares destinadas a Haití.

Los desafíos

A todo esto, el caso de Haití es alarmante por los niveles de pobreza, el daño ambiental y la influencia directa e indirecta de Estados Unidos. Necesariamente se tiene que solucionar sus problemas internos estructurales, entre los que la erradicación de la pobreza es esencial. También, es grave y contraproducente la tensión que vive con su vecino dominicano.

El pueblo haitiano tiene el desafío de consolidar una fuerte base nacional y regional, política y social, al igual que la recuperación de su historia e identidad de lucha.

De todos modos, aventurar hacia dónde se dirige el país es un gran interrogante.

El quinqui, ¿héroe o delincuente?


ERIKA GOYARROLA
Hoy es arte



Quinquis de los 80. Cine, prensa y calle es un exposición poco convencional que parte del cine de delincuencia que surgió en España entre 1978 y 1985. El Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) ha apostado por una exhibición atrevida partiendo de un fenómeno aparentemente marginal, el delincuente juvenil de los años ochenta que, sin embargo, termina convirtiéndose en un héroe callejero.

José Guirau, director de La Casa Encendida (sede que acogerá la exposición en 2010) ha señalado la importancia de las comisarias, Mery Cuesta y Amanda Cuesta, que han sabido tratar el tema con la distancia suficiente para abordar un asunto delicado en el que, en un principio, no es posible un atisbo de estética.

La muestra está formada por los montajes audiovisuales de estas películas que reflejaban la delincuencia juvenil y por otros materiales como documentales de la época, recortes de prensa, fotografías, cómics, vinilos, cassettes, pósters, planos urbanísticos…

El cine quinqui

El cine quinqui es un “género surgido desde la voz de la calle, sin reconocimiento académico” según ha explicado Mery Cuesta, y además, cuenta con unas señas de identidad propias. Es un cine de urgencia que refleja los problemas de la sociedad española a tiempo real y se basa en la prensa sensacionalista y de sucesos de la época. El último viaje, Perros callejeros, Los violadores del amanacer, Los últimos golpes de El Torete, El Pico o Yo, El Vaquilla son algunas de estas películas. Este tipo de cine tuvo un verdadero éxito que contribuyó a la mitificación del quinqui y, de alguna manera, provocó el aumento de delincuentes.

Nacimiento del quinqui

La exposición quiere mostrar cómo se creó el delincuente juvenil de aquellos años y sobre todo su transformación en mito. La situación económica y social de finales de los setenta y el aumento del paro afectaron con una fuerza particular a la juventud de aquellos momentos. Muchos jóvenes quedaron desocupados y sin ninguna perspectiva de mejorar su situación. Además, durante estos años las drogas entraron incontroladamente en el país y la heroína se convirtió en una alternativa a la grave situación social. Como consecuencia, la delincuencia aumentó desorbitadamente creando una gran alarma social. “Algunos jóvenes atrevidos, volcados a la delincuencia para poder pagarse la droga, se convirtieron en pequeños mitos sociales que simbolizaban la gravedad de una situación que amenazaba la cohesión social”, afirma el director del CCCB, Josep Ramoneda. El quinqui provocaba temor y admiración en la sociedad. Los jóvenes delincuentes surgieron por un problema social y económico y provocaron otro; muestran la realidad social de un época.

Otro de los temas de la muestra gira en torno al barrio, el hogar por excelencia del quinqui. Debido al déficit de vivienda barata durante los años sesenta se desarrollaron planes de urgencia social que desembocaron en un urbanismo de baja calidad, mal comunicado y carente de servicios básicos. La muestra ilustra esta situación a partir de planos, fotografías y vídeos de tres barrios españoles muy representativos: La Mina en Barcelona, Otxarkoaga en Bilbao y San Blas en Madrid. También dedica un espacio a los recreativos, formas de ocio de los adolescentes de esta época, que junto con la moda y los videojuegos contribuyeron a una nueva forma de consumo internacional que España no conocía.

La cárcel

Una de las salas recoge el testimonio fotográfico de los motines y las huelgas que se produjeron en las cárceles españolas para reivindicar la abolición de la legislación represiva y de las instituciones penitenciarias franquistas, la reforma del código penal, la depuración de los funcionarios fascistas o la construcción de cárceles más habitables. Además, en este espacio podemos ver las publicaciones que los propios presos elaboraron en prisión y una pequeña exposición de Roberto Francisco Cuesta que reúne 22 fotografías del interior de la cárcel de Carabanchel después de su desalojo en 1999.

La muestra culmina con la reproducción de un mural del pintor Teo Barba de la Parroquia de la Alhóndiga de Getafe (Madrid) en la que José Luis Manzano, protagonista de numerosas películas del cine quinqui, está representado como San Juan en la Última Cena. Una metáfora que resume el sentido general de la mitificación del quinqui que esta valiente exposición ha querido dar.

Estados carenciales de Yasunari Kabawata

Belaqva reedita 'Primera nieve del monte Fuji' del escritor japonés


ÁLVARO CORTINA
El Mundo



Como Mishima, Yasunari Kabawata (1899- 1972) se identifica con las sutilezas, con lo sensitivo, la levedad hecha literatura, la brillante precisión de un momento. Los nueve cuentos de 'Primera nieve en el monte Fuji', que Belaqva ha reeditado en versión de bolsillo, ofrecen una autoantología que el Nobel de 1968 reunió para (un suponer) ofrecer un resumen cabal de sus astucias de madurez.

Se trata de una visión del mundo perfectamente asociable a un momento y a una derrota. La posguerra nipona. Los fuegos americanos ya habían demacrado el jardincillo zen del Imperio de Hirohito. Tokio se asoma por las narraciones en la lejanía.

Es una visión traumática de ladrillos hechos guacamole y desorientación general. Los personajes de Kawabata guardan un trauma o una tristeza en su memoria de Tokio, y eso alimenta algunas perplejidades en la vista atrás. Muchos de estos relatos se recrean en un Japón de provincias, con cerezos en flor.

'En aquel país. En este país' se habla de una infidelidad y de un extraño requiebro anímico. El vecino tentador y el furtivismo en la domesticidad conyugal. Los giros inesperados (para el personaje y para el lector) conforman la corriente natural de la historia. El pasado y las carencias que siembra constituyen a los personajes de Kabawata. Hay mucha soledad.

El cuento titular del conjunto, 'Primera nieve en el monte Fuji' es, títulos aparte, el cuento más central. Tokio en llamas, dos amantes que se despiden, un hijo perdido y un reencuentro. Y las nieves del monte Fuji desde un tren. Y diálogos de un hombre y una mujer en un balneario, años después de la guerra, después de los muertos. Después de todo.

Lo dice el coro en la obra de teatro que también se incluye ('Las muchachas del bote'): "Lo que una vez florece debe marchitarse/ nos encontramos para despedirnos". 'Primera nieve...' es un cuento y una despedida. Por su parte, 'Las muchachas del bote' cuenta, acto a acto, peldaño a peldaño, la historia de una decadencia y de una pérdida. O sea, otra despedida.

Cuenta Jiro, protagonista de 'Primera nieve...', cuando habla de una estancia inspiradora en un templo budista: "El pecho se me estremecía cuando el maestro gritaba 'yo o ho' o cuando resonaba el tambor. Además de tener el corazón destrozado, estaba mal alimentado. Me sentía débil. Me parecía extraño escuchar el golpe de un tambor y el sonido de una flauta en medio de una guerra que estábamos perdiendo".

La guerra perdida

La guerra perdida es sin duda un eco recurrente. Uno de unos pocos. En 'Con naturalidad', otro relato de balneario, esta vez frente al mar y no frente a las nieves, un actor relata su vida al narrador. Para evitar la milicia habla de su tiempo de Tokio, travestido en una mujer, viviendo otra identidad. La identidad se plasma como una cosa disociada del pasado y del futuro. Un ente perdido que se rige por condicionamientos y absurdos. Parece ser que se hace raro vivir con la identidad pegada al cuerpo todo el día.

Por ejemplo, en el relato 'Un pueblo llamado Yumiura' esto se pone de manifiesto. Un escritor recibe a una mujer que le habla de un pasado que él no recuerda. Ella le habla de un idilio entre los dos (en Yumiura, no podía ser de otro modo). Como si fuese sacada de un cuento de Chéjov, o de Zweig, estuvo siempre recordando aquel incidente. Su vida giró en torno a eso. Sus hijos conocían aquello. Sin saberlo, Kozumi Shozuke (el escritor) había protagonizado una vida. Después mira en el mapa y no encuentra nada de Yumiura. Misterio.

El misterio y la soledad son un gran sustrato con el que levantar estampas absurdas. Como absurdo es Akifusa, el veterano novelista de 'Sin palabras': "Además de que no volverá a escribir novelas, no volverá siquiera a escribir una palabra suelta". Ni siquiera habla. Como aquella cantante de 'Persona', de Bergman, que deja volar la voz, sin previo aviso.

Se percibe en 'Primera nueve en el monte Fuji' una fijación por los estados carenciales. Esos personajes en leve zozobra y ese trazo tenue hicieron de Kawabata y de Mishima, maestro y émulo, ambos suicidas cumbres atormentadas (y un poco siniestras) del Japón convulso y equívoco del siglo XX. Kamikazes de una cultura exótica y cercana a un tiempo.