Abraham Boba: "De los valores sociales actuales me molesta especialmente la exigencia de utilidad inmediata"




VÍCTOR LENORE
Rockdelux


Cuando publicó su primer disco en solitario muchos le tacharon de pretencioso, quizás por unas letras que hablaban de tesis doctorales sobre Charles Foster Kane o de vecinos molestos por tener que oír a Chopin. Ahora sus canciones suenan más urgentes, dibujando un mapa de dilemas vitales que muchos compartirán. Tanto si emociona como si decepciona, el estirón creativo es difícil de negar. Le ha pasado lo que a tantos cantautores. Su debut, "Abraham Boba" (Limbo Starr, 2007), quedó algo frío porque el repertorio no había rodado en directo y la banda no estaba del todo engrasada. En su segunda entrega, "La educación" (Limbo Starr, 2009), sube la temperatura gracias a las guitarras y una mayor presencia de las cuerdas. "Tampoco creo que sea un disco recargado, pero en comparación con el otro igual es más rico en timbres e instrumentación", explica. Más allá de tecnicismos, suena como un paso adelante.

Tu segundo disco parece hecho en un momento de transición. Tanto por las letras sobre conflictos emocionales como por la portada, donde apareces con un cuaderno abierto.

Es una foto que me hicieron sin que me diesen cuenta, bastante más acorde con el contenido del disco que un posado. Todo surge de un momento de transición total. No hablo de amor en positivo ni de amor en negativo, sino de ver qué se iba a desarrollar en ese momento. Tampoco hablo de mí, sino de cosas universales. Cuando estaba en esta situación, en un momento bastante difícil, hablaba con mis amigos o con otras personas y veía que a todos les pasa más o menos lo mismo, aunque luego cada uno tomamos decisiones diferentes.

Hay gente que encuentra pretencioso tu debut. ¿Qué les dirías?

Leí una entrevista a Woody Allen que me hizo mucha gracia. Decía que el cine que más le interesa es el sensiblero y dramático, películas tipo Bergman o Antonioni, historias nada ligeras. Para él los que mejor se lo pasan haciendo cine son los directores serios. También decía que el cine que busca la belleza es cine sin risas. Mi manera de enfrentarme a hacer canciones es tirar por ese lado. A veces juego con el humor, pero busco la belleza a través de algo serio. Lo que yo hago es una conjunción de música no muy jovial con letras que veo bastante coloquiales.

Como oyente, ¿qué es lo que más te molesta de un cantautor?

Que cante algo manido, que no tenga un punto fresco. Busco que me haga sentir un poco de emoción. Y en las letras, demasiadas imágenes metafóricas tampoco me gustan. Prefiero a aquellos que son capaces de desarrollar una historia como si te la contaran.

En la letra de "La educación" el protagonista habla de librarse de comportamientos paralizantes que le han inculcado a lo largo de su vida: "Empecé a cuestionarme mi falta de acción / y pensé esto es cosa de la educación". ¿Qué opinas de los valores sociales dominantes hoy en día? ¿Hay alguno que te moleste especialmente?

La educación es un concepto demasiado amplio para permitirme generalizar sobre él. A mí me interesaba desde un punto de vista psicológico del desarrollo como persona. Se crean conflictos y es difícil desprenderse de algo que durante mucho tiempo te han dicho que es bueno o que es malo. De los valores sociales actuales me molesta especialmente la exigencia de utilidad inmediata. Esa idea de que todo ha de ser accesible e instantáneo es una estupidez.

Tus dos álbumes me sugieren un autor y unos personajes que se encuentran incómodos en la sociedad donde les ha tocado vivir. ¿Qué papel dirías que juega para ti la música en la resistencia frente a lo que no te gusta?

La música me sirve mucho más como refugio que como protesta. Tanto la mía a la hora de crear un mundo personal como la de otros cuando busco algún tipo de sensación. En cuanto a lo que comentas no creo que sea tanto incomodidad como inconformismo.

Según tu opinión, ¿cuál es la función de artista?

A mí el arte que me parece interesante es el que me resulta útil. Volviendo al ejemplo del cine, a lo mejor veo una película que a alguien le parezca un coñazo, yo la veo y me sirve para entender algo a lo que llevo dándole vueltas un tiempo, o una idea, o un estado de ánimo. Piensa en el típico momento en que estás deprimidísimo: hay quien se pone una canción que todavía le deprime más y hay quien busca lo contrario para que le cambie el humor. Yo soy de los de ponerme una que me haga más daño.

Cuéntame alguna vez que te haya pasado con una canción, una película o un libro.

Es difícil quedarse con uno, pero me gusta mucho cómo trata las cosas el escritor norteamericano Raymond Carver. Es una manera sencilla, que lo podrías haber escrito tú, pero que, claro, no es fácil escribirlo así. Te está contando una historia incluso sin final pero lo bonito es la manera de decírtelo. Te hace ver otras perspectivas. En cuanto a películas, supongo que cualquiera de Ingmar Bergman serviría. Me gusta mucho "Secretos de un matrimonio". La vi en un momento en el que sentía bastante empatía por la temática que trataba. La película cuenta cosas que necesitas que alguien te las diga desde fuera para verlas de otra manera. Siempre que la poníamos mi antigua pareja y yo pensábamos: "Puto Bergman".

¿Se te ocurre alguna canción que en algún momento te haya ayudado a salir de un estado de ánimo bajo?

No soy mucho de explotar una misma canción. Quiero decir que eso de despertarme todas las mañanas con la misma canción durante una temporada o repetir la escucha de un disco no recuerdo haberlo hecho nunca, ni en los buenos ni en los malos momentos. Hay algunas de Leonard Cohen o de Bob Dylan a las que sí recurro muchas veces, porque siempre acabo descubriendo un significado distinto dependiendo del estado de ánimo en que las escuche. Últimamente hay tres canciones que me pongo mucho: "Living without you" de Randy Newman, "Poison cup" de M. Ward y "May I?" de Kevin Ayers.

De la miseria humana en el medio publicitario, Grupo Marcuse


BLANCA VÁZQUEZ
La República Cultural





Estamos expuestos a tal atomización de publicidad, inmersos en una cadena de manipulación mercantil tan colosal que impregna todas las facetas de nuestra humanidad, incluida la ética y la moral. “Esta atomización incrementa nuestra dependencia y nuestra vulnerabilidad respecto a los medios de comunicación de masas, que, de hecho, poseen un doble filo: cuanto más formidables son en su transmisión de información “democrática” (accesibles a una gran audiencia), más favorecen la concentración oligárquica de la palabra pública, lo que confiere a sus propietarios un inmenso poder de desinformación. Con su oferta de “pan y circo”, los imperios mediático-industriales amenazan a la democracia. La situación de la Italia berlusconiana pone de manifiesto de manera particularmente aguda la norma que impera en todas partes”.

No podía por menos que empezar con una pequeña, pero importante, muestra del contenido de un ensayo necesario y contundente, De la miseria humana en el medio publicitario, del Grupo Marcuse, acrónimo de Mouvement Autonome de la Réflexion Critique à L´Usage des Survivants de L´Economie, formado por sociólogos, economistas, filósofos, historiadores, psicólogos y médicos del país vecino, Francia. Editado por Melusina (sic), interesante colección de la Editorial Melusina que propone al lector una serie de reflexiones concisas, contundentes, y microcósmicas sobre los aspectos básicos de la condición contemporánea. Bien sabemos por aquí de las categóricas respuestas de los franceses en lucha por situaciones que no aceptan, al fin y al cabo son los propietarios del label "revolución". Y mientras el resto de Europa permanecemos adormilados en nuestra comodidad burguesa, los gabachos siguen siendo bastante cascarrabias, que se lo pregunten, si no, al marido de la Bruni. Además de las continuas revueltas estudiantiles y sindicales, de las altermundista y de las barriadas, hay una rama importante de intelectuales de nuevo cuño que luchan por conseguir una sociedad menos enferma. Alertan y proclaman a voz en grito sobre los peligros que en muchas ocasiones somos incapaces de captar debido a nuestro propio abotargamiento y asimilación con el sistema (capitalista) al que difícilmente vemos alternativa, porque estamos ya pillados en su tela de araña, cuyos hilos nos seducen y al mismo tiempo nos ahogan. Cara contradicción.

La publicidad es un embrujo que tiene por efecto propagar el consumismo a lo bestia. Si su primera intención fue informativa, hoy en día nada queda de esta dimensión de reclamo. Es laudatoria, está al servicio de los poderes económicos y políticos que disponen del capital requerido para ofrecer sus costosas prestaciones, cuyo fin es mejorar su imagen propagando las patrañas que quieren que se trague la población. ¿A que les suena ésto? ¿A política pura y dura? Las grandes empresas son en nuestros días las potencias políticas más perniciosas en el sentido de que ellas son las que transforman el mundo. La diferencia que podía existir en algún momento entre la publicidad y la propaganda se está difuminando de tal forma, que hoy son los publicistas los que hacen marketing político o electoral y se encargan de la propaganda de los partidos, cuando no están directamente en el poder (J. P. Raffarin, antiguo publicista convertido en Primer Ministro de Francia). Es, pues, la política cada vez más una cuestión comercial y de telemarketing, de venta directa o indirecta, de marionetas pulidas por agencias de “relaciones públicas”. Pero empecemos por las partes del ensayo.

De la miseria humana en el medio publicitario está dividido en 7 reflexiones que relacionan a la publicidad con varias estratagemas y múltiples medios, y una conclusión. El que espere encontrar un análisis más o menos complaciente que se resguarde en las pretensiones ensayísticas promocionadas por firmas de poderío, se va a llevar un chasco, por otro lado muy refrescante. La obra del grupo Marcuse es desestabilizadora, así de crudo. Extrema y pesimista en algunos capítulos, plantea el asunto con seriedad y poco o nada de paternalismo con el lector. Es decir, a arrear y apechugar con nuestras propias miserias.

La primera parte, “entre apariencias engañosas y metáforas reveladoras” habla de la explotación de la credulidad humana. Recuerda a aquellos publicistas que se definen como informadores, y/o, artistas. Informar es, en su sentido más amplio, transmitir un mensaje. Cuando este mensaje es engañoso, desinforma. Otra táctica empleada por los publicistas es la “neolengua”, y debido a las connotaciones negativas que genera la palabra publicidad, se le rebautiza como comunicación, que hace buenas migas con metáforas militares, de la caza, del erotismo y la seducción, o de la adulación por reinados (el cliente es el rey)…haciendo que la publicidad se desarrolle como un "cáncer con metástasis", convirtiéndose en el pilar de la sociedad capitalista, y progresivamente en un sector productivo por derecho propio, sin que por otra parte parezca producir nada. Bueno sí, produce el deseo de comprar y su renovación incesante.

A continuación el grupo Marcuse entra en una muy caústica interiorización sociológica del consumo y la publicidad como componente lógico del espacio artificializado en el cual aceptamos vivir, puesto que se inscribe en él con naturalidad. Se cuestionan esos antros horrorosos de compra familiar, "se despliega y es omnipresente en todos los lugares de transición de gente y trabajadores, los accesos a las ciudades, entre autopistas, centros comerciales y ciudades dormitorio. “Zonas” que cuando entramos en ellas por las autovías y otros accesos rápidos, aparecen como auténticos “territorios ocupados” por la industria de la pacotilla: cadenas de nefasto-food, supermercados del chapuceo, del juguete de plástico y del mueble desechable". El problema viene cuando nos imbuimos con la certeza de que no es posible otro mundo, y ni siquiera deseable, entonces la publicidad intenta ocultar la envergadura del desastre canalizando el descontento hacia los exutorios de mercado que favorecen su desarrollo (viajes al trópico, medicamentos, calmantes, gimnasios, juegos de azar, etc.) y nos aleja de cualquier reflexión.

De la miseria… recuerda, también, la "mitología publicitaria e idolatría de las marcas" (algo que ya hiciera Naomi Klein en su No Logo) y considera el peligroso caso de los niños, donde la influencia de la publicidad linda con el lavado de cerebro, desviando todos los valores y todos los imaginarios hacia el consumismo.

Termina este compendioso ensayo con "las amistades peligrosas" de la publicidad. Amistadas con los mass media, la política, la medicina, salud pública y laboratorios, así como los múltiples problemas ecológicos que llevan a la devastación del mundo por la ideología economista del crecimiento. En este punto el grupo realiza una crítica afilada a las ilusiones de consumo responsable, que se escudan bajo el lema de “consumerismo”. Compartiendo todo lo expuesto hasta este punto, la interpelación a que el consumo responsable es un craso error me parece extremista y demasiado pesimista. Especialmente si no se proporciona una alternativa clara y viable. Me temo que nadie va a volver a la vida de nuestros abuelos y bisabuelos, que las tecnologías han marcado un profundo cambio social y de consumo, y lo seguirán marcando. Que incluso aquellos que critican el exceso consumista y publicitario (entre los que me cuento) utilizan todos los medios industriales existentes y por existir que hace que ganemos tiempo, ese bien preciado, dejando, quizá, en la alimentación el componente más artesanal.

Es en la conclusión donde el ensayo propone “aprender a vivir de otro modo”, que cada ciudadano debe adaptar a sus circunstancias, añadiría yo: trabajar y consumir de forma distinta, a la vez menos y mejor. Preferir, cuando todavía sea posible, y siempre será posible gracias al consumidor que elige donde comprar, el mercado al supermercado; las tiendas pequeñas y mercadillos a las grandes superficies asépticas, los artesanos a los industriales, los independientes a las cadenas y a las grandes empresas. Una crítica seria de la publicidad no puede dejar de lado una crítica de los medios de comunicación de masas y de la prensa contemporánea.

Un libro que invita a replantearse a donde vamos tan deprisa, qué queremos alcanzar.

Black Joe Lewis, el orgullo negro


XAVIER VALIÑO
Ultrasónica




Hace más o menos tres meses, Roger Estrada dio la voz de alarma entre la redacción: ojo al parche con Black Joe Lewis, un soulmen como los que ya no hay. Así que hubo que ponerse tras la pista. “Bitch I Love You” fue la puerta de entrada al mundo de Black Joe Lewis.

Después descubrimos que había más. Unas cuantas canciones en su página web que nos llevaron a pensar que si Eli ‘Paperboy’ Reed podría pasar por el Sam Cooke de los tiempos modernos, Black Joe Lewis se asemejaría a Otis Redding. O a James Brown (o Lightnin’ Hopkins), que él cita como sus máximas influencias.

Su debut, Tell ‘Em What Your Name Is, acaba de editarse. Mejor sería hablar de debut con banda y en una multinacional, porque antes había publicado un disco a su nombre en una independiente, Weary. Y por si quedaba alguna duda sobre su sonido, la etiqueta la pone su batería: ‘garage soul’. Joe Lewis nos habla desde Londres, en medio de su gira europea, justo antes de sus dos primeras citas en España: el pasado 24 de julio en Madrid y el 25 en San Sebastián, dentro del Festival de Jazz.

¿Qué había en tu primer disco homónimo, editado en el sello Weary y sin distribución en España?

- Fue un disco que grabé hace mucho tiempo, como unos tres o cuatro años, hecho en salón de la casa de uno de mis amigos, y que quería editar para mostrar lo que estaba haciendo en aquel momento. Entonces no contaba con la banda que me acompaña ahora. Le pusimos Weary -cansado- al sello porque nos pareció simpático. Con lo que ha pasado desde entonces, el disco está superado, pero a mí me sigue gustando mucho. Ahora tengo un nuevo disco, el primero con la nueva banda y en un sello con buena distribución.

Has grabado gran parte del nuevo álbum en directo, en primeras tomas en el estudio. ¿Era tu idea para capturar mejor el sonido que querías o tiene que ver con el productor?

- Es una idea mía, algo que siempre quise hacer: grabar mis canciones en directo en el estudio, sin tener que hacerlo por partes. Creo que va mejor con el tipo de música que yo hago y es más sencillo para mí. De todas formas, el productor más tarde hizo su trabajo, revisando y retocando la grabación lo mínimo donde fue necesario.

En principio, ibas a titular el álbum Nat Turner, con el nombre de un esclavo, pero al final no fue así. ¿Qué sucedió?

- Sí, he leído mucho sobre la historia del esclavo que comandó la famosa rebelión de 1831, por la que después fue ejecutado. Siempre he sido un admirador de los revolucionarios y gente así, como Karl Marx o Che Guevara. Hubiera estado bien ponerle al disco ese nombre, o también podíamos haberlo titulado Gerónimo, aunque al final pensamos que puede que no fuese la mejor idea hacerlo en el primer disco.

El instrumental “Humpin” suena como un corte del sello Stax ¿Es tu homenaje a grupos como los Funk Brothers o The MGs?

- Sí. Ya sabes que ese tema fue interpretado por The Barkays, grupo que lo grabó en la cara B del sencillo “Montego Bay” para el sello Stax, así que la relación viene por ahí. Es un sello y una canción que nos gustaba en especial. Tratamos de hacerla como se hacía en aquellos días. De hecho, es la única versión en el álbum.

“Master Sold My Baby” es blues sureño, pero tú empezaste con el hip-hop.

- Al igual que la gente de mi edad en los 90, empecé escuchando hip-hop, pero me pasé al blues en el momento en que cogí la guitarra, cuando tenía 19 o 20 años, trasteando con el instrumento para hacer canciones de Elmore James o Lightnin’ Hopkins cuando me lo dejaban mientras trabajaba en una casa de empeño.

¿Qué nos puedes contar de la contagiosa “Big Booty Woman”, con su contagiosa llamada-respuesta?

- Es como un blues de la época dorada, algo así como un estándar, con un texto que me fue saliendo fácilmente con la idea de esa mujer de grandes botas.

¿Conoces a la J. Geils Band? Hay algo en tu música que me ha recordado al grupo.

- Sí, ya me habían comentado antes que algunas canciones les recordaban a esa banda y que debería escucharlos, así que me puse a buscar sus discos y lo hice. Es un grupo ‘cool’.

¿Ves relación de tu garage-soul con King Khan And The Shrines o crees que compartes algo más con The Dap Kings?

- Vi a King Khan y su grupo en Austin, Texas, y me gustaron mucho, aunque su espectáculo no tiene tanto que ver con el nuestro, ya que nos gusta hacer cosas diferentes en directo. En cuanto a The Dap Kings, puedo ver la relación, aunque también me parece que nosotros somos más como un grupo de rock.

De chaval te interesaban más los deportes.

- Era un jugador de béisbol en el instituto y, después, empecé a jugar al fútbol americano. Era como un sueño cuando era joven. La verdad es que no me interesé por la música hasta más tarde, cuando tenía unos 18 años. Simplemente no sacaba el suficiente dinero para vivir del deporte, así que me tenía que buscar la vida de otra manera. De todas formas, sigo jugando sólo por diversión. Desde hace un par de años también veo todo el fútbol europeo que puedo. Por cierto, Estados Unidos ganó a España en la Copa Federaciones recientemente, algo extraño porque nunca le ganamos a nadie. Creo que los españoles estaban cansados ese día. Seguro que estuvieron de fiesta hasta muy tarde la noche anterior al partido, je, je.

Has dicho que tus primeros conciertos fueron todo menos un éxito.

- Es cierto. Estaba demasiado borracho o tenía demasiado miedo al escenario, así que salía y lo jodía todo, insultando y despreciando al público. Mis músicos se preguntaban qué hacía, y al final resultaba como un espectáculo cómico. Todos acababan riéndose y les gustaba, con lo que los dueños de las salas me dejaban volver a tocar. Me ayudaron, porque me dieron la oportunidad de hacerlo mejor.

¿Qué importancia tuvo Zach Ernst, tu guitarrista, como catalizador del nuevo grupo? Todo viene de un concierto con Little Richard, ¿no?

- Lo conocí a él antes que al resto del grupo. Zack me contrató para hacer de telonero de Little Richard en un concierto en 2007, y por aquel entonces ya no tenía la banda que me había acompañado antes, así que llamé a todos mis amigos para que me acompañasen en ese concierto. Como tenían su propio grupo, no podían venirse conmigo de gira. Yo no tenía músicos que me acompañaran entonces, así que Zack se trajo al resto de la banda con él cuando decidí empezar de nuevo. Tuve la suerte de que funcionó.

Tienes una voz áspera, como Joe Tex o Wilson Picket. Sin embargo, en “Master Sold My Baby” es la única vez en que tu voz no parece agresiva. ¿Incidirás más en esa dirección?

- Es la voz que tengo y creo que marca bastante nuestra forma de hacer música. Nuestros cantantes favoritos son aquellos que reconoces inmediatamente en cuanto los oyes y está claro que con esta voz, es mi caso. En mi próximo disco quiero incluir más canciones tradicionales como “Master Sold My Baby”. Proporciona otra dimensión de nuestro trabajo.

Me gusta la definición que dice: “Escupe sus letras en pequeños ráfagas agresivas que son como ladrillos rompiendo contra ventanas de cristal”.

- “Como ladrillos…” Je, je. ¿Qué puedo decir? Está muy bien.

De las dos influencias que más citas, James Brown sale claramente en tu música, pero, ¿qué hay de Lightnin’ Hopkins?

- Lightnin’ Hopkins fue uno de los primeros artistas que escuché cuando me puse a hacer música. Es probablemente mi favorito. Pero no creo que su influencia se muestre de forma clara en lo que hago.

En tu nombre has antepuesto ‘black’ (‘negro’). Es como si dijeras, como James Brown, “I’m black and proud” (“Soy negro y estoy orgulloso”).

- En el momento en que decidí ponerme ‘black’ (‘negro’) delante, pensaba en que era una buena forma de llamar la atención, de que la gente prestase atención. Ésa era la intención, y creo que funciona.

¿Cómo ves el acercamiento de gente blanca como Eli ‘Paperboy’ Reed al soul clásico?

- Creo que para él es más difícil, ya que no es algo que le salga de forma natural. Siempre habrá blancos intentando cantar como los negros. Si sacas tu alma de dentro, puedes conseguirlo, pero no les será igual de fácil.

Titulas una de tus canciones “I’m Broke” (“Estoy arruinado”). ¿Cómo vives en estos tiempos tan turbulentos?

- Son tiempos complicados para todos, pero a mí me va mejor ahora que cuando lo intentaba con el deporte. Para poder salir adelante de esa forma, tienes que ser realmente bueno para convertirte en un profesional y que te paguen bien.

¿Es cierto que hicisteis varios conciertos disfrazados como los personajes de Star Trek?

- Mi padre y yo somos grandes admiradores de la saga de Star Trek, así que siempre tuve la idea de salir al escenario vestido como los personajes de la serie y las películas. Nos metimos en Internet y empezamos a comprar ropa y lo hicimos. Fue una gran idea, simplemente por pura diversión. Por cierto: no me gusta nada la última película; parece como si hubieran reescrito toda la historia.

Para finalizar, ¿qué ha sido lo mejor que te ha pasado hasta ahora en la música?

- Seguramente poder viajar por el mundo y conocer chicas. Lo que más ganas tengo en este momento es de conocer España y probar su comida, que lo que he tomado en estos días no es precisamente para celebrarlo.

Las rentas del capital a salvo


Otra reforma fiscal de derechas


PEDR Mª DE PALACIO
Rebelión




Cuando un político habla de subir o bajar los impuestos, así, en abstracto, está confesando que es un político de derechas. Lo mismo que si afirma que “bajar impuestos es de izquierdas”. Y este es el paradigma de la política fiscal española en el marco de la Transición, especialmente una vez que la crisis económica del país toca fondo en 1993 por las políticas neoliberales de los sucesivos Gobiernos que tuvieron como consecuencia la inexistencia de un sector productivo, la reconversión del modelo agrícola y ganadero que está llevando a su destrucción, la reconversión del mercado laboral precarizado y no responsable socialmente por parte del empresariado, etc. Nunca tuvimos una fiscalidad realmente progresiva, pero es que incluso en los últimos quince años estamos retrocediendo en este ámbito respecto a los Pactos de la Moncloa.

El fundamento de esta nueva reforma fiscal es que su impacto recaudatorio anual es de 10.950 millones de euros, cifra que a su vez tiene su fundamento en que dicha cifra será recaudada en casi el 90% de entre la población en general, es decir, de los mileuristas, pensionistas, trabajadores en general, etc.

1. Para empezar hay que decir que es cierto que la medida de los 400 € no era progresiva, en consecuencia era injusta y encaminada a un “adelgazamiento del Estado” como elemento de intervención pública en la economía (4.000 millones de euros), y en consecuencia negativa para la clase trabajadora. Pero a su vez ahora que se elimina la medida no es lo mismo el efecto para una renta baja que para una renta alta, y en consecuencia su eliminación tal cual vuelve a ser una medida de derechas, porque con un 63 % de trabajadores mileuristas en el país y con nuestra situación económica sería perfectamente lógico que a este sector de la población se le hiciese una rebaja fiscal progresiva a la vez que como se ha hecho en Gran Bretaña se sube la fiscalidad en clave progresiva a las rentas más altas. Por lo tanto la medida en origen es nociva desde una perspectiva de clase, pero sí que ahora se debería haber afrontado su eliminación de otra forma como la que comento.

2. La subida del tipo general del IVA del 16 % al 18 % y del tipo reducido del 7 % al 8 %, manteniendo el tipo reducido al 4 %, con el objetivo de recaudar 5.150 millones de euros es la medida estrella para la erosión del poder adquisitivo de los salarios, ya que van a ser las rentas del trabajo las más afectadas con dicha medida, de cuyos los bolsillos van a salir la mayoría de la mencionada cifra. Consecuentemente estamos contribuyendo a potenciar una fiscalidad regresiva y a un aumento de la proporción que aportan las rentas del trabajo a las arcas del Estado, siendo ya España uno de los países de la UE donde más descompensada está la balanza en este sentido.

3. Y por último vamos a hablar de la presunta subida de impuestos a las rentas del capital, la cual no puede ser una afirmación más engañosa si de verdad pensamos que la medida tiene alguna profundidad y por el contrario no es un gesto de cara a la galería por parte del Gobierno para justificarse ante un electorado que cada vez le ve más lejano.

La medida consiste en una subida para todos (Repito, para todos) del 18 % al 19 % del gravamen de las rentas del ahorro para los primeros 6.000 €, y el resto al 21 %. La realidad es que el Gobierno espera recaudar con esta medida 800 millones de euros, de los cuales ¡¡ según la propia Ministra Elena Salgado ¡¡ sólo unos 430 millones de euros serán de los que declaran por encima de los 6.000 €, es decir, que la otra mitad será pagada por los que declaran ingresos por rendimiento de ahorro inferiores a los 6.000 €, que son la inmensa mayoría. La conclusión de esta medida es que las rentas del capital siguen a buen resguardo, y que el capitalismo ha vuelto a ganar otra batalla a los intereses sociales de la inmensa mayoría de la sociedad.

Y la Izquierda ha vuelto a perder otra batalla. Las SICAV (Una de las mayores vergüenzas del Reino) siguen a salvo, el Impuesto de Patrimonio y el Impuesto de Actividades Económicas parecen historia, las exenciones en el Impuesto de Sucesiones y Donaciones están entronizadas, una reforma fiscal progresiva del IRPF es un insulto a la inteligencia del Sistema, la lucha contra el fraude fiscal es una utopía, y además se nos anuncia la reducción del Impuesto de Sociedades del 5 %. La cuadratura del círculo.


Orhan Pamuk: «Excluir a Turquía de Europa tiene costes económicos y culturales»


Nadie ha contado tanto de su país, del mundo y de la vida narrando "simplemente" una historia de amor como el escritor turco Orhan Pamuk en su última novela, 'El museo de la inocencia', que acaba de publicar en Estados Unidos traducida al inglés



ANNA GRAU
ABC


El premio Nobel vuelve a la carga literaria con una pasión turca que retrata Estambul de los años 70 a los 90 y que es, a su vez, un sobrecogedor viaje interior de Oeste a Este y viceversa. Una aventura narrativa que es una búsqueda incansable del centro de la novela y de lo humano.

-¿La historia de amor de Kemal y Füsun es real?

-Esa es la pregunta que me han hecho más veces desde que salió la novela: «¿Es usted Kemal?» Hasta voy a hablar de ello en Harvard, déjeme mostrarle... (enseña el borrador de una de las seis conferencias que va a pronunciar a lo largo de este otoño)... La naturaleza del acto de la novela es que tú puedes decir 15.000 veces que tú no eres Kemal sin que los lectores te crean... Y sin que tú dejes de desear secretamente eso mismo, que no te crean... Yo no soy Kemal pero no voy a discutir con ningún lector que crea que lo soy. Kemal pertenece a la clase alta de Estambul, es joven y rico, pero algo raro pasa con él. Yo nunca he sido tan rico como él pero comparto parte de su incomodidad por ser rico en un país pobre, su resentimiento contra el modo de vida bourgeois... Poco a poco se va zafando de su grupo social predeterminado, se va individualizando, y eso lo va haciendo interesante.

-Quizás Kemal se vuelve más individuo, pero también menos individualista. Cada vez vive menos como un niño rico inconsciente, y más como un trágico enamorado a la antigua.

-¡Bien dicho! Se individualiza pero abandona su egoísmo.

-La novela empieza muy a la occidental, llena de sexo y dinero, y poco a poco van predominando valores como la dignidad en la pobreza, el sacrificio, incluso la castidad, que usted presenta bajo una luz muy respetuosa y hasta atractiva.
¿Preparado para las iras feministas?

-Sí, esta novela funciona al revés de cómo suele funcionar la típica novela Este-Oeste en Turquía. Lo normal es: una chica pobre de familia conservadora se occidentaliza y moderniza, se mete a artista, conoce a un hombre rico, acaba de prostituta... ¡gran drama! O al revés, la parte occidentalizada tiene una iluminación, descubre los valores orientales y deja atrás el materialismo... Mi Kemal viaja de Oeste a Este, pero no en plan triunfal sino sufriendo mucho en el proceso...

-Al final, Kemal le dice a un personaje, que es usted mismo: «Que todo el mundo sepa que he tenido una vida muy feliz».

-El libro empieza con Kemal diciendo que recuerda el momento más feliz de su vida. Y acaba así. La primera afirmación todo el mundo la considera probable. La última ya es más problemática, porque se lee en un contexto en que muchos considerarían que Kemal ha llevado una vida de lo más infeliz. Muchos de sus antiguos amigos burgueses se apiadan de él. El lector debe decidir si ha sido feliz o si no lo ha sido. Si ha desperdiciado su vida o no. Yo no me pronuncio al respecto.

-Usted había escrito historias de amor en el pasado, pero ninguna tan desgarradora como ésta. Para atreverse con dramones así, ¿hay que llevar el escudo del Premio Nobel?

-Mi historia tiene un lado melodramático muy fuerte, del que estoy muy contento. He trabajado mucho en él.

-Tras el escándalo de sus declaraciones sobre el genocidio armenio, ¿vive usted en Turquía o no?

-Sigo viviendo en Turquía, pero no tan pacíficamente como solía. Paso mucho tiempo dando clases en el extranjero y en Turquía tengo que resignarme a llevar guardaespaldas, pero no creo que se deba tanto a mis posicionamientos políticos como al hecho de ser premio Nobel... Yo me sigo sintiendo muy a gusto en mi país.

-¿Y no es mucha carga para un escritor pensar que cada vez que abre la boca puede comprometer el ingreso de su país en la Unión Europea?

-Rechazo totalmente eso, las pocas veces que haya podido pasar eso será por manipulación de mis palabras... Yo seguiré hablando de política siempre que me parezca.

-¿Lo de Europa y Turquía es definitivamente un amor imposible?

-Cuando estuve en Barcelona y Madrid promocionando «Mi nombre es Rojo», a finales de los 90 y principios de los 2000, me encontré una actitud muy receptiva y muy propicia, muchos periodistas hicieron reflexiones sobre la cultura mediterránea común, incluso haciendo paralelismos entre la transición española a la democracia y a la modernidad, y el mismo proceso en Turquía... Por unos años fue así, pero de repente las puertas se cerraron y las perspectivas fueron muy malas. La oleada conservadora en Europa, con Merkel en Alemania y Sarkozy en Francia, la misma Turquía que no hizo los deberes en materia de libertad religiosa y libertad de expresión...

-Bueno, no siempre las reticencias a la entrada de Turquía en la Unión Europea son en clave conservadora... A veces han tenido un fuerte componente antiamericano, coincidiendo con los años de la guerra de Irak... ¿Cree que Obama puede ser una ayuda?

-Obama puede ayudar, pero en el fondo esto va mucho más allá de qué partidos políticos ocupan el poder. Tiene mucho que ver con desconfianza y resentimiento culturales por los dos lados. ¿Están dispuestos a aceptar a Turquía y ser una Europa fuerte o grande, como Estados Unidos? ¿O prefieren replegarse a una vida más fácil pero menos ambiciosa? Dejar fuera a una Turquía secular de Europa tiene costes económicos y tiene costes culturales. Esto va a depender menos de los políticos que de los ciudadanos. Decidirán ellos.

No hablemos de Obama, hablemos de amor

-¿Le gusta Obama?

-Cuando ganó yo estaba en Columbia, rodeado de profesores de izquierda contentísimos... Y yo con ellos... Pero yo soy turco y no creo que la Humanidad dependa de un presidente americano.

-¿Qué le pareció su discurso en El Cairo?

-No soportaría hablar tanto de la novela y que usted titulara con Obama...

-Bueno. ¿Ha tenido usted una vida feliz, como Kemal?

-Una pregunta que trato de evitar. Tengo todo lo que hace falta para ser feliz. Estoy muy agradecido. Pero la felicidad es química, es cómo reaccionas tú. Comparto con Kemal cierta tendencia a buscarme motivos de infelicidad.

-Y enamorado, ¿está?

-¡Sí! Ella está en el piso de arriba...