Canetti, la conciencia de un siglo


LITERATUS
Hoy es arte



Quienes le conocieron hablan de la profundidad de su mirada, del gesto socarrón, del humor inteligente, de la voz cadenciosa de aquel hombre de estatura discreta y enorme magnetismo. Las fotos nos lo acercan fornido, cuadrado, eternamente envuelto en el humo de sus propios cigarrillos.

Bajo una mata de pelo peculiar y en sus últimas décadas blanquísima, trasmite el aire ensimismado de quienes alcanzan a ver más allá del contorno material de las cosas. Sus libros perfilan la dimensión intelectual de Elías Canetti, Premio Nobel de Literatura 1981 y uno de los más sólidos pilares sobre los que se forja el pensamiento y la conciencia de un siglo; el XX.

¿Español de origen?

Elías Canetti nació el 25 de julio de 1905 en la población búlgara de Rustschuk, “una ciudad maravillosa para un niño, que situada a orillas del Danubio y a 70 kilómetros de Bucarest contaba a principios de siglo con poco más de 35.000 habitantes”.

Primogénito de tres hermanos de una familia de judíos sefardíes le gustaba al autor explicar que formaba parte de los descendientes de los judíos expulsados de España en el siglo XV, una comunidad culta y muy influyente, con un arraigado sentimiento aristocrático, que en su huida se dispersó por las costas meridionales y del mar Negro.

Aunque el alemán fue el idioma en el que escribió la mayor parte de su obra, el ladino fue su lengua materna. “Mis padres hablaban entre sí alemán cuando querían que no les entendieran. Con nosotros, los niños, y con todos los familiares y amigos hablaban español. Ésta era la lengua habitual, un español arcaico, desde luego, que más tarde seguí oyendo y nunca he olvidado”.

El propio escritor explica en 1972: “Canetti es un apellido italianizado que originariamente era español: Cañete, nombre de una ciudad que se encuentra en España, entre Cuenca y Valencia, y que en la Edad Media llegó a tener una importancia considerable, aunque hoy en día sea muy pequeña. Se supone que mi familia era originaria de allí. Los judíos españoles fueron expulsados de su país. Mi familia debió de abandonar España con el último gran éxodo, en 1492. Muchos de estos judíos fueron bien acogidos en Turquía. El sultán turco encontró en ellos buenos súbditos, peritos en toda suerte de oficios. Había médicos, financieros, artesanos que dominaban campos específicos. Recibieron un buen trato y se diseminaron por todo el territorio del imperio otomano. Mi familia paterna se afincó durante varios siglos en Adrianópolis, que en turco se llama Edurne, y mi abuelo se trasladó de allí a Bulgaria, donde yo vine al mundo.

Sólo más tarde me enteré de que el apellido Canetti era, en realidad, Cañete, pero que fue modificado por un antepasado a principios del siglo XIX. Había muchos mercaderes italianos en Turquía y por algún motivo la forma italianizada les sonaría mejor".

La familia paterna gravitaba en torno al abuelo, “un tirano que despertaba temor en todos y que podía derramar cálidas lágrimas cuando le apetecía”, un próspero comerciante que se sentía orgulloso de la posición alcanzada. La familia materna, los Arditti, era una de las sagas más antiguas y ricas de Bulgaria.

Viajero vocacional

La inesperada muerte de su padre con apenas 30 años, cuando Canetti, apenas cuenta 7, provoca una gran convulsión en la familia y deja en el autor huellas profundas que no se borrarán a lo largo de toda su existencia. “Yo lo quería mucho y aquello fue un suceso horrible que incidió en toda mi vida posterior, sobre todo en mi postura de resistencia ante la muerte que no he podido aceptar. Me negaba a dar por cierto que mi padre ya no existía. Por entonces empezaron todas las guerras de las que ya no hemos vuelto a salir: la de los Balcanes fue la primera, luego vino la mundial. Aquel golpe del que nunca me sobrepuse, la repentina muerte de mi padre, estuvo unido para mí al estallido de esa primera guerra, de modo que después tampoco conseguí separarlo de ella”.

Ese episodio potencia el ir y venir de la familia que se había iniciado un año antes del fallecimiento del padre, con la marcha a Manchester, en Inglaterra. De allí, y al poco de la ausencia del padre, pasan a Lausana, donde el pequeño aprende el alemán bajo la implacable batuta de su madre. Viena será, durante algunos años el destino de los Canetti, después Zúrich, Frankfurt, París, Berlín, Londres, de nuevo Zúrich… como exponente de que viajar es una constante en su vida.

Por otra parte, la medicina será su inicial vocación. “En el último de los paseos con mi padre por la pradera a orillas del río Mersey, cuenta en su obra autobiográfica La lengua salvada, me preguntó con mucha insistencia que quería ser de mayor y dije sin necesidad de pensarlo: ¡Médico! Serás lo que tú desees ser -dijo con una ternura tan grande que ambos nos quedamos parados- no tienes porque ser comerciante como los tíos y yo”.

Pero en 1923, con 18 años, ve como una mujer se desmaya en plena calle a consecuencia del hambre. La impresión que el incidente le causa le lleva a pensar que no sirve para ser médico, profesión por la que se sentía profundamente inclinado y estudios que estaba próximo a iniciar. Poco más tarde iniciará, sin vocación y por dar gusto a su madre, los estudios de química en la Universidad de Viena donde se doctoraría en 1928 sin haberse consolado totalmente, como reconocería en múltiples ocasiones, de renunciar a los de medicina.

Las mujeres… siempre

Seductor incansable, la vida de Elías Canetti, que en palabras de Iris Murdoch, que sería su amante, tenía un irresistible atractivo para las integrantes del otro sexo, está marcada por la presencia constante de mujeres. Bellas, inteligentes, peculiares, distintas, desfilan por la biografía de Canetti como esposas cómplices, compañeras inseparables, amantes apasionadas o desengañadas enemigas. Entre ellas se cuentan Anna Mahler, hija de Gustav y Alma Mahler; la pintora Marie-Louise von Motesiczky y las escritoras Frield Benedikt e Iris Murdoch.

Se casó dos veces, la primera en 1934 con Veza Taubner-Calderón que era 8 años mayor que él. Cuando se produjo la boda hacía tiempo que ya no mantenían relaciones sexuales. La había conocido en 1924 en una lectura de Karl Kraus. “Era una preciosidad. El aspecto exótico de Veza se hacía notar por todas partes; llamaba la atención donde quiera que fuese. Una andaluza que nunca había estado en Sevilla, pero que hablaba de esa ciudad como si hubiera crecido en ella. Uno la hubiera encontrado en Las mil y una noches…”. Culta y políglota. Lectora ávida y apasionada, Veza, que sufría profundos episodios depresivos, desarrolló una irregular actividad como escritora que sólo fue reconocida, gracias a los esfuerzos de su marido, tras su muerte en 1963. En el hospital donde falleció, Veza dejo escrito: “Bendito seas, Canetti. Te adoro. Te doy las gracias y te estoy eternamente agradecida”.

Hera Buschor fue su segunda mujer. Restauradora de arte, tenía 28 años menos que el escritor. Tras la muerte de Veza, el amor de Hera supuso para Canetti una tabla de salvación, un auténtico renacimiento. Se habían conocido en 1957. Se casaron en 1971. De ella tuvo en 1972 a su única hija, Johanna. Vivieron con vehemencia una prolongada pasión que cesó el 29 de abril de 1988 cuando, víctima de un cáncer, Hera murió a los 55 años. “Hera, a pesar de su timidez, era una persona luminosa, alegre, con la que se podía ser muy feliz. Así la recordamos mi hija y yo, y cuando hablamos de ella regresa esa alegría que ella difundía a su alrededor, y mientras dura el recuerdo somos felices”.

Obra y pensamiento

“Yo me considero ante todo dramaturgo, y cuanto tiene que ver con ello constituye –diría yo– el núcleo más profundo de mi naturaleza”, afirmaría en 1968. De hecho, ya a los 14 años de edad, Junio Bruto su primera obra conocida, es una tragedia en cinco actos que dedica a su madre. Pero es evidente que Canetti es más. Mucho más. Nos dejó una obra amplia sobre la que planean algunas claves decisivas para afrontar elementos substanciales del ser humano. Pistas aplicables a nuestra existencia.

La muerte, la integridad, el amor, el humor, las masas sociales, la fugacidad de la vida y de las cosas y la violencia son objeto constante de reflexión. A través de una novela, multitud de ensayos y libros autobiográficos, de apuntes, notas y aforismos se estructura una obra mucho más citada que leída que nos instala en el placer de la mejor literatura. Aquella marcada al tiempo por la sabiduría y el terror, el candor y la desolación. Una obra que recoge las contradicciones y conflictos de una época marcada por el drama y los cambios. Por la irrupción de una nueva concepción del individuo y de la sociedad. Sirvan como muestra los siguientes ejemplos:

-Auto de fe. Su única novela publicada se constituye en alegato contra cualquier tipo de fanatismo. Vio la luz cuando el autor tenía 26 años. Emblema barroco de un mundo a punto de estallar. Él mismo la definió como “comedia humana de la locura”.

-Fiesta bajo las bombas. Apuntes y fragmentos de una sinceridad descarnada y conmovedora, tan intensos como reveladores, sobre los años que Canetti paso en Inglaterra, adonde llegó en 1939 huyendo de la Austria nazi, y en donde permaneció intermitentemente hasta 1988.

-La lengua absuelta. Primero de los tres tomos de uno de los clásicos de la literatura autobiográfica. La desaparición de su hermano Georg, al que estaba muy unido, fue el detonante de las tres entregas de estas imprescindibles memorias.

-Masa y poder. Monumental ensayo al que dedicó más de dos décadas de trabajo. Clave para entender la Europa del XX. La consideró la obra de su vida.

-La provincia del hombre. Carnet de notas recogidas entre 1942 y 1972. La duda, el cambio, la desazón del hombre en un mundo cada vez más veloz son objeto de análisis para llegar a la conclusión de que el individuo es, al tiempo, uno y muchos.

-Cincuenta caracteres. Libro insólito que perfila dimensiones inéditas del hombre como ser individual y social. Valiéndose de la descripción y de un lenguaje próximo a la prosa poética se enmarcan medio centenar de formas de ser con las que nos topamos a menudo en la vida diaria.

La existencia de Elias Canetti, que se apagó mientras dormía en su casa de Zúrich el 14 de agosto de 1994, atraviesa, desde la observación, la intelectualidad y el compromiso, todo un siglo. Hoy, en estos tiempos barridos por incertidumbres y superficialidades, mucho se echa en falta su testimonio honesto y clarividente; la reveladora solidez de su adelantado pensamiento.

Evasión fiscal y global

GUSTAVO DUCH
Público



Estos días las noticias nos han traído a casa los conflictos entre el Gobierno peruano (con el Ejército y la Policía por delante) y la población indígena amazónica, que se opone a la explotación del petróleo que se encuentra bajo sus tierras.

Ciertamente, es larga la lista de los argumentos de las organizaciones indígenas que solicitan la derogación de los decretos que, dentro del Tratado de Libre Comercio entre Perú y EEUU, impulsan estas actividades extractivas: desplazamiento de la población, contaminación del medio ambiente, problemas de salud, limitaciones para sus modos de vida y sus sistemas productivos, de caza, de recolección, etc. Los argumentos gubernamentales descansan en los mitificados “beneficios de las inversiones extranjeras”, por los que los países con gobiernos neoliberales se desviven y entregan en bandeja de plata, a precios irrisorios, el control de sus recursos naturales.

Más allá del análisis de modelo productivo y las repercusiones ecológicas y sociales que correspondería analizar en este caso, me parece muy ilustrativo para cuestionar estos supuestos beneficios poner encima de la mesa los resultados de varios informes, como los de las organizaciones Christian Aid e InspirAction, que desenmascaran “el escándalo de un sistema fiscal mundial que permite a los más ricos del mundo –y añado, a las empresas que representan– eludir sus responsabilidades, mientras condena a los más pobres a un desarrollo raquítico”.

Disculpen porque, para abordar estos análisis, quizás les mareo con unos cuantos números, pero creo que nos pueden servir para entender la magnitud y trascendencia del escándalo. Los cálculos indican que los países en desarrollo dejan de cobrar cada año cerca de 130.000 millones de euros en impuestos que las empresas que operan en su territorio evaden con alguna maniobra ilícita (ellos dirían arquitectura financiera) o dejan de pagar gracias a unos tratos sospechosamente preferenciales. Sólo la evasión que las empresas multinacionales realizan en América Latina y el Caribe se ha cuantificado en 50.000 millones de euros. Los informes nombran –precisamente, interesante al pensar en el caso del Perú– a algunas empresas como las petrolera británica British Petroleum, la angloholandesa Royal Dutch Shell y la estadounidense ExxonMobil. Otros datos complementan la información situando en 68.000 millones de euros el escamoteo de las empresas mineras europeas, asiáticas y norteamericanas radicadas en África. También aparecen retratadas en los informes empresas de otros sectores, como la cadena de supermercados Wal-Mart. Precisamente, las cuatro empresas que acabo de citar encabezan, según la revista Fortune, el ranking de las mayores compañías del mundo del 2008. Un ranking que por lo que vemos debería de pasar un serio control antidoping.

Pongamos ahora algunos ejemplos de estas maniobras orquestales en la oscuridad, como el nombre del grupo de la new wave británica. A finales de los 90 Zambia estaba en la bancarrota, cosa que aprovecharon los organismos financieros internacionales para obligar al Gobierno a privatizar sus minas de cobre sin que la población supiera nada de las condiciones que se negociaron. Los royalties o derechos de explotación que las empresas debían pagar por la explotación de sus recursos naturales bajaron del ya ridículo 3% al 0,6% y se apañaron para pagar sólo el 12% de los impuestos corporativos. Parecido al asunto del coltán y de los plátanos. Las mayores reservas mundiales de coltán –mineral que sirve fabricar los chips de los ordenadores, teléfonos móviles, videoconsolas, etc.– están en la República Democrática del Congo, pero, en un año (en el 2006), lo que este país ha recibido por los derechos de las explotaciones mineras ha sido ¡menos de 86.000 dólares! O los plátanos. Ya saben que cada tres veces que compramos un plátano, con toda probabilidad, en dos de ellas se trate de un plátano de las compañías Dole, Chiquita y Del Monte con sede social en EEUU. Pues bien, si dichas compañías en EEUU tributaran alrededor del 35%, en sus periplos por el mundo, con escala en paraísos fiscales, rebajarían su fiscalidad por debajo de la mitad.

Y ahora lo que toca hacer es comparar las cifras. Recuerden que la cifra global de esta evasión fiscal ascendía a 130.000 millones de euros, cuando el presupuesto global que los países ricos destinan a la ayuda al desarrollo es de aproximadamente 83.000 millones de euros. Como dice InspirAction “si los países en desarrollo pudieran contar con todo ese dinero que dejan de recaudar a las empresas, podrían transformar las vidas y las expectativas de millones de personas pobres. Por ejemplo, si se hubiera invertido una cantidad similar en los sistemas sanitarios de estos países desde el año 2000, cada año se habrían salvado las vidas de 350.000 niños menores de cinco años”.

Ante este atraco oficializado, las respuestas gubernamentales para revertirlo no sólo no se dan, sino que, vía los acuerdos de libre comercio como el mencionado entre EEUU y Perú (pero también de la UE), se profundiza y legitima en un nuevo ejercicio de servilismo frente a las transnacionales. Los informes referidos enumeran una serie de posibles medidas para corregir esta situación, a saber: promover un nuevo estándar contable internacional que obligue a las empresas a informar sobre sus actividades en cada país, requerir a los bancos que desvelen la propiedad de las entidades extranjeras a las que prestan servicios, promover la adopción de principios para prevenir abusos fiscales, etc. Pero yo me permito hacer una propuesta alternativa: defender la gestión soberana de los recursos naturales por sus propias poblaciones y exigir desde ya un ejercicio de justicia: la devolución inmediata de todas esas cantidades sustraídas.

The Sunday Drivers De principio a fin


JOSÉ M.GALLARDO
Supernovapop



The Sunday Drivers publican el 15 de Junio su cuarto disco en seis años titulado “The End Of Maiden Trip”. Una carrera siempre hacia arriba, sin descanso, sin fisuras que culmina en su disco más personal, un disco que según ellos cierra una etapa, en la que sus protagonistas han hecho el viaje más asombroso de los conocidos en nuestro país superando los handicaps del estilo, del idioma, de su procedencia. En definitiva un éxito rotundo que terminarán de rubricar durante 2009.

Venir de Toledo y debutar con The Sunday Drivers, fue el primer paso que fue creando a su alrededor gracias a la prensa especializada madrileña, una expectativas que no tardarían en llegar. Su estilo de corte clásico con un pie en The Beatles y otro en Ocean Colour Scene y sus canciones en inglés, no eran lo que más de moda estaba en nuestro país precisamente, aun así The Sunday Drivers hacían tan bien lo suyo que enseguida empezaron a hacerse con público fiel. Dieron el salto con Little Heart Attacks, el disco que les encumbró en 2004 y que gracias a una colección de hits instantáneos llegaron incluso a tener su cuota de éxito fuera de nuestro país, sobre todo en Francia, en poco tiempo llegó su pequeña consagración. Varios problemas con su sello y la salida del grupo de Julián Maeso, su teclista de toda la vida, hicieron tambalearse los cimientos de un grupo que parecía tan sólido. Tras tres años y abiertos musicalmente a nuevas influencias como la de Wilco, publicaron Tiny Telephone con el miedo a que el público les hubiera olvidado pero sucedió todo lo contrario, al mismo tiempo que creció su repercusión en nuestro país de manera abrumadora aunque decreciendo fuera, se mantuvieron entre el 2007 y el 2009 con una salud envidiables, proclamado como una des esas cabezas de cartel del pop de nuestro país y devolviéndoles las ganas de continuar.

Tras todo ese periplo The Sunday Drivers a base de pulsos, increíbles y pegadizas canciones, constancia y directos abrumadores, han conseguido en seis años lo que a otros les cuesta la vida y finalmente echando la vista atrás se encierran en el estudio para dar forma a su cuarto disco con la idea de cerrar un ciclo (no se sabe que pasará en el futuro con el grupo) con un disco que ellos defienden como el mejor de su carrera. Que lo sea, o no, no es lo más importante, si lo es el hecho de que manifiesta una evolución serena y consecuente con lo que siempre fue The Sunday Drivers, hoy más The Sunday Drivers que nunca y que nadie podrá restarles esa relevancia ganada con estilo y actitud, aunque tengan multitud de detractores a los que probablemente nunca les gustó el pop británico de los 90, ni tampoco alguno de los discos de los Beatles. Jero su vocalista no ha cambiado su discurso en todo este tiempo y analiza con nosotros toda esta aventura que nos lleva a The End Of Maiden Trip.

Cuarto disco en vuestra carrera y mucho que contar supongo.

Estoy muy contento.

¿Más con este que con los otros?

Bastante más y ahora que me está empezando a llegar feedback (que no se si creérmelo) mucho mejor, eso sí, siempre sabes elegir con que opiniones te quedas. Lo principal es nuestra impresión, ya cuando acabamos de grabar estábamos todos satisfechos, eso es lo jodido en un grupo de cinco o seis, sobre todo habiendo canciones tan variadas.

¿Cual es el feedback que te ha ido llegando?

Lo que más me gusta es una cosa que hemos pretendido toda la puta vida y que nunca habíamos logrado que era acercarnos un poquito al directo, que es imposible conseguirlo, pero que por ineptitud o lo que sea, nunca lo habíamos conseguido y de la grabación de este disco salimos diciendo, con sus imperfecciones, se nota cuando se tiene que notar, la intensidad, más que en otros. Los demás han sido como muy correctos pero les faltaba alma y hay mucha gente que me ha dicho que se notaba eso sin que yo dijese nada y eso me gusta mogollón. Las opiniones son de gente que nos conoce con lo cual tienen para comparar, que no es lo mismo que puede pensar alguien que nos escuche por primera vez, y vienen a decir que notan un cambio dentro de que somos los que somos y que nuestros cambios no son cambios radicales. Hay más guitarras donde las tiene que haber, lo que tiene que ser corto, es corto, lo que tiene que ser largo, es largo, es como todo en su momento justo, me gusta que la gente note esas cosas porque yo estoy muy orgulloso de ellas.

Teniendo en cuenta que habéis grabado en directo prácticamente, ese creo que es el mayor cambio, tal vez buscando las grabaciones de los sesenta tipo The Beatles y capturar la esencia de una banda que ya tiene rodaje.

Puede ser. Yo lo comparo con nuestro primer disco pero bien tocado. En el primero no teníamos ni puta idea de tocar y en este hay esa actitud e ilusión que da el tiempo. Luego hay otra cosa muy importante que también es producto de los años y es que es muy importante cuanto ensayas y creo que hemos sabido ensayar lo justo. Con Tiny Telephone ensayamos mucho, nos pasamos, llegamos al estudio y estábamos saturados de algunas canciones, al final lo que intentas es hacerlo bien pero hacerlo bien no es siempre hacerlo como se debería, puedes clavar el tempo pero no tiene feeling. En este disco hay una cosa que sucede en directo y es que en el estribillo te aceleras, bien pues cuando vas al estudio ya sabes que dejar esta errata por así decirlo, es mejor que trabajarla tanto que al final no tenga feeling.

Antes hablabas de que os ha salido un disco variado y estoy de acuerdo, me da la impresión de que os habéis quietado presión por sonar a The Sunday Drivers y ahora parece que buscáis algo más natural porque ya sois The Sunday Drivers, ¿habéis soltado ciertos lastres?

Yo creo que hay un poco de eso pero también que confías más en ti. También el haber grabado más discos hace que haya cosas que ya has hecho y al final sólo te queda por hacer los estrictamente tuyo. Por ejemplo, ya hemos metido arreglos de cuerdas, pues llega un momento en que te aburres, ya lo has hecho, ya ni te paras a planteártelo. Yo personalmente a la hora de componer y de arreglar he pretendido que cuando la canción no sonaba se quedase ahí y recuperar la primera idea de cuando ya sonaba. Hay estrofas de canciones que tienen batería, bajo y voz. Algo que nunca habíamos hecho que es lo primero que empiezas a ensayar, pero si en el ensayo ya suena, suena guay y te mola mogollón, por qué no dejarlo. Antes decíamos así suena bien pero vamos a probar a meterle no sé que, pasa que al final sacas una línea que a ti te flipa pero no significa que la canción gane. Hemos intentado quedarnos con la primera impresión de lo que nos gustaba y creo que eso al final transmite frescura. Es nuestro disco más personal, bueno el que más personalidad tiene.

Eso consigue toda esa naturalidad que provoca que las canciones sean menos directas y que sea difícil encontrar un single claro de este disco ¿tal vez “Everything reminds me of you”?

Eres la primera persona que lo dice, todo el mundo me habla de “I” y extrañamente de “(Hola) to See the animals”. En realidad nos da igual. Las canciones que han sido single en los anteriores discos siempre he estado orgulloso de ellas y nunca las vi single a priori, de hecho han sido single de repente. Es posible que haya alguna canción de este disco que aun no sabemos y se convierte en single. No vivo en otro planeta y sé que a las discográficas les importa este tema, yo creo que es un disco con muchas canciones buenas, que lo diga yo no tiene valor pero estoy arto de escuchar discos que son discos acojonantes con sólo dos canciones, este tiene más de dos.

Volvéis a grabar con José M. Rosillo que os hiciera dar un salto cualitativo en el pasado con Little Heart Attacks. ¿Por qué volver a contar con sus servicios?

Lo primero es que no había el presupuesto que hubo para el disco anterior y luego nos apetecía hacerlo en “casa”, osea, una grabación cómoda y hay una manera de tener poco dinero y tener tiempo para retocar cosas que es hacerlo con gente de mucha confianza y es que Rosillo es la persona idónea, además de que sea muy bueno en su trabajo, nos ha permitido hacer una cosa que nunca pudimos hacer antes que es poder modificar cosas en el mismo momento que estás escuchando las canciones para mezclar. Rosillo ha sido nuestro técnico de sonido en directo durante cinco años, si tu objetivo es acercarte a tu sonido de directo, quién mejor que él. También hemos estado de acuerdo en que a lo mejor ya no es tan importante que suene un hammond de verdad en una grabación, ¿cuántas personas crees tú que pueden distinguirlo en España haciendo un do en un estribillo en el que suenan otros cuatro instrumentos?, merecía más la pena concentrarse en otras cosas, si hay un solo de hammond merece la pena tener uno, si hay un colchón de hammond, vamos a otra cosa, no me cuentes historias (risas). Tanto él como nosotros hemos cambiado en esto, te vuelves menos purista, menos talibán.

Estáis en un momento extraño con respecto a los teclados. En el disco toca Charlie Bautista e incluso reaparece en un disco de The Sunday Drivers vuestro anterior teclista Julián Maeso en el tema “Hold on to love”, además para directo de vez en cuando Martí Pernarnau sustituye a Charlie. Cuéntame como ves a cada uno de ellos.

Charlie no es miembro estable de la banda, ojalá, pero no puede, su filosofía casi de vida. que respeto y comparto. se lo impide, él es un tío tan fiel que cuando se compromete con la gente va a muerte, el problema es que tiene muchos compromisos (risas). Con nosotros se entrega en cuerpo y alma, cuando puede. Martí es el buenrrollismo personalizado, lo más grande que tiene es su actitud en directo, es contagiosa. Por otro lado Julián es como nuestro primo, él ya no está en el grupo y de hecho fue traumático, cuando él se fue el grupo se tambaleó y lo pasamos muy mal, él y nosotros. Lo que hemos aprendido es que aunque ya no estamos juntos seguimos manteniendo la amistad y eso lleva su tiempo.

Otra novedad es que Lyndon Parish canta una canción en solitario, además en un tema muy alejado de los habituales registros de The Sunday Drivers.

Es una canción muy íntima y personal y yo no sabía si iba a saber darle el feeling que él y la canción exigían, así que pensé que lo mejor era que la cantara él. Creo que le da otro color y resulta interesante que mi voz no se oiga y haya otra corriente de aire. Sabemos que rompe un poco el disco pero nos gusta porque es una canción un poco extraña para nosotros. Otra novedad y otro registro para el disco, creo que hay dos o tres registros nuevos que nunca habíamos querido o sabido mostrar y van seguidos desde “So What”.

¿Nuevos registros buscados?

Con el tiempo te vas quitando cadenas, te la suda un poco más todo pero para bien, te atreves más a sacar las cosas. Hay cosas premeditadas y otras no. Yo por ejemplo me he puesto a fijarme a conciencia en las estructuras de las canciones, estaba arto de mis propias estructuras. “Guerrilla” pide un solo pero en vez de meterle un solo de guitarra hay un solo de coros, “My Plan” pretendía ser dos canciones en una, una parte muy psicodélica y otra muy pop y ha resultado ser una canción sin estribillo o todo estribillo según lo mires. Queríamos atrevernos con cosas que no fueran al uso.

También con el tratamiento de la voz, utilizando la voz doblada que antes no habíais utilizado.

La voz la quería más distorsionada. Siempre me ha flipado el efecto de doblarte la voz, efecto que han utilizado John Lennon, Elliott Smith o Bon Iver, yo nunca lo había hecho. Creo que le da un toque especial, una reverb natural y probablemente pierda calidad la voz porque se ensucia más, creo que es algo que necesitaba el grupo y las canciones

Creo que este disco ya desde el título anuncia el final de un viaje. En ese sentido ¿cómo ha sido el viaje?

El disco se llama así por eso, pensamos que es el final de una etapa, porque además pensamos que en este disco hemos sabido aplicar lo aprendido, por eso creo que es nuestro mejor disco, porque condensas lo que sabes hacer con lo que sabes que no te queda tan bien y encima lo sabes llevar a la práctica, por eso estamos tan orgullosos. El viaje ha sido alucinante, cualquiera que esté en el mundo de la música sabe lo difícil que es sacar un disco, mantener una actividad constante y poder vivir de ella, nosotros jamás hubiésemos soñado con hacer cuatro discos y mucho menos poder vivir de la música. Tenemos gente alrededor que lo ha intentado durante quince años y no lo ha conseguido.

Parece como si anunciarais el final de una etapa, ¿cómo podemos traducir eso?, ¿qué pasará después de este disco?

No lo sabemos…no lo sabemos…no lo sabemos. Seguro que otra cosa empieza, puede ser otro disco o puede ser lo que sea, ni lo sabemos y además no queremos pensarlo.

Participáis de nuevo en el día de la música que organiza Heineken y parece que una versión de Sebastian Tellier que habéis grabado con Lourdes de Russian Red, no va a ver la luz. ¿Sabes que ha pasado?

Por la información que tengo creo que la discográfica de Lourdes no la deja sacarla y es una pena porque la canción quedó muy bien. Aunque creo que sí puede ser tocada en directo, así que si nos dejan la tocaremos juntos el 21 de Junio.

Vosotros ahora acabáis contrato con Mushroom Pillow y viendo los problemas que muchos grupos tienen con sus sellos y que Internet está creando un nuevo estado de las cosas. ¿Habéis pensado en la autoedición?

Es bastante complicado. Depende de tu nivel de exigencia. Tu te puedes grabar en casa pero seguro que no sabes lo que sabe Rosillo por ejemplo, eso no significa que no hagas una cosa que a la mayoría de la gente le suene bien, cada uno se pone sus límites. Yo no sé lo que supone editarse, no sé lo que hay que hacer para autoeditarse, autodistribuirse, autogestionarse, no sé. Nosotros no teníamos dinero para alquilar un estudio y luego poner el disco en las tiendas, eso es lo que nos dio una discográfica. No sé si eso se puede hacer solo porque no lo he necesitado. De todas formas hay cosas que yo no veo bien, creo que las discográficas deberían haber previsto antes de tiempo cosas por las que ahora nos culpan a los artistas, Internet existe desde hace muchos años y no se ha puesto ningún remedio contra lo que podría suponer para los sellos, al final los autores nos encontramos con que el remedio pasa por nosotros, con contratos editoriales, contratos de management, se rasca siempre del sitio que en realidad es el que menos culpa tiene. Creo que cada uno tiene que asumir su parte de responsabilidad, pero yo lo que no he oído o leído decir a una discográfica es “yo estoy mal pero tengo parte de culpa”, cada uno tiene que asumir sus errores, lo primero que hay que hacer es ser honesto, a lo mejor esto pasa porque se ha estado chupando de más mucho tiempo o no se supo ver.