25 años de lluvia púrpura


Este verano se celebra el 25 aniversario del disco de Prince 'Purple rain', su primer éxito


ALEJANDRO ARTECHE
Soitu



El verano de hace un cuarto de siglo arrancaba en Junio con la publicación del sexto disco de Prince, la banda sonora de su primera película llamada 'Purple rain'. Hasta entonces el diminuto músico de Minéapolis había sido un artista no apto para todos los públicos. Discos con títulos como 'Dirtymind' o portadas y fotos donde aparecía con bigote, melena y prácticamente desnudo había hecho que sus discos no estuvieran al alcance de todos en las estanterías. Su música, funk visceral bailable lleno de gemidos y con letras haciendo referencias continuas al sexo, estaba concentrada en el ámbito de los entendidos y las discotecas. En España, que yo recuerde, sus discos ni siquiera se editaban. El sello Warner se había establecido por su cuenta tras haber sido distribuido los últimos años por Hispavox y los primeros discos de Prince se podían encontrar en tiendas especializadas con la pegatina 'Wea import'. Es decir, distribución limitada a según que comercios y a un precio de venta al público abusivo.

Publicado a finales de Junio de 1984, 'Purple rain' aparecía en las tiendas bajo el nombre de Prince & the Revolution, a mi entender la mejor banda de acompañamiento que ha tenido Prince en discos y directos. Ahí estaban las turbadoras Wendy & Lisa o el divertido Doctor Fink a los teclados, que acostumbraba a salir al escenario con bata y mascarilla de cirujano. Era el sexto disco de la carrera de Prince y servía como banda sonora a la película que acaba de protagonizar que, de una manera novelada y maquillada, contaba la historia de la vida de un músico parecida a la suya real.

Se puede considerar 'Purple rain' como el punto de inflexión de la carrera musical de Prince. Atrás quedaban los discos más duros y viscerales para adentrarse en la carrera de lo comercial. ¿O no? Prince en realidad siempre ha hecho lo que le ha salido de las narices y no hay más que ver como en vez de seguir la estela de éxitos que le deparó este disco enseguida se puso a hacer atrocidades como 'Under the cherry moon'. Lo cierto es que este disco le hizo ganar muchísimo dinero y le dotó de un nuevo estatus de super estrella.

Un vídeo ensoñador con un Prince sumergido en una bañera y palomas al vuelo servían para ilustrar el primer single, 'When doves cry'. Una balada electrónica, larga y espesa que, a pesar de su duración, llegó a los primeros puestos de las listas de éxito en radios comerciales. Como singles le siguieron la bailable 'Let’s go crazy' y como tercero la canción que daba título al disco, otro baladón de esos de encender el mechero y ese final que parecía no terminar nunca con Prince poseído por el espíritu de Jimi Hendrix.

Fueron muchos los que esa navidad tuvieron como regalo de reyes una copia en casete o lp de 'Purple rain', aunque en España fueron muy pocos los que vieron la película gracias a Dios, porque aquello era una cosa imposible que no había por dónde cogerla de lo mala que era. Que más da, a estas alturas todo el mundo conoce el disco de Prince, todos saben que es la banda sonora de una película, pero nadie tiene interés en verla. ¿Para qué?

Ganadora de tres Grammy y del Oscar a la mejor canción por 'Purple rain', se calcula que hasta ahora ha podido vender sólo en Estados unidos unas 13 millones de copias. Subió al número 1 de la lista de ventas del Bilboard americano en Agosto del 84 y no lo abandonó hasta finales de Enero del 85. Curiosamente cuando subió al primer puesto echó de él al 'Born in the USA' de Bruce Springsteen y cuando por fin un disco consiguió mover a Prince del top de la lista en Enero, este fue de nuevo el superventas del Boss.La revista Vanity Fair considera el disco como "la mejor banda sonora de todos los tiempos" y la edición americana de Rolling Stone lo calificó de "segundo mejor disco de los 80" y el "72 mejor disco de todos los tiempos" en una lista de 500.

La conmemoración oficial de este 25 aniversario tenía que haberse celebrado el 25 de Junio, que es cuando se puso a la venta. Por desgracia, las noticias ese día estaban copadas por las muertes de Michael Jackson y Farrah Fawcett y no se le dio toda la cobertura mediática merecida.

Entraríamos en un debate demasiado intenso —y perdido por goleada conociendo a los fans de Prince— sobre si tras 'Purple rain', el músico de Mineápolis ha seguido siendo un genio o poco a poco su carrera ha caído en picado. Su obra es muy difícil de seguir por los continuos cambios de discográfica, sus peleas con ellas, los cambios de nombre (recordemos aquello de 'El símbolo' y 'el artista antes conocido como Prince') y las mastodónticas cajas que edita a precios prohibitivos desde su página web. Pero ahí está, subidito a sus tacones y componiendo sin parar. No recuerdo cuántas canciones dijo que tenía grabadas y guardadas listas para publicarse, pero vamos, una burrada.

Coincidiendo con este aniversario, la revista musical Spin a través de su edición digital ponía a disposición de sus lectores un disco homenaje titulado 'Purplish rain'. Para poder descargarlo sólo era necesario contestar una pregunta muy simple que venía en el artículo dedicado al cantante en el número de Julio de la edición impresa de la revista.

'Purplish rain' incluye las mismas canciones que el disco original de Prince y cuenta con las colaboraciones de los triunfadores del pasado año en el soul por sus colaboraciones con Mark Ronson Sharon Jones & the Dap Kings, que convierten 'Take me with U' en una viscosa y pegadiza pieza soulera para no parar de bailar. Esta canción en un principio estaba compuesta para el disco de una de las protegidas de Prince, Apollonia Kotero y su grupo Apollonia 6, y en el último momento decidió quedársela e incluirla en el disco y la película.

Lo divertido de este disco, como todo buen disco de versiones, es ver cómo los grupos moldean y corrompen las canciones a su antojo. Está bien que Fol Chen usen la electrónica para hacer 'The beautiful ones', pero sonar parecido a como puede sonar Prince tiene poca gracia para luego terminar desvariando como lo hacen. En cambio, lo que hacen Sharon Jones o Mariachi El Bronx que convierten 'I would die for U' en una divertidísima ranchera, es muy curioso e interesante y, prácticamente, lo mejor del disco.

Supongo que el lector tendrá interés si aún no ha oído el disco, en saber qué se ha hecho con los temas estrellas del álbum. The Twilight Singers, el proyecto personal del cantante de los Alpha Wings, convierten 'When doves cry' en una especie de marcha medio fúnebre medio militar con ayuda en los coros de la ex Prince Apollonia —que participaba en el disco y película originales— y que por momentos logran las armonías vocales tan características de Prince.

Lavender Diamond, el cuarteto folk de Los Angeles, se encargan de cerrar el disco con la versión de 'Purple rain'. ¿Qué decir de ella? Que tampoco se han roto mucho la cabeza y que queda bastante sosa. Me ponen mañana la canción sin conocer quien la ha hecho y me dicen que es un triunfito en la gala semanal y me lo creo. Tanto ellos como Twilight Singers tenían la oportunidad de lucirse con dos pedazo de canciones y no han sabido aprovechar la ocasión, no sé si por miedo a las críticas, porque les venían grandes o porque no sabían que hacer con ellas. Me hubiera gustado ver el vozarron de Sharon Jones desgarrándose en esta canción o convirtiendo 'When doves cry' en un revientapistas de soul sesentero, por ejemplo. En realidad me hubiera gustado oir a los Dap Kings marcándose todo el disco ellos solos, qué narices.

¡Menos mal que a los punkis tejanos de Riverboat Gamblers les ha quedado una versión de 'Let’s go crazy' super divertida, con toques entre Sweet y Fleshtones y perfecta para hacer el cabra el próximo fin de semana en la pista de baile de tu club favorito!

Pasaportes biométricos, ¿un estado de vigilancia permanente?

VERA VON KREUTZBRUCK
The Women's International Perspective/Alternet (Traducido para Rebelión por Germán Leyens)




Uno de los dulces placeres de la vida es viajar. Gracias a la creciente cantidad de vuelos a bajo coste, los viajes al extranjero ya no son un lujo reservado para los pocos privilegiados. Al mismo tiempo, sin embargo, hay un alarmante aumento en la demanda de datos personales de los turistas y no existe un marco legal transatlántico sobre el intercambio de datos personales. Aunque terceras partes como aerolíneas y operadores de aeropuertos tienen derecho a leer esos datos, no sabemos lo que pasa con ellos posteriormente.

Bajo legislación introducida después de los ataques del 11 de septiembre, EE.UU: ha reforzado las medidas de seguridad para turistas extranjeros que entran a su país. La última medida requiere que hasta 2012, cada viajante que entre a EE.UU. como parte de un programa de exención de visa tiene que tener un pasaporte biométrico o se verá forzado a solicitar una visa.

El pasaporte biométrico – que incorpora un chip electrónico con datos personales, imágenes faciales y huellas digitales – está en camino a convertirse en un requisito previo global para viajes. Hasta entonces los actuales pasaportes seguirán siendo válidos para viajes a la mayoría de los países. Alemania, Francia y Holanda ya han comenzado a emitir los nuevos documentos. Los parlamentarios de la UE accedieron a la demanda de EE.UU. y aprobaron una decisión a fines de 2005 que dice que su objetivo es combatir la inmigración ilegal, el terrorismo y el crimen organizado. Pero la excusa de que los nuevos pasaportes ayudarán a impedir el terrorismo internacional es cuestionable ya que ante todo los agentes de seguridad tendrán que saber qué cara o huellas digitales buscan.

Inicialmente, Washington fijó un plazo hasta 2006 para los 27 países en la UE y otros países exentos de visa como Noruega, Islandia y Suiza, pero luego extendió la fecha hasta junio de este año para dar a esos países más tiempo para preparar la tecnología necesaria para emitir los pasaportes biométricos. El Departamento de Estado de EE.UU. comenzó a introducir pasaportes-e en 2006 y se proyecta que todo dueño de un pasaporte en EE.UU. tenga uno hasta 2017.

Mientras tanto, hay poco entusiasmo para estos nuevos requerimientos. Protectores de datos y activistas por los derechos humanos argumentan que esta regulación trata a cualquiera como un criminal en potencia, violando así la protección de los datos personales de los ciudadanos e imponiendo un estado de constante vigilancia.

Peter Hustinx, Supervisor Europeo de Protección de Datos, dijo en una conferencia de prensa sobre la implementación de pasaportes biométricos en 2007 que las medidas de seguridad orientadas a prevenir el terrorismo son aumentadas frecuentemente a costa de la privacidad. Hustinx está a cargo de asesorar a los gobiernos y a los organismos de la UE respecto a estándares de seguridad de datos y actúa independientemente de las instituciones de la UE. Advirtió que la UE se “precipita hacia una nueva era” de uso de identificadores biométricos para controles de seguridad mientras que los estándares para la protección de datos aún no están claros.

“Es muy importante que los datos biométricos sean sólo conservados en el pasaporte y no en bases de datos externas. Hasta ahora no hay regulaciones internacionales que lo garanticen,” dijo Peter Schaar, Comisionado Federal Alemán para Protección de Datos, en una conferencia sobre protección de datos realizada en marzo de este año en Berlín.

En 2005 cuando se publicó esa decisión, no tuvo lugar un intenso debate político en Alemania, pero hubo algunas voces de disenso. El periódico de izquierdas Die Tageszeitung publicó un artículo diciendo que desde el 11-S la seguridad interior había ganado más importancia que la protección de los derechos fundamentales del ciudadano. Además, expertos en seguridad han advertido ante el peligro y la facilidad con la que hackers y agencias estatales podrían abusar de los registros de datos y de la información personal delicada que rastrean.

En los hechos, el pasaporte-e, que supuestamente debe proteger a los Estados contra ataques terroristas, no es en nada seguro. En 2006 en la conferencia de seguridad Black Hat realizada en Las Vegas, Lukas Grunwald, consultor en seguridad informática alemán, demostró que los datos en los chips son fáciles de copiar. Demostró que un terrorista podría portar un pasaporte con su verdadero nombre y foto impresos en las páginas, pero con un chip con información diferente clonada del pasaporte de algún otro. Sin embargo, esto podría ser fácilmente evitado si el funcionario de seguridad examina el pasaporte para asegurar que el nombre y la foto impresos corresponden a los datos leídos del chip.

Aún más inquietante para los activistas y los protectores de datos, la Unión Europea está a punto de iniciar conversaciones con EE.UU. para darle acceso a los datos bancarios. El plan podría ir más allá de un acuerdo existente con la UE que permite que las líneas aéreas transatlánticas transfieran datos de tarjetas de crédito, direcciones de correo electrónico, pasaportes, itinerarios de viaje y otros pertenecientes a pasajeros europeos a funcionarios de EE.UU. EE.UU. ya ha estado examinando transacciones manejadas por la Sociedad para las Comunicaciones Financieras Interbancarias Internacionales (SWIFT) desde el 11-S. SWIFT, que está basada en Bélgica, planea transferir sus servidores y base de datos de EE.UU. a Europa. Ya que las leyes de privacidad de datos son mucho más estrictas en Europa, EE.UU. necesitaría entonces permiso de la UE antes de poder obtener acceso a esa delicada información.

La protección de la privacidad y de los datos personales de un ciudadano es vital para toda sociedad democrática, y debería ser respetada tanto como la libertad de expresión o de movimiento. Algunos funcionarios en EE.UU. y en la UE, harían bien en volver a leer el Artículo 8 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea que dice lo siguiente:

“Toda persona tiene derecho a la protección de los datos de carácter personal que la conciernan. Estos datos se tratarán de modo leal, para fines determinados y sobre la base del consentimiento de la persona afectada o en virtud de otro fundamento legítimo previsto por la ley. Toda persona tiene derecho a acceder a los datos recogidos que la conciernan y a su rectificación. El respeto de estas normas quedará sujeto al control de una autoridad independiente.”

En la busca paranoica de más seguridad, a menudo se sacrifica la libertad y la privacidad. Todos somos vigilados por el “Gran Hermano,” ¿pero quién vigila al “Gran Hermano”?

Pasado y presente de Brian Wilson, la leyenda de los Beach Boys


A los 67 años, el genio artístico de la banda que competía con Los Beatles en los ’60, sigue dando batalla. Y cuenta cómo es hacer música después de haber vivido tres décadas en reclusión caótica. Su último trabajo es That Lucky Old Sun, una nueva celebración de California


JOHAN WALSH
Página 12




Brian Wilson no podía surfear. ¿Se entiende? El compositor, arreglador y principal cantante de los legendarios Beach Boys nunca aprendió a montar una ola. El hombre que le dio al mundo “Surfin USA”, “Surfin Safari” y “Surfer Girl” no tenía ni idea acerca de encerar la tabla ni de hacer un hang ten. Según su esposa Melinda, a él ni siquiera le gustaba demasiado el océano. Prefería quedarse en su casa de South Bay, Los Angeles, sentado frente a un piano retorciendo los pies que rayaban un arenero casero, escribiendo las canciones que excitaron a una generación respecto de las delicias de los veranos adolescentes. Desde unos cuantos miles de radios a transistores, las canciones de Wilson repartieron las noticias sobre chicas que se llevaban el T-Bird de papi en un crucero hasta la hamburguesería, chicos con el corazón roto que necesitaban a una Rhonda (“Ayúdame a sacarla de mi corazón”) como besadora sustituta, sobre lugares para ir donde los chicos son copados, sobre primeros besos en el salón de baile, sobre anhelos, romances de verano, traiciones y un viaje marino en el Sloop John B. Eran servidas en rodajas de pop sin fricciones de tres minutos, en cuyos estribillos cinco voces se alzaban en coros perfectos y sofisticados cambios de acordes.

Los Beach Boys tenían a la juventud de su lado, y una sensación de diversión, pero también tenían clase. A los historiadores del rock les llevó un tiempo darse cuenta de que, mientras Los Beatles tenían a George Martin para arreglar y producir sus melodías intrincadamente estructuradas, los Beach Boys tenían a Brian Wilson para hacer todo excepto escribir las letras. Ellos consiguieron nueve discos de oro consecutivos y dos docenas de hits en el Top 40. En 1966, los lanzamientos combinados del disco Pet Sounds y el épico single “Good Vibrations” los convirtió en el mayor grupo pop del mundo detrás de los Fab Four. Entre estas dos usinas creativas creció una intensa rivalidad. Al escuchar Pet Sounds, Paul McCartney supo que tenía que crear un disco que lo sobrepasara, y así nació Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Brian Wilson se consternó por la brillantez polimorfa de ese álbum y se propuso escribir su propio ciclo de canciones con Van Dyke Parks, “una sinfonía adolescente para Dios” provisionalmente titulada Smile. Pero su ingesta de LSD y anfetaminas, alcohol y morfina había empezado a afectar su cabeza; comenzó a escuchar voces que le decían, alternadamente, que lo amaban y que iban a matarlo (investigaciones posteriores diagnosticaron un “desorden esquizo afectivo”). Así que abortó el proyecto, se retiró del mundo de la música a los 25 y pasó las tres décadas siguientes en reclusión caótica.

Desde allí sacaba una canción muy de vez en cuando, mientras los discos retrospectivos de los Beach Boys seguían vendiendo. Recién en 1999 Wilson emergió de su escondite y volvió a los escenarios. Tocó Pet Sounds entero y recibió ovaciones. En febrero de 2004 salió a la ruta con una versión finalizada de Smile, que se presentó en el Royal Festival Hall de Londres y que se convirtió en el disco del año para la mayoría de los críticos de música. En septiembre de 2007, el Festival Hall celebró su refundación pidiéndole a Wilson que escribiera una nueva pieza. El resultado fue el remarcable That Lucky Old Sun, una celebración de California en 16 tracks, con intermedios hablados por Van Dyke Parks. Wilson escribió la música en tres semanas, mezclando un ecléctico rango de estilos musicales: pop vital, blues, rock, mariachi mexicano, vodevil. El disco fue publicado y un libro de edición especial fue lanzado hace poco para acompañarlo, con 12 pinturas de California especialmente encargadas a Peter Blake.

Es completamente natural que cualquier entrevistador fan del rock quiera conocer a Brian Wilson. Sin dudas, él es uno de los compositores más sofisticados en la historia del rock, a punto de unirse a los grandes de la ópera. Si su música hoy no es parte del mainstream del rock, su pedigree es de oro. Busquen la conexión entre la música gospel de iglesia, Crosby, Stills and Nash y los Fleet Foxes, y la respuesta es clara. Por otro lado, Wilson, de 67 años, tiene la reputación de ser un entrevistado difícil. Años de sobreestimulación química y alcohólica tuvieron un costo muy alto. Otros entrevistadores se lo dirán, Wilson no es un hablador por naturaleza. Así que tengo sentimientos encontrados mientras doy vueltas por el lobby del Hotel Mayfair, justo fuera de Piccadilly, esperando para encontrar al gran hombre. Su agente de prensa Jean Sievers es amigable pero dice, de manera algo ominosa, que nadie en el entorno de Wilson pudo dormir en el vuelo desde Los Angeles la noche anterior, y que todos están bastante gagá por el jet lag. Fuera de la suite del tercer piso, ella me mira y me pregunta “¿Entrevistaste antes a Brian?” Contesto que no, pero que leí los recortes. “El no habla demasiado”, remarca ella lacónicamente. “Te recomiendo que no le hagas preguntas que puedan ser respondidas con un sí o un no”. Dentro de la suite, un hombre alto y de aspecto confundido, vestido con una camisa deportiva azul pálido está sentado en el sofá, no muy feliz. Se sienta extremadamente duro, sus manos no se mueven sobre sus muslos, sus ojos inescrutablemente medio cerrados, como un viejo jefe piel roja negociando un congreso difícil.

–¿Cómo era el texto original que recibió del Festival Hall acerca de That Lucky Old Sun?

–Me decían: “¿Puede escribir una pieza musical de 45 minutos para que nosotros estrenemos ahí?” Así que la escribí, la ensayamos hasta que la tuvimos lista y entonces la mandamos a Londres.

–¿Le especificaron si querían alguna clase de estilo, onda o temática?

–No. Sólo algo bueno.

–En el libro que acompaña al disco, se lo cita llamando al álbum “una serie de rondas entretejidas”. Pero, ¿qué son esas rondas?

–Son las narraciones de Van Dyke Parks, cinco de ellas, de 35 segundos.

–¿Y cuál es su función entre los tracks musicales?

–Son imágenes de Los Angeles, para que podamos ir de una cosa a la siguiente. Es un álbum conceptual, por eso lo hicimos de ese modo.

–¿Por qué eligió “That Lucky Old Sun”, la vieja canción de esclavitud, como “concepto” melódico definidor en el corazón del trabajo?

–Porque quería algo espiritual, un concepto de negro-spiritual. Elegí “Lucky Old Sun”, la versión de Louis Armstrong, y le cambié un poco los acordes.

–Sí, pero, ¿por qué eligió una canción de esclavos?

–Porque sí. Quería que la gente supiera por lo que pasaron los negros.

Hmmm. El disco, le digo, es fantásticamente alegre, lleno de sentimientos redentores acerca de empezar de nuevo, de volver a la vida. La única canción en la que tiene el crédito completo de la letra, “Good Kind of Love”, es prácticamente trastornada por el sentimentalismo sobre un romance recién acuñado. ¿Puede recordar el estado en que la escribió? “Estaba en un estado de ánimo muy feliz. Estaba ejercitándome mucho y sintiéndome bien”, responde. Dioses, ¿en un gimnasio? “Estaba... corriendo y caminando.” Se lo nota ansioso por un instante, como si quisiera que hubiera sido en un gimnasio para poder acomodarse a mi pregunta. ¿Fue ése un buen momento para estar dentro de su mente? “Sí, sí, también me sentía muy seguro emocionalmente”.

–¿Cómo funciona la composición cuando hace una colaboración? ¿Conversa temas con sus escritores? ¿Ellos le ofrecen sucesivos borradores para que los apruebe? ¿Cómo los dirige?

–Les pido que escriban para mí autobiográficamente. Que interpreten mi vida.

–¿Que escriban como si fueran usted? ¿Pero eso significa usted a los 60 y pico o a los 20?

–Ambos.

–¿Y cómo trabajan los coros, con todos esos encendidos contrapuntos y terceras en alza? ¿Empiezan de manera simple?

–Sí, empieza de modo simple y se pone más complicado. Los coros se hacen más intrincados y ahí funcionan.

–¿Usted puede escuchar el sonido completo en su cabeza desde el comienzo?

–No, no puedo. Tengo que hacerlo mientras avanzo.

En el libro, el guitarrista de la banda Nick Walusko, describe el proceso, “Brian nos enseñó buena parte del material mientras estábamos en una gira por la costa este. Cada día, en la prueba de sonido, nos presentaba una nueva canción para que aprendiéramos. Nos dictaba partes intrincadas y nada ortodoxas sobre el escenario a la antigua, en el estilo Wrecking Crew. Cuando él estaba satisfecho de que hubiéramos aprendido nuestras partes de modo apropiado, él nos conducía en conjunto para que pudiera escuchar cómo encajaban las partes”. La composición como un rompecabezas sónico... pero funciona.

–Usted parece tener un oído excelente para encontrar cantantes que igualen a las voces de sus fallecidos hermanos Carl y Dennis en los Beach Boys. Conté siete cantantes entre los miembros de la banda. ¿Son todos tenores?

–Algunos son altos, otros medios y algunos muy bajos.

–¿De verdad? No puedo escuchar ninguna nota grave en el disco, todas me parecen agudas.

–Agudas, sí. Tenores y falsettos, sí.

–¿Cómo mantuvo el nivel de pureza de su tenor inconfundible? ¿Hizo gárgaras con limón y miel como Robert Plant?

–Con ensayos.

Para ese momento ya se estableció un patrón para la entrevista a Brian Wilson. Hablar con él es como alimentar a un cadáver. Uno le da cucharadas de preguntas, clarifica lo que acaba de decir, repite la pregunta original, pone su cabeza de lado, sonríe, flirtea, asiente, y cuando él está listo, le ofrecerá la cantidad más pequeña de comunicación posible. A menudo es una sola palabra lacónica. A veces repite la pregunta como una afirmación. Si uno no está de acuerdo con lo que dice, él rápidamente le da la razón. A veces sus respuestas son bastante dulces y aniñadas. Le pregunto si pensó que la prensa y los medios le habían hecho pasar malos momentos a lo largo de los años. “Ha sido una experiencia dura y dolorosa”, admite. Entonces, ¿por qué se presta a una entrevista como ésta? “Porque sé que es bueno para mí”. ¿Qué, como ir al gimnasio? “Sí”.

El se anima, sin embargo, cuando le pregunto sobre la gran tradición de compositores clásicos norteamericanos. ¿Ellos lo influyeron? “Oh, sí”, contesta con entusiasmo. “Gershwin me inspiró mucho. El concepto de That Lucky Old Sun estuvo inspirado en Rhapsody in blue. No influido, inspirado.” Le digo que pensé que también había algo de Amor sin barreras ahí, con los recitados y las chicas mexicanas. “Claro, por supuesto”, contesta con exasperación repentina. “Es una ópera, una ópera rock. No es sólo un ciclo de canciones. Van Dyke Parks es un artista. Y yo soy un artista.” Parks, por supuesto, es el escritor de letras que escribió el tema que le dio título a Surf’s Up, el disco ecológicamente quejumbroso que los Beach Boys publicaron en 1975.

Wilson admite libremente que cuando se retiró del mundo (tal como lo dice la canción “Going Home” (“A los 25 apagué la luz/ porque no podía soportar el resplandor en mis cansados ojos”) fue porque demasiadas drogas lo habían dejado “con casi medio cerebro muerto”. Otra canción es una franca interpelación a seguir delante de una vez con su vida. “Demos el salto antes de que sea tarde/ recordatorio amigable”. ¿Lo ha asaltado un miedo a la muerte? “Sí, tuve esa sensación de necesitar hacer algo antes de que fuera demasiado tarde. Hace un año o algo así me sentía mal, así que apreté el acelerador y me puse en forma”.

–¿Dónde estaba cuando se enteró de lo de Michael Jackson?

–Estaba caminando por un parque cuando vino una nenita y me dijo “Michael Jackson murió”. Me fui directamente a casa y lo vi en las noticias.

–¿Cuál fue su primera reacción?

–Fue una conmoción. Me sentí devastado porque fue un gran artista.

–¿Eran amigos?

–No, sólo nos encontramos una vez y por poco tiempo. Pensé en que era un gran bailarín. Ante todo era un gran bailarín.

–¿Y parte importante de la historia de la música?

–De la historia del entretenimiento, no de la de la música.

–¿Alguna vez consideró las extrañas coincidencias entre las dos familias?

–...

–Los Jackson 5 y los Beach Boys, dos familias de parientes con talento musical, ambas dominadas por padres brutales, ambas idas a menos por las drogas...

–No, nunca lo pensé.

Otra noticia de alto perfil cercana al territorio de Wilson fue el juicio de Phil Spector, cuyos arreglos de estudio enormemente complejos admiraba el ex Beach Boys. “Lo conocí en Los Angeles en los 60. Fui a un par de sus sesiones de grabación. Volví a encontrármelo brevemente en 1984, en su casa. Y entiendo que está en prisión. ¿Es así? ¿Está seguro?” No puedo distinguir si Wilson me está gastando o si realmente no sabe.

–¿Spector alguna vez le puso un arma en la cara?

–No.

–¿Le llamó la atención saber que estaba en problemas?

–Me asustó.

–¿Por qué? No hay nada de raro en ir a prisión por matar a una actriz en la puerta de tu casa.

–Porque me sentí apenado por él. ¿Entendés? ¿Ir a prisión?

“¿Podemos cambiar de tema, por favor?”, pregunta Jean, la agente de prensa, con una voz que suena como un tranvía aplastando vidrio roto. Así que terminamos con algunos temas inofensivos. Sí, él conoció a Peter Blake cuando el caballero barbado diseñó el arte para su último disco, Getting In Over my Head. “Amé lo que hizo con Sgt Pepper”, dice Wilson. “Pensé que era brillante”. ¿Qué pensó de la famosa frase de Blake “Quería hacer arte que fuera el equivalente visual de la música pop”? “Creo que es algo fantástico para decir”. Después de trabajar con Elton John, su colaboración soñada es con Paul McCartney. “Realmente me gustaría escribir una canción con él alguna vez.” Salir de gira y estar en conciertos es, me asegura, “más áspero ahora que antes”, pero Wilson saltea los principios de ataques de ansiedad con masajes de cuello que le hace el fisioterapista de la compañía.

Una cosa más. En los calentamientos previos al concierto, sobre el escenario, cuando los músicos se apiñan, ¿qué dicen? “Hacemos un círculo. Todos juntamos nuestras manos y contribuimos con nuestros sentimientos. Nos damos aliento. Decimos ‘Vamos, él puede hacerlo, él puede hacerlo’”. Lo mismo que sus fans han dicho sobre Wilson durante décadas. Lamentablemente, muchas veces no pudo. Ahora, parece, él puede otra vez.