1372 Overton Park, Lucero (2009)


KEPA ARBIZU
Lumpen




Resulta obvio que estamos viviendo un buen momento para cierto tipo de rock americano. No parece factible que esa situación se pueda sustentar únicamente gracias al trabajo que realizan algunos nombres ilustres del género, más bien al contrario, lo que sí parece la causa real es la existencia de una base formada por grupos que, sin grandes nombres, atesoran gran calidad a lo largo de los años. Uno de los más reseñables es Lucero.

Originarios de Memphis, pasan por ser uno de los representantes más “duros” de dicho género. Cuentan con un poso eminentemente country-rock, pero también, con una fuerte pegada a base de guitarras crudas que les hacen rallar, en ocasiones, con el punk. Liderados por Ben Nichols, compositor, guitarrista y cantante, es en esto último donde destaca y consigue ser una de las marcas del grupo, gracias a su tono de voz robusto y desgarrado. Tanto es así que no ha desaprovechado la oportunidad de sacar, este año, un EP en solitario, dando rienda suelta a su lado más reflexivo y clásico.

1372 Overton Park es el título del nuevo disco de Lucero. La dirección a la que hace referencia es además del lugar donde residían ellos mismos hace algún tiempo, un lugar por el que se movía habitualmente Elvis Presley. En esta ocasión el productor ha sido Ted Hutt, antiguo componenete del grupo irlandés de punk-folk Floggin Molly, conocedor perfectamente de este tipo de música gracias a sus trabajos con gente como Gaslight Anthem, Tim Easton o Chuck Ragan.

Pero la gran novedad de este trabajo se centra en el sonido “soul” que se suma a las influencias habituales del grupo, Drive by Truckers, Bruce Springsteen, Replacements. En parte es debido al influjo que en ellos ha creado grabar en los míticos Ardent Studios, pero también, y principalmente, por la colaboración de personajes de la talla de Jim Spake, habitual en las bandas de genios como Al Green, Ray Charles, etc. Con esos mimbres es mucho más fácil captar el sonido de Memphis, y más, si a eso le añadimos la pericia que demuestran Lucero.

“Smoke”, el tema inicial, se limita a continuar la senda del grupo en todos estos años. Puro rock americano, con sabor a clásico, guitarras duras y la rotundidad que ejerce el tono de voz de Nichols. Es en “What are you willin to lose?” donde la sección de metales toma protagonismo y el mencionado estilo toma un nuevo sabor. De igual manera sucede con “Sounds of the city” y en la magnífica y sureña “Sixes and sevens”.

Aunque es más que evidente el nuevo matiz en sus temas, no renuncian a esas adrenalíticas canciones típicamente suyas. A causa de “Johnny Davis” y “Halfway wrong” es imposible no mover los pies en respuesta a la andanadas que infligen. Más setenteros, al estilo de los Diamond Dogs, suenan en “The devil and Maggie Chascarrillo”.

Pero como han demostrado a lo largo de los años, Lucero no sólo son intensidad expresada en fuerza, sus sentidos medios tiempos al estilo de, por ejemplo, Drive by Truckers, también poseen su sello. “Can’t feel a thing”, “Hey darlin’ do you gamble?” y la estremecedora “Darken my room” son unos ejemplos perfectos de la facilidad que tienen para mantener la tensión. “Goodbye again” y “Mom”, la que cierra el disco, son los dos momentos más relajados y melosos que aparecen. La primera con un aire a balada soul y la sigiuente algo más cruda, tal y como haría alguien como Patterson Hood.

Lucero siempre ha sido una banda, como otras tantas de su generación, que llevan a sus espaldas mucho de la tradición americana. Hasta ahora se habían dedicado especialmente a dotarle de fuerza rockera a esa herencia. Es en este 1372 Overton Park, cuando deciden dejar pasar aires de soul a sus composiciones. Como siempre, lo importante no es lo que se haga sino cómo se haga, y hasta ahora ellos nunca han defraudado, no es su nuevo trabajo una excepción.

El grito latino resuena en El Barrio


El museo neoyorquino reabre con una muestra sobre el peso del arte hispano en EE UU. Siqueiros marcó a Pollock, y Covarrubias, a los caricaturistas de los años 30



BARBARA CELIS
El País




El expresionismo abstracto no hubiera sido el mismo sin el muralismo mexicano y a los caricaturistas estadounidenses les habría faltado algo sin la influencia de sus vecinos del sur. El Harlem hispano, también conocido en Nueva York como El Barrio, tiene desde esta semana un renovado y flamante escaparate en el que mostrar cómo los artistas hispanos han contribuido a engrandecer el mundo artístico de una urbe que durante mucho tiempo ha tratado a los latinos como ciudadanos de segunda clase. Hace 40 años, en plena explosión del llamado nuyorican movement, se inauguraba en un aula de un colegio de East Harlem el Museo del Barrio. La idea era sacar a la luz el arte de los puertorriqueños, entonces los latinos con mayor presencia en Nueva York y a los que el establishment cultural ignoraba.

Cuatro décadas más tarde, y con una población latina que supera los dos millones de habitantes, el Museo del Barrio reabre sus puertas tras un año y medio de obras. Lo hace en la misma sede de la Quinta Avenida que ha ocupado desde 1977, pero con una nueva fachada, nuevas galerías y, sobre todo, una misión muy clara: subrayar el peso del arte latino en la evolución artística de la ciudad. "El eje de esta nueva etapa se expresa particularmente bien a través de la exposición con la que reinauguramos el museo: Nexus New York: Artistas Latinos / Estadounidenses en la metrópolis moderna. En raras ocasiones se ha mostrado el peso que han tenido creadores como De Zayas o Torres García en sus contemporáneos neoyorquinos", explica Julián Zugazagoitia, director del museo y cerebro de una exposición comisariada por Deborah Cullen.

La muestra recorre el siglo XX desde sus inicios hasta la II Guerra Mundial con más de 200 obras de artistas cubanos, peruanos, uruguayos o mexicanos que visitaron Nueva York, enseñaron en sus escuelas o residieron en la ciudad en algún momento de su vida, influyendo e intercambiando ideas, técnicas y estilos que dejaron su impronta en los artistas estadounidenses que les conocieron y cuyas obras también se muestran aquí. La exposición crea conexiones entre creadores latinos y celebridades neoyorquinas como Alfred Stieglitz o Jackson Pollock, a quienes su encuentro con artistas como Marius de Zayas o David Alfaro Siqueiros cambió su trayectoria.

Y es que son precisamente las relaciones personales las que configuran el hilo conductor de una muestra que arranca con una serie de obras de la pareja formada por el cubano Carlos Enríquez y la estadounidense Alice Neel quien, tras viajar a La Habana en los años veinte, cambió completamente su estilo y asumió reivindicaciones políticas y sociales que se llevó consigo a Nueva York.

Amén de ser el anfitrión de Rivera y el artífice de su estancia neoyorquina -durante la cual el esposo de Frida Kahlo pintó su polémico mural para el Rockefeller Center- la importancia del paso del mexicano De Zayas por Manhattan queda clara en su relación con Stieglitz. Fue De Zayas quien en 1911 recomendó al fotógrafo y crítico que invitara a Picasso a exponer por primera vez en Estados Unidos en su galería, la célebre 291, por aquel entonces la más atrevida de Nueva York. También fue él quien introdujo en Estados Unidos el concepto de poesía visual a través de una revista que dirigió él mismo con el apoyo de Stieglitz y que también se llamó 291.

Obras del uruguayo Joaquín Torres García aparecen junto a obras del futurista Joseph Stella, así como caricaturas del mexicano Miguel Covarrubias, quien trabajó durante los años veinte y treinta para la revista Vanity Fair e influyó abiertamente en todos los caricaturistas estadounidenses de la época.

El taller experimental impartido por David Alfaro Siqueiros en 1936 fue clave en la evolución artística de Philip Guston y Jackson Pollock, que asistieron a su laboratorio de técnicas modernas, mientras que el intercambio entre el chileno Roberto Matta y Robert Motherwell también se muestra a través de obras de ambos.

España, que en Estados Unidos a veces parece relegada a un terreno de nadie que no es ni Europa ni Latinoamérica, no tiene cabida directa en la colección del Museo del Barrio. No obstante, en los últimos años ha venido colaborando con el Instituto Cervantes donde, a partir del 17 de noviembre, podrá verse la muestra The Spanish Nexus: Spanish Artists living in New York: 1930's-1960's, con un planteamiento similar al de la del Museo del Barrio. Se mostrarán obras de creadores como Eugenio Granell, José Guerrero, o Esteban Vicente que un día formaron parte del tejido creativo de la Gran Manzana.

Le Punk: Púgiles incansables


Le Punk es uno de los últimos grandes grupos del rock español. Supervivientes, noqueadores de adversidades, los del madrileño barrio de Alameda de Osuna continúan labrando una notable trayectoria que ahora repasamos disco a disco


JUANJO ORDÁS
Efe Eme




Cuando el mítico grupo del underground madrileño Buenas Noches Rose dejo de existir, Alfredo Fernández (su principal compositor y guitarrista junto al Pereza Rubén Pozo), debió de sentirse cabizbajo. Con ellos vivió un sueño de juventud, un moderado éxito que de pronto desaparecía ¿Quién le iba a decir que el verdadero grupo de su vida le estaba esperando a la vuelta de la esquina? Le Punk comenzó como una aventura secundaria que disco a disco se convertiría en un nuevo orgullo del rock español. Junto al brillante guitarrista y compositor Joe Eceiza y el sólido bajista Dani “Patillas”, Alfredo destaparía de nuevo el tarro de las esencias e inspiración, juntando sus composiciones con las de sus nuevos compañeros en una mezcla única. Hoy, junto al batería Ignacio Labrador y una sección de viento denominada Les Lepunkettes (proveniente de las filas del grupo No Reply), Le Punk se consolida como una banda esencial para aquel que guste del rock and roll empapado de swing y tango. Buena ocasión para acercarse a ellos con motivo de la edición digital de “Volumen I”, su primer recopilatorio, que no se vende, sino que se escucha en su web de forma gratuita.

“La logia de la canalla”(Zero Records, 2003)

El primer disco de Le Punk fue una grata sorpresa, una sorprendente mezcla de rock tabernero, tango y folk centroeuropeo. Una rica combinación que el grupo supo ordenar de forma lógica y consistente, ¡un gran mérito si tenemos en cuenta las diversas influencias que aglutina! Lo que empezó como un divertimento entre amigos acabó siendo un disco de debut realmente gratificante. Ritmos densos a lo Tom Waits (‘Chucho’), cabaret (‘El delito del amor’, ‘La noria’), tango (‘Veneno’), melancólico pop (“Tristeza”) y swing (“Así me va”) articulan “La logia de la canalla” y articularían también el futuro “No disparen al pianista”. Los arreglos juegan en varias ocasiones con sonoridades centroeuropeas, gitanas, balcánicas, aunque también mediterráneas. Paleta sonora que Bunbury (“Pequeño) y Loquillo (“Con elegancia”) ya habían trabajado años antes pero llevada a un distinto nivel, más irónico y granuja. La influencia de Malevaje, el mayor exponente español del tango, es plena.

Pero si hay algo que destacar en Le Punk, al margen de su rica música, son sus letras. Su lírica irónica e inteligente encuentra pocos rivales en nuestro rock. Se puede tomar cualquier tema de su cancionero como ejemplo. Y es que, desde sus inicios hasta la actualidad, tanto Joe Eceiza como Alfredo Fernández (o a nivel grupal) se han encargado siempre de firmar letras maestras.

“Dos puñaladas a Gardel y otros tres delitos”(Zero Records, 2004)

EP de escasa duración en el que la banda se acerca al repertorio de Gardel (’Alma en pena’, ‘Ventarrón’), dos temas nuevos como son la bonita ‘Tienes razón’ (una de las escasas canciones firmadas por Dani “Patillas”) y la desnuda ‘Amelia’. Cerrando esta pequeña colección ‘Tango en Skai’, una pieza instrumental del guitarrista clásico Roland Dyens.

“Dos puñaladas a Gardel y otros tres delitos” es un trabajo corto y entretenido, aunque para nada esencial dentro de la trayectoria de Le Punk, pues no contiene ninguno de sus temas más representativos. En 2006 fue reeditado por EMI como complemento a “La logia de la canalla”.

“No disparen al pianista”(EMI, 2006)

Tiempos oscuros. Sin perder su fino cinismo, Le Punk se muestran más tristes que en su debut. No se apagan, de hecho arden, pero con un poso de melancolía muy marcado que hace de “No disparen al pianista” su disco más taciturno, más apesadumbrado.

Se vuelva a abrir con un ritmo pesado, en este caso el de ‘La piedra’, un clásico del repertorio del grupo que reivindica la fuerza del débil, marcando la temática del trabajo. Incluso temas explosivos como el swing ‘La virgen de la soledad’ o el himno alcoholico ‘Compañeros’ acompañan sus vivas músicas con frases llenas de amargura. Pero que nadie se equivoque, las canciones no solo eran muy buenas, sino excepcionales en la mayoría de los casos. Buen ejemplo de ello son las tres citadas, el pop perfecto de ‘Vivir sin recordar’ (¡otro clásico que hay que escuchar y que Deluxe versionearía!), o el acido cabatert de ‘Vivimos solos’.

Una marea de desconsuelo que acaba por consolar, dando forma a otro gran disco para el cual llegaron a incorporar fugazmente como teclista a César Pop.

Así mismo, la política aparece en el sumario de la banda mediante cuatro temas: ‘El telón’ –con la colaboración de su idolatrado Antonio Bartrina (Malevaje)–, ‘El enemigo equivocado’, ‘La lucha está perdida’ y ‘Canción para Europa’. Y todo sin hablar de ideologías concretas ni repartir panfletos musicales, simplemente siguiendo la vereda que el disco marca, la resistencia del frágil.

En directo, no obstante, parecían perdidos. Sin saber exactamente hacia dónde dirigirse. No había más que verlos en escena para darse cuenta que el verdadero núcleo duro de la banda (Dani Patillas, Alfredo Fernández y Joe Eceiza) iba por un lado y Tuli (clarinete, saxo) y el ya citado César Pop por otro (el primero fue batería original de Pereza y junto al segundo regresaría a la banda de Rubén y Leiva).

“Mátame”(La Fábrica de Chocolate/Warner, 2008)

Paso de gigante respecto a sus anteriores obras. El grupo ha sido despedido de la multinacional EMI, Tuli y César Pop abandonan y el núcleo duro enseña los dientes. Respaldados por Nacho Labrador (¡su primer batería estable!), Daniel, Alfredo y Joe se marcan el mejor disco de su carrera. La corpulenta producción de Juan de Dios (Deluxe) sirve canciones de fuertes mimbres. Apoyándose en Les Lepunkettes (sección de viento proveniente de la banda No Reply), Le Punk graban un disco más americano que los anteriores, centrado en el sonido New Orleans (‘Te llevo en el corazón’), en el soul (‘De que madera estás hecho’) e incluso tejen uno de los temas fundamentales en torno a la influencia de Dylan (la magnánima ‘La canción del soldado’, del siempre fino Alfredo), aunque también reinciden en los terrenos que dominan, en el swing (‘El hombre santo’), el blues de club cabaretero (¡qué gran bajo el de Daniel en ‘La rosa culebra’) y en el folk rock europeo (la crítica ‘Europa’, con rap incluido; la combativa ‘Partisanos’). Por cierto, Eceiza canta y firma dos grandes temas (‘Sirena desafinada’ y la crepuscular ‘He vuelto a amanecer’), aunque en “Mátame” resulta imposible destacar un tema sobre otro. Las guitarras y los vientos se doblan creando melodías, Alfredo muestra una voz más hermosa que nunca (más agrietada, con mucho “feeling”) y la consistencia del disco se muestra a años luz de la media española. Los tintes políticos desaparecen (tan solo se dan en ‘Europa’), ahora toca hablar de los sentimientos, lo más universal que existe.

Tras su primer y festivo single (‘Quién se acuerda de mi (desnudo e invicto)’), el grupo regrabó ‘Te llevo en el corazón’ como segundo sencillo bajo la batuta de Enrique Bunbury, quien también aportó su voz (la portada y sesión de fotos venían firmadas por José Girl, pareja del maño, quizá de ahí la conexión).

“Volumen I”(Autoeditado, 2009)

Nuevos planes para un grupo que se encuentra artísticamente en su mejor momento. No solo comienzan a gestionar su propia web, sino que regraban una selección de sus mejores canciones para que cualquiera pueda escucharles de su propio “site”. No, no se puede comprar, para escucharlos hay que conectar con su web, aunque sería de agradecer que trabajaran en una edición descargable para que cualquier pueda llevárselo donde quiera.

La banda se ha fusionado con Les Lepunkettes (Álex, Fer y Franky) de tal manera que parece que la sección de viento les lleva acompañando toda la vida. Las canciones han sido remozadas con nuevos arreglos e interpretaciones. La emblemática ‘La piedra’ suena más feroz que nunca, ‘Así me va’ se rockeriza tan salvajemente que seguramente a Loquillo le encantaría cantarla y ‘Enemigo equivocado’ se desboca. Todas las canciones suenan distintas, sin traicionar el espíritu original, pero añadiendo matices, detalles e incluso motivos principales.

Y tras este, llegará un “Volumen II” en el que ya se encuentran trabajando, después una tercera parte dedicada a las versiones y, finalmente, nuevo disco. Aunque, por ahora, hay que disfrutar de esta lujosa selección.

Segunda Guerra, Tercer Mundo


Reciente exposición en Berlín sobre la "cara oculta" de la gran carnicería del siglo pasado

RAFAEL POCH
La Vanguardia




Se sabe que en la Segunda Guerra Mundial murieron alrededor de 70 millones de personas, entre ellas más de 20 millones de soviéticos y más de 5 millones de alemanes. Hasta tenemos la minúscula lista, y completa, de los 1.400 daneses caídos en aquella carnicería. Sin embargo, las cifras exactas de muertos del Tercer Mundo en esa guerra engendrada en Europa, se desconocen. Y no sólo las cifras. La situación la resume magistralmente el Profesor Kuma Ndumbe, de la Universidad de Yaoundé, en Camerún:

"La historia de la Segunda Guerra Mundial se revela, como toda historia, como la de los vencedores, pero también como la de los ricos y los propietarios. Pese a su derrota, Alemania y Japón pertenecen desde el punto de vista de la escritura de la historia, a los vencedores. Aunque la historiografía de ambos países haya tenido que llevar a cabo cuestionamientos críticos, japoneses y alemanes son tratados por ella como personas del mismo rango que los vencedores. Quienes fueron olvidados después de la guerra como si no hubieran existido durante el conflicto, quienes deben aprender de nuevo la historia junto a sus hijos, sin encontrar en ella sus propias acciones, son los que pertenecen a la verdadera categoría de perdedores. Perdedores sin voz propia. Así viven hasta hoy centenares de millones de personas y sus descendientes en África, en Asia, América Latina, Australia y en la región del Pacífico".

Las estimaciones sostienen que en Asia, África, América del Sur y Oceanía se perdieron más vidas en aquel conflicto que en la propia Europa. Sólo en Asia murieron 20 o 30 millones de civiles a manos de los japoneses, la mayoría de ellos chinos. El Tercer Mundo contribuyó al conflicto con más soldados que Europa. Una magnífica exposición recientemente clausurada en Berlín y que va a ser mostrada en diversos lugares de Alemania, se ha dedicado a difundir esta "cara oculta" de la gran carnicería del siglo pasado. Lleva por título "El Tercer Mundo en la Segunda Guerra Mundial" y presenta el trabajo, pensado para ser difundido en escuelas públicas, de un grupo de periodistas renanos del llamado "Rheinisches Journalisten Büro" de Colonia, dirigido por Karl Rössel. El texto que sigue a continuación es la traducción, casi literal y con muy pocas apostillas, de los paneles de esa exposición.

Guerra en un mundo colonial

Cuando la guerra comenzó el colonialismo estaba en su apogeo. Inglaterra y su Commonwealth dominaban sobre una cuarta parte del mundo y de su población. Las colonias de Francia eran veinte veces mayores que la metrópoli en territorio, y sumaban cien millones de habitantes. Las indias orientales de la diminuta Holanda tenían la misma superficie que Europa Occidental. Estados Unidos dominaba las Filipinas, Hawai y diversos archipiélagos del Pacífico. Japón controlaba el Norte del Pacífico (Micronesia), Corea, Taiwán y el noreste de China, que es mayor que Francia. En África oriental, la Italia de Mussolini controlaba una zona colonial cuatro veces mayor que Italia. Alemania había perdido sus colonias en África y Asia como consecuencia de su derrota en la Primera Guerra Mundial. Con ayuda de los colaboracionistas franceses, se disponía a recuperarlas para usar sus recursos humanos y materias primas en el esfuerzo de guerra.

Abisinia

El 3 de octubre de 1935 la Italia fascista inició el ataque contra Abisinia, parte del nuevo "Imperio Romano" que el Duce buscaba. La mitad de los 300.000 soldados del ejército italiano invasor eran nativos de Eritrea y Somalia. Los abisinios, que tan duro habían luchado para impedir la colonización europea, les opusieron tenaz resistencia, pero sus armas eran escasas y anticuadas, frente al gas mostaza y los tanques del Duce. Cuando en mayo de 1936 los italianos entraron en la capital Adis Abeba, habían masacrado a 150.000 civiles. El Virrey italiano, Mariscal Rodolfo Graziani generalizó la violación y la tortura. Medio millón de guerrilleros etíopes combatieron contra el ocupante durante cuatro años hasta expulsarlo. Después de que Italia declarara la guerra a Francia e Inglaterra en 1940, los abisinios ayudaron a ambas potencias. Hasta la capitulación italiana en Abisinia de abril de 1941, tropas de diecisiete países y tres continentes participaron en la guerra en África Oriental. Para muchos africanos la Segunda Guerra Mundial comenzó en 1935, cuatro años antes que en Europa.

Carne de cañón imperial

Con el inicio de la guerra en Europa, el Imperio británico echó mano de sus colonias. De los once millones de hombres que Inglaterra movilizó, seis millones eran británicos y cinco de las colonias. En África Inglaterra movilizó a un millón de hombres, frecuentemente a la fuerza. Esos soldados lucharon contra los italianos en Somalia y Etiopía (1940-1941), contra alemanes e italianos en el desierto de Libia (1940-1943), contra el régimen de Vichy en Madagascar en 1942 y contra los japoneses en Birmania en 1944. El sueldo y la alimentación de esta tropa eran peores, sus mandos eran blancos. Un manual para oficiales describía a la tropa colonial africana como "gente de mentalidad infantil". Las protestas y rebeliones contra esa discriminación se resolvieron con castigos y penas de muerte. Solo en 1944/1945 se registraron 25.000 deserciones en África Oriental.

Cerca de un millón de africanos fueron movilizados por los franceses en diversos bandos del conflicto. En septiembre de 1939 el gobierno reclutó medio millón de hombres en África. Tras la derrota francesa y la alianza del régimen de Vichy con Alemania, parte de esa tropa luchó con el eje en África del Norte, mientras que en Siria y África Oriental lo hacia con los aliados. En 1943, De Gaulle reclutó en África otros 100.000 soldados que participaron en los desembarcos aliados en Provenza e Italia. Ese contingente jugó un papel importante en la liberación de Europa, sufriendo discriminación en todo excepto a la hora de arriesgar la vida. Cuando en verano de 1944 se organizó el desfile de la victoria en París, De Gaulle ordenó "blanquear" el efectivo que marchó por los Campos Elíseos incorporando jóvenes franceses blancos. Los africanos fueron recluidos en deplorables campos provisionales hasta su repatriación. Muchos de ellos no regresaron a sus países hasta 1947.

En 1940 Yoro Ba fue reclutado a la fuerza por funcionarios del régimen de Vichy para el ejército colonial en Senegal. Cuando los aliados tomaron control del África Occidental francesa en 1943, tuvo que luchar a su favor, desembarcó en Provenza, participó en la liberación de Francia y fue estacionado en la Alemania ocupada, regresando a Senegal en 1947. Sesenta años después, Yoro Ba recibe una pensión del gobierno francés de 13 euros mensuales.

El plan colonial nazi

Habiendo tenido que entregar, en 1919, sus colonias a las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial, la Alemania conservadora y los industriales se movilizaron contra la "vergüenza de Versalles". Los nazis organizaron enseguida los planes de revancha a partir de 1933. Crearon un "Departamento de política colonial" ("Kolonialpolitisches Amt" - KPA, en el que trabajó el luego Canciller Federal Konrad Adenauer) para administrar el "imperio colonial germano en África", que planeaban recuperar y ampliar, desde la costa atlántica hasta el Océano Pacífico. Su conquista estaba prevista para inmediatamente después de la subyugación de Europa Oriental que la URSS frustró. A partir de 1940 comenzaron a reclutar personal, militar policial y administrativo para gobernar aquel mundo de plantaciones y minas. Se confeccionaron manuales e incluso leyes que velaran por impedir cualquier "mezcla de razas" en la empresa. En aquel plan, a Madagascar le correspondía un papel especial. Debía albergar a cuatro millones de judíos europeos, que no habrían encontrado sustento allá para sobrevivir. La superioridad naval de los aliados y su control de las rutas marítimas africanas impidió que la isla se convirtiera en un escenario del Holocausto. En febrero de 1942 el plan se desestimó en beneficio de la aniquilación en campos de Europa.

Fusileros africanos

Tras la derrota francesa de junio de 1940, unos 100.000 prisioneros africanos del ejército francés cayeron en manos alemanas. La Wehrmacht masacró a entre 1500 y 3000 de ellos inmediatamente después de su rendición por el color de su piel. El "Gauleiter" de Bélgica, Karl Holz, ordenó "no hacer prisioneros" entre los negros. El 20 de junio de 1940 en Chasselay, un pueblo de los alrededores de Lyon, los alemanes ejecutaron a una unidad completa de fusileros africanos, excluyendo de la ejecución a los oficiales blancos.

En diciembre de 1944, 1.300 "tirailleurs sénégalais" regresaron a África de su servicio en Europa. Muchos de ellos habían sufrido cautiverio y trabajos forzados en campos de concentración alemanes. Fueron internados en un campo de la localidad de Thiaroye, junto al puerto de Dakar, a la espera de recibir su soldada y los prometidos 500 francos de la "prima de desmovilización". Los ex presos en Alemania esperaban también el pago de los 5000 francos recibidos por todos los reclusos franceses en campos alemanes. Los funcionarios coloniales se negaron a pagar e impusieron un cambio entre francos y franco colonial (CFA) equivalente a la mitad del curso legal vigente. Los fusileros se rebelaron, tomaron como rehén a un oficial y solo lo dejaron libre cuando se les prometió que sus reclamaciones serían satisfechas. En lugar de ello, la noche del uno de diciembre su campamento fue rodeado por blindados y cuando los fusileros salían de las barracas aún aturdidos por el sueño fueron ametrallados, con el resultado de entre 35 y 300 muertos. Mas de treinta "cabecillas" fueron juzgados y condenados a penas de hasta diez años de cárcel. Cinco murieron en prisión y el resto fueron amnistiados en 1947. La masacre de Thiaroye pasó a la historia como símbolo de la arbitraria actitud colonial e inspiró movimientos de liberación nacional en el continente.

Sètif

El 8 de mayo de 1945 la localidad argelina de Sétif celebraba el fin de la guerra y la liberación. Muchos creían que la emancipación de las colonias estaba a la vuelta de la esquina, porque se habían creído las promesas contenidas en la "Carta Atlántica". Junto a las banderas francesas inglesas y americanas, en la celebración de Sétif apareció una bandera argelina. Cuando la festiva procesión pasó frente al "Café de France", Lamri Bouras vio como, "un comisario francés sacaba su colt y disparaba sobre la multitud. Otros disparos partían de los balcones". Aquel día hubo centenares de muertes y siguieron protestas contra la matanza. La administración colonial reaccionó utilizando a la marina y la aviación. "Los soldados disparaban contra todo", recuerda Haada Mani. "La gente caía como pasas secas". Según la autoridad colonial murieron 1500 personas. Fuentes argelinas mencionan hasta 45.000 víctimas. Cuando a finales de mayo de 1945, las tropas argelinas regresaron de la guerra en Europa, muchos no encontraron a sus familiares. Fue el caso de Lounès Hanouze. "Cuando llegué a Kerratta había una gran cola de gente. Querian decirme algo, pero lloraban. Pregunté, ¿donde están los míos?, ¿donde está mi padre?. Al final alguien me dijo, "lo vieron por última vez subiendo a un camión". Lo llevaron al barranco de Kerratta. Allá en el puente, que hoy se llama Hanouze, le preguntaron a mi padre, "¿empezamos contigo o con tu hijo?". Creo que fue el primero en ser fusilado. Regresábamos de la guerra y nuestras familias habían sido fusiladas, es algo difícil de olvidar".

Trabajos forzados

En las colonias francesas la aplicación del "Code de l´Indigenat" de 1881 estaba a la orden del día. En la Segunda Guerra Mundial su aplicación alcanzó una aplicación desconocida. Decenas de miles de africanos fueron forzados a construir una carretera desde el Congo centroafricano hasta el Atlántico que era vital para transportar materias primas. Los trabajadores forzados construyeron presas, canales, y plantaron algodón y pita en plantaciones. La ley solo fue derogada en 1946 a propuesta de diputados africanos.

El Imperio británico aprobó en 1942 una ley que, citando los "extraordinarios imperativos de la situación" permitía los trabajos forzados en las colonias. Los africanos que se negaran podían ser multados, objeto de castigos físicos y encarcelados. Solo en Kenia 20.000 personas fueron forzadas a trabajar en plantaciones y empresas de elaboración de caucho, azúcar, pita y lino. En 1949 la autoridad colonial en Nigeria forzó a 100.000 hombres a trabajar en minas de zinc en las que uno de cada diez no sobrevivió. En Rhodesia del sur , 33.000 forzados construyeron campos de aviación y en Rhodesia del Norte, hacendados y empresarios blancos pudieron "alquilar" peones forzados a las autoridades al precio de un chelín diario.

Limosnas

El ejército británico dio a sus tropas coloniales una sola indemnización por sus heridas y servicios prestados. Los pagos recibidos por los africanos equivalían a una parte ínfima de lo que recibieron los soldados europeos. Fundamentalmente no hubo pensiones. A través de la "Royal Commonwealth Ex-Services League" los veteranos en apuros podían solicitar una única subvención de 470 euros.

El gobierno francés pagó algunas pensiones, sobre todo a aquellos que continuaron sirviendo en el ejército después de la guerra, en Indochina y Argelia, por ejemplo. Las pensiones de los africanos fueron desde el principio la mitad de las percibidas por los europeos. Muchos no recibieron nada, al no poder demostrar determinados requisitos, como el de haber estado más de noventa días en combate. El gobierno de Vichy destruyó mucha documentación relativa a los soldados y los alemanes requisaron las cartillas militares de sus prisioneros africanos. En 1959 el gobierno de De Gaulle aprobó una ley por la que los veteranos de guerra dejarían de cobrar sus pensiones en el caso de que sus países adquirieran la independencia, lo que era un intento de enfrentarlos a los movimientos de liberación nacional. Cuando, a pesar de todo, llegó la independencia, los importes de las pensiones se congelaron al nivel del momento. Como resultado de protestas y de una sentencia de la Corte Europea de Justicia, sesenta años después los senegaleses recibieron una tercera parte de las pensiones y los argelinos una octava parte.

"Para los franceses continuamos siendo los soldados negritos que podían contentarse con calderilla, pero durante la guerra las balas no diferenciaban negro de blanco y todos morían de lo mismo", dice Issa Ongoïba, de la Asociación de Veteranos de Bamako, Malí.

Telegrafista y conductor en el ejército británico en 1919, Samuel Masila Mwanthi luchó en 1940/1941 contra los italianos en Etiopía y en 1943/1944 en las selvas de Birmania contra los japoneses. Tras su licenciamiento en África recibió dos trajes, pero ninguna pensión hasta el día de hoy.

Brasileños en Italia

Decenas de miles de voluntarios de Puerto Rico y otras islas del Caribe participaron en la guerra, algunos de ellos en la liberación de Francia y la conquista de Alemania. Una escuadrilla de aviación mexicana combatió en Filipinas y 25.000 brasileños lo hicieron en Italia, incluida la batalla de Monte Casino en la que quinientos de ellos perdieron la vida.

Nativos del Pacífico

Cuando en 1943, las Islas Salomón fueron zona de combate, Biuku Gasa se ofreció como informante voluntario a los aliados, espiando los movimientos de los japoneses desde detrás de sus líneas camuflado como pescador tradicional en compañía de su amigo, Aaron Kumasi. En uno de sus viajes en piragua descubrieron a un grupo de soldados americanos que habían naufragado en un diminuto islote. Les prestaron ayuda y salvaron así la vida del capitán del grupo americano que se llamaba John F. Kennedy. "Sin mi, Estados Unidos nunca habría tenido un Presidente Kennedy", dijo, orgulloso Biuku Gasa sesenta años después.

En 1940, los aborígenes australianos no tenían derechos civiles (no los tuvieron hasta 1967), sin embargo se les dio empleo en la guerra, después de que los japoneses bombardearan la ciudad de Darwin, en el norte del país, vigilando la enorme costa norte de Australia en previsión de un desembarco. Salieron muy baratos, no hacía falta suministrarles alimentos ni armas, que ellos mismos se procuraban y confeccionaban en la jungla, y se les pagó con anzuelos, cuerdas, hachas, pipas y tabaco. El principal problema de los militares australianos era hacerles comprender por qué se les pedía que mataran a cualquier japonés que se presentara, cuando poco tiempo atrás, en 1932, recordaban haber sido víctimas de una razzia de la policía australiana, que encarceló a tres de sus jefes por haber dado muerte a unos pescadores de perlas japoneses que habían abusado de mujeres aborígenes. Se necesitó algún tiempo para que comprendieran que lo que había estado prohibido y perseguido, ahora era permitido e incluso recompensado.

India, el gran ejército colonial

Con 320 millones de habitantes, India era la mayor, más poblada y más importante colonia británica. Con los 2,5 millones de hombres del Royal Indian Army y los 120.000 gurkas nepalís, el imperio británico disponía del mayor ejército colonial de todos los tiempos. Era un ejército de voluntarios y la situación de los soldados era mejor que la de sus compañeros de las tropas coloniales africanas. Mientras en África todos los mandos eran británicos, la cifra de indios que alcanzaron puesto de mando como oficiales ascendió a 14.000 en la Segunda guerra mundial y los soldados recibieron pensiones, auque menores que las de sus colegas británicos. Treinta divisiones indias combatieron en Oriente Medio, África del Norte, Asia y Europa contribuyendo a la victoria.

India fue campo de batalla. A principios de 1942, tras la ocupación japonesa de Singapur y Malasia, las ciudades orientales indias sufrieron bombardeos. 23 cargueros aliados fueron hundidos por submarinos japoneses en el Golfo de Bengala, y aviones y cañoneras japonesas bombardearon Ceilán, donde los ingleses almacenaban combustible para la marina. 60.000 soldados indios murieron en la guerra y casi 80.000 sufrieron cautiverio en manos alemanas, italianas o japonesas.

Colaboracionistas anticoloniales: Oriente Medio

Alemania había llegado tarde a Oriente Medio, donde las posiciones ya estaban ocupadas por Inglaterra y Francia. La geopolítica nazi calculaba explotar el resentimiento anticolonial árabe como "aliado potencial" para hacerse con la región. El Departamento oriental de la radio nazi estaba dirigido por un tal Kurt Georg Kiesinger, que en 1966 sería Canciller de la RFA.

En Egipto, Siria, Irak y Palestina se crearon organizaciones y movimientos filonazis. Hitler regaló en 1938 un Mercedes-Benz Sport al rey Faruk de Egipto, cuyo reino estaba de hecho gobernado por los británicos. Las derrotas militares en el Norte de África se vivieron entre los árabes con esperanza. "Las veíamos como la única manera de sacar al enemigo del país", escribió en sus memorias el Presidente Anuar El Sadat, que siendo un oficial nacionalista fue detenido por los británicos en 1942 cuando dos espías alemanes le daban dinero para sufragar el movimiento antibritánico en Egipto. En Túnez, el posteriormente presidente Habib Burguiba, confiaba también en que el apoyo del eje contribuyera a la independencia de su país de Francia. Los nazis crearon algunas "legiones árabes" y utilizaron agitadores musulmanes caucásicos para lograr la desafección de chechenos y otras nacionalidades maltratadas por Stalin en el Cáucaso.

Entre 1919 y 1939, unos 300.000 judíos emigraron a Palestina en los prolegómenos de lo que los palestinos denominan "Nakba" ("catástrofe") que culminaría años después con la expulsión de unos 800.000 palestinos, mas de la mitad de la población nativa, de su tierra en 1948. El antisemitismo nazi cayó bien entre los árabes en el contexto de los pulsos de la colonización judía. El Muftí de Jerusalen Hadji Amin el-Husseini fue recibido y subvencionado por Hitler y estuvo implicado en crímenes del Holocausto en Europa, al impedir la emigración a Palestina de miles de judíos de Bulgaria, Rumanía y Hungría, que en su lugar fueron internados en campos de concentración. Husseini, que murió en la cama en 1974, nunca fue juzgado por esos crímenes y mantuvo sus simpatías hacia los nazis hasta en la posguerra. En abril de 1941, los nazis apoyaron un golpe de estado antibritánico en Iraq. El regreso de los británicos poco después desencadenó un pogrom con centenares de judíos muertos y miles de heridos en Bagdad, muchos de cuyos habitantes árabes escondieron a judíos en sus casas.

Colaboracionistas anticoloniales: India y Birmania A principios de la Segunda Guerra Mundial, Subhas Chandra Bose era uno de los políticos más influyentes de India. En marzo de 1939 fue elegido por segunda vez Presidente del Congreso Nacional Indio, la principal organización del movimiento anticolonial, pese a que su rival contaba con el apoyo de Gandhi y Nehru. A diferencia de estos, Bose propugnaba no sólo la resistencia armada contra los ingleses, sino la colaboración con las potencias del eje. Nehru recibió el triunfo de Hitler como un shock y Gandhi dijo que, "cuando los nazis lleguen a India los combatiremos como a los ingleses". Bose se entusiasmó con la declaración de guerra entre Inglaterra y Alemania de septiembre de 1939 y declaró ante 200.000 partidarios en Madrás, "la crisis que tanto esperábamos se ha desencadenado y abre para India una oportunidad dorada".

Sometido a arresto domiciliario, en 1941 logró huir y viajó a Alemania donde los nazis le entregaron un millón de marcos para difundir propaganda nazi antibritánica en radios y periódicos de India. Bose veía en Hitler un "revolucionario" y le trataba de "Netaji" (Caudillo). Hizo que sus colaboradores estudiaran las organizaciones fascistas como las juventudes hitlerianas, las SS y la Gestapo, a fin de impulsar una India independiente cuyo sistema debía ser, "una síntesis de fascismo y nacionalismo". En 1942, reclutó a 3.500 soldados indios de los campos de concentración alemanes y fundó con ellos una "Legión India" que se integró primero en el ejército alemán y luego en las SS y se dedicó, en 1944, a la caza de miembros de la resistencia en Francia. En 1943 Bose regresó a Asia en un submarino alemán. Desde Singapur reclutó un "Indian National Army" de 50.000 voluntarios, que, en 1944, luchó junto a los japoneses contra los británicos en Birmania. En agosto de 1945, Bose murió en un accidente aereo cuando huía de los ingleses. Muchos indios lo consideran hoy un héroe nacional, especialmente en Bengala, su provincia natal. Escuelas, universidades una estación de ferrocarril, un partido político y el aeropuerto internacional de Calcuta llevan su nombre y muchos monumentos lo recuerdan.

En Birmania, una de las naciones asiáticas que más sufrió y más luchó contra el colonialismo inglés, la guerra también fue vista como oportunidad anticolonial. Cuando los británicos huyeron del país en 1942 ante el avance japonés, los soldados nipones fueron recibidos con flores en las calles de Rangún, una ciudad que les había perdonado los crueles bombardeos aéreos que sufrió. La principal figura del movimiento por la independencia y héroe nacional de Birmania, Aung San, y sus compañeros, fueron formados militarmente por los japoneses. Los birmanos organizaron un ejército para luchar junto con los japoneses, pero pronto se dieron cuenta de que aquellos libertadores no eran mejores que los británicos, así que volvieron sus armas contra ellos en la última etapa de la guerra. Birmania sufrió 250.000 muertes civiles en la Segunda Guerra Mundial, cuatro veces más que Inglaterra.

La hambruna de Bengala

Cuando la provincia oriental India de Bengala se convirtió en terreno de batalla en su frontera con Birmania, el territorio sufrió la peor hambruna conocida en el subcontinente desde el siglo XVIII. La ocupación japonesa de Birmania interrumpió los vitales suministros de arroz birmano a India. En pocos meses los precios del arroz se multiplicaron por cinco. Ante la expectativa de una invasión japonesa, los comerciantes retenían el grano. Los británicos impedían su transporte, porque habían requisado todos los barcos del Golfo de Bengala con fines militares. Una multitud de campesinos hambrientos erraba por la provincia. En septiembre de 1944 había 100.000 mendigos en las calles de Calcuta. La hambruna se cobró la vida de entre dos y cuatro millones de personas. En su historia de la Segunda Guerra Mundial de seis tomos, Winston Churchill ni siquiera la menciona.

Filipinas

Explica el historiador filipino Ricardo Trota José; "la Segunda Guerra Mundial dejó en Filipinas más muertos que en cualquier otro país del sur de Asia. En ningún país de la región hubo mayor destrucción. Según las cifras oficiales del gobierno 1,1 millones de filipinos murieron en la guerra, es decir uno por cada 16 habitantes del archipiélago".

La guerra después de la guerra

El 8 de mayo de 1945 capituló Alemania y cuatro meses después, tras las bombas atómicas lanzadas contra Hiroshima y Nagasaki, lo hizo Japón, pero en varios países de Asia las guerras vinculadas al reordenamiento mundial continuaron;

-En China la guerra civil no concluyó hasta la victoria de Mao en 1949.

-En Malasia, Indonesia y Filipinas, continuaron luchando movimientos de liberación nacional contra los viejos y nuevos colonialistas de Europa y Estados Unidos.

-La cruel guerra de Corea entre 1950 y 1953, técnicamente inconclusa aun hoy, fue consecuencia de la división del país en dos estados de diferente alineación en la guerra fría y ocasionó más de tres millones de muertos, dos millones de ellos civiles.

-Indochina tuvo que seguir luchando otros treinta años contra franceses y americanos para conseguir su independencia. Proclamada en 1945 por Ho Chi Minh, no se alcanzó hasta 1975. Hasta entonces los americanos lanzaron sobre Vietnam más bombas que las lanzadas contra Alemania en la Segunda Guerra Mundial.

-En India la partición del país siguió a la independencia de 1947, con varias guerras entre la India dominada por hindis y el Pakistán dominado por musulmanes, que produjeron hasta un millón de muertos, según Nehru.

-Las islas del Pacifico fueron el principal escenario mundial de pruebas atómicas después de la guerra. Muchos estados insulares tuvieron que renunciar a la independencia porque las potencias usaron sus territorios como bases militares y polígonos de pruebas atómicas, que dejaron terribles legados en la población local. Islas enteras fueron vaciadas y su población deportada a miles de kilómetros. Hasta 1996, Estados Unidos, Inglaterra y Francia detonaron más de 300 bombas A, H, de plutonio y de neutrones en las islas del Pacífico. Desde Micronesia a Nueva Zelanda, pasando por Okinawa, Taiwán y Corea, la región concentró la mayor presencia nuclear del mundo en diversas formas; explosiones, submarinos, aviación o bombas almacenadas.

-Japón se integró en el bloque occidental de la guerra fría y afirmó su potencia económica y comercial sobre Asia, sin pagar indemnización alguna por los daños infringidos a sus vecinos durante la guerra. En los años noventa los presupuestos militares japoneses, de 30.000 millones de dólares, figuraban entre los más abultados del mundo y el país disponía de la tercera marina de guerra más potente, sólo por detrás de Estados Unidos y Rusia.

ALGUNOS NÚMEROS IGNORADOS

Total muertos Segunda Guerra Mundial (SGM): unos 70 millones.
Total muertos guerra en Asia: entre 20 y 30 millones.
Total alemanes muertos en SGM: unos 5 millones.
Soldados alemanes muertos en Stalingrado: 60.000
Civiles muertos en Okinawa: 100.000.
Proporción de filipinos muertos en la SGM: 1 de cada 16.
Civiles muertos en la conquista italiana de Abisinia: 150.000.
Víctimas de la hambruna ocasionada por la SGM en Bengala: entre 2 y 4 millones.
Menciones hambruna de Bengala en la obra de Churchill sobre la SGM (seis tomos): 0
Muertos civiles en Gran Bretaña: 67.000
Muertos civiles en Birmania: 250.000
Efectivos del Ejército Británico: 11 millones.
Soldados coloniales del ejército británico: 5 millones.
Soldados africanos en el ejército británico: 1 millón.
Soldados indios en el ejército británico: 2,5 millones.
Soldados indios caídos en la guerra: 60.000.
Soldados indios cautivos de italianos, alemanes o japoneses: 80.000
Soldados indios en las SS nazis: 3.500
Voluntarios indios en el ejército japonés: 50.000
Soldados africanos en ejércitos franceses: 1 millón.
Prisioneros africanos del ejército francés en campos alemanes: 100.000.
Brasileños combatientes en Italia: 25.000.
Brasileños caídos en Monte Casino: 500.
Ejército italiano en Abisinia: 350.000
Africanos en ejército italiano de Abisinia: 150.000.
Africanos forzados por el Imperio británico a trabajar en Kenia durante SGM: 20.000
Africanos forzados a trabajar en Rhodesia del sur: 33.000
Africanos forzados a trabajar en minas de zinc en Nigeria: 100.000.
Mortandad entre mineros forzados de zinc en Nigeria: 1 de cada 10.