"Sunrise in the land of milk and honey", Cracker (2009)


KEPA ARBIZU
Lumpen




En la mítica, y casi mística, decisión de tomar partido entre los Beatles o los Rolling Stones siempre ha habido una tercera vía que era quedarse con los irreverentes Kinks. Camper Van Beethoven, grupo formado en los ochenta, decidieron que si a alguno de ellos querían parecerse , era a los hermanos Davies.

Para ello no eligieron un camino lógico ni mucho menos en línea recta. Su estilo era un “totum revolutum” donde entraba el folk, el ska, el rock y una actitud punk a la que además, por si fuera poco, había que sumarle un tono ácido que hacían del experimento algo tremendamente divertido y llamativo. Por esa época el líder de dicho grupo era un tal David Lowery, cantante y representante de la parte más mordaz del conjunto.

Tras aparcar este proyecto, con contadas reapariciones posteriores, formaría Cracker con la ayuda de Johnny Hickman, únicos dos miembros que se mantienen en la actualidad. Desde los 90, momento en que se fragua dicho proyecto, forman una pareja totalmente compensada y de demostrada solvencia.

En su álbum debut, publicado en el 92 y de igual nombre, ya pusieron los primeros cimientos del sonido original que a día de hoy siguen realizando. Se trata de un rock directo, energético que en sus momentos más álgidos llega a emparentarse con el punk, característica que les hizo formar parte del rock alternativo de esa época, pero con un poso de rock tradicional, rock con raíces, que se presenta como elemento clave para sobresalir de la mayoría.

La eclosión en esos años de una escena eminentemente rockera hizo que sus temas más contundentes tuvieran repercusión y cierto éxito, incluso llegaron a coquetear con la radiofórmula y la MTV con “Low”, que aparecía en su segundo trabajo, el soberbio e imprescindible “Keresone hat”, un tratado perfecto de lo que trata de lograr este grupo que no es otra cosa que poner patas arriba el rock tradicional a base de fuerza y energía.

Paulatinamente en sus siguientes grabaciones han ido dándole más presencia al country, llegando incluso a hacer un disco de versiones de dicho género, “Countrysides”. “Greenland”, su anterior trabajo, mantenía esa esencia y añadían al típico cinismo que habitaba en sus letras un poso más profundo.

Tras tres años sin grabar nada, editan “Sunrise in the land of milk and honey”, producido por David Barbe ( detrás de varios trabajos de Drive by truckers) y con la colaboración estelar, introduciendo algunas voces, de gente como Patterson Hood o John Doe. La diferencia esencial con el anterior es que ahora retoman las fuertes guitarras y no dudan de nuevo acercarse a su lado más salvaje, que parecía estar algo olvidado últimamente para el grupo.

No hay mejor ejemplo para explicar lo dicho que escuchar seguidos “Yalla, yalla, let’s go”, “Show me how this thing works” o “We all shine a light” entre otros, temas con un ritmo acelerado que heredan toda la energía del punk angelino de cualquier época desde X (significativa la colaboración en “We all shine a light” del que fuera su cantante, John Doe), o Black Flag, a los modernos Bad Religión.

Pero ya hemos dicho que Cracker no es sólo contundencia y rapidez, sino que son capaces de cambiar el chip y sacar su lado más tradicional, como en “Turn on, tune in, drop out with me” y “Hey Bret (you know what time it is)”, cercanas al estilo de Tom Petty. Más lentas son “Darling one” y sobre todo “Friends”, ésta dentro de un estilo descaradamente country. El disco se cierra con la brillante “Sunrise in the land of milk and honey”, que es un compendio perfecto de todo lo que significa este grupo, guitarras y fuerza pero todo con un regusto a rock clásico. Y viendo el resultado final, lo saben hacer a las mil maravillas.

Bruce Springsteen, 25 años de su 'Born in the USA'

A su denuncia le dio la vuelta Ronald Reagan, que usó la canción como himno de su campaña electoral



ESTEBAN LINÉS
La Vanguardia




El tiempo se esfuma, como diría Neil Young, ahora tan de actualidad escénica, pero no deja de llamar la atención que estos días se cumpla ya un cuarto de siglo desde que apareciera uno de los álbumes más impactantes del mercado estadounidense de estos veinticinco años.

Bruce Springsteen, el Boss, ya se había hecho un nombre, el favor de la crítica y un buen colchón económico antes de que sacara a la luz Born in the USA. Hasta entonces había acumulado una tríada de discos que, para no pocos, constituyen lo más elaborado musicalmente de su prolongada carrera profesional, es decir, Born to run, The River y la sorprendentemente intimista Nebraska.

'Born in the Usa' nació rodeada de la polémica. El indudable mensaje político, en este caso la recuperación del orgullo por sentirse estadounidense -un tema, por otra parte, recurrente en sus textos hasta el día de hoy- fue hábilmente aprovechado por la Administración Reagan, que la transformó mediáticamente en un alegato patriótico a favor de su política federal.

La canción que daba título al álbum (de incuestionable tono crítico ante la situación política reinante) se propagó y se difundió ad nauseam como un "parahimno" nacional y como una tonada hiperutilizada en la campaña de reelección reaganiana (que alcanzó con holgura), símbolo de las excelencias de una forma de gobernar nítidamente conservadora y alejada de las preocupaciones sociales que siempre han caracterizado el ideario del cantautor de Nueva Jersey.

Un cuarto de siglo antes de que Estados Unidos esté recuperando un indudable tono patriótico bastante masivo gracias a la presidencia de Barak Obama, el Boss publicaba su séptimo disco de estudio, que se convertiría en el mayor bombazo comercial de su carrera discográfica, con más de quince millones de ejemplares vendidos sólo en Estados Unidos.

El indudable acierto económico se vio, con todo, acompañado de uno de los mayores sinsabores para el siempre concienzado bardo: lo que pretendía ser una reivindicación y defensa de las clases más desfavorecidas de la nación y, a la vez, una crítica nítida a la intervención de Estados Unidos en Vietnam, se convirtió en una de las armas más visibles utilizadas por Ronald Reagan para conseguir una segunda legislatura.

Springsteen publicó 'Born in the USA' el 4 de junio de 1984 y logró el número uno en la lista de la revista Billboard a lo largo de un mes.

La portada del disco acrecentaba ese tono patriótico que Springsteen quería dar a su mensaje del momento: se veía, sobre un fondo barras y estrellas, al cantante y guitarrista de espaldas, con una gorra de béisbol saliendo del bolsillo trasero de su pantalón texano. Mientras unos incluso interpretaron esa imagen como que estaba orinando sobre la bandera, otros quisieron ver lo contrario. Springsteen , indignado por el mensaje desvirtuado de su disco, se negó a ceder para la publicidad de Chrysler la canción por la desorbitada oferta de 12 millones de dólares.

Hoy la canción es un clásico indiscutible de su amplio repertorio , al igual que el disco, De éste también se extrajeron uno de los mayores éxitos del cantante, como es Dancing in the dark,cuyo vídeo fue dirigido en el año 1984 por Brian de Palma. Ahora, algunos de los temas contenidos en aquel álbum forman parte del Greatest hits (Sony-Bmg) que se edita en España y que resume una carrera con dieciséis álbumes y premiada con 19 premios Grammy.