"El cine sirve para explorar las zonas prohibidas"


La actriz francesa Isabelle Huppert habla sobre su nueva película, 'Home'



ÁLEX VICENTE
Público

La subversión es su lema. Isabelle Huppert (París, 1953) lleva cerca de cuatro décadas encadenando personajes ariscos, sádicos, torturados y vulnerables, que la han convertido en una de las actrices más respetadas de nuestro continente.

En las distancias cortas, Huppert no parece la heroína gélida y atormentada de sus películas. Menuda y vivaz, se distingue por su gesto amable y una sonrisa sincera. "Se tiene una imagen de mí en las antípodas de lo que realmente soy", sostiene.

Su último filme, que se estrena este viernes en España, se titula 'Home', debut de la joven directora suizofrancesa Ursula Meier (Besançon, 1971), un cuento moral sobre la imposibilidad de subsistir en los márgenes de la sociedad, a través de la historia de una familia que vive en una casa situada junto a una autopista abandonada, convertida en un hogar extraño pero dulce. Sin embargo, cuando la autopista quede abierta a la circulación deberán readaptarse al mundo del que decidieron huir.

Huppert, que en la película interpreta a un nuevo personaje ambiguo y complejo, sigue teniendo un ojo infalible para elegir proyectos inclasificables. Cuenta que el año que viene será Blanche Du Bois en un nuevo montaje de 'Un tranvía llamado deseo' que se estrenará en febrero de 2010 en París.

Y confirma que protagonizará la nueva película de Michael Haneke, principal cómplice de la actriz francesa en su lucha particular contra el cine más aséptico y convencional.

Home habla de una voluntad común: marcharse a vivir lejos del mundanal ruido frente al imperativo de la socialización. ¿Es un deseo que comparte?

En absoluto. Considero que en esta vida hay que hacer concesiones y encontrar puntos medios respecto a este problema. Podemos deplorar la vida en sociedad y la mirada del otro todo lo que queramos, pero en el fondo sabemos que el hombre necesita vivir de esta manera. Es más: para existir necesitamos la presencia del otro.

¿Puede interpretarse esta película como una puesta al día del mito de la caverna?

Me parece una lectura bastante evidente, pero que extrañamente nadie destacó cuando Home se estrenó en Francia. Es la locura de mi personaje lo que crea esta increíble regresión hacia el estado original de la familia. La madre pretende que sus hijos vuelvan al vientre materno. La casa de la película simboliza la matriz.

Parte de una situación cercana a la ciencia-ficción, pero logra convertirla en algo creíble.

Exacto. La familia vive una situación que ningún espectador puede conocer y, al mismo tiempo, todo está tratado de forma realista y convincente. Además, existe otra dificultad añadida: los personajes parten de arquetipos el padre, la madre, la adolescente conflictiva, el hijo travieso que se acaban convirtiendo en seres complejos. Cuando leí el guión me preocupó que la directora no fuera capaz de salir de la posición esquemática del principio, pero al final se ha salido con la suya.

Ha dicho que, como actriz, lo que más le interesa son "los estados de gran fragilidad".

No es algo que haya elegido conscientemente, sino más bien algo que me han propuesto repetidamente y que nunca he excluido. Siempre me ha gustado ahondar en esta dimensión de mis personajes, lo que supone ejecutar una exploración de uno mismo. Sigo creyendo que ser actor consiste en hacer aparecer en pantalla una parte invisible de uno mismo.

¿El personaje se adapta a usted, y no al contrario?

Construir un personaje es un proceso que se mueve en ambos sentidos. Pero, personalmente, creo que siempre termina ganando la persona y no el papel. Por mucho que nos esforcemos en hacerlo creíble, un personaje nunca existe, mientras que las personas somos reales. Y, a mi entender, lo único interesante que puede hacer el cine es hacer circular la realidad. Sólo lo que tiene un fundamento real llega a alcanzar al espectador. No hace falta que yo haya vivido lo mismo que mi personaje, pero es necesario que tenga cabida en mi imaginario.

Si no encuentra esa base compartida con un personaje, ¿no acepta interpretarlo?

Si no encuentro esta condición, no es algo que suela interesarme. Aunque en el fondo siempre hay formas de acercarse a un personaje. Los actores somos grandes depredadores: nos alimentamos de historias ajenas y las transformamos en algo propio. Somos secuestradores en toda regla, aunque al final nadie se da cuenta de ello al ver la película. Pero no hay que tener miedo de seguir este proceso: es lo que se debe hacer para lograr un buen resultado.

En su carrera se observa un interés permanente por cruzar las fronteras de lo convencional a través de proyectos de alto riesgo.

Es que nunca he entendido el interés de hacer cine y teatro si no es para ir a esos lugares un poco oscuros. El cine debe servir para explorar las zonas prohibidas. No es sólo que no me dé ningún miedo, sino que me parece lo único interesante que puedo hacer, o incluso lo único que me divierte.

¿Por qué cree que la mayoría de intérpretes eligen otras vías más fáciles?

Bueno, es que no siempre se encuentran los proyectos adecuados. Para entrar en esas zonas prohibidas hace falta cierto talento, por lo que es más difícil encontrar este tipo de películas que otras cosas más ligeras. Dicho esto, a mí también me gusta hacer películas más fáciles y cómodas de vez en cuando. No es que me sienta exclusivamente atraída por la incomodidad y el malestar.

¿Diría que su gusto por los personajes moralmente ambiguos ha perjudicado su reconocimiento como actriz?

Tal vez sea así. Observo que la gente me confunde cada vez más con mis personajes. Se trata de una confusión incontrolable. Durante mucho tiempo me ha dado igual, pero en los últimos años he empezado a pensar que me gustaría cambiar esta percepción, aunque sé que es casi imposible.

Michael Haneke ha dicho que prepara una película sobre "la decrepitud provocada por la vejez". ¿Formará parte de ella?

Sí, aunque aclaro que no tratará de mi vejez [risas]. Vamos, por lo menos eso espero. Hablará de la relación entre una mujer y su anciano padre. O eso creo, porque no he leído el guión. Me gusta pensar que existen dos o tres personas sobre la faz de la Tierra a quien podemos decir que sí sin lamentar las consecuencias. Y Haneke es uno de ellos.

El director de cine austríaco dice que la palabra que más odia es "sentimental".¿Y la suya?

Elegiría la misma. Debe ser por eso que nos entendemos tan bien. Su crítica suprema es decir que algo no le gusta porque resulta demasiado endulzado. Y tiene razón: es la peor manera de mostrar la belleza de los sentimientos. La cursilería, el remilgo y la falsa amabilidad son cosas que no me gustan nada.

¿Cuál ha sido el encuentro más importante de su carrera?

Ha habido dos: Michael Haneke y Claude Chabrol. Tengo la suerte de formar parte de la obra de cada uno. En ambos casos, se trata de un conjunto que sobrepasa cada película en sí. Además, en los dos casos fue extremadamente fácil adentrarme en su universo, mucho más que con cualquier otro realizador. Resulta agradable pensar que tal simplicidad en el plano humano acabe generando tanta complejidad y sofisticación a nivel artístico.

Sin embargo, con Haneke no se entendieron a la primera.

Es cierto. Me propuso hacer Funny Games y le dije que no. Todavía me acuerdo del día. Me encontraba de viaje por Escocia y le llamé desde una cabina telefónica. Se quedó muy decepcionado, pero no se lo tomó mal. Creo que el hecho de empezar diciendo que no creó unos cimientos más sólidos en nuestra relación profesional.

¿Dice que no a menudo?

Claro. Digo que no a todo lo que es malo.

Dijo que no a Quentin Tarantino, quien le propuso un papel en Malditos bastardos. ¿Tarantino también es malo?

Era un papel minúsculo, tan pequeño que lo acabó cortando del metraje final. Así que suerte que le dije que no, porque no me lo hubiera tomado nada bien. No fue un problema de personalidad, ni de química, como se ha dicho. Ya tendremos la ocasión de hacer otra película, con un papel grande si es posible.

No sé si sabe que Pedro Almodóvar dijo que, si tuviera que rodar con una actriz francesa, escogería a Emmanuelle Devos o a usted.

¿De verdad? Pues le respondo que me llame cuando quiera y nos ponemos a ello. Además, me encanta EmmanuelleDevos, así que nos podría contratar a las dos al mismo tiempo. Si lo ve por ahí, dígale que podríamos interpretar a un par de hermanas, o algo así.

Cinco directores que transformaron a Huppert en una estrella

Haneke


A finales de los noventa, mientras Huppert interpretaba a María Estuardo en un teatro londinense, recibió la visita de un semidesconocido realizador austriaco, que le propuso protagonizar ‘Funny Games’. Huppert le dijo no, pero Haneke no se lo tomó mal. Más tarde le ofreció ‘La pianista’ (2001) y ‘El tiempo del lobo’ (2003). Rodarán su tercera colaboración en 2010.

Chabrol

Un encuentro fortuito en un aeropuerto en los setenta originó una larga colaboración con el cineasta. Huppert considera que el director ha sido “un guía” a lo largo de su carrera, tras rodar siete filmes juntos, como ‘La ceremonia’ (1995), ‘Gracias por el chocolate’ (2000) y ‘Borrachera de poder’ (2006).

Godard


Su colaboración fue breve pero determinante. “Godard es como un oráculo”, sostiene la actriz, que protagonizó dos de sus películas: ‘Sálvese quien pueda’ (1980), donde interpretaba a una prostituta, y ‘Pasión’ (1982). “Godard tiene la increíble habilidad de saber trabajar con la parte bruta de un actor”, dice Huppert.

Tavernier

Rodó con él ‘El juez y el asesino’ (1976) y ‘1280 almas’ (1980). “Los filmes de Tavernier indagaban en temas sobre los que no se hablaba mucho en aquella época, como la diferencia entre la normalidad y la locura”, dice la actriz. En su trabajo junto a Tavernier, Huppert trabajó con un registro ambiguo, entre la cordura y la demencia.

Cimino

El director estadounidense la escogió entre cientos de candidatas para protagonizar el western ‘La puerta del cielo’ (1980), el mayor fracaso de la historia de Hollywood. “La elegí por intuición. No sabía ni quien era, pero sabía que era una persona inteligente. Ella es un genio”, asegura Cimino.

Graham Nash: Un poco reconocido primera clase


La reciente edición del estuche “Reflections. The Definitive Collection”, de Graham Nash, nos sirve para aproximarnos a la obra de este imprescindible creador, miembro de The Hollies y de los distintos formatos de la saga Crosby, Stills, Nash & Young. Todo un primera clase, sin duda alguna


JAVIER DE CASTRO
Efe Eme




Aunque resta fuera de toda duda la magnífica aportación artística que el británico Graham Nash ha realizado a la historia del pop rock desde su irrupción en esto de la música allá por 1963, cuando debutó, discográficamente hablando, no se le suele citar –sostengo que de forma injusta– entre los más grandes creadores de su estilo de este último medio siglo musical. Quizás su acentuada modestia sumada a una posición personal nada presuntuosa en el contexto del “mainstream” y una enorme generosidad por lo que respecta a su continua predisposición a colaborar con quien sea, hayan sido algunas de las causas por las que al artista de Blackpool no se le sitúe a la altura del escalafón que realmente merecería.

Para empezar, debe constatarse que todos los proyectos en los que Nash ha estado involucrado han sido exitosos en mayor o menor medida. Empezando por su estancia (1963-1968) en The Hollies, el maravilloso grupo de voces que rivalizó de verdad durante la década de los 60, con los Beatles y los Rollings, puesto que después de éstos fueron el conjunto que más “top tens” alcanzó en las siempre competidas listas de éxito de la Gran Bretaña. Cuando el bueno de Graham empezó a ver que sus ideas iban demasiado por delante de los planteamientos del grupo, decidió abandonarlo y buscar en otros territorios espacio amplio en el que dar rienda suelta a sus nuevas y brillantes necesidades creativas. En la alforja de su ex conjunto quedaron algunas gemas pop inconmensurables, compuestas por él como ‘On A Carrousel’, ‘Carre Anne’ o ‘King Midas In Reverse’, entre otras muchas, producidas a partir de finales de 1965 pero sobre todo durante los dos años siguientes, inspiradas por el rico ambiente estético vigente y con obras como el “Revolver” o el “Seargent Pepper’s” de Los Beatles o el “Pet Sounds” de The Beach Boys como referentes indisimulados. Su huida hacia delante, viaje a California incluido, le permitió reencontrarse con algunos artistas emergentes norteamericanos a los que había conocido en sus giras por el nuevo continente de años antes junto a los Hollies y con los que, sin duda, congenió y mucho en lo musical. Gente como Mama Cass Elliott de los Mamas & The Papas, Stephen Stills y Neil Young de Buffalo Springfield y, sobre todo, David Crosby, de The Byrds. Como muy bien lo explica Fernando López Chaurri en sus excelentes trabajos monográficos sobre The Hollies y The Byrds, el cambio de aires musicales de Nash no fue en absoluto una decisión atolondrada. Dejó al grupo en el que se dio a conocer y que se encontraba quizás en su mejor momento artístico y de popularidad de toda su carrera, para lanzarse a una nueva –e incierta, por qué no decirlo– aventura profesional. Eso sí, la situación de un quizás también algo decepcionado Crosby por la deriva hacia el country de los Byrds; junto a la de un Stills harto de mal rollo y que consideraba que la situación de los Buffalo ya entraba en barrena irremediable; y, por supuesto, la de un Graham Nash momentáneamente sin empleo fijo, atisbaban suficientes elementos positivos para que sus talentos respectivos propiciasen la química necesaria para poner en marcha un conglomerado novedoso para el panorama musical de finales de 1968 y que sin duda daría que hablar…

El trabajo del trío Crosby, Stills & Nash o del cuarteto que completaría eventualmente Neil Young, fue considerado de forma unánime tanto por la crítica como por el público y reconocido por gran parte de la profesión, como experiencias a un tiempo innovadoras y económicamente rentables. Y es que a partir de “Crosby, Stills & Nash” (1969), el álbum que marcó el disparo de salida a la tan larga como intermitente trayectoria de colaboración, estos tres (o cuatro) artistas, pusieron las bases de un estilo propio que ha marcado cátedra y cuyos elementos combinativos han sido el folk-rock, el country o la canción de autor, todo ello presidido por una combinación de armonías vocales que han sido sello indiscutible de distinción. Discos como “Déja Vu” (1970), “CSN” (1977), “Daylight Again” (1982) –inolvidable éste último por las incontables horas de garita que llenó a quien esto escribe–, “American Dream” (1988), “Looking Forward” (1999), etcétera, y algunas canciones en ellos contenidas, debidas a la pluma y al piano de Graham Nash como ‘Marrakech Express’, ‘Teach Your Children’, ‘Cathedral’, ‘Cold Rain’, ‘Wasted On The Way’, ‘House Of Broken Dreams’ o ‘Heartland’, entre bastante más, constituyen –con perdón de cualquiera de sus habituales “partenaires” y sus respectivos méritos– de lo mejorcito de la producción discográfica de aquel conglomerado irrepetible. A reseñar también, naturalmente, el formato que aún más escueto protagonizara en dueto junto a David Crosby, exitoso a veces gracias a temazos propios como ‘Wind On The Water’, ‘Fieldworker’ o ‘Cowboy Of Dreams’ y los 33 revoluciones que los contenían, aunque a merced siempre de los demasiado habituales malos momentos del orondo artista californiano que ha logrado salir a flote de una larga relación con el alcohol, las drogas y peligrosas armas de fuego, gracias casi siempre a la paciencia y al apoyo incondicional de su amigo inglés.

Es curioso, sin embargo, que un tipo del talento y de las capacidades musicales de Graham Nash, haya trabajado en pocas ocasiones únicamente para sí y que discos impresionantes como “Songs For Beginners” (1971), “Wild Tales” (1974), “Heart & Sky” (1980), “Innocent Eyes” (1986) o “Songs For Survivors” (2002) hayan tenido menos continuidad de la deseada. Suponemos que su tiempo no ha dado para más, puesto que a todo lo dicho deben sumarse apariciones puntuales en conciertos o grabaciones de gente como Rita Coolidge, Joni Mitchell, Dan Fogelberg, James Taylor o Judy Collins, entre muchos otros, al margen de –cómo no– otras colaboraciones no siempre puntuales en el trabajo en solitario de sus compañeros David, Neil o Stephen o incluso en un disco de regreso de The Hollies durante la década de los ochenta.

Objetivamente, un carrerón; sin duda. Tanto para aquellos que ya estén muy familiarizados con la carrera musical de Graham Nash que acabamos de resumir de forma precipitada, como para los que simplemente hayan oído hablar de él a grosso modo pero que quieran introducirse de una vez por todas en la trayectoria de un artista grandioso como él, a la par que tan poco común, recomiendo estas recientes “Reflections. The Definitive Collection” (Atlantic/Rhino). Algo así como un resumen de indudable peso descriptivo de una aportación musical tan sustanciosa como la suya durante las últimas cuatro décadas del siglo XX y la que llevamos del XXI. Una primorosa entrega magníficamente presentada en formato de estuche desplegable, que se compone de tres compactos y un precioso libro de, nada más y nada menos, 150 páginas a todo color con abundante material fotográfico –Nash es algo más que un aficionado a la fotografía–, información histórica interesantísima y una notas redactadas por el propio Nash explicando cuestiones varias relacionadas con todas y cada una de las canciones seleccionadas provenientes de todas sus etapas creativas. Como no podía ser de otra manera, y a fin de colmar el apetito de sus seguidores más completistas, entre los sesenta y cuatro cortes escogidos, el disfrutante se topará ante un buen número de inéditos: sin duda, el valor añadido de la presente entrega, a base de tomas desconocidas de algunos de sus hits más importantes junto a grabaciones hasta ahora desconocidas que por una u otra razón habían permanecido lejos del gran público y al alcance, en el mejor de los casos, tan sólo gracias a alguna grabación pirata. Una auténtica delicia, vaya.

Para finalizar, y si es que he sido capaz de convencerles sobre la bonanza de esta entrega magnífica, me permito darles un último consejo; eso sí, siempre que la economía de cada uno se lo permita en estos tiempos, para la mayoría, de extenuante crisis. Recomiendo que, a poder ser, se opte por el riguroso formato tangible, ya que en un caso notabilísimo como el presente, nobleza obliga. Un servidor, que en su día pasó por caja, cuando contempla el producto y lo escucha una y otra vez, se le cae la baba… ¡De veras!

¡Ahora sí que estamos todos fichados!


La policía británica crea una base de datos de manifestantes


CARLOS MARTÍNEZ
Carlosmartinez.info




El pasado 25 de octubre, el diario inglés “The Guardian”, informaba de que la policía de ese país había creado una base de datos en la almacenaban los datos personales de miles de activistas que asisten a reuniones políticas y protestas. El aparato de inteligencia está guardando información detallada sobre actividades políticas de aquellos ciudadanos que son considerados “extremistas domésticos”, a pesar de que no han cometido ningún delito. El estado británico ha destinado a este aparato oculto nueve millones de libras y unas cien personas empleadas.

Para conseguir la información se han dotado de un sistema que reconoce automáticamente las matrículas de los vehículos con los que los militantes acuden a reuniones y manifestaciones. Un hombre, que no tiene antecedentes penales fue detenido más de 25 veces en menos de tres años tras una protesta después que su matrícula fuera reconocida y fichada al asistir a una pequeña protesta contra la caza de patos y faisanes.

Las unidades de información también fotografían a los asistentes a actos, quedando su imagen personal registrada tanto en la base de datos como en las tarjetas de identificación que se facilitan a los observadores.

Toda esta infraestructura se creó para luchar contra los activistas pro derechos de los animales. Los responsables reconocen que es poca la actividad delictiva de estos grupos por lo que han ampliado sus investigaciones a aun amplio espectro político, incluyendo activistas anti-guerra y grupos ecologistas que sólo han realizado acciones pacíficas.

Anton Setchell, que es el principal responsable del “extremismo doméstico”, dijo que las personas que se encuentran en las bases de datos "no deben preocuparse en absoluto". Pero se negó a revelar cuántas personas se encontraban en la base de datos estatal, afirmando que "no es fácil" recontarlos. Sobre las fotografías, dijo que los oficiales de vigilancia habían anotado la información, según el inofensiva, sobre la asistencia de personas a las manifestaciones y que seguidamente esta información se introduce en la base de datos.

Esta actividad del Estado del Reino Unido es una violación flagrante de los derechos humanos a la intimidad, es cierto que en esa monarquía es más sencillo jurídicamente realizar este tipo de espionaje a sus propios ciudadanos por la ausencia de una constitución escrita, pero debe servir de llamada de atención al resto de los ciudadanos para estar vigilantes frente a los abusos de los aparatos policiales.

Curiosamente, el Reino Unido no dispone de documento de identidad similar al español o francés pues los activistas pro derechos humanos se han negado cuando se ha intentado implantar recordando los peligros de que todos los ciudadanos estén perfectamente fichados en el caso de que un Estado caiga en manos del fascismo. Por ello, Holanda, que sufrió de primera mano el nazismo, tiene reconocido como derecho fundamental de sus ciudadanos el negarse a identificarse, incluso frente a la policía, derechos que también tienen los ciudadanos de los Estados Unidos de América.

Un portavoz de la policía británica ha llegado a justificar esta base de datos con las siguientes palabras: “Es un listado de información y no de recogida de pruebas. Manifestarse no es un delito, pero en ocasiones hay una línea que se cruza cuando la gente comete delitos”.

Ya advertimos de las posibilidades que ofrecen las fotografías digitales de alta calidad y software de reconocimiento de rostros, en el caso inglés además, cruzado con reconocimiento de matrículas de vehículos. La variante más divertida de estas nuevas técnicas que ha sido noticia recientemente es es la utilización de un programa para contar cabezas desde una foto aérea para contar manifestantes. Software que ha dejado en evidencia a la ultraderecha española que afirmaba haber convocado a dos millones de personas a una manifestación anti abortista cuando en realidad no superaban los sesenta mil.

En este caso, y con toda seguridad, la policía española no habrá fichado “preventivamente” a los manifestantes ultra-católicos. Y deberían, según el criterio de la policía inglesa, puesto que se convertirán en delincuentes sí cruzan la línea que existe entre manifestarse y agredir a un médico que practica interrupciones de embarazo a petición de la mujer.

También, y con esta misma filosofía, debería ficharse a todos aquellos individuos que tengan un nivel de vida alto por que seguramente defraudarán a la Hacienda Pública, o a aquellos ciudadanos que se afilien al Partido Popular español, pues con mucha probabilidad cometerán un delito relacionado con la corrupción durante su carrera política.

Por fin en español el libro sobre la alucinógena vida de Syd Barret


'Crazy diamond. Syd Barret y el amanecer de Pink Floyd' hace un buen repaso a su vida. La versión que nos llega es la actualizada con motivo del fallecimiento del artista en 2006. La prensa inglesa lo ha definido como un "informe dolorosamente exacto y agudo"



ALEJANDRO ARTECHE
Soitu




Cuando se habla de mitos en el mundo de la música, siempre se hace con artistas difuntos. El paso de la genialidad al Olimpo de los dioses ocurre al fallecer el músico. Entonces su vida, obra y milagros son motivo de peregrinación. Ahí están los casos de Serge Gainsbourg y los fans que día a día llenan las paredes de lo que fuera su domicilio con mensajes de admiración o las manifestaciones de fans que día tras día recibe la tumba de Jim Morrison. Son muy pocos, por no decir nadie, los músicos que reciben la calificación de mito en vida. Syd Barrett fue uno de los elegidos.

Cantante original, guitarra y compositor de la primera etapa de Pink Floyd, los locos años sesenta, la experimentación con drogas alucinógenas y una salud mental no muy buena le convirtieron en un juguete roto en muy poco tiempo. Tal cual lo cuentan Mike Watkinson y Pete Anderson en 'Crazy diamond. Syd Barret y el amanecer de Pink Floyd', considerada como la biografía más vendida en el mundo de las que hay sobre la figura del fundador de Pink Floyd y que ahora se edita en castellano en una edición revisada por los autores con motivo del fallecimiento de Barrett hace tres años.

En un viaje a través de la infancia de Syd, sus comienzos en la música, la formación de Pink Floyd y sus alucinógenos y psicodélicos primeros conciertos a través de un montón de declaraciones de personas allegadas al cantante y sus antiguos compañeros, así como fotografías personales, intentaremos llegar al fondo de la mente de Barrett. ¿Realmente toda su vida estuvo marcada por las experiencias con el LSD o había más problemas aparte del abuso de drogas?

Convertido en prisionero de sí mismo tras dejar (o ser invitado a dejar) el grupo y con una farragosa carrera como solista, la obra de Syd Barrett ha servido de referente para muchos músicos, incluso músicos punk, new wave y siniestros que, otra cosa no, pero sobre la psicodelia y los años sesenta decían de todo menos bonito. Ahí están los casos de The Jesus and Mary Chain que versioneaban uno de sus temas, Paul Weller que intentó reproducir el sonido de Barrett en una canción de los Jam, Marc Almond, Robert Smith de los Cure o Siouxsie and the Banshees que lo consideraron influencia máxima en la grabación de su disco de 1980 'Kaleidoscope'. John Lidon, de los Sex Pistols, se paseaba por Londres con una camiseta que ponía 'Odio a los Pink Floyd' pero, aún así, la figura de su antiguo cantante era respetada por todos y los propios Pistols llegaron a tocar en directo uno de sus temas.

Agobiado por la fama y no preparado para soportarla, según cuenta en el libro una antigua novia suya, Barrett se fue encerrando poco a poco en su mundo para terminar apartado de todo, viviendo retirado de los escenarios sin más preocupación que pintar o hacer trabajos de bricolaje en su jardín. Los grandes beneficios de sus composiciones para Pink Floyd le permitieron vivir de las rentas el resto de su vida, pero la tranquilidad y anonimato que tanto buscaba y que tanto ayudaba a su débil salud mental —se llegó a rumorear que sufría una especie de autismo— jamás le fue concedido.

No había día que algún fan llamara al timbre de su casa, gente que se cruzaba con él le sacaba fotos y abordaba por la calle y algunas revistas musicales llegaron a tener secciones fijas en plan avistamiento de ovnis donde los lectores podían contar dónde, cómo y cuándo se habían topado con Syd Barrett. Periodistas empeñados en escribir sobre él investigaban a la familia y hacían guardia frente a su jardín y a pesar de los ruegos de su cuñado que llegó a escribir una carta que se publicó en un diario inglés para pedir por favor que cesara el acoso de fans a Barrett, todo fue inútil. El colmo fue cuando el grupo TV Personalities tocó en directo como teloneros de la gira en solitario de otro Pink Floyd, David Gilmour, y tras dedicar una canción a Syd Barrett, leyeron en alto la dirección donde vivía en ese momento delante de todo el público. Esa misma noche eran expulsados de la gira.

A pesar del interés que había por parte de todo el mundo hacia su persona, Barrett huyó hasta el final de cualquier intento de volver a la vida pública. Su discográfica fue reeditando sus dos discos en solitario, cajas, recopilaciones con descartes y demás parafernalia que se vendían muy bien y ayudaban a su economía, pero siempre pasó de ofertas como la de una multinacional americana que llegó a ofrecerle una cantidad indecente de dinero sólo para que se pusiera delante de una grabadora y tocase lo que se le ocurriese junto a una serie de músicos (entre los que estaría algún miembro de REM, según rumores).

Algo tocó su cabeza en un momento dado que hizo que nunca quisiera recordar su pasado musical y que renegara de Pink Floyd. No hablaba con nadie de esos asuntos y no tenía el mínimo interés en nada que concerniera a su pasado. Incluso cuando Pink Floyd se volvieron a juntar tras su separación de 1981 en una ocasión histórica como fue en 2005 el Festival Live8 en Londres, sus familiares cuentan que no prestó atención a la noticia y ni se molestó en encender el televisor para ver el concierto en el que sus antiguos compañeros le dedicaban 'Wish you were here'.

Esta biografía escrita por Mike Watkinson y Pete Anderson es de gran ayuda para intentar entender un poco cómo funcionaba la cabeza de Syd Barrett (hacerlo del todo creo que es imposible) a la hora de crear la música que hizo. Considerada como de las mejores, esta obra estuvo a punto de ser llevada al cine por una productora americana y a pesar de realizarse un guión previo por los propios autores del libro, la oposición de otro Pink Floyd, Roger Waters, lo ha impedido hasta el momento. Las malas lenguas dicen que tenía envidia de la excesiva importancia que daban a la figura de Barrett como creador de Pink Floyd en contra del resto de miembros de la banda y, en particular, la de Waters.

Con prólogo del músico Julian Cope, la versión que llega a nuestras librerías de 'Crazy diamond, Syd Barrett y el amanecer de Pink Floyd' es la actualizada con motivo del fallecimiento del artista en 2006. Para ello se han añadido varios apéndices donde podemos descubrir qué hacen en la actualidad los protagonistas de la historia (novias, managers, amigos, músicos, familia...) y varios epílogos donde recopilan las reacciones que tuvo la gente con la edición original del libro al publicarse en 1991, así como el relato de los últimos años de vida de Syd Barrett antes de fallecer de cáncer. Una extensa relación de material sobre Barrett donde figura su discografía oficial con Pink Floyd y en solitario, singles y caras B, recopilaciones, discos piratas con grabaciones extrañas, canciones de otros artistas que tratan sobre él o discos donde podemos encontrar versiones de su obra realizadas por gente como David Bowie, Damned o Love and Rockets incluyendo no sólo las editadas en discos, sino las que se sabe han sido cantadas en conciertos o programas de televisión así como los diferentes libros, vídeos, documentales y demás memorabilia que existe sobre su figura, completan este exhaustivo trabajo que fue considerado por la prensa inglesa como un "informe dolorosamente exacto y agudo del ascenso, caída y auto reclusión de Syd Barrett".