Jim Jones Revue, la hormigonera del rock and roll


J.F. LEÓN
Sonicwave magazine




Hace sólo unos meses la Jim Jones Revue nos noqueó con su homónimo álbum de debut, una pelota de engrudo ruidoso que rezumaba las mismas toxinas que el primigenio rock and roll de Jerry Lee Lewis y Little Richard, pero aderezado por el background de unos músicos amamantados con el garage y el high energy de Detroit. Su paso por nuestro país en mayo sólo sirvió para refrendar que son una apisonadora y provocaron entre los asistentes una resaca sónica realmente antológica. Su propuesta sobre el escenario limaba esas estruendosas y saturadas aristas que provocó una grabación (quizá demasiado) lo-fi. Ahora vuelven a nuestro país (21 de octubre Sidecar en BCN, 22 Gruta 77 en Madrid, 23 Helldorado en Vitoria y 24 Tronar Fest en Mieres) con un compacto, “Here To Save Your Soul”, que compila las seis canciones de los tres singles editados hasta la fecha y dos nuevas canciones: “Burning Your House Down” y “Elemental”. Hablamos con Jim Jones sobre su banda y también sobre sus anteriores proyectos: los necesarios y reivindicables Thee Hypnotics y Black Moses.

Vuestro álbum de debut ha supuesto un soplo de aire fresco para los que amamos el rock and roll de los años cincuenta...

Es la razón por la que montamos el grupo tras tantos años escuchando los discos de Jerry Lee Lewis y Little Richard y toda esa música que nos llegó a mediados de los cincuenta, en particular desde Nueva Orleáns. Y eso es algo que ya no se ve, porque los Stray Cats eran más rockabilly que rock and roll. También hay bandas de rock and roll con piano, pero suenan demasiado limpias, tan perfectas que parecen música lounge. En 1955, en el Dew Drop Inn de Nueva Orleáns había tocando bandas que en aquel momento eran algo jodidamente excitante. Eran algo revolucionario, equivalente al punk rock, música que salía directamente de las tripas, con pasión. Me hubiera gustado estar allí. ¿¡Por qué no hay nadie ahora que haga eso!? Es algo así como meterte alcohol puro directamente, sin zumo de frutas… ¡Eso era al principio el rock and roll, su receta original! Después con los años la gente ha ido añadiendo cosas, un poco de esto, un poco de aquello, han conseguido otros cócteles, pero nosotros queríamos ir al origen y captarlo con toda su crudeza. Por eso me gusta que digas que es un soplo de aire fresco, porque intentamos recuperar esa energía, y una de las claves de nuestro sonido es que tiene un poco de swing además de la rabia del punk rock. Porque hay mucha gente que toca punk rock, pero no tienen swing. Así que nos gusta combinar esas dos cosas que forman parte de la receta original.

Hay gente que también os ha comparado con MC5 y con los Sonics, por vuestra conexión con su sonido y actitud. En cierto modo también tenéis algo de ese garage y rock’n’roll salvaje que hacían los Sonics en los sesenta… Quizá no pretendáis sonar como los ellos, pero las dos bandas bebéis de las mismas fuentes, tenéis un piano poderoso y grabáis en muy pocas pistas, con un sonido muy crudo.

La comparación es buena, pero te aseguro que no era lo que buscábamos. Los Sonics me encantan y podemos sonar un poco como ellos, pero, al igual que nosotros, intentaban sonar como Little Richard. Sin embargo, las bandas que pretenden sonar como los Sonics, por lo general, acaban sonando como los Stooges. A todos nos gustan otras bandas, de hecho después de un par de ensayos nos paramos a pensar y nos pareció que sonábamos como Little Richard tocando con MC5, así que no es tan descabellado. A los Sonics les vi el año pasado y tuvimos la oportunidad de conocerles en los camerinos y son unos encantadores señores mayores.

Para mí fue una gran decepción porque amo su música, pero me encontré con una banda que sonaba demasiado limpia…

Entiendo lo que quieres decir, parecen más bien turistas en estos momentos. Pero eso no implica que debamos perder el respeto a esos discos que hicieron, aunque ya no mantengan esa magia. Afortunadamente ahora hay otras bandas que recogieron ese legado y espero que nosotros seamos una de ellas.

Imagino que no os gustaría que os encasillaran como banda retro que simplemente recrea ese rock and roll...

No me importa. Me gusta la música retro… Si es buena, claro. Nosotros sólo queríamos recrear la emoción y energía de esa música, aunque tampoco pretendemos sonar exactamente igual que los años 50, pero nos encantaría conseguirlo. Pero no creo que sea posible porque tocamos instrumentos distintos, porque nuestro background musical es diferente. Tampoco es algo que me quite el sueño y en cualquier caso no tenemos nada que ver con esas bandas que de un modo totalmente premeditado escogen la ropa y el corte de pelo. Conozco a unos cuantos metido sen el mundo rockabilly y andan preocupados de la marca y del año de fabricación de los vaqueros. Lo mismo pasa con gente de la escena northern soul, son muy tiquismiquis con lo que se puede y no se puede llevar. Yo quiero que las cajeras del supermercado vengan a mis conciertos, no me interesa ese rollo casi esotérico de tener que conocer tal o cual referencia. Lo nuestro es algo que va sobre energía y bailar: rock and roll… ¡Y es para todo el mundo!

La comparación es obligada Little Richard y Jerry Lee Lewis, sobre todo por el piano. Supongo que es algo que no os molestará puesto que incluso hacéis canciones de ellos...

Son una grandísima influencia para nosotros y si alguien nos llegara a decir que sonamos como ellos sería fantástico. Es muy difícil tocar como esos creadores del sonido: lo cogieron del cielo y lo pusieron a los pies de la gente para que lo pudiesen bailar, nosotros sólo recogemos el testigo e intentamos llevarlo.

Muchos consideran a Lewis y Richard como los primeros precursores del punk, ¿estás de acuerdo?

Sí, pero no fueron sólo ellos dos, también estaba Link Wray y otros cuantos más.

Por otro lado, el sonido de vuestro disco os conecta directamente con el siguiente eslabón en el árbol genealógico del punk: las bandas de garage del northwest…

Sí, me gusta como suena eso.

El sonido de vuestro disco es muy crudo, con la mezcla muy saturada, grabado en pocas pistas y en primeras tomas. ¿Intentabais recuperar el espíritu de los orígenes del rock’n’roll o es que realmente era lo que os podías permitir por culpa del presupuesto?

Un poco de las dos cosas: porque el presupuesto era muy bajo y porque queríamos captar la energía del directo, plasmar como sonábamos en ese momento. Con lo poco que teníamos intentamos sacar el máximo partido y como no podíamos permitirnos un productor lo hicimos nosotros y apostamos por la crudeza en lugar de intentar hacerlo de un modo más estándar, no habría tenido demasiado sentido y no habría reproducido esa sensación que transmitimos en directo. Lo que nos sorprende es que pese a esa crudeza incluso nos han pinchado en cuatro o cinco programas distintos de la BBC, ha sido sorprendente, porque somos demasiado ruidosos.

¿Tenéis planes ya para un nuevo trabajo?

Tenemos ya algunas canciones nuevas que tocamos en directo y en cuanto el momento sea el adecuado entraremos a grabar un nuevo disco. Estamos mirando algunos sitios para hacerlo y valorar si repetimos el método de trabajo o si damos un paso hacia delante. Tenemos que pensarlo cuidadosamente, porque no queremos dejar de transmitir la energía, furia y grado de locura del primer disco. Quizá en lugar de grabarlo en dos días lo hagamos en tres (risas).

Tras liderar dos de los proyectos más interesantes de los últimos veinte años -Thee Hypnotics y Black Moses- y de que fracasaran ambos a nivel comercial, imagino que a estas alturas ni esperas ni buscas triunfar...

Sí, es cierto, pero estamos encantados de recibir tanta atención, porque la banda la pusimos en marcha simplemente para nuestra propia satisfacción. Creo que lo que hacemos ahora es más fácil de entender, es algo más sencillo, no hace falta entender las referencias como pasaba con mis anteriores proyectos. Lo que hago ahora es mucho más directo y aunque no la vas a escuchar en el supermercado creo que la gente normal lo puede comprender y es fácil de bailar. Por eso creo que está funcionando.

Pero debe de ser algo frustrante vivir en un país con una gran tradición musical importante y ver como la gente se preocupa sólo por las chorradas que publicita la NME...

Estamos tan acostumbrados a eso que nos da un poco igual, no nos preocupan las modas, no tenemos quince años y es mucho más importante ser uno mismo. Aunque hay mucha gente haciendo rock, swing o rockabilly no creo que haya nadie más haciendo lo que nosotros y me encanta esa sensación. Es como cuando encuentras un coche antiguo que no es fácil de conducir, pero cuando estás en movimiento te sientes muy bien, como si estuvieras huyendo en tren, es algo muy bello.

Este nivel de estupidez del público crees que es algo actual o hasta que momento se puede remontar?

Simplemente no pienso en ellos, es como pararse a pensar en los racistas o los fascistas, sabes que están, pero es mejor no pensar en ellos.

Te lo comento, porque en más de una discusión con amigos hay quien apunta a que el fenómeno musical de los sesenta se sustentaba más en la moda y en el apoyo de las revistas más que en la música en sí misma... ¿estás de acuerdo?

Básicamente es una cuestión de los medios, que están más presentes en todos sitios, en nuestras vidas… ¡Y ya sabemos como funcionan! Hay anuncios en Internet y en cualquier sitio, diciéndole a la gente como debería ser su vida… Y la gente es vaga, les gusta la música pero no les importa verdaderamente, sólo quieren tenerla de fondo en sus vidas y dejan que los medios les escojan esos discos, ¡si realmente les importara se molestarían en elegirlos ellos! La estupidez es más grande porque los medios son más grandes y poderosos, pero creo que el ratio es el mismo, es decir: ahora tienen más poder y por tanto hay más estupidez. En Inglaterra cuatro o cinco millones de personas siguen Gran Hermano cada noche, ¿qué puedes esperar? No me importa esa gente, no les odio, pero no cuentan para mí.

Hay unos cuantos británicos que actualmente están desempolvando el sonido de décadas pasadas y lo están haciendo muy bien: Imelda May, James Hunter, Kitty Daisy & Lewis... ¿te gustan?

Kitty Daisy & Lewis son amigos nuestros y son encantadores y a los demás no les conozco. Mi guitarrista me ha dicho que Hunter ha tocado con Morrison y que es bueno y que Imelda está haciendo un estilo casi olvidado, pero etá demasiado enfocada hacia el mainstream.

Hablemos un poquito de tu pasado, yo os vi actuando a los Hypnotics como teloneros de The Cult en 1991 y me enganchasteis completamente. Unos meses después vinisteis a un club y no entendía como estábamos sólo cien personas después de que os hubieran visto cinco mil. Imagino que eso tiene que ser decepcionante y te puede llevar a plantearte la continuidad en el negocio.

Fueron unos días interesantes y aprendí un montón sobre la gente y la vida, también sobre la música. Pero creo que es lo mismo que te comentaba antes: medios de comunicación, discográficas… Si no creen que tu música sea lo suficientemente comercial no van a invertir en ella y eso te afecta, al final es todo lo mismo: si pueden sacar tajada o no. Supongo que no éramos lo suficientemente comerciales.

Supongo que en la búsqueda de algo de comercialidad se cruzó en vuestro camino Chris Robinson.

Chris vio algo en los Hypnotics y pensó que nos iría bien e intentó que nos conociera más gente. Pero cuando el disco estaba terminado, American Recordings -nuestra discográfica- andaba preocupada con un gran problema legal con otra discográfica, Polygram, creo. Se gastaron un montón de dinero en abogados y tuvieron que hacer recortes presupuestarios. Evidentemente se centraron en las apuestas seguras como Black Crowes y a las bandas pequeñas no nos pudieron promocionar como en principio tenían pensado… ¡Mala suerte!

¿Qué te parece ahora ese disco, “The Very Cristal Speed Machine”- y el cambio de sonido que implicó en los Hypnotics?

En ese momento estábamos muy interesados en algo más rock, tipo Grand Funk, y Chris nos animó a sacar lo mejor de nosotros mismos aportando un toque sureño y fue fantástico. Pero tampoco es algo en lo que piense demasiado ahora, es como un recuerdo lejano y borroso.

A Black Moses le diste menos oportunidades que a los Hypnotics, ¿por qué?

En cierto modo pasó un poco lo mismo que con Hypnotics, tuvieron su recorrido y su oportunidad: grabamos unos discos y lo intentamos. Pero cambiamos de bajista y la creatividad sólo aguantó un tiempo antes de volverse algo decadente y limitarse prácticamente a ponernos demasiado ciegos. En los últimos meses de la banda ya me estaba planteando con Rupert hacer un rock and roll más de los 50, con piano… ¡Y apareció Elliot casi por casualidad! Y el resultado fue fantástico, todavía me resulta increíble que nadie le hubiera sacado más partido antes, es una auténtica bomba de relojería.

¿A la escena rockabilly le gusta vuestro disco?

Algunos vienen al show, pero tampoco estoy muy interesado en esa escena, es muy elitista. Evidentemente compartimos gustos: Johnny Brunette trio o la increíble guitarra de Cliff Gallup y, por supuesto, Elvis, Jerry Lee…Supongo que hay de todo. En Irlanda coincidimos con unos americanos tatuados que se llamaban Hillbilly Casino y les encantó lo que hacíamos, incluso nos invitaron a subir al escenario con ellos…

SICAV, un refugio fiscal para las ricos y famosos


Las SICAV, uno de los instrumentos de inversión preferidos por los más ricos, no han sido tocados por los cambios de los impuestos aprobados por el Gobierno español, pero además también es cuestionable el propio tratamiento de la industria financiera. Se trata de una Sociedad Anónima, pero no tributa según el Impuesto de Sociedades de una empresa convencional, sino sólo al 1% y está exenta de algunos impuestos

ALBERTO CASTRO
Gara




La SICAV es un híbrido entre sociedad anónima y fondo de inversión y tributa al 1% en el Impuesto de Sociedades. La reforma fiscal prevista por el Gobierno Zapatero no prevé ningún aumento, pese a las peticiones realizadas desde distintos sectores sociales y sindicales. La SICAV es uno de los vehículos de inversión favorito de los ricos y famosos. Los defensores de una mayor justicia tributaria, sin embargo, prefieren centrar la discusión sobre el propio tratamiento de la industria financiera, más allá de una coyuntural elevación de los impuestos para estos refugios de rentas millonarias.

¿Qué es una SICAV?

La SICAV, Sociedad de Inversión de Capital Variable, es una sociedad anónima acogida a la legislación propia de las Instituciones de Inversión Colectiva (fondos). Para su constitución debe contar, al menos, con 100 socios y un capital mínimo de 2,4 millones de euros.

Sus inventores fueron Felipe González y Miguel Boyer. Pretendían evitar la fuga de los ricos a otros países con legislaciones más benignas para el tratamiento tributario de sus capitales. Los gobiernos del PP no han movido tampoco un dedo para cambiar las cosas.

¿Cuáles son las ventajas fiscales que las hacen tan atractivas para los ricos y famosos?

La SICAV, a pesar de ser sociedad anónima, sólo tributa al 1% por el Impuesto de Sociedades, frente al 30% actual (Estado español). No paga el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados en la constitución, aumento de capital, fusión o escisión de la sociedad. Las ganancias patrimoniales, sin embargo, están gravadas al 18% actual, tal como sucede con los rendimientos de los partícipes en un fondo de inversión. Del mismo modo, los socios pueden diferir los pagos fiscales hasta el momento que se considera más beneficioso.

Por eso, es especialmente atractiva su utilización como regulador general de los flujos de beneficios y pérdidas a la hora de confeccionar las declaraciones de renta por parte de los accionistas, en su mayoría socios de otras compañías, propietarios y ejecutivos. En la práctica, sirven para acumular rentas millonarias a la espera de oportunidades.

¿Qué otras ventajas pueden darse dentro de una SICAV?

La principal ventaja de la SICAV, más allá de las fiscales, se encuentra en el control de la inversión, algo imposible de llevar a cabo en un fondo de inversión, cuya gestión escapa a la voluntad de los partícipes.

Otra ventaja, de hecho ilegal, es el gobierno de la mayoría de estas sociedades por inversores particulares o grupos familiares, lo que contraviene de forma manifiesta la condición de contar como mínimo con 100 socios para poder optar al régimen especial de tributación.

Los socios que completan ese número no tienen ni voz ni voto y se les denomina en el argot como «mariachis». También es destacable el celo con el que se guardan las identidades de los accionistas, fuera del registro mercantil y bajo la tutela exclusiva de la CNMV.

¿Cuántas SICAV existen ahora en el Estado español?

Según el último dato ofrecido por la CNMV, habría 3.347 sociedades. Entre todas estarían gestionando aproximadamente 27.000 millones de euros. Este patrimonio correspondería, teóricamente, a unos 440.000 socios. La primera SICAV, de nombre Consulbic, se constituyó en Bilbo en 1985. En los últimos cinco años han pagado 56,6 millones de euros en el Impuesto de Sociedades y han obtenido más de 8.000 millones de beneficios. Entre los ricos y famosos que utilizan este vehículo selecto de inversión se encuentran Emilio Botín (Banco Santander), Esther Koplowitz, Amancio Ortega (Inditex), Rosalía Mera -esposa de Amancio Ortega-, la Conferencia Episcopal de Antonio María Rouco Varela -su Sicaav Umasges ya ha sido liquidada-, el Arzobispado de Astorga, el de Oviedo, Rafael del Pino (Ferrovial), José Manuel Entrecanales (Acciona), Pedro Almodóvar y Chicho Ibañez Serrador.

¿Qué limitaciones tienen las SICAV para disfrutar de sus beneficios?

Las SICAV deberán tener el 90% del activo invertido en valores mobiliarios emitidos en mercados organizados y no podrán invertir más del 5% en una misma entidad. El coeficiente de liquidez deber ser, al menos, del 3%. Por tanto, la SICAV sólo dispondría de un 7% de su patrimonio para ofrecer a los accionistas el disfrute de sus bienes propios o alquilados sin coste adicional alguno. Estas sociedades anónimas especiales deberán cumplir una serie de requisitos de funcionamiento y atender a las exigencias del control de la CNMV. Además, necesitan un mínimo de socios y capital para su constitución.

¿Cómo se llegaría a una tributación más justa para las SICAV?

Para algunos especialistas, lo primero sería hacer un seguimiento efectivo del cumplimiento de las condiciones de constitución y funcionamiento.

Para empezar, tal como dejó demostrado una inspección generalizada de Hacienda en 2005, un gran número de los inversores en esas entidades eran ficticios. Es decir, estaban contratados para la ocasión o, incluso, aparecían inscritos sin su consentimiento expreso. Esta realidad objetiva invalidaría, tal como reclamaban los inspectores, ese tratamiento favorable del 1% en el Impuesto de Sociedades. La ley, decían, no se cumple, y por tanto deben pagar el impuesto íntegro como el resto de sociedades anónimas.

Todo quedó zanjado cuando el primer Gobierno de Zapatero, con apoyo del PP y CIU, retiró la facultad de controlar los requisitos a Hacienda y se condonaron las deudas tributarias afloradas por las inspecciones. Desde ese tiempo, no se conoce expediente alguno al respecto por parte de la CNMV, encargada de verificar el cumplimiento de las normas de constitución.

Sin embargo, hay otras opiniones que van más lejos y no se enredan en las disquisiciones sobre el nivel de las cargas tributarias. Bajo esta óptica, lo pertinente es hacer un cambio más profundo en la tributación a nivel europeo, a fin de mantener una misma política a la hora de fijar el momento del pago del impuesto.

Se cree más justo el pago allá dónde se obtiene el beneficio y no en el lugar de residencia de la empresa. Esta visión afecta también a la industria financiera, que pasaría a ser tratada como cualquier otra. Por lo tanto, el debate sobre la subida del impuesto de sociedades no iría al corazón del problema.

¿Qué alegan sus defensores?

La razón fundamental, pese a todas las vueltas que le den, es sólo una: si se les exigen más impuestos, se irán a otros países donde sea más fácil obtener suculentas rentabilidades. También podrían trasladar su patrimonio a una sociedad europea bajo legislación menos restrictiva. Este fue y es el verdadero argumento del PSOE y el PP para defender su existencia.

Desde el punto de vista fiscal, también se proclama que los accionistas de una SICAV tienen «ligeras» desventajas con el resto de contribuyentes.

Dicen que, además del mínimo Impuesto de Sociedades, los accionistas tienen que hacer frente a las retenciones ordinarias (18%) y, en su tiempo, al pago por el Impuesto del Patrimonio. Reclaman, incluso, que lo más justo para evitar la doble imposición sería declararlas totalmente exentas del impuesto de sociedades, tal como se hace en otros países.