Spile Lee, a veinte años de su fundamental film "Haz lo que debas"


El director estadounidense es el centro de una retrospectiva en el prestigioso British Film Institute, donde el lunes dará una charla para analizar la película que en su momento disparó una fuerte polémica, pero que lo instaló para siempre


KALEM AFTAB
Página 12



Spike Lee llegará a la sede Southbank del British Film Institute –donde se está presentando una retrospectiva de su obra– el lunes 21, como parte de la celebración por el aniversario de Haz lo correcto, su tercera película, presentada en el Festival de Cannes en 1989. En las dos décadas transcurridas, el film fue reconocido por el American Film Institute como una de las cien mejores películas estadounidense de la historia, y ranqueó bien alto en la encuesta Sight & Sound de las mejores de los últimos 25 años. Fue también –como tímidamente admitió Barack Obama el año pasado– la película que el presidente de los Estados Unidos eligió en su primera cita con Michelle.

Todo ello está muy lejos de las divisiones y el debate que el drama racial provocó en su estreno: fue la película más controvertida y discutida de ese verano. No había revista o diario que no presentara a alguien con una opinión sobre esa historia de Brooklyn o su director. Los críticos David Denby (del New York Magazine) y Richard Corliss (Time) argumentaron que Haz lo correcto no tenía ningún otro valor que el de propaganda y de incitar a la comunidad negra a una revuelta. En la esquina opuesta estaba Roger Ebert, que escribió que “refleja el estado actual de las relaciones raciales en América mejor que ninguna otra película de nuestro tiempo”.

Remarcar que Do The Right Thing permanece como un trabajo clave de la carrera de Lee no significa minimizar otras películas como Malcolm X o El plan perfecto, o sus notables documentales 4 little girls (sobre la explosión de 1963 en una iglesia de Birmingham, Alabama) o When the levees broke, sobre el Katrina. El director nunca admitirá que Haz lo correcto es su mejor film: “Mis películas son como mis hijos, no tengo una favorita”, dice. Aun así, en todos los textos, del libro para niños que escribió con su esposa Tonya –Please, baby, please– a la contratapa de los DVD, esa película siempre aparece al tope.

A pesar de su apretada agenda, que incluyó las premières de dos nuevas películas en el Tribeca Film Festival de abril, Spike Lee, de 52 años, pasó el verano haciendo un tour de promoción de un relanzamiento de Do The Right Thing y su aparición en el formato Blu–Ray en Estados Unidos. “El film creció en estatura –dice, y hace una pausa que deja paso a una franca carcajada–. Fue divertido, pero raramente me quedo mucho en el pasado. Fue bárbaro atravesar esas cosas, tener esas reuniones, divertirme conociendo a todas estas personas que contribuyeron a lo que ahora se señala como un hito. Después llegó un punto en el que tuve que seguir moviéndome. Después de la próxima semana terminaré con la retrospectiva. Bueno, al menos hasta el 50º aniversario, si el Señor quiere que todavía ande por acá.”

Puede sentirse impulsado a la próxima cosa por hacer, pero Lee también es conocido por su afición a coleccionar memorabilia. Sus oficinas están adornadas con un fabuloso set de posters de películas, mientras que muchas de las baratijas de cerámica y porcelana usadas en Bamboozled (sobre el programa televisivo de un trovador moderno) vinieron de su colección personal. Con lo que no sorprende que haya conservado algunos souvenirs de Haz lo correcto. “Por supuesto, tengo la remera de Mookie, la pizarra y la caja de la pizzería de Sal –dice–. Conservo los guiones originales de todas mis películas, que no están tipeados: escribí los primeros borradores a mano, en un block amarillo.”

En 1989, las prognosis de las relaciones raciales no eran buenas. La película se sitúa en el día más caluroso del año en Bedford–, Stuyvesant, un barrio eminentemente negro de Brooklyn donde las tensiones raciales están llegando al punto de ruptura. Los miembros afroamericanos de la comunidad, liderados por el militante vocal Buggin’ Out (Giancarlo Esposito) ya tuvieron suficiente de ser mantenidos al final de la escalera. Los únicos negocios de la manzana son la pizzería de Sal, manejada por una familia italoamericana (Danny Aiello fue nominado al Oscar por su performance como Sal) y una frutería y verdulería propiedad de una familia coreana. El film está contado desde la perspectiva del pibe del delivery, Mookie, interpretado por el mismo Lee, cuya única motivación es que le paguen. Mientras las tensiones crecen, Mookie lleva al espectador a un viaje por la vibrante comunidad negra que afronta sus tareas diarias bajo el omnipresente ojo del DJ de la We Love Radio, interpretado por Samuel L. Jackson. Hay otra gran actuación a cargo de John Turturro, el actor que más aparece en las películas de Lee, como Pino, el racista hijo de Sal. El film abunda en tópicos: referencias a la campaña de David Dinkin para convertirse en el primer alcalde afroamericano de Nueva York, las denuncias de Tawana Brawley de haber sido violada por oficiales de policía, el asesinato del obrero de construcción Michael Griffith a manos de la mafia italoamericana en Howard Beach y la muerte del artista del graffiti Michael Stewart, apresado por once policías en una van blanca y estrangulado hasta morir (la evidencia de ello fue “perdida”). Todo suena muy serio, pero la belleza de Haz lo correcto reside en su humor, no solo en la forma del hilarante trío (Robin Harris, Paul Benjamin and Frankie Faison) que comentan los sucesos en una esquina como un coro griego: todo se cuenta a un ritmo feroz, y aparecen todas las opiniones.

La película surgió de Native Son de Richard Wright, un gran trabajo literario de protesta que shockeó a muchos al publicarse, en 1940. Rompió la postura, muy popular entre los autores negros de la época, de avanzar sobre la idea de un sofisticado y cultivado “New Negro”, llamado así por su habilidad para asimilarse a la sociedad estadounidense. Lee tomó partido por una masa negra más agresiva y desilusionada, llevando la violencia física y psíquica hacia el exterior de la América blanca. Do The Right Thing termina con una revuelta racial en la que Mookie tira un tacho de basura a través de la vidriera de la pizzería. El film era impactante, especialmente en las escenas en las que los protagonistas ventilan su furia a la cámara, y pequeños toques como Buggin’ Out limpiando sus zapatillas Nike con un cepillo de dientes. Era una película que exhibía toda la diversión y la tristeza, el miedo y la tensión de ser un grupo minoritario y vivir en una gran ciudad.

Aun cuando no hay un film en producción, la productora 40 Acres and a Mule rebosa actividad, con una sala de edición, asistentes, una sala que se utiliza para ensayos y un garage que contiene elementos de las películas. Cuando comenzó la producción de She hate me, la oficina fue transformada por internos y técnicos que se mudaron allí, mientras a la vuelta de la esquina, en lo que ahora es la oficina principal de Lee, el equipo de producción y de vestuario se reunía. Spike Lee tiene un gran escritorio en el centro del lugar, pero raramente está sentado en su silla más de diez minutos.

Su biografía dice que nació como Shelton Jackson Lee en Atlanta (Georgia) en 1957. Su padre era músico de jazz y su madre maestra de inglés. Cuando Lee era aún pequeño la familia se mudó a Brooklyn, primero a Cobble Hill –donde era la única familia negra en un barrio predominantemente italoamericano– y luego en Fort Greene, el escenario de su opera prima She’s gott have it (1986). El director asistió a la escuela de cine NYU, donde Stranger than Paradise, de Jim Jarmusch, lo inspiró a hacer su propio film independiente. Su aparición como Mars Blackmon llevó a un llamado de Nike, que le propuso dirigir y actuar en comerciales con Michael Jordan, entonces una naciente estrella del basquet. Fue a través de esos comerciales que Lee entró por primera vez en la consciencia del público estadounidense. Y fueron también los comienzos del trabajo de usar su fama para despertar preocupaciones sobre la raza.

Hoy que la Casa Blanca es ocupada por un hombre negro, es sorprendente pensar que solo veinte años atrás Haz lo correcto hacía tal cuestión de promover la campaña de David Dinkins. Lee, partidario de la campaña presidencial de Obama, admite que no había manera de predecir o incluso soñar con semejante progreso. “No podía imaginar un presidente negro hace cinco años, ni hablar de 1989. Es un gran testamento para los Estados Unidos, pero al mismo tiempo no me creo eso del clima posracial. Eso todavía no existe”, dice.

El director nunca tuvo timidez a la hora de decir lo que piensa de los temas raciales, o de crear historias en las que la raza y el credo son pivotales. Criticó el racismo dentro de la misma comunidad afroamericana en su segunda película, School Daze, antes de poner el foco en las tensiones entre blancos y negros en Haz lo correcto. Mo’ better blues, situada en un club de jazz, fue criticada por su retrato de avariciosos managers judíos, mientras que Jungle Fever se ocupó de las relaciones interraciales. Lee incluso fue acusado de jugar la “carta racial” cuando se ubicó en el lugar del hombre apropiado para contar la historia de Malcolm X, a comienzos de los noventa. La biografía de Alex Haley, dijo, simplemente el libro más influyente que había leído en su adolescencia. Entonces, cuando parecía que estaba haciendo películas que se alejaban de la raza como tema central, filmó Bamboozled en 2000, una subestimada sátira sobre un programa televisivo con blancos y negros. Lee es un director que responde a su propio entorno y así como la raza se volvió un tema menos importante en su propia vida, fue perdiendo espacio en sus películas.

Interrogado por si los cambios que tuvieron lugar en Estados Unidos en las últimas dos décadas significan que hoy no se podía hacer una película como Haz lo correcto, Lee coincide: “Sería muy difícil. No porque el tema sea hoy irrelevante, sino porque creo que los estudios no la harían, no la financiarían. Tengo que agradecer a Tom Pollock, que en ese momento estaba al frente de Universal Pictures. Para esta película puso el poder del estudio detrás mío, me respaldó, aun cuando algunos querían distanciarse, divorciarse del film”. Hoy Lee encuentra mayores dificultades para obtener financiación para sus películas. Como muchos otros autores de Hollywood, recientemente tuvo que ir a Europa a buscar respaldo para películas como su última ficción, Miracle at St. Anna, una fantasía sobre los Buffalo Soldiers de la Segunda Guerra. Su mayor éxito en boleterías en los años recientes, de hecho el mayor de su carrera, fue El plan perfecto, producida por un estudio grande. El director es famoso por su ética de trabajo y, como Woody Allen –con quien se lo suele comparar–, intenta hacer una película por año. En el Festival Tribeca mostró dos documentales. El primero, Kobe doin’ work, sigue a la estrella del basquet Kobe Bryant con múltiples cámaras durante un partido de playoff de la NBA: Lee se inspiró en Zidane, a 21st Century Portrait, de Douglas Gordon y Philippe Parreno. En el segundo, Passing Strange, filma una exitosa puesta en escena, como hizo en 2001 con The Huey P. Newton Story. El film, sobre el musical rock ganador de un Tony que cuenta la historia de un músico negro en Los Angeles de 1970 embarcado en un viaje para encontrarse a sí mismo, fue bien recibido, dándole a la producción una posteridad que se extiende mucho más allá de la caída del telón.

Lee tiene ahora varios proyectos en danza, incluyendo un biopic de Joe Louis escrito por el fallecido Budd Schulberg. “Ahora mismo estoy por dar clases nuevamente en la escuela NYU. Además de ser profesor allí, soy director artístico en el programa de películas de graduación –detalla–. Estoy trabajando en nuevas ideas y esperamos poder hacer despegar a El plan perfecto 2. Nunca hice una secuela.” Como todo en este momento de Hollywood, incluso eso no es algo seguro. “Todavía puede ser que no se haga, pero la pasamos tan bien haciendo la primera, con Denzel Washington, Jodie Foster, Clive Owen y todos los actores de Nueva York rodéandolos, que espero que Universal nos deje seguir adelante con este bebé.” Luego Lee volverá a poner su atención en el escenario, pero no aún como director de una obra, una vieja ambición que aún no cumplió. Según explica, “hay un joven, Lemon Andersen, que tuvo un pequeño papel en El plan perfecto y que solía formar parte del equipo de escritores Def Poetry Jam: tiene un unipersonal que se presentará en el Public Theatre de Nueva York con el subtítulo Spike Lee Presenta, que es básicamente una manera de alentar a gente que de otro modo se iría a ver otra cosa. Pero estoy seguro de que, después de verlo, Lemon ya nunca necesitará un Spike Lee Presenta”.

Para Lee, el momento clave del verano fue cuando escuchó que Michael Jackson había muerto. El director hizo el video de la controvertida canción de 1996 “They Don’t Care About Us”, y la noticia lo dejó devastado. “Estaba en Cannes para una conferencia y justo prendí CNN. Esa noche no pude dormir, me quedé pegado a la TV. Es una gran, gran pérdida”, dice. Su otra reacción fue realizar una fiesta en el que habría sido el 51º aniversario de Jackson, el mes pasado, en el Prospect Park de Brooklyn.

La visión de Lee liderando el canto en el escenario se aleja de su reputación de ser un tipo difícil, un hombre que quizá vive de acuerdo con su punzante nombre (“Espina”). Es cierto que Spike Lee no es alguien con quien uno vaya a confraternizar en la estación de tren o hacerse amigo en Facebook, pero no es tan duro como podría creerse. En realidad es tímido, y se anima solo cuando la conversación toca un tema del que le interesa hablar, como el cine, la música, la política o el fútbol americano. Su vida se concentra en el negocio de hacer películas, y más allá de si El plan perfecto 2 se realiza o no, una cosa es segura: más temprano que tarde estará nuevamente en su lugar favorito, la silla de director.

Aquel maldito tren blindado (The Inglorious Bastards). Inspirando a Tarantino


CAPITÁN SPAULDING
Cinempatia




No, no se trata de los Inglorious Basterds (con E) de Tarantino. Quel Maledetto Treno Blindato es el título original de The Inglorious Bastards (con A), película que dirigió Enzo G. Castellari en 1978 y que por aquí se conoció como Aquel Maldito Tren Blindado. El impacto de esta historia de criminales de guerra reconvertidos en héroes fue tal en el director de Pulp Fiction que éste decidió inspirarse en ella y homenajearla con un título similar (aunque no se trate de un remake propiamente dicho). Lo que queda claro de todo este lío alfabetístico es que, al margen de lo mucho o poco que puedan tener en común ambas películas y de lo más o menos lograda que esté Inglorious Basterds, nadie le puede negar a Tarantino un gusto exquisito por el cine en general y la serie B en particular.

La acción de Aquel Maldito Tren Blindado se sitúa en Francia en el año 1944, cuando la Segunda Guerra Mundial comenzaba a acercarse a su fin. Un grupo de prisioneros, encabezado por los reconocibles rostros de Bo Svenson y Fred Williamson, debe ser transportado desde el establecimiento aliado en que se encuentra para ser procesado por los respectivos delitos de cada uno, pero en mitad del trayecto el convoy es atacado por las fuerzas de Eje, lo cual permite la huida de los malhechores supervivientes. Deciden emprender una excursión por los campos franceses hasta llegar a Suiza, donde les espera la libertad, pero conforme avancen irán descubriendo que nadie escapa de sus deberes como patriota y soldado, y se verán envueltos en más de un episodio de guerrillas, ataques y fugas hasta llegar al asalto de un tren blindado que esconde una potente arma alemana.

La verdad es que no sé en qué demonios piensan las distribuidoras cuando se edita mil y una veces la misma película (edición básica, especial, remasterizada, definitiva, extendida...) en vez de descubrir al público gloriosos momentos cinematográficos como el que sin duda supone el visionado de Aquel Maldito Tren Blindado.

Cutre y casposa a matar, la película es un vendaval de adrenalina, sudor, machismo, pistolas y explosiones, donde el humor zafio no falta a la fiesta de la misma manera que tampoco lo hacen el nudismo gratuito y los discursos anti-guerra -sumamente torpes, naif y patilleros (vamos, que parecen de pitorreo), lo cual por supuesto no hace sino elevarlos a la categoría de brillantes.

Todo ello se traduce en una película terriblemente entretenida, desmadrada y adictiva, cuya principal baza reside, además, en un interés que no decae ni un ápice debido a la cantidad de cosas que suceden en pantalla.

De hecho, la que al principio podía parecer una simple exploitation del cine bélico clásico (sólo con leer la sinopsis quedan claras sus referencias) no tarda en ir desarrollándose por otras vías acercándose al spaghetti western, del que Castellari es un experto, e incluso a la tragedia griega.

Así, los cinco o seis protagonistas emprenden su particular odisea bélica, que los lleva incluso a enfrentarse contra peculiares sirenas (desnudas y aparentemente indefensas mujeres en un lago, en verdad miembros del ejército nazi y con metralletas a mano), que les llevará a atravesar unas tierras desconocidas y hostiles hasta llegar a la nada gratuita misión del asalto al tren, típico McGuffin de infinidad de cintas del Oeste.

Siguiendo por las vías de la clásica tragedia del hombre enfrentado a pasado y destino a la vez, asistimos a la transformación del grupo de malditos bastardos, que de delincuentes de poca monta se ven forzados a convertirse en héroes de guerra, redimiendo sus pecados aun a costa de empeñar sus vidas. Porque cuando se les necesita, los héroes aparecen disfrazados de la más extraña de las formas, y si son soldados del ejército de los Aliados, mejor que mejor, que así se ayudan con metralletas en su via crucis.

Al margen de posibles aunque no necesariamente válidas dobles lecturas (es válida perfectamente como simple película de acción burra), el caso es que entre el cínico humor de sus personajes, que no dudan en arremeter contra el color de la piel de su afroamericano compañero, la personalidad de sus actores y la trepidante y constante acción que apenas da un respito entre balazo y balazo, transcurren sin problema los poco menos de 100 minutos de metraje, creando de su visionado toda una experiencia de necesario revisionado. Ideal para cualquier ocasión, lo cierto es que Aquel Maldito Tren Blindado es una bastardez de cuidado, pero también una genialidad como la copa de un pino.

No es de extrañar que Tarantino diga que '¡Es mi película de guerra favorita de todos los tiempos!', y si dice que en ella se ha basado para sus basterdos, pues mejor que mejor.