Chrissie Hynde: "No hay que tocar en un grupo para ser rockera"

Después de seis años, Pretenders vuelve con ‘Break up the concrete’. Al habla, la cantante y líder Chrissie Hynde





NÚRIA MARTORELL
El Periódico de Catalunya



–En este nuevo disco sorprende la pureza del sonido. ¿Es intencionada?

–Sí. Está grabado totalmente en directo. Yo les indicaba a los músicos la idea que tenía para cada canción justo antes de empezar a grabar. E incluso, al escuchar las tomas dejaba cosas espontáneas, como al batería diciendo: «Estoy tocando cada vez peor, peor peor», y yo replicándole, «no, no; está bien».

–Por cierto, en la banda ya no están Adam Seymour (guitarra) ni Andy Hobson (bajo). Y el nuevo batería, Jim Keltner, le aporta un aire muy rockabily.

–Tras 10 años juntos, era el momento de tomar caminos diferentes. Creo que la banda que me acompaña actualmente está más cerca de la formación original del grupo, es un poco más salvaje e incorrecta. Y Jim Keltner, el batería que aparece en el disco, no me acompaña con esta banda. Me atrajo de él que proviniera del mundo del jazz. Y le pedí un sonido primario.

–Este lanzamiento propicia el regreso de Pretenders después de seis largos años. ¿Había hambre de escenarios?

–En realidad, aunque en Europa no se sepa, no hemos parado de tocar. Por ejemplo, hemos estado de gira con los Straycats en Brasil, y con Moreno Veloso, el hijo de Caetano. Pero supongo que sí, que es verdad: necesitaba una excusa para seguir tocando en directo, que es lo que más me gusta.

–El álbum también le ha granjeado volver a figurar en el top ten de Estados Unidos después de 22 años. ¿Cómo se siente tras la proeza?

–Si te soy sincera, desconocía este dato. Nunca me han interesado las listas de éxitos.

–¿Qué es para usted el éxito?

–Disfrutar con lo que haces, en eso se basa el proceso, más que en el resultado de lo que haces.

–Es sin duda la rockera por excelencia. Y hasta el mismísimo Neil Young ha declarado que usted «es la mujer del rock»; que «lo lleva en el corazón», que «va a estar rockeando hasta que se caiga...»

–En realidad, la mujer de Neil Young también es rockera y seguro que él conoce a muchas más mujeres que saben que no es necesario colgarse una guitarra y estar en una banda de rock para ser rockera. Ser un rocker significa afrontar la vida desde una perspectiva más personal, que te permita hacer y ver las cosas como tú quieras, sin caer en el convencionalismo.

–¿Y por qué siguen habiendo tan pocas mujeres rockeras?

–Creo que la mujer, en vez de espabilarse, se hace la víctima sobre esa supuesta minoría. Si no hay más chicas en bandas de rock a lo mejor es porque ellas no quieren. Hoy en día, cualquier discográfica prefiere a una mujer como líder de una banda; resulta más atractivo. De hecho, yo siempre hago esta broma: «Mi guitarra la lleva un chico y yo estoy aquí disfrutando de hablar contigo, de hacer entrevistas».

–Su nombre está muchas veces ligado a causas múltiples: apoyando a Greenpeace, en contra de Kentucky Fried Chicken... Pero no a todos los intelectuales y artistas les interesan los problemas sociales. ¿Se les debería exigir más compromiso?

–Es una opción individual. Siempre se ha creído que una celebridad tiene más repercusión en la prensa y en los medios, pero en realidad no deja de ser más o menos comprometida que cualquier otra persona, como una camarera, que de hecho fue mi primer trabajo. O que cualquier persona que esté asociada a Greenpeace u otras oenegés, al margen, insisto, de que sea famosa o no.

–La cuestión es que el mundo se puede cambiar, ¿no?

–Sí, claro. Luego está la opción real de cambiar la sociedad empresarial que destruye el mundo, las grandes corporaciones que se ocupan sobretodo de destruir la naturaleza. Dado que vivimos en una sociedad de consumo, lo que hay que hacer es romper esa cadena y no consumir. Si a día de hoy, de manera real, no consumes, tienes mucho más poder que cualquier político. No podemos quedarnos esperando a que la política solucione todo ésto.

–Ha abierto un restaurante vegetariano en su ciudad natal, Akron (Ohio). ¿Qué tal le va?

–Se llama The VegiTerranean. Me costó un par de años ponerlo en marcha, pero es un gran éxito. Es el único restaurante vegetariano de la ciudad, de modo que es casi un fenómeno. Tanto, que con mis socios nos estamos planteando abrir franquicias por el país.

–Bueno, quizás estaba en su destino. Ha explicado que su primer trabajo fue de camarera, y en el primer videoclip de Pretenders, Brass in pocket, interpreta a una, con su cofia y delantal. ¿Qué tal le sigue sentando el uniforme?

–Pues no es ninguna broma. El día de la inauguración hice de camarera y estuve sirviendo ¡vestida de uniforme! hamburguesas vegetarianas a la policía local y demás autoridades.

–¿Y cómo una vegetariana a ultranza como usted puede estar a favor ¡de las corridas de toros!?

–No es exactamente que esté a favor de las corridas de toros... A ver si ahora me explico mejor. Soy americana y he vivido muchos años en Inglaterra, de modo que no pinto nada en las discusiones anti o protaurinas. Prefiero dejárselas a la sociedad española. Además, yo lo enfocaba más desde un punto de vista cultural, porque es evidente que estoy en contra de matar a cualquier animal, desde una araña hasta un toro. Aunque se me ocurre que en lugar de sacrificar a la res al final, se podría variar el ritual y que fueran los toreros los que se desprendieran de sus ropas, que vendieran sus impactantes trajes, a modo de souvenir.

–Para acabar, cambiemos la carne por el espíritu. En la primera canción de este nuevo disco, Boots of chinesse plastic, habla de la reencarnación, de Buda, Jesucristo, Alá, Gobinda... Pero, ¿qué es lo que quiere explicar con esta letra?

–Que en el universo de las religiones que dividen a toda la humanidad hay representadas diferentes figuras, pero al final todas se reducen a una mínima expresión, a una visión espiritual básica, sustancial. Es una reflexión sobre esta idea.

Las disculpas por la esclavitud carecen de acción legislativa concreta

FERNANDO A. TORRES
Rebelión



“De nada sirven las disculpas si no estas dispuesto a asumir la consecuencia y responsabilidad de tu acto,” solía decir mi abuela Rosa, una mujer norteña pequeña pero sabia y rápida con el argumento.
La resolución aprobada por el Senado estadounidense (junio 18, 09) que le pide disculpas al pueblo negro por la esclavitud a que fueron sometidos por mas de 240 años, no fue mas que otra cautelosa acción simbólica carente de acción concreta que podría haber sido refutada fácilmente por el sencillo argumento de mi abuela.

El Senador Tom Harkin, autor de la resolución - similar a otra aprobada por la Cámara Baja en julio del año pasado - lo reconoció de inmediato: “no nos equivoquemos. Esta resolución no reparará las injusticias pendientes,” dijo.

Una cláusula al final de la resolución advierte que ningún punto en esta autoriza o apoya la reparación por la esclavitud. Sin embargo no logra detener la disputa. Roland Burris, el único afro-estadounidense en el Senado, dijo que la “cláusula de ninguna manera elimina futuras acciones que puedan ser presentadas frente a esta cámara y que puedan estar relacionadas a la reparación,” dijo.

La reparación puede ser la corrección

El verdadero valor de la retribución por la esclavitud, denominada reparación, sería la corrección de la injusticia económica que continua vigente en el pueblo afro-estadounidense. La cláusula insertada por los senadores no es gratuita, representa la médula, el impasse histórico, la injusticia mayor que los Estados Unidos aún no están dispuestos a enfrentar ni a pagar; la deuda histórica con un pueblo que no solo construyó el palacio de gobierno, la Casa Blanca, sino los pilares fundamentales de su extrema riqueza. De nada sirven las disculpas si no están dispuestos a asumir la responsabilidad de sus repugnantes actos.

Según un artículo publicado en el 2008 por la Asociación Humanista Americana, (American Humanist Association), si se les hubiese permitido a los esclavos recibir y mantener la compensación por su labor, sus descendientes hubiesen tenido una mayor parte y acceso a las riquezas monetarias y sociales del país.

Apuntando hacia el Distrito Financiero, Ken Livingstone pidió disculpas públicamente por el papel que Londres jugó en la esclavitud. “Ustedes pueden ver allí las instituciones que todavía tienen los beneficios de las riquezas que crearon con la esclavitud,” dijo antes de ponerse a llorar, cuando era alcalde de Londres en el 2007.

Variados e infructuosos juicios legales por parte de descendientes de esclavos han revelado a numerosas de estas instituciones financieras y de seguros que se han beneficiado de la esclavitud. La lista es larga: Bank of America, FleetBoston, Aetna, New York Life, Norfolk Southern, Union PacificRailroad, CSX Corporation, R.J. Reynolds Tobacco, Brown & Williamson, WestPoint Stevens, Lehman Brothers y Lloyd's of London.

Gracias a la insistencia de activistas afro-estadounidenses, en el 2005 se supo que uno de los bancos adquiridos por el Banco Wachovia Corp., envió a miles de esclavos a trabajos forzados en ferrocarriles. Ese mismo año, JPMorgan Chase pidió disculpas porque una de sus subsidiarias puso a más de 10 mil esclavos como pago colateral y por aceptar a más de mil esclavos como pago por deudas pendientes.

En febrero del 2001, durante la primera conferencia nacional sobre reparación, el activista Howshua Amariel propuso que aquellos descendientes de esclavos que decidan permanecer en los Estados Unidos deberían recibir reparación en la forma de educación, salud, asistencia legal y ayuda económica gratuita, sin impuestos, por los próximos 50 años. A cada uno de aquellos que decidan abandonar el país, se les otorgaría un millón de dólares respaldados en oro.

La esclavitud creó la riqueza del país

Se ha estimado que entre los siglos 15 y 19, más de 15 millones de personas fueron secuestradas desde África para ser vendidas como esclavos en el continente americano. 8 millones fueron muertos durante su traslado y llegada a América. Se calcula que el número total de africanos muertos (alrededor de 16 millones) a raíz de la esclavitud, sobrepasa el número de aquellos que sobrevivieron.

Según el censo estadounidense de 1860, en los 15 Estados en donde la esclavitud fue legal, existían casi 4 millones de esclavos. Desde que llegaron los primeros 20 esclavos a la ciudad de Jamestown, Virginia, en Agosto de 1619, pasaron casi 240 años hasta la rectificación de la Constitución conocida como el Artículo 13 que terminó con la esclavitud oficialmente en 1865.

La esclavitud en los Estados Unidos fue uno de los pilares económicos más importantes en el crecimiento económico y la riqueza del país. Según cifras del Ministerio del Comercio, se estima que en dólares actuales – incluida la inflación e intereses – la esclavitud generó a la economía trillones de dólares.

La Revista Harper’s estimó que la cantidad de dinero que se le debe al pueblo negro por la esclavitud está por sobre los 100 trillones de dólares. Entre 1619 y 1865, la revista calculó más de 222 millones de horas de trabajo forzado, con un interés acumulado de un 6%. El gobierno federal, en existencia desde 1789, tendría que pagar solo una fracción del total: 40 trillones.

Muchas disculpas por muchas culpas

No es la primera vez que los Estados Unidos piden disculpas por sus oprobiosos actos en contra de sus propias minorías étnicas. En 1988, durante el gobierno de Reagan, una resolución pidió disculpas a los japoneses-americanos encarcelados durante la Segunda Guerra Mundial. La resolución incluyo una reparación de 20 mil dólares a cada uno de los 60 mil prisioneros sobrevivientes. En el 2005 la Cámara Baja le pidió disculpas a su población indígena por las “muchas instancias de violencia, maltrato y negligencia.”

En 1997 Clinton se disculpó a nombre del gobierno por el Experimento Tuskegee que entre 1932 y 1972 utilizó alrededor de 400 afro-estadounidenses pobres como conejillos de india para conocer los efectos de peligrosos tratamientos contra la sífilis. El experimento “fue conducido para determinar, con las autopsias, como la enfermedad afecta al cuerpo humano,” escribió la periodista Jean Heller en 1972.

Sin un verdadero sentido de justicia y una honesta voluntad legislativa, estas y las próximas disculpas nunca terminarán de paliaran la deuda que el país, que hasta hace poco fuera el mas rico del planeta, tiene con sus comunidades y pueblos.

A pesar de que estas disculpas pueden tener un efecto positivo entre las comunidades víctimas y sus generaciones venideras, la falta de una acción honesta y el fatídico letargo legislativo, conservarán las heridas abiertas, las mismas heridas que estas disculpas intentan sanar.