Aviador Dro: "La industria musical y los músicos no son la misma cosa"


VÍCTOR RODRÍGUEZ
Hipersónica




Aviador Dro cumplen 30 años y lo están celebrando con un ambicioso plan de reediciones de toda su discografía. Ya han salido las de Alas sobre el mundo y Síntesis, y un álbum en el que revisan algunos de sus grandes éxitos, Yo, Cyborg.

El 18 de diciembre lo celebran por todo lo alto con un concierto en la Sala Joy Eslava de Madrid en el que además de invitados como Alaska, Germán Coppini o Iñaki Glutamato pasarán por el escenario la mayoría de los antiguos miembros de la formación. La actuación se grabará en DVD y se publicará el año que viene. Esto es lo que nos contó Biovac N, líder e ideólogo del grupo.

¿Cómo resumirías en una frase estos 30 años?

Ciencia, música y trabajo

¿Por qué el grupo ha sido siempre de culto?

Habría que preguntárselo a los fans. Nunca hemos sido un grupo solo de música, la música era una batalla más. Comenzamos con el punk haciendo fanzines y vimos que era más fácil transmitir nuestro mensaje desde un escenario, aunque no supiésemos tocar.

¿Y elegisteis los sintetizadores?

Sí, eran el arma perfecta y lo más asequible porque te ayudaban a tocar. Cuando empezamos la tecnología era el enemigo, un arma de control que con el tiempo se ha ido redirigiendo a la ciudadanía.


¿Sigue siendo importante para vosotros la imagen y el mensaje?

El mensaje es superimportante y la imagen también. Con los uniformes nos separamos como entidad y formamos un equipo. Al principio de todo como nos gustaba Devo nos vestíamos como Devo, pero también otras formaciones han utilizado uniformes como Cabaret Voltaire o Thobbing Gristle. El espíritu ha sido el mismo desde siempre.

¿Por qué habéis acudido a PIAS Spain para esta ingente labor de reedición de todos vuestro discos?

La gente de PIAS Spain fueron los primeros en interesarse por el proyecto. Habíamos terminado nuestra relación con Subterfuge y fueron los primeros que se nos vinieron a la cabeza. Con ellos habíamos trabajado en ¡Qué mutada!, y nos habíamos seguido viendo en conciertos y por ahí.

¿Los temas antiguos que habéis regrabado los hacéis ahora como en Yo, Cyborg?

El título es una autoparodia porque, aparte de remitir al Yo, Robot de Asimov, coincidió su gestación tras una serie de operaciones que me han llenado el cuerpo de metal. No cambian mucho aunque hemos incorporado varios aparatos que van a aportar distintos matices a los temas, aunque las bases sean las mismas. Lo de cambiar los temas ha sido algo que hemos hecho siempre, lo aprendimos de la Velvet Underground. No tiene sentido tocar un tema igual y más en nosotros que somos una banda que preconiza el cambio y la mutación.

Algunos temas han quedado bastante distintos de su versión original

En 30 años el sonido del grupo ha cambiado y no intentamos acercarnos a los originales sino al recuerdo que teníamos de esos temas. En algunos las nuevas versiones son sorprendentes, en otros no tanto. Eso nos ha pasado desde el principio porque la versión original de ‘Nuclear sí’ era muy diferente a la que salió en la primera edición en 7”, la que venía pintada a mano.

¿Qué habéis pretendido con esa reedición de toda la discografía del Aviador Dro?

La idea es que al final se encuentren todo lo que hemos grabado tanto los que nos conocen desde el principio como los que llegaron hace poco a nosotros. Ha sido un verdadero esfuerzo para los tiempos que corren y al final puede hasta que haya un USB con todas esas canciones.

Supongo que habrá sido un gran esfuerzo

Estamos muy contentos con el trabajo de PIAS Spain porque tal y como está el mercado es muy complicado. Lo más difícil fue recuperar los primeros discos y ya que estábamos ofrecer cosas extras como caras B, temas en directo y mejorar el sonido general.

El dibujo de la portada de la reedición de Alas Sobre El Mundo es distinto del que se publicó en 1982, ¿de dónde salió esa imagen?

Sí, era como cerrar el círculo con una imagen similar. El aviador de la portada lo sacamos de un anuncio de una revista de finales de los 60 al que le cambiamos la cara por la de un robot.

¿Por qué habéis eliminado a Los Obreros Especializados del nombre de la formación?

Más que nada porque a la gente siempre le quedaba Aviador Dro, pero seguimos siendo El Aviador Dro y Sus Obreros Especializados. El equipo es el Aviador Dro; somos una mente-colmena.

Para celebrar los 30 años del Aviador Dro habrá una fiesta el 18 de diciembre en la Joy Eslava, ¿en qué consistirá?

Va a ser un encuentro y un balance de lo que hemos hecho en este tiempo. Estarán los miembros que han pasado por el grupo, algunos de los cuales nos habíamos distanciado. Había muchas ganas de encontrarnos de nuevo y nos volveremos a subir al escenario. Estará Arturo Lanz (Sincrotron), que fue miembro fundador y se marchó para formar Esplendor Geométrico. Va a ser un concierto irrepetible y estoy muy emocionado.

¿Se grabará el concierto?

Sí, se va a grabar y se editará el año que viene junto a imágenes inéditas rescatadas de los archivos de TVE.

En la hoja promocional de Yo, Cyborg, comentas que cualquiera se puede descargar el disco, ¿no os sentís perjudicados por las descargas en Internet?

Ahora mismo ya se pude acceder a cualquier tipo de música sin problemas y es el momento de ofrecer algo más, por eso hemos elegido la portada lenticular para el disco, para que el artefacto merezca la pena comprarlo. La industria musical y los músicos no son las misma cosa. Los músicos no estamos en peligro.

También has comentado la importancia de la vuelta al equipo de Mario Gil (Genocider F-15)

Es algo que venía persiguiendo desde hacía tiempo. Él tuvo que dejar el grupo pero siempre hemos estado colaborando y ahora que podía dedicar más tiempo ha vuelto con nosotros. Mario y yo tenemos diferentes formas de trabajar que so complementarias. Él es muy tranquilo y muy técnico y tiene muchos conocimientos del tema, y yo soy bastante anárquico y desordenado.

¿Habrá una gira 30 aniversario?

Sí, en principio esa es la idea. Haremos en Barcelona un concierto similar al de Madrid, aunque sin tantos invitados, y luego visitaremos las principales ciudades. Queremos volver a hacer una gira por Alemania y México, así que estaremos en 2010 y 2011 en activo.

¿Y ya estáis preparando un disco nuevo?

Sí, se titulará La Voz de la Ciencia y es el proyecto más ambicioso del grupo junto a Síntesis y Mecanisburgo. Se trata de un disco conceptual, de divulgación científica, de todos los temas que nos están atrayendo de la ciencia y van a influir en el futuro de los humanos. Va a llevar un diseño gráfico muy atractivo y las ilustraciones será de alguien conocido. Serán dos discos, uno ambiental y uno de canciones que se podrán unir en una misma escucha, tal y como hicimos con el tema ‘Síntesis’.

¿Qué piensa cuando te enteras que se ha pagado una jugosa cifra en eBay por un disco del grupo?

Pienso que hay cosas que hemos hecho que tienen su valor y a nuestro ego que se coticen los discos le viene muy bien y justifica lo que hacemos.

Finalmente, ¿cuál es tu tema favorito de Aviador Dro?

(Se queda pensativo) ‘Nuclear sí’ es la bandera del grupo aunque no fue el primer single, fue el que más sonó entonces y es el que ejemplifica el choque de ideas y sonidos de El Aviador Dro y Sus Obreros Especializados.

"La lira de Orfeo", Robertson Davies


SRA. MOLINA
Solodelibros




Con ésta son ya seis las novelas que uno ha leído (y reseñado) de Robertson Davies y no puedo sino seguir insistiendo en la necesidad de leerlo. Por muchas razones, pero quizá la principal sea que Davies consigue que disfrutemos de la experiencia de la lectura con una inocencia olvidada, con una pasión purísima que, al menos a uno, le devuelve a aquellos momentos de la infancia en la que los primeros libros forjaron la compulsiva necesidad de leer.

En La lira de Orfeo se pone punto y final a la Trilogía de Cornish, en la que la historia se centra en la figura del difunto Francis Cornish, un misterioso mecenas canadiense. En los dos libros anteriores la trama giraba en torno al legado del millonario y a su propia (y excéntrica) biografía; sin embargo, en este último libro Davies se inclina más bien por ofrecer una historia acerca del arte y las dinámicas que puede generar en su manifestación más mundana. Aunque los caracteres principales son viejos conocidos (el sobrino de Francis Cornish, Arthur; el profesor Simon Darcourt; la otrora estudiante y ahora esposa de Arthur, Maria), nos encontramos con una plétora de personajes que se embarcarán en el ambicioso proyecto de montar una ópera basándose en una inacabada obra de E.T.A. Hoffmann. Así, el autor nos presenta a una joven y rebelde estudiante, encargado de llevar a cabo el proyecto como trabajo para conseguir el doctorado; a su tutora, una musicóloga sueca de apabullante personalidad; al director de la ópera, Geraint Powell, un escocés apuesto y parlanchín… En fin, a todo un elenco de personas que, con mayor o menor protagonismo, configurarán el reparto no sólo de la obra que pondrán en escena, sino del propio libro.

Como siempre, Robertson Davies hace gala de un estilo desenfadado que, no obstante, tiene la capacidad de encerrar toda suerte de reflexiones acerca de las personas y su comportamiento. La altivez de Powell, por ejemplo, termina por revelarse como una pose artística que le mantiene firme ante su inseguridad acerca de la viabilidad de la ópera; la seguridad de Arthur Cornish en los negocios se contrapone con su incapacidad para comprender a su mujer; Maria, por su parte, contempla de forma pasiva cómo su vida se le ha escapado de las manos al casarse con un hombre inmensamente rico y siente que sus ambiciones han quedado relegadas a un segundo plano. Todo ello aderezado con las peleas, frustraciones y envidias que provoca el montaje de la ópera entre los integrantes del reparto y los encargados de llevarla a cabo.

Davies tiene una capacidad especial para divertir al lector, pero sin perder un ápice de profundidad en sus texto. Puede que el término «profundidad» suene muy ampuloso, aunque en realidad con él me refiero al sentimiento, a la habilidad para poner de relieve los sufrimientos de los personajes sin que por ello el ritmo decaiga o la trama se resienta. La lira de Orfeo divierte, y mucho: los diálogos son chispeantes, los protagonistas son ingeniosos y las situaciones son rocambolescas; sin embargo, todo ello no obsta para que uno termine la lectura habiendo sentido cada emoción de los personajes, sabiendo un poco más acerca de las envidias y los sueños que nos carcomen día a día. Sin necesidad de alharacas literarias, ni de posmodernas formas de narrar, Robertson Davies crea una historia poderosa, de una hondura apenas perceptible, pero muy sólida, y con un envoltorio exquisito.

Quizá en estos tiempos que corren el hecho de recomendar a un escritor (entre otras cosas) por el hecho de que leer sus libros es divertido sea considerado una frivolidad, cuando menos. Y, sin embargo, es lo que pienso hacer: lean a Robertson Davies; léanlo porque, por encima de su indudable talento para contar historias, de sus ingeniosos y facundos personajes, de sus tramas inteligentes, van a encontrar a un autor entretenido como pocos. No les defraudará.