Carlos Salem: “El humor combate la solemnidad de la literatura”


PEDRO CRENES CASTRO
Senderos retorcidos




Conversamos con Carlos Salem autor “argenñol” de Sigo siendo el rey que publica la Editorial Salto de Página. Nos habla de su novela, su oficio y la novela negra.

¿Cómo nace Pero sigo siendo el rey?

Desde hace años quería escribir una novela que hablara de España, de la España que conozco y de la que formo parte, después de veinte años aquí. También llevaba tiempo con ganas de escribir el primer “caso” para mi propio detective, Txema Arregui, que camina desde hace mucho tiempo, esperando su momento. Un día esas dos necesidades se encontraron y surgió la novela…

Las situaciones de la novela me recuerdan mucho a la película Amanece que no es poco. Es totalmente surrealista todo lo que ocurre en ella. ¿A qué se debe este punto de vista para contar tu historia?

Me lo han dicho ya en varias ocasiones y suelo responder lo mismo: si la novela recuerda a Amanece que no es poco y yo quería contar mi España, será tal vez porque esa película define más de esa España que cinco tomos de sociología y cuatro de historia. En realidad, no creo que todo lo que ocurre en la novela sea surrealista. Hay una parte, la segunda del libro, que usa ese lenguaje para hablar de cosas de de otro modo sonarían a moraleja y coñazo: la España frenada a doscientos metros de muchas autovías, la guerra civil que sigue sin acabar para mucha gente, o la gloriosa sensación de país a medio hacer que te asalta en cualquier esquina. Todo esto visto desde dentro, con cariño. En mi primera novela, Camino de ida, uno de los personajes que también aparecen aquí, Soldati, señalaba que en España se sentía como en la Argentina, “porque acá también lo atan todo con alambre”. El surrealismo de la primera y la tercera parte del libro es de otro origen, es el que te encuentras cada mañana o cada noche si paseas por mi barrio, Lavapiés…

¿Cómo se te ocurrió meter en este fregado al Rey?

Hay dos motivos básicos. Uno es que desde que vine a vivir aquí y, como periodista estudié la biografía de los personajes relevantes en la política y la cultura española, me llamó la atención del Rey ese momento, cuando con diez años de edad, su familia decide confiar a Franco su educación, es decir su futuro. Me imaginaba a un niño de diez años, en 1948, que jugaba en la playa de Estoril y de pronto es nombrado príncipe de nada… También está el hecho de que el Rey formaba parte de la historia vital de Arregui, que ya dejé ver en Matar y guardar la ropa. Cinco años antes de la acción de Pero sigo…, un Arregui que aún era policía salva al Rey casi por casualidad de un secuestro, y eso le cambia la vida, porque el mismo día dos yonquis anacrónicos matan a la mujer que amaba para robarle el bolso. Así que cuando ideaba el primer libro de Arregui me dije, ¿por qué no hacer que vuelva a encontrarse con el Rey? Y el contraste entre el anciano con entusiasmo de niño y el hombre aún joven pero que ya comienza temer a la vejez, me pareció fascinante…

Novela negra-surrealista ¿te parece bien es denominación?

La verdad, no. Pero cuando uno escribe una novela no es dueño de la percepción que tengan los lectores. Y los críticos y los que escriben reseñas, al menos los que a mí me gustan, son ante todo lectores. Así que admito cualquier denominación que se quiera utilizar. Sólo me molesta un poco cuando califican mis escritos como de “parodia” porque no es lo que hago. De hecho, tengo escritas algunas parodias y en ellas no cabe la ternura ni la melancolía. En mis novelas publicadas, creo que sí. Otra cosa es que use el humor del absurdo cotidiano para contar, sin letreros indicadores, otras cosas. Por ejemplo, en esta novela hablo mucho del miedo a envejecer, del temor a que el tiempo nos frene, pero lo hago con algo de humor, para no resultar pedante. Suelo decir, y no para provocar, que el humor tiene muchos efectos secundarios positivos, pero el principal es que combate la solemnidad en la literatura. Y, desde mi punto de vista, la solemnidad mata al arte, o evita que se le ponga dura…

¿Cómo llegaste a la novela negra como escritor?

La novela negra es el género más generoso que existe, porque no te pide nada y te da todas las posibilidades. Por lo general, sucede dentro de una situación límite, y ese es un escenario ideal para llevar al extremo a los personajes. En una crisis uno es quien suele ser, pero también todos los otros que ha sido o podría ser. Además, y en contra de opiniones más importantes que la mía, sostengo que la novela negra es, sobre todo, una novela de personajes. Es inevitable que reflejes. En mayor o menor medida, la sociedad en la que ocurre, pero para mí, lo que importa en una novela negra es el personaje y lo que le ocurre, que siempre está condicionado por su tiempo o por su historia. Hace poco releía Ocho millones de maneras de morir, de Block, y volvió a maravillarme, pero no tanto por lo que cuenta de la prostitución o de una ciudad como Nueva York, en la que la vida no vale nada, como por la lucha de Matthew Scudder con la culpa y el alcohol, esa pelea desigual por mantener un código de decencia que sólo le vale a él, porque es el suyo…

No parodias pero retratas. En el fondo las rivalidades políticas, las sinfonías perdidas o el olvido del pasado ¿es todo parte del lado surrealista de la vida?

Sin ninguna duda, basta leer los diarios o asomarse a la ventana. En los veinte años que llevo aquí, España ha cambiado tanto que por momentos vuelve a parecer la misma de cuando llegué a Barajas por primera vez y tiré de la cadena del váter en el baño del aeropuerto, para ver si lo de Corilis era verdad.

Cameo prodigioso de Paco Ignacio Taibo II. ¿Por qué?

Porque soy un forofo violento de su detective Belascoarán, que para mí es uno de los más logrados que he leído, a la altura de Marlowe o el injustamente olvidado Lew Archer de Ross Mac Donald. Y porque me gustaría llegar a ser como Paco: un tipo con docenas de libros, que sigue entusiasmándose con el nuevo que escribe como si fuera el primero. Además, lo de la capacidad para adivinar la procedencia de las cocacolas es cierto. Aunque yo lo exageré un poco en la novela, pero no demasiado…

Txema Arregui es el típico detective arrogante y gris. ¿Es necesaria tanta tristeza par ser un buen detective de novela negra?

Admito que, además de “Taibiano”, soy profundamente Chandleriano. Y Arregui es un sobrino vasco de Marlowe. Creo que su arrogancia es aparente, en realidad Arregui es un tipo brillante a su manera, pero que se siente gris por dentro. Un hombre frenado, como asume en un momento de la novela, que teme no poder seguir siendo el que eligió ser. El título, Pero sigo siendo el rey, va más por Arregui que por Juan Carlos. Soy un ferviente defensor del detective privado como figura literaria, porque encarna al vecino de al lado que hace lo que yo no me atrevo a hacer. Y no tiene el amparo de un cargo oficial ni el respaldo del Estado. Sólo sabe está seguro de cuatro cosas pero es capaz de llegar hasta el final para defenderlas…

Los disfraces son una metáfora de la propia pérdida de la identidad y su búsqueda en Txema (el Rey por su lado disfruta por un lado siendo totalmente otro, perdiendo momentáneamente su identidad). ¿Qué opinas?

Creo que sí, pero en Txema los disfraces son también una vía de escape para ser otro por un rato, una diversión de niño que no le pega nada al Arregui que rompe narices o se enfrenta a poderes mayores. Eso, como su falta de decisión para enfrentar el amor, son indicios de que este hombre fuerte y decidido es también un crío con miedo a despertar una mañana y descubrir que se ha vuelto viejo…

No puedo dejar de comentarte que “Buster”, el Ministro de Interior de tu novela le pega a la perfección al Ministro Rubalcaba. ¿Qué opinas?

Podría ser. Es curioso ver a gente de origen progresista al frente de un ministerio como el de Interior. “Buster” representa para mí al político que intenta no cambiar en lo esencial los ideales que lo llevaron hasta donde está, pero se vigila todo el tiempo en los espejos para ver si no ha cambiado sin darse cuenta…

¿Tienes algún personaje más que vaya a crecer como lo hizo Txema Arregui?

Sí. Hay toda una serie de novelas en torno al Poe, un ex escritor borrachín y cínico al que se le pegan todos los locos que andan sueltos por Madrid, que acabará por cruzarse con Arregui y hasta puede que acabe trabajando junto a él en algún caso. Por lo pronto, aparecerá en breve como protagonista de la mayoría de los cuentos de mi próximo libro Yo lloré con Terminator 2 (Relatos de cerveza-ficción) -ya publicado en Ediciones Escalera-.

¿Qué lees en estos días?

Suelo leer varios libros al mismo tiempo. Ahora estoy acabando con la excelente Sé que mi padre decía, de Willy Uribe, y con 1969, de Jerónimo Tristante, que también me ha fascinado. Y esta mañana terminé con Oro ciego, de Alejandro Hernández, que ya se ha ganado en lugar en la estantería de los libros que releo cada dos años, porque es una maravilla.

¿La cuarta para cuando? ¿Volverá Txema?

La cuarta sale en enero, aunque no será negra, bueno, no del todo. Se titula Cracovia sin ti y es la novela con la que gané el Premio Internacional Ciudad de Seseña. Una historia de amor urbano nada ñoña, en la que Arregui hace un cameo importante. Me gusta mucho y espero que a los lectores les guste tanto como al jurado del premio. Es una historia contada a lo Jorge Amado pero transcurre en el Madrid que conozco y amo. Y Txema volverá pronto con novela propia, aunque no sé si será lo siguiente que publique. Trabajo ahora en tres novelas diferentes, una de ellas de Arregui, porque mi método de escritura es pésimo para la salud pero me divierte mucho: avanzo sin prisa con varias ideas que me gustan, dejándolas madurar, hasta que una mañana me levanto y digo: esta. Y me pongo a escribir y la termino.

Dos novelas negras para recomendar.

Iba a decir lo que digo siempre: El largo adiós de Chandler y Triste, solitario y final de Osvaldo Soriano, pero hay excelentes novelas negras y casi recién salidas que me gustaría recomendar: Así murió el poeta Guadalupe, de Cristina Fallarás, y La mala espera, de Marcelo Luján, que ganó el Premio Getafe de Novela Negra y es una incorporación brillante al panorama negro en español.

Ray Johnson en el MACBA: completar y devolver


HOY ES ARTE



El Museu d'Art Contemporani de Barcelona (MACBA) acoge desde mañana viernes, 6 de noviembre, Ray Johnson. Please add to & return. Esta exposición, la primera que se le dedica a este artista en España, plantea un recorrido a través de sus collages y correspondencias. Esta muestra se presenta en el MACBA al mismo tiempo que John Cage y el arte experimental. La anarquía del silencio, con lo que es una oportunidad para explorar las relaciones entre ambos artistas. En el caso de Johnson las referencias a la figura y la obra de Cage son frecuentes.

Desconocido y muy influyente

Ray Johnson (Detroit, 1927-Nueva York, 1995) es uno de los artistas estadounidenses más desconocidos e influyentes de su generación. A finales de los años cuarenta, Johnson estudió pintura con Josef Albers en Black Mountain College, donde conoció a Bill de Kooning, Richard Lippold, Merce Cunningham y John Cage. Tras esta etapa se traslada a Nueva York, donde a mediados de los años cincuenta abandona la pintura en búsqueda de un nuevo modo de expresión, construyendo collages a partir de fragmentos de sus pinturas abstractas.

Se trata de collages que a su vez se convertirían en elementos con los que construirá piezas más complejas, en las que estos fragmentos se intercalan con elementos procedentes de la cultura popular. Para ello utiliza imágenes de Elvis Presley, James Dean, Shirley Temple y Marilyn Monroe, entre otros, anticipando el imaginario que emplearía Andy Warhol durante los años sesenta. Entre sus primeros collages destacan los «moticos», unos paneles de formas irregulares que reutilizaría a lo largo de su carrera y que supusieron una crítica a la rigidez abstracta del rectángulo.

Llega el Arte Postal

También durante los años cincuenta, en paralelo al desarrollo de los collages, Johnson comienza a explorar las posibilidades del Arte Postal, construyendo una red de contactos con los que intercambia ideas y trabajos. A través de este circuito envió gran cantidad de elementos, desde postales hasta partes de sus collages, dibujos con instrucciones (please add to & return…), objetos encontrados y recortes de prensa con anotaciones.

En 1968, esta red de intercambios postales se consolida como la New York Correspondece School, que llegaría a ser el centro de un sistema de comunicación artística que pronto alcanzaría la dimensión de un fenómeno global.

La obra en papel de Ray Johnson se basa en la unión de imágenes e ideas con el fin de generar nuevos significados a través de las yuxtaposiciones que construía y distribuía. Son yuxtaposiciones que, en muchos casos, y sobre todo en los collages, tuvieron el refuerzo de la creación de múltiples estratos que se iban añadiendo a lo largo del tiempo, por lo que la mayoría de sus collages datan de varias fechas sucesivas.

Sistemas semióticos

También tuvo un gran interés por los sistemas semióticos y los códigos que estos crean, de modo que es frecuente encontrar en su obra juegos de palabras que le llevan a crear nuevos vocablos. La crítica institucional y una relación ambivalente con el mundo del arte también están presentes en su obra a lo largo de toda su trayectoria.

Además del Arte Postal y sus collages, las performances son parte importante de su obra. En 1961 inició la serie Nothings en respuesta al trabajo de Allan Kaprow y Fluxus, aunque repetirá estas y otras performances a lo largo de su vida.