Las metáforas de Roberto Iniesta


CARLOS MARCOS
El País




Se muestra extremadamente amable, pausado, desconocido. Roberto Iniesta (Plasencia, Cáceres, 1962), el rockero ingobernable, esquivo con la popularidad, refugiado en sus tormentos, ha cambiado. Quizá sea su nueva condición de escritor. O que dar descanso a los amenazadores y ceñudos Extremoduro le ha desenchufado. Y sin esa electricidad es otro, mucho más ponderado. Para los no frecuentadores de ambientes rockeros, apuntar que Extremoduro, su grupo, es un milagro dentro de la música española: unos tipejos desarrapados capaces de llenar pabellones sin sonar en radios y, al mismo tiempo, de acumular alabanzas por parte de los críticos más severos. La esencia del grupo son los textos de Robe ("El cielo estaba rojo como una amapola / los ojos también rojos de no haber dormido / La luna me ha dado el toque: niño, estoy muy sola", cuenta en Abre el pecho y registra) y esa forma bronca de cantarlos. Nada que ver con el tipo que ahora mismo sorbe un suave té, cruza las manos y habla sin parar.

Nos pide con tremenda dulzura (sí, se descubre afable) que no desvelemos mucho de la trama de su primer libro, El viaje íntimo de la locura, que lo mejor es zambullirse a tumba abierta en la historia. No busque ni drogas ni rock ni Extremoduro ni episodios morbosos de la azarosa vida de Roberto Iniesta. Y tampoco hay mucho sexo en la historia de un notario gris (Don Severino), rutinario y desesperadamente soso, al que la vida le da un bofetón que le arrastra a una excitante aventura. Pero tanta corrección de Iniesta salta por los aires a poco que se le pinche. Es cuando surge su espíritu indomable. Estéticamente conserva su actitud radical con un pelo alborotado con mechas ¡azules! y verbalmente suelta cosas como: "Me la suda si el libro no vende". Eso sí, lo dice con dulzura.

PREGUNTA. ¿Qué grado de locura tiene Roberto Iniesta?

RESPUESTA. Quizá no sea el más indicado para decirlo. Pero cuando me dicen "estás loco por hacer tal cosa", ahí pienso que no voy por mal camino. Al contrario. Si dicen que estoy loco, puede ser, o que lo estoy de verdad, o que estoy abriendo un nuevo camino. Lo mío siempre ha sido innovar y crear cosas nuevas. Si dicen que estoy loco... pues no será tan malo.

P. Diga algo que ha hecho y por lo que le han tachado de loco.

R. Bueno, quizá cuando empecé a hacer el libro. Me dijeron: "Tú tienes tu curro, tu historia... Todo el mundo dice que eres un letrista de canciones cojonudo, qué ganas tienes de que la gente diga que escribes libros como la puta mierda. ¿A qué viene esto del libro?

P. ¿A qué viene?

R. Bueno... Me lo he pasado muy bien haciéndolo. Es una actividad distinta de la de componer. Las canciones estás mucho tiempo intentando hacerlas y luego..., plas, salen en un momento. Ese periodo de la creación, como que pasa muy rápido. Y con el libro la creación dura mucho. Te vas a la cama con un buen rollo que no veas. A lo mejor has escrito una página, o un solo párrafo, pero te parece que es la hostia. Te vas a la cama todo orgulloso, diciendo: "Bua, es que soy la polla". El libro te hace pasarlo bien más tiempo.

P. ¿Le gustaría tener un gran éxito de ventas con el libro?

R. No, eso me la suda. ¿Qué es el éxito, que le guste a muchísimos tíos un poco, o que les guste muchísimo a pocos? Si yo me lo paso bien y le gusta a alguien, aunque sean unos pocos, pues para adelante.

P. ¿Por qué hace promoción entonces?

R. Quiero que la gente sepa que he escrito un libro. Si el libro es bueno, el boca a oreja hará lo demás. Así fue con Extremoduro.

P. Empezó el libro en 2003...

R. Lo que pasa es que empecé probando. Luego paré para estudiar por la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia) gramática y ortografía porque quería tener soltura. Al escribir prosa debes atenerte mucho más a las normas que en las canciones o la poesía.

P. ¿Ha utilizado mucho el diccionario?

R. Claro, todo el rato. No como una biblia, pero sí para saber cuándo me estaba saliendo. Alguna vez he pasado de él y no he aceptado sus normas, pero sabiéndolo.

P. La última frase del libro es: "¡No te jode!". Eso es muy Extremoduro.

R. Sí, eso lo dice una lombriz. Es una metáfora. Habla de ese ser que nunca tenemos en cuenta. Siempre se cuenta la historia de los reyes, de las grandes batallas... Joder, y toda esa gente que estaba ahí..., pobrecillos, también tienen su historia. Siempre hay otras maneras de ver la realidad.

P. ¿Cómo es su relación con la literatura? ¿Cuándo empezó a leer y qué tipo de libros?

R. No he leído mucho. De pequeño leía los de Los Cinco. Me lo pasaba muy bien. Pero me costaba ponerme. Luego hubo una época en la que no leía nada de nada.

P. ¿Coincidió con su etapa salvaje?

R. Claro. Llegaba ciego a casa y cómo iba a leer. Ni con gafas. Pero hace unos diez años empecé a leer mucho. Soy un lector tardío y tiene su parte buena, porque puedes coger de todos los territorios: clásicos, modernos... Ahora leo todas las noches. Me sienta bien. Y varío: si me he terminado una novela de acción, luego cojo una biografía y luego un best seller.

P. Da la impresión de que en la trama de la novela introduce ideas que ya apunta en las letras de Extremoduro, como los ataques a la Monarquía y a la Iglesia.

R. El argumento me ha permitido tocar diferentes terrenos y a veces me he tirado al barro. Y sí, me he vengado de alguna cosa y me he desahogado. Y la verdad es que me he quedado a gusto. Lo escribes y... toma, ahí queda eso.

P. Otra idea de la historia es poner en entredicho la democracia, el valor de lo que piensa la mayoría.

R. Hacerse preguntas es bueno. No creo que haya ningún peligro en cuestionarse las cosas. Es sano.

P. ¿Va a tener continuidad, va a escribir más novelas?

R. Espero que sí. Cuando acabé de escribirlo me dio mucha pena. Me quedé como vacío. Pensaba: y ahora qué, con lo bien que me lo estoy pasando. Es que me gustan mucho las palabras y enredar con ellas. En cuanto tenga otra ideíta tiraré del hilo. Pero por ahora no tengo nada. Y no quiero forzarlo. Ya llegará. Quizá me tenga que aburrir un poco para que salte la chispa.

Dion Dimucci, el Frank Sinatra del rock and roll


RAGTIME WILLIE
Requesound




He dudado sobre incluir a este gigante en el cuarto oscuro, tan poco poblado últimamente. Pero, después de darle algunas vueltas, he decidido incluirle. Mi principal razonamiento es que este hombre fue arrolladoramente popular en Estados Unidos, pero no así en este país nuestro, todavía un tanto aislado en lo que a historia musical se refiere. País de desmemoriados, por otra parte. Pero eso daría para otra temática y otras polémicas.

Presumo que, si a un jovenzuelo de, digamos, 25 años, le preguntas por Dion Dimucci, probablemente te responda calibrando entre incluirle en la nómina de actores de los Soprano o en meterle en el reparto de Scarface.

“En Nueva York, si vivías en una comunidad ítaloamericana, el código de la calle era respeto y reputación. Cuando cantaba una canción como “I’m So Lonesome I Could Cry”, no molestaba a mis amigos, pero si verbalizaba lo que les estaba cantando y les decía que me sentía solo y confuso….entonces, recibías un puñetazo en la cara”.

Dimucci pronto salió del Bronx para introducirse en el mundo de la música. Hijo de la calle, del asfalto y de la dura vida en el Bronx, Dimucci personificaba una curiosa mezcla de R&B, blues y doowop y la expresaba a través de su prístina y enérgica voz.

Comenzó con un grupo respaldando su voz, los Belmonts, y en 1958, cuando Dion contaba con 19 añitos, el éxito llegó a manos llenas. El lado oscuro se manifestaba en la temprana adicción de Dion a la heroína. Jugueteaba con ella desde que tenía 14 años.

Saboreando las mieles del éxito Dion y los Belmonts se fueron de gira con Buddy Holly, Richie Valens y The Big Bopper durante el invierno de 1959. El propio Dion pudo haber muerto en el accidente que segó la vida de Holly y Valens, ese día en el que para muchos, murió la música.

A finales de los cincuenta, los ídolos adolescentes, los “teenagers in love” se repartían las listas de éxitos. Dion & The Belmonte fueron etiquetados como tales, sin embargo, la expresividad de Dion bordeaba territorios autodestructivos y sus modulaciones vocales remitían al blues, al Rhythm and Blues…..y, por si fuera poco, Dion era un fabuloso guitarrista y compositor. Era mucho más que un ídolo de jovencitas. Y así habría de demostrarlo.

Agrias disputas con sus Belmonts (causadas, en su mayoría, por los lamentables estados de Dion provocados por la heroína) hacen que Dion se vaya del grupo y camine en solitario. Y demuestra que no necesita a un grupo vocal para tapar sus supuestas carencias. Con “The Wanderer” se apunta un número uno incontestable, lo que le lleva a firmar por Columbia garantizándole la suculenta suma de 100.000 dólares al año.

Sin embargo, la llegada de los Beatles a Estados Unidos, además de cambiar la vida de muchos jóvenes norteamericanos – que se lo digan a Rogher McGuinn, por ejemplo -, arruinó la trayectoria artística de Dimucci. El desarraigo de Dion, su falta de perspectivas, agravan su temprana dicción al caballo. Su descenso a los infiernos dura la friolera de cinco años.

“1967 fue el período más oscuro y más emocional de mi vida. Era el infierno en la tierra y me di cuenta de que me encontraba a las mismísimas puertas de la muerte. Solía colocarme con Frankie Lymon. Compartíamos jeringuilla, era bastante lamentable. Un día estaba colocado en un sótano y vi la figura del diablo. No se si fue una alucinación, una ilusión o qué, pero estaba de pie delante de mi”.

En febrero de 1968, Frankie Lymon muere de una sobredosis en casa de su abuela en Harlem. Solamente contaba 26 años. Dion escapa a Florida y según sus propias palabras encontró la fe. Este mismo año, graba su estupendo álbum de resurrección, ahora convertido en un autor folk, titulado sencillamente “Dion”. Con este álbum, Dion coloca su primer éxito en cinco años “Abraham, Martin and John”.

En 1974, Phil Spector, el genial productor que definió el sonido pop de los primeros sesenta, se lanza sobre Dimucci proponiéndole la producción de su siguiente álbum. El resultado es un álbum denostado por el propio Dion: “Las sesiones de grabación fueron un circo. Teníamos a Sonny Bono y a Cher en la mesa de mezclas, 10 guitarristas, Spector ejecutando su rutina circense y barroca…todo el álbum me suena a una marcha funeraria. No creo que haya cantado ninguna de las canciones del álbum en mi casa”. El álbum “Born To be With You”, con el paso del tiempo se ha convertido en un álbum de culto, sobre todo entre los colegas músicos de Dion. Pete Townshend lo cita siempre como uno de sus álbumes favoritos de todos los tiempos. El yonqui que grita a Dios, suplicándole redención……cliché absolutamente negado por el propio Dion. Pero el rock and roll es así: repleto de mitos.

En los últimos años, Dion ha publicado discos deslumbrantes, volcados en sus raíces: el blues. Y ha recuperado, de manera prodigiosa su excepcional dote como guitarrista, preferentemente acústico. Su último discazo fue “Bronx In Blue”, una rendición absolutamente fascinante de clásicos del blues. En la portada del disco se puede ver a Dimucci cn una Gibson con cuerdas de metal, su primera guitarra regalada por su tío.

“Hice un concierto en Bruselas, en 1962, con una big band. Después de mi regreso a EEUU, me dije: voy a tocar mi guitarra, que se jodan todos. Desde entonces, sigo tocando mi guitarra como principal fuente de inspiración”.

Dejemos que Lou Reed, un declarado admirador del itliano del Bronx, concluya con sus palabras este pequeñísimo homenaje:

“Está dentro de mi cuerpo y de mi cabeza para siempre. Siempre he esperado ansioso cualquier canción nueva en la que cantara él. Después de todo, él es auténtico. Una de las voces más originales e inspiradas que han surgido de la ciudad de Nueva York. Y, en su corazón él es rhythm and blues y country, vamos, lo que llamamos rock and roll”.

Sin embargo, Dion Dimucci son palabras mayores. Símbolo de ítaloamericanos (podríamos atrevernos a decir, que Dion fue un equivalente a Frank Sinatra, en el mundo del rock y doo wop), Dion fue un tipo duro en el Bronx neoyorquino, miembro de The Foldham Baldies, una banda de italianos que luchaban contra los negros, los latinos y los propios latinoamericanos de bandas rivales.