Biscuit, galletas de canela


J.F. LEÓN
Sonicwave magazine




En un mundo ideal Biscuit sería uno de los grandes grupos de nuestra escena. Su vigoroso directo y sus canciones redondas hacen felices a un buen puñado de gente y, mientras otros ya habrían tirado la toalla hace años por la falta de repercusión, ellos se mantienen inasequibles al desaliento y cada tres o cuatro años regalan a nuestros oídos un nuevo trabajo… Es el turno de “Cinnamon Fadeout”, sin duda alguna, uno de los mejores trabajos paridos en 2009.

Habían pasado ya unos cuantos años desde "Time For Answers", empezábamos a preocuparnos por la falta de noticias vuestras... ¿Qué ha pasado: las cosas de palacio van despacio o ha sido la búsqueda de un nuevo sello?

Armand - Siempre hemos sido un poco lentos componiendo, así que después de presentar todo lo que se pudo el “Time For Answers”, llegó el momento de hacer las canciones para el nuevo disco y el proceso, como casi siempre para nosotros, fue lento y tortuoso. Además, esta vez hablamos mucho de cómo tenía que sonar porque queríamos que el disco tuviera un sonido más unificado. La búsqueda de sello también retrasó un poco más la salida del disco, porque lo grabamos el verano del 2008 y no salió hasta mayo del 2009, pero valió la pena.

Finalmente habéis editado vuestro disco con un sello que debuta, a priori podría parecer una jugada arriesgada, pero imagino que sabíais lo que hacíais, ¿no?

A. - Hang the DJ Records no debuta con nosotros, ya habían sacado otras referencias pero parece que Eric ha querido relanzar el sello ahora. Cuando grabamos el disco no sabíamos con quién ibamos a sacarlo pero teníamos claro que quien lo hiciera tenía que darnos algo más que Rock Indiana, y no hablo precisamente de dinero que como siempre no hemos visto ni un céntimo, sino de promoción y distribución y en ese aspecto creo que lo hemos conseguido. La promo que ha hecho Eric ha estado muy bien, hemos aparecido en mogollón de sitios donde hasta ahora habían pasado de nosotros. ¡¡¡Si hasta nos han dejado bien en el RDL!!! Y con la distribución de B-Core sabemos que el disco está en más tiendas y es más fácil de conseguir. Estamos muy satisfechos con el trabajo que está haciendo Eric Fuentes como “one man label” en Hang the DJ.

No pretendía cuestionar el trabajo de Eric, pero pese a no ser exactamente debutante con vosotros sí que es un sello con menos experiencia, aunque quizá con más ilusión. ¿Está trabajando en que vuestras canciones se escuchen más allá de nuestras fronteras (sin contar MySpace, obviamente)?

A. - En mayo del 2006 estuvimos tocando el IPO Festival en Liverpool y fue una experiencia alucinante, pero esa ha sido nuestra única incursión en el extranjero. Sé que Eric lo está intentando pero no es fácil. Para nosotros es una de esas cosas que nos falta hacer antes de dejarlo. Intención hay, plan no.

Los que os llevamos siguiendo ya unos cuantos años os agradecemos que sigáis aguantando el chaparrón, aguantando vientos y tempestades. ¿Os llega ese feedback?

A. - Evidentemente sí, cuando llevas tantos años en esto lo que aprecias más al final es el apoyo de esa gente que te sigue desde hace tiempo, que son pocos pero fieles.

¿Hasta qué punto os afecta (ánimica o funcionalmente) la crisis de la industria? ¿Os ha hecho plantearos el tirar la toalla?

A. - Me cuesta mucho no tomarme esta pregunta a cachondeo. Para nosotros, desde el primer día que decidimos montar un grupo ha sido una época de crisis que dura más o menos 20 años y no parece que la cosa vaya a solucionarse pronto. Pero de una cosa puedes estar seguro, la crisis de la industria discográfica sería la última puta razón por la que tiraríamos la toalla. Y aprovecho esta pregunta para decir que por ahora no tenemos la más mínima intención de dejarlo y lo digo porque en más de un sitio han anunciado nuestro nuevo disco como el último, y podría ser, pero va a ser que no.

Bueno, entiendo lo que dices, pero ahora hay aún menos tiendas, se venden aún menos discos, hay menos discográficas y las que hay difícilmente te pagan la grabación del disco, antes había más que hicieran eso…

Xavi - Sí, sí, está claro que las cosas han cambiado y no precisamente a mejor. Puede que de no ser por la coyuntura, y sobre todo teniendo en cuenta lo que decíamos del buen trabajo de la discográfica y la buena acogida que está teniendo el disco, las cosas ahora mismo pintarían algo mejor para nosotros, pero el hecho es que, con crisis o sin ella, seguimos estando más o menos donde siempre.

Mencionaba yo antes MySpace... Dicen que sirve para ser escuchado en cualquier parte del mundo. ¿Os ha funcionado a vosotros?

A. - Para nosotros Myspace ha sido una buena herramienta para llegar a más gente y en ese sentido creo que es bueno para grupos pequeños como nosotros. También nuestro blog ha sido una buena herramienta, sobretodo para mantener el contacto y tener bien informados a nuestros pocos y fieles seguidores que comentabamos antes. En este sentido internet ha sido algo bueno, aunque eso de la "democratización de la música" tendríamos que hablarlo detenidamente.

Pensé que en vuestro caso Internet sólo podía ayudar y que estaríais de acuerdo incluso con la descarga gratuita de vuestras canciones, porque así hay más posibilidades de que se os conozca y por tanto de que acudan a vuestros conciertos…

X. - Cuando empezamos, Internet ni tan siquiera existía y creo que no hay duda de que su aparición fue clave para nosotros. Nos ha ayudado, y mucho. En cuanto a lo de las descargas, estoy de acuerdo contigo. Creo que a un grupo como el nuestro, ese tipo de promoción le favorece más que otra cosa.

En lo musical seguís siendo una rara avis: conjugando (desprejuiciadamente y con muy buen gusto) influencias que van del power pop al hard rock pasando por Australia y haciendo escala en el Swinging London. No es previsible que a estas alturas del partido encontremos grandes cambios en vuestro discurso musical, ¿no?

A. - Bueno no hay nada de premeditado en nuestra forma de hacer las cosas. Si vinieras con nosotros de bolos sabrías que en nuestra furgoneta puede sonar un recopilatorio de Hammond Groove, después Nebula, un negro cantando blues, el Rubber Soul, los Small faces y para acabar, una buena canción de power-pop actual, así que lo que nos sale está influenciado por todo eso y muchas cosas más. Con los años que llevamos, hemos creado un sonido propio y no creo que en el futuro la cosa cambie mucho. Lo que realmente nos motiva actualmente no es sorprender cambiando nuestro sonido, sino hacer cada día mejores canciones con nuestro sello propio y te aseguro que hacer una buena canción es más difícil que que te toque la Primitiva.

Pues vosotros tenéis unas cuantas que merecerían ser escuchadas por cualquiera que tenga las orejas limpias y un mínimo de culturilla general…

X. - Muchas gracias por el piropo, hombre. Esperamos, tarde o temprano, poder llegar a cuantas más orejas de esas que dices.

No sé si os habéis sentado a reflexionar y cuestionaros por qué, pese a esas grandes canciones, no habéis tenido un poco más de repercusión… ¿Lo habéis hecho? ¿A qué conclusiones habéis llegado? ¿Os ha caído algo de culpa a vosotros mismos en el reparto de responsabilidades?

X. -Aunque preferimos no darnos de cabezazos con estas cosas, sí lo hacemos de vez en cuando. Por lo que respecta a cuestiones externas al grupo, lo cierto es que siempre nos ha costado horrores entender lo que pasa “ahí fuera” y por qué. Y seguramente esa sea una de las causas de todo. El grupo siempre ha habitado en una especie de galaxia alternativa a la que le cuesta muchísimo entrar en contacto con la realidad. Y está claro que, en parte, eso es responsabilidad nuestra. Nuestra actitud no ha sido siempre la más adecuada y eso ha hecho que el proceso de aprendizaje, tanto de las cuestiones referentes al “negocio” (risas) como a las de la dinámica interna del grupo, haya sido lentísimo. Te pondré un ejemplo. Cuando tras la publicación y promoción de nuestro primer disco salimos de Grabaciones en el Mar, entramos en un periodo en que casi no tocábamos y nos dedicamos a ensayar y grabar maquetas a las que nadie hacía caso. Entonces, ¡al cabo de casi cuatro años!, tuvimos una revelación: “Hostias, ¿y por qué no sacamos algo por nuestra cuenta?” Así lo hicimos, publicamos un EP en vinilo y las cosas empezaron a rodar. Gracias a aquello hemos publicado tres discos más y aquí estamos hoy. Y así ha sido con (casi) todo. Qué se le va a hacer. Eso es Biscuit.

"Fin", de David Monteagudo


ISMAEL MARTÍNEZ BIURRUN
Nuevas palabras mágicas




Varias personas me habían recomendado efusivamente este libro, pero confieso que comencé a leerlo con las cejas arqueadas de escepticismo; la premisa inicial me sonaba familiar, material trillado del género de suspense fantástico: un grupo de amigos se reúne después de 25 años en un refugio de montaña, para recordar viejos tiempos, cuando a medianoche comienzan a suceder cosas extrañas...

No sólo me venía a la cabeza El cazador de sueños (que certeramente apunta Manu González en su crítica para Qué Leer), sino también —conforme avanzaba el relato— otras obras de Stephen King y también la reciente película de Shyamalan El incidente. Se trata en definitiva de un relato fantástico apoyado fundamentalmente sobre la psicología y las emociones de los personajes, un puñado de gente muy normal en el trance de asumir quiénes son y cuál es el balance de su vida en la crítica frontera de los cuarenta.

La otra referencia que he visto utilizada para comparar esta novela es La carretera, de Cormac McCarthy. Mi recelo inicial (adoro la novela de McCarthy y no concedo fácilmente el privilegio de la equiparación) pronto se diluyó y, si bien el estilo del norteamericano es infinitamente más adusto y distinguible, entendí que un mismo espíritu de destino trágico flota sobre los dos libros, apuntando quizá a una clave fundamental de la narración fantástica contemporánea (clave destapada por autores paradójicamente no fantásticos) y que tiene que ver con la derrota del pensamiento racional, pero al mismo tiempo la necesidad todavía más imperiosa de mantener ciertos códigos humanos en medio de este regreso al barbarismo; no se trata sólo de sobrevivir, sino de encontrarle (devolverle) un sentido moral a nuestra supervivencia.

Monteagudo nos presenta un paisaje en las antípodas del ceniciento mundo devastado de McCarthy; de hecho, uno tiene la impresión al leer Fin de que se trata tanto de un asunto profundamente humano como de una reivindicación de la naturaleza, una restauración repentina y justiciera de su estado de esplendor primigenio, epatante en su belleza pero también estremecedor, porque certifica el fracaso del mundo erigido por el hombre y nos presenta como un objetivo a eliminar, o peor aún, simple pasto para carnívoros.

El narrador se convierte a ratos en paisajista y se aleja para mostrarnos a los personajes en su pequeñez dentro del entorno, para a continuación acercarnos en un zoom asombroso hasta lo más profundo de su psique, pero sin abusar de la abstracción y la omnisciencia, sino recurriendo a los diálogos, en los que Monteagudo se maneja con una naturalidad maestra.

El hecho fantástico puede adquirir categoría apocalíptica, pero el narrador consigue mantener bien atado el nexo entre el todo imposible, la derrota global de la humanidad, con las pequeñas batallas del individuo contra sus miedos y sus demonios particulares.

He aquí un libro importante, además de apasionante. Otra demostración (y aquí sí me atrevo a compararlo con La carretera) de que la calidad literaria y la solvencia psicológica no están reñidas con el pulso y el suspense de best seller, ni mucho menos con la fantasía. Un libro revelador y asombroso. ¡Compradlo! ¡Leedlo! ¡No esperéis a la película!

El Sáhara Occidental, moneda de cambio del PSOE


En los últimos 35 años, la población saharaui se ha visto obligada a vivir bajo la ocupación militar en los territorios ocupados de Marruecos, en campamentos de refugiados de Argelia o en las zonas liberadas. Un pueblo olvidado, especialmente para el PSOE, que ha pasado en los últimos 30 años de mostrar su apoyo a la causa desde la oposición al Franquismo a apoyar la postura marroquí

HÉCTOR ROJO LETÓN
Diagonal




“Como parte del pueblo español, sentimos vergüenza de que el Gobierno [franquista] no haya sólo hecho una mala colonización, sino una peor descolonización entregándoos en manos de gobiernos reaccionarios como los de Marruecos y Mauritania”, afirmaba en 1976 Felipe González (PSOE) en los campamentos de refugiados saharauis en Argelia.

Más de 30 años después no descubrimos nada al decir que la descolonización del Sáhara Occidental no ha terminado, único caso en África, y que la potencia administradora de este territorio, según la ONU, es el Estado español. Tampoco si hablamos de los más de 120.000 refugiados saharauis que desde 1974 pueblan la hammada argelina. Allí huyeron de los bombardeos indiscriminados de napalm y fósforo blanco posteriores a la ocupación de su territorio por parte del ejército alauita.

Un muro de 2.700 kilómetros rodeado de minas antipersonas divide los territorios de la antigua provincia y colonia española. A un lado, las zonas liberadas que el Frente Polisario intenta poblar; del otro, los territorios ocupados, donde la población saharaui sufre la ocupación militar de marroquí. “Especialmente desde que el 6 de noviembre Mohamed VI en su discurso conmemorativo de la Marcha Verde declarara que sólo hay dos tipos de personas: marroquíes o traidores. La represión ha aumentado: detienen a gente por recibir a abogados internacionales, a activistas de los derechos humanos les han quitado sus papeles...”, denuncia El Mami Amar Salem, vicepresidente del Colectivo Saharaui de Defensores de Derechos Humanos.

El Mami sigue muy de cerca la situación de Aminetu Haidar, pero tampoco se olvida de los siete activistas que desaparecieron en octubre a su vuelta de una visita a los campamentos. “Siguen en la cárcel de Salé, aislados y a la espera de ser juzgados en un Tribunal militar”, denuncia Khadad Emhamed, coordinador saharaui ante la Misión Internacional de Naciones Unidas para la celebración de un Referéndum en el Sahara Occidental (MINURSO), que se creó en 1991.

Una misión inconclusa y, de nuevo, paralizada. A primeros de diciembre se debía celebrar una nueva ronda de negociaciones que no tendrá lugar, “las detenciones de activistas saharauis y la expulsión a Lanzarote de Aminetu Haidar hacen que estas sean imposibles”, apuntilla Khadad a este periódico.

¿Apoyo a la causa saharaui?

Aun así la postura oficial de la dirección del PSOE es la de defender la causa saharaui que pelea por el derecho a su autodeterminación. Es decir, un referéndum en el que puedan elegir sobre su independencia o integración en Marruecos. ¿Igual que en 1976? “No hemos modificado ni una coma nuestra postura”, explica a este periódico Elena Valenciano, secretaria de Política Internacional de este partido. ¿Y qué opinan de Marruecos? El propio González formó parte de la comisión que intentó que Marruecos organizara el Mundial de Fútbol de 2010. También es conocida su intermediación ante Mohamed VI en favor de que Telmex, empresa de Carlos Slim, entrase en el mercado alauita. O para que en 2006 Chile y Colombia decidieran no reconocer a la República Árabe Saharaui Democrática.

Eso sí, la Agencia Española de Cooperación Internacional no ha dejado de nutrir a los campamentos de refugiados. “Preferimos que llegue un comunicado político que ejecute la legalidad internacional, a toda la ayuda que mantiene a nuestro pueblo en campamentos de refugiados”, reconoce Khadad.

“Marruecos es un tapón para la inmigración del África Subsahariana; empresas españolas realizan dumping social allí, al instalar sus centros y rebajar así las condiciones laborales de sus empleados; los armadores de barcos españoles pueden pescar en sus caladeros gracias a los acuerdos con la UE. Pero todo esto no me parece motivo suficiente para que el pueblo saharaui sea una moneda de cambio. Tampoco que altos cargos del PSOE como el propio Felipe tengan intereses personales”, explica perplejo Fernando Peraíta, de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Sevilla.

Otra de estas posibles monedas de cambio es el comercio de armas. Desde 1984, todos los gobiernos han vendido o regalado material bélico a Marruecos. Tanto en plena guerra, como en la actual situación de alto fuego. En 2008 recibieron el obsequio de seis torpedos MK46 MOD-2 y una venta cifrada en 113, 9 millones de euros. La monarquía marroquí se convirtió en el tercer cliente de la industria militar española.

Los cambios en la ONU

“Desde el Franquismo, los únicos gobiernos españoles que se han abstenido en una votación por la descolonización del Sáhara Occidental han sido el de Franco y el de Zapatero”, reconocía en 2006 a DIAGONAL Mohamed Y. Beissat, embajador del Polisario en Argelia, tras la actuación del Gobierno. Tan sólo un año después de la llegada de Zapatero a la Moncloa las cosas estaban muy claras. En marzo de 2007, en su visita a Marruecos, Zapatero conoció su última apuesta por la autonomía. “La parte española ha acogido esta propuesta con interés y considera que podría generar una nueva dinámica de diálogo”, según recogía entonces Asuntos Exteriores.

“Hay mucha gente del PSOE en las asociaciones de defensa del pueblo saharaui, incluso alcaldes o concejales. Esto debe crear contradicciones en el partido. La cúpula está del lado de Marruecos y la base en contra”, reconoce Peraíta. Según el actor Willy Toledo, presidente de la Plataforma Todos con Aminetu, que lleva en Lanzarote desde el 17 de noviembre, así se han manifestado también parlamentarios vascos del PSE o el secretario de Movimientos Sociales, Pedro Zerolo. Sin embargo, Valenciano no reconoce ninguna tensión. “Decir que hay un movimiento crítico es demasiado, hay mucha gente preocupada y nos pide que hagamos cosas”, apostilla.

El expolio, una traición más

Desde 2007 a los caladeros saharauis han vuelto los pesqueros europeos, especialmente españoles y franceses. “La historia no tiene marcha atrás”, afirmaba este verano López Aguilar, ex ministro de Justicia y candidato al Parlamento Europeo por el PSOE, sobre las posibilidades de ratificar el Nuevo Acuerdo de Asociación de la Unión Europea con Marruecos. Al menos el conflicto saharaui ha vuelto a la “agenda internacional”. “Hay otros muros en el mundo que deben caer”, denunciaba el presidente hace unas semanas en el vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín. Como dirían en tierras de Zapatero: “Una cosa es predicar y otra dar trigo”. Los 2.700 kilómetros de muralla del Sáhara siguen levantados. Y la valla de Ceuta y Melilla también.

Jean Dubuffet, la mirada de lo cotidiano


JOSÉ RAÚL CAMACHO
Hoy es Arte




¿A dónde se dirigen nuestras miradas durante la inmensa parte de nuestro tiempo en que no las controlamos?. El responsable de semejante pregunta sobre la mirada es el artista Jean Dubuffet. La mirada, como acto inconsciente, registra todo tipo de acontecimientos que la lógica social desecha.

Es entonces cuando aquello que nos resulta incómodo es apartado hacia lo lejos, por convención, y las sociedades civilizadas se edifican sobre convenciones. Convenciones o conveniencias. Cuando Jean Dubuffet (1901-1985) defendió un “Arte Otro” se propuso levantar el velo que cubría de posibles prejuicios al arte más “académico” y luchar a favor de la libertad creativa, más allá de toda forma o idea, de todo “rito”, más allá de toda clase social.

Una reacción antiacadémica que, por supuesto, se debía al ámbito estético pero también a la carnicería que se vivió durante la Segunda Guerra Mundial, así como a la crisis de valores que sacudió Europa (y el mundo) tras la contienda.

En lo estético, hundía sus raíces en las vanguardias artísticas más radicales, así como en la progresiva decadencia que la “alta cultura” sufrió (sufría ya) como catalizador de las realidades sociales que se abrían paso a empellones desde, prácticamente, mediados del siglo XIX (señalo esa fecha, claro está, por citar un hipotético inicio); el informalismo europeo (en oposición al norteamericano), corriente donde tuvo cabida la obra de Dubuffet, siempre fue más cáustico, más crítico con el mundo que le rodeaba.

Origen en la experiencia humana

Los altos valores atribuibles a una sociedad que se había devastado a sí misma, no podían ser ya axiomas invariables en todo tiempo y lugar. Así como el derribo de los preceptos academicistas ha fundamentado, desde siempre, el avance y la evolución del arte y (a nivel simbólico-perceptivo) el del espíritu humano, la creación popular ha influido a menudo a dicha “alta cultura”, que entretanto, ha ido llenando museos y ambientes “exquisitos”.

Siendo el siglo XX un período tan rico en manifestaciones culturales a nivel popular, es lógico pensar que Dubuffet planteara (allá por 1945) un arte de lo cotidiano. Un arte que reflejase la pluralidad de emociones que le son exigidas a la cultura: todo un abanico de posibilidades cuyo punto de origen es la experiencia humana en todas sus dimensiones y en todos sus alcances, desde lo blanco, hacia lo negro, pasando por toda una infinita gama de grises. Dicho todo lo cual, se entiende por qué se le considera uno de los artistas más influyentes de su tiempo y de toda la segunda mitad del siglo XX. Su obra, sea escultórica, pictórica o musical (también) no puede dejar indiferente a nadie.

Sin embargo, a veces se afirma que los textos de este autor suelen ser tan interesantes como su propia obra matérica. Es del todo cierto, aunque a él, como buen artista plástico, no le resultase atractiva esa idea. Así, en 1959 Jean Dubuffet nos habló de sus “texturas sobre el suelo”. Se trata de obras donde el suelo cobra un papel inusitado como forma artística.

Al mencionar su trabajo, Dubuffet elude los “grandes temas”, aquellos valores atribuibles a lo absoluto y a lo sentencioso (que yo mismo, hago el inciso, he empleado al referir términos como “espiritual”, lo “humano”, etc… y que parecen o aparecen tan grandilocuentes o inevitables según el uso). Los considera, de hecho, implícitos en nuestra manera de ser en tanto que (Ay…) seres humanos. ¿Fue la obra plástica de este artista un nuevo repaso a estas cuestiones?

Aspectos marginales

No. Él se vio atraído por los aspectos marginales de nuestra vida, porque, en realidad, ocupan la mayor parte de nuestro tiempo. Le atrajeron las acciones rutinarias. Rituales diarios que ignoramos por sernos tan comunes y que componen por sí mismos los incontables volúmenes invisibles que describen nuestra historia.

¿Es acaso el estado consciente del hombre el estado mismo del hombre o es en cambio la manera marginal de comportarnos? ¿Diríamos que la cautela sustituye a nuestra verdadera naturaleza? Al fin y al cabo, y tomando prestadas las palabras de Dubuffet, todo en esta vida son experiencias, todo es información, lo es incluso aquello a lo que no le damos importancia. Un trozo de tierra posee una información propia, aunque para nosotros sólo sea accesible una parte por medio de los sentidos. Algo tan común a todos como el suelo que pisamos nos debe hacer recordar que lo que tomamos como aspectos que nos diferencian del prójimo son tan sólo matices, formas de mirar y de sentir. Nos debe proporcionar algo más rico que un cúmulo de frases hechas o de ideas manidas. Empezando por sugerirnos una mentalidad, sin duda, más libre y receptiva.

Suelo terroso de Jean Dubuffet puede verse en la colección permanente del Museo Reina Sofía (MNCARS) de Madrid.