Entrevista a The Soundtrack Of Our Lives


MARC LÓPEZ
Rockzone




Entre el rock británico de finales de los sesenta y la psicodelia de los setenta, pero sin renunciar a reflejar en sus canciones lo que acontece en el mundo que les rodea, The Soundtrack Of Our Lives siempre han vivido en su propia galaxia. Es muy posible que ése haya sido el secreto para que mientras bandas de la invasión escandinava de finales de los 90 como the Hellacopters o Gluecifer se hayan quedado en el camino, ellos sigan adelante con la misa fortaleza de siempre. “Communion” su exuberante quinto álbum de estudio, viene a ratificar que estos tipos comen aparte. A lo largo de 24 piezas, Ebbot Lundberg (voz), Mattias Barjed (guitarra), Ian person (Guitarra)Ake Karl Kalle Gustafson (bajo), Martin Hederos (teclados) y Frederik Sandsten (natería) nos invitan a cruzar la puerta y a viajar a otra dimensión. Aunque la fiebre vivida con sus dos álbumes Behind the music (2001), que fue nominado a los Grammy en la categoría mejor disco alternativo, y Origin vol1 (2004), cuando el NME y Noell Gallagher se encapricharon con ellos y les reivindicaron como la mejor banda del mundo, se ha rebajado unos cuantos grados, no cabe duda de que cuando el sexto salga a la carretera, el mundo del rock será un poco más excitante.

Siempre habéis incluido mucha cantidad de música en vuestros discos, pero en éste todavía hay más. ¿Ha sido el periodo más creativo que habéis pasado nunca? ¿A qué lo atribuyes?

Creo que sí. Cuando estás relajado y no tienes ningún tipo de expectativa es cuando te vuelves más creativo. Las cosas viene a ti solas. Todos estábamos centrados en la música y nada más. En los últimos años habíamos girados tanto que estábamos exhaustos, y hacer este disco fue como una manera de relajarnos.

En un principio vuestra ida era grabar la segunda parte de Origin ¿Qué os hizo cambiar de idea?

La cuestión es que nunca nos planteamos que Origin tuviera dos partes, pero la posibilidad de que hagamos Origin 2 sigue estando ahí. Lo que pasó es que cuando hicimos ese disco estábamos muy desequilibrados y dividimos todo el material en dos secciones. Publicamos las doce primeras y el resto sigue estando ahí, esperando a que hagamos algo con ellas. Pero cuando decidimos grabar un nuevo disco, no nos apetecía rescatar esos temas y completar Origin, sino empezar algo desde cero. Creo que hicimos lo correcto. Supongo que Origin vol2 saldrá algún día, pero no queríamos forzarnos a hacer algo que no nos apetecía.

¿Cuánto tiempo os llevó escribir Communion? Tengo entendido que incluso hay más canciones que no entraron en el disco

Sí, grabamos 30 canciones, pero nos quedamos con 24 porque tenía más sentido. El día tiene 24 horas (risas). Para mí el disco es como una sola canción o como una película. La primera parte es más épica y la segunda, más agresiva y rockera, pero también tiene un toque espiritual. Es difícil de describir. No hubo un plan para hacerlo así, sólo sabíamos que empezaba con “Babel on”y terminaría con “The passover” pero todo lo que hay en medio fue como un árbol que creció de manera natural.

Siempre habéis tenido toques psicodélicos , pero en este disco son mucho más dominantes en detrimento de vuestro lado más duro. Después de la última gira, ¿estabas un poco harto de tanto ruido?

Sí, sí. Creo que ahora hemos vuelto a nuestros orígenes, siempre nos he visto más como una banda psicodélica que como una de hard rock. Pero a veces la energía te lleva a direcciones distintas. Nuestro objetivo es hacer honor al nombre del grupo y poder ir allá donde queramos. Si alguien me preguntara qué tipo de música hace el grupo, sin duda le daría este disco para explicárselo. Creo que es el más fiel a nuestro espíritu.

En el grupo tenéis varios equipos de composición, pues hay canciones escritas entre varios de vosotros. ¿Crees que cada uno tiene un estilo definido o todos sois capaces de ir en esas direcciones distintas?

Todos tenemos las mismas influencias, pero hay distintas fuerzas creativas. El 50% de las canciones parten de los riffs de los guitarristas y luego yo aporto mi parte, la letra, pero luego el grupo completo es el que le da forma y sonido.

¿Queríais reflejar lo que sucede en el mundo?

Sí, claro. Yo creo que TSOOL siempre intentamos reflejar el signo de los tiempos. En este disco todavía más, porque el propio diseño es muy contemporáneo. Es nuestra reflexión del mundo de un modo honesto.

Tanto la portada como las fotos interiores reflejan a personajes aparentemente felices pero de una manera artificial. Dan hasta miedo (risas)

Sí, son como robots (risas). Creo que así es como se nos educa para actuar en occidente, al menos. Todo es fachada o imagen. Es algo que empezó en los años 50 y que todavía sigue hoy en día. Así fue como nació el rock and roll: para rebelarse contra un bienestar sólo aparente. Ahora, con la crisis económica, es un buen momento para que vuelva el rock.

¿Crees que la gente busca algo más en el rock que sea más que puro entretenimiento?
Para alguna gene es así. Pero también hay gente que se siente atrapada y frustrada. Personaje como Elvis o Lou Reed te ayudan a sacar esa frustración fuera. Es como una reacción. Creo que, aunque básicamente es un entretenimiento, el rock puede inspirar a la gente. Es algo más básico que activa algo dentro de ti.

En el disco incluís una versión de Nick Drake. ¿Qué aportaba que fuera distinto a vuestras propias canciones?

Fue una de las primeras canciones que grabamos, simplemente para irnos poniendo en situación en el estudio. A todos nos gusta mucho el tema, y al grabarla vimos que de un modo extraño encajaba con el resto de material. Hace pocos días, nos llamó la hermana de Nick Drake y nos dijo que le gustaba mucho. Es todo un honor.

Vais a tener mucho material nuevo para la próxima gira. ¿Cuántas canciones nuevas os planteáis tocar? ¿Quién decide el set list?

Normalmente soy yo, en función de cómo esté de voz. Me gustaría poder tocas todas a lo largo de la gira. Estoy un poco cansado de las canciones antiguas. Creo que el nuevo disco va a tener mucha presencia, pero al final todo depende de lo que pida el público. Normalmente, los 15 últimos minutos del show son totalmente imprevisibles. Dejamos a la gente que nos diga qué quiere escuchar y si nos acordamos, las tocamos (risas).

Para los músicos la única oportunidad de ver la reacción de la gente a vuestras canciones es en directo. ¿Cómo te imaginas la reacción de esa gente cuando escuche el disco en su casa?

Es un misterio. Creo que es una experiencia totalmente distinta, por eso nos involucramos mucho en el proceso de la producción. El álbum tiene muchos detalles. Queremos que a través de los sonidos la gente sueñe, deje correr su imaginación. Supongo que la gente no pega botes en su casa a diferencia de en los conciertos (risas)

Habéis tocado con U2, los Stones, Oasis... ¿Cuál es la mayor lección que has aprendido de ellos?

Para mí los Stones son más como un circo, creo que ya no se preocupan demasiado por la música o en hacer buenos discos. Quizá la mayor lección es que debes intentar mantener el mismo grupo el máximo tiempo posible. No siempre es factible, pero creo que, a la que se empieza a cambiar a miembros, algo se pierde. Una de las cosas que nos motiva a seguir juntos es pensar “cómo molaría que los Stooges hubieran grabado tres disco más” Es algo que tenemos siempre presente. Nos podríamos haber separado hace cinco años, pero entonces un disco como Communion no existiría. Hubiese sido una pena.

¿Ha habido algún momento en que el grupo no te motivara del todo?

Yo siempre me he preocupado por el grupo. Para mí es una idea, una idea muy grande dentro de mi cabeza. Lo que pasa es que te llegas a cansar de los otros miembros, es como un matrimonio. Hay veces que no quieres estar juntos, pero tienes que hacerlo, la vida es así.

Tres novelas transgresoras reinventan el género fantástico

RICARDO RUIZ GARZÓN
El periódico de Catalunya




Sangre, sudor... y magia: las 2.150 páginas que suman las tres fecundas, adictivas y rompedoras novelas que protagonizan este artículo proporcionarán tanto placer a tantos lectores que cualquier prescriptor sin prejuicios debería preocuparse ante todo de recomendarlas. Frente a otras fórmulas hoy más convencionales en el género fantástico, Nocturna de Guillermo del Toro y Chuck Hogan (Suma de Letras en catalán y castellano), Los juegos del hambre de Suzanne Collins (Molino / Estrella Polar) y El nombre del viento de Patrick Rothfuss (Plaza & Janés), denuncian la realidad actual, apuestan por temas trascendentes y reinterpretan sin miedo sus propias tradiciones. Tentadoras incluso para quienes tiemblan al oír hablar de vampiros, mutantes o arcanos, las tres esperan pasar pronto, gracias a sus espectraculares secretos en común, de prometedoras novedades a éxitos pavorosos.

DENUNCIA DE GÉNERO

Aunque canónicas en ambientación, personajes y estructura (las tres abren trilogía), las obras de Del Toro/Hogan, Collins y Rothfuss son tan impuras y fronterizas que esconden un inusual espíritu crítico. Gracias a su mezcla de vampiros, historia del holocausto y documentación cientifista, Nocturna clava sus colmillos en la vulnerabilidad de Occidente ante virus, pandemias y ataques terroristas, hasta el punto de inocular dudas razonables sobre la manipulación del miedo tras el 11–S. De apariencia juvenil, más distópica que postapocalíptica, Los juegos del hambre muerde con rabia en la degeneración de la violencia como espectáculo, las esencias predadoras del capitalismo y la sofisticación de los abusos del poder. Más clásica por su condición de aventura épico-iniciática, El nombre del viento atina por último al apuntar a la perversión del lenguaje y la institucionalización del poder, la educación y el conocimiento como peligros al alza. En época de crisis, en fin, hasta la evasión se tiñe de denuncia.

ROMANCES DE ULTRATUMBA

Que la muerte y el amor sean temas clave en estas fantasías sorprende menos que el ambicioso desarrollo que reciben. Lo prueba Collins, que convierte el cruel combate por la supervivencia de Los juegos del hambre en una metáfora sobre el egoísmo inherente al ser humano y además trenza en torno a Katniss y Peeta una irónica historia de amor esponsorizado que adorarán los alérgicos al sentimentalismo. Lo demuestra asimismo Rothfuss, pese al carácter aparentemente puro del idilio Kvothe-Denna, ya que vincula con acierto moral y superstición en un relato que revisa los conceptos de venganza y pacto diabólico a partir de los fúnebres Chandrian. A los no-muertos de Del Toro/Hogan, mitad zombis mitad vampiros, les toca en fin el papel de certificar que el mal es mucho más que la erradicación del bien, y que la muerte podría ser algo muy distinto al fin de la vida. El malogrado romance entre Eph y su exmujer Kelly remata tan singulares aproximaciones resucitando incluso el amor ultraterreno.

MÍTICAS RELECTURAS

Acaso el mayor acierto de estas tres novelas fantásticas, en todo caso, sea el de reinterpretar con lucidez tres mitos tan populares como el del aprendiz de brujo, el de los no-muertos y el de los tributos de la antigua Atenas al laberinto del Minotauro. Para el primero, Rothfuss hace de Kvothe, su complejo aspirante a arcanista, una suerte de guerrero en proceso de aprendizaje a caballo entre un joven Gandalf y un Harry Potter con aires de bohemio. Para el segundo, Del Toro y Hogan bañan la tradición que va de Drácula y los engendros transilvanos a películas como La noche de los muertes vivientes, dirigida por George A. Romero, confiriendo a sus strigoi descripciones tan histórica y biológicamente minuciosas que podrían marcar un hito. Para Los juegos del hambre, en fin, Collins apunta alto: su revisión de las víctimas sacrificadas públicamente en aras de la estabilidad política y económica cobra tal vigencia que solo una cámara instalada en los estadios romanos podría comparársele. Por suerte, se trata tan solo de novelas de fantasía... Nada que ver con la realidad, nada que ver con el presente. Literatura.