Desigualdades sociales en España



VICENÇ NAVARRO
Público


Según las cifras de Eurostat (la agencia de datos de la Unión Europea), publicadas en el último informe del Observatorio Social de España, OSE, (La Situación Social en España, volumen III), España es el país más desigual de la Unión Europea. Mírese como se mire, los datos hablan por sí mismos. El Coeficiente Gini (que mide el grado de desigualdad de un país) es el más alto de la UE y la distancia en el nivel de renta entre el 20% de la población de renta superior (que incluye la burguesía, la pequeña burguesía y las clases medias de renta alta) y el 20% de la población de renta inferior (la mayoría de clase trabajadora no cualificada) es la más elevada de la UE.

Las diferencias en la calidad de vida entre las clases sociales son también las más acentuadas de la UE. En indicadores que reflejan tal calidad, como son las cifras de mortalidad, las diferencias son enormes. Un burgués en España vive casi dos años más que un pequeño burgués, que vive casi dos años más que una persona de clase media de renta media alta, que vive dos años más que una persona de clase trabajadora cualificada, que vive dos años más que una persona de clase trabajadora no cualificada, que vive dos años más que una persona de clase trabajadora no cualificada con más de cinco años en el paro. La distancia en años de vida entre el último y el primero son diez años (repito, no diez días, o diez meses, sino diez años). El promedio de la UE son siete.

¿Por qué estas desigualdades? La causa mayor es el enorme poder económico, mediático y político que ha tenido históricamente y continúa teniendo el 20% de la población de la renta superior del país (que incluye, entre otros grupos sociales, a los creadores de opinión). Este grupo social (que en España se le llama clase alta) tiene una enorme influencia en el Estado español, causa de que sea el menos redistributivo de todos los estados de la UE. Según los mismos datos de Eurostat, las intervenciones del Estado español reducen la pobreza sólo 4 puntos, pasando de ser un 24% de la población (casi uno de cada cuatro españoles) antes de que intervenga el Estado a un 20% de la población (uno de cada cinco). En el promedio de la UE-15, el grupo de países de la UE de semejante nivel de desarrollo que España, la pobreza pasa de un 26% de la población a un 16%, una reducción de 10 puntos. Suecia (país donde históricamente las izquierdas han sido más fuertes) pasa de un 29% a un 12%, una reducción de 17 puntos. Esta reducción se da no sólo entre ricos y pobres sino entre todas las clases sociales.

Una causa importante de que el Estado español sea tan poco redistributivo se debe al escaso desarrollo de su Estado del bienestar, es decir, de las transferencias públicas (como las pensiones) y de los servicios públicos (como sanidad, educación, servicios del cuarto pilar del bienestar –como escuelas de infancia y servicios domiciliarios a las personas con dependencias–, servicios sociales, vivienda social, prevención de la exclusión social y otros), que tienen una gran importancia para explicar la calidad de vida de la ciudadanía y muy en particular de las clases populares, que son las que más utilizan tales transferencias y servicios. Ejemplo de la importancia de estas transferencias es que sin las pensiones, por ejemplo, el 62% de los ancianos en este país serían pobres.

Este subdesarrollo del Estado del bienestar se debe a su subfinanciación. El gasto público social por habitante es el más bajo de la UE-15. Y esta subfinanciación se debe a que los ingresos del Estado son reducidos, consecuencia de que la carga fiscal en España es la más baja de la UE-15, el 36% del PIB (el promedio de la UE-15 es el 46%; el de Suecia es el 55,5%). Decir que los impuestos son bajos, sin embargo, no es suficiente. Es cierto que la mayoría de impuestos en España son más bajos que en la UE. Pero en algunos tipos y para algunos grupos de la población los impuestos en España son mucho más bajos que en la UE-15. Y aquí no me refiero a los tipos (que a través de las exenciones se anula su efecto progresivo) sino a toda la carga fiscal, que es la más regresiva que existe en la UE-15. El 20% de la población de renta superior en España contribuye al fisco menos que sus homólogos en la UE-15 (parte de ello se debe al enorme fraude fiscal, entre otros, de la Banca, que tiene los beneficios más altos de la UE-15 y de los más altos del mundo, lo cual no se debe a su eficiencia sino a su enorme poder y excesiva influencia sobre el Estado). De ahí que, mientras lo que paga en impuestos un obrero en España no es mucho menos (en términos porcentuales) que lo que paga un obrero en la UE-15, lo que paga un burgués, sin embargo, es mucho más bajo que lo que paga su homólogo en el promedio de la UE-15.

Y ahí está el meollo de la cuestión. Las políticas fiscales en España son las más regresivas de la UE-15. Nuestro país es donde menos se respeta aquel principio –que fue la guía de las izquierdas– de que las políticas públicas debieran ir creando una sociedad en la que “a cada uno, según sus necesidades y de cada uno, según sus habilidades”. Indicar, como lo dijo recientemente Miguel Sebastián, que “los impuestos no están para redistribuir la riqueza, sino para obtener ingresos” (Público, 29-09-09), es no sólo abandonar unas intervenciones claves para redistribuir recursos, sino también renunciar al principio que debiera ser guía para un Gobierno socialdemócrata. Parecía que, por un momento, el presidente Rodríguez Zapatero, cuando habló de enfrentarse a los poderosos, así lo entendía. Por desgracia, las propuestas hechas no traducen este compromiso. Los “poderosos” no verán sus rentas afectadas seriamente y el Estado español continuará siendo el que en la UE menos redistribuya las riquezas del país, con lo cual un burgués continuará viviendo diez años más que un obrero.

Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas en la Universidad Pompeu Fabra y director del Observatorio Social de España

Blue Mountain: La vida del músico nunca es fácil


ESTEBAN HERNÁNDEZ
Ruta 66





Banda fundacional del alt-country, de esas que contribuyeron a definir el estilo, no gozaron, especialmente en Europa de la popularidad de otros grupos contemporáneos, caso de Son Volt, Wilco, Jayhawks o Bottle Rockets. Sin embargo, tenían todos los méritos para permanecer en la memoria del oyente: canciones crudas, intensas, de esas que revelan mucha mayor profundidad conforme las escuchas se repiten. Con esos esquemas, grabaron discos memorables, como «Dog Days» o «Homegrown». Esa música surgida del corazón, como la define su cantante, Cary Hudson, ha tenido continuación en dos discos editados en 2008, «Midnight in Mississippi» y la revisitación de viejos temas titulada «Omnibus». Discos que, en el peor de los casos, están a la altura de su legado. Acaban de visitar Barcelona y Madrid, donde ejercieron de teloneros (y grupo de acompañamiento) de Dayna Kurtz. Una inmejorable oportunidad para (re)encontrarte con una gran banda.

La mayor parte de la música exitosa es música sin raíces, en el sentido de que podría provenir de cualquier parte. Podría ser compuesta en Nueva York, en Londres, en Sidney, en Copenhague, en cualquier sitio. ¿Qué te parece? ¿Es bueno que no tengan raíces o, al contrario, la música siempre debe mostrar (o nunca debe esconder el lugar) de donde proviene?

En la música se refleja el lugar de donde ésta procede y es también, y sin remedio, un producto de su tiempo. Es verdad que la música de Radiohead no tiene un componente folk a lo Fairport Convention, pero hay algo esencialmente británico y muy de los noventa en su sonido. Creo que la música enraizada en las formas de arte tradicionales, como lo son el blues o el jazz, te puede dar acceso a un poder comunicativo que esos estilos han demostrado que tienen. Siempre que tengas claro que la cuestión esencial es la de usar esa forma para comunicar un mensaje personal más que para imitarla.

En ese sentido, ¿qué puede tener en común la música de alguien como tú, del Mississippi, con las vivencias cotidianas de alguien como yo, que vivo en Madrid?

En Mississippi o en Madrid, experimentamos las emociones del dolor y del amor, nos afectan las relaciones familiares, vivimos las mismas experiencias cuando llegan los tiempos duros o las tragedias. De modo que quizá los escenarios puedan ser diferentes, pero si escribo una buena canción me estaré dirigiendo a cualquiera que pueda sentirse vinculado a su contenido emocional, sea de donde sea. La popularidad del jazz y del blues en Europa son buenos ejemplos de estos. En mi caso, soy un gran fan del Capitán Alatriste, incluso si sus historias quedan muy de lejos del espacio y del tiempo en los que vivo.

Cuando empezasteis, se os consideró fundadores del alt-county, un movimiento que vivió un tiempo de auge mediático.

Cuando empecé con Blue Mountain nos consideraron parte de esa escena alt-country que incluía a Jayhawks o Uncle Tupelo… Me hice amigo de ambas bandas y creo que ninguno de ellos estaba interesado en empezar o en formar parte de una escena determinada. Estoy orgulloso de que me asocien con un estilo musical que incluye tanta gente que admiro, pero tampoco quise ser parte de esa masa que sigue la moda. Lo que queríamos era hacer la música que nos gustaba y esperábamos que también le gustase a alguien más.

En tus letras hay muchas referencias al pasado, a cómo eran los viejos tiempos y cómo son ahora las cosas. ¿Por qué?

Quizá porque me estoy haciendo viejo… Tengo 45 años, y estoy en la mitad de mi vida. Las cosas en mi ciudad natal, y en las ciudades que he visitado, y en las carreteras que he recorrido han cambiado tanto… De modo que cuento historias acerca del modo en que esas cosas me hacían pasar un buen rato y espero que haya alguien más que se divierta con ellas.

¿Te ves como heredero de alguna tradición musical? ¿Hay alguien de quien te sientas especialmente cercano?

Mis mentores son R.L. Burnside y Larry Brown, un novelista de Mississippi. De esos tipos aprendí mucho de lo que sé acerca de la escritura y de la música. Intento continuar su trabajo, pero entendiendo siempre que lo más importante es utilizar las influencias musicales que he ido recogiendo para construir mi propio estilo.

No parece que sea un buen momento para ganarse la vida como músico. Es un trabajo muy inseguro que ahora lo es aún más. ¿Influye esa precariedad en tus canciones?

Esa dificultad para ganarse la vida es un hecho en la vida de una artista: es lo que hay, por lo que no influye mucho en mi música. He tenido buenos y malos años y no creo que eso sea una cosa negativa. Me ayuda a mantenerme centrado y trabajando duro. Y creo que un artista que hace música desde el corazón y lo intenta con todas sus ganas, siempre encontrará un camino.

¿Cómo fue vuestro regreso? ¿Estás satisfecho de la acogida que recibieron tanto los dos discos que publicasteis el año pasado («Midnight in Mississippi» y el recopilatorio «Omnibus») como vuestros conciertos?

Es genial tocar de nuevo con Laurie. Estuvimos juntos durante diez años antes de romper y, en ese tiempo, desarrollamos una gran química musical, de esa que sólo aparece tras muchos años de práctica y de tocar en vivo. Una de las cosas que más nos comentan nuestros fans, y que más satisfecho me hace sentirme, es que les gustó «Midnight in Mississippi» tanto como «Dog Days», del que suele decirse que es el mejor trabajo de Blue Mountain. Nuestras giras por EE.UU. fueron bien y también hicimos una gira por Holanda y Alemania que fue muy bien recibida. Estaremos en España con nuestra amiga Dayna Kurtz. Hemos girado en cinco ocasiones por Alemania y Holanda, pero nunca por España, y estoy entusiasmado con la idea.

Hablando de «Dog Days», habéis reeditado ahora un álbum esencial para la historia del alt-country. ¿Qué sorpresas pueden encontrar en la reedición quienes ya conocieran el disco? Y, como curiosidad, me parece llamativo que alguien recuerde a Jimmy Carter, un político al que hoy todo el mundo critica.

El nuevo «Dog Days» tiene canciones que no estaban en el álbum original y una selección de fotos de nuestra carrera. Estoy muy orgulloso de este álbum. Y escribí sobre Jimmy Carter después de una larga conversación con mi padre… A él no le gustó como presidente y escribí la canción para decir que además de un gran presidente es un gran hombre. Tiene una personalidad interesante y un buen gusto musical. Willie Nelson tocó en su investidura y decía que había estado fumando hierba en el tejado de la Casa Blanca…

«Generic America» es, de entre vuestro repertorio, una de mis canciones preferidas.

Trata sobre el modo en que las comunidades a menudo pierden los rasgos que las definen cuando los pequeños negocios son sustituidos por las grandes corporaciones y los grandes centros comerciales. He viajado por América durante 25 años y ahora todas las salidas de las autopistas parecen la misma. Es probable que haya todavía muchos sitios especiales en EE.UU. y quizá haya sido estúpido escribir esa canción, pero ese era el modo en que me sentía cuando la escribí.

SITEL: un sistema de espionaje creado en 2001 y desconocido todavía por los jueces


Tras el atentado de las Torres Gemelas y antes de que el Gobierno de Aznar obtuviera la presidencia semestral de la UE, se encargó este sistema de espionaje a Ericsson, que todavía desconoce el mundo judicial

HÉCTOR ROJO LETÓN
Diagonal




Treinta y seis millones de euros pagó en 2001 el Gobierno de Aznar a la multinacional Ericsson para que desarrollara un sistema de intercepción de llamadas telefónicas, lo que podría ser una adaptación para el Estado español del Interception Management System. Entonces el Partido Popular lo adquirió, desarrolló e implantó, aunque hasta la llegada de Zapatero a la Moncloa no se “procedió a activar dicho software, y además se generalizó su uso sin debate alguno y casi clandestinamente, no consta acto demostrativo alguno de su puesta en servicio”, explica en un escrito dirigido el 23 de septiembre al Defensor del Pueblo Víctor Domingo, presidente de la Asociación de Internautas, para que se inicie una investigación en relación con el funcionamiento del Sistema Legal de Interceptación de las Comunicaciones (SITEL).

No es la primera vez que una denuncia sobre SITEL llega a alguna de las más altas instituciones del Estado. En 2006, el entonces teniente fiscal de Madrid informaba al fiscal general del Estado que era imposible un control judicial de este sistema como exige la jurisprudencia del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos, el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo, para que las interceptaciones obtenidas mediante estas tecnologías puedan ser utilizadas como medio de investigación y prueba válido jurídicamente. “El disco que contiene la información que se entrega al juez no está acompañado de certificado digital alguno, ni está firmado electrónicamente, ni cifrado, por la sencilla razón de que no existe autoridad expedidora de tales certificados”, explica Internautas al Defensor del Pueblo. Por ejemplo, Miguel Ángel Gallardo, perito criminalista, denuncia a este periódico: “La Agencia de Protección de Datos (APD) debería garantizar que esta conversación no está intervenida”, pero desde la Agencia no tienen ningún conocimiento sobre el funcionamiento de SITEL, como aseguran a este periódico. Por su parte, el fiscal Martínez hace un llamamiento a que esta agencia sea la responsable de emitir esos certificados digitales, “es una tecnología muy poderosa que debe ser regulada bajo controles democráticos y judiciales muy fuertes, lo debería supervisar el presidente de la Agencia de Protección de Datos”, recalca.

Este sistema de espionaje, responsabilidad del Ministerio de Interior, fue regulado por el Gobierno con un Reglamento “evitando que la opinión pública pudiera tener conocimiento de la puesta en marcha de una herramienta terriblemente invasiva para la intimidad”, denuncia Domingo al Defensor del Pueblo. Por este modus operandi gubernamental, la Asociación de Internautas decidió recurrirlo, sin saber que ya estaba funcionando, ante el Tribunal Supremo en 2005. Tras varios años de espera, entendidos por esta asociación como tiempo para que el Gobierno pudiera normalizar la situación, se conoció la sentencia que desestimaba la demanda porque durante el desarrollo del proceso había sido promulgada la Ley 25/2007 de conservación de datos relativos a las comunicaciones electrónicas y a las redes públicas de comunicación que elevó a rango de ley gran parte del contenido del reglamento. Pero la sentencia no aclara si la Ley ordinaria es suficiente para regular Sitel o no, tal y como defiende Internautas, criterio que también comparte el magistrado discrepante del parecer de la Sala Óscar González que formuló un voto particular. Según este juez el Tribunal debería de haber elevado la cuestión al Constitucional, para que revisase la ley ya que, según el TC o el TEDH, “el secreto de las comunicaciones no sólo cubre la conversación, sino también la identidad de los interlocutores”, lo cual colisiona con la regulación española.

Ni dónde, ni cómo

“Ni siquiera se sabe quiénes son los directores de los centros, ni dónde están ubicados”, afirma Martínez, que corresponden al Centro Nacional de Inteligencia, Guardia Civil y Policía Nacional, este último operado por Fujitsu España Services, y que según el BOE se encontraría en las instalaciones del Complejo Policial de Canillas. Esta concesión le ha supuesto a la compañía informática unos ingresos de 854.400 euros.

A las denuncias de la facilidad con que se pueden modificar las grabaciones obtenidas por SITEL, se añade su desconocimiento por parte del mundo judicial. “No sabía de la existencia de SITEL, ni de que se haya puesto en marcha plan de formación alguno”, ha denunciado José Luis Requero, ex vocal del Consejo General del Poder Judicial.

Digitalización del espionaje Los ‘pinchazos’ de teléfonos es algo prácticamente del pasado, como sucedió con las llamadas grabadas ilegalmente a empresarios, políticos, periodistas e, incluso, al rey, entre 1983 y 1991 por parte del antiguo CESID, que se conocieron al descubrirse el escándalo de los GAL. Al igual que con la operación Columna, los primeros guardias civiles que intentaron sindicarse también fueron pinchados.

Hoy escuchar un teléfono ajeno es mucho más sencillo, con un simple barrido de la señal, y es imposible detectarlo. También se puede utilizar software en las tarjetas SIM, comercializados bajo la excusa del control infantil por parte de sus padres. Otra forma de espionaje es activar de forma remota el micrófono del móvil que se puede detectar por el mayor consumo de batería, por su calentamiento o por interferencias en otros aparatos como radios o televisiones. Además para poder evitar esta intercepción de las comunicaciones existen páginas webs (cryptosms.org) para cifrar los mensajes de texto.

Mientras tanto, la UE está financiando el Proyecto Indect con 10 millones de libras junto a la policía de Irlanda del Norte y la Universidad de York, entre otras instituciones europeas. Este proyecto, que se desarrollara hasta 2014, tiene previsto crear un software para controlar la información que circula a través de la red.