Yves Klein, el artista Azul


Un pigmento que cubría la tela de un azul profundo fue la clave de la obra del francés Yves Klein, un hombre que cambió el yudo por la pintura y que murió con sólo 34 años. Madrid tuvo un papel decisivo en ese cambio tan radical y exitoso


JULIA LUZÁN
El País




Alto, fuerte. El pelo, moreno, fijado con brillantina. Inquieto, con una personalidad obsesiva. Apasionado por el yudo, el esoterismo y la espiritualidad, fue el inventor de un tono de azul que lleva su nombre y de una forma de pintar revolucionaria. "Mis ojos no están hechos para leer un cuadro, sino para verlo. La pintura es color". Yves Klein (Niza, 1928-París, 1962), el hombre que patentó su azul ultramar como IKB (International Klein Blue), una fórmula tan secreta como la de la Coca-Cola, llegó a ser pintor casi por genética, mejor dicho, por herencia.

Hijo único de dos artistas muy distintos, Marie Raymond (1908-1989), una pintora abstracta, hija de una acomodada familia de perfumistas de Niza, y de Fred Klein (1898-1990), un holandés figurativo, amante de los paisajes y los caballos, vivió en su casa la efervescencia de las vanguardias. Por allí pasaron desde Piet Mondrian -el padre de Klein era su marchante- hasta Nicolas de Staël, Jean Arp o Sonia y Robert Delaunay. Muchos de los que revolucionarían el arte moderno.

Y precisamente Herencias es la exposición que se inaugura la próxima semana en el Círculo de Bellas Artes de Madrid sobre Marie Raymond, Yves Klein y su padre. El comisario de la muestra, Nicolás Morales, uno de los editores de la empresa Expression Contemporaines, desea desde el impacto del título mostrar el vínculo entre madre e hijo y la influencia del ambiente familiar en la pintura monocroma de Klein. En la muestra habrá obras de las tres grandes épocas del pintor: el periodo azul, las pinturas de fuego y las antropometrías, y, para abrir boca, en la primera sala se instalará una piscina llena del famoso pigmento azul para que el público perciba la intensidad del color.

Autodidacto, sin éxito en los estudios, pero más listo que el hambre, el joven Klein miraba de reojo cuanto sucedía en su casa parisiense de la Rue d'Assas, entre Montparnasse y el Barrio Latino. En las reuniones que convocaba los lunes su madre se discutía sobre arte, se hablaba de libros, de filosofía o de arquitectura. Aquel adolescente de18 años conocía ya a todos los artistas que bullen en el París que renace de sus cenizas tras la II Guerra Mundial. "Eso es lo que intenta explicar la exposición, de dónde procede Yves Klein. La obra de Marie Raymond es la línea, y la de Yves Klein es el color. Existe una oposición clara entre ambos. Yves Klein quiso acabar con el modernismo, pero debía ser él quien cerrara la puerta, el último en irse".

La cabeza del joven Klein giraba a mil revoluciones con nuevos inventos para ganarse la vida. A los 23 años, su única actividad conocida era la práctica del yudo. Tenía que dar salida a su energía por algún lado. Ha de alejarse de su entorno familiar, tan intenso, y buscar su lugar en el mundo. Su tía Rose Raymond, propietaria de una librería en Niza, le ayuda económicamente a financiar algunos de sus viajes. Klein propuso a su amigo Claude Pascal dar la vuelta al mundo, realizar un viaje en cierto modo espiritual. Ambos planeaban llegar a España y atravesarla hasta alcanzar Marruecos a caballo. El plan se torció cuando Pascal enfermó de tuberculosis, pero Klein no se arredró y atravesó la frontera de Irún el 3 de febrero de 1951: "Para descubrir España estoy solo y es triste", escribió en su primer diario.

Ya fuera por su afán de aprender español o por la emoción que le produjo el descubrimiento de cuanto vio en sus viajes a España, en 1951 y en 1954, Klein anotó cuidadosamente sus impresiones acerca de los toros, el yudo, Lola Flores y Manolo Caracol, o su descubrimiento del Museo del Prado y los cuadros de El Greco, que tanto influyeron posteriormente en su vocación pictórica: "Miércoles. 6. Museo del Prado. Primera visita. Maravillas sobre maravillas, Velázquez, Murillo, Goya, El Greco. El Greco, me parece el más español de todos...". O "Espléndido El Greco. Él me ha dejado entrever una gran España". El pintor de las figuras alargadas representa para Klein "la grandeur" española, el imperio, pero también el tratamiento del color. El cielo de Madrid le inspira un poema profético: "Un día el cielo azul sobre la tierra ha caído / y de su herida la sangre ha brotado. / Era un rojo brillante, chispeando estrepitoso, había negro también allí donde se coagulaba. / Una bolsa de sangre que era España. El cielo azul la ha cubierto, muy pálido. / Cuando se miraban había relámpagos violetas. / La música eran celos, y en la paz del azul reinaba la cólera del rojo. / España divina, dolor y rojo". Por primera vez, estos diarios inéditos del mago del azul verán la luz en la ciudad que los inspiró. En estos cuadernos se intuyen las claves del futuro pintor.

En Madrid, un Klein hiperactivo se enfrentó a sus dos obsesiones, buscar un trabajo y encontrar un gimnasio donde practicar yudo, su gran afición. Tuvo suerte. Le contrataron como yudoca en el club Bushidokwai, en el paseo de Recoletos -"Me pagan cien pesetas para cada alumno de clase particular, y cincuenta por cada alumno de clase normal"- y complementaba sus ingresos dando clases de francés. También estudia filosofía: "He acabado mi curso de filosofía y lo he enviado a París. Es decir que si no está demasiado mal hecho habré concluido en fin algo bien definido en mi vida". Recibe la visita de sus padres y su tía Rose, la librera, y viaja con ellos a Toledo. El recuerdo de aquella vista del Tajo y la visión de El entierro del conde de Orgaz, de El Greco, le inspiran sus primeras acuarelas, que expone en la habitación de la pensión de la calle de Puebla y en el club de yudo. En su diario, Klein comenta que a su amigo Joaquín no le han gustado nada sus pinturas, y escribe: "Voy a realizar un paisaje de Toledo, a ver si así lo entiende". Dibuja incluso botijos, algo que siempre intentó ocultar. Su amistad con el director del centro de yudo donde trabajaba, Fernando Franco de Sarabia, hijo del propietario de la imprenta Sarabia, será decisiva en la trayectoria del artista porque la primera obra de Yves Klein, el catálogo de Yves: pintures, diez planchas de obras monocromas que expondría en 1955 en París, vieron la luz en la calle de Jaén de Madrid.

Uno de los grandes hallazgos ha sido el descubrimiento en los archivos del Círculo de Bellas Artes de Madrid de una carta de Yves Klein dirigida al director del centro, Eduardo Aunós, un ex ministro de Franco, en 1951, en la que el francés le propone exponer la obra de su padre. Meses después, ya de vuelta en Francia, Klein escribe de nuevo a Aunós para comentarle que no es posible porque la obra de su padre está muy dispersa. Le propone, en cambio, montar en el Círculo una colectiva de artistas figurativos y abstractos, y menciona a Matisse y a Soulages, entre otros.

Desde Madrid, Yves klein viajó a Japón para coordinar la exposición de obras de su madre, Marie Raymond, en Tokio. Allí da clases de yudo en el instituto Kandokán y logra el grado de cuarto Dam, el cinturón negro. En Francia no le reconocen el título, por lo que decide regresar a España en 1954. Su amigo Sarabia le puso en contacto con directivos deportivos y así fue como se convirtió en director técnico de la Federación Española de Yudo. Yudoca y pintor. Lo nunca visto. El historiador Javier Arnaldo cuenta cómo en Valencia, tras una conferencia sobre Klein en el IVAM, se le acercaron dos antiguos yudocas asombrados al saber que aquel yudoca de los años cincuenta era en realidad un artista vanguardista.

Por fin, en 1955, Yves Klein presenta su obra Yves: pintures en el Club des Solitaires, en el barrio más elegante de París. La crítica sólo ve en él al chico que han conocido en los salones de su madre, pero no entienden su obra. Su pintura es todo color, no existe la línea. Es un Rothko antes de Rothko. Su madre no acierta más que a decirle: "Estos colores distintos combinan bien"... Un Yves Klein colérico contesta: "No has entendido nada".

Le quedan siete años de vida y de pintura. A partir de su primera exposición, su actividad es enloquecedora. Todo en Klein es espectáculo. Para que el mundo comprenda su obra, él sabe que tiene que ser cada vez más provocador. Se sitúa en la vanguardia de los happenings. Pinta cuerpos desnudos de mujeres de azul. Controla los medios, la difusión. Él hace lo que sus padres no supieron: "No entiendo cómo mi padre puede quejarse de su posición en el mundo del arte si nunca ha hecho el esfuerzo de entender el mundo en el que vive". Su consagración le llegó en 1958. Klein expuso por primera vez sus cuadros azules en la galería Apollinaire de Milán. El eco fue tal que Domenico Modugno compuso su famosa canción Nel blu dipinto di blu, con la que consiguió el tercer premio del Festival de San Remo de aquel año.

Yves Kein tuvo una carrera artística corta, ocho años. Murió al poco de casarse, en junio de 1962, a los 34 años, de un infarto. Circulan leyendas acerca de si su muerte se debió a la inhalación de los productos químicos con los que pintaba. Pero en realidad la causa fue su ritmo de trabajo, agotador. "Las sesiones de trabajo eran extenuantes", dijo su mujer. En agosto de 1962 nació su hijo póstumo, Yves Klein, su última obra.

El envés de la aventura


MIGUEL SÁNCHEZ OSTIZ
ABC




Relato pintoresco, sí, y jovial a pesar de todo, el que hizo Jack London (1876-1916) de sus aventuras de los dieciocho años, pero en él resuena, sordo, el rumor de fondo de haber salido más o menos indemne del viaje al lado más oscuro de su época: la pobreza, el hambre, la desesperación de quienes no tenían trabajo, la mendicidad, los suicidios, la cárcel. Eso es lo que sostiene En ruta, publicada en 1907, una obra intensa y seductora.

1894, el año en que London se echó «a la ruta» por no tener mejor cosa que hacer, dice, porque se lo pedía el cuerpo, porque era joven y fuerte, fue un año de crisis económica profunda en Estados Unidos. Quebraron 250 bancos y cerraron 16.000 industrias, dejando en la calle a miles de parados y una miseria generalizada. Tres años más tarde se produciría la avalancha del oro de Alaska, en la que participaría un London ya curtido en los avatares de la vida al aire libre y en el sobrevivir en condiciones extremas, y de la que sacaría material para miles de páginas de la intensidad de Colmillo blanco o La llamada de la selva, aunque como buscador de oro solo llegara a sacar cuatro dólares con cincuenta centavos.

Ausencia de monotonía. Vida legendaria la de London, cierto, hecha reclamo literario en muchas ocasiones, hasta por él mismo. Pero si fue el gusto por la aventura lo que le echó al camino, se encontró con algo más que ausencia de monotonía, que para él era el mayor encanto de la vida de vagabundo. Por los duros caminos de balastro por los que anduvo London, lo que hay es el testimonio de la existencia precaria de sus semejantes más desfavorecidos, la dureza de una vida extrema, por muy pintoresco que resulte el relato de la toma de trenes al asalto, la pelea con los guardagujas, las costumbres de los vagabundos y los golfos de la ruta, los trucos de la mendicidad, el aprendizaje del embuste para poder comer y vestirse, las pillerías, el frío, los abusos y los golpes.

Escribir de lo vivido (lo escuchado también forma parte de ese «vivido») es la marca de la casa de Jack London. En el caso de En ruta, el trasfondo del relato es la marcha sobre Washington instigada por el «general» Coxey, al mando de un ejército de parados -el Ejército del Hambre-, para llegar el primero de mayo de 1894 a la capital de la nación y presentar un programa de construcción de carreteras que aliviara el brutal paro y la pobreza que padecía Estados Unidos.

El abrazo del oso. A Coxey lo detuvieron nada más llegar a Washington por pisar el césped de la Casa Blanca. London formó en las filas de otro general de aquel ejército de la miseria, el del general Kelly, que debía reunirse con el de Coxey, pero desertó por el camino en circunstancias propias de la picaresca. Nada de cómico tiene el paso de London por la cárcel -treinta días por vagabundeo-, algo que le enseñó que sus derechos civiles no valían nada y que la abyección y el pozo social le esperaban, para darle el abrazo del oso, en cualquier rincón del camino. Toda la vida y la obra de London es una huida de ese pozo y de ese abrazo.

En uno de los escritos políticos, socialistas, líricos, visionarios y enardecidos, que cierran el volumen, aparece un London muy atractivo, todo lo juvenil que queramos, que antes de proseguir una vida de viajes, aventuras, éxito literario -del que con lucidez duda en Martin Eden- y negocios mediocres, dice que -tras haber recorrido más de diez mil millas por Estados Unidos y Canadá, y haber visto y padecido la injusticia, la ley del más fuerte, la corrupción y los abusos de las instituciones y de sus representantes uniformados, y la cárcel- «se preocupa más por los hombres, mujeres y niños que por las líneas geográficas imaginarias». En London, el viaje de la aventura se transformó en un viaje iniciático que dio sentido a su vida, ya fuera entre los vagabundos de los ferrocarriles o los buscadores de oro, en la guerra ruso-japonesa o en los Mares del Sur.

'Juegos prohibidos', infancia y guerra


ALBERTO ABUÍN
Blogdecine




Sin lugar a dudas, una de las cinematografías más interesantes que hay es la francesa de los años 40, y sobre todo los 50. Con la Segunda Guerra Mundial terminada hacía bien poco, sobre todo para un continente que tuvo que sufrir en sus propias carnes las consecuencias del invento más estúpido jamás creado por el hombre, Europa puso de manifiesto sus sentimientos al respecto a través de obras inmortales cuyo visionado hoy día, no sólo no han perdido ni un ápice de su valor, si no que además suponen una de las experiencias más duras que un cinéfilo pueda soportar. Muchas películas han hablado de la guerra y sus consecuencias, algunas lo hacían en plan propagandístico —gran parte de la producción de films bélicos salida de los Estados Unidos, contenían ese elemento—, y otras mostraban sin concesiones de ningún tipo el horror en grado sumo. El Neorrealismo Italiano fue probablemente el máximo exponente, con sus retratos de la dura realidad tras la contienda. Pero también Francia no se quedó atrás, y ‘Juegos prohibidos’ (‘Jeux interdits’) de René Clément, impactó de forma brutal en las audiencias de todo el mundo en 1952.

La clave estuvo en hablar sobre la infancia en tiempos de guerra. Clément contó con el elemento más horrible de un conflicto bélico: la pérdida de la inocencia de los niños, los peor parados cuando a los demás les da por pelear.

La historia de ‘Juegos prohibidos’ nos lleva a la Francia de 1940, cuando miles de franceses, ante la ocupación nazi, intentan huir hacia el sur del país. Paulette es una pequeña niña, que pierde a sus padres en un bombardeo. Persiguiendo el cadáver de su perro por el río, se pierde y es encontrada por Michel, un niño de 11 años que vive por el lugar. Acogida por la familia de éste, Paulette congeniará con Michel, hasta convertirse en su compañera de juegos en un mundo que no entienden, y en el que la muerte está más presente que nunca, incluso en el particular universo de la pequeña pareja. Argumento mostrado por Clément con una dureza y sinceridad pocas veces vista en una pantalla, sin ningún tipo de mirada esperanzadora sobre los terribles hechos que narra. Al contrario, el film incide sin piedad en las consecuencias de la infancia arrebatada en tiempos de guerra, resultando un film antibélico de escalofriantes resultados.

Contaba Briggite Fossey años más tarde que ‘Juegos prohibidos’ iba a ser en principio un corto, y más tarde acabó siendo un largometraje. Lo cierto es que me resulta muy difícil imaginar la historia del film condensada en el tiempo que suele durar un corto. En sus 80 minutos de duración, nada sobra y nada falta en una historia que se toma su tiempo en llenar de matices, paso a paso, una historia que va más allá de la triste existencia de dos niños durante la Segunda Guerra Mundial. El paso de niño a adulto es retratado sutilmente como si se tratase de una relación de pareja, con atrevidas insinuaciones sexuales incluidas. Ser adulto sin saber serlo, sin pedirlo, sin comprender absolutamente nada de un mundo que no debería haberles tocado vivir aún. Clément narra la realidad sin más, dura y cruda, sin emitir ningún tipo de juicio moral, lo que hace que su mensaje sea aún más contundente de lo que desprenden las imágenes.

Durante los primeros minutos, ‘Juegos prohibidos’ se dedica a retratar a Paulette, la pequeña que en cuestión de minutos, pierde a sus padres y a su perro, por quien parece sentir más interés, ya que está abrazado todo el rato a él, y la concepción que una niña tan pequeña pueda tener de la muerte, no le hace ser consciente de la situación en la que se encuentra. Movida simplemente por la fuerza de la curiosidad —el elementos más característico de un niño—, Paulette se entrega a un nuevo mundo, en el que su nuevo compañero de juegos, un chaval tan perdido como ella, pero supeditado a lo que Paulette siempre desea en su inacabable curiosidad —en un acierto de guión, la pareja parece casi un matrimonio con sus caprichos y riñas—, y juntos crearán su particular forma de ver la vida, creando una especie de cementerio de animales, detalle éste tan osado como inquietante. La muerte llega a formar parte de sus vidas, como algo muy cotidiano —¿acaso no lo es?—, una especie de macabro juego, en el que la ironía está en el hecho de que la muerte es lo más bello del film.

‘Juegos prohibidos’ no sería lo mismo sin las sorprendentes interpretaciones de los dos niños protagonistas, Brigitte Fossey y Georges Poujouly, actuando con aterradora naturalidad. Uno no recuerda en el cine reciente —dejando a un lado a Haley Joel Osment por dos papeles magistrales— a un niño dirigido tan bien como en esta película. Clement deposita toda su fuerza en ellos, quienes aguantan el peso de todo el film pareciendo que sea lo más fácil del mundo; y sin descuidar los demás elementos —secundarios, un guión perfecto y una soberbia fotografía de Robert Julliard—, logra el milagro, la perfecta comunión entre intenciones y resultados, haciendo que el espectador se vea atrapado sin remedio por la verdad —la que todo arte debe transmitir—. Nada más y nada menos se le debe pedir a una película; un de ésas que quedan en la memoria para siempre.

Brasil, el FMI y el Banco Mundial


ANDRÉS SOLIZ RADA
Rebelión



Brasil, al convertirse en acreedor del FMI e incrementar sus votos en el Banco Mundial (BM), se ha asociado a las naciones opresoras que estrangulan a las naciones oprimidas. El FMI y el BM organizan, monitorean y vigilan el orden mundial que imponen las grandes potencias. Son la parte informal del gobierno de EE. UU. y eficaces centinelas del Consenso de Washington, instaurado al disgregarse la URSS. Son, junto con la Organización Mundial de Comercio (OMC), los “fieles perros guardianes” del imperialismo (Atilio Borón).

La actual crisis económica mundial, con sus monstruosas quiebras bancarias, hizo temer (temor aún latente) un descontrolado colapso financiero. En ese escenario, los poderosos de siempre abren las puertas a un país emergente como Brasil, a fin de parchar las grietas del sistema. No es verdad, como dijo Lula, que ahora su país dictará las reglas al FMI y del BM. El mencionado ingreso no altera el equilibrio de poder dentro de ambas instituciones, en las que EE. UU. mantiene de facto su derecho a veto.

Lo cierto, sin embargo, es que Brasilia ha fortalecido su influencia en América Latina, en tanto EE. UU. y la Unión Europea han preferido compartir su poderío con Brasil, como lo hicieron antes con China, en la OMC. Es mejor distribuir la plusvalía de la periferia, a cambio de prolongar el dominio imperial. Antes de conocerse la decisión brasileña, el Presidente Correa denunció que el FMI busca provocar un cataclismo social en Nicaragua, ya que una solicitud de crédito de 90 millones de dólares fue condicionada a la supresión total de subsidios, congelamiento salarial y rentas a jubilados. Como siempre, se exige control inflacionario, ajuste presupuestario, contracción económica, liberalización comercial y financiera, privatización de servicios básicos y recursos naturales, garantía ilimitada a las inversiones extranjeras y debilitamiento de los Estados nacionales.

Cuando Lula dice que a partir de ahora el FMI y el BM cambiarán las reglas de juego para proteger el medio ambiente y ayudar a los países pobres exhibe una hipocresía sin límites. Recuérdese que ya privatizó un tercio de la amazonía y vende enormes volúmenes de etanol a EE. UU. Su respaldo al FMI y al BM incrementará la injerencia transnacional en el MERCOSUR e impedirá que el Banco del Sur despliegue sus nacientes potencialidades. Y todo a nombre del abnegado pueblo brasileño.

La decisión de Lula coincide con la declaración de nueve gobiernos del ALBA, que avanzan en su integración soberana y en la creación de una moneda común. La realidad muestra que la integración latinoamericana no podrá hacerse con Brasil sino contra su gobierno y los demás centros de poder mundial. De manera paradójica, Bolivia pedirá al BM diez mil millones de dólares para su industrialización. La misma cantidad que Brasil transferirá al FMI para cortar afanes industrialistas.

El FMI prometió inmediata ayuda al golpista Carmona que derrocó a Chávez por algunas horas el año 2002. Cuba organizó decenas de foros contra la deuda externa, tutelada por el FMI y el BM. Correa y Ortega denuncian nuevas agresiones. ¿Por qué el ALBA guarda silencio frente a la decisión de Lula? Fidel Castro ha manifestado su alegría por la designación de Río de Janeiro como sede de las olimpiadas del 2016. También alabó el poderío bélico e industrial de China. Sería importante que ahora se pronunciara sobre la nueva relación de Brasil con el FMI y el BM y sobre los métodos usados por China para controlar recursos naturales en África, los que no tienen nada que envidiar a los usados por las transnacionales de Occidente.

"No soy objetivo, pero sí honesto"


Entrevista a Joe Sacco, periodista y dibujante, precursor del reporterismo en cómic, del que se sirve para contar historias con un trazo de realismo exagerado y atento al detalle, publica 'Footnotes in Gaza', de 400 páginas, el resultado de dos meses de inmersión en Palestina




LUCÍA MAGI
El País




Se mueve lento, escucha con ojos atentos y se toma su tiempo para contestar. Joe Sacco es un reportero que no conoce la prisa. Rumia sus historias y luego las cuenta usando los cómics. Su mirada, que sabe esperar, valorar el detalle, junto con un trazo de realismo exagerado a lo Robert Crumb, funciona como una sonda que caza los aspectos más cotidianos de los conflictos. Los que quedan fuera de las páginas de periódicos y de los telediarios. Tanto si está en Sarajevo acompañado por guías locales, empotrado con los marines en Irak o tomando té con los refugiados palestinos. De orígenes malteses y pasaporte estadounidense, Sacco (1960) vive hoy en Portland, Oregón, con una novia, un perro y sin móvil. Tuvo su primer gran éxito a mediados de los años noventa, con Palestina, fruto de una inmersión de dos meses entre Gaza y Cisjordania. A aquel conflicto infinito Sacco dedica un nuevo trabajo de 400 páginas, Footnotes in Gaza, que en diciembre llegará a las librerías de Estados Unidos y Reino Unido y en marzo a España, editado por Mondadori. Sacco acaba de participar en el festival literario periodístico que se celebra en Ferrara.

¿Por qué ha vuelto a Palestina?

Cuando en 2001 viajé a Gaza para documentar la segunda Intifada, descubrí una matanza de civiles palestinos ocurrida en 1956 en los campos de refugiados de Rafah y Khan Younis. Ningún medio tradicional lo sacó a la luz. Volví en 2002 y 2003 para buscar pruebas y confirmar los hechos. Mi libro reconstruye aquel acontecimiento con testigos y documentos de la ONU, entrelazando dos dimensiones temporales: la de 1956 y la de 2002, la normal administración de Gaza, con check point, bulldozer, casas derrumbadas...

¿Es un personaje de la historia?

Como siempre, me dibujo en mis planchas. Los lectores entienden así que lo que ven es mi punto de vista personal. Estudié periodismo, pero creo que la objetividad es una ilusión. Cuando preparamos un reportaje seleccionamos el material. No soy objetivo, pero sí trato de ser honesto. Por eso entro en la escena, es mi manera de aclarar que soy filtro y lupa de la historia.

¿Cómo trabaja concretamente?

Hago decenas de entrevistas, como cualquier periodista. Sin embargo, lo que necesito son sugestiones visuales, así que a veces planteo a mis fuentes preguntas muy raras, del tipo: "¿Cómo ibas vestido?". No paro de tomar fotos de los mismos detalles: un coche, una casa; a la hora de representarlo no quiero inventar nada. Dibujo sólo cuando no es recomendable sacar la cámara, en los check point, por ejemplo. Los soldados israelíes no agradecen las fotos, entonces esbozo con el bolígrafo. Cada vez que cruzo voy añadiendo detalles.

¿Empieza a dibujar en cuanto vuelve a casa?

Primero paso las grabaciones y ordeno todo mi material. Tardé tres meses para Footnotes. Luego, por fin, arranco. Sin esperar. No quiero que se me vaya de la boca el sabor de las historias.

Las historias de toda la gente común a la que da voz.

Las personas que viven debajo de los titulares son lo único que me importa, pero mi manera de actuar también depende de las circunstancias. En Palestina y Bosnia iba a dos velas, sin pase de prensa ni autoridad. Estaba obligado a comer en los garitos, a alojarme en casas particulares, a sentir la calle.

Pienso en Vals con Bashir o revistas como Internazionale en Italia o XXI en Francia que han empezado a sacar en cada ejemplar un reportaje por imágenes. ¿Es buen momento para el periodismo gráfico?

Sin duda. Puedo contar mi experiencia. Cuando empecé, los medios no hacían más que decirme que no les interesaba mi trabajo. Ahora tengo que rechazar encargos y hasta tengo un agente.

¿Por qué cree que ocurre esto?

El cómic tiene una fuerza que no tiene ninguna otra forma de reportaje. Sus imágenes repetidas enfocan la realidad de manera más lenta, a veces silenciosa, a veces con bocadillos, y trabajan en la mente del lector que puede elegir su ritmo.

¿No está cansado?

Sí. Quiero acabar dos historias que tengo pendientes sobre la inmigración africana en Malta y la pobreza en la India. Luego necesito algo más ligero. Algo que no tenga nada que ver con los conflictos.

China remata su 'conquista' de África



Pekín ofrece 60.000 millones en plena crisis para controlar las materias primas del continente. Desafía las joyas de Exxon y Shell


PERE RUSIÑOL
Público


La crisis económica mundial ha acelerado la conquista china del África subsahariana. Aprovechando la debilidad occidental, Pekín ha puesto sobre la mesa más de 60.000 millones de dólares en sólo seis meses para controlar el acceso a materias primas -especialmente, petróleo- y competir directamente en feudos occidentales (como Nigeria o Ghana) con grandes multinacionales como ExxonMobil y Shell.

La penetración china en África a la búsqueda de recursos naturales que apuntalen su gran crecimiento dio un gran salto a partir de 2005, hasta el punto de que de la nada desembarcaron en el continente hasta 1.000 empresas y centenares de miles de trabajadores. Pero el patrón de la Chináfrica, como lo conocen los expertos, solía concentrarse en los lugares más complicados, en guerra permanente (República Democrática de Congo, de donde importa cobalto, cobre y níquel) o dictaduras enfrentadas a Occidente, como Sudán -el 50% de su petróleo embarca hacia China- y Zimbabue, segunda reserva mundial de platino.

La crisis económica ha supuesto un gran cambio: China pretende conquistar también los feudos occidentales: En apenas seis meses ha comprado la petrolera suiza Addax Petroleum, que controla pozos petroleros en Nigeria, Gabón y Camerún; ha presentado un proyecto para construir un oleoducto en Kenia que le permita sacar el petróleo de Sudán; ha adquirido derechos petroleros y de uranio en Níger -hasta ahora, prácticamente una colonia francesa-; aspira a trabajar junto a la británica Tullow Oil en el gran yacimiento descubierto en el Lago Alberto, en la muy prooccidental Uganda, y se ha asegurado nuevas explotaciones de cobre en Zambia.

Y las dos apuestas más espectaculares: competirá por 16 licencias en Nigeria (el quinto proveedor petrolero de Estados Unidos) controladas hasta ahora por Shell, ExxonMobil y Chevron en una operación cifrada en un mínimo de 30.000 millones. Y en Ghana -bastión prooccidental del continente- ha logrado que las autoridades bloqueen un acuerdo para que ExxonMobil explote un gran yacimiento al que aspira también la china CNOOC.

En total, más de 60.000 millones de dólares sobre la mesa en un momento en el que las empresas occidentales tratan de contener el gasto. "El ganador de la crisis económica global es China", ha escrito esta misma semana Fareed Zakaria, director de Newsweek, que opina que mientras Occidente está a la defensiva, China, que crecerá este año por encima del 8%, utiliza la crisis para dar un gran salto hacia delante.

Reservas de 2,3 billones

"China rebusca en los escombros de la economía global con la esperanza de acelerar su propio ascenso", certifica The Economist. Para ello cuenta con 2,3 billones de dólares en reservas. Nadie tiene tantos dólares disponibles y el África subsahariana es la avanzadilla del laboratorio para pelear por la hegemonía mundial.
"La apuesta china parece más geopolítica que económica", opina Paul Isbell, el responsable del Área de Energía del Real Instituto Elcano, que subraya que los efectos no son necesariamente negativos. "Si China penetra más en África y logra aumentar la producción petrolera global, aunque sea marginalmente, es bueno. La mayor parte del flujo no va a China, sino al mercado mundial", recalca.

En opinión de Isbell, el ascenso chino en el continente negro "sólo es una amenaza si pensamos que va a ser necesario competir geopolíticamente en el futuro, lo cual sería un desastre para todos". Y concluye: "El único camino es la cooperación y la apuesta conjunta por energías limpias".

Déficit energético

Sin embargo, el déficit energético de China va a acentuarse aún más en los próximos años, si logra mantener el ritmo de crecimiento. Aunque su principal fuente de energía es el carbón, en una década ha pasado de necesitar 4,2 millones de barriles diarios de crudo a 8 millones, lo que le ha convertido ya en el segundo consumidor mundial. Y las estimaciones son que en 2014 necesitará al menos 11 millones.

África, como el último territorio con grandes oportunidades aún no adjudicadas, ha cobrado aún más importancia en la medida en que muchas potencias petroleras han sobrepasado el llamado peak oil, el temido momento en que lo que queda en los pozos es menos de lo que se ha extraído. Hoy África ya aporta casi el 30% del crudo que China importa. Cuatro de sus diez principales proveedores son de este continente: Angola (tercero, tras Arabia Saudí e Irán), Sudán (6º), Congo-Brazzaville (8º) y Libia (10º).

"La nueva fase de la inversión china en África se integra en una ola global de adquisición de energía y recursos naturales", subraya una analista occidental en Pekín. "Entre la crisis y las condiciones que ofrece China, con mucho pacto por debajo de la mesa, Pekín es un socio realmente muy deseado por muchos países. En algún caso es visto incluso como un salvador y ahí está el caso reciente de Guinea", añade.

En diciembre de 2008, un golpe de Estado puso a Guinea-Conakry bajo la férula de los militares. Pese al aislamiento diplomático, el nuevo régimen de Moussa David Camara está a punto de cumplir un año, en buena parte gracias al acuerdo que alcanzó con China en abril. Los detalles nunca se han conocido, pero supera los 7.000 millones de dólares a cambio del acceso a las minas de bauxita (el país atesora la mayor reserva mundial), oro y diamantes.

China no suele preguntar por los derechos humanos, pero tampoco solía hacerlo Occidente. Otra Guinea, la Ecuatorial, ex colonia española, lo demuestra: la estadounidense ExxonMobil y la china CNOOC se reparten crudo con otras multinacionales sin prestar atención a los abusos de Teodoro Obiang, que acaba de cumplir 30 años en el poder.

Transparencia

"En principio, que el petróleo se lo lleve China o las multinacionales occidentales no es ni mejor ni peor. En ambos casos hay que estar siempre muy encima para que haya transparencia y los acuerdos reviertan en favor de las comunidades locales, lo que no suele ocurrir", opina Patrick Heller, investigador de Revenue Watch, think tank con base en Nueva York especializado en seguir el rastro del petróleo.

Inicialmente, recuerda Heller, las inversiones chinas iban "vinculadas a un paquete mucho más amplio, que incluía la construcción de infraestructuras", lo que exigía un doble seguimiento para fiscalizar los acuerdos y garantizar la rendición de cuentas. Pero en esta nueva fase, estos "paquetes integrados" ya son una rareza.John Ghazvinian, autor de Untapped.

The scramble for Africa's oil, sobre la carrera por el petróleo del continente, opina que las empresas chinas aún están en la fase de "ganar experiencia y aprender de las occidentales" con la mirada puesta en competir pronto con ellas. En su opinión, la batalla de Nigeria caerá aún del lado de las multinacionales occidentales. "Nigeria utilizará ahora la opción china para sacarles más dinero", augura. Aún no se sabe. Pero nadie duda que en el siguiente round el favorito ya será chino.