"The latest", Cheap Trick (2009)


KEPA ARBIZU
Lumpen




Mirando a Cheap Trick de una manera frívola y poco musical no habría dudas en denominarlos como una banda bizarra. Un ejemplo, echemos un vistazo al aspecto de sus cuatro integrantes. Dos de ellos, Robin Zander y Tom Petterson, con la clásica estética de rock star, pelos largos, ropa ceñida y pose desafiante. Otro con aspecto de yuppie relamido pero con un punto sospechoso, Bun E. Carlos. El último, y más delirante, con su gorra de béisbol americana, pajarita y vestimenta colorida (Rick Nielsen). La fotografía, de primeras, no parece muy halagüeña. Puede que incluso fuera ésta la causa de su mayor peculiaridad. El grupo alcanza sus cuotas más altas de éxito por el apoyo del mercado japonés, es allí donde son recibidos como dioses, incluida su propia legión de seguidores. Este hecho fue la causa de su posterior reconocimiento a nivel mundial, hasta entonces mucho más débil.

Todo esto está bien para hacer algo de historia y “literatura” con el grupo pero lo realmente importante es que pocos ha habido en la historia del rock que utilizando una amalgama de casi todos los estilos conocidos hasta la época, y junto a una letras entre lo absurdo, surrealista y descriptivas de una juventud poco realizada, consiguieran unas melodías tan pegadizas y contundentes.

Aunque su reconocimiento no llega hasta el fabuloso directo grabado en Budokan (Japón), uno de los mejores discos en este formato jamás realizado, ya en sus anteriores trabajos: “Cheap trick”, “In color” y “Heaven tonight” daban buena cuenta de su potencial, creando clásicos llenos de estribillos ligeros fácilmente tarareables por el público (“I want you to want me”) pero también haciendo demostración de su lado más salvaje con fuertes guitarras (“Hot love”). Antes de acabar los setenta, y sufrir un espectacular bajón nada más entrar en la siguiente década (norma habitual en un gran número de grupos), les da tiempo a grabar otro gran trabajo “Dream police”.

A partir de ese momento el grupo se sitúa en una inestabilidad notable. Altibajos considerables, bandas sonoras, carreras en solitario de alguno de sus miembros, discos que ni de lejos rozan la calidad de antaño, discrepancias con sus discográficas... No es hasta el año 2006 cuando dejan asombrados a todos con su “Rockford”, potente y sólido, se sitúa inmediatamente como una de sus referencias de mayor nivel. Y para demostrar que no se trataba de un espejismo ni de un buen momento pasajero este año publican “The latest”, otra muesca más en su sonido adictivo.

Hay que reconocer que a este disco le cuesta algo de tiempo arrancar y que no tiene ese primer golpe que te engancha irremediablemente como sí lo poseía su antecesor. “Sleep forever” es la apertura, un tema que sirve como introducción, corto y con un sonido extraño, no es un buen inicio. Seguido llega la versión del tema de Slade, “When the lights are out”, que recrea perfectamente la ambientación glam. A continuación, “Miss tomorrow”, pone un poco de freno a la euforia con un sonido cercano al AOR. Y por fin llega “Sick man of Europe”, pura adrenalina y contundentes guitarras que iguala el sonido duro de grupos actuales como Hives. Es el aldabonazo que necesita el disco para despegar y no parar. En lo relativo a canciones con parecida fuerza aparecen “Everyday you make me crazy”, “Alive” o la rockanrollera “California girl”.

Como dije al principio estamos ante un grupo que toma prestados muchos estilos y derivaciones del rock, en este caso la cuota de psicodelia la cumple con “Closer, the ballad of Burt and Linda” y sobre todo con “Times of our lives”, de claro regusto a los Beatles. También hay algunos momentos donde bajan las revoluciones, es el caso de la algo acaramelada “Smile” y en la acertada “Miracle”, que cuenta con algunos flirteos en la voz y guitarras que recuerda a Queen.

Cheap Trick perfeccionaron el arte de convertir la inquietudes juveniles , tanto en la forma como en el fondo, en grandes canciones de rock. Lo hicieron tanto por medio de contundentes guitarras y ritmos trepidantes como con sentimentales melodías. Con el paso del tiempo demuestran que no sólo no se les ha olvidado hacerlo sino que lo siguen realizando con una gran habilidad y talento.

James Taylor. Toda una vida

Figura emblemática del soft rock y paradigma del cantautor norteamericano de corte confesional, el bostoniano visita España en una gira que celebra más de cuatro décadas en activo


EDUARDO GUILLOT
Efe eme



Disfrutó del éxito desde sus comienzos, pero la carrera del cantautor estadounidense James Taylor no ha sido un camino de rosas. Su adicción a la heroína, varios internamientos en centros psiquiátricos o su sonada boda con Carly Simon jalonan una trayectoria en la que abundan excelentes discos de soft rock de corte confesional. Este mes recala en Valencia (25), San Sebastián (26) y Madrid (28).

Tras Covers (2008), en abril de este año has publicado Other covers. ¿Por qué otro disco de versiones?

Para Covers, grabamos diecinueve canciones, pero sólo incluimos doce en el disco. Other covers lleva las siete que se quedaron fuera. Me di cuenta de que las sesiones de grabación formaban parte de un todo. Pasamos diez días tocando en directo en un granero cerca de mi casa, y fue muy difícil escoger doce temas, así que Other covers, en realidad, lo que hace es completar el disco anterior.

¿Cómo surgió la idea de grabar Covers?

Siempre he hecho versiones: "Handy man", "Up on the roof", "You've got a friend"… He grabado un montón, al menos una en cada disco que he publicado. Había un montón de canciones que llevábamos mucho tiempo tocando en las giras, y siempre había querido hacer un álbum con ellas. Esa fue una de las razones. La otra es que, durante estos años, he trabajado con una banda fantástica: Luis Conte (percusión), Steve Gadd (batería), Jimmy Johnson (bajo), Michael Landau (guitarra), Larry Goldings (piano), Lou Marini y Walt Fowler (metales). Quería grabar un disco que representara a esta banda. Y el material estaba listo, por eso hicimos las versiones.

En Other covers se incluyen dos éxitos soul: "In the midnight hour" (Wilson Pickett) y "Knock on wood" (Eddie Floyd). ¿Resulta complicado dar una nueva vuelta de tuerca a canciones que ha versioneado tanta gente?

Esas dos canciones las llevamos tocando en directo muchos años. Suelen ser el bis de cada actuación. No las incluí en Covers precisamente porque son dos temas que todo el mundo ha escuchado cientos de veces. Pero las rescatamos cuando decidí que todo el material grabado saliera a luz. Estoy de acuerdo contigo: La gente conoce muchas versiones de esas dos canciones.

Tu anterior disco fue One man band (2007), editado por el sello discográfico de la franquicia Starbucks, con la que también han trabajado Paul McCartney o Sonic Youth. ¿Es una alternativa a las compañías de discos convencionales?

La primera mitad de mi carrera, dejando aparte mi primer LP, que sacó Apple Records, la he desarrollado en Warner Brothers. Un día, mi manager me comentó que sería buena idea cambiar de sello, trabajar con gente nueva, y firmé con CBS/Columbia/Sony, con quienes grabé también varios discos. Cuando terminó el contrato con ellos, la industria discográfica estaba en una situación difícil. De un año para otro, era imposible saber qué compañías seguirían en activo y cuáles se hundirían. El plan entonces, tras veinticinco años trabajando con sellos multinacionales, era poner en marcha un nuevo proyecto y esperar a recibir la mejor oferta. Ya no tiene sentido firmar contratos de diez años de duración, cuando un sello puede ir a la quiebra en seis meses. El primer proyecto que hice de este modo fue A Christmas album (2004), que grabé con Dave Grusin. Buscamos un sello que lo editara y vendió casi dos millones de copias. One man band es un disco que grabamos Larry Goldings y yo, haciendo versiones íntimas de mi repertorio. Cuando buscamos un socio para editar el CD y el DVD me hablaron de Starbucks, que está distribuido por Universal, y en aquel momento me pareció la mejor opción. Funcionó tan bien, que nos pidieron editar Covers, pero esta vez optamos por Hear Music. El próximo será un álbum con material nuevo que empezaré a grabar en septiembre, y quizá lo saquen compañías diferentes en cada país. El mundo es muy diferente ahora.

Llevas más de cuarenta años tocando. ¿Qué ves cuando miras hacia atrás?

Conforme pasa el tiempo, me considero más afortunado de haber podido vivir de lo que realmente me gusta hacer. Una parte de la culpa la tiene la gente con la que tocado y viajado a lo largo de los años. Es un honor trabajar con músicos como los que me acompañan actualmente. Es una banda de leyendas. Sé que suena un poco sensiblero, pero es que todos ellos tienen discos en solitario y carreras increíbles. Steve Gadd ha trabajado con Simon & Garfunkel o Eric Clapton. Luis Conte viaja alrededor del mundo haciendo talleres de percusión. Larry Goldings es un gran músico de jazz. Lou Marini estuvo con The Blues Brothers... Es un honor que estén conmigo. Mi responsabilidad consiste en ser capaz de encontrar un público para esta banda, que me permita mantenerla unida. A cambio, ellos interpretan mis canciones, y no existe un placer mayor. Tengo mucha suerte. Cuando miro hacia atrás cada vez siento más gratitud. Me podría quejar del negocio de la música o la vida en la carretera, pero todo eso se esfuma cuando pienso en que todavía puedo estar mucho tiempo tocando. Quizá diez o veinte años más, no lo sé. Tony Bennett tiene 81 años y sigue siendo fantástico. Yo vi a Andrés Segovia cuando tenía 90 años. Pau Casals también estuvo actuando hasta edad muy avanzada. Y Rubinstein seguía haciendo llorar a la gente en Rusia con más de 90 años. Si la salud acompaña, el camino puede ser muy largo. Por eso doy gracias por cada nuevo día.

¿Cambiarías algo de tu vida si pudieras?

Déjame pensar… Todo te lleva a alguna parte, nunca se sabe. Creo que perdí mucho tiempo durante mi adicción a las drogas, pero es muy difícil volver atrás y... Me gustaría haberme rehabilitado antes. Y me hubiera gustado conocer antes a mi mujer, Caroline Smedvig, porque habría podido pasar más tiempo con ella. ¿Cosas que cambiaría? Bueno, hay mucha gente a la que pierdes por el camino, y me gustaría haber hecho algunas llamadas que no tuve la oportunidad de hacer. Gente que se ha ido para siempre y con la que hubiera gustado pasar más tiempo, como mi batería Carlos Vega [se suicidó de un disparo en 1998, la noche antes de un show televisivo que debía compartir con Taylor]. Le echo de menos. Ojalá le hubiera llamado durante la semana antes de su muerte. Hacía un mes que no le veía. Son cosas como esas las que cambiaría. Pero hay otras que he hecho y que puede parecer errores, pero que me han conducido a algún sitio.


UNA GENERACIÓN DE CANTAUTORES

¿Has leído tu entrada en la web allmusic.com? Dice: "Cuando la gente usa el término cantautor, ya sea para ensalzarlo o criticarlo, piensa en James Taylor". ¿Te consideras el paradigma del songwriter americano?

Sé lo que quieren decir. Represento un tipo de cantautor que hace música autorreferencial. A veces se ha usado de manera positiva y otras para criticarlo, pero lo que diría al respecto es que hay muchos cantautores que lo hicieron antes que yo. Pienso en Woody Guthrie, Pete Seeger, Bob Dylan... Los he escuchado a todos. Incluso The Beatles eran cantautores, ya que escribían sus propias canciones. Hasta Paul Simon me precedió en varios años. Yo soy de la misma época que Jackson Browne, JD Souther, Randy Newman, Joni Mitchell, Judy Collins...

Compartes generación con Carole King, Paul Simon o tu ex esposa Carly Simon. Todos ellos trabajaron en la factoría de canciones del Edificio Brill. ¿Llegaste a hacerlo tú?

Es gracioso, porque un amigo y yo alquilamos una oficina en el Edificio Brill para trabajar en un musical. No era muy cara, el alquiler era razonable, y pintamos nuestros nombres en la puerta. Desgraciadamente, mi amigo murió seis meses más tarde. Sólo habíamos trabajado en un par de canciones, porque estábamos todo el día borrachos y colocados. Carole King era una compositora estupenda, pero Carly sólo hizo algún trabajo de publicidad.

Después de cuatro décadas haciendo música, qué retos te planteas cuando entras en el estudio o coges la guitarra para escribir una canción?

Con el paso del tiempo, mejoras como compositor. Al principio, sientes presión, una gran urgencia por expresarte. Quizá lo que haces es ingenuo y primitivo, pero también tiene energía. Ahora no siento esa necesidad de ofrecerme al mundo, de decirle a la gente lo que hay dentro de mí, en primer lugar porque ya no tengo la misma edad, y además ya he disfrutado de la oportunidad de hacerlo, así que, en vez de esa urgencia, lo que tengo es un mejor conocimiento de cómo se hace una canción. En realidad, siempre es lo mismo: sentarse ante la grabadora y registrar tus ideas musicales. Lo único que cambia en la dinámica es que, con el tiempo, sustituyes la urgencia por el conocimiento.

¿Consideras que tu legado ha sido recogido por las nuevas generaciones? ¿Aprecias tu influencia en artistas actuales?

A menudo me dicen, o leo en la prensa, que hay gente que me cita como influencia o fuente de inspiración. A veces, me sorprende, porque van desde Garth Brooks a Eddie Vedder (Pearl Jam) o Amos Lee. Hay gente a la que respeto mucho que me ha citado como influencia. A veces puedo entenderlo al escucharles, pero en otras ocasiones es un misterio para mí, aunque en todos los casos me siento halagado, no hace falta decirlo. La única persona en la que realmente puedo ver la conexión es mi propio hijo, Ben Taylor. Puedes escuchar mi voz en la suya, porque somos padre e hijo.


TRES GRABACIONES ESENCIALES


Con todas seguridad, no son los discos que hubiera escogido la crítica especializada, pero cuando se le propone a James Taylor escoger tres de entre todas sus grabaciones, el cantante opta por seguir un criterio emocional antes que por seleccionar grabaciones obvias. Tiene sus razones.

Gorilla
(Warner Bros., 1975)

"Es mi sexto álbum, y para entonces ya había aprendido cómo se hacen los discos. Había tenido éxitos enormes, como 'Fire and rain', 'Mud Slide Slim' o 'You've got a friend', y había pasado por una transición desde el plano privado al público. Por entonces, me sentía cómodo. A veces, se hacen películas 'de estudio'. Algunas son buenas y otras, no tanto. Gorilla y mi disco siguiente, In the pocket (1976), se hicieron en Warner Brothers, con los ingenieros del estudio y sus productores habituales, Lenny Waronker y Russ Titelman, que habían grabado discos que me encantaban con Randy Newman y Ry Cooder. Cada día, me recogían en mi casa de Los Ángeles y seguíamos el mismo horario de trabajo. En esos dos discos, y especialmente en Gorilla, participó gran parte de la comunidad de músicos de Los Ángeles: Lowell George, David Sanborn... Me gustó el enfoque que conseguimos".

That’s why I’m here
(Columbia/Legacy, 1985)

"Lo grabé en la época en que los sintetizadores comenzaban a ser utilizados en todas partes, y cuando lo escucho ahora creo que quizá haya demasiados en el disco, pero para mí representa una transición en mi vida, porque en 1984, finalmente, logré rehabilitarme de mi adicción a las drogas, y tras un año tan duro, empecé a grabar el disco en el Caribe, en los estudios Air (Associated Independent Recording) de la isla de Montserrat, que había puesto en marcha el productor George Martin, a semejanza de los Air Studios de Londres, y donde había grabado The Police. Pero estaba muy enfermo, sufriendo todavía los efectos de mi adicción, así que salimos de allí habiendo grabado una sola canción. Me costó siete meses sentirme humano otra vez, y entonces volví y terminé el álbum. Fue el primer disco que hice con mi amigo Don Grolnik, una relación muy importante en mi vida, porque tenemos una gran conexión musical, y además somos buenos amigos. En mi opinión, es un genio. Ha producido tres de mis discos, y ha sido el líder de mi banda en directo durante más de diez años. Fue un álbum de gran importancia, porque, como a muchos otros artistas, me preocupaba pensar que sin drogas sería incapaz de escribir música nunca más. Pero estaba limpio y sobrio, y pude hacerlo".

One man band
(Starbucks, 2007)

"Quizá parezca una elección extraña, pero lo he elegido porque aunque lo hice con un ingeniero de sonido, lo produje yo mismo. Lo grabé en un teatro que estaba muy cerca de mi casa, y todo el proceso de trabajo, edición, mezclas y masterización, se llevó a cabo en el granero donde grabé después Covers. Probablemente será el método que utilizaré en mis próximos trabajos. También fue la primera vez en que grabé un álbum en que todo se hacía en directo. Éramos sólo yo y el pianista, Larry Goldings, todo muy minimal, íntimo, ya que las canciones están reducidas a su esencia. Siempre me gusta mucho el último disco que he grabado, porque todavía me siento muy cercano a él, y me gusta Covers porque retrata a mi banda tocando en directo, pero creo que me quedo con One man band".


ACTOR DE UNA SOLA PELÍCULA

Como muchos otros músicos, James Taylor ha probado suerte en el cine, aunque el suyo es un caso curioso. Sólo participó en una película: la road movie de culto Carretera asfaltada en dos direcciones, dirigida por Monte Hellman en 1971. "Creo que había visto una foto mía y conocía mi primer disco. El productor, Michael Laughlin, se puso en contacto con mi manager y le preguntó si podría hacer una prueba para la película. Al mismo tiempo, Carly tenía un amigo muy cercano, Jake Brackman, que conocía al autor del guión. Le dijo que era muy bueno y que debía involucrarme en el proyecto. Hellman había hecho varias películas con Jack Nicholson, era un director muy interesante. Hice un casting y le gustó. La película era muy poco convencional, porque sólo había dos actores profesionales: Warren Oates y Harry Dean Stanton. Los tres protagonistas no éramos actores: Laurie Bird (pareja de Art Garfunkel), Dennis Wilson (The Beach Boys) y yo. Hellman no compartía sus ideas sobre los personajes con nosotros, ni nos dijo lo que debíamos hacer, lo que quería era filmarnos. Nos daba el guión página a página. Rodaba sin parar, a veces ni siquiera sabíamos que lo estaba haciendo. Por eso todo resulta tan natural".

Sin embargo, y pese a que la experiencia fue gratificante, Taylor no quiso probar suerte como actor nunca más. "Este guión, el personaje y la película misma me hicieron pensar que podía hacerlo, pero nunca he perseguido actuar en el cine. Lo que me interesa es escribir, grabar y tocar música. Si quieres tener una carrera como actor, debes entrar en el juego, buscar papeles, estar en contacto permanente con las productoras... A mí me gusta mi trabajo".