Entrevista a Jason Molina (Magnolia Elecrtic Co.)


DANIEL OLIVER
Muzikalia




Jason Molina y sus diversas formaciones – como ahora con Magnolia Electric Co. – han ido contando siempre entre nuestras bandas favoritas, de una manera muy sólida y sin prácticamente altibajos. El próximo mes de diciembre le tendremos en España, en el Primavera Club junto a su amigo Will Johnson para presentarnos las canciones de su disco conjunto

¿Qué es exactamente lo que tiene tu sonido para mantenernos enganchados de esta manera?

Esto puede tener mucho que ver con que escucho música que descubro por mi cuenta, o que la gente me pasa, y no suelo prestar atención a música sobre la que leo o escucho en radios… no intento hacer que me guste música que realmente no me dice demasiado. De la mayoría de mis bandas favoritas sólo me gustan unas pocas canciones, y como me paso tanto tiempo escribiendo o componiendo mis propias canciones no tengo tiempo para investigar los géneros o las biografías de las bandas; ni siquiera conozco el nombre de ningún componente de ninguna banda, ni con que sello han editado sus discos, ni nada de todo eso.

Entonces, ¿de dónde sacas la música que escuchas normalmente?

De los fans. La mayoría de mi música la consigo de los fans, después de los conciertos vienen a darme sus cds o sus demos, generalmente grabados por ellos mismos, y las escucho religiosamente, porque en algún momento de mi vida alguien le dio una demo mía a alguien, y ese alguien se la pasó a alguien, que la escuchó, y así acabé conectando con Secretly Canadian, que en aquella época ni siquiera eran una discográfica. Y es algo que ha seguido conmigo durante la mayoría de mi vida.

¿Cuánto tiempo es eso, cuánto llevas haciendo música?

Bueno, he estado más o menos tocando en bandas desde que tenía trece años.

Bueno, en realidad no tengo ni idea de qué edad tienes ahora.

No llego a los cuarenta.

¡Esa es una buena edad! Pensando en términos del nivel de éxito que has alcanzado, no sé exactamente qué resultados comerciales has tenido en tu carrera, pero si tuviera que pensar en alguien que merezca el título de artista de culto, sin duda pensaría en ti.

Bueno, de dónde yo vengo eso es un cumplido. No es algo que intente conseguir, desde luego, pero si se me han presentado oportunidades a las que he dicho que no porque no eran cosas con las que sintiera ninguna conexión. El ejemplo más extremo sería cuando una gran discográfica llega y te dice: estamos muy interesados en tu música, ¿puedes hacer todas estas cosas para nosotros, para ver si podemos trabajar juntos?, y mientras tanto aquí está esta gran zanahoria, y esa zanahoria para el conejito son, digamos, cientos de miles de dólares. Y en momentos en los que apenas podía pagar el alquiler, y en que tenía que tener tres empleos, bueno, eso me sonaba a un buen puñado de dinero. Pero me gustaba mi vida, trabajando duro y escribiendo las canciones que quería escribir, y esa gente no me estaba ofreciendo nada más allá de un montón de dinero; no habría ayudado a mis métodos de escribir canciones, a las cosas que me inspiran para hacer música, así que sí he tomado decisiones de, por así decir, seguir un camino diferente al de ser comercial. Dicho esto, sí he dado algunas canciones a series de televisión aquí y allá, y eso suele ser no porque me guste la serie necesariamente sino porque quizá un actor, o alguien que trabaja allí, es un gran fan, y tratan de establecer interrelaciones, y allá donde tienen capacidad de decidir qué canción poner para una escena determinada pueden pedirme una canción. Pero es algo un poco diferente a decir que estoy dispuesto a escribir música únicamente para meterme un dólar en el bolsillo.

Realmente los fans parecen tener una gran importancia para ti, imagino que porque tú mismo habrás sido un enorme fan de otros músicos. ¿A quién seguías cuando eras un adolescente?

Patti Smith, Roxy Music, Neil Young, The Ramones y Dylan, más tarde. Donde crecí, se escuchaba mucha…

Em, perdón, ¿de dónde eres?

Nací en el norte de Ohio, en una ciudad llamada Oberlin, y la ciudad en la que vivía está unas ocho o diez millas al norte de allí, en la orilla del lago Erie. Es una ciudad de acerías y astilleros; allí fabricaban el Econoline y el Thunderbird, en la fábrica Ford. También me crié en el sur de Virginia, de donde es el resto de mi familia. Cuando vinieron de España, donde eran mineros del carbón – y ahora estoy en España, así que puedo explicar esta historia - …

¿Tu familia es española? ¿De verdad?

Si, es verdad. Es verdad, venían de España y se fueron a un sitio donde, aún sin hablar inglés, pudieran trabajar. Así que crecí en una zona muy interesante del país, algo olvidada, y a veces idealizada, pero allí se escuchaba auténtico folk. Gente que escribía sus propias canciones, y tocaban el violín en el porche y cantaban su propia música autóctona. Escuché un montón de música country, pero más bien estilo Jimmy Rogers o Carter Family, no tan honky-tonk, bueno, al menos no hasta más tarde.

No se suele tener la música folk asociada a lugares como Ohio, quizá más bien al sur.

Para mí es algo difícil de decir. En cuanto a conectar la música folk específicamente con el estado de Ohio… Ohio está conectado con Virgina Occidental, Indiana, Pennsylvania, y por ahí sí que pasó un montón de música popular, pero en lo que sería prácticamente la antigüedad según los estándares americanos, con las primeras olas de pioneros que venían del este, originarios de Europa, y que se extendieron hacia el oeste, algo así como en el siglo 18. Y es cierto que en Ohio no hubo una gran introducción de música popular, excepto las canciones sobre navegación. No de alta mar, naturalmente, sino en los grandes lagos, lo cual es otra cosa – aunque yo no me subiría a un barco en la vida, no sé nadar.

¿En serio?

Pff, si, es cierto. Pero puedo meterme en el agua. Sin problemas. Lo intentaría, por lo menos. Pero bueno, sí tuve acceso a gente del lugar que escribía canciones sobre sus barcos y sus navegaciones, faros, estaciones del año, sobre navegantes, cosas así.

Sean cuales sean las influencias musicales que tuvieras, está bien claro que la música que haces es blues, blues guitarrero.

Tú lo has dicho.

Pero también está claro que no es lo mismo que Eric Clapton o Robert Johnson, o ese tipo de cosas, sino más bien una mezcla personal de blues tradicional y, no sé, Leonard Cohen. ¿Cómo surge este estilo?

Bueno, eso es muy grande, eso son cosas sobre las que siempre pienso. He coleccionado blues de preguerra desde que tuve mi primer tocadiscos, sin demasiado espíritu académico – si me preguntas por alguna canción concreta de Blind Willie Johnson o algo así, seguramente ni siquiera tendré la menor idea de de qué me estás hablando, pero si tarareas una melodía seguro que te sigo. Estas cosas me persiguen, pero están tan conectadas a mí, porque una parte de la música que escuchaba en Virigina Occidental era, literalmente, viejos tocando banjos y violines, esas cosas que uno asocia románticamente con el blues, cosas de las que Pete Seeger habría estado orgulloso. Pero en aquella época nadie me dijo que tuviera que gustarme, simplemente me fui metiendo en ello. No vengo de una familia musical; aprecian la música y les gusta, pero nadie toca ningún instrumento, así que la primera vez que a algún anciano tocar una canción seguramente me senté a sus pies y le estuve escuchando durante dos horas. Estaba hipnotizado. Y eso es lo que este tipo de música me hace; en cuanto a la música más afilada, más puramente rock’n’roll, bueno, la primera vez que escuché a Link Wray me quedé alucinado, y nadie me había hablado en la vida de Link Wray o, no sé, de gente como Jimmy Rogers, o algunas cosas eléctricas de John Lee Hooker en sus inicios. No me siento a estudiarlo, no me aprendo las canciones, pero pienso, “tío, este tipo tiene un puñado de letras, tiene su buena melodía, tiene ritmo, y, bueno, simplemente va a por ello”, y esa sigue siendo la manera en que quiero hacer discos.

El blues parece atrapar más a la gente que casi cualquier otro género musical. Muchos músicos, como quizá tú mismo, parecen perseguidos por el blues, que no los suelta en la vida. ¿Es eso una putada?

Bueno, mira, una canción es una canción. Puede ser una canción de blues; estando aquí, en presencia de gente como Sonic Youth, Jesus Lizard, o Neil Young… y para todas estas bandas, una canción es una canción. Siguiendo el clásico cliché, puedes decir que el blues es muy crudo, porque es poco más que un tipo cantando con una guitarra, quizá siguiendo el ritmo con el pie, en general por ninguna razón comercial directas, especialmente ahora que están encontrando esas grabaciones perdidas de Columbia, cortes de artistas como Skip James que grabaron poco más de un puñado de canciones, y ese material es pura magia. Y no es magia porque nadie me haya dicho que tenga que serlo; te sientas ante esa música, y es como en una novela enorme, en la que llevas leídas trescientas páginas y no acabas de verlo muy claro hasta que hay algo, un cambio en el lenguaje o algo, y te enganchas. Has tenido que pasar todos esos cientos de páginas antes de llegar a esto. Y el blues es exactamente así, hay mucha gente que lo escucha y dice, “ah, odio esta música”, lo mismo que con el country o el honky-tonk puro. Piensan que es música estúpida o ñoña, y bueno, no es el tipo de música que uno pone en fiestas, pero yo vivo y respiro este tipo de música, y ahora puedo mirar al mar y casi oír una canción.

¡Qué suerte! Volviendo a tu carrera, tuviste un año – 2007, 2008 o algo así – en que no parabas de sacar discos. ¿A qué se debió?

No es que estuviera escribiendo más música de lo habitual, es simplemente porque en esa época tuve oportunidad de meterme en un estudio con más frecuencia de lo normal y bueno, si me dejas suelto en un estudio voy a intentar grabar un disco entero; no voy a intentar escribir una sola canción. Aunque sería un experimento interesante, meterme en un estudio una semana entera y ver si soy capaz de escribir una sola canción, ya sabes, intentar hacer una canción pop o algo así. Ese sería el disco perfecto para mí: una canción de 43 minutos, a lo Tangerine Dream, algo doloroso, y además habría un montón de blues metido por ahí, blues antiguo. Pero si, hubo aquella época en que pudimos meternos en buenos estudios, entornos de nivel profesional, y ponernos a grabar discos, y eso es lo que salió en la caja Sojourner. Es un disco que hice con Steve Albini, con David Lowery…

¿Steve Albini?

Si, he grabado cuatro o cinco discos con él en estos años. Luego, también estaba un disco en solitario, y un EP que grabamos en Sun Studios, en Memphis, y también había un documental o algo así. Todo el mundo parece pensar que era una colección de caras B y de material descartado, pero de hecho eran, cada uno de ellos, discos nuevos.

O sea, que en realidad sí publicaste más o menos el equivalente de seis discos en un mismo año.

Correcto (risas). ¡Gracias a Secretly Canadian!

Jason, eres un artista que ha gozado de una larga carrera llena de éxitos de crítica y me atrevería a pensar que también de un cierto éxito comercial, lo cual debería haberte dado una gran libertad para hacer lo que te venga en gana. En realidad, ¿todo este éxito ha significado algún cambio en tu carrera musical?

Evito leer la prensa, evito meterme en el circo de andar leyendo críticas o reseñas. Cuando algún amigo, o alguien del grupo, o alguien del sello me dice “eh, mira, hay una buena crítica”, “eh, mira esta crítica de mierda” sí me interesa, porque un amigo se ha tomado la molestia de venir a decirme que eche un vistazo a algo, en Rolling Stone o lo que sea. Pero para las revistas o críticos independientes, creo que hacen un gran trabajo, divulgando cosas que les parecen buenas, y haciendo que la gente conozca buenas bandas, y quizá nosotros seamos una buena banda. En todo caso los miembros de la banda sí son buenos.

¡Son unos superclases! Cuando sea mayor quiero tener una banda así.

Cuando yo crezca también quiero tener esta banda, y además ser un adulto. Pero honestamente, respecto al tema de la prensa y el éxito comercial, realmente no me gano la vida con esto; estoy justo al límite, y lo he estado durante años. Y como decía, ha habido momentos en que podía haber cambiado mi situación económica para siempre, pero siempre que eso significara sacrificar la música o el control creativo me he sentido realmente incómodo con ello. Es como sentarse a escribir un cuento, algo de cuarenta páginas o así, pero sabiendo que hacia la quince hay algo que no está bien, una página diferente, o descolorida, o que no te gusta, y así es como veía la mayoría de esas ofertas. No lo tienes delante pero sabes que estará allí. La mayoría de esas ofertas parecen muy bonitas a priori, y significan una pasta enorme, pero ¿en qué va a cambiar eso la manera en que compongo canciones? No va a ayudar en nada.

¿En alguna ocasión has tenido delante una clara y evidente amenaza a tu libertad creativa? Es decir, ¿te han dicho alguna vez “aquí está un montón de pasta por hacer un disco, pero tienes que hacerlo de tal o tal manera”?

Lo rechazaría inmediatamente. Creo que si una banda toma la decisión de aceptar eso, pues adelante, sea. Si una banda toma la decisión de aceptar ser más comerciales, sea del modo que sea, firmando con un sello más comercial, o aceptando contratos más suculentos, o lo que sea, pero piensan que aún así pueden seguir haciendo buena música juntos, seguramente seguirán haciendo buena música. Eh, si algún día me ves haciendo ese anuncio de Coca-Cola, no te lo tomes a mal; no hubiera aceptado hacerlo si pensara que estoy vendiendo aquello a lo que dedico toda mi vida.

France Telecom, ¿un hecho aislado?


La ola de suicidios en France Telecom ha levantado la preocupación de empresa y autoridades. Para los expertos no es un hecho ni aislado ni nuevo. Sólo la punta del iceberg

MIGUEL LÓPEZ
Diagonal




Y al final, el presidente de France Telecom, Didier Lombard, tomó medidas para frenar “la espiral terrible” de suicidios que sufre el gigante de las telecomunicaciones francés. Lo hizo después de 23 casos (el primero de ellos, ocurrido en febrero de 2008) y en una rueda de prensa multitudinaria, organizada tras la intervención del Gobierno galo en la crisis y unas cuantas portadas de periódicos. Europa ve los toros franceses desde la barrera, pero ¿es France Telecom un hecho aislado? Para el experto en acoso laboral Iñaki Piñuel, los suicidios por causas profesionales no son ninguna novedad. Más bien son un tabú que empresas y autoridades tratan de silenciar.

Según las estimaciones de Piñuel, profesor en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), entre 300 y 400 personas se suicidan al año a causa del trabajo sólo en el Estado español. “El problema es que, en muchas ocasiones, las verdaderas razones se esconden tras una depresión. Ni los mismos pacientes son conscientes de su problema”, apunta. El suicidio es la punta del iceberg de procesos, como el del acoso laboral o mobbing, que minan la salud del empleado mediante estrés y presión psicológica sin que, por lo general, nadie asista al afectado. En un clima de impunidad, el acoso campa a sus anchas. Hay cifras de su impacto: un 13% de los trabajadores en activo se sienten acosados, según el Informe Cisneros sobre mobbing.

Es un 50% más que hace tres años, la mayoría provocados por superiores. La crisis económica parece el caldo de cultivo perfecto: “Se impone la ley de tragar”, apunta Piñuel. Es, quizá, lo que ha ocurrido en Frace Telecom. La multinacional francesa, en tiempos de monopolio público, vive una reestructuración “rápida y desordenada”, según los sindicatos. Desde 2002, la empresa ha reducido su personal en 40.000 puestos, pasando a una estrategia de subcontratación y deslocalización de algunos servicios, que ahora se ofrecen desde países con inferiores salarios y legislación laboral más ligera. Desde el inicio del proceso, se han sucedido las movilizaciones del personal.

Por eso las organizaciones se revolvieron al escuchar a la ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, cuando afirmó que los suicidios eran en realidad “23 historias individuales”.

Medidas tardías

El presidente de la compañía, en la insólita rueda de prensa, anunció un refuerzo de médicos laborales, un teléfono verde para empleados con problemas y más personal para el departamento de Recursos Humanos. “Tenemos el deber, en este periodo en el que las personas frágiles pueden presentar riesgos, de detectarlas y contenerlas lo más rápido posible para que la situación emocional no les empuje a decisiones irreversibles”, afirmó.

Esta clase de medidas, según Piñuel, llegan cuando a los directivos tiene el incendio en su despacho. A su juicio, es preciso que las empresas implanten protocolos anti- mobbing que, incluso, amenacen con el despido a los acosadores. Rota la impunidad, el jefe tóxico se ve en el foco de atención y cesa su acoso. “Los casos caen a cero prácticamente”, señala el profesor. Además de estas iniciativas, Piñuel reclama el cumplimiento de la ley de riesgos laborales en su totalidad, esto es, incluyendo los riesgos psicosociales. Y es que no todo se puede prevenir con extintores, guantes y gafas protectoras. Cada profesión tiene sus propios focos de estrés. Pongamos el caso de los teleoperadores: estos trabajadores están sometidos a un elevado nivel de estrés, al tener que atender en directo las reclamaciones de clientes, en general poco contentos con el servicio prestado. A ello, se le suman prácticas como el control de movimientos (hay que pedir permiso para ir al baño) y, según Piñuel, el hecho de que un solo superior se responsabilice de hasta 80 trabajadores. “El número máximo de subordinados recomendable es 6 o 7”. En estas condiciones, la situación se resuelve con una ausencia de mando o un jefe que adopta un estilo autocrático para cumplir objetivos.

Sólo hace falta sentarse y esperar las bajas por depresión, los casos de mobbing, el estrés post-traumático y, eventualmente, el suicidio.