Entrevista a Chris Isaak. No sólo un tipo guapo

El dandy de Stockton regresa con Mr. Lucky, un álbum grabado aprovechando el tiempo libre que le deja su show televisivo y sus compromisos como actor aficionado. Conversamos con este músico para el que parece no pasar el tiempo


EDUARDO GUILLOT
Efe eme




Todo el mundo le recuerda por “Wicked game”, una balada adhesiva incluida en su segundo LP (Heart shaped world, 1989), que le catapultó a la fama gracias a un videoclip dirigido por David Lynch (que también incluyó el tema en el filme Corazón salvaje) y coprotagonizado por la modelo Helena Christensen, pero ha llovido mucho desde entonces, y no puede decirse que Chris Isaak haya estado perdiendo el tiempo. Además de sus habituales escarceos cinematográficos, el cantante compagina actualmente su actividad musical con un show televisivo. Y acaba de publicar nuevo álbum: Mr. Lucky.


La promoción dice que Mr. Lucky es tu primer LP en siete años, tras Always got tonight (2002), pero en 2004 publicaste Christmas. ¿No lo consideras un disco oficial?

Al contrario. Christmas tenía cinco canciones nuevas. Es medio disco, si quieres, pero no sé a qué lumbrera de la compañía se le ocurrió decir que llevaba siete años sin disco. Si me entero, le asfixiaré hasta matarlo. Para el álbum navideño me metí en el estudio y trabajé como siempre. Escribí y coproduje cinco canciones nuevas. Cuando volví a hablar con el sello para publicar un nuevo LP, me dijeron que necesitaba un grandes éxitos (Best of Chris Isaak, 2006), así que compuse otras dos canciones nuevas para ese recopilatorio. Entonces me pidieron un directo (Live in Australia, 2008), y también incluí material nuevo en él, y ahora se dedican a decir que llevo siete años sin grabar, como si me los hubiera pasado tumbado en la playa. Nunca he parado de trabajar. No he sido adicto a las drogas, ni me he casado con una supermodelo.

En el disco han participado cuatro productores. ¿Eran necesarios tantos?

Se trataba de encontrar el adecuado para cada canción concreta. En algunos casos, admito que me guardo temas en los que tengo claro que ningún otro productor lo va a hacer mejor, así que lo intento por mi cuenta, y me alegra mucho cuando a la gente le gustan los que he producido yo mismo.

El título es muy optimista. ¿Se corresponde con tu estado de ánimo actual?

Mucha gente se levanta por la mañana para ir a un trabajo que detesta durante varias horas. Yo disfruto con lo que hago cada día, y en ese sentido, creo que tengo suerte. Por otro lado, miro a mi alrededor y veo que mi familia tiene salud, mis padres aún están vivos y nos vemos con frecuencia… Mucha gente tiene problemas. Un amigo me dijo hace unos días que tiene una afección que le está dejando ciego y no se puede hacer nada para evitarlo. Puedo considerarme afortunado con mi vida.

Me ha sorprendido el diseño de la portada, porque los dibujos son tuyos, ¿no?

Sí, dibujo y hago caricaturas, siempre llevo una libreta encima. Cuando estoy en la carretera, viajando, sé que la gente piensa que cada noche duermo en una habitación de hotel con una mujer diferente [risas], pero algunas veces, incluso yo necesito un descanso, así que dibujo. Todas las caricaturas del disco son mías.

El disco incluye duetos con Trisha Yearwood (esposa de Garth Brooks) y Michelle Branch. ¿No son dos cantantes muy “mainstream”?

Lo normal es llamar a los amigos. Conozco a Trisha y a Michelle porque han participado en mi show televisivo. Las dos cantan estupendamente. Trisha era adecuada para “Breaking apart” porque es un tema country, y Michelle tiene una voz sexy, y pensé que haría un buen trabajo en “I lose my heart”. Es realmente estimulante grabar con gente que conoces. El tiempo en el estudio suele transcurrir entre el tipo de la mesa de mezclas y tú, así que no es el sitio más divertido donde estar. Tener allí una mujer siempre contribuye a la diversión.

En el estudio y en cualquier otro sitio, si me permites el comentario.

Si no hubiera mujeres en el mundo, no creo que nunca hubiera publicado un disco. ¿Para qué grabar un disco para hombres? ¿A quién le importan? [Risas.]

“Breaking apart” está coescrita por Diane Warren, que ha compuesto para artistas como Michael Bolton, Mariah Carey, ‘N Sync o Celine Dion. ¿Por qué no la cantó ella misma?

Diane es una estupenda compositora, pero no ha desarrollado una carrera como intérprete. Es la mujer más loca, divertida y brillante que existe. Si hablas diez minutos con ella te das cuenta de inmediato de que nunca conoceras a alguien igual. A veces puede ser muy malhablada, pero siempre es muy divertida.

En “You don’t cry like I do” estás más cerca que nunca de Roy Orbison. ¿Concebiste la canción como un homenaje?

Sí. Tiene ese tono operístico. Si la gente la relaciona con Roy Orbison me siento halagado, porque siempre ha sido alguien a quien he querido parecerme. Pude trabajar con él y fuimos amigos, y siempre he pensado que murió demasiado joven. Era un hombre dulce y agradable. Le echo mucho de menos. Lo pasamos muy bien juntos.

ESTRELLA DE CINE Y TELEVISIÓN

Háblame de The Chris Isaak Hour, tu programa televisivo. ¿Cómo surgió la idea de ponerlo en marcha?

Mi manager y yo hablamos un día de lo bien que lo habíamos pasado haciendo The Chris Isaak Show, entre 2001 y 2004. Era una “sitcom” ficticia sobre mi vida cotidiana como estrella del rock. Pensamos en que estaría bien hacer algo más en televisión, pero yo no quería actuar, sino conversar con otros músicos y tocar con ellos. La idea tomó forma y empezamos a principios de este año. Es un programa sencillo y resulta muy divertido, aunque no deje de ser trabajo. Lo mejor es que me permite tocar con gente a la que realmente admiro, como Cat Stevens, Chicago, The Smashing Pumpkins, Trisha Yearwood, Michael Bublé… Acabo de hacer uno con Jewel. Siempre aprendes algo de estas experiencias.

¿Escoges tú mismo a los invitados?

Tengo bastante influencia a la hora de hacerlo. A la cadena le encantaría llevar a Bruce Springsteen, y a mí también, pero debemos mantener el equilibrio entre artistas jóvenes y adultos, así como entre rock, country, etc.

Has llevado a Michael Bublé, a quien se ha comparado contigo en alguna ocasión. ¿Te reconoces en él?

Es halagador, porque tiene una gran voz. Cuando escuché sus discos me parecieron interesantes, pero cuando le vi en directo me di cuenta de que es un cantante poderoso y un gran “entertainer”. Eso le va a permitir tener una carrera larga.

También sigues coqueteando con el cine. ¿Cómo ha sido la experiencia de rodar The informers, con Gregor Jordan?

Está basada en el libro de Bret Easton Ellis [en España, Los confidentes]. Ya la hemos terminado, y estoy a punto de empezar otra. Pero lo primero es dejar grabado el programa para irme de gira. Todavía no he visto The informers, voy a tener que comprar entradas para ver mi propia película [risas]. Hago un papel de malo. Soy un tipo alcóholico, mujeriego y cutre. Veremos qué tal ha quedado.

Aunque has trabajado con Jonathan Demme o Bernardo Bertolucci, no es tu primer papel peculiar. En 2004 hiciste Los sexoadictos, a las órdenes de John Waters. ¿Rodar con él es diferente a todo lo demás?

Lo es, desde luego. La primera vez que nos vimos, le dije: “He visto todas tus películas antes de rodar contigo, y eres un director terrible. Lo haces todo mal. Pero son inmensamente divertidas”. Me encanta porque es único, trabaja a su manera, y ha creado su propio mundo en Baltimore, donde no rueda nadie más. Normalmente trabaja con la misma gente desde hace muchos años, un poco como yo con mi banda. Me encanta lo que hace. Es un tipo brillante y raro.

Bueno, en Baltimore también se rodó la serie The Wire, que es completamente opuesta a Waters.

Es verdad. Es una ciudad dura. He tocado en varias ocasiones allí y hay mucha presencia policial. Una vez salí de un restaurante y había un cuerpo cubierto con una sábana en la acera. Un agente me miró y me dijo: “Bienvenido a Baltimore”.

En los noventa participaste en bastantes películas. ¿Te llegaste a plantear hacer carrera en el cine?

Trabajo a menudo en películas, pero nunca he pensado en ello como una carrera. Mi profesión es escribir canciones, y eso ha sido siempre lo principal. Llevo veinticinco años haciéndolo. El cine es algo que me ayuda a promocionar la música, pero nunca ha sido una prioridad, lo hago por divertirme.

¿Vas a venir a España para presentar el disco en directo?

De momento, los planes son hacer una gira por Estados Unidos y Australia, pero con el programa de televisión y la película, no sé si tocaremos en Europa. Me encantaría ir a España, desde luego. Probablemente, es mi país favorito del continente. La gente me recuerda a la de California, es muy amistosa. La única diferencia es que vuestra comida es diez veces mejor que la nuestra.



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Europa y la política antiterrorista

GERARDO PISARELLO Y JAUME ASENS
Público




Uno de los temas marginados en la reciente campaña europea ha sido, sin duda, el de la política antiterrorista y sus efectos en el ejercicio de las libertades civiles y políticas. Desde el 11-S, en efecto, se ha asistido a una vertiginosa expansión de medidas que, con la excusa del combate al terrorismo, han justificado la ampliación de las detenciones preventivas, la creación de tribunales especiales, la celebración de procesos sumarísimos, la producción arbitraria de pruebas o el establecimiento de penas desproporcionadas. Estas medidas, de todo punto reñidas con el principio del Estado de derecho, alcanzaron su paroxismo durante la Administración Bush. La Unión Europea, sin embargo, no ha escapado al contagio. Es más, sigue anclada en algunas premisas que hoy se cuestionan incluso al otro lado del Atlántico.

Tras el 11-S, muchos países que se presentan en el imaginario social como cuna de libertades –Francia o el Reino Unido– adoptaron legislaciones restrictivas que nada tenían que envidiar a las impulsadas por Bush. En 2002, la propia UE aprobó una Decisión Marco que redefinía la categoría de terrorismo, vinculándola a la vaporosa finalidad de “destruir o afectar seriamente las estructuras políticas, económicas o sociales” de un país. Y aunque ya consideraba punibles “la incitación, la ayuda, la complicidad y las tentativas para cometer un acto terrorista”, fue ampliada en 2007 para incluir como nuevos delitos “la incitación pública, el reclutamiento y la formación con fines terroristas”.

Esta agenda europea ha incidido de manera clara en las líneas de actuación de los estados miembros, con el evidente riesgo de su utilización abusiva contra la disidencia política. En el caso español, por ejemplo, la Ley de Partidos de 2002 se presentó como una norma general y abstracta. Muy pronto, no obstante, se reveló como un recurso dirigido a silenciar, según las conveniencias del momento, cualquier opción electoral vinculada a los sectores de la izquierda abertzale no dispuestos a distanciarse de la estrategia de ETA en los términos predispuestos por los partidos mayoritarios. A resultas de ello, se emprendieron diferentes procesos de ilegalización, todos basados en la aportación de pruebas poco fundadas y con garantías procesales restringidas. Y aunque existía una asentada jurisprudencia según la cual en un sistema democrático “todas las ideas tienen perfecto acomodo”, el núcleo de argumentos favorables a la ilegalización giró en torno a una cuestión de opinión o de omisión de juicio: la ausencia de condena de los atentados de ETA.

Con los atentados del 11-M, las actuaciones de “excepción” y los ataques a la presunción de inocencia se multiplicaron. Basta pensar en el macro-proceso 18/98, celebrado en la Audiencia Nacional, en el que se pretendió presentar la defensa de la “desobediencia civil” como un acto de coincidencia objetiva con el terrorismo. O en los procesos que condujeron al banquillo a personas tan ajenas a él como el expresidente de la Cámara vasca o los lehendakaris Juan José Ibarretxe y Patxi López.

En los últimos meses, es verdad, se han producido hechos que comportan un freno en esta pendiente antigarantista. La sentencia del Tribunal Constitucional contraria a la ilegalización de Iniciativa Internacionalista, por ejemplo, ha dejado claro que cualquier cosa no es terrorismo, que la abstención de condena, por reprochable que pueda parecer, no basta para ilegalizar un partido, y que las pruebas cuentan, sobre todo cuando están en juego la libertad ideológica y el pluralismo político. También el Tribunal Supremo ha revisado la para algunos inobjetable sentencia del proceso 18/98, con consecuencias de peso: se han producido rebajas de condenas, se ha anulado la ilegalización de Egin y otras empresas e incluso se ha absuelto a personas que, pese a una conocida trayectoria pacifista, habían sido condenadas por “colaboración” con el terrorismo.

El peligro, ahora, es que estas actuaciones pretendan convertirse en nuevo “sentido común” y que las tesis de la “contaminación” terrorista y del “entramado” de ETA, debidamente matizadas, aparezcan como un horizonte incuestionable e irrebasable. Tesis como estas, amparadas por informes policiales de dudosa solvencia técnica, propugnan una visión tan expansiva del terrorismo que han merecido la reciente reprobación del Relator de Naciones Unidas sobre la materia, Martin Scheinin.

Nada sugiere, sin embargo, que la filosofía de fondo de la actual política antiterrorista vaya a revisarse, ni en el ámbito interno ni en la propia UE. Así, no han faltado voces que atribuyen la decisión del Constitucional al temor de una reconvención por parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Pero ni la jurisprudencia de Estrasburgo es inequívoca, ni se trata de un órgano que forme parte de la UE. Por eso la ley de partidos, a pesar del rígido corsé que impone al principio democratico, seguirá vigente, sin que los órganos institucionales se inquieten demasiado por ello. No en vano, la sentencia del Supremo sobre el proceso 18/98, pese a corregir a la Audiencia Nacional, ha mantenido como parámetro interpretativo la poco garantista Decisión europea de 2002.

Así, aunque la política antiterrorista no ha estado en el centro de la reciente campaña, su impacto en el ejercicio de libertades básicas seguirá siendo decisivo. Lo preocupante es que, mientras Washington parece dispuesto a pasar página a la era Bush, la vieja Europa y sus gobiernos continúan inmersos en la misma obsesion securitaria. Ocurre, así, lo que en muchos otros ámbitos: Europa, que podría ser la solución, resulta hoy por hoy parte del problema.

Roy Loney: esto es rock n' roll, nena


ALEJANDRO ARTECHE
Soitu




Ha pasado ya de los sesenta años, pero escuchando su nuevo disco 'Got me a hot one!' nadie lo diría. Roy Loney es una leyenda viva de la música. Miembro de los Flamin’ Groovies, Roy Loney volverá por enésima vez a España en unos días para presentar el disco que acaba de grabar con los donostiarras Señor No.

La historia de esta extraña unión se remonta a hace tres años cuando coincidieron Roy Loney con su grupo y Xabi, miembro de Señor No, que trabajaba como road manager del grupo en su periplo español. Una gira accidentada y Xabi subiéndose al escenario en ocasiones para acompañar con la armónica hizo que hubiera química entre los dos, tanto que para las siguientes actuaciones de Loney en la península, fue el grupo de Xabi, Señor No, el que acompañó como banda de apoyo las actuaciones del que fuera guitarra de los Flamin’ Grooves.

'Got me a hot one!', el disco de Roy Loney + Señor No que se pone a la venta esta semana, es el segundo trabajo conjunto del Californiano con los donostiarras. Tras el extended play de cuatro temas grabado hace un par de años llega ahora esta magnífica colección de 12 canciones donde se incluye, entre otras, una versión de Ray Davies.

Tras una increíble y preciosa portada (los chicos de Bloody Hotsak tienen un gusto exquisito siempre a la hora de trabajar el diseño gráfico de sus discos o conciertos) se esconden auténticos trallazos de rock n’ roll. El disco se abre con el tema que le da título y a partir del segundo tres ya es imposible dejar de bailar. 'Got me a hot one!' es un rockabilly acelerado y demencial –casi llegando al psychobilly- que bien podría pertenecer a la primera etapa de los Cramps, con una incendiaria guitarra que suena como una locomotora dispuesta a arrasarte y no dejarte un hueso sano.

Sin dejarte descansar se van sucediendo las canciones como disparos. Guitarras poderosas en 'Gettin’ gone' que junto a 'Cara-lin' tienen unas percusiones y un macarrerío que recuerda a los mejores momentos de Suzi Quatro, Sweet o los New York Dolls más quinquis. La fronteriza 'Diablo' o la power popera 'Don’t you think my Herat had had enough' son otra buena muestra que Roy Loney y Señor No han hecho un disco donde no hay sitio para los retales ni el relleno. La sabiduría de tantos años en la música de Loney con la afición de los donostiarras a bandas como Ramones, Saints, MC5 o los Damned, crean una mezcla perfecta que te transporta a los primeros 80, cuando aún sin edad para beber en los bares de la parte vieja de la ciudad, te dejabas caer por allí a tomar cervezas mientras en los platos de vinilo de aquellas tascas sonaban sin descanso viejos discos de rock n roll y punk. Seguro que Señor No y todos los que hemos pasado gran parte de nuestra adolescencia ochentera haciendo pira de clase por los cascos viejos de las ciudades del norte entienden lo que digo.

Es cierto que a muchos les puede parecer que esto es "otro disco maravilloso, otro descubrimiento alucinante y que dentro de cuatro días será sustituido por otra nueva maravilla aún sin descubrir". Bueno, es posible. Me disculpo por, todavía, emocionarme cuando descubro un grupo o un disco nuevo que suena de muerte y que me hacen recuperar la esperanza por la buena música y encima quiero compartirlo con los demás. Prometo azotarme como penitencia con mi cinturón de pinchos de tres filas, pero otro día que este fin de semana he quedado y me viene mal. Mientras tanto, tú hazme caso y no te pierdas la gira que comienzan Roy Loney y Señor No para presentar 'Got me a hot one!'. Primero porque estoy seguro de que vas a flipar como un enano (llévate calzado cómodo para bailar y esas cosas que recomiendan las madres gritando desde la cocina cuando sales de casa) y segundo porque luego allí mismo puedes comprar el disco si te da pereza ir a una tienda. ¡¡¡Y tienen tan buen precio!!!

Roy Loney y Señor No comienzan gira el próximo miércoles 17 en compañía de otros históricos de la música, Chesterfield Kings, en Barcelona y al día siguiente, jueves 18, los podrás ver en Madrid. Además, el viernes 19 están en Carballo (Coruña) dentro del Festival Rockin Praza junto a Killer Cats y Samesugas. La gira española la cierran el sábado 20 en el Festival Andoaingo Jaialdia de la localidad guipuzcoana de Andoain, donde tocarán junto a Phantom Surfers, Los Creyentes, Downliners Sect e Ivan Julian & Cápsula.

Qué tienen que ver tus Nike con la destrucción de la Amazonia

Greenpeace acusa a marcas como Nike de colaborar con la destrucción de la selva. Los ecologistas responsabilizan a la ganadería de la deforestación de la Amazonia. Brasil ha aprobado una ley que legaliza la ocupación de 67 millones de hectáreas

CLEMENTE ÁLVAREZ
Soitu




En la aldea indígena Apyterewa, en la selva de la Amazonia brasileña, a once horas en barca de la ciudad más cercana por el río Xingu, no falta un campo de fútbol verde con sus dos porterías. Allí, los niños de la tribu de los paracaná corren descalzos con el balón, mientas sujetan sus chanclas en las manos. Resulta paradójico, pero Greenpeace Brasil acaba de difundir un nuevo informe titulado 'Sacrificando la Amazonia' (texto inglés / resumen español) en el que señala con el dedo a marcas de zapatillas como Nike o Adidas por contribuir a la destrucción de la selva de la que depende la subsistencia de pueblos indígenas como los paracaná. ¿Qué tienen que ver unas deportivas con la deforestación de la Amazonia?

Como explica el ecologista brasileño André Muggiati, de Greenpeace, la relación sería la siguiente: el cuero utilizado por marcas como Adidas o Nike (1) ha sido vinculado por ellos a empresas de Vietnam y China, que a su vez compran este material a compañías brasileñas de vacuno como Bertin, que se abastece en parte con reses criadas en las fazendas (los ranchos) de la Amazonia. Una cadena comercial como cualquier otra en el mundo si no fuera porque la ganadería brasileña es considerada por los grupos conservacionistas como una de las principales causas de destrucción de este paraíso de la biodiversidad: Brasil es el mayor exportador de vacuno del mundo y el 79,5% de todas las áreas en uso de la Amazonia Legal brasileña(2) se utiliza para la cría de reses; donde antes había bosques, hoy se ven pastos sin fin en los que apenas quedan en pie aquí y allí algunas 'castanheiras'.

En la web del grupo Bertin, desde hace unos días un comunicado rechaza las acusaciones y asegura que la empresa cumple de forma estricta las leyes brasileñas. Sin embargo, Muggiati no cree tanto en el cumplimiento de las leyes ambientales en la Amazonia, como en otras leyes que considera aquí mucho más eficaces: las del mercado. "Estas marcas tan conocidas también son cómplices de la destrucción de la selva, ellas pueden hacer mucho por la Amazonia si toman medidas para garantizar que el cuero que compran para sus zapatillas no viene de áreas deforestadas". Esto ya ha ocurrido antes; como cuando Greenpeace siguió el rastro de la soja cultivada en la Amazonia hasta los criaderos que suministran los pollos para los McNuggets de los restaurantes McDonald's. "Con la soja se ha conseguido que las empresas monitoreen las propiedades con satélites para verificar que no se cultiva en áreas deforestadas".

A orillas del río Xingu, donde ha amarado el hidroavión de Greenpeace, todos los paracaná se han dibujado en el cuerpo gruesas rayas negras, como sombras de troncos de árboles tras las que se ocultaran. Nadiuky nunca ha comido en McDonald's ni se ha calzado unas Nike. Pero la tribu tampoco tiene mucho que ver con aquella que, cuando él tenía unos siete años, fue contactada por primera vez en 1976 por hombres blancos que llegaron con cuchillos, espejos y hamacas de regalo. Hoy todos ellos cubren su cuerpo con ropa y en la aldea hay una escuela llevada por la Fundação Nacional do Índio (FUNAI) —la fundación estatal que se encarga de la tutela de los indígenas, a los que la Ley contempla como menores de edad—. Incluso pueden ver todos juntos la tele cuando no falla el generador eléctrico y captan bien la señal. Lo que sí que no ha cambiado ha sido su dependencia del inhóspito ecosistema que les rodea: "La selva lo es todo para nosotros, es nuestro padre, nuestra madre, lo es todo", explica Nadiuky, que cuenta cómo ese cordón umbilical invisible que les une con el bosque está siendo cortado. Sus territorios han sido invadidos por hombres blancos y ya hay pastos abiertos a sólo 20 minutos en barca. "No pensamos salir de aquí, es nuestro hogar", asegura este paracaná dispuesto a defenderse con su arco y flechas si fuese necesario: "No queremos pastos, queremos árboles".

Las cabañas de hojas de palma y barro de esta tribu se vuelven insignificantes desde la ventanilla del hidroavión, hasta desaparecer engullidas por un inmenso mar de árboles. Como otras reservas indígenas, estas son tierras públicas cedidas por el Estado brasileño para la subsistencia de los paracaná y no pueden ser explotadas ni alteradas de ninguna forma. O así tendría que ocurrir. En su conjunto, tras un importante recorte de sus límites, los cerca de medio millar de paracaná en Apyterewa tienen para vivir y cazar una extensa área de 700.000 hectáreas, cuyas fronteras comienzan a ser carcomidas por la deforestación. "Hay gente que dice que es mucha tierra para tan pocos indios, pero ellos la cuidan, no como los grandes terratenientes que crían ganado", asegura el ecologista brasileño Muggiati, "yo lo que digo es que hay demasiada tierra en manos de un sólo 'fazendeiro' (hacendado)'".

Como un eco que recorriera los bordes de la selva ocupados por humanos, esta es la reivindicación de muchos campesinos que viven en la Amazonia brasileña: "demasiada tierra en manos de un sólo 'fazendeiro'". Y esto explica, en parte, que a las puertas de muchas haciendas de estos terratenientes haya campamentos del movimiento de los Sin Tierra que piden su expropiación y redistribución, de acuerdo a la reforma agraria de Brasil. La situación se vuelve todavía más complicada por la poca fiabilidad de muchos de los títulos de propiedad de las tierras. Hasta no hace mucho, bastaba hacerse con unos documentos falsos y meterlos en una caja con grillos. Al cabo de un tiempo, salían transformados en unos viejos títulos llenos de agujeros de las primeras colonizaciones. Esta burda trampa da hoy nombre a los falsificadores de propiedades, "grileiros", y a la usurpación de tierras, "grilagem". Hoy estas mafias utilizan sistemas más sofisticados y la selva se vende en grandes parcelas en Internet: es el "cibergrilagem".

Todo esto ha cobrado máxima actualidad en los últimos días en Brasil por la aprobación en el Congreso y en el Senado del país de la "Medida Provisória 458/2009", una ley que supone la legalización de la mayor parte de las ocupaciones de tierras públicas de la Amazonia hasta 2004. Según Greenpeace, una superficie equivalente a 67 millones de hectáreas, más que toda España. El texto, al que se opone de manera frontal Marina Silva, ex ministra de Medio Ambiente del Gobierno de Lula, pretendía de forma original acabar con el caos jurídico existente con la propiedad de las tierras para a la vez introducir mayores requisitos ambientales y de reforestación. Sin embargo, la ley definitiva en la que debe estampar ahora su firma Lula es vista por los grupos conservacionistas como toda una "privatización" de la Amazonia. Así lo piensa también Marina Silva, que en el Parlamento de Brasil recordaba con rabia como Chico Mendes fue asesinado justamente por combatir el "grilagem" y las ocupaciones ahora legalizadas (audio en portugués).