"Cuentos completos", Amy Hempel


KEPA ARBIZU
Lumpen




Uno de los personajes de la obra “El tragaluz”, de Antonio Buero Vallejo, construye historias de personajes a base de lo poco que consigue ver a través de la pequeña ventana y los recortes de figuras extraídos de revistas. Puede ser una metáfora muy válida para explicar la literatura que realiza Amy Hempel. Partiendo de un detalle, en muchas ocasiones insignificante, va ampliando su enfoque hasta dejarnos ver el drama que hay detrás. No se trata de una labor sencilla para el lector ya que el camino no suele ser directo.

Estilísticamente, tanto en la forma como en el fondo, pertenece al grupo de narradores, en su mayor parte norteamericanos, que basan su escritura en un uso lacónico del lenguaje, preciso en su mirada y minimalista en rasgos generales. Lógicamente me refiero a nombres como Tobías Wolff, Richard Ford o Raymond Carver entre otros. Todos ellos pertenecen al género masculino pero no hay que obviar que dentro de este conjunto de autores también hay voces femeninas de igual calidad, y como es lógico, más cercanas respecto a su visión del mundo a Amy Hempel. Grace Paley, Lorrey Moore o A.M. Homes son creadoras, por tanto, muy próximas a ella.

Anagrama ha editado, bajo el nombre de “Cuentos completos”, la recopilación de sus cuatro libros editados hasta la fecha. “Razones para vivir” es el primero de ellos. Publicado a mediados de los ochenta está formado por relatos cortos donde el protagonismo lo sostiene la propia historia en detrimento de otros aspectos. Sobresale por encima de todos “En el cementerio donde está enterrado Al Jolson”. Perfectamente construido, aunque nada convencional, hay que resaltar que una de las cualidades que le hace diferente a su creadora es su “innovación” a la hora de narrar. Muy a menudo tiende romper la línea argumental de la historia, incorporando flashbacks, intercalando pensamientos o simplemente otras historias. Su tema en este caso es la amistad que hay entre dos chicas, una de ellas ingresada en un hospital, y lo digno de destacar es la humanidad y cotidianeidad con la que retrata lo sucedido.

“A las puertas del reino animal” a diferencia del anterior, hace mayor hincapié en los personajes. Aparecen de todo tipo, a muchos de ellos incluso se les podría considerar extravagantes y raros. Por ejemplo, en “ La parte más femenina de ti”, observamos la historia de amistad, convertida en amor, de dos jóvenes de lo más peculiares. En el relato de igual nombre que el libro, queda retratada una señora de avanzada edad que frente a su cada vez mayor pasión y conexión con los animales sufre un desarrollo inverso con los seres humanos. “La cosecha” es sin duda el momento más álgido. Lo que en un principio se presenta como un relato sobre las apariencias y su importancia, a raíz de un accidente de la protagonista, se va convirtiendo en una brillante reflexión sobre la realidad y la mentira dentro de la literatura y su necesidad o no.

“Tumble home” se edifica entorno a una novela breve que monopoliza y eclipsa a todo el resto. Se trata de una magistral y emotiva historia de amor, efímero, contado a través de una mujer recluida en un centro de rehabilitación desde donde escribe una carta en la que se desnuda emocional y biográficamente, contando al hombre todo lo que no pudo decir en persona. Repleta de matices, de dobles juegos, de múltiples historias, incluida el angustioso suicido de su madre, pintora, al igual que su recién “enamorado”, es un alegato del amor más puro y humano, aquel que se desconoce si será recompensado.

El libro se cierra con “El perro del matrimonio”, donde los animales son una constante en las diferentes historias, al igual que en toda la obra de Hempel. Aquí también encontramos una pieza clave, “Ofertorio”, un relato erótico y sexual, para nada sucio, de gran calado donde los personajes, los mismos que en “Tumble home”, buscan todas las formas posibles de realizarse, tanto individualmente como en pareja, y así evitar caer en la soledad. “El perro del matrimonio”, el cuento, son historias entrelazadas donde las vivencias de los animales acompañan a los fracasos y decepciones personales.

Difícil decantarse por alguna de las partes que forman este recopilatorio. Cada uno enseña, a pinceladas, las diferentes virtudes de esta gran escritora. Así que nada mejor que moverse libremente por las páginas y disfrutar de una literatura concisa, sobria, no exenta de humor, encargada de presentarnos las intimidades del ser humano.

25 años sin Crass


TARIQ GÓMEZ QUEMP
LaDinamo




Fueron los punks más politizados, hasta el punto de que dudaban si definirse como un grupo de música. Atacaron ferozmente a la derecha británica, pero guardaron dosis de mala baba para escupir a Sex Pistols y Patti Smith (a quienes consideraban fariseos). Crass eran capaces de vender veinte mil copias de un disco en una semana sin poner anuncios, ni sonar en la radio, ni salir en televisión (toda una hazaña en la era preinternet). Se separaron cuando en el seno del grupo creció la sospecha de que la música no cambiaba las cosas. Ellos mismos escogieron 1984 como el año de su final, en evidente tributo a George Orwell (luego han seguido dando guerra por separado). En este reportaje resumimos sus aventuras, repasamos una oleada de homenajes y entrevistamos a Jeffrey Lewis, el cantautor neoyorquino que grabó un álbum completo de versiones del grupo.

Su papel en las Malvinas

Uno de los momentos cruciales de la trayectoria de Crass consistió en que la Guerra de Las Malvinas les pillara grabando un doble álbum. Se sintieron prisioneros en su propio estudio y decidieron cambiar de estrategia: había que simplificar el método de trabajo para responder mejor a las agresiones diarias del sistema. Sus siguientes lanzamientos fueron dos canciones antibélicas tituladas "Granja de ovejas en las Malvinas" y "¿Qué se siente al ser la madre de mil muertos?" (pregunta a la primera ministra, Margaret Thatcher, sobre su papel en el conflicto). El siguiente disco de Crass fue otro doble titulado Yes Sir, I Will (1983). Penny Rimbaud, batería del grupo, explica el origen del título: "El príncipe Carlos había ido a visitar a Simon Weston, un soldado británico cubierto de terribles quemaduras. La despedida del príncipe fue ?póngase bien pronto?. El pobre chico respondió ?sí, señor, lo haré?. Es una frase reveladora. Creo que dimos con un título audaz, sobre todo por la compasión que despertaba Weston en toda la sociedad británica". Las canciones anti-Thatcher de Crass fueron discutidas en la Cámara de los Comunes y posteriormente borradas de las listas de éxitos (donde se calcula que al menos una de ellas hubiera alcanzado el top diez). El grupo presumía en las entrevistas de tener contacto con un soldado británico que les contaba los detalles del conflicto desde Argentina.

¿Por qué se separaron?

Rimbaud responde: "En 1977 las guitarras y los micrófonos eran el arma. Nuestra disolución tuvo que ver con el hecho de que no estábamos de acuerdo en que eso siguiera siendo válido en 1983. No voy a decir aquí que las pistolas sean el camino, pero sí es algo en lo que pienso a menudo. Te empiezas a preguntar ?¿qué otra forma hay de parar todo esto?? Nadie quiere una solución violenta, ya lo sé, y siempre encuentras personas con algo interesante que decir, nuevas formas de ser autónomo. Por ejemplo, ahora me interesa mucho la permacultura (diseño de hábitats humanos sostenibles mediante el seguimiento de los patrones de la naturaleza). Es genial ser un pacifista cuando no hay nadie dispuesto a hacerte daño, pero ese no es el caso en el que se encuentra la mayoría de la gente hoy en día. Las discusiones del grupo tenían que ver con que yo creo que estuvimos muy cerca de lograr un cambio. Arthur Scargill, el líder de los sindicatos mineros, casi lo consiguió en las huelgas de los ochenta, pero en el último momento se echó atrás por miedo a que hubiera daños, pensando que la batalla no serviría para nada. Probablemente tenía razón, pero nunca sabremos si yendo un poco más allá hubiéramos logrado algo".

Punk y antipunk

Crass son considerados un grupo punk, pero Rimbaud explica su factor diferencial: "Los Sex Pistols duraron dos años. Al principio pensé: 'esto suena vivo'. Luego nos dimos cuenta de que sólo eran una extensión de la tácticas habituales del negocio musical. No tenían ninguna capacidad de respuesta política. Fuimos nosotros ?y bandas similares a nosotros? quienes introdujimos esa respuesta en lo que se conocía como punk. Es difícil cuantificarlo. ¿Qué importancia tuvieron Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir? Ellos escribieron textos que pueden gustarte o no, pero su influencia es global. No creo estar exagerando al compararnos con los existencialistas franceses". Otra forma de exponerlo: "Fuimos inseparables del movimiento juvenil de la época. Nuestra contribución fue amplia y poderosa. Ese legado está en todas partes, desde las protestas callejeras al movimiento Class War, pasando por el hardcore americano o el polaco. No hay influencias individuales en la cultura contemporánea, eso resulta irrelevante. Fuimos más bien como los hippies. La gente dice ?oh, sólo eran unos tipos con el pelo largo?. Pues no: su repercusión está en mil sitios, desde las tiendas de comida saludable hasta un montón de libros importantes". Crass siempre se esforzaron por hacerse escuchar más allá del círculo de conversos: por ejemplo, gracias a la complicidad de distintos operarios de la cadena de enfundado, insertaron miles de flexidisc con una canción antimatrimonio en una revista femenina adolescente. Usando la misma estrategia, colaron 20.000 flexidisc con un himno antibélico en diversos discos "indies".

Casa de campo ocupada

El grupo surge en Londres a finales de los setenta, dentro de la efervescencia artística de los squats (casas ocupadas). En 2009 todavía sigue activa Dial House, la casa de campo del siglo XVI donde forjaron la mayoría de sus acciones. Está cercana al bosque de Epping (Essex) y durante más de una década tuvieron que resistir a los especuladores que intentaron arrebatarles este miniparaíso (finalmente lo compraron contrayendo una deuda de 80.000 libras que, en parte, fue liquidada con conciertos benéficos y contribuciones de simpatizantes). Consiguieron retener la propiedad gracias a que un juez reconoció su valía como centro artístico: aquí se grabaron los discos de Crass, así como otros de los superventas Chumbawamba o del primer grupo de Björk (Kukl, previo a los Sugarcubes). La casa también fue el estado mayor de decenas de actos de protesta política que hoy se consideran precedentes de los movimientos altermundialistas. Entre 1972 y 1984 sirvió de oficina al festival de Stonehenge, encuentro gratuito de culturas alternativas en el solsticio de verano. Según el diario The Guardian el grupo llegó a ser tan efectivo en sus labores de propaganda política que "fueron cortejados por agentes del IRA y el KGB y vigilados durante largos periodos de tiempo por el MI5 (servicio de espionaje británico)".

Ganando batallas después de muertos

Cualquier lector de la prensa musical en las últimas tres décadas lo tiene muy crudo para descubrir a Crass. No salen destacados en ninguna lista ni se les dedican artículos retrospectivos (tampoco se les suele mencionar en los reportajes sobre el punk). Curiosamente, en los últimos años, se registra un creciente interés por su trabajo. En octubre de 2005, el colectivo La Felguera editó el libro Tienen una bomba: textos, declaraciones y arte de la banda más peligrosa del Reino Unido. En 2007 el cantautor Jeffrey Lewis editó un álbum completo con revisiones folk de su repertorio, 12 Crass Songs. ¿Lo más sorprendente del revival? En 2008 se editó un manual de autoayuda basado en las letras del grupo. Se titula Cómo ser libres (Aguilar) y lo escribió Tom Hodgkinson, un "pope" del movimiento pro-deserción del trabajo. Hace pocas semanas el grupo Black Box Recorder ?especialistas en humor negro? citaban al grupo anarcopunk como inspiración del nuevo álbum que tienen entre manos: "En estos tiempos de recesión global nos están saliendo las letras más políticas de nuestra carrera. Vamos a hacer un disco en plan Crass, pero desde el lado opuesto del espectro ideológico". Entre los fans ilustres de Crass también destaca el artista gráfico Banksy, que ha colaborado con Gee Vaucher, autora de las portadas del grupo.

La Inglaterra actual, según Penny Rimbaud

Ahí va un retrato de su país en 2007: "Somos una nación pequeña con una mente malvada. Nos gusta creernos una superpotencia. Inglaterra intenta aferrarse a su antiguo poder a través de la opresión constante de sus propios ciudadanos. Me refiero al siglo XXI: mientras el imperio y las finanzas se derrumban las autoridades se vuelven más despiadadas que nunca con la gente. Tenemos el salario mínimo más bajo de la Unión Europea y también el nivel de vida más bajo y la peor sanidad pública. Para mí Inglaterra es la nación más oprimida del mundo. La prueba irrefutable es que nunca hemos tenido una revolución. Hubo algunas protestas callejeras, todas ellas sofocadas con máxima eficacia. Nuestros servicios secretos son los más sólidos que se conocen. La regla de oro de la vida británica es ?aprende cuál es tu sitio?. Si no eres capaz de adivinarlo, alguien te lo recordará enseguida. Nunca hemos necesitado nazis que nos pongan en campos de concentración. Nos metemos nosotros solos. Todo el sistema legal, militar y artístico es territorio vedado de la clase alta. No es como en Estados Unidos, donde el dinero define tu estatus. Aquí queda escrito cuando naces. Lo llevamos tatuado en el carácter. Lo más parecido que se me ocurre es el sistema de castas de la India. Lo nuestro no es tan explícito, pero funciona de la misma manera. El acento identifica a cada persona. Si yo entro en una tienda los de seguridad se ponen alerta por mis ropas andrajosas, pero cuando empiezo a hablar me dejan en paz porque piensan que soy un excéntrico de clase alta".

Karzai se alía con lo peor de Afganistán


El presidente afgano es el cartel que sostiene toda una ficción, la que dice que se está construyendo un Estado democrático que puede derrotar a los talibanes



ÍÑIGO SÁENZ DE UGARTE
Público




Las elecciones presidenciales de Afganistán van a ser presentadas como un gran triunfo de la democracia obtenido en las circunstancias más difíciles. No para las mujeres afganas chiíes. El código civil que se aplica a esta minoría, aproximadamente un 15% de la población, consagra la sumisión de las mujeres hasta extremos casi aborrecibles, no muy diferentes a las ideas de los talibanes.

Cuando se supo hace unos meses que la ley permitía a los maridos negar la comida a sus esposas si estas no accedían a mantener relaciones sexuales, los gobiernos occidentales afirmaron que no tolerarían algo así. Ahora se ha sabido que el presidente Karzai permitió la entrada en vigor de la ley el 27 de julio, después de que se hicieran algunos cambios, no los suficientes como para eliminar la discriminación de las mujeres.

Es una más de las polémicas decisiones adoptadas por Karzai para garantizarse la reelección en la primera vuelta. Supone una concesión a los clérigos chiíes y en definitiva comprar el apoyo de esta minoría. La treta electoral de consecuencias más dramáticas ha sido la resurrección por Karzai de casi todos los señores de la guerra que ensangrentaron el país en la guerra civil posterior a la caída del régimen prosoviético. Comenzó en 1992 y en cierto modo aún no ha terminado.

Los muyahidines que plantaron cara a la URSS dividieron Afganistán en una sucesión de clanes tribales y geográficos y destruyeron buena parte de Kabul en sus enfrentamientos. La era en el poder de los talibanes fue en realidad el triunfo de los muyahidines pastunes reunidos en torno a la figura de un líder mesiánico y cruel, el mulá Omar. Los otros se vieron obligados a esperar tiempos mejores.

El derrocamiento de los talibanes iba a suponer no sólo el fin de su teocracia atrasada, sino también el del reparto feudal del poder entre todas esas milicias. No fue así, en primer lugar porque EEUU llegó a la conclusión de que las necesitaba para acabar con Al Qaeda, y después porque Karzai resultó ser un líder débil y vulnerable. Karzai, durante años la única esperanza de Occidente en Afganistán, ha convertido al país en un paraíso de la corrupción y el narcotráfico.

Socios de reputación dudosa

Sus mayores rivales en las urnas, el ex ministro de Exteriores Abdullah y el ex ministro de Economía Ghani, no parecían inicialmente tener fuerza suficiente para impedir la reelección del presidente. La impopularidad de Karzai les ha dado al menos la opción de forzar una segunda vuelta de resultado imprevisible. Abdullah recaba el apoyo de la mayoría de los tayikos, la segunda minoría del país. Ghani es un tecnócrata que puede quitar votos a Karzai entre los pastunes.

El presidente ha prometido cargos y dinero en su campaña, tanto a los que forman parte de su Administración como a los que tuvieron que abandonarla durante un tiempo por su relación con crímenes de guerra cometidos en el pasado o con el narcotráfico. Todos han sido bien recibidos.

El uzbeko Dostum ha dejado su retiro obligado en Turquía, adonde huyó tras un acuerdo con el Gobierno gracias al cual no fue detenido por el asesinato de un opositor.

El tayiko Fahim, ex vicepresidente y ex jefe del Ejército, vuelve a ser compañero de candidatura de Karzai. Es probable que vuelva a quedarse con parte de la ayuda internacional con la que ha construido una de las grandes fortunas del país.

El ex gobernador de Kandahar Sher Muhamad Akhundzada ha hecho campaña en el sur por Karzai. En su caso, tener la reputación de ser el mayor narcotraficante de Afganistán no es un inconveniente. Muy al contrario, cuenta con el dinero necesario para explicar a los líderes tribales del sur las ventajas del programa electoral del presidente.

Están todos y todos tienen unos antecedentes deplorables. No es que la familia Karzai pueda darles muchas lecciones morales. Los hermanos del presidente están entre los personajes públicos más corruptos. Mahmud Karzai disfruta de una fortuna basada en la especulación inmobiliaria, el control del Kabul Bank y, siempre es bueno diversificar las inversiones, el 50% del concesionario de Toyota.

Ahmed Wali Karzai se distingue entre todos. Los servicios de inteligencia de EEUU le han acusado, a través de filtraciones en los periódicos norteamericanos, de estar relacionado con el tráfico de opio en Kandahar. Karzai no ha querido escuchar estas denuncias. La familia y la tribu pastún a la que pertenece están por encima de cualquier consideración.

Corrupción como línea política

En los últimos cuatro años, Afganistán ha pasado del puesto 117 al 176 en el índice de corrupción que elabora Transparency International. Los narcoestados suelen estar en puestos muy bajos en estas clasificaciones.

Un político que llevará a su país a obtener esta distinción no tendría muchas posibilidades de ser reelegido a menos que dirigiera una dictadura militar. La insurgencia talibán ha conseguido de forma involuntaria un pequeño milagro: la comunidad internacional, los narcotraficantes y los señores de la guerra han terminado apoyando por razones diferentes al mismo candidato.

Occidente ha perdido su fe en Karzai pero no tiene alternativas. Teme que su derrota en las urnas pueda entregar todo el sur pastún a los talibanes. Karzai es el cartel que sostiene toda una ficción, la que dice que se está construyendo un Estado democrático en Afganistán que puede derrotar, con la ayuda internacional, a los talibanes.

El presidente teme correr el mismo destino que el último presidente del régimen prosoviético. Tres años después de la retirada de las tropas soviéticas, Najibullah perdió el poder y se refugió en la sede de la ONU en Kabul. Cuando los talibanes tomaron la capital, fue ahorcado en una farola.

Karzai no puede arriesgarse a acabar tan solo como Najibullah.

Sam Peckinpah: 'Duelo en la alta sierra'


ALBERTO ABUÍN
Blogdecine




‘Duelo en la alta sierra’ (‘Ride the Hide Country’) supuso la primera victoria de Sam Peckinpah sobre los cegatos productores de entonces, al lograr imponer su montaje al que ellos querían. Un pase de prueba en los cines de los estudios (MGM) hizo que uno de los ejecutivos se quedase dormido nada más empezar la proyección, sentenciando al final que era la peor película que había visto en su vida. Para no gastarse más dinero, dejó que Peckinpah dejase el montaje proyectado, sin darse cuenta de que estaba sentando un precedente: el conceder al director el control total sobre el montaje final de una película.

Tras la experiencia, no demasiado satisfactoria, de ‘Compañeros mortales’ (‘The Deadly Companions’, 1961), llegó a manos de Peckinpah un guión de N.B. Stone Jr., el cual dejó maravillado al futuro director de ‘Grupo salvaje’. Éste se puso en contacto con el productor Richard E. Lyons para intentar convencerle de que le dejase dirigir la película con la condición de reescribir algunos diálogos. Lyons le echó un vistazo a algunos de los episodios de ‘The Westerner’, dirigidos por Peckinpah, y quedó maravillado con el enorme potencial que el joven director tenía. No era una oportunidad para dejarla escapar.

‘Duelo en la lata sierra’ es la historia de un viaje lleno de melancolía y nostalgia por los viejos tiempos. Sus protagonistas son dos viejos pistoleros, amigos desde hace muchos años, ahora uno dentro de la ley y el otro fuera. Sin embargo, ambos aceptarán el trabajo de custodiar un importante cargamento de oro, en un viaje lleno de peligros. No sólo deberán enfrentarse a una familia de hermanos obsesionados por una mujer que ha preferido quedarse del lado de los buenos (después de casarse por despecho con uno de los malos, siendo la primera puta del cine de Peckinpah), sino que tendrán que lidiar con sus propias diferencias con respecto al destino del oro.

El guión original se llamaba ‘Guns in the Afternoon’, pero fue cambiado por el propio Peckinpah por el ya conocido, mucho más afín con lo que se narraba. Durante cuatro semanas, el director estuvo retocando el libreto, lo cual derivó en una reescritura total y absoluta de los diálogos existentes, cambiando además el final del film. Los dos personajes centrales intercambiarían sus respectivos destinos, un cambio que demostraría el ojo clínico de Peckinpah para saber aprovechar todas las posibilidades de los relatos que caían en sus manos, algo por lo que se caracterizó a lo largo de su carrera como director y guionista.

Y es que Peckinpah consigue con pequeños elementos, en apariencia insignificantes, vestir y dibujar a sus personajes. Detalles como los del personaje de Warren Oates (actor Peckinpaniano por excelencia) enfadándose con unas gallinas, u obligado por sus hermanos a tomarse un baño (escena totalmente improvisada, siguiendo una sugerencia del director a los actores que pillaron desprevenido a Oates), ayudan a entender su forma de pensar, y sobre todo de perder los estribos, señalándole como alguien de carácter débil por mucho que use la violencia. Todos los personajes pueden presumir de tener un apropiado dibujo, ninguno sobra, todos tiene algo que decir y aportar a la historia. En muchas películas hay personajes de relleno, en ésta no.

Para interpretar a la inolvidable pareja protagonista, Peckinpah tuvo el privilegio (recordemos que sólo tenía una película en su haber, o sea, era prácticamente un desconocido) de contar con Joel McCrea y Randolph Scott, en roles que se intercambiaron antes de comenzar el rodaje porque los actores lo acordaron así. El resultado no pudo estar mejor, ambos dieron lo mejor de sí mismos dando vida a dos hombres cuyo tiempo ha pasado, y tienen una última oportunidad de hacer algo bien. En su última aventura, por así llamarla, se verán asentadas las bases de su amistad. Westrum (Scott) querrá convencer a Judd (McCrea) de quedarse con el oro y de vivir lo que les queda sin ningún tipo de preocupación. Judd se sentirá traicionado (una de las constantes del cine de Peckinpah: la amistad traicionada), y todo quedará resumido en uno de los extraordinarios diálogos que abundan en el film:

- No te preocupes de nada, me encargaré de ello tal y como tú lo hubieras hecho

- Lo sé, siempre lo supe. Simplemente tú lo olvidaste por un momento, eso es todo

Scott, que había sido el actor fetiche de otro director especializado en westerns, Budd Boetticher, abandonó el cine después de realizar este film, convirtiéndose en un hombre de negocios que jamás concedió entrevistas ni habló de sus trabajos para la pantalla grande. Lo cierto es que Scott nunca fue considerado un actor de primera línea, más bien un secundario de lujo, e incluso sus aportaciones al género con Boetticher tardaron en ser consideradas como lo que son algunas, unas verdaderas joyas. Actor de limitado registro, tuvo la suerte de pertenecer a una época en la que había directores que sabían hacer algo que hoy en día rara vez se ve en el cine americano: dirigir a los actores.

Joel McCrea era mejor, de eso no hay duda, trabajó con los grandes (Wellman, Hitchcock, Sturges…) y en manos de Peckinpah logró una de sus más recordadas interpretaciones, consiguiendo una química especial con Scott, haciendo un mayor hincapié en la edad de su personaje (cansado, tiene que ocultar que necesita gafas para leer, que las cosas ya no son lo que eran). Se acentúa así, el carácter crepuscular de la obra, que ofrece un apretón de manos entre los tiempos pasados y los nuevos, algo que Peckinpah no se cansaría de remarcar en sus futuras películas, siempre con una mirada nostálgica hacia otros tiempos, y con personajes desencajados.

‘Duelo en la alta sierra’ fue un fracaso en el momento de su estreno, pues fue colocada en segundo lugar en un programa doble que compartía con ‘Una vez a la semana’ (‘Boys´ Night Out’, Michael Gordon, 1962), lo cual redujo considerablemente sus posibilidades de éxito. Poco a poco fue alcanzado un merecido prestigio, y muchos críticos la situaron entre lo mejor del año, y como uno de los mejores westerns de la historia (lo es). Los productores enseguida pensaron en promocionar el film de cara a los Oscars, pero Peckinpah los amenazó con denunciarles, ya que su nombre no figuraba en los créditos como guionista. Le hicieron caso.

Sólo por la secuencia final del duelo, el film merece todos los elogios posibles. Asustados del material que Peckinpah había rodado, y según montadores ilustres como Margareth Booth, aquello era imposible de montar debido a la ridiculez de la situación (dos viejos frente a frente contra tres pistoleros). Booth evidentemente se equivocó porque no entendía a Peckinpah, y mucho menos la película. Frank Santillo (Oscar por ‘Grand Prix’ en 1966) se lució siguiendo las indicaciones del director, en una escena que pertenece por derecho propio a los anales del Cine. Prodigio de montaje, ritmo y planificación, dicha secuencia influyó poderosamente en un género que ya estaba enfermo. Peckinpah se encargó de revitalizarlo durante pocos años más, cambiando para siempre la concepción del mismo.

París multiplica las escuchas y crea una red de alcance global

ARANTXA MANTEROLA
Gara



Un estudio revelado por el conocido diario parisino ``Le Figaro'' hace unos días afirma que las intervenciones telefónicas en el Estado francés han aumentado un 440% en el periodo de 2001 a 2008. El trabajo en cuestión se denomina ``Estudio de derecho comparado en materia de organismos de control para las intervenciones telefónicas'' y ha sido realizado por Claudine Guerrier, investigadora y profesora de Derecho de Telecomunicaciones en la escuela Télécom et Management Sud-Paris, ha dejado de manifiesto que las escuchas telefónicas realizadas a petición de los jueces de instrucción han pasado de 5.845 en el año 2001 a más de 26.000 el pasado año.

Para el Ministerio de Justicia, esta expansión es la consecuencia lógica del «endurecimiento de la política penal» del Gobierno, que hace que también aumenten las intervenciones judiciales y por ende, matiza, «la tasa de casos resueltos».

Sólo para «crímenes y delitos»

El citado Ministerio asegura, asimismo, que las escuchas judiciales se ponen en marcha en el marco de un procedimiento penal «muy estricto» y que únicamente están «reservadas a crímenes y delitos susceptibles de ser sancionados con al menos dos años de prisión».

A pesar del significativo aumento, el Estado francés estaría todavía, según las alegaciones del Ministerio de Justicia recogidas en el informe, muy lejos de otros países europeos. Así, indica que en Alemania se practican tres veces más escuchas que en el Héxagono, en los Países Bajos doce veces más y en Italia quince veces más.

Además de las 26.000 escuchas ordenadas por los magistrados, en 2008 se efectuaron otras 5.906 intercepciones administrativas, aproximadamente el mismo número que en los últimos cuatro o cinco años juntos. Denominadas también «escuchas de seguridad», se practican a petición de servicios de información como la DGSE (Seguridad Exterior), la DCRI (Seguridad Interior) o la DNRED (Investigaciones Aduaneras). Aseguran que el objetivo de estos espionajes es detectar cualquier ataque a la seguridad nacional, prevenir las agresiones «terroristas» o resolver asuntos económicos.

Bajo un manto de confidencialidad extremo, unos treinta técnicos del Grupo Interministerial de Control (GIC), organismo que depende directamente del primer ministro, se ocupan en los subsuelos del macroedificio de los Inválidos en París del tratamiento de estas escuchas, interceptadas en su mayoría por la base de la DGSE situada en Domme (Perigord).

Aparte de las escuchas telefónicas, el estudio de Guerrier demuestra que el grueso de las intervenciones incumbe a mails y sms. «Dado que la mayoría de los mensajes entre ciudadanos se intercambian por móvil y, sobre todo, por sms es lógico que los jueces y los servicios de información estén interesados en tener conocimiento de estos mensajes», manifiesta la especialista en Derecho de Telecomunicaciones.

En consecuencia, los servicios secretos han redoblado esfuerzos para interceptar desde cientos de kilométros de altitud las comunicaciones realizadas por mail, fax y, por supuesto, los mensajes sms que se cruzan a través de los teléfonos móviles.

Más de 40.000 sms

A la espera de que la superplataforma de escuchas de la Justicia esté terminada, la miniplataforma de la Policía instalada en la Dirección central de Información Interior (DCRI) de Levallois-Perret funciona a un ritmo vertiginos. De hecho, las previsio- nes de los expertos cuando se puso en marcha en mayo de 2007 se han duplicado, ya que se admite que se captan más de 40.000 sms al año.

Oficialmente se indica que las intervenciones afectan solamente a los asuntos relacionados con el «terrorismo a título preventivo». Y los datos recogidos conciernen a la conexión, es decir, quién ha contactado con quién, donde y cuándo. Por el momento, según afirma ``Le Figaro'', no se comunican el contenido de los e-mails ni los textos sms a la Policía por problemas de compatibilidad técnica.

¿Quién controla?

Un decreto de noviembre de 2006 establece la creación del organismo que supuestamente se ocupa del control de todo los relacionado con las escuchas judiciales. Una denominada Delegación Interministerial de Intervenciones Judiciales (DIIJ) se encarga de «coordinar las acciones que conciernen la creación de un sistema nacional de tratamiento y gestion administrativa de las operaciones».

La delegación, bajo el mando del secretario general del Ministerio de Justicia, está dirigida por un magistrado nombrado por decreto por el primer ministro y que previamente ha sido propuesto por el titular de Justicia. El Comité de Orientación de dicha comisión se reúne anualmente pero, en consonancia con la cuestión de la que está encargada, su funcionamiento resulta también extremadamente discreto.

Sin embargo, Guerrier no está segura de que el control funcione. La experta considera que el hecho de que las intervenciones sean tan numerosas y, en realidad, «poco controladas» representa una «amenaza para la vida privada».

No es la única en inquietarse por estas prácticas secretas. Michel Tubiana, presidente de la Liga de Derechos Humanos, comparte la preocupación de la investigadora: «La cuestión es que no se escucha únicamente a la persona sospechosa, sino también a sus círculos más cercanos. En definitiva, cualquiera puede tener sus comunicaciones interceptadas por un asunto que no le concierne en absoluto y terminar implicado en un sumario judicial aunque no tenga estrictamente nada que ver con el asunto».

Desconfianza creciente

Los reparos respecto al control efectivo son aún mayores en lo que respecta a las intervenciones administrativas efectuadas por la DGSE (Seguridad Exterior) y la DRM (Información Militar) a demanda de los ministerios de Defensa, de Interior o de Hacienda, que deben ser inspeccionadas por la Comisión Nacional de Control de Intervenciones de Seguridad (CNCIS).

«En teoría la información recogida está dirigida a la defensa nacional con el fin de prevenir conflictos, terrorismo y proliferación de armas nucleares, aunque se sospecha que también se ocupa de espionaje económico» declara Guerrier, apostillando que estas intervenciones no son objeto de ningún control externo e independiente. Un añadido que no hace más que aumentar la desconfianza respecto a la utilización de estas informaciones obtenidas en nombre de la «razón de Estado».

Frenchelon, una red de bases y satélites que «barre» prácticamente todo el planeta

«Cerise» y «Clémentine» son dos de los microsatélites-espías que, bajo estas denominaciones de frutas, fueron puestos en órbita entre 1995 y 1999 con el objetivo de interceptar información desde el espacio para el Ministerio de Defensa. El sistema, cuya existencia nunca ha sido reconocida oficialmente, fue completado a partir de 2004 con el programa Essaim, que dispuso otros cuatro artilugios de 120 kilogramos capaces de captar datos en franjas de territorio de 5.000 kms. de anchura.

Todos estos dispositivos secretos formarían parte de «Frenchelon», nombre con el que los anglosajones se refieren a la red de escucha francesa. Hacen así un símil con «Echelon», el sistema de intercepción de comunicaciones públicas y privadas puesto en marcha a nivel mundial por Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

Muchas de las bases técnicas de intercepción de Frenchelon están situadas dentro del Héxagono, pero los téntaculos de la red espía francesa se despliegan también en varios continentes, en particular en territorios de Ultramar (La Reunión, Papeete, Mayotte, Nueva Caledonia...) o en ex-colonias francesas (Djibouti). La estación de escucha más importante se encuentra en Domme (Périgord).

La ubicación estratégica de todas estas bases, junto con la estructura existente en los locales de la DGSE en región parisina, permite a los servicios franceses captar y analizar información en prácticamente todo el planeta.

El Estado francés dispone, además, de otros sistemas del mismo tipo como «Emeraude», que antes era confundido con Frenchelon, pero que es uno de los componentes del sistema móvil de escucha y búsqueda automática de emisiones del Ejército.

El sistema de escuchas se completa, a nivel interno, con las instalaciones existentes en los departamentos del Estado, situadas normalmente en prefecturas o locales policiales. La DCRI (Seguridad Interior) se encarga de su gestión y administración.