Santi Campillo: "Entendemos el Rock no sólo como un estilo musical, sino como una manera de ser"


KEPA ARBIZU
Lumpen




Campillo es el nuevo grupo del genial guitarrista Santiago Campillo. Después de su paso por otros proyectos (M-Clan, Lunáticos), ahora, junto a la potente voz de Francis Sarabia, recupera su lado más rockero plasmándolo en su primer álbum "En la calle". El propio músico nos habla sobre él en esta entrevista.


Has formado parte durante tu carrera de diferentes proyectos (M-Clan, Lunáticos..). ¿En qué se diferencia Campillo de todos ellos?

Para mí, Campillo es la banda definitiva, puesto que pienso que con ella he hecho el mejor disco de mi carrera hasta el momento. Hemos hecho el álbum con mucha tranquilidad, sin ninguna prisa y en el estudio que tengo en casa, así que hemos podido utilizar mucho tiempo para que todo quedara como queríamos. Hemos hecho un disco de Rock del de toda la vida.

Internacionalmente hay muchos grupos nuevos que tocando rock setentero están cosechando éxito (Rose Hill Drive, Radio Moscow, The Answer...) ¿Porqué crees que en España no se da ese fenómeno?

Bueno, la cultura musical en España deja mucho que desear en la mayoría de ocasiones, y la gran mayoría del público rockero va a ver a bandas ya consagradas, como AC/DC o Metallica. La prueba está en que las entradas se agotan en apenas dos o tres horas, pero para una banda de aquí que esté empezando las cosas son muchas veces justamente al revés: no hay demasiados sitios donde tocar ni demasiado público, puesto que aún te estás dando a conocer; así que no existe una tradición de Rock demasiado arraigada aquí. Para los países de fuera, en muchos casos es todo lo contrario. Te puedo poner el ejemplo no solamente de Estados Unidos o Inglaterra, sino el de Irlanda, o incluso Australia; de donde han salido bandas buenísimas y muy jóvenes en los últimos años.

“En la calle” es puro rock. Hay hard-rock sureño, “No tengo solución”, rock más clásico, “Iremos al infierno” o blues, “En la calle”. ¿El disco pretende ser un abanico de los estilos que más os gustan?

El disco es una muestra de nuestras influencias. Todos en la banda hemos crecido escuchando grupos clásicos, sobre todo bandas de Rock de los setenta y los grandes Bluesmen de los sesenta; así que es normal que nuestra música tenga un aire a todo lo que se hacía en aquella época porque es lo que más nos gusta.

En los créditos las canciones aparecen escritas y coescritas por diferentes miembros del grupo. ¿Cómo se han repartido las tareas de composición, tanto en música como en letras?

La mayoría de las letras las ha escrito Francis Sarabia, el cantante, que es con quien formé la banda. Luego también hay algunas letras mías. Las canciones surgen a partir de juntarnos los dos con una guitarra y empezar a tocar, aunque reconozco que en la parte musical el peso recae más en mí, ya que soy el guitarrista. Nuestro bajista, Steve Emery, también ha compuesto con nosotros un par de canciones para este disco.

Hay un punto común en muchas de las letras del disco. Se trata de la descripción de un modo de vida algo canalla, solitario y alejado de lo convencional. ¿Entendéis que esos aspectos son inherentes al mundo del rock?

En cierto modo sí que esas letras reflejan de algún modo como vivimos, ya que nosotros entendemos el Rock no sólo como un estilo musical, sino como una manera de ser. Para nosotros, el Rock y la música en general no es solamente una forma de ganarnos la vida, sino una manera de entenderla y una expresión de libertad.

El diseño del disco está muy trabajado y es muy bonito. En los tiempos que corren, en que la música se puede almacenar en lugares cada vez más pequeños y despersonalizados ¿Os parece importante cuidar esos detalles?

Por supuesto. Pensamos que a quien se va a gastar un dinero en tu música hay que cuidarlo y por eso decidimos hacer una presentación de lujo y numerada para las primeras copias; para que el que tenga el disco, pueda tener algo especial que no tiene nadie más. Además, tal y como está el mundo de la música, con la crisis de la industria y la piratería haciendo estragos, darle a la gente algo así es un aliciente más para animarlos a tener el disco original. Una descarga por Internet no te deja apreciar el trabajo que hay detrás del aspecto físico de un disco ni disfrutar de un diseño que ha hecho nuestro batería Juli “El Lento”, con un formato muy original y cuidado al más mínimo detalle.

“En la calle” está construido por guitarras duras y un tono de voz crudo y potente. Suena casi como grabado en directo, sin retoques. ¿Es una sensación premeditada o surgió espontáneamente?

Es algo totalmente espontáneo. Como ya te he dicho antes, nuestras influencias principales son bandas clásicas de hace algunos años, cuando no se podía grabar como ahora por separado; sólo se podía hacer tocando todos a la vez y punto. Al haber escuchado desde siempre este tipo de grabaciones, supongo que sonamos mucho a eso, a Rock muy guitarrero, crudo y sin muchos aditivos ni arreglos. De hecho prácticamente todo lo que se escucha en el disco, lo podréis oír en directo en nuestros conciertos.

En tu proyecto, Santiago Campillo & The Electric Band, tocas versiones clásicas. Para un músico como tú, ¿sería posible dedicarse exclusivamente a esa tarea o necesitas crear tus propios temas para desarrollarte de verdad?

Mi banda de versiones, The Electric Band, es un grupo que tengo para divertirme y tocar las canciones que más nos gustan, además están en la banda Steve Emery y Juli “El Lento” que también tocan en Campillo. Toco con esta banda en mi tiempo libre, pero actualmente mi proyecto principal y más importante es Campillo.

Por último, ¿qué guitarristas te han influido más en tu técnica? y ¿actualmente hay alguno que te llame la atención?

Bueno, mi guitarrista favorito siempre ha sido Freddie King, pero no puedo negar que hay muchísimos que me gustan y que también han sido una influencia… Jimi Hendrix, Eric Clapton, Jimmy Page, Richie Blackmore, B.B. King… cualquier grande de la escuela de los 70… La lista sería interminable. Actualmente, me gusta mucho como toca Raimundo Amador, que además de un excelente guitarrista, le conozco personalmente y es una gran persona.

Muchas gracias y un abrazo para todos los amigos de Lumpen.

"Si la cosa funciona" Woody Allen

RAFA DELGADO
Cinefilo




Woody Allen vuelve a cumplir su cita anual con nosotros, sus seguidores, y el resto del público (del cual la mayoría, desgraciadamente, suele no comprenderle). Da gusto que un director como él ame el cine de tal manera que, pese a su edad (cumplirá 74 años en diciembre), nos ofrezca puntualmente cada otoño, e independientemente de su calidad, un nuevo largometraje que poder degustar.

Hace cuatro años, Allen se alejó de su querida Manhattan para experimentar rodando en otros lugares del mundo. El invento le funcionó realmente bien y a la primera, estrenando Match Point con gran éxito de crítica y público, y una más que merecida nominación al Oscar al mejor guión original.

Tras ella llegaron Scoop y la desconcertante Cassandra’s Dream (El sueño de Cassandra), hasta que hace justamente un año tuvimos la poca fortuna de ver uno de sus peores trabajos: Vicky Cristina Barcelona; un panfleto propagandístico hipócrita, mediocre y nada inspirado pero afortunadamente mejor interpretado, que a pesar de ser un encargo descarado (ese título, por el amor de Dios), fascinó a gran parte de la crítica especializada norteamericana.

Ahora, después de pasar por Londres, Oviedo y Barcelona, vuelve con Si la cosa funciona (Whatever Works) al lugar al que corresponde, y del que muy pocas veces debería alejarse en el futuro: Nueva York. Su Manhattan, que es un personaje más. Su isla de gente extraña, divertida, estrafalaria, pedante, snob y todos los adjetivos mencionados, pero invertidos.

El propio Allen desveló hace poco, promocionando la película, que el guión de Si la cosa funciona lo escribió durante la década de los setenta, teniendo en mente a Zero Mostel para el papel protagonista de Boris Yellnikoff (que ha retomado, y con gran acierto, Larry David). Por desgracia, Woody dejó de lado el guión debido a la muerte de Mostel en 1977. Treinta años después, el director neoyorquino recuperó el libreto ante una amenaza potencial de la huelga del Sindicato de Guionistas, terminándolo y actualizando sólo las referencias sociales y políticas.

Y de verdad, muchísimas gracias por hacerlo, Woody.

Sin duda Match Point fue una gran jugada (je…), pero el estado de forma actual del director de Misterioso asesinato en Manhattan está lejos del genio que antaño fue. La edad no perdona, y menos cuando se escribe un guión cada seis meses. Sin embargo, el destino ha querido que la filmografía reciente de Allen recibiera una bocanada de aire fresco. Añejo, pero fresco.

Con Si la cosa funciona vuelve el Woody Allen que a todos nos gusta. Vuelve Nueva York, la ironía, la crítica, la comedia y el sentido del humor, con una simpleza que termina por redondear una cinta que muy bien podría ser una obra de teatro. Desde luego no es su mejor película, y prácticamente no nos pilla desprevenidos. Pero ante los altibajos actuales, y aunque peque de cierta bobaliconería en su desenlace después de repartir leña a diestro y siniestro (eso sí, sin perder ni un atisbo de personalidad), se antoja divertida, entretenida y refrescante.

Un inteligente viaje a tiempos mejores (si puede ser a bordo de un Delorean, pues mucho mejor ) que se agradece enormemente desde la nostalgia, con el terrible presentimiento de que ya nada volverá a ser como antes.

Espero equivocarme.

Kris Kristofferson: Cada vez más cerca del alma


Kris Kristofferson, uno de los compositores e intérpretes fundamentales de la música estadounidense, está de regreso con “Closer to the bone”, su nuevo disco, que aquí analizamos con detenimiento


JAVIER MÁRQUEZ SÁNCHEZ
Efe Eme




En 1995 Don Was se metió en un estudio con Kris Kristofferson y juntos grabaron “A moment of forever”. Pocos años antes Johnny Cash se había puesto en manos de Rick Rubin para intentar un renacimiento similar. En el caso de Kristofferson era algo más complicado, pues a casi una década de silencio se sumaba también el ostracismo al que había sido condenado ante las duras críticas hacia el gobierno estadounidense que había vertido en sus últimos discos de mediados de los ochenta. Así que Was ayudó a que Kristofferson se reinventase y, como Rubin, apostó por “limpiar” el sonido. Después de todo, Kristofferson nunca tuvo una voz prodigiosa ni contó con una banda puntera. Su gran baza son las letras, y eso era lo que había que resaltar.

Aquel disco, sin ser brillante, marcaba un nuevo comienzo. Aún es difícil saber por qué se vio interrumpido –salvando un disco de versiones y un directo– hasta once años después. Entonces, en 2006, llegó “This old road”; magnífico. En él, un Kristofferson de setenta años cantaba sobre cuestiones universales –desde la violencia cotidiana a su relación con Dios– desde una serenidad y una reflexión que sólo otorgan el paso de los años.

Ahora, “Closer to the bone” (New West Records) se presenta como una continuación natural de aquel disco, con once cortes intimistas y reflexivos en los que caben canciones de amor a sus hijos (‘From Here to Forever’), de homenaje a Johnny Cash (‘Good Morning John’) e incluso de reivindicación de Sinéad O’Connor, a quien Kristofferson sirvió de principal defensor durante el incidente en el concierto de homenaje a Bob Dylan de 1992: “Tal vez estaba loca, tal vez no lo estaba. Pero también lo estaba Picasso y también lo estaban los santos”.

Como en “This old road”, las melodías son bastante sencillas, aunque no por eso menos efectivas. Kristofferson es todo un juglar, que se sirve de la música tan sólo para acompañar a su narración. Was lo sabe bien y por eso lo rodea de la instrumentación básica, tratando de captar la singular magia de sus directos. El laconismo, musical y literario, es la clave, con un marcado tono melancólico pero no por ello depresivo. Al contrario. Este disco, como el anterior, esconde un mensaje optimista, positivo, y sobre todo, muy vitalista.

En lo que a músicos se refiere, el propio Was se hace cargo del bajo, Jim Keltner de la percusión, Rami Jaffee de los teclados y Stephen Bruton de la segunda guitarra. Guitarra principal y armónica quedan en manos del cantautor. Compañero de Kristofferson desde hacía décadas, Bruton falleció justo después de la grabación, y a él ha quedado dedicado el álbum.

También hay una colaboración especial, anecdótica, de hecho sin acreditar. Puede advertirse en el estribillo del tema que da título al disco, ni más ni menos que Bob Dylan (buen amigo y gran admirador de las composiciones de Kris). Y no es fácil darse cuenta, pues su voz no suena demasiado diferente de la de Kristofferson. Ésta, ruda, profunda, casi espectral, está a la medida de los textos que entona. Si antaño fueron decenas los intérpretes que versionaron a Kristofferson, ahora es imposible que ningún joven tome cualquiera de estas nuevas caciones, no sería creíble. Temas como el propio ‘Closer to the bone’ o ‘The Wonder’ son maravillosas piezas de sabiduría otoñal que requieren arrugas en el rostro y en el alma del cantante para resultar convincentes.

El disco sale a la venta con el sello New West en una edición sencilla y una doble (más que recomendable) que incluye una grabación en directo en Dublín el pasado año. ¿Por qué ofrecen tan sólo ocho cortes y no una edición más amplia del recital? Ah, ése es uno de los grandes misterios del mundo de la música. Pero algo es algo. Un combinado irresistible, en estudio y en directo, de uno de los cantautores fundamentales del último medio siglo.

"Ha llegado el momento de definir la estrategia"


Entrevista a Daniel Bensaïd, filósofo. Publica 'Elogio de la Política Profana', en el que traza las líneas de futuro para el "nuevo radicalismo"


ANDRÉS PÉREZ
Público


El filósofo francés Daniel Bensaïd acaba de publicar su Elogio de la Política Profana (Península), una obra densa y compleja, con la que este pensador espera contribuir a un contraataque de la izquierda transformadora capaz de sacar a la gente modesta del marasmo de la crisis que no pasa.

En su elogio, este pensador eminentemente político, es desconcertante. En el contexto presente, el del "autoritarismo liberal", y sin ocultar su pertenencia al Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) francés, Bensaïd intenta hallar dónde se encuentran los polos de resistencia fértiles. Y , entre ellos, intenta separar la paja del grano, cargando a veces con virulencia contra algunos teóricos que, so pretexto de describir la "sociedad civil", "el movimiento alterglobalista" o "el nuevo radicalismo", definen teorías que lo condenan a la esterilidad.

Elogio de la Política Profana es un título que suena bastante misterioso. ¿Qué es eso?

¡Ah! ¿suena misterioso?

A mí me lo pareció.

Bien pues, vayamos por partes. Esta obra es, primero, un elogio simplemente de la política, de la política verdadera frente a la situación actual. Como dijo Hannah Arendt: unos automatismos de mercado administrados por un poder político gestor sin verdadero pluralismo. También es una obra que elogia la política profana, frente al advenimiento de la religiosidad en la política por todas partes. Ese renacimiento es evidente en la Cruzada del bien contra el mal de EEUU. También en Europa, donde es fuerte la tentación con Nicolas Sarkozy a la cabeza de redefinir a la UE como cristiandad, expulsando a Turquía. Hay un tercer ejemplo. No sé en España, pero aquí el vocabulario religioso está penetrando cada vez más el discurso jurídico. El condenado no sólo debe cumplir su pena, sino que además debe abjurar, decir que se ha vuelto bueno. Es algo que no viene del Derecho, sino de la religión.

También alude usted a la invasión religiosa en el campo crítico.

Sí, la dimensión religiosa está clara en pensadores como Toni Negri, y sus alusiones a San Francisco. Badiou tiene algo de religioso por su teoría del acontecimiento, irrupción de un posible venido de la nada... Lo religioso se extiende sobre todo en "el seno del pueblo", como dice usted, por la vía de la disolución del espíritu de clases. La ofensiva liberal ha logrado destruir muchas solidaridades de clase. Ese es un revés del que todavía no nos hemos repuesto. En consecuencia, hay solidaridades religiosas, comunitarias, que se están disparando. En Francia se insiste mucho en el velo islámico, cuando en realidad ese repliegue comunitarista se observa también en círculos judíos.

Con la inestimable ayuda de Benjamin, Arendt y Schmitt, radiografía usted la dominación actual. Luego examina los polos de resistencia para devolver la Historia hacia la emancipación. ¿Pesimista u optimista?

Sólo intento percibir con claridad el momento político. Todo sigue dominado por la derrota de los años ochenta, cuando desaparece la idea de emancipación. Pero hubo un punto de inflexión de las ideas a finales de los años noventa. Es incuestionable. El movimiento alterglobalista reúne a cientos de miles de personas y lanza los foros. Pero yo creo que todos esos hechos clave nos han llevado a un momento utópico. Es decir, unas ideas de emancipación que no se confrontan a la aplicación práctica de lo posible. De ahí que usen y abusen del término "alter", "otro", "otra"... "Otro mundo es posible", "la otra izquierda", "la otra campaña"... Eso evita tener que definir, eso demuestra que no hay madurez. No soy ni pesimista ni optimista. Creo que hay que pasar de esta etapa y definir la estrategia.

¿Qué va a pasar?

Hay que introducir una nueva idea, que fue formulada por Marcuse en los sesenta: "¿Es posible romper el círculo vicioso de la dominación?". Con una sociedad de consumo cada vez más obsesiva e inquietante, con una sociedad del espectáculo que ya se ha convertido en sociedad del simulacro... estoy inquieto y pienso que hay que empezar a buscar las fórmulas para salir. Las resistencias no bastan por si solas, hay que relacionarlas con una o varias fuerzas políticas.

Claro, por ello usted es del NPA, el partido de Olivier Besancenot.

Repito: una o varias fuerzas políticas, porque la novedad hoy es el surgimiento de izquierdas radicales reformuladas, capaces de tomar el poder, como lo hemos visto en América Latina. Cuando se piensa en la derrota histórica que sufieron, en el siglo XX, las izquierdas escleróticas y burocratizadas una de las causas que permitieron la ofensiva del autoritarismo liberal lo de ahora es importante. En Francia, el NPA y el Frente de Izquierdas. En Alemania, Die Linke. En Portugal y Grecia también sube la izquierda radical, mientras que las socialdemocracias están en plena decadencia y las izquierdas de aparato peligran. Asia la conocemos menos, pero el ocaso del maoísmo militante libera fuerzas para una nueva alternativa.

Sí, pero últimamente vemos en las elecciones que el ascenso del Frente, del NPA o de Die Linke no compensa el descenso de la izquierda tradicional.

Es que la dominante de la época sigue siendo la derrota histórica de los años ochenta. Todavía no hemos salido de ahí. Es una carrera contrarreloj que no está ganada. Claro que de momento el renacimiento de la izquierda radical no compensa el ocaso de la tradicional. Ahora bien, lo que veo en la nueva generación militante del NPA es que una corriente joven ve todo esto de una manera diferente a nosotros. Conocimos el ideal de la revolución. Ellos tienen una visión más práctica y directa de la confrontación en la que están metiendo mucha energía. En Francia, Sarkozy prosigue su contrarreforma liberal. La gente sabe que si él consigue su objetivo, ya no viviremos en el mismo país. Habrá saltado el principio de solidaridad y de igualdad. Algo que es fundamental desde 1789.

Los sondeos dicen que la crisis le sienta bien a Sarkozy.

Sí, pero no olvide que una crisis oculta otra, mucho más fundamental. De esta crisis no se va a salir, porque en el fondo es una crisis de valores. El autoritarismo liberal estaba expandiendo las áreas del mercado a todos las relaciones humanas. Reduce todo intercambio al valor acumulable, y eso en un mundo de redes y de saber es absurdo. Esa voluntad de cuantificar lo incuantificable, de medir lo inconmensurable, para apropiarse del valor es ridícula.

¿Qué motivos hay hoy para la lucha?

Antes teníamos una religión de la Historia que nos decía: habrá una lucha final y necesariamente ganaremos. Ahora tenemos que desembarazarnos de los fetiches, de esa religión de la Historia, aceptar la incertidumbre y adoptar una política profana como arte estratégico.

¿No tiene ganas de llamar camarada a Sarkozy con sus discursos?

Él se mantiene en su liberalismo autoritario. Por una razón de fondo: el paro se ha instalado de forma duradera. Nadie sabe cómo van a reaccionar las sociedades modernas, que ya no tienen reserva de empleo rural, ni estructuras de solidaridad familiar. Si remontamos a la crisis de los años treinta, en Francia todavía el 35% de la población era rural. Había amortiguadores. Ahora, nuestras sociedades son asalariadas al 90%. ¿Cómo van a reaccionar las sociedades, en términos de delincuencia, de urbanismo?

¿Quizás más de lo mismo?

No van a poder más que persistir en el autoritarismo liberal. El gran invento de rescatar a Keynes para hablar de relanzamiento keynesiano no puede funcionar. Acabo de releer atentamente a Keynes. Dice que para que el relanzamiento funcione, debe haber un espacio económico homogéneo, para que los capitales públicos entern rápidamente en circulación.

¿Por qué funciona la propaganda moral del capitalismo salvaje?

La izquierda tradicional ha contribuido activamente a la puesta en marcha del autoritarismo liberal. Por ejemplo, con el desmantelamiento de servicios públicos y del Estado social. Esta es una crisis de valores y una crisis de las soluciones, porque no hay recambios, no hay alternativas. Por lo tanto, si usted acepta que de esta crisis no salimos así como así, también acepta la idea de que la gente, de momento, no se da cuenta de que le están arrebatando el estado social. La conciencia no llegará de la noche a la mañana. De momento la gente está entre el miedo y la ira. Miedo de lo que les pasará mañana. Ira, por la injusticia.

¿Pueden suplantar los discursos a la realidad?

Ha habido tal degradación de la vida democrática, que hemos llegado al momento del storytelling en política. Alistair Campbell, consejero de Tony Blair, lo escribió: el objetivo es ganar las elecciones y para ganar las elecciones hay que decirle a la gente lo que quiere oír y hay que encontrar a quien lo dice bien. ¿El programa? Ya veremos luego. El resultado es que no hay debate, no hay convicción, no hay propuestas ni argumentos. Ya no estamos en democracia, estamos en demagogia. Estamos en el plebiscito permanente.

¿Cómo son las formas del llamado biopoder?

El biopoder de Foucault es la generalización de una sociedad de control difuso de la persona. Desde las cámaras de videovigilancia hasta los tickets de metro, desde el hecho de que la gente acepte e interiorice la obligación de pegarse horas de embotellamientos para ir a trabajar, hasta el aceptar que rentabilicen tu tiempo libre mental bombardeándote con publicidad que tú pagas... Todo eso son formas de biopoder y es una tiranía difusa, quizá más penetrante que la disciplina a la antigua.

¿Quiere decir que los colectivos que se montan para escapar a la videovigilancia no sirven?

No, no. Al contrario. Respeto total de todas las prácticas de resistencia. Son la base de esa fermentación de la utopía y del proyecto, son la condición de todo. El problema existe con autores que teorizan esos experimentos en el sentido inverso a lo necesario. No digo que o el NPA o nada. El NPA no es más que una etapa. Digo que si la crisis es profunda, como creo, todo el paisaje político, sindical y social va a sufrir una sacudida. En diez años no estaremos en el mismo paisaje.