In the year of the pig


JOSÉ MIGUEL GONZALVO
Paisajes eléctricos magazine



“In the year of the pig” es una película rodada en el año 1968 por el documentalista norteamericano Emile de Antonio. De difícil difusión, sus obras se han convertido en auténticas piezas de culto a la espera de que ávidos estudiosos de rarezas las den con ellas. Por eso resulta gratificante toparse con películas al margen del status “gran estudio”. “In the year of the pig” es un documento además que reviste doble interés. Por un lado por ser un documento casi único de la visión oficial americana de la guerra del Vietnam; y por ser una película rodada precisamente en el apogeo del conflicto armado (ignominioso y brutal) que los sucesivos gobiernos USA llevaron a cabo en aquella región asiática.

Pero la cosa no sólo va de americanos soltando bombas en Vietnam. El documental se remonta a los orígenes del conflicto, en concreto a la presencia francesa en la zona, a los intentos del país galo de mantener su posición de influencia en la región tras la 2ª Guerra Mundial, su fracaso, el acceso al poder de Ho Chi Minh, los permanentes conflictos bélicos, la creación del Vietnam del Norte, el del sur y el apoyo de los Estados Unidos a este último. Y los manejos, ocultos y no tan ocultos de los presidentes, políticos, militares y compañía de nacionalidad genuinamente americana por colocar o derrocar a las personas que mejor resultasen a sus intereses.

Hay entrevistas a personas directamente involucradas en el asunto: soldados que les ven las orejas al lobo y que quieren desertar, altos cargos de la milicia, periodistas sin intereses partidistas. Declaraciones de presidentes (Johnson o JFK), gobernadores y senadores de todo pelaje (Nixon antes de ser el capo). Todo contado con un tono aséptico, estrictamente documental, lejos de piruetas espectaculares que hemos visto en el cine del género de los últimos años. El realizador Emile de Antonio no toma partido en apariencia por ninguna de las posturas, él sólo va mostrando, enseñando, y nosotros asistimos a todo como si de una lección de historia se tratase. Lo malo de esto es que, a pesar de que fuera nominado en su época como a la categoría de Oscar al mejor documental, no era precisamente de lo que pasaban a los chavales en los colegios.

Y no sé en los cines y en cuáles, porque “In the year of the pig” es película independiente y de las buenas. La cosa ha mejorado porque en la actualidad se producen documentales de todo tipo e ideología. En 1968, no. Ya puestos, y si queremos rizar el rizo, diremos que la guerra del Vietnam retratada en la película es trasladable a conflictos recientes en los que el protagonismo USA es más que evidente. Pero es que viendo, y sobre todo oyendo, las palabras de los políticos “años 60”, pareciera que sólo hayan cambiado las caras, o las personas, porque el fondo, las razones por las que actúan de una determinada manera (los daños colaterales sobre la población civil) son las mismas de toda la vida, las mismas de ayer o antes de ayer.

El valor del documental es doble porque es un documental hecho sobre la marcha, con el conflicto en toda su plenitud. Mientras De Antonio entrevistaba, rodaba y montaba la película, el napalm era lanzado a diestro y siniestro por los bombarderos americanos. Ocasión pues para re-descubrir: no fue Emile de Antonio un director muy pródigo en su filmografía. “In the year of the pig” fue el tercero de una decena escasa de documentos únicos que se salían de lo establecido, del orden predominante, de las versiones oficiales.

La ubicuidad de George Orwell


En Barcelona, Tim Robbins denuncia la video-vigilancia ciudadana con la puesta teatral de 1984, en los EE.UU. activistas alertan sobre un posible plan de Obama para controlar las redes sociales y en Buenos Aires Richard Stallman dejó a sus oyentes perplejos con la posibilidad de que todos seamos espiados



HORACIO BILBAO
Revista Ñ




Vaya suerte la de George Orwell. Su antiutopía cunde como reguero de pólvora a la sombra de la tecnología. Ya no van a dejarlo en paz. Claro que el Gran Hermano, por suerte o por desgracia, no disfruta de los mismos beneficios en el primer y el tercer mundo. Bastará mirar lo difícil que resulta cumplir con el plan de seguridad en la Argentina, donde sólo se instaló el 20 por ciento de las cámaras vigilantes que prometió el gobierno. Pero todo llega, está profetizado. Y la vigilancia incluye e-mails, servidores y redes sociales. No sólo camaritas.

Los argentinos abonamos esta paranoia con la visita de Richard Stallman, el gurú del software libre que paseó por las pampas alertándonos, entre otras cosas, sobre los riesgos de confiar nuestras computadoras a lo que el llama el software privativo. Demasiado verosímil. Los estadounidenses en cambio, siempre más avanzados, ven como los nubarrones que los atentados del 11 S trajeron en materia de vigilancia informática no se disipan ni con Obama. Ya están acusando a su primer presidente negro de legislar para controlar las redes sociales. Y ahora los catalanes, azuzados por el actor Tim Robbins, que armó una campaña publicitaria para denunciar "la video-vigilancia preventiva" y "el espionaje de las comunicaciones personales" en aras de la seguridad, el orden público y el control laboral, se preparan para debatir un fenómeno que se impuso sin grandes traumas.

Es que la campaña de Robbins, amparada en la presentación en Barcelona de la obra "1984", que el escritor y periodista británico George Orwell publicó en 1949 para denunciar el control de los gobiernos totalitarios, choca contra la opinión y la actitud de los mismos catalanes. En varias encuestas callejeras muestran que "tres de cada cuatro de ellos están a favor de la videovigilancia" o que los "vecinos del barrio gótico (en el centro de Barcelona) piden a gritos la instalación de las camaritas". ¿Saben lo que quieren? Habrá que darle la razón a Paula Sibilia cuando dice, amparándose en Foucault y Deleuze, que las estructuras de dominación funcionan mejor cuando no existe obligación alguna de estar en Facebook, de usar el e-mail, o de mirar a la camarita del techo mientras tecleamos en la computadora.

Lo cierto es que Robbins tiene en cuenta todos estos aspectos en su campaña y avisa de varios fenómenos contemporáneos en un sitio especialmente creado para su paso por Barcelona. "Google Earth, el ojo que todo lo ve; Los jefes podrán controlar el e-mail de sus trabajadores en Finlandia; Cuatro de cada diez empresas tiene un staff para controlar el e-mail de sus empleados; Miles de cámaras, la fórmula de Londres; El Gran Hermano de Orwell se cuela en las oficinas". Siempre Orwell, ubicuo en los títulos y en las ciudades.

La movida de Robbins, que es sólo para Barcelona dada la relación que tuvo Orwell con la capital catalana (en 1936 se alistó para luchar por la defensa de la República española), se acompaña con una serie anuncios (ya colgados en YouTube) y del sitio 1984bcn.com , donde se explica que el proyecto nace a partir del encargo de la promoción de la versión teatral del clásico de George Orwell dirigida por el actor y director norteamericano Tim Robbins al frente de la compañía Actor's Gang . Allí, por si hiciera falta aclaran que el control a los ciudadanos está más perfeccionado y extendido que en ningún otro momento de la historia.

Del 30 de septiembre al 4 de octubre Robbins y compañía montarán su espectáculo teatral en Barcelona, apostando a un debate que siembra suspicacias y paranoias por el mundo entero pero. "Ojo que la cámara vigila nuestros actos, pero la red controla nuestros pensamientos", ha dicho Robbins. ¿Para cuándo el fin de las distopías?