Sugar Mountain: "Este disco tal vez sea fruto de la evolución natural del grupo"


Entrevista con el grupo gallego Sugar Mountain



KEPA ARBIZU
Lumpen




Sugar Mountain ha demostrado en los últimos años que lo suyo es el rock clásico, el de la vieja escuela, allí donde dan clases los Faces, Allman Brothers o Rolling Stones. Con su nuevo disco, "Love Unique", se destapan también como unos músicos capaces de sonar personales, dejándose influenciar por un amplio abanico de sonidos. Por medio del teclista del grupo, Isaac, les conocemos más en profundidad.

En vuestros dos anteriores discos tanto el rock sureño como el sonido Stones/Faces son influencias muy patentes. “Love unique” abre mucho más el abanico y suena más personal y con más matices. ¿Estáis de acuerdo?

Totalmente de acuerdo. Sin descuidar las referencias de grupos como los que mencionas, que han marcado la evolución del grupo, Love Unique es, tanto estilísticamente como en cuanto a sonido, el disco más variado. Tal vez sea fruto de la evolución natural del grupo.

En el disco se mezclan temas más rockeros, más acelerados, frente a otros más lentos o medios tiempos. A la hora de componer, ¿os sale de manera más natural, más fácil, alguno de los dos estilos?

Los temas salen de manera natural, posiblemente influenciados por el estado de ánimo de cada uno, de los últimos discos que se han escuchado, de algo que acabas de ver por la tele… pero son algo vivo, que evoluciona con el tiempo, con el trabajo que se le dedica en los ensayos y con lo que cada uno de los músicos aporta. Por poner un ejemplo, "Be With You" era, en sus inicios, una canción de corte totalmente country.

Para vuestros discos siempre os rodeáis de nombres ilustres como Eric Ambel, Dan Baird, Ken Coomer... ¿Cómo es trabajar a su lado y qué sensación transmite estar cerca de gente tan importante dentro del rock?

Es increíble poder trabajar al lado de gente con tanto rock and roll en el cuerpo como Eric, Dan o Ken… Lo que nos han enseñado en cada una de las sesiones de trabajo con ellos ha sido muchísimo. Al principio te sientes un poco intimidado de estar en una misma sala de grabación con gente a la que tanto admiras y respetas, sin embargo el trato ha sido siempre muy cercano y nos han hecho sentir muy cómodos, lo que nos ha permitido mantener una buena relación con ellos una vez terminadas las grabaciones.

El diseño del disco ha sido realizado por José Fragoso. ¿Cómo surge la relación con él y la idea de hacer una portada simulando unas viñetas?

Nos pusimos en contacto con él por casualidad y las ideas que iban saliendo en las numerosas conversaciones previas encajaban con la idea del grupo… Le enviamos unas fotos de la grabación y propuso hacer una viñeta a partir de ellas. Envió unos bocetos y la idea cuajó. Creo que el resultado ha sido realmente bueno y llamativo.

Habitualmente colgáis vídeos de cómo ha sido la grabación. Hay grupos que ven el trabajo de estudio como algo poco estimulante al contrario que los directos. ¿Cómo es vuestra relación con el hecho de encerraros a grabar?

Somos una banda de directo, no te lo puedo negar pero nos encanta el estudio, una vez que te metes en él tienes que dar el 100% porque todo queda registrado, nos permite ver las carencias de cada uno y eso hace que puedas mejorar. El gran problema de los estudios es siempre el tiempo que tienes para grabar: nunca es suficiente. Nos gustaría poder encerrarnos varios meses, y trabajar allí los temas, escuchándolos una y otra vez y probando nuevos arreglos sobre las tomas grabadas… El problema es que nunca es así, el tiempo es siempre muy justo por diversos motivos (laborales, económicos)… por lo que se hace imprescindible una buen trabajo de preprodución.

¿El resultado final de este nuevo disco es el que teníais en la cabeza antes de entrar a grabar o ha sufrido cambios a lo largo de su creación?

Los temas, como te comentaba antes, evolucionan con el tiempo y este disco no es una excepción. Siempre se incorporan nuevos arreglos, o se cambia de aire un tema… el resultado final, eso sí, ha sido incluso mejor de lo esperado.

En la actualidad, a pesar de haber muchos, y buenos, grupos realizando rock, la falta de difusión y apoyo mediático hace que sólo sean conocidos en circuitos reducidos. ¿Cómo valoráis esta situación?

La falta de apoyo a bandas de rock and roll no es ninguna novedad, ya hace tiempo que esto funciona así en este país (más si el idioma que utilizas es el inglés), y hace que las cosas se tornen más difíciles si cabe. Internet ha permitido difundir tu música por todo el planeta, pero la gran cantidad de contenidos que te puedes encontrar en la red hace que destacar sea una misión complicada si no te mueves por los medios habituales como la radio o la televisión, y éstos, están muy acotados a ciertos artistas.

Vuestra música deja bien a las claras la pasión que tenéis por el sonido clásico. ¿Qué artistas y/o grupos consideráis que tienen o han tenido una carrera ejemplar y por qué?

Difícil de responder… hay tantas y tantas bandas por las que sentimos debilidad… imprescindible la presencia de los Stones en esta lista o de Neil Young y Tom Petty por mencionarte algunos de los grandes clásicos.

Eric Rohmer: «Nuestras películas de entonces se ven hoy con la misma frescura»


Entrevista publicada el 9 de Febrero del 2009



RUBÉN AMON
El Mundo




Eric Rohmer (Corrèze, 1920) custodia la memoria de la Nouvelle vague entre las paredes de su cálido apartamento parisino. Fue teórico del movimiento y exponente práctico. De hecho, el filme de Le signe du lion pertenece a la temporada fundacional de la nueva ola (1959). Medio siglo después, el maestro sostiene que su cine no ha perdido el espíritu, ni la frescura, ni la naturalidad de la corriente. Los achaques físicos y los males de espalda le han alejado «definitivamente» de los rodajes -estrenó Los amores de Astrée y Celadón en 2007-, pero Eric Rohmer conserva la lucidez, la amenidad y la ironía sana de siempre.

Pregunta.- ¿Eran conscientes ustedes de que en 1959 se estaba forjando una corriente cinematográfica tan sólida e influyente?

Respuesta.- En absoluto. De hecho, era muy difícil entonces establecer la distancia entre el profesionalismo y el amateurismo. Salíamos a la calle con la cámara, pero nos resultaba un poco temerario llamarnos a nosotros mismos realizadores o directores de cine.Es cierto que aportábamos mucha pasión y los autores consagrados de entonces nos miraban con recelo. Temían que pudiera precipitarse un relevo generacional, un recambio. Y quien más temores les infundió fue Claude Chabrol, puesto que el éxito de Le beau Serge mostró que se estaba haciendo un cine nuevo. El propio Chabrol se convirtió en productor de nuestras películas. No es que hubiera grandes presupuestos, pero podíamos acceder a una distribución.

P.- ¿Y cómo ve medio siglo después el movimiento?

R.- Yo le he sido siempre fiel. He pretendido que mi cine se desarrollara por las coordenadas y los principios que teorizamos y practicamos entonces. Al cine le hacía falta airearse. Literalmente.Quiero decir que los estudios y los platós lo estaban asfixiando.Las películas de Godard, de Truffaut, de Rivette y las mías descubrían París, o mostraban el campo. Se detenían en una cotidianidad y en una espontaneidad que habían sido descuidadas por las grandes producciones. Creo que también adquirimos entonces una implicación enorme con nuestras películas. Que fueran de autor significaba que las dirigíamos, que las escribíamos, que escogíamos los actores, que nos buscábamos la vida para financiarlas. Era una visión del cine menos industrial. Era un ejercicio de responsabilidad.

P.- ¿En qué sentido es todavía un cineasta de la Nouvelle vague?

R.- En la vigencia de todos estos presupuestos. Mi colega Chabrol se fue alejando de ellos. Y, naturalmente, la muerte de Truffaut y el distanciamiento de Godard contribuyeron a la descomposición de la Nouvelle vague. El nombre de la corriente no alude exactamente a una generación, sino a un modo de hacer cine. Quiero decir que había entonces otros grandes cineastas modernos y avanzados, como Alain Resnais, que no se identificaron con la corriente.Es un error ver en la Nouvelle vague un dogmatismo o una religión.

P.- Lo que sí hubo fue una identificación política. Especialmente con mayo del 68. La chinoise, de Godard, se considera un antecedente cinematográfico del movimiento político social. También Trufautt, que rodaba Besos robados, salió a las calles para manifestarse y fimar los disturbios callejeros.

R.- No había razones cinematográficas que justificaran una relación directa entre la Nouvelle vague y el mayo del 68. Pero es cierto que algunos cineastas aprovecharon la inercia política para reivindicarse y hacerse notar. Comenzaban a temer que la energía de la ola se hubiera agotado. De modo que mayo del 68 fue una especie de resaca.

P.- Calentado, además, por el escándalo Langlois. André Malraux, ministro de Cultura, depuró al director de la cinemateca. Y llegó a suspenderse el Festival de Cannes como gesto de rebelión.

R.- Mi impresión es que se produjo una amalgama. La destitución de Langlois era significativa porque demostraba hasta qué extremo el Estado controlaba la industria del cine y pretendía condicionarla.Al mismo tiempo, empezaron a arrojarse ideas extravagantes. Chabrol decía, y creo que con más socarronería que convencimiento, que el cine debía ser gratis. Se notaba el influjo de un cierto maoísmo de salón. Y tengo la impresión de que la politización del cine fue exagerada. Recuerdo, por ejemplo, que era imposible encontrar una sola crítica cinematográfica en Le cahiers du cinema. Y cuando aparecía era para elogiar un documental sobre el congreso del partido comunista.

P.- ¿Qué tal ha envejecido la Nouvelle vague?

R.- Puedo responder la pregunta porque he visto recientemente muchas películas de aquella época. Creo que tiene plena vigencia, que no se ha apolillado. El cine de Chabrol, de Godard, de Rivette, de Truffaut puede verse hoy con la misma frescura e inmediatez que entonces. Es una manera de respirar, de tomar aire, de concluir que unos y otros aportamos la renovación del cine francés. Por actitud, por lenguaje.

P.- Su última aportación se estrenó hace dos años. Los amores de Astrée y Celadón. ¿Se ve con fuerzas de seguir dirigiendo?

R.- Mi impresión es que no voy a hacer más películas. Me condicionan mucho mis limitaciones físicas. Yo soy un director que necesita emplearse, sudar en los rodajes. Y si no puedo hacerlo, prefiero quedarme en casa. Aunque me impresiona el ejemplo de Manoel de Oliveira.

A quién beneficia el “apagón”

SERGIO PASCUAL PEÑA
Rebelión




En los últimos meses se ha intensificado la avalancha de informaciones en los medios de comunicación relativas a lo que conocemos como apagón analógico. Las mayoría de las cuales, además de recordarnos la al parecer ineludible fecha del 3 de abril de 2010 como el fin de la televisión tal y como la conocemos, nos posicionan las virtudes de la nueva tecnología.

¿Qué hay detrás de todo esto?, ¿hay intereses económicos?, ¿cuán ciertas son las ventajas del proceso? Trataremos de dar respuesta concisa y sucinta a estas interrogantes.

En primer lugar, reiterar el lugar común, nos encontramos ante un proceso de transición tecnológica que posibilita una explotación más eficiente de un recurso público escaso, el espectro radioeléctrico. Cabría pensar que el proceso va acompañado de una democratización del acceso a dicho recurso, ampliando las obligaciones de servicio público y permitiendo, como recientemente hizo Argentina con su ley de Radio y Televisión, el acceso a los medios comunitarios, verdaderos representantes de la libertad de expresión, ya que no responden a intereses económicos ni políticos, sino a la sociedad civil organizada. Nada más lejos de la realidad, el Congreso ya ha superado el primer trámite de aprobación de la Ley Audiovisual , una norma que en su exposición de motivos ya deja a las claras su intención: “…la misión es dar seguridad jurídica a la industria y posibilitar la creación de grupos empresariales audiovisuales con capacidad de competir en el mercado europeo y la apertura regulada de nuevos modelos de negocio como son la TDT de pago… Y hacerlo garantizando también, el pluralismo y la protección de los derechos ciudadanos; al mismo tiempo que se fijan unas reglas de transparencia y competencia claras en un contexto de convivencia del sector público con el privado y de liberalización de la actividad audiovisual” dejando a las claras la prelación de objetivos y la desaparición de los medios ajenos al beneficio comercial o al control político del panorama audiovisual.

Pero centrémonos en el objeto de la reflexión. En primer lugar tratemos de centrarnos en las supuestas ventajas del nuevo sistema digital:

1. Veremos la televisión “sin interferencias” (es decir, sin sombras, ecos o distorsión de la imagen). Efectivamente, la tecnología digital permite una recepción completamente nítida de la señal. Lo que obvian sus mecenas es que mientras que una recepción con bajo nivel de señal de la televisión analógica es posible en zonas remotas o de cobertura difícil (con deficiencias eso sí), lo propio se vuelve imposible en tecnología digital, donde “o se ve, o no se ve”, no hay término medio. Este hecho ha forzado a gobiernos como el navarro a cubrir las zonas de sombra (zonas en las que un repetidor digital situado donde antes había uno analógico no consigue que la señal de televisión digital “llegue”, “se vea”) con tecnología satelital, llegando a hablar en el colmo del descaro de TDT (Televisión Digital Terrestre, es decir, de difusión mediante emisores y receptores de tecnología tierra-tierra) por satélite. Pero volveremos más adelante sobre el asunto del satélite.

1. Tendremos una mayor y mejor oferta televisiva. Absolutamente falso, La aparición de canales temáticos ha provocado que la audiencia se diversifique, con la consecuente disminución de la audiencia de los canales generalistas a favor de los temáticos. Este hecho, junto con la crisis publicitaria, obliga a las cadenas a buscar otros mecanismos para ser rentables, entre ellos, nuevas formas de ingresos como la TDT de pago para contenidos Premium como películas, deportes o conciertos. Así la mayoría de cadenas privadas que emiten en analógico piden que haya TDT de pago. Como es tecnológicamente posible, la ley actual lo permite y el gobierno ha tomado ya una postura oficial, aprobando a través de un real decreto ley pedido por el grupo Imagina (Público, La 6...). Es decir, habrá nuevos canales de calidad para quien pueda pagarlos, el resto consumiremos el relleno de turno. Si a este hecho le añadimos la crisis del sector, que hace que grupos como PRISA abandonen concesiones otrora tan golosas como la de una TDT autonómica en Andalucía (eso sí, viendo graciosamente condonados los 100 millones de euros que conforme al proceso administrativo le correspondía abonar por los perjuicios causados al erario público por abandono de la concesión), el panorama no resulta tan halagüeño como nos querían hacer ver.

Pero, entonces, ¿por qué demonios transitamos al escenario digital? Dos grandes sectores económicos de interés se apuntan, el primero el de los medios, que avizoran un escenario de progresivo descenso de los ingresos del modelo audiovisual en abierto y encuentran en las posibilidades de instalar TDT de pago un nuevo maná salvador (ahora unido a la desaparición de RTVE como competidor por el mercado publicitario). El segundo resulta más oculto pero es si cabe más dramático, por cuanto supone un drenaje a los bolsillos ciudadanos por la vía directa y de la subvención estatal .

En este sector encontramos un actor fundamental, Abertis. La compañía catalana se adjudicó en su día el total de las infraestructuras de telecomunicaciones audiovisuales del país, en manos entonces de la otrora empresa pública, Retevisión, con más de un millar de centros completamente equipados (sólo en Andalucía son más de 500) e instalaciones tan emblemáticas como Torrespaña en pleno centro de Madrid o la Torre de Collserola en Barcelona . Abertis se comprometió por un montante de 423 millones de euros, aunque 341 millones corresponden a asunción de deuda por lo que en la práctica Abertis sólo pagó 82 millones por la compañía líder de transporte y difusión de señal audiovisual en el Estado español. Lo hizo por la que en la práctica es una ganga, ya que sólo las dos instalaciones señaladas pueden valorarse prácticamente en la cifra aportada. Pero es que además Retevisión ingresaba unos 168 millones de euros anuales en 2001 y en términos de ebitda (margen bruto de explotación), la aportación era mucho mayor. No hace falta hacer muchas cuentas para que el olor a chamusquina aturda al más pintado.

Por otro lado resulta interesentante remarcar que Abertis, que según información publicada en CNMV, tiene participaciones significativas de la Caixa (28,91%) y ACS (25,83%), la constructora de Florentino Fernández y los March del Grupo Alba, los banqueros de Franco, no sólo compró infraestructura y activos, compró al tiempo el monopolio sobre el mercado de difusión audiovisual y una elevadísima influencia sobre el Ministerio del ramo, ya que Retevisión era funcional al principio de puerta rotatoria y habitual retiro dorado técnicos y directivos del ámbito de la administración de las telecomunicaciones (es el caso de la exministra Ana Virulés).

¿Dónde está el negocio para Abertis? En primer lugar en el mercado cautivo que suponen los difusores, obligados a sufragar la transición, y en segundo lugar y de forma central en las administraciones públicas, que ante la tesitura de dejar “sin tele” a un importante sector de la población se aprestan a abonar las millonarias minutas de Abertis.

¿Cómo? Pues veamos. La obligación legal reza que el 96 por ciento de la población debe disponer de señal de las sociedades concesionarias privadas (A3, T5, La 6 y Cuatro que en analógico ya superan con creces el 98% de cobertura estatal) y el 98 por ciento por parte de las entidades públicas (RTVE y las autonómicas) pero claro, ningún político puede echarse a las espaldas el dejar tan sólo con TVE a ese 2% de la población entre el 96 y el 98, cosa que sucedería, ya que en igualdad de condiciones, es decir, de infraestructuras de emisión, la señal de TDT, ¨llega menos lejos¨. Y hete aquí que precisamente ese 2% es el que supone un mayor costo en infraestructura, ya que si bien con apenas 10 centros puede cubrirse el 80% de la población andaluza (por poner un ejemplo), muy concentrada en grandes urbes, conseguir cubrir a la población dispersa impone escalar exponencialmente el número de centros de emisión hasta la superlativa cifra de 500.

En este marco, el Consejero de Innovación de la Junta de Andalucía, Soler, por poner un ejemplo conocido y notorio, aseguró que para garantizar la adecuada ejecución de este plan de transición tecnológico, la Junta firmó un acuerdo de colaboración con el Ministerio de Industria, poniendo en marcha medidas de apoyo como la firma de contratos de extensión de cobertura de manera que se iguale la cobertura de digital con la de la señal analógica (que ya disfrutamos). Así, se prevé sólo en Andalucía un importe total de cuatro millones de euros sólo en los cuatro primeros años de servicio, eso sin contar los costes que se abonan por parte de los entes públicos de difusión (RTVA) y las órdenes de incentivos para la digitalización que sólo en Andalucía ya suponen otro monto superior a 1,3 millones de euros (habiéndose presupuestado alcanzar la cifra de 7 millones). Las cifras escalan si hacemos lectura de la inversión de una Comunidad Autónoma reducida, la Consejera de Administraciones Públicas y portavoz del Gobierno del Principado de Asturias, Ana Rosa Migoya, manifestó que el ejecutivo asturiano aprobó en Consejo de Gobierno un fondo de 23.500.000 euros para "afrontar el reto de la transición de la televisión analógica a la digital".

Y efectivamente este negocio no se oculta, el 5 de noviembre pasado podíamos leer “ la mayor aportación del negocio de telecomunicaciones por el desarrollo de la Televisión Digital Terrestre (TDT) permitió a Abertis compensar la caída del tráfico tanto en sus autopistas como en sus aeropuertos y mejorar su resultado hasta septiembre un 4 por 100. La concesionaria ganó en los nueve primeros meses del año 563 millones de euros, según ha comunicado a la Comisión Nacional del Mercado de Valores”.

Entre tanto qué sucede con el ciudadano que debe sufragar el costo de un nuevo televisor o set-top-box para adaptarse, con la comunidad de vecinos que debe adquirir por más de 600€ amplificadores monocanales adicionales, reinstalar el cableado del edificio, modificar duplexores… Pues nada, el gobierno permanece impertérrito crisis incluida e impone este gasto forzoso mientras que albergan el frotar de manos de fabricantes de equipos e instaladores de telecomunicaciones, y se olvida a los sectores más desfavorecidos de la población que llegado el apagón, simplemente dejarán de disfrutar de su derecho constitucional a la comunicación.

Efectivamente, recurramos a la experiencia. El apagón analógico tuvo lugar el 12 de junio en Estados Unidos y dejó sin servicio a los casi tres millones de hogares que aún no estaban preparados, pese a las campañas de concienciación.

Por otro lado, durante una conferencia pronunciada en Sevilla, el poco sospechoso y conocido periodista (recordado por Quién sabe dónde) Manuel Campo Vidal, tildó de "muy serio" el problema que puede suponer para las personas de la tercera edad, con escasos ingresos, invertir hasta 250 euros para adaptar sus viviendas a la Televisión Digital Terrestre (TDT). Además destacó que en muchos casos para su instalación necesitarán la ayuda de un técnico y que, si tienen una avería, podrían perder temporalmente un "elemento de compañía importante y necesario" para ellos.

Entre tanto y como advertencia baste observar que si el panorama resultó desolador en EEUU (un país que recibe la TV principalmente por cable) a menos de un año del apagón total y con varias provincias ya desconectadas, sólo el 57,3% de los hogares españoles posee al menos un receptor de TDT (según la primera ola de 2009 del Estudio General de Medios), es decir, en medio de la crisis económica se exigirá a más del 40% de la población desembolsos adicionales. Entre tanto la cuota de pantalla de la TDT crece en mayo es de menos del 30% de la audiencia total de televisión, lo cual da idea precisa de cuántos ciudadanos reciben en condiciones suficientes esta señal.

Un par de evidencias en torno a la “TDT” por satélite

En el sector de las telecomunicaciones una guerra nos sorprendía a todos a principios de año, la que mantuvieron Astra (operador de satélite) y Abertis por la operación del servicio de televisión digital (no TDT, ya que el primero ofrece TDS y el segudo TDT).

La diatriba versaba en torno a la posibilidad de dotar de televisión digital a la ciudadanía a través de satélite, para lo cual debería permitirse a estos operadores participar en los concursos celebrados por las Comunidades Autónomas para la transición. Sólo Cantabria lo hizo, si bien presionada desde el Ministerio de Industria se apresuró a recular en su decisión, homologándose con el resto de CCAA dóciles a la entrega gubernamental al gigante de las infraestructuras con tan poderosos vínculos financieros.

Y la magnitud de la entrega se lee en números, Luis Sahún, director de Astra asegura que "Con una inversión inicial de tres millones de euros y unos costes anuales de entre 3 y 4 millones, podríamos completar la cobertura digital de España", frente a los alrededor de 327 millones que le costará al Gobierno el despliegue de Abertis.

Pero la cosa no queda ahí. En la práctica, para cubrir el 4% de población dispersa en el Estado español, la opción terrestre de Abertis resulta dantesca, ya que necesita casi 4.500 centros adicionales, por lo que finalmente ya se está optando por la vía satelital para estas zonas (ver nota 3), y teniendo en cuenta que la “huella” del satélite no es selectiva geográficamente en la práctica TODO el Estado Español tiene cobertura satelital. Es decir, no se ha desestimado en la práctica la opción satelital, sino que se asume, pero se mantiene la subvención encubierta a Abertis.

Si hacemos valer las cuentas del gobierno navarro, que cifra en 450 euros el coste de instalación del satélite y teniendo en cuenta que en el Estado español según FEINTEL (Federación de Instaladores de Telecomunicaciones) se estima en 1.300.000 el número de edificios en los que vive el grueso de la población española, y que deben adaptar por costes superiores a los 1.500 euros sus instalaciones, cabe resaltar que sólo en inversión ciudadana el ahorro ya supondría 1.300 millones de euros, eso sin contar los 327 millones (menos 3 del coste de Astra) que se entregan a Abertis sin más trámite.

En conclusión, el escenario de la transición tecnológica nos enfrenta con la creación de una ¨necesidad¨ espúrea, que drenará los bolsillos de la población trabajadora y beneficiará a los intereses de un sector muy influyente de la élite financiera y de los oligopólicos mass media; todo ello no sólo con la anuencia estatal, sino con su más firme apoyo, sostén y auspicio ¿les suena de algo el modelo?

Muere el cineasta Eric Rohmer


Fallece el cineasta Eric Rohmer, que junto a Truffaut o Godard revolucionó el cine moderno. Autor de 'Mi noche con Maud', 'La rodilla de Clara' o 'El rayo verde', fue también un gran crítico y teórico


RAFA VIDELLA
20 Minutos



Cada vez quedan menos: el radical Godard, el olvidado Rivette, el ácido Chabrol... Cincuenta años después de agitar violentamente el cine francés y mundial, la Nouvelle Vague pierde a otro de sus jinetes. Quizá el más elegante, el más discreto, el mayor: Eric Rohmer, muerto a los 89 años.

Sinónimo para muchos de cine intelectual, culto, cine hablado, Rohmer deja una larga lista de películas y un buen puñado de obras maestras. Nacido Maurice Henri Joseph Schérer, cambió su nombre por los de Erich von Stroheim (legendario director del cine mudo) y Sax Rohmer (el escritor de la saga de Fu Manchu). Poco dado a hablar de cosas que no fueran cine, no se conoce con exactitud el lugar ni la fecha concreta de su nacimiento, pero sí que su familia se preocupó de legarle una magnífica educación (su hermano, René, es un prestigioso filósofo galo).

Calma en la revolución

Cultísimo, Rohmer dio clases de literatura en la universidad y escribió varias novelas, ahora ignotas y firmadas con el seudónimo de Gilbert Cordier. Pero su pasión por el cine y las sesiones en cineclubes cimentaron su amistad con Truffaut y el resto de los chicos salvajes de la Nueva Ola. Su sosiego y frialdad para el análisis no eran incompatibles con las ínfulas revolucionarias de sus compañeros, por lo que pronto fue también acogido bajo el ala de André Bazin y reclutado en Cahiers de Cinema.

Su talento y criterio no pasaron desapercibidos, y fue nombrado redactor jefe de la legendaria revista de la portada amarilla. Durante siete años, Rohmer no sólo fue responsable editorial de los Cahiers, sino que escribió imprescindibles ensayos teóricos sobre cine y reclamó con vehemencia la atención que merecían Howard Hawks, Sam Fuller o incluso Alfred Hitchcock, hasta entonces despreciados por la crítica.

Pero, más que la teoría, fue la práctica la que hizo grande al francés. Lastrado en sus primeros cortos por una excesiva literalidad y algún que otro convencionalismo, quizá herencia de su carácter conservador y católico, su debut en el largometraje El signo de Leo (1959) pasó desapercibido pese a su calidad. En 1962, el cineasta empezó a triunfar con sus Cuentos morales, seis mediometrajes y largometrajes en los que, con finísimo humor, refleja la inmadurez masculina y adelanta varias de las constantes de su obra, como esa facilidad tan humana de convencerse uno de algo para, en el acto, hacer justamente lo contrario.

La fresca tercera edad

Los Cuentos morales, en los que la elegante dirección de Rohmer es subrayada, en cuatro ocasiones, por la fotografía del español Néstor Almendros, dejaron las magníficas La coleccionista (1967), Mi noche con Maud (1969), La rodilla de Clara (1970) o El amor después del mediodía (1972). Ya consagrado, su siguiente ciclo, Comedias y proverbios, terminó resultando aún más fresco, juvenil, ameno.

Porque, más allá de tópicos, si algo caracterizó al Rohmer cineasta fue su capacidad para hacer un cine cada vez más cercano y fiel a su propósito de reflejar la belleza del mundo. Las vivaces y dubitativas protagonistas de las Comedias y proverbios, esas deliciosas chicas de La buena boda (1982), Las noches de la luna llena (1984) o El rayo verde (1986), nos dicen tanto del carácter femenino como la mejor conversación con cualquiera de nuestras mejores y más tiernas amigas.

Capaz de rodar a lo largo de seis décadas, los años no sólo no debilitaron a Rohmer, sino que le hicieron cada vez más productivo. Otro ciclo, el de los Cuentos de las cuatro estaciones, ofrece cuatro magistrales lecciones de cine en las que condensa todas las virtudes de su obra. Después, ya cercana la muerte, historias clásicas que le acercaron al cine del futuro: la experiencia digital en La inglesa y el duque (2001), o el fantástico y enloquecido mundo de Los amores de Astrea y Celadón (2007), su última película y estertor de despedida de un autor clásico, formal y cada vez más moderno.