En el laberinto de la inteligencia. Guía para idiotas. Hans Magnus Enzensberger


NURIA AZANCOT
El Mundo




La amplitud, el atrevimiento y la enjundia poética de la obra de Hans Magnus Enzensberger le sitúan en lo más alto de la cultura alemana. Su calidad, para entendernos, está por encima de la de autores como Dahrendorf o Habermas. Haber nacido en Baviera y en 1929 le da una doble ventaja. Por un lado es un alemán del sur -menos rígido, más imaginativo- y, por otro, pasó de soslayo por la II Segunda Guerra Mundial. A Gönter Grass, nacido en Danzig -ahora Gdansk- dos años antes, en 1927, le arrolló la contienda por los pelos, pero todavía se rastrea remordimiento en sus textos.

En España se ha traducido mucho a Enzensberger. Gran parte de sus ensayos están en Anagrama, aunque ya en 1968 Seix Barral editó Política y delito. En octubre de 2002 recogió el Premio Príncipe de Asturias de Humanidades y en sus apariciones públicas cautivó a la gente con su lucidez, mesura, humildad y sabiduría.

El original de En el laberinto de la inteligencia apareció el 2007 en el excelente sello Suhrkamp Verlag, y esta cuidada edición, que como objeto en sí es un agasajo a la estética, llega a los escaparates españoles este mes de septiembre. Como ya sucedió en Alemania, la reacción del lector español va ser brusca, por decirlo de una manera suave. Enzensberger arremete contra el concepto de inteligencia, uno de los pilares que sustentan el enorme edificio de la psicología experimental.

Desde su formación, generacionalmente marxista, y su campamento base instalado en Múnich, Enzensberger ha sabido nadar en la Europa del desarrollo y del dinero y no perder, con su revista Kursbuch y la dirección de la colección de literatura alternativa Die andere Bibliothek, el contacto con cierta izquierda no dogmática e imaginativa. Con su gusto por la crítica y la escandalera ha llamado la atención en muchos momentos de su larga carrera intelectual. Recordemos cómo acusa a los medios de comunicación tradicionales de ser una “industria de la conciencia” destinada a la manipulación, o cómo acusó a los alemanes de ser vagos.

Apoyado en su derecho a rectificarse y presto a refugiarse en el burladero de su condición de poeta, Enzensberger ha dado forma En el laberinto de la inteligencia a una preocupación que ya se rastrea en sus textos sobre la Ilustración y que se refiere al papel de los intelectuales y a su capacidad -su inteligencia- para explicar el mundo al resto de la gente. Como obsesión o como parte de su temperamento, en la obra de Enzensberger se palpa un rechazo a la autoridad. Para ello lo mejor es repudiar el papel prescriptor y de guía del intelectual. Poner en cuestión la inteligencia y difuminar cualquier tipo de relación que ésta pudiera tener con la clase social o la raza.

La intención de Enzensberger en este volumen no es descifrar si los intelectuales son más o menos inteligentes que el resto de los mortales, en realidad es evidente que no. Su objetivo es desmontar por inútil el concepto de inteligencia con el que ha estado operando la psicología desde finales del siglo XIX. Para convencer al lector ha organizado un texto breve, apoyado en una bibliografía escasa, que comienza por señalar el cambio de “virtudes” que se ha operado en la sociedad desde la antigöedad y la Edad Media hasta la modernidad. Valores como la fidelidad, el coraje, la sabiduría, la humildad o la caballerosidad han cedido el paso a la flexibilidad, la capacidad de trabajo en equipo o de imponer la propia opinión. Pero sobre todo, como escribe Enzensberger, “todo aquel que quiera ser considerado moderno debe ser, necesariamente, inteligente”.

Tras enumerar los términos utilizados para calificar la inteligencia o la falta de ella, el lector es conducido al inicio de la psicología. En este escenario el protagonismo es para Alfred Binet (1857-1911) que, como es bien sabido, en sus esfuerzos por mejorar la docencia en las escuelas y liceos franceses ideó los primeros tests de inteligencia, conocidos desde entonces como escala Binet-Simon. En 1912 el psicólogo alemán William Stern acuñó el término “coeficiente de inteligencia” (CI) y extendió su utilización desde la escuela a todo el conjunto de la población. En la I Guerra Mundial el ejército norteamericano comenzó a utilizar este tipo de tests para enrolar a sus reclutas. En la Segunda afinó su utilización con éxito, pero en la guerra de Vietnam comenzó a percibir que estas pruebas tenían mas agujeros que un queso de gruyere pese al refinamiento metódico/técnico que habían logrado.

Ya en el corazón de En el laberinto de la inteligencia, Enzensberger centra su artillería en Eysenck (1916-1997), psicólogo de origen alemán afincado en Londres y célebre por su teoría factorial de la personalidad que asume tres dimensiones básicas: extraversión-introversión, neuroticismo y psicoticismo. Su versión del test de inteligencia se aplica en todo el mundo y su libro de carácter divulgativo Cómo conocer usted mismo su coeficiente de inteligencia ha sido todo un éxito de ventas.

La crítica de Enzensberger no entra tanto en los aspectos metodológicos del test Eysenck como en el hecho de que su utilización consagra una clasificación o, peor aún, una estratificación en función de un coeficiente de inteligencia que a su vez estaría determinado por factores culturales y de clase. Tras recoger con entusiasmo la crítica que el brillante biólogo de la Universidad de Harvard Stephen Jay Gould hace en su famoso libro La falsa medida del hombre de cómo se cosifica la inteligencia con las magnitudes abstractas del CI o el llamado “factor g” o “inteligencia general”, Enzensberger se detiene en los trabajos más recientes en torno a la medición de la inteligencia. Lo más llamativo es su referencia al trabajo de un psicólogo neozelandés, James R. Flynn, descubridor del llamado “efecto Flynn”, que en resumen viene a señalar que las medidas del CI tienden a elevarse en todo el mundo.

Estamos ante un libro cuyo tono recuerda mucho al de Pierre Bourdieu en Sobre la televisión (Anagrama, 1997). Textos escritos por pensadores en la cima de su gloria que abordan problemas enormes en los que otros investigadores no se atreven a entrar. El problema de estos textos escritos desde la cumbre es que carecen del suficiente aparato bibliográfico y crítico habitual en la vida académica.

Definir la inteligencia es complejo toda vez que en su posible definición es necesario considerar el nivel de la fisiología del cerebro, el de las diferencias individuales y el de las estructuras sociales y culturales. No obstante, emplear con sabiduría el CI puede tener utilidad individual y social. Todo ello requiere recordar que Sir Francis Galton, el inventor del concepto de eugenesia, utilizado posteriormente por los nazis, sentó una relación de flirteo, como en estas páginas señala Hans M. Enzensberger, con la psicometría.

Las desventuras de un húngaro


László Krasznahorkai, nombre impronunciable, tiene dos tesoros imprescindibles


TIPOS INFAMES
Soitu




Los que tenemos la desventaja de no contar con una buena memoria poseemos la excusa perfecta cuando de citar autores, obras o partes de las mismas se trata. Nuestro defecto se convierte en aliado ideal para escudarnos en no poder recordar quién dijo aquello o el nombre de un escritor desconocido que acabamos de leer. Así sólo somos capaces de mencionar lo cotidiano y reiterado hasta la saciedad intercalando todo ello con el título de algunas obras muy manidas y de sobra conocidas en el mundo literario. ¡Qué impostura más placentera!

El escritor de nombre impronunciable.

Esta 'tara' se convierte en un vicio cuando con la complicidad de nuestra desmemoria podemos ocultar el nombre impronunciable del autor. No hace falta ni siquiera el intento de acordarse, pues ya de origen parece que es imposible de pronunciar. Este el caso de nuestra última recomendación infame, László Krasznahorkai que no es ni el último fichaje Barcelona ni un cantante eurovisivo, sino un estupendo escritor centroeuropeo.

Ser húngaro no debe ser fácil, la compleja marca de nacimiento da una impronta difícil de borrar. Como esas huellas que permanecen días en el barro reseco, la escritura de Krasznahorkai es intensa y concentrada, dura no por el contenido sino por la forma en la que lo trasmite. Un continente áspero pero bien construido y ameno que apetece ser leído.

En su última novela publicada en España, 'Guerra y guerra', el personaje principal, Korin, un archivero de la madre patria húngara, se ve necesariamente envuelto en una situación a la par absurda y desafiante. La lectura de un manuscrito que durante años ha pasado inadvertido entre los diversos legajos de su trabajo, hace que su vida cambie sobremanera.

Embaucado por la trama del manuscrito, cuyos protagonistas viajan por diversas épocas y lugares buscando un sitio donde poder convivir sin conflictos, decide dar a conocer su hallazgo al resto de la humanidad. La supervivencia y la eternidad de la obra dependen de él. Para salvaguardar toda la armonía y poética que contiene decide abandonar su lugar de residencia, un pequeño pueblo cercano a Budapest para acudir a la capital del mundo, Nueva York, y desde allí difundir el texto. Una vez consiga finalizar su tarea con la ayuda de internet podrá cumplir cercenar su vida, fin último de su extraña andadura.

El aparatoso viaje, que Korin con una peculiar facilidad dificultará más, la impotencia de las situaciones y los ambientes marginales o, mejor dicho, paralelos a la vida tradicional y asentada de las clases burguesas hacen que al lector le vayan surgiendo cientos de preguntas sobre la importancia de la cultura en la sociedad moderna o la relevancia que tiene el ser humano en la cumbre capitalista donde nos convertimos en míseros títeres de fuerzas ingobernables. Los escenarios planteados casi de una manera kafkiana (las angustias, el sufrimiento silencioso, el hombre al filo de su vida…) y un permanente injerto de capítulos o fragmentos del texto misterioso, junto con una historia construida progresivamente, hacen que la tensión vaya en progresivo aumento.

El desenlace final, inesperado a la par que reflexivo, en un espacio de arte junto a una obra del artista Mario Merz, nos traduce una serenidad en parte por la literatura leída y en cierta manera por la impresión que supone la introducción como metáfora última la instalación del artista plástico: el iglú o cabaña. Ese espacio tan propio de Merz donde condensa en media esfera la vitalidad de la vida humana. Un útero protector que nos resguarda de un entorno hostil y agresivo, que también es denunciado continuamente por Krasznahorkai. Ambos creadores recrean con sus respectivas herramientas unas estructuras de apariencias frágiles que sin embargo perpetúan la belleza.

Otra faceta que a Krasznahorkai le ahonda es lo determinante que tiene la acción del hombre en sí, como contraposición a las batallas y la barbarie de la que huyen los protagonistas del manuscrito. Si la guerra supone la concentración de las acciones en un tiempo en base a la aniquilación del enemigo, el personaje de Korin trata a través de su loco experimento ambulante aportar algo que merece ser apreciado por la colectividad. La necesidad de creer en la acción, en el individuo, es lo que hace de esta narración una fantástica metáfora de lo que actualmente vivimos, o quizá padecemos, como residentes en un sistema injusto que justifica la supervivencia del mismo.

Para los lectores más intrépidos o para aquellos que 'Guerra y guerra' pueda resultarse excesivamente contundente, les recomendamos otra obra del mismo autor, en este caso breve publicada también por Acantilado, 'Ha llegado Isaías'. Se trata de un relato donde el mismo protagonista, Korin, entra en el bar de la estación de autobuses a tomar algo. El ambiente nocturno y la soledad, solo se rompe con la conversación del compañero de barra: "Querido ángel, llevo mucho tiempo buscándote".

El encuentro aparentemente fortuito con el ocupante del taburete cercano (no busquen similitudes con el ángel de Wenders en 'El cielo sobre Berlín' o 'Las alas del deseo') le sirve a Krasznahorkai para generar una narración, muy del gusto Infame, de alcohol, reflexiones variopintas y un finiquito tan coherente que pone punto y seguido o final a este libro pues puede ser intervalo, final o principio del anterior ('Guerra y guerra'). Un dos por uno al alcance de todos.

La estética del striptease


Entrevista con Erik Gandini, autor del documental "Videocracia", cuyo tráiler ha censurado la RAI

MIREN GUTIÉRREZ y ORIAN BOSELLI
IPS




Videocracy expone la frivolidad de la televisión de este país, 90 por ciento de la cual está controlada por el conglomerado Mediaset, de Berlusconi, y la cadena de radio y televisión RAI.

Las opiniones discrepantes fueron silenciadas en la RAI desde que Berlusconi fue elegido por primera vez en 1994. En Mediaset abundan los programas de chismorreo y entretenimiento y las mujeres son mera decoración.

Los artistas ahora alzan la voz, dijo Gandini a IPS en entrevista telefónica desde Estocolmo, donde reside. Lorella Zanardo y Marco Malfi Chindemi son los realizadores del documental Il Corpo Delle Donne (El cuerpo de las mujeres).

"Desde que pusimos el vídeo en nuestro sitio de Internet fue descargado por más de 250.000 personas", señaló Gandini.

Producido en Suecia con apoyo de organizaciones escandinavas, Videocracy fue presentada en los festivales de Venecia y Toronto. Un avance del filme fue ofrecido a Mediaset y a la RAI, que decidieron no divulgarlo por considerarlo un "mensaje político" contra el gobierno.

La presentación del documental coincidió con el peor momento político de Berlusconi a raíz de un escándalo sexual.

Gandini conversó con IPS sobre el humillante uso del cuerpo femenino y el lavado de cerebro al que los italianos están sometidos desde hace tres décadas por el imperio televisivo del primer ministro.

IPS: Usted dice en el filme que hay que adentrarse en la televisión italiana para comprenderla. Pero usted es italiano y se apartó.

ERIK GANDINI: Es muy difícil hacer documentales en Italia porque no hay financiación. Además, si deciden difundirlos, lo hacen a última hora. En cambio, la región escandinava tiene una larga tradición en ese sentido. Aquí ese tipo de filmes son de mayor categoría y son financiados por los canales.

En Suecia, los documentales se estrenan en los cines y se pasan varias veces en el horario de mayor audiencia de la televisión. Los canales estatales los consideran una parte esencial del bienestar de la población. En Italia podría ser igual. Es una cuestión de elección y nunca se optó por esa posibilidad. Ese tipo de filmes han sido marginados.

IPS: ¿Podría haber hecho Videocracy en Italia?

EG: Nací y me crié en Italia. No estoy exiliado en Suecia y voy seguido a mi país. Pero mi punto de vista, el de un italiano residente en el extranjero, me permite interpretar la realidad de una forma diferente a la de muchos italianos que están acostumbrados a la televisión actual.

Un elemento fundamental del arte es ver las cosas cotidianas desde una perspectiva diferente.

IPS: ¿Cuál es la percepción de los italianos respecto de la realidad que usted muestra en su filme?

EG: Están acostumbrados. Es una realidad que se volvió normal, como el hecho de ver a las mujeres reducidas a objetos.

Pero estoy convencido de que si el documental se hizo de un público en Italia es porque hay muchas personas que piensan como yo. Mi película muestra una triste realidad tras bastidores que a veces da miedo, a diferencia de lo que ofrece la televisión: un estilo de vida feliz e inocuo.

Mostrar esa realidad en televisión es muy peligroso y por eso mi documental fue boicoteado. Pero creo que hay muchas personas de acuerdo conmigo.

IPS: Dada la falta de diversidad en la programación de los canales italianos, ¿usted cree que el arte puede servir para crear consciencia en la población?

EG: Definitivamente. Crítica y debate quedaron relegados al oasis de los periódicos y de las palabras. Por eso es importante recuperar el lenguaje de la televisión y del cine para hacer críticas.

En una "videocracia" como la italiana, las imágenes tienen el máximo poder y, si se pretende decir algo importante, es necesario recuperar el lenguaje visual.

IPS: Los votantes de Berlusconi no van a volcarse a los cines a ver su película ¿No es como predicar a los confesos?

EG: No estoy de acuerdo. Estuve en varios cines y vi a muchos jóvenes. La mayoría del público de este filme son jóvenes, quienes no suelen ir al cine. Muchos me dijeron: ‘trabajo en una escuela y me gustaría que mis estudiantes vieran su filme’.

La revista Io Donna, del periódico italiano Il Corriere della Sera, dio el máximo puntaje al documental y recomendó su difusión en los centros de enseñanza. La mayoría de las personas que aparece en el filme son famosas, lo que puede atraer a mucha gente y servir para descubrir un mundo diferente.

Existe el riesgo de predicar para los conversos, aunque el lenguaje empleado es accesible a todo público.

IPS: El documental muestra imágenes muy duras en relación con las mujeres. ¿Qué papel le parece que desempeñan en Italia y por qué cree que no se rebelan?

EG: Al entrar en el mundo de la televisión italiana dejo ver que las mujeres son como el papel tapiz, no seres humanos pensantes con voluntad propia. Tengo dos hijas y sentiría una tristeza infinita si crecieran creyendo que su cuerpo es un instrumento para alcanzar el éxito en Italia.

Es hora de que las italianas se enfurezcan y cambien la situación. Las cifras hablan por sí mismas. Italia se ubica en las peores posiciones en materia de igualdad de género. Es claro que es una consecuencia de la revolución cultural promovida por la televisión comercial.

Toda familia, grupo o comunidad desarrolla un sistema de valores. El italiano considera al cuerpo femenino como una herramienta de comercialización.

La representación de la mujer en la televisión está directamente vinculada al propio Berlusconi. En tanto que patrón de la televisión, difundió e impuso su propia imagen sobre la mujer. Tiene una mentalidad tan machista y anacrónica que es imposible no ver la relación entre él y los últimos 30 años de la televisión.

Empleados de Mediaset me han dicho que interviene mucho en la programación, al punto que si a él no le gusta el verde, se elimina el color de los decorados de los estudios.

Algunas personas sostienen que no es su culpa si a los italianos les gustan las tetas y los traseros. Pero no creo que sea accidental. La persona que crea la cultura televisiva, quien decide la programación tiene una gran responsabilidad sobre niños y niñas. Quien decide mostrar un país con esas características tiene que hacerse responsable.

Dado el atraso de Italia deben hacerse cambios en la cultura televisiva. De ninguna manera debemos rendirnos y decir que es parte de nuestra idiosincrasia italiana ni parte de nuestros genes.

IPS: Lo han llamado el Michael Moore de Italia ¿qué le parece?

EG: Respeto mucho el trabajo de Moore (realizador y documentalista estadounidense). El género documental se ha vuelto muy influyente gracias a él. Pero tenemos estilos muy diferentes.

Moore viene de una tradición anglosajona y sus filmes son el resultado de una evolución periodística. Son narraciones muy verbales. Mi estilo es más europeo. En mis documentales dominan las imágenes y se caracterizan por preservar la visión del observador. Trato de contar una historia y que los espectadores lleguen por sí mismos a una conclusión.

Moore ilustra sus palabras con imágenes. Yo trato de mostrar una situación desde un punto de vista emotivo, no sólo mediante la retórica y la lógica.

IPS: Como usted muestra en su filme, todo comenzó con un "ama de casa" que se sacó la ropa delante de cámaras. ¿Cómo cree que va a terminar la historia?

EG: Espero servir de inspiración para que los jóvenes hagan lo que yo hice. Es decir, que se nieguen a ser espectadores pasivos y transformen los medios, que se nieguen a renunciar y que no se digan ‘no puedo hacer nada más que mirar’. Es hora de que nos tomemos la libertad para decir cómo queremos que sea el mundo.

La arquitectura llega a Fundación Telefónica de la mano de Oscar Niemeyer


MARTA DE ORBE
Revista de Arte




Fundación Telefónica, en colaboración con la Fundación Cultural Hispano-Brasileña, ha presentado la exposición “Oscar Niemeyer”, la retrospectiva más completa sobre la obra del arquitecto brasileño que se ha realizado hasta ahora en nuestro país.

La muestra, tras su paso por Brasil y Holanda, llega a Madrid gracias a Fundación Telefónica que desde el primer momento mostró su interés por exponer esta retrospectiva sobre la obra de Niemeyer ya que, según palabras del director general de la Fundación, Francisco Serrano, “Esta muestra nos permitirá exponer la asociación entre Niemeyer y Brasil, uno de los países latinoamericanos con más relevancia internacional y además la obra de Niemeyer es un claro ejemplo de la mezcla del arte y la tecnología, objetivos principales de nuestra Fundación, por lo que no podíamos pasar la oportunidad de tener esta exposición en nuestras salas”.

Oscar Niemeyer es, sin duda, una de las figuras claves de la arquitectura moderna y, junto a Alvar Aalto, uno de los arquitectos que más ha inspirado e influenciado a las nuevas generaciones. Colaborador de nombres tan reputados como Le Corbusier, con el que en 1936 realizó el edificio del Ministerio de Educación y Sanidad en Río de Janeiro, en su extensa carrera, la cual sigue ejerciendo a pesar de tener 102 años, ha sido reconocido internacionalmente por sus proyectos innovadores y sus aportaciones a la arquitectura del siglo XX y XXI, además de ser uno de los mayores contribuidores al crecimiento que Brasil a experimentado desde mediados del siglo XX y con el que ha logrado convertirse en una de las potencias mundiales más importantes de Latinoamérica.

Pero Niemeyer no solo es un arquitecto, es escultor, dibujante, pensador, es ante todo un humanista y un innovador. Ya en los años cuarenta predijo que el principio racionalista que predominaba en la arquitectura del momento y por el cual la forma debía estar siempre subordinada a la función, se terminaría agotando, como así fue.

También fue pionero en la exploración de las posibilidades del hormigón armado, con el que consigue realizar superficies curvas creando estructuras dinámicas y livianas que se adaptan a las condiciones medioambientales y gracias al cual la arquitectura moderna ha dejado de estar esclavizada por las líneas rectas, al igual que sus obras, en las que la curva es la protagonista y con la que permite hacer una referencia constante en sus trabajos a la estructuras de la naturaleza.

La muestra, además de resumir y exponer maquetas y dibujos de sus obras más relevantes en orden cronológico, intenta acercar al visitante a la figura personal de Niemeyer, y para ello expone, en una parte de la exposición, una sala con las paredes escritas con un texto escrito por el mismo Niemeyer en el que narra sus ideas sobre la arquitectura, su evolución histórica, el desarrollo de los materiales constructivos, las nuevas posibilidades arquitectónicas y el carácter social de la arquitectura actual.

Pero no solo este texto permite al visitante adentrase en la figura de Niemeyer, ya que la exposición también presenta en una de sus paredes un test personal que se le realizó con sus contestaciones y en el que deja claro su pasión por la arquitectura, la belleza, las mujeres y la vida. A su vez este apartado de la muestra contiene algunos de sus dibujos no arquitectónicos y sus bocetos de cuerpos de mujeres.

Por tanto se trata de una exposición que no solo esta enfocada a los apasionados de la arquitectura contemporánea sino a todos los interesados en el arte, ya que Niemeyer, tal como el mismo se define, es ante todo un artista.

No obstante la importancia de su obra arquitectónica ocupa la mayor parte de la exposición y en ella el público podrá encontrar los dibujos preparatorios, bocetos y maquetas de los edificios más emblemáticos que ha construido a lo largo de su longeva vida, como por ejemplo el edificio de la ONU en New York, construido en 1947 y del que se exponen fotos de la época y su maqueta o los bocetos de una de sus obras más relevantes, la sede del partido comunista francés en París, realizado en 1965 y de una modernidad asombrosa tanto conceptual como técnica.

Pero la exposición no solo recoge las obras más emblemáticas que Niemeyer realizó durante el siglo XX, ya que a pesar de su edad avanzada su creatividad y su producción siguen vigentes de una manera incansable y ya entrado el siglo XXI ha realizado importantísimos y tremendamente innovadores proyectos como el Museo Niemeyer en Curitiba (Brasil) realizado en 2001, el edificio de la Serpentine Gallery en Londres en 2003 o la primera obra de Niemeyer en nuestro país, el Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer, en Avilés (Asturias), un autentico prodigio de la imaginación y la ingeniería , del que, junto al resto de obras citadas anteriormente, el público podrá aprender más viendo sus bocetos preparatorios, maquetas y fotografías.

Por tanto la exposición, a parte de ser un merecido homenaje a uno de los arquitectos más relevantes de la última época, es una buena oportunidad para acercarse a la arquitectura y apreciar los cambios tecnológicos que se han producido en ella en las ultimas décadas y como estos avances son aplicados en los edificios creando estructuras inimaginables y siempre al servicio de los ciudadanos gracias al instinto creador y al dominio técnico de genios pensantes como Oscar Niemeyer.

Retratos de una España en vías de extinción


La exposición 'Trabajos de campo' reivindica la obra de Cristobal Hara y Sanz Lobato. Han fotografiado la España rural de las últimas décadas


CAROLINA VELASCO
Soitu




Si prestamos atención a Capa, a Bréton y a Lange, ¿por qué no buscar un poco más cerca? Ése es el punto de partida de la exposición Trabajos de campo —que se ha inaugurado hoy y que puede verse hasta el próximo 16 de enero en Barcelona en la Fundación Foto Colectania—. En ella se reivindican las figuras de los fotógrafos Cristóbal Hara y Rafael Sanz Lobato. Hemos estado con ellos. Estas son sus fotos y esto es lo que nos han contado.

Sanz Lobato nacido en Sevilla en 1932, sintió la llamada de la fotografía a los 13 años, pero "no me pude comprar una cámara hasta los 21", explica. Autodidacta a la fuerza —"entonces no había quién te dijera cómo revelar"— reconoce que al principio le costaba acercarse a la gente a fotografiarla. "Íbamos a un pueblo y todos se ponían a disparar a cualquier persona, y yo me quedaba parado". Hasta que perdió el miedo.

La fotografía de Lobato tiene reminiscencias de Valle-Inclán, con personajes sometidos a condiciones límites, como la del maletilla abatido por no poder torear tras haber alquilado un traje de luces que le viene grande. "La fotografía, como el buen vino, mejora con los años y adquiere un valor documental", se justifica ante su obra.

En la exposición puede verse una de sus series más personales sobre Bercianos de Aliste, un pueblo de Zamora en el que la religión marcaba en los setenta la vida de sus habitantes. "La chica de esta foto", dice señalando a 'Viernes Santo 24', "se tuvo que ir de su pueblo porque fue madre soltera en los sesenta. Unos años más tarde volvió para ir a las procesiones, vestida con un abrigo moderno y con actitud de desafío: es la confrontación de dos mundos distintos".

La mirada experimental de Cristóbal Hara

El mundo de Cristóbal Hara es el mismo que retrató Sanz Lobato durante los setenta, aunque él se enfrenta a la fotografía en clave más experimental. "No me interesa la fotografía digital ni la manipulación, aunque tampoco lo descarto. Prefiero hacer experimentos formales, hacer que sea el vacío el centro de la foto, o no mostrar los rostros de los protagonistas".

Éso es precisamente lo que hace en su serie 'Lances de aldea', que refleja las corridas de toros de los pueblos de los años ochenta. "Es un mundo que ya casi ha desaparecido, pero tuve la suerte de conocer a los últimos maletillas y pude acompañarles". En ninguna de esas fotos se ve a los toreros. El libro Lances de Aldea, que reflejaba el resultado de ese viaje, no se vendió "porque tanto los antitaurinos como los taurinos lo reivindicaron para llevarlo a su terreno".

Son dos visiones distintas —una en color, otra en blanco y negro, una más irreverente, otra más sobria— sobre un mismo mundo en vías de extinción y que, sin embargo, es bien reconocible. "Es en lo local donde al final encuentro imágenes que resuenan como españolas en todo el mundo", resume Hara con tino.

45.000 muertos al año sin seguro médico en EEUU


Según una investigación, los que carecen de seguro médico tienen un 40% más de posibilidades de morir


EFE


Una media de 44.789 trabajadores estadounidenses mueren cada año por no tener seguro médico, reveló un estudio divulgado hoy por la revista American Journal Public Health en su edición electrónica.

Esa cifra es superior al número de estadounidenses que fallecen como resultado de enfermedades hepáticas, según la investigación que añade que los que carecen de seguro médico tienen un 40% más de posibilidades de morir, que quienes sí cuentan con ese seguro.

Los resultados del estudio fueron dados a conocer en momentos en que el presidente Barack Obama ha intensificado una campaña para reformar el sistema de salud de Estados Unidos. "El no tener seguro está vinculado al riesgo de muerte y este es un riesgo elevado", señaló Andrew Wilper, autor del estudio y profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Seattle.

La investigación utilizó datos relativos a personas de entre 17 y 64 años extraídos del Tercer Informe Nacional de Salud y Nutrición preparado entre 1988 y 1994.

Según fuentes médicas, los resultados de la investigación son similares a un estudio realizado en 1993 por el Instituto de Medicina que señaló que el riesgo de muerte es superior en un 25 por ciento para quienes no tienen seguro, en comparación con los que sí cuentan con él.

Críticas y apoyos

Sin embargo, según el sitio de Internet HealthDay News, no todos están de acuerdo con los resultados de la investigación encabezada por Wilper. El Centro Nacional para Análisis de Política, que se opone a la reforma del sistema de salud, manifestó que el estudio tiene muchos fallos.

"Las conclusiones de esta investigación se basan en una metodología errada y el riesgo de muerte se exagera de manera considerable", dijo su presidente John Goodman. "Las personas fueron entrevistadas una sola vez y el estudio trata de vincular su situación respecto al seguro en aquel momento a su mortalidad una década después", manifestó.

Añadió que durante el período posterior a esas entrevistas los autores del estudio no supieron si los consultados tenían seguro o no, qué tipo de atención médica recibieron y cuál fue la causa de su muerte.

Pero, por otra parte, Lucien Wulsin, director del Proyecto Asegurar a los no Asegurados, señaló que aunque el estudio no examina la causa de muerte parece corroborar algo que se sabía acerca de la falta de acceso a los servicios médicos.

Añadió que también parece validar el estudio del Instituto de Medicina que afirmó que "no tener seguro médico supone una mayor probabilidad de muerte, porque uno no recibe atención cuando no tiene seguro (...) hasta que es demasiado tarde".