Takeshi Kitano: «Nunca he sentido placer haciendo cine»


El cineasta japonés más reconocido del momento ha estrenado en España ‘Glory to the filmmaker!’, su penúltimo filme



NANDO SALVÀ
El Periódico


Usted ha dicho que con esta película ha pretendido destruir su carrera. ¿A qué se refiere?

Porque con Takeshis’ (2005) quise iniciar un proceso de destrucción y reconstrucción artística que después he continuado con Glory to the filmmaker! (2007) y con mi última obra, Aquiles y la tortuga (2008). Desde que rodé Hana–bi (1997), mis películas fueron a menudo sobrevaloradas por la crítica, aunque en Japón casi nadie las vio. Pero luego obtuve el mayor éxito comercial de mi carrera con Zatoichi (2003), que era un simple trabajo de encargo. Después de eso, necesitaba empezar de cero.

¿Por qué? ¿Se sentía frustrado?

Quizá algún día me vea obligado a hacer Zatoichi 2 para poder pagar a mis acreedores, pero, sinceramente, prefiero hacer películas más personales. Es como si un chef de primera trabaja en un restaurante de lujo al que no va nadie, pero un día se le pide que cocine comida más barata y popular y de repente la gente acude en masa al local. Siempre me he preguntado de qué depende el éxito o el fracaso de un filme, y una de mis intenciones con Glory to the Filmmaker! ha sido tratar de encontrar respuestas.

¿Explica eso las similitudes de la película con Getting Any? (1995), su obra más cuestionada?

Sí, Getting Any siempre ha sido considerada mi peor película, pero para mí es la más importante de mi carrera. Es cierto que sus chistes no eran muy buenos, pero con ella no pretendí hacer reír sino burlarme de mi propia concepción de la comedia. Durante mis años haciendo televisión, me he acostumbrado a reírme de mí mismo. Del mismo modo, en Glory to the filmmaker! quise ensayar géneros a los que nunca antes me había acercado, como el cine de terror, y descubrí que no sabía cómo hacerlo. Cometí muchos errores, pero aun así he decidido incluirlos en el montaje final.

¿Con qué finalidad?

Porque no quería hacer algo que pudiera entenderse o catalogarse fácilmente. En cambio, me interesa que el público comparta la frustración y las dificultades que experimento cuando hago películas. Nunca he sentido placer haciendo cine, y menos aún con esta película.

Suena como si con ella se hubiera impuesto algún tipo de penitencia.

No se trata de eso. Lo que pasa es que inicialmente concebí un proyecto de estructura convencional, luego la destrocé con un bate de béisbol y después recogí y reordené los pedacitos. El resultado es casi como un cuadro cubista.

¿Qué entiende usted por una película cubista?

Pues una que posiciona de forma arbitraria la historia, los personajes, los ángulos de la cámara y, sobre todo, los tiempos narrativos. Siempre me ha molestado qué poco ha evolucionado el cine en un siglo de vida. No tenemos equivalentes fílmicos del cubismo o el fauvismo, movimientos radicales en la historia de la pintura. Está muy claro que el mundo del entretenimiento se parece cada vez más a Disneylandia o al McDonald’s o el Kentucky Fried Chicken, es decir, pura fast food. Pero en el cine y en todas las manifestaciones artísticas debería haber espacio para lo singular, lo único y lo inclasificable.

¿Y qué opina de que a usted se le siga clasificando como un director de cine de yakuzas?

Hace muchos años, en 1995 o 1996, el Festival de Londres organizó una retrospectiva de mis primeras películas, y creo que el director del certamen estaba convencido de que yo era un auténtico gánster. ¡Supongo que por eso me trataron tan bien! El caso es que desde ese momento mi cine fue etiquetado como violento, pese a que siempre he tratado de hacer cosas muy distintas, de desafiar expectativas. Aunque debo reconocer que la violencia está en mi naturaleza, la dichosa etiqueta me incomoda mucho.

¿Cómo le ha afectado a nivel creativo esa confusión y, en general, el creciente interés del público occidental por sus películas?

Muy poco, la verdad. Me considero el más devoto de mis fans y, a la vez, el más severo de mis críticos. Por eso, para bien o para mal, el criterio que más respeto es el mío propio. Si soy capaz de hacer una película que esté a la altura de ese criterio, entonces no me importa enseñársela al público para que luego cada uno la interprete a su manera.


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Runaways, chicas malas para todos los públicos


Cuando aparecieron en 1975 todos creyeron que eran un grupo prefabricado. Su single llamado 'Cherry bomb' puede considerarse imprescindible en la historia del rock


ALEJANDRO ARTECHE
Soitu




Un grupo de chicas adolescentes americanas forman un grupo de rock a mediados de los años 70 que tiene un éxito moderado en su país y que al separarse sólo dos de ellas consiguen triunfar en la música aunque sus carreras tampoco sean para tirar cohetes. ¿Puede interesar esta historia más de treinta años después? Hollywood considera que sí y ha puesto en marcha una película sobre la vida de las Runaways, el grupo en el que empezaron Joan Jett y Lita Ford y además lo hace por todo lo grande, nada de telefilme para la televisión por cable o material de videoclub.

Dakota Fanning y la estrella de la saga vampírica 'Crepúsculo' Kristen Stewart —que interpreta a Joan Jett— están en el reparto. ¿Veremos camisetas de las Runaways la próxima primavera en Bershka y la el gran éxito del grupo Cherry bomb bailado en programas del corazón como politono? Después de que Zara montase un escaparate dedicado a los Who con motivo de sus actuaciones españolas yo ya me espero cualquier cosa.

Por lo pronto en Inglaterra ya están afilando las armas y este verano se podía ver de nuevo fotos de la época de los 80 de Joan Jett en revistas musicales y las tiendas de discos exhibían su discografía remasterizada para la ocasión. Tampoco es que sea para tanto porque la carrera en solitario de Joan Jett ha sido bastante discreta exceptuando el éxito mundial de 'I love rock 'n roll', y la mayoría de sus discos en solitario no entraron en listas o lo hicieron en puestos más que discretos. Aún así y si a alguno le interesa, aparte del que da título a su gran éxito, son recomendables 'Glorious results of misspent youth' donde revisaba de una manera más que correcta 'Cherry bomb' y el disco de versiones 'The hit list' con temas de Sex Pistols o la Creedence. De la corta discografía de las Runaways, con el recopilatorio 'The best of' de la colección de precio barato 'The millenium collection' es más que suficiente. Los discos originales han aguantado bastante mal el paso del tiempo y, en concreto en segundo, 'Queens of noise' es un ladrillo importante.

Consideradas en su aparición en 1975 como grupo prefabricado, nadie se creía que cuatro niñatas de poco más de 15 años vestidas de cuero supiesen lo que hacían sin tener a algún adulto detrás manejando los hilos y diciendo como vestirse y que música tocar. El mérito del productor Kim Fowley estuvo en ayudar a conocerse a Joan Jett y la batería Sandy West que tras ensayar juntas le presentaron los resultados y este buscó a las restantes miembros, pero ellas tenían las ideas bastante claras y sabían lo que querían. En su formación original de trío actuaba con ellas Michelle Steele al bajo que las abandonó poco después. Años más tarde, Steele sería conocida como parte de las Bangles.

Con su primer disco en el mercado, un single imparable llamado 'Cherry bomb' que puede considerarse imprescindible en la historia del rock, comienzan las giras como teloneras de los grupos del momento como Cheap Trick, Ramones, Van Halen o Tom Petty. La gente no puede creer al escuchar el disco que no sean más que quinceañeras. La dureza del sonido, los gemidos que acompañaban algunas canciones y la imagen. Algunas veces sí parecían dulces adolescentes con sus camisetas y vaqueros, pero en otras, vestidas con lencería, pintadas como puertas o con mallas ajustadas y enormes botas de plataforma, la cosa cambiaba. De no haber sido componentes de una banda de rock bien podrían haber protagonizado algún best seller de la época como 'Nacida inocente'.

Este primer disco llamado igual que ellas es una colección de riffs de guitarra y hard rock, demasiado adulto quizá para unas chicas que nombraban como influencias a David Bowie, Kiss, Suzi Quatro, Deep Purple y Queen. En Japón llegaron a ser éxito de masas teniendo sus propios especiales televisivos y conciertos con lleno absoluto. Fans histéricos las esperaban a la salida de sus actuaciones y llegaron a publicar un disco en directo de su paso por el imperio del sol naciente.

A la tercera va la vencida

A partir del tercer disco comienzan los cambios. Cherie Currie abandona el grupo para formar una banda con su hermana gemela y Joan Jett tiene que encargarse de cantar. Joan Jett fue una especie de chica para todo dentro de las Runaways ya que durante una de las giras japonesas la bajista Jackie Fox también dejó el grupo y fue la propia Jett la que se encargó de suplirla hasta que volvieron a casa y pudieron encontrar sustituta.

Tras desacuerdos con su manager y catalizador, el grupo graba un último disco. Años después, algunas Runaways denunciaron que Kim Fowley las trataba mal y llegó a intentar abusar sexualmente de alguna de ellas. Esto se puede ver en el documental 'Edgplay' rodado sobre el grupo y donde la bajista Jackie Fox cuenta como se cebaba especialmente con ella haciéndole todo tipo de proposiciones obscenas y preguntándole delante de todo el mundo en los ensayos si se había acostado con uno u otro técnico. Cuando ella contestaba escandalizada que no, él se reía y le decía "pues serás la única". Recordemos que en aquella época las chicas andaban entre los 16 y 17 años de edad.

Fox, que tras abandonar el grupo se dedicó a estudiar consiguiendo una mención cum laude de la universidad de UCLA es la coproductora de este documental sobre la vida de las Runaways, algo que no le sentó nada bien a Joan Jett que dice ser la dueña del nombre y que acusó a Jackie de querer ganar dinero a costa de un grupo que abandonó en plena gira japonesa del segundo disco dejándolas colgadas. Durante el rodaje de la película que sobre las Runaways se está realizando actualmente y en el que colabora activamente Joan Jett, han tenido que denunciar a Fox por todos los impedimentos que ha puesto llegando a exigir revisar el guión y cada una de las tomas aunque su personaje no apareciera en ellas ni se la mencionara. En la demanda, Joan Jett ha llegado a pedir daños y perjuicios por las molestias que ha ocasionado Fox al rodaje y que el Juez diga de una vez que no tiene derecho a utilizar el nombre de la banda ni a percibir ningún dinero que este pueda originar.

Con mayor éxito en Europa y Japón que en los Estados Unidos, al separarse el grupo en 1979 Joan Jett emigra a Inglaterra donde empieza su carrera en solitario con los Blackhearts como grupo de acompañamiento y ya tiene en mente en aquella época rodar la vida de las Runaways, aunque el proyecto no llegará a materializarse… ¡hasta ahora!

Otra de las Runaways, Lita Ford, se hizo una reputación en los 80 dentro del heavy metal con sus discos en solitario y era frecuente ver su imagen todos los meses en las páginas de revistas como Popular 1 o Heavy Rock en compañía de Wasp, Ozzy Osbourne o los grandes de la época. Tras un tiempo retirada, Lita Ford anuncia la próxima publicación en Octubre de su nuevo disco 'Wicked wonderland'.

Manuel Rivas, el ecologista de las palabras


Perseguido por el franquismo y fundador de Greenpeace España, el ecléctico autor del cuento "La lengua de las mariposas", que inspiró la película homónima, pasó por Buenos Aires para presentar su nuevo libro y conversó con Ñ sobre el futuro de las identidades nacionales, la poesía y la política. "Cuando escribo sobre el franquismo, ese período funciona como una metáfora de las guerras del pasado y las del el futuro", advierte


GUDO CARELLI LYNCH
Revista Ñ




Nada más lejos del estereotipo del gallego que Manuel Rivas, que arrastra dudas metafísicas con cada respuesta; y deja preguntas abiertas, que quedan boyando. Es la misma voz que se lee en sus novelas, en sus poesías y en el cuento, cuya adaptación cinematográfica le dio fama mundial, "La lengua de las mariposas". Es la misma voz, pero un poco amplificada; un poco más mística, tal vez nomás, por las vueltas que viene da dar por el noroeste argentino, que se presta. Nada de bruto, nada de Manolito de Mafalda, un gallego hecho y derecho, tanto; que escribe en su lengua materna. "Cuando me puse a escribir, escribí en gallego. La circunstancia es que no era la lengua escolar, no era la lengua de aprendizaje, pero sí era la lengua familiar, la lengua que les escuchaba a las personas que me rodeaban, a mis abuelos, a los campesinos. Para mí tenía unas determinadas connotaciones, porque algunas palabras están heridas, están fuera de la escuela, fuera de los libros, fuera de los sermones de la iglesia, fuera de las oficinas gubernamentales, pero es un idioma que está en las fiestas, que está en el pueblo, que está en el trabajo", explica solemne Rivas durante su reciente y efímera estadía porteña. Después de recibir un premio en Montevideo en reconocimiento a su trayectoria, pasó por Buenos Aires y aprovechó para presentar su antología poética La desaparición de la nieve (Alfaguara) que tiene la particularidad de presentar los mismos poemas en castellano, vasco, catalán y gallego. "Lo raro de este libro es que sea un rara avis; que sea raro, porque tendría que haber, yo creo, muchos libros así. Y en cambio resulta, hay alguna gente que incluso parece que le tiembla un poco en las manos ¿no?, hasta que empieza a acostumbrarse, se va asentando el libro. Pero hay muy pocas publicaciones en las que aparezca en un mismo volumen conviviendo lo que por otra parte convive en la realidad, que es esa pluralidad lingüística, esa biodiversidad. Lo lamentable es que la pluralidad cultural todavía hay quien la ve como una especie de lastre o como una especie de incordio, de complicación, cuando yo creo que, al igual que en la naturaleza, la diversidad cultural tiene que ver con la mirada fértil", declara político Rivas, cuando llega la primera pregunta sencilla pero incómoda.

-Sin pensar y sin prejuicios, cuando le preguntan su nacionalidad ¿responde que es gallego o español?

-¡Hombre!... jeje... la respuesta...Cuando me hacen ese tipo de preguntas, yo creo que normalmente me quedo callado ¿no? Porque no creo en las identidades excluyentes, creo precisamente que lo más interesante de esta época y hacia donde camina el futuro son lo que podríamos llamar las identidades compartidas; es decir, el escribir en gallego, el entender, el intentar comprender y el oír también el sufrimiento que te rodea, o percibir, es lo que te hace universal. Es decir, aquello que perciben los sentidos, aquello que tienes más próximo, creo que es lo que te permite entender lo que pueda suceder en las antípodas, ¿no? Entonces, precisamente una de las líneas de pensamiento que yo creo que en nuestro tiempo se va por suerte estableciendo como un nuevo sentido común, y un sentido común y una referencia de civilización, es precisamente que lo local y lo universal no son contradictorios sino lo contrario, ¿no? Decía Miguel Torga, un maravilloso escritor portugués, que lo universal es lo local sin paredes; y cuando leemos a Rulfo, a Graciliano Ramos, a John Berger, al mundo de Onetti, o de Lezama Lima, o de todos los autores que nos interesan, y vemos precisamente que el lugar en el que escriben, es concreto, es el lugar donde viven, pero es también, es el lugar donde se posa la esfera ¿no? Lo que lo define es la condición humana ¿no? Entonces, para mí no es en absoluto contradictorio, es decir hay elementos en la cultura, hay una identidad que bebe en la tradición gallega, porque es una identidad, pero también me siento, me identifico con cada una de las culturas que tengo más o menos próximas ¿no? Galicia por ejemplo es un lugar que puede servir de puente entre las literaturas hispánicas, digamos, y la literatura portuguesa también ¿no? El origen del gallego es común al portugués, hay un tronco galaico-portugués ahí. Entonces, creo que caminamos hacia las identidades compartidas, ¿no?

¿No? Pregunta para afirmar cada vez que puede Rivas y confunde al que lo escucha y a la vez lo ilumina o lo perturba. Del futuro habla bastante este contrabandista de géneros que salta de la lírica a la narrativa y viceversa. Habla del futuro y sin embargo, una y otra vez emerge de su escritura la melancolía del pasado o el terror del franquismo.

-¿Le molesta haber quedado como un mero interlocutor –ni más ni menos- de la resistencia contra el franquismo?

-¡No hombre!, peor sería pasar por una persona absolutamente indiferente. Hay un párrafo de una carta de Flaubert a Turgueniev en la que dice más o menos: "Yo trato de vivir en una torre de marfil, pero a veces noto que está a punto de tirarla una marea de mierda", a la torre de marfil. Entonces, bueno, desde luego creo que el primer compromiso de un escritor es escribir. Creo también que todo lo que se escriba es comprometido. Las personas que hacen lo que llamamos allá páginas de contactos, o notas del corazón, también es una literatura muy comprometida, ¿no? Entonces, creo que la boca de la literatura a lo largo de la historia –y me gusta mucho viajar por la literatura a lo largo de la historia; no hay obra más moderna que "La odisea", que es precisamente un libro que trata de la reconstrucción de la memoria. Son obras que incordian, son libros que desestabilizan siempre, lecturas que desestabilizan, que ponen en cuestión las miradas convencionales. Ya sea a través de la denuncia directa, de la ironía, del humor, o de una visión más trágica, ¿no? Yo lo que tengo claro es que cuando escribo no soy subalterno de ninguna ideología, ni de ningún discurso. Sólo una parte de mi obra trata de ese período del fascismo español. Lo que pasa es que también creo que cuando escribo sobre eso no escribo sobre un período de tiempo histórico limitado, sino que ese período es una metáfora de las guerras del pasado y del futuro.

Sólo en ese momento parecería crisparse, apenas, casi nada, este autor –fanático de Fontanarrosa y de Oesterheld, que se anima al teatro, los cuentos, y las novelas; que también provoca, a su manera, cuando avisa que dos géneros marginales como "la novela gráfica (el cómic) y la poesía (el más antiguo de todos), son los géneros del futuro". Deja entrever, a su vez, cuál es su jerga, cuando habla de la naturaleza, de la Tierra, de la biodiversidad, este fundador de Greenpeace España, bicho raro de la literatura.

-¿La ecología no es funcional al sistema cuando es la excusa para que tantísima gente milite afuera de la política?

-Ese es un argumento que siempre utilizaron mucho los reaccionarios cuando empezó el ecologismo, porque ahora parece normal, la palabra ecología, incluso parece que ya forma parte del lenguaje más oficial, oficialista incluso. Se incorpora a todos los discursos, piensa en esta crisis, por ejemplo, cómo se va impregnando el discurso económico y el neoliberal con terminología ecologista. Hablan de dinero tóxico, de deslocalización, de una serie de eufemismos, como la comida basura, los contratos basura....De todos modos, me parece importante decir que puede haber una visión muy reduccionista de lo que es el ecologismo. Yo tengo otra visión completamente distinta. Para mí la ecología incluye lo político, incluye lo humano. Decía que había un argumento en esos momentos cuando se inició el ecologismo, que se repetía mucho, y decía: "Éstos se preocupan de las ballenas y no de los niños que pasan hambre", ¿no? Eso me recuerda lo que está pasando ahora aquí en Argentina con el tema de la pobreza, que de repente gente que nunca se había preocupado por la pobreza, lo toma...Bueno, que no es un fenómeno exclusivo de aquí, de Argentina, pero quiero decir que hasta parece que a los pobres le quieren robar lo único que tienen que es la pobreza, se quieren quedar con la pobreza. Para mí la ecología tiene que ver con la seguridad, pero con la seguridad alimentaria, la primera seguridad alimentaria es comer; tiene que ver con la seguridad de la atención sanitaria; es decir, todo lo contrario de cuando se utiliza la palabra seguridad, que normalmente tiene un sentido militarista, "por razones de seguridad". Entonces, para mí ecología es cuestionar el lenguaje, cómo se utiliza normalmente el lenguaje también es ecología. O sea, hacer ecología con el lenguaje; es decir, de qué hablamos cuando hablamos de libertad, de qué hablamos cuando hablamos de seguridad, y qué pasa cuando vemos cuando nos sustraen el sentido de las palabras. Para mí no es contradictorio; al revés, es complementario, es necesario. No puedes ser insensible ante lo que sucede a los vecinos de al lado y estar muy preocupado por la extinción de especies animales en una zona de montaña, ¿no? Es decir, esa contradicción para mí no existe, es al contrario, si eres sensible al maltrato a las personas, también vas a ser sensible al maltrato a los animales. Es una concepción global del mundo. Es decir, de pensar en otra forma de vida; y que la contaminación al final a quien más afecta es a los pobres, y quienes se mueren por problemas químicos son los que están más cerca de determinadas fábricas y normalmente son los más pobres, los que más padecen los problemas medioambientales. Y el hambre es un problema medioambiental. Entonces, hoy no se puede concebir un cambio en la forma de vida en el mundo y una justicia humana sin esa mirada ecológica, ¿no?

-¿Y qué tan optimista se permite ser respecto de la política, de las guerras y de la ecología?

-Creo que depende de los días. En ese aspecto soy también como las plantas y los animales, ¿no? Somos. Depende del efecto de la luz en un momento determinado; y uno se puede levantar optimista y acostarse pesimista o al revés, ¿no? Y en todo caso, podría decir la frase esa de "soy un idealista con cada vez menos ilusiones". Pero mientras se escribe, existe una energía del deseo; e incluso los textos más nihilistas, más derrotistas, más trágicos, son una victoria frente a la muerte, frente al pesimismo, porque significa que finalmente ha actuado el impulso del deseo, que es esa energía de la que hablaba, ¿no? Yo creo que precisamente, un falseamiento de la historia es el hacernos creer que somos hijos de Caín, que somos continuación de la historia de Caín y Abel. Creo que podemos encontrar otros referentes para empezar nuestra historia, y para terminarla también.

¿No?

Leo Bassi: "Berlusconi es locura pura; lo mejor aún está por llegar


Este hombre con pinta de apacible jugador de dominó es un torrente. Dentro y fuera del teatro. Leo Bassi vuelve a BCN



JOSÉ CARLOS SORRIBES
El Periódico de Catalunya




–¿Qué le lleva a Utopía?

–Una reacción a lo que pasó con La revelación, mi obra a favor del ateísmo. Fueron tres años entre ataques y descalificaciones, incluida una bomba en el teatro Alfil de Madrid. Vi que la derecha mantenía sus ideales de siempre y, por contra, en el lado progresista, donde me sitúo, hubo una reacción muy tibia. Puso en evidencia una falta de pasión a la hora de defender los ideales de izquierdas.

–¿En qué momento considera que la la izquierda pierde esa pasión?

–La caída del muro de Berlín no ha sido analizada lo suficiente. Además, los valores artísticos y éticos del 68 fueron engullidos por la industria. Su música, estética, la liberación sexual... Y los artistas también nos hemos vendido al dios dinero.

–Y ahora llega su Utopía...

–Es necesario un análisis de qué significa ser progresista y de izquierdas. Ante ese vacío intelectual, un payaso como yo intenta llenar el agujero.

–Payaso y caracterizado de forma tradicional, con la cara blanca.

–Se ha olvidado que en el siglo XIX, el de las grandes utopías, el circo tenía un papel gigantesco. Más que Marx y otros filósofos, el payaso era el portavoz de las ideas revolucionarias para la gente de la calle. Esa es la historia de mi familia. Mi abuelo y bisabuelo, artistas, eran también anarquistas, internacionalistas, anticlericales... Yo dejé el circo tradicional hace 25 años cuando ya se había vuelto muy conservador.

–¿Qué domina en Utopía, el pesimismo o la esperanza?

–Es muy optimista, pese a todo. Pero la primera parte es absolutamente pesimista. Intento llevar a la escena de manera divertida la idea de que ya no es posible cambiar el sistema. Pero, de repente, hay una explosión y se da la vuelta a la tortilla. De lo negativo sale lo positivo. Es el espectáculo más ambicioso de mi vida y muy ligado a la realidad.

–¿No le preocupa sentirse solo, como un predicador en el desierto?

–Vivimos demasiado en el presente y con la idea de lograr todo muy pronto. Creo, además, que el calendario cristiano no ayuda. Estamos en el 2009, pero yo prefiero hablar del año 74.000, porque de esa fecha es la primera obra de arte hallada en la tierra.

Esa idea cambia totalmente la perspectiva. No somos nada, una hormiguita que vive 80 años, muy poco. Si no es ahora, la revolución puede ocurrir dentro de 10.000 años. El error de las utopías ha sido pensar que son cosa de hoy o de mañana.

–¿Hay más mensaje esta vez que provocación en su propuesta?

–Hay provocación física y política. En Utopía hablo mal de la izquierda y muy mal de Aznar. Leí su libro [Carta a un joven español], algo que pocos progresistas han hecho. Ha vendido un millón de ejemplares y lo que dice es infantil y ridículo. Mira al pasado continuamente, algo patético.

–¿Cómo ve a Berlusconi, alguien con sangre italiana como es usted?

–He vivido mucho más fuera de Italia, pero no soy indiferente a lo que pasa. Si lo miras de forma racional, es patético, terrorífico. Si lo observas con cinismo y como espectáculo, Berlusconi es locura pura; y lo mejor aún está por llegar, en los tres años de mandato que le quedan.

–Y Obama, ¿qué opinión le merece?

–No soy de los críticos con él. Muestra muchos deseos de cambiar pero tengo mis dudas de que lo logre. Obama no es americano, sino híbrido, tan africano como estadounidense. Eso le hace ser un relativista.

–¿Relativista? ¿En qué sentido?

–Es alguien con dos culturas y eso marca. Sé lo que digo; yo tengo muchas. Bush y Clinton eran americanos al cien por cien. Han nacido y vivido en el mismo ambiente y con la misma visión del mundo. Los americanos están orgullosos de esa ignorancia. Obama no es así, pero está rodeado de ignorantes. No digo que vaya a revolucionar el mundo, pero tengo mucha simpatía por él.