Spike Jonze: “Sé que me han dejado hacer barbaridades”


El director estadounidense, junto al actor Max Records, habla con JENESAISPOP de ‘Donde viven los monstruos’, su última película


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Jenesaispop



Spike Jonze es uno de esos directores que te hacen creer en la bondad de esta raza humana dividida entre los guapos y los inteligentes. Más que nada porque es de los pocos afortunados que pertenecen a ambos mundos. Curtido en el universo de los videoclips, carne deseada del cotilleo indie gracias a su matrimonio y posterior divorcio con Sofia Coppola y gurú del cine independiente que no entiende de presupuestos gracias a ‘Cómo ser John Malkovich’ y ‘Adaptation’, el director estadounidense se ha pasado por Madrid y hemos podido hablar con él de su nueva película, ‘Donde viven los monstruos’, adaptación sin concesiones del cuento de Maurice Sendak y uno de los escasos filmes desgarradamente perfectos que hayamos podido ver en este año.

Pero Spike, impecablemente vestido y con un jet lag contra el que lucha constantemente, no ha llegado solo. Max Records, el niño de 12 años protagonista, le acompaña en esta entrevista participando activamente en la conversación y mostrándose como el cómplice de un viaje que empezó hace muchos años. Todo el mundo quiere un disfraz de lobo, Max espera hablando de su viaje el día anterior a Toledo y Spike se disculpa por llegar un poco tarde. Claro que con la maravilla que nos ha regalado el muchacho, que aquí se estrena el próximo viernes 18, como para no perdonarlo.

¿Creiste en algún momento que la película podría ser demasiado dura para el público infantil?

Spike: La verdad es que pensé que si escribía acerca de la niñez sería un tema lo suficientemente universal como para que lo entendieran todos los públicos. Pero sí es cierto que un productor en el estudio estaba preocupado por el enfoque que le estaba dando al filme y yo empecé a creerme lo que me decía, que no iba a tener una conexión con el público. Dudé, era como cuando de niño te decían mil veces que eras malo y acababas creyéndotelo.

Max (Regañando a Spike con el dedo): ¡Chico malo! ¡Chico malo!

Spike: Ahora me lo creo, ¿ves? No, en serio, cuando estrené la película vi que había hecho lo correcto y que no podía tener mejor reacción por parte de los espectadores. Me llegaron muchos comentarios de gente que había tenido una conexión muy personal con la película, que se sentía identificada, y era justo eso lo que quería.

¿Crees que después de esta película Hollywood cambiará la manera de dirigirse al público infantil?

Spike: No lo sé, no soy un experto.

Max: Desde luego que no lo eres.

Spike: ¡Se supone que tú tienes que decir que sí! Lo cierto es que no puedo darte una buena respuesta porque no la tengo. Sólo espero que el siguiente cineasta que se encuentre en una situación similar lo tenga más fácil gracias a esta película.

El filme incluye escenas de una violencia insólita en el cine familiar, si es que se puede etiquetar así tu película. ¿Cómo se dirige a un niño de nueve años en estas secuencias?

Spike: Nosotros sólo queríamos que todo fuera muy real, y Catherine Keener, que interpreta a la madre de Max, nos ayudó mucho a conseguirlo. Trabajar con un niño no es muy distinto a trabajar con un adulto. Buscas la energía correcta para mostrar esa emoción del personaje, lo hablas con el actor y te lanzas a hacerlo. Lo que sí es cierto es que un niño, sea actor o no, es más puro a la hora de sentir, por edad están todavía en contacto con estos sentimientos primarios que tanto abundan por la película y que son familiares para todos nosotros.

Parece que desde Hollywood se ha creado un nuevo cine independiente cuya etiqueta poco tiene que ver con el presupuesto. Se trata de películas de gente como Michel Gondry, directores que trabajan mucho una estética determinada y se sirven de la música alternativa… ¿Te sientes parte de esta corriente?

Spike: ¿Me siento así, Max?

Max: Ehmmm… ¿Se supone que ahora tendría que decir algo muy sofisticado, verdad?

Spike (Riéndose): ¡No sé si mi respuesta va a ser mejor que la suya! No sé, no estoy seguro, pero puede ser porque mi profesión y mi cine no lo vivo desde fuera, sino desde dentro. Yo sólo me emociono con las ideas, no con las etiquetas, y eso se convierte para mí en lo más importante. Por ejemplo con esta película siento que hemos luchado mucho para conseguir llevarla adelante. Han sido años de mucho estrés, un parto agotador. Pero estoy feliz porque sé que nos han dejado hacer barbaridades, rodar cosas que no podríamos haber conseguido en una producción al uso. Hemos hecho una película íntima y personal a escala épica y hemos conseguido que salga a la luz. No necesito más, soy muy afortunado.

Max, teniendo a Spike Jonze de mentor, imagino que Hanna Montana no será tu cantante favorita…

Max: Te puedo asegurar que no lo es. Prefiero el rock alternativo, gente como los Yeah Yeah Yeahs, los White Stripes, The Killers, ese tipo de gente.

Spike: Cuando Max llegó al rodaje tenía nueve años y vi su iPod lleno de música de los Smiths y de los Ramones. Es un chaval bastante singular. Me alegro mucho de que no le gustara Hanna Montana.

Este proyecto lleva circulando por los estudios desde principio de los años 90. ¿Has tenido en cuenta los acercamientos anteriores de otros directores antes de hacer la película?

Spike: Leí un guión hace mucho tiempo, pero a la hora de la verdad me dejé llevar por lo que me inspiraba y me hacía sentir el libro directamente. Hace 14 años que conozco a Maurice y habíamos hablado durante mucho años de qué tipo de película quería hacer y qué podía yo aportar a la historia. De hecho Maurice también me inspiró bastante, me atraía mucho su personalidad, su independencia como artista. Él no quería una adaptación conservadora, quería entregarlo a alguien que hiciera algo especial y sin su insistencia ten por seguro que no habría hecho la película. No quería ofenderle con mis ideas, no me atrevería, pero él insistió en que yo fuera el director.

¿Qué pasó con el otro proyecto que tenía entre manos junto a Sendak, la adaptación de ‘Harold and the Purple Crayon’?

Spike: Se quedó en eso, un proyecto. Trabajamos en ello mucho tiempo, pero ni Maurice ni yo queremos volver a ello. Por cierto, fue esa colaboración lo que nos trajo finalmente a ‘Donde viven los monstruos’. Quizás Max pueda hacerla.

Max (Vacilando): Ahora te estoy intentando convencer para hacer una peli que se llama ‘Unicornio Vs Narval: la venganza’.

Spike: Yo ahora estoy libre, así que ya me dirás tú cuándo quieres que empecemos.

Max, ¿cómo fue tu casting?

Max: El proceso fue una cosa rara. Mi padre es fotógrafo y a través de él conocí a una directora de Portland que buscaba a alguien de mi edad para un vídeo musical de Death Cab For Cutie, ‘Stable Song’. Un amigo de Spike que trabajaba también en ese vídeo me vio y se lo dijo. Spike me llamó para conocerme y aunque no estaba seguro de que me fueran a dar el papel acepté porque me parecía divertido. Fui al cásting sin preparame nada. Yo no sabía que la gente se preparaba para un personaje. Al final cada día de rodaje me limitaba simplemente a hacer lo que me mandaban por la mañana.

Spike: ¿Sí que preparamos algo, eh? Le hicimos formarse en varias cosas como acostumbrarse a estar colgado de cables o prácticas de navegación en barco de vela necesarias para interpretar a su personaje.

Max: ¿Eso es prepararse un papel?

Spike: ¡Claro!

Max: Qué guay…

Spike: También queríamos que se acostumbrara a relacionarse con el perro de la familia que persigue al principio del filme. Encontramos a uno que nos gustó, pero el día que les juntamos le mordió dos veces, casi nada más bajar del avión.

Max: Cambiamos de perro.

Spike: Sí, evidentemte lo cambiamos por uno “de-los-de-no-morder”.

Levantar esta película te ha costado seis años.

Spike: Lo sé, lo sé, no me lo recuerdes.

¿Tuviste en algún momento la sensación de que no la ibas a terminar nunca?

Spike: No te voy a negar que al trabajar tanto tiempo en un proyecto no haya días que te despiertes agotado sintiendo que ya no tienes ningún vínculo con él. Pero te acabas recuperando, sobre todo si tus amigos te ayudan. Si uno está cansado otro toma la iniciativa, nos vamos relevando. Había días que yo estaba muy cansado y Max hacía su trabajo sin dirección, sin preguntarme nada, porque ya sabía más o menos lo que quería.

¿Cuándo supiste que la película estaba por fin acabada?

Spike: Creo que llega un momento en el montaje en que lo sabes. Pasa con todas las películas. De repente la ves un día y dices: “Esto es la película”. Es un día muy raro el que descubres que has conseguido transmitir lo que querías.

¿Has cambiado el final de la película? Tengo entendido que al estudio no le gustó el primero que rodaste…

Spike: ¿Has leído eso por ahí? Pues no, no es verdad. Antes de empezar ya tenía en mente este final. Muchas cosas cambiaron durante la producción, pero nada porque nos obligaran los productores. Por supuesto que hubo desacuerdos con el estudio, pero le gustara o no, todo se hizo siempre a nuestra manera.

¿Para quién es esta película?

Max: Para niños de 6 a 82 años.

Spike: No tengo una respuesta mejor. Él es mi portavoz.

Siendo un director que aprendió su profesión en el mundo del videoclip, ¿cómo te condiciona la música a la hora de preparar una película?

Spike: Esta es la primera vez que tenía la música antes de empezar a rodar. En mis otras películas la ponía después de terminar el montaje, que es lo normal, pero aquí le pedí a Karen O que fuera componiendo mientras filmaba. Canciones como ‘Hidaway’, ‘Worried Shoes’, ‘Animal’ o ‘Igloo’ estuvieron conmigo desde el comienzo y se convirtieron en el ADN de la película, porque monté pensando en que las imágenes encajaran con esta música.

¿Por qué pasa tanto tiempo entre película y película tuya?

Spike: En primer lugar porque no hay muchas películas que quiera hacer, y cuando tengo una idea quiero asegurarme de tener el tiempo necesario para realizarla como a mí me gusta. Además ahora mismo también hago cortos y documentales, también soy productor, y eso significa que el cine tiene que esperar.

¿Piensas volver a dirigir videoclips?

Spike: Por supuesto. Aunque ahora mismo estoy acabando un cortometraje llamado ‘I’m Here’ que es una historia de robots que se proyectará en Sundance el mes que viene.

"Babbit", Sinclair Lewis


SARA CORDÓN
ABC




George Babbitt sabe que, aunque su mundo parece perfecto, algo no va bien. Se pregunta si, a pesar de tener un despertador de última generación, la casa que cualquier vecino desearía y hasta un sofisticado encendedor para el coche, necesita construir un garaje más moderno o comprarse un automóvil mejor. Siente un extraño vacío. Tal vez porque no tiene voluntad suficiente para erradicar su único vicio: el tabaco. O puede que tampoco se trate de eso. Solo al llegar la noche, cuando corre en sueños a refugiarse en los brazos de un hada, consigue disfrutar de una verdadera sensación de libertad.

«Babbitt» describe la cotidianeidad del típico empresario norteamericano de 1920. Cuarentón, de aspecto saludable, aunque algo rechoncho, y conservador. Como cualquier otro hombre de la clase media emergente, reparte su tiempo entre el trabajo en una empresa inmobiliaria, las reuniones con sus amigos en el club y su familia. Su mayor atrevimiento en los últimos años consistió en comprar unas gotas alcohol de contrabando saltándose a la torera la ley seca, además de mendigarle a su mujer el permiso para ir de pesca con un amigo. Demasiada adrenalina para una vida tediosa como la suya.

Un buen día, toda esa normalidad parece enrarecerse. Su amigo Paul Riesling, harto de la monotonía de su matrimonio, dispara contra su mujer. Surge entonces en Babbitt un desconocido deseo de rebelión. Comienza a despreciar sus rutinas mecánicas exentas de pasión y trata de romper con todas las buenas maneras que hasta el momento le habían caracterizado. Se busca una amante, sale de juerga y hasta se sorprende a sí mismo defendiendo algunos ideales socialistas. Por más problemas que su nuevo comportamiento le estuviera generando «no podía reconciliarse de nuevo con un mundo que, una vez puesto en duda, resultaba absurdo».

Sinclair Lewis publica en el año 1922 esta novela recreando en la ciudad imaginaria de Zenith un fenómeno que surgió en Estados Unidos en los años precedentes a la Gran Depresión y que resulta tan habitual en nuestras sociedades contemporáneas: la crisis del adulto acomodado. Mediante un realismo descarnado, minucioso y sin tapujos, deambula por la mente de su protagonista. Quedan al descubierto sus aspiraciones más egoístas, sus contradicciones y, sobre todo, un terrible desamparo ante la soledad.

Hoy en día el término «Babbitt» sirve para designar coloquialmente al hombre medio norteamericano. A esa figura que, apoltronada en la comodidad, duda entre luchar por recuperar el espíritu contestatario de la juventud o simplemente dejarse caer sumisamente en la madurez. Como indicó el psicólogo Abraham Maslow, una vez superadas las necesidades más básicas del ser humano, éste desarrolla deseos elevados y por lo tanto, su grado de insatisfacción es también mayor. Este problema que ya anticipaba Lewis es el causante de tantas incertidumbres y depresiones que nos rodean hoy en día. Babbitt es el antecesor de famosos antihéroes contemporáneos como el protagonista de la película American Beauty o el propio Homer Simpson.
Entre tanta confusión, Sinclair Lewis introduce un elemento esperanzador: la posibilidad de una mejora generacional. Babbitt termina confiando en que sus hijos conseguirán alejarse de las estúpidas normas sociales, apariencias y represión a las que él se ha visto abocado. De aquella existencia «tan pulcra y tan neutra como un cubito de hielo artificial».