“Qué sentido tiene trabajar para humanizar una institución impedida de producir efectos positivos”


Entrevista con el Área de Privación de Libertad y Derechos Humanos del Observatorio del Sistema Penal y los Derechos Humanos de la Universidad de Barcelona

KEPA ARBIZU Y AIDA M. PEREDA
Lumpen




Uno de los termómetros para medir los niveles de democracia y justicia que tiene una sociedad es analizar las características de todo su entramado penitenciario. Por medio de esta entrevista al Área de Privación de Libertad y Derechos Humanos del Observatorio del Sistema Penal y los Derechos Humanos de la Universidad de Barcelona, conocemos más en profundidad algunos aspectos referidos a este tema.


El número de internos en las cárceles del estado se ha disparado en los últimos años. Objetivamente, este hecho sólo puede responder a dos motivos: al incremento proporcional de delitos graves o a una política penitenciaria agresiva en detrimento de otras. En vuestra opinión, ¿a cuál se debe y por qué?

Las estadísticas oficiales del Ministerio del Interior, Departament de Justicia de Catalunya y Consejo de Europa destacan un descenso de los delitos registrados de un 2% anual en los últimos 6 ó 7 años. Por tanto, parece evidente que el mito de relacionar incremento de la población penitenciaria con cantidad de delito registrado, es eso: un mito. Pocas dudas caben acerca del gran endurecimiento de la legislación penal, procesal, penitenciaria, policial y judicial en España que la sitúan ya a la cabeza de la Unión Europea en tasas de encarcelamiento (que no en tasas de delincuencia registrada).

El hacinamiento es otro de los problemas más graves. ¿Cuál es la situación actual y cómo se ha llegado a este punto?

Como consecuencia de lo anteriormente dicho, está claro que ello se refleja en la superpoblación carcelaria, que supera de largo en más de 75.000 presos en España, con una tasa que ya es superior a 164 presos por cada 100.000 habitantes (al respecto véanse los datos del Observatorio del Sistema Penal y los Derechos Humanos de la Universitat de Barcelona, en www.ub.edu/ospdh). Ello se traduce en la imposibilidad de respetar los derechos fundamentales de las personas presas al tener que vivir en condiciones indignas, sin espacio ni intimidad mínima para su vida cotidiana.

¿Cómo es el trato que reciben los presos enfermos? ¿Se siguen los protocolos establecidos por ley?

No es posible responder a ello de manera global y al mismo tiempo tan sintética como obliga un cuestionario. Véase la investigación “Privación de libertad y derechos humanos” del mismo Observatorio antes reseñado (publicada en Barcelona por Ed. Icaria). Allí se verá que pese a los esfuerzos de la administración penitenciaria existen enormes carencias en la atención a la que se refiere la pregunta.

Muchos informes hablan de las torturas en las cárceles españolas. ¿Cuáles son las instituciones o estamentos culpables de que sucedan o por lo menos de que no se investiguen?

También puede ser útil consultar el libro antes reseñado para ello, pues justamente refleja la situación de la violencia institucional en la privación de libertad. También deben consultarse los Informes Anuales de la Coordinadora para la Prevención de la Tortura (www.prevenciontortura.org). La pasividad institucional en la investigación de las denuncias por malos tratos habla de la impunidad con la que la misma se perpetra y no investiga.

¿Qué políticas concretas sería urgente tomar para conseguir unas cárceles más dignas?

El cumplimiento de la legalidad sería sin duda un primer paso importantísimo. Esa ley penitenciaria y su reglamento ordenan, por ejemplo: que exista un preso por celda (art. 19), que se dé trabajo a los presos y que éste sea remunerado (art. 25.2 de la Constitución Española) y así, siguiendo, no tendríamos la distancia actual que existe entre cárcel legal y cárcel real. Otra cosa es pensar, además de lo dicho, qué sentido tiene trabajar para humanizar una institución que está estructural e históricamente impedida de producir efectos positivos, ¿por qué no pensar entonces en sustitutivos –reales- a la privación de la libertad?...

La privatización de las cárceles en EEUU es un hecho conocido. ¿En qué situación, a este respecto, se encuentran las del estado español? ¿En qué repercutiría la entrada de dinero privado?

La privatización en España ha comenzado, aunque aún no se muestre con la claridad anglosajona. Por ejemplo, la práctica totalidad de los centros de reclusión de menores ya son gestionados (excepto en Catalunya) por organismos privados. Respecto a las cárceles de adultos, si se piensa en los proveedores de tantos productos que nutren la vida cotidiana de la cárcel (catterings alimenticios), o en otro orden, la colaboración de organismos privados en la ejecución de ciertas penas, son indicativos.

Obviamente, convertir el sufrimiento legal en un lucrativo negocio económico supone de una parte, un abandono de la tradicional función estatal de ejercer su “ius puniendi” (desde la Ilustración hasta hoy), abre la lógica mercantil al negocio del control del delito y es una clara muestra de los tiempos que vivimos.

Siempre se dice que los ricos no entran en las cárceles. ¿En qué aspectos concretos ayuda el dinero para eludir la prisión?

En pagar buenos abogados, acudir a importantes despachos profesionales, poder pagar fianzas millonarias que evitan el ingreso en prisión, poder pagar la multas que en caso de impago llevan aparejadas penas sustitutorias privativa de libertad, etc. Y todo ello sin pensar en la existencia de ciertas corrupciones que pueden comprar algunas decisiones.

Hace poco nos hemos enterado de que a un grupo de personas por hacer una sentada en defensa de los espacios autogestionados se les reclama dos años y medio de cárcel a cada uno. Da la sensación de que las condenas contra hechos relacionados con determinadas reivindicaciones sociales o políticas (ecologistas, okupas, de índole laboral, etc) suelen ser muy duras. ¿A qué creéis que se debe este hecho?

Al endurecimiento punitivo antes señalado en preguntas previas. Pero cuidado, eso no sucede sólo aquí, sino que es la muestra “doméstica” de una política penal globalizada ensayada con notable éxito, primero en la órbita cultural anglosajona y luego exportada planetariamente como se exportan otras mercancías: es la penalidad de la globalización económica que empezó hace algo más de 30 años en USA con las políticas de sentencias determinadas (mandatory penalties), cero tolerancia, broken windows, paulatina militarización penal, surgimiento de legislaciones antiterroristas que se han extendido a otros supuestos… España sólo llegó un poco tarde a aplicarlas, ni siquiera es original en esto.

¿Verdaderamente en las cárceles se hace una labor para la reinserción de sus internos en la sociedad? ¿Cuál es el porcentaje de reinsertados?

Se trata de una pregunta imposible: nadie ha podido demostrar que una persona se reinserte gracias a la cárcel. Más bien, las altas tasas de reincidencia en el delito, que sí pueden ser registradas y contabilizadas, muestran el fracaso. Como alguna vez enseñó un querido profesor ya desaparecido, ¿por qué no nos dejamos de hablar de la reinserción “a través” de la cárcel y empezamos a pensar, seriamente, en la reintegración de los sujetos que la habitan “a pesar de” la cárcel?

Por otro lado, cada vez existe mayor presión para lograr la cadena perpetua en España. ¿Creen que en un plazo corto-medio se llegará a imponer o que ya se están llevando a cabo cadenas perpetuas encubiertas (no reunificación de delitos, no concesión de tercer grado...)?

Por supuesto que existe hace tiempo esa perpetuidad punitiva: elevación de la penalidad a 40 años, imposibilidad de refundir condenas, restricción importantísima para alcanzar beneficios penitenciarios (como permisos de salida, progresiones del grado de clasificación, regímenes abiertos o libertades condicionales), aumento de la penalidad para los delitos que más pueblan la cárcel (contra la propiedad y relacionados con drogas), etc.

Mujeres malditas, Eugenia Rico. Entrevista


MARTA IGLESIAS
Revista Fusión




Eugenia Rico, considerada una de las grandes de la literatura española actual, vuelca en su último libro gran parte de sí misma. Se titula Aunque seamos malditas (Editorial Suma de Letras) y recuerda las persecuciones que sufren los que son diferentes, cuyo mejor exponente son las brujas.

El libro de Eugenia describe un círculo perfecto que se inicia y se cierra con la hoguera de San Juan, realizando un paralelismo entre las brujas de la Edad Media y las actuales.

Sólo al releer el libro se cae en la cuenta de la delicadeza con la que Eugenia Rico ha hilado la trama. Entonces se aprecian al detalle las pequeñas puntadas atrás y adelante que configuran una obra que enlaza el pasado con el presente y lo onírico con la realidad... ”Algunas mujeres vuelven al campo para ocultarse, para ser como las otras o para que no se note si son distintas. Porque algunas mujeres siempre han querido ser como las demás y nunca lo han conseguido”. Hablemos de las brujas, de historia y de persecuciones presentes.

-¿Cómo enlazaste el acoso -tema sobre el que querías escribir-, con la brujería? ¿Qué hilo unió una cosa con otra?

-Quería contar el acoso a través de la historia y me encontré con que las primeras acosadas históricamente, las que vivieron el holocausto de las mujeres y que se han convertido en el símbolo de la persecución sin culpa fueron las brujas. Las brujas son un símbolo del acoso del inocente. Y aunque se ha hablado del holocausto de las mujeres, no se ha hecho suficientemente. ¿Cómo puede ser que unos dos millones de mujeres sean asesinadas, acusadas de cosas de volar por los aires? Estas eran las dos líneas de investigación que yo llevaba y me encontré con que eran la misma.

-Sin sentirte un poco bruja, ¿sería imposible escribir este libro en primera persona?

-En el libro hay muchas primeras personas, hay muchas voces. Y fíjate que el libro está poblado de personas acosadas y de gente que es un poco distinta. Porque pienso que en todas las épocas históricas los que han hecho las cosas interesantes fueron los bichos raros, los que eran un poco diferentes, los que sentían que no eran como los demás. Me preguntaban en todas las conferencias si era un poco bruja y siempre respondí que no. Y después de tantas entrevistas y de hablar tanto de la novela, ahora me preguntas tú y creo que sí. Y por dos motivos: el primero es que para escribir cualquier personaje, tú tienes que creerte que eres ese personaje, tienes que invocarlo, es como el espiritismo. Tienes que dejarte poseer por el personaje, y en ese sentido no puedes escribir como una bruja si no eres bruja. Y en segundo lugar tienes que sentirte como bruja, alguien diferente que sabe algo que los demás no saben y que te castigan por ello, así que ser escritor también es ser brujo. A ello hay que sumar la fascinación que tengo desde siempre por el tema.

-¿Qué te atrae de ellas?

-Uno de los temas que más me fascinan es el de las sustancias. Cuando se dice que las brujas volaban es porque consumían hongos, algo entroncado con cultos precristianos. Pero yo encontré que la mayoría de mujeres acusadas de brujas en nuestro país ni siquiera eran mujeres que realizaran ninguno de esos cultos. Eran mujeres que sabían curar y más baratas para los pobres que los médicos o los barberos, que en aquel momento solamente sabían hacer sangrías. O sea, que esa supuesta superstición, que en realidad era un profundo conocimiento de la naturaleza, estaba muy por delante de la ciencia de su época. Utilizaban sustancias como la digitalina o la corteza de saúco, que más tarde han sido aprovechadas por la ciencia oficial. O sea, primero las han matado y luego han aprovechado sus conocimientos.

-Precisamente has relacionado la persecución de las brujas con el auge de la profesión médica y el monopolio de la profesión médica...

-La persecución de las brujas se ha unido al medievo y no es verdad. Surge con el nacimiento de las universidades, a las que se les prohíbe asistir a la mujeres. Tradicionalmente ellas se ocupaban del cuidado de los niños, enfermos y ancianos. Incluso en las tribus del norte como Asturias, nuestras mujeres iban con los guerreros a la batalla para curarles las heridas. Sabían de hierbas porque no era algo comercial, no era algo tan importante. Lo importante era el alma y el cuerpo se les podía dejar a las mujeres. Pero con el Renacimiento el cuerpo se vuelve importante y con él la medicina. Así que no se puede dejar a las mujeres -que tienen el poder de dar la vida-, el poder de evitar la muerte. Así que en las universidades se va a estudiar medicina, pero se prohíbe a las mujeres entrar en ellas y además se prohíbe ejercer a quien no estudie en la Universidad. Pero para dar auge a esa ciencia de la medicina, que en aquel momento entre los cristianos es nula porque solamente sabían de sangrías, tienen que perseguir a estas mujeres que saben más que ellos. Era cuestión de control de poder, algo que entonces poseían muchas mujeres. Como ejemplo te hablaré de la mejor partera del reino, que vivía en Cataluña y fue acusada de bruja por asistir partos y hacer prácticas diabólicas como lavarse las manos. Cuando la Reina de Aragón va a dar a luz, exige a su marido que la atienda ella, a punto de ser juzgada. El parto va bien y la reina consigue que sea restaurada en su labor y reputación. Y quiero añadir que a la mortalidad del holocausto de las mujeres que mueren en las hogueras y ahorcadas, hay que añadir las miles de mujeres que fallecen debido a las infecciones, porque estos barberos empleaban navajas sin ningún tipo de higiene. Estas sanadoras tenían normas de asepsia e higiene primaria, y de hecho muchas fueron acusadas de brujería por lavar las manos, y esterilizar instrumental. Para que te hagas idea de cómo se persigue a la gente por decir la verdad.

-Sin embargo, y contrariamente a lo que se cree, en España casi no hubo procesos contra las brujas...

-Exacto. Encontré pocos procesos a brujas en España y además sus castigos consistían en un sambenito, lo máximo era la confiscación de los bienes y ni siquiera era corriente. El caso de María Soliño, que fue quemada en la hoguera en Santiago de Compostela, es anecdótico. Pero en el resto de Europa la persecución es brutal y llena de torturas. Por ejemplo, a la bruja de Hamburgo le perforan la vagina con hierros candentes, le arrancan los pechos, la violan los religiosos repetidas veces diciendo que es para arrancarle el diablo. Hay un matiz sexual terrible ejercido desde Inquisición, los Calvinistas, y otros cuerpos religiosos que velaban por la fe, mataban a la gente y la torturaban. Sin embargo cuando torturaban a un hombre jamás le tocaban los genitales, pero con la mujeres la persecución era un verdadero ataque de género. Yo tengo tres teorías de porqué no se persigue la brujería en España. La primera es que en el resto de Europa se les perseguía para confiscar sus bienes porque se trataba de acabar con su poder económico, pero aquí no tenían dinero, así que no hacía falta matarlas porque no eran tan importantes. Mi segunda explicación es que, igualmente que no se persigue en Francia, Italia, Grecia y Portugal, países que luego son católicos, en estos países han tenido una creencia muy importante en diosas madres. O sea, hay un importante respeto a la mujer y el matriarcado. Y la tercera teoría tiene que ver con el norte: hay una creencia en la brujería pero no una persecución. La Iglesia Española considera que perseguir las brujas es hacerlas importantes y que no hay que hacerlas importantes porque no lo son.

-Para ti las brujas no sólo curaban el cuerpo sino que ayudaban a la gente a reconciliarse consigo misma... ¿No es ese un poder que tienen todas las mujeres y por tanto todas tienen la semilla de la bruja en su interior?

-Sí. Todas las mujeres se sienten alguna vez un poco brujas, aunque también utilizan el concepto bruja para insultar, entonces no queda claro si bruja es un orgullo para la mujer o una calumnia. Está claro que en la persecución de la bruja está la persecución de lo femenino, del poder de dar vida, de este poder primario de la mujer... Entonces todas las mujeres tienen en su interior la semilla de la bruja. Fíjate que además el vocablo inglés para bruja es witch, que es la misma raíz que wise que significa sabio, por lo que en inglés bruja quiere decir mujer sabia. Por lo tanto hay una persecución desde luego del poder de la mujer y de la sabiduría de la mujer.

-Entonces las mujeres encontraron un conocimiento que les era afín, ¿lo hemos olvidado en pos de un mejor puesto de trabajo, de una operación de estética...?

-Desde la prehistoria las mujeres han tenido tendencia al cuidado y sobre todo han tenido un poder en ellas mismas. El problema es que hoy tenemos a las mujeres con dietas horribles, pasando hambre, dedicando todos sus pensamientos a ello y sin espacio para pensar en otra cosa. Y eso les quita su gran poder. Hay muchas maneras de castrarlas, hay muchas maneras de perder a las brujas. Se las puede tener obsesionadas con pesar 36 kilos, o encima de tacones de aguja, sobre los que casi no pueden andar y que les deforman la columna. Y todo lo hacen por su propia voluntad. Y una cosa terrible fue quitarle a la mujer el poder sobre su parto, sobre el nacimiento.

-Los que siguen pensando por su cuenta son perseguidos... ¿Cuáles serían las cazas de brujas actuales?

-Es muy buena pregunta. Yo creo que se persigue -como siempre se ha hecho- a los diferentes. Desde los supuestos rojos hasta los gorditos, o a los que piensan de otra manera. Se sigue persiguiendo a los que son distintos. Y, por supuesto, todavía se persigue a las brujas, que hoy son mujeres que han tenido éxito. Sólo hay que ver cómo son atacadas en la política o la ciencia. Mira el ejemplo de Hillary Clinton.

-¿Por qué identificas a la Inquisición de hoy con los medios de comunicación?

El farero está basado en un personaje real, un profesor de gimnasia al que acusaron
de violar una niña, que era la hija del famoso asesino de Mari Luz. Cuando había cumplido dos años de cárcel se demuestra que fue su padre. Pero es que los medios que han dado su nombre y apellidos no ponen en marcha una campaña similar para rehabilitarlo. Entonces se queda sin trabajo, sin novia, sin vida, cuando no ha hecho nada. Es completamente inocente. Los medios de comunicación ahora tienen un poder tan grande que pueden salvar la vida de una persona y también la pueden condenar. En algunos casos -y estoy pensando en programas del corazón muy malos que hacen juicios mediáticos- ciertos medios se constituyen en verdaderas Inquisiciones que deciden y condenan con mucha impunidad. Fíjate en el maltratador que salió en la tele y luego mató a su ex pareja. La cadena no se hizo responsable de nada. El poder que en otro tiempo pudo tener la Iglesia, que no tenía que dar explicaciones, la tienen ahora los medios para bien y para mal.

-Una vez terminado el libro, ¿que aprendiste del él y qué dejaste de ti en sus páginas?

-Del libro aprendí muchísimo porque conlleva mucha documentación histórica, y porque habla sobre la otra parte de ti, sobre el lado oscuro de cada uno. Y en él dejé todo de mí porque es un libro del que estoy muy satisfecha como artefacto literario y también por sus personajes y la vida que hay en él. La única manera de conseguir algo es darlo todo y en el libro me dejé la piel.

-¿Cómo terminarías el título inacabado del libro “Aunque seamos malditas...”?

El título del libro está así para que lo termine el lector. Me han dicho que mi escritura es interactiva, yo creo en escribir dejando huecos para que el lector se apropie de la historia. Por eso cada uno tiene que escribir el final.

El fascismo despierta en Italia


Más de 55.000 personas afiliadas; decenas de grupos ?ultras? en los estadios de fútbol; bandas de rock nazi o identitario; agresiones contra extranjeros, negros, homosexuales. Bajo el sonriente paraguas de Silvio Berlusconi, vuelven a Italia las consignas totalitarias y la violencia fascista

MIGUEL MORA
El País




La primera imagen del documental Nazirock, filmado por el periodista Claudio Lazzaro, es la manifestación celebrada en Roma, el 2 de diciembre de 2006, contra el Gobierno de Romano Prodi. Ante dos millones de personas, una avioneta enseña el cartel "Silvio, te echamos de menos"; se ven algunas esquelas del "Gobierno Mortadella", se oyen gritos de "Prodi va fan culo", "malditos jueces comunistas", "Gobierno de ladrones y terroristas", "espías del KGB", y "viva il Duce". Luego suena Volare, Berlusconi sube al escenario al son de Azurra libertà, el himno de su coalición, y el líder posfascista Gianfranco Fini se pone poético y define al grupo del que pronto formará parte como una "obra de arte de la libertad".

Después, el líder, sonriente, pelo implantado, zapatos con alzas, 70 años, presenta a los nuevos fichajes de la coalición Casa de la Libertad. Son Alessandra Mussolini, parlamentaria europea, nieta del Duce, líder de Acción Social y promotora de un pool electoral en el que figuran varios personajes de postín: Roberto Fiore, secretario general de Fuerza Nueva, condenado a nueve años por pertenencia a banda armada; Luca Romagnoli, líder del grupo neofascista Fiamma Tricolore, fundado por el fascista Pino Rauti, acusado y nunca juzgado por dos atentados mortales en los años de plomo, y Adriano Tilgher, condenado en 1975 por tratar de fundar un partido fascista, absuelto por falta de pruebas en el proceso del atentado de Bolonia de 1980 (85 muertos).

Como sus amigos, Romagnoli es un hombre con empuje: niega el Holocausto y afirma que Hitler fue un gran estadista. La cámara de Lazzaro le graba subiendo al palco y acercándose a Berlusconi con una bandera de la Fiamma Tricolore. Berlusconi la acaricia y la ondea sin dejar de sonreír. Sabe que ese 2% de los votos que puede rascar con la nueva vieja derecha es oro puro. "Hacía unos meses, Il Cavaliere había perdido las elecciones por 20.000 votos, y para lanzarse al acoso y derribo contra Prodi decidió que no podía renunciar a priori a la extrema derecha", explica Lazzaro. "De modo que los invita al acto y los legitima. Por un puñado de votos".

Apenas trece meses después, en enero de 2008, el Gobierno de centro-izquierda pierde una votación de censura por culpa de un tránsfuga cooptado por Berlusconi. Hay nuevas elecciones. Prodi se retira, y la feroz campaña que agitan los medios y las televisiones de Il Cavaliere, sus protestas contra la inseguridad ciudadana y sus promesas de mano dura contra el inmigrante/delincuente cumplen su objetivo.

Aliado con la Liga Norte y con los posfascistas de Alianza Nacional, Berlusconi gana por amplia mayoría (44%) con su mensaje optimista, xenófobo y personalista en el que no faltan guiños a la Mafia (el último día sostuvo en televisión que Vittorio Mangano, mafioso y asesino convicto, fue un héroe porque nunca le denunció). El Partido Democrático de Walter Veltroni logra 12 millones de votos y un 33%, pero no evita una crisis que dura todavía; la Liga entra al Ejecutivo con su 8%, que se traduce en varios ministerios, entre ellos el de Interior. Forza Nuova obtiene 108.837 sufragios. Y la amiga filofascista de Berlusconi, Daniela Santanché, llega al 2,4% aliada con Fiamma Tricolore. El Caimán ha vuelto.

Mientras el rumbo demagógico que marcó el país entre 2000 y 2005 se pone otra vez en marcha, asoman signos de que algunos usos y costumbres de la Italia fascista (1922-1943) están despertando sin que nadie haga nada por evitarlo. En tres años, de 2005 a 2008, se registraron 262 casos de violencia fascista contra jóvenes de los centros sociales, inmigrantes, gays, gitanos. Y más de cien actos vandálicos contra sedes de partido, lápidas y monumentos partisanos. Cada año, 600.000 italianos dejan su tarjeta de visita en la tumba de Benito Mussolini. Cada domingo, decenas de grupos de extrema derecha toman con sus gritos y su parafernalia nazi-fascista los centros de las ciudades con la excusa de animar a su equipo. Como en España, sí. Pero distinto. El discurso anticomunista de Berlusconi y la retórica racista de la Liga Norte resuenan a todas horas desde los medios del magnate de la televisión y forman una ensordecedora espiral de ruido y furia.

El éxtasis de la nostalgia fascista es la histórica victoria electoral del ex picchiatore (combatiente en las peleas callejeras contra los rojos de los años ochenta) Gianni Alemanno en la segunda vuelta de las municipales de Roma. Por primera vez desde 1943, un fascista (posfascista) se sienta en el capitolio de la Ciudad Abierta. Para festejarlo, sus seguidores suben hasta el Campidoglio haciendo el saludo romano. Berlusconi, que celebra el éxito sentándose en las rodillas a la abeja reina de las velinas, Sabine Began, hace una de sus ocurrentes bromas: "Somos la nueva falange romana".

Unas semanas más tarde, el 1 de mayo de 2008, Nicola Tommasoli, un diseñador gráfico de 29 años, es apaleado por un grupo de jóvenes neofascistas en el centro histórico de Verona. La razón: se había negado a darles un cigarrillo. Tommasoli muere en el hospital y la policía arresta a tres de sus agresores: Raffaele delle Donne, Guglielmo Corsi (ambos de 19 años) y Andrea Vesentini, de 20. Forman parte de un grupo de aficionados ultras del Verona, el Veneto Fronte Skinheads, y habían sido investigados antes por agresiones racistas. Un tribunal acaba de condenar a cuatro de ellos (Vesentini ha sido absuelto) a un total de 50 años de cárcel.

En la banda de Delle Donne, apodado Il Biondino, figuran 17 jóvenes ultras, skinheads y neofascistas; algunos, hijos de empresarios e industriales, otros, de obreros. Según el fiscal de Verona, Guido Papalia, "actuaban como la banda de La naranja mecánica, y esperaban encontrar, si no el aplauso, al menos la indulgencia de sus paisanos".

Verona, la ciudad de Romeo y Julieta, está regida con mano de hierro por un alcalde de la Liga Norte, Flavio Tosi, una de las estrellas emergentes de la formación padana. Tosi pide "penas ejemplares" para los culpables. En 2007, tras ser elegido con el 60% de los votos, había expulsado a los gitanos de la ciudad alegando que "perturbaban la belleza del centro histórico".

La banda se limita a seguir el ideario y el estilo impuesto por los alcaldes-sheriff que dominan el opulento Noreste italiano. Territorio Padania. Camisas verdes (título de otra película de Claudio Lazzaro sobre el racismo lombardo nunca estrenada en Italia). Ciudades-Estado contra los barbarrojas del Sur. Gente como Giancarlo Gentilini, hoy vicealcalde de Treviso, un tipo cordial y gritón, grande como un armario, considerado el regidor más fascista de Italia y que justo en aquellos días inicia, a sus 78 años, su cuarto mandato como sheriff.

En ocho años de alcaldía y cinco de vicealcaldía, la política de "tolerancia doble cero" de Gentilini se ha convertido en el modelo de la Liga Norte y el PDL de Berlusconi para afrontar el complejo fenómeno de la inmigración. "Han salido muchos sheriffitos, pero el auténtico sheriff soy yo", dice Gentilini a este diario en una entrevista realizada en mayo de 2008. Y añade: "Lo he hecho todo aplicando las enseñanzas del fascismo y el catolicismo".

Es decir: "Apliqué el Evangelio según Gentilini, la tolerancia doble cero y el respeto a las leyes. En tres meses desaparecieron los lavacoches y los mendigos, y en un año echamos a los vendedores de falsos de pacotilla y baratijas. Yo no soy xenófobo, pero odio a los camellos, a las prostitutas, el comercio de armas, y no puedo tolerar a los gitanos. De hecho destruí dos campamentos nómadas porque eran refugio de gente que robaba noche y día. No puedo consentir que niños gitanos de seis o siete años roben a nuestros ancianos".

No se trata de folclor. Más allá de la pintoresca pantalla de las velinas y las prostitutas convertidas en candidatas, la caza del gitano y el clandestino ha ocupado al Gobierno italiano durante el primer año de legislatura. Una ofensiva racial en toda regla, alentada por los medios de la derecha y tolerada por los del centro-izquierda, elaborada con medidas como el censo de la población romaní, menores incluidos, y con múltiples disposiciones represivas, todas ellas condenadas (sin mucho énfasis) por los organismos internacionales: continuo desmantelamiento de chabolas sin alternativa de realojamiento, malos tratos y vejaciones policiales, acusaciones falsas y detenciones ilegales, condenas judiciales sin pruebas, reglas contra la mendicidad que contemplan la exacción de los menores a sus familias, nula integración escolar...

Una persecución sistemática, disfrazada de labor humanitaria. No muy distinta, según la ONU, de la emprendida por Bulgaria o Eslovenia, y que, a pesar de las reiteradas condenas del Parlamento Europeo, ha logrado su objetivo principal: echar del país a los gitanos, rumanos sobre todo, hasta dejar una cifra testimonial. Según Roberto Malini, director de la ONG EveryOne, de los 165.000 gitanos que había residiendo en Italia en 2008, hoy quedan cerca de 35.000, italianos incluidos, y la presencia de rumanos se ha reducido al mínimo, "unos 3.000". "Con la excusa de la emergencia, el Gobierno ha dado 24 millones de euros para construir nuevos campamentos-guetos. Y el Consejo de Estado dijo el 5 de agosto que era legal la toma de huellas digitales y la obligación de portar tarjetas identificativas en el pecho con la palabra rom".

En vista del clima reinante, un aficionado ultra se permitió decir hace unos meses en una radio temática de aficionados violentos: "Personalmente, estoy en contra del odio a las personas de color del centro de África... Pero, sinceramente, un gitano destrozado a golpes de cadenas o torturado como un perro, me gustaría". Y añadía: "Qué desgracia que Hitler se preocupara sólo de los judíos y no mucho de ellos".

Si se observa de cerca, la política emprendida por el Gobierno Berlusconi frente a las minorías y los inmigrantes, con el Paquete de Seguridad impulsado por el ministro del Interior Roberto Maroni (Liga Norte), no ha tenido en estos meses gran cosa que envidiar al ideario de Forza Nuova. De hecho, eso afirma el propio portavoz romano de la agrupación (5.500 inscritos), Gianguido Saletnich, que ha respondido a un cuestionario por correo electrónico: "Este Gobierno ha hecho suyas muchas ideas de Forza Nuova, como el cierre de las fronteras a los clandestinos o el uso de militares para vigilar el territorio, cosas que habíamos propuesto nosotros primero en la campaña electoral".

Pero donde el sheriff Gentilini ha creado escuela es en el trato dispensado a los homosexuales. Él fue el primero que acometió una "limpieza étnica de maricones". Lo explicaba así en la entrevista: "Junto al hospital de Treviso hay un aparcamiento, y algunos vecinos vinieron a decirme que había allí hombres y mujeres que de madrugada pedían prestaciones. La gente estaba aterrorizada. Pedí a la comandante de la policía municipal que investigara, me dijo que, en efecto, había allí homosexuales, lesbianas y otras especies de esa categoría, dije que en tres días quería ese lugar liberado, los arrestamos, los identificamos e hicimos la limpieza. Dijeron que soy un homófobo, pero no es verdad. Cada cual es árbitro de su propio cuerpo. Soy incluso favorable a la prostitución libre, pero las efusiones amorosas no pueden realizarse en los espacios municipales. En clubes y casas, lo que quieran, pero sin penalizar a los ciudadanos. Me compararon con las leyes raciales de Hitler. Bah, un ardid para vender periódicos".

Algunos italianos parecen compartir las creencias de Gentilini sobre los homosexuales. En un país donde en nombre de la religión (y de la escasa valentía del centro-izquierda) todavía no hay una ley de parejas de hecho, los gays ya ni sueñan con ver reconocidos sus derechos. El sentimiento lo ejemplifica Roberto Fiore, líder de Forza Nuova, que en una arenga a sus chicos en la película Nazirock afirma: "Levantaremos las barricadas contra el matrimonio homosexual, los valores cristianos son valores santos, son valores príncipe".

En los últimos meses, la falta de reacción oficial ante los continuos ataques que ha sufrido la comunidad gay ha sembrado el pánico en ese sector de la población. Tras el encadenamiento de agresiones (más de 60 sólo este año) en Roma, Florencia, Milán y Nápoles a manos de encapuchados de extrema derecha, las asociaciones de homosexuales han denunciado que en el país "se ha instalado la licencia de agredir gracias a la deriva violenta de la falsa propaganda: un Decreto de Seguridad que no defiende a nadie, la instigación a la violencia escuadrista y la homofobia son las verdaderas alarmas sociales de este país".

El pasado 26 de agosto, una pareja de turistas gays fue agredida por un grupo de jóvenes en pleno centro histórico de Nápoles, ante la indiferencia general. Poco después, un grupo de homosexuales pidió asilo político de forma simbólica en el consulado español de Milán.

La batalla contra el diferente, todo tipo de diferente, es una reivindicación histórica de la Liga Norte. "Su racismo de taberna puso primero en el punto de mira al terrone, el paleto meridional; luego a los albaneses, los negros, los gitanos, finalmente los árabes", cuenta Claudio Lazzaro. La teoría de Gentilini sobre los musulmanes, que se inspira en viejos discursos de Umberto Bossi, líder de la agrupación, es ésta: "Hay que aplicar la religión de Estado eliminando los intentos de construir mezquitas, porque son lugares de encuentro y refugio de gente de la que no se sabe su identidad, ni de dónde vienen. Y es inútil que me digan que una mezquita es como una iglesia, porque ya sabemos que el islam persigue la eliminación del infiel, mientras el cristianismo se inspira en el perdón y la conversión".

La otra petición histórica de la Liga son las patrullas ciudadanas, la llamada justicia fai da te, que el Gobierno ha legalizado finalmente este año creando una encendida polémica. Las patrullas denotan una desconfianza ancestral en las fuerzas del orden estatales. "La Liga siempre ha aspirado a tener su propia policía para controlar el territorio", explica Lazzaro. "Las patrullas son el primer paso".

Berlusconi, que tantas veces ha deslegitimado a los jueces, y que recientemente ha acusado a los fiscales anti-Mafia de usar el dinero público para investigar historias que "sólo intentan hacer daño al país", ha recortado drásticamente los recursos destinados a las fuerzas de seguridad. Los sindicatos policiales han denunciado que nunca desde la II Guerra Mundial habían sufrido semejantes recortes.

A falta de policías, los sábados por la noche, con el buen tiempo, los jóvenes violentos de Verona patrullaban la ciudad en "rondas preventivas" contra los inmigrantes. Hacían la justicia por su cuenta. Pegaban a gente de color, a vendedores de khebab, a italianos del sur. "Les bastaba encontrar a uno que llevaba el pelo largo y la emprendían a golpes", dijo el fiscal de Verona.

El ataque al diseñador gráfico Tommasoli no tuvo siquiera connotaciones políticas. Según la fiscalía, se trató de un acto de violencia gratuita contra alguien que, simplemente, era diferente: "Aunque los agresores tienen símbolos nazis en casa, su única ideología es el odio al diferente", explicó el fiscal. "Al que no se viste como nosotros, no come lo mismo, no habla con nuestro acento, al que, según ellos, ofende el decoro de la ciudad".

"No nos drogamos, no bebemos, somos gente de orden", dijo Delle Donne tras entregarse a la policía. "Un buen chico sin vicios, hijo de la buena burguesía, estudiante, como tantos otros por estos lares que pensaban limpiar el mundo matando gente", apostilló el fiscal.

El Veneto Fronte Skinheads es una organización de extrema derecha "muy arraigada en el territorio". Por desgracia, no es la única. Un informe de los Servicios Secretos reveló hace unos meses que en Italia hay al menos 55.000 jóvenes y 65 grupos ultras de inspiración neonazi y neofascista actuando, sobre todo, en el norte, Trentino Alto Adige y Véneto, pero también en Emilia Romaña, Toscana, Lazio.

El director de la Policía de Prevención, Carlo de Stefano, aclara que el objetivo de esos grupos no tiene ya nada que ver con el fútbol: "Les mueve la violencia en sí misma, contra el distinto por el color de piel, el credo religioso o simplemente la manera de vestir". "No tienen valores culturales ni políticos", añade este jefe antiterrorista italiano, "salvo la discriminación, la xenofobia y el racismo".

El fenómeno preocupa cada vez más a la opinión pública. El libro-reportaje Oltrenero [Más allá del negro], del fotógrafo Alessandro Cosmelli y el reportero Marco Mathieu, cuyas poderosas fotos ilustra este texto; los ensayos de Saverio Ferrari, miembro del Observatorio Democrático de las Nuevas Derechas, o las películas de Claudio Lazzaro ponen de manifiesto que, como ha dicho el escritor siciliano Andrea Camilleri, creador del comisario Montalbano, "Italia nunca ajustó las cuentas con el fascismo, y éste está resurgiendo en formas nuevas".

Ferrari, autor de Le nuove camiccie brune [Las nuevas camisas pardas], que se editó en abril, habla de un salto de calidad y de cantidad en ese fenómeno: "Ha habido dos muertos y siete intentos de homicidio, ya no son sólo ataques contra las sedes de la izquierda. Ahora golpean a las personas: militantes jóvenes, homosexuales, inmigrantes, redskin. La característica fundamental es que cada vez más se ataca con cuchillos, método copiado de las curvas de los estadios, de las aficiones, que monopoliza la extrema derecha. El fenómeno se ha hecho cada vez más nazista y menos fascista, en línea con los otros países europeos. Los que quedaron fuera de la legitimación del posfascismo se han volcado hacia el nazismo, usan iconografías de las SS, copian modelos políticos de los viejos colaboracionistas, como la Guardia de Hierro rumana, y claman contra los judíos. Pese a todo, la derecha del Gobierno se sigue aliando con estos grupos, les sirve de contenedor, les ofrece espacio en el PDL y legitima el racismo y el fascismo. En Milán, hace unos días, Mario Borgezio, parlamentario europeo de la Liga, se ha aliado con un círculo neofascista llamado Cuore Nero".

Al mismo tiempo, la violencia en las ciudades es cada vez menos política, explica Ferrari. "Los jueces han detectado la presencia de bandas criminales en las curvas [de los estadios], que son lugares de comercio y negocios. Por ejemplo, en la afición del Inter, la Juventus, el Milan, que históricamente era más de izquierda y hoy está dominada por Los Guerreros Ultras, una banda criminal sin ideología. No estamos ya ante un fenómeno político cultural o deportivo, sino ante bandas de delincuentes que hacen negocios vendiendo entradas, droga, souvenirs. Aunque muchos grupos neofascistas han hecho proselitismo en los estadios".

Otro de los epicentros del fenómeno es Casa Pound, un movimiento y un centro social neofascista, llamado así en honor del poeta estadounidense Ezra Pound, situado en un edificio ocupado en 2003 en el barrio Esquilino de Roma. Su líder es Gianluca Iannone, periodista, ex miembro del Frente de Juventud (juventudes del Movimiento Social Italiano) y fundador de un sello discográfico independiente y de una banda de rock, los Zetazeroalfa. En sus conciertos, sus seguidores bailan mientras se pegan unos a otros con los cinturones. Iannone ha sido candidato a la cámara de diputados por Fiamma Tricolore y ha fundado Radio Bandera Negra.

El fútbol, el culto a Hitler, la música hardcore y el rock identitario, las ocupaciones de casas, la nostalgia del grupo Terza Posizione, que sembró el terror a finales de los setenta; el Blocco Studentesco, que reventó hace unos meses las protestas estudiantiles contra la reforma educativa del Gobierno; las agresiones continuas, las ideas de la Liga y de Forza Nuova elevadas a leyes de Estado, las frases revisionistas de Berlusconi sobre Mussolini ("no mató a nadie, mandaba a los opositores de veraneo"), y el férreo control de los medios de comunicación que ejerce el primer ministro conforman un panorama confuso, opaco, cada día más inquietante.

En Nazirock, una voz española, la de Manuel Andrino, jefe de Falange, hablando ante el congreso de Forza Nuova, aporta claridad: "¡Adelante, camaradas, hasta el exterminio total de los enemigos!".

"Legitimado, si no alentado desde el poder, cabalgando a lomos de la industria del miedo agitada por los medios de Berlusconi, y azuzado por la ignorancia, el nuevo fascismo italiano ha salido de las alcantarillas", afirma Claudio Lazzaro. "Pero sería erróneo afirmar que estamos en una dictadura y que Berlusconi es un neofascista. La historia no se repite nunca de la misma forma. Estamos frente a algo nuevo, ante una anomalía de los cánones de la democracia equivalente sin duda a lo que el fascismo representó en su día. Es un nuevo tipo de dictadura que trata de eliminar la separación de poderes y de esclavizar a la prensa. Es sin duda una deriva antidemocrática".

"Quizá se pueda llamar empresarismo autoritario", concluye Lazzaro, porque Berlusconi se comporta como un consejero delegado, y considera que la prensa y las televisiones son su órgano de información. En 15 años ha modificado el ADN de los italianos, ha sacado lo peor de nosotros y ya no nos reconocemos. Pero su técnica de marketing político es sencilla, estaba ya en Mi lucha, de Hitler: haz feliz al más ignorante, dirígete al más estúpido de la masa y así llegarás a los grandes números. Se trata de entenderlo, de darle un nombre y de combatirlo. Pero me temo que cuando lo hayamos entendido será demasiado tarde".